lunes, 15 de julio de 2013

Teología Mística (Dionisio Aeropagita)


     DIONISIO AREOPAGITA: 
 
     TEOLOGÍA MÍSTICA

                                      

CAPÍTULO I: En qué consiste la divina tiniebla

 

 

1. Trinidad supraesencial y más que divina y más que buena, maestra de la divina sabiduría cristiana, guíanos más allá del no saber y de la luz, hasta la cima más alta de las Escrituras místicas. Allí donde los misterios simples, absolutos e inmutables de la teología se revelan en las tinieblas más que luminosas del silencio. En medio de las más negras tinieblas fulgurantes de luz desbordan, absolutamente intangibles e invisibles, los misterios de hermosísimos fulgores que inundan nuestras inteligencias que saben cerrar los ojos.

Esta es mi oración. Timoteo, amigo mío, entregado por com­pleto a la contemplación mística, renuncia a los sentidos, a las operaciones intelectuales, a todo lo sensible y a lo inte­ligible. Despójate de todas las cosas que son y aun de las que no son y elévate así, cuanto puedas, hasta unirte en el no saber con aquel que está más allá de todo ser y de todo saber. Porque por el libre, absoluto y puro apartamiento de ti mismo y de todas las cosas, arrojándolo todo y del todo, serás elevado en puro éxtasis hasta el Rayo de tinieblas de la divina Supraesencia (1).

2. Pero ten cuidado de que nada de esto llegue a oídos de no iniciados, aquellos que se apegan a los seres, que se imaginan que no hay nada más allá de lo que existe en la naturaleza física, individual. Piensan, además, que con su mística  razón pueden conocer a aquel que "puso su tienda en las tinieblas" (2). Y si ésos no alcanzan a comprender la inicia­ción a los divinos misterios ¿qué decir de quienes son verdadero profanos, de aquellos que describen la Causa suprema de todas las cosas por medio de los seres más bajos de la naturaleza v proclaman que nada es superior a los múltiples ídolos impíos que ellos mismos se fabrican?

En realidad. debemos afirmar que siendo Causa de todos los seres habrá de atribuirsele todo cuanto se diga de los seres, porque es supraesencial a todos. Esto no quiere decir que la negación contradiga a las afirmaciones, sino que por sí misma aquella Causa trasciende y es supraesen­cial a todas las cosas, anterior y superior a las privaciones, pues está más allá de cualquier afirmación o negación(3).

3. En ese sentido, pues, dice el divino Bartolomé (4) que la teología es al mismo tiempo abundante y mínima. y que si el Evangelio es amplio y copioso, es también conciso. A mi parecer, ha comprendido perfectamente que la misericordiosa Causa de todas las cosas es elocuente y silenciosa, en realidad callada. No es racional ni inteligible, pues es supraesencial a todo ser. Verdaderamente se manifiesta sin velos, sólo a aquellos que dejan a un lado ritualismos de cosas impuras y las que son puras, a quienes sobrepasan las cimas de las más santas montañas. A los desprendidos de luces divinas, voces y palabras celestiales, y se abisman en las Tinieblas donde, como dice la Escritura, tiene realmente su morada aquel que está más allá de todo ser (5).

No en vano el divino Moisés recibió órdenes de purifí­carse primero y luego apartarse de los no purifica­dos. Acabada la purificación, oyó las trompetas de múlti­ples sonidos y vio muchas luces de rayos fulgurantes. Ya separado de la muchedumbre y acompañado de los sacer­dotes escogidos, llega a la cumbre de las ascensiones divinas. Pero todavía no encuentra al mismo Dios. Contempla no al Invisible, sino el lugar donde El mora. Esto significa, creo yo, que las cosas más santas y subli­mes percibidas por nuestros ojos e inteligencia no son las razones hipostáticas de los atributos que verdaderamente convienen a la presencia de aquel que todo lo trasciende. A través de ellas, sin embargo, se hace manifiesta su inimaginable presencia, al andar sobre las alturas de aquellas cúspides inteligibles de sus más santos lugares. Entonces, cuando libre el espíritu, y despojado de todo cuanto ve y es visto, penetra (Moisés) en las misteriosas Tinieblas del no-saber (6). Allí, renunciado todo lo que pueda la mente concebir, abis­mado totalmente en lo que no percibe ni comprende, se abandona por completo en aquel que está más allá de todo ser. Allí, sin pertenecerse a sí mismo ni a nadie, renun­ciando a todo conocimiento, queda unido por lo más noble de su ser con Aquel que escapa a todo conocimiento. Por lo mismo que nada conoce, entiende sobre toda inteligencia (7).

 

 

     CAPÍTULO II: Cómo debemos unirnos y alabar al autor de todas las cosas, que todo lo trasciende.

 

 

¡Ojalá podamos también nosotros penetrar en esta más que luminosa oscuridad! ¡Renunciemos a toda visión y conocimiento para ver y conocer lo invisible e incognosci­ble: a Aquel que está más allá de toda visión y conoci­miento!

Porque ésta es la visión y conocimiento verdaderos: y por el hecho mismo de abandonar todo cuanto existe se celebra lo sobreesencial en modo sobreesencial. Así como los escultores esculpen las estatuas, quitando todo aquello que a modo de envoltura impide ver claramente la forma encubierta. Basta este sim­ple despojo para que se manifieste la oculta y genuina belleza.

Conviene, pues. a mi entender, alabar la negación de modo muy diferente a la afirmación. Afirmar es ir poniendo cosas a partir de los principios, bajando por los medios y llegar hasta los últimos extremos. Por la negación, en cam­bio, es ir quitándolas desde los últimos extremos y subir a los principios. Quitamos todo aquello que impide conocer desnudamente al Incognoscible, conocido solamente a tra­vés de las cosas que lo envuelven.

Miremos, por tanto, aquella tiniebla supraesencial que no dejan ver las luces de las cosas.

 

      CAPÍTULO III: Qué se entiende por teología afirmativa y teología negativa

 

En mis Representaciones teológicas y dejé ya claro cuáles sean las nociones más propias de la teología afirmativa (catafática); en qué sentido el Bien de naturaleza divina es Uno y Trino; cómo se entiende Paternidad y Filiación; qué sig­nifica la denominación divina del Espíritu; cómo estas cor­diales luces de bondad han brotado del Bien inmaterial e indivisible y cómo al difundirse han permanecido en él todas unas en otras desde su coeterno fundamento. He hablado de Jesús, que. siendo supraesencial, se revistió sustancial­mente de verdadera naturaleza humana. En las Representa­ciones teológicas alabé también otros misterios conforme a las Santas Escrituras.

En el tratado sobre los Nombres de Dios he explicado en qué sentido decimos que Dios es el Bien, Ser, Vida, Sabidu­ría. Poder y todo cuanto pueda convenir a la naturaleza spiritual de Dios. En la Teología simbólica he tratado de las analogías que puedan tener con Dios los seres que nosotros observamos. He hablado de las cosas sensibles  con relación a El, de formas y figuras, de ministros, lugares sagrados y ornamentos; de lo que significan el enojo, las  penas y los resentimientos; del sentido que en El tienen las palabras de embriaguez y entusiasmo, juramentos, maldiciones, sueños y vigilias. Y de otras imágenes con las que simbólicamente nos representamos a Dios. Supongo habrás notado cómo los últimos libros son más extensos que los primeros pues no era conveniente que las Representaciones teológicas y el tratado sobre los Nombres de Dios fuesen tan amplios como la Teología simbó­lica. El hecho es que cuanto más alto volamos menos pala­bras necesitamos. porque lo inteligible se presenta cada vez más simplificado. Por tanto, ahora, a medida que nos adentramos en aquella Tiniebla que hay más allá de la inteligencia, llegamos a quedarnos no sólo cortos en palabras, sino más aún. en perfecto silencio y sin pensar en nada.

En aquellos escritos, el discurso procedía desde lo más alto o lo más bajo. Por aquel sendero descen­dente aumentaba el caudal de las ideas, que se multiplica­ban a cada paso. Mas ahora que escalamos desde el suelo más bajo hasta la cumbre, cuanto más subimos más esca­sas se hacen las palabras. Al coronar la cima reina un com­pleto silencio. Estamos unidos por completo al Inefable.

Te extrañas, quizá, de que partiendo de lo más alto por vía de afirmación comencemos ahora desde lo más bajo por vía de negación. La razón es ésta: cuando afirmamos algo de aquel a quien ninguna afirmación alcanza, necesi­tamos que se basen nuestros asertos en lo que esté próximo de El. Mas ahora al hablar por vía de negación de aquel que trasciende toda negación se comienza por negarle las cualidades que le sean más lejanas. ¿No es cierto que es más conforme a realidad afirmar que Dios es vida y bien que no aire o piedra? ¿No es verdad que Dios está más distante de ser embriaguez y enojo que de ser nom­brado y entendido? y en tal sentido es distinto decir que Dios no es "embriaguez ni enojo" a decir que Dios no es "palabra o pensamiento" nuestros. Pero funda­mentalmente coinciden en el no con respecto a Dios. Por lo cual, éste es el camino más directo y sencillo y seguro para llegar a Dios o a la cima, camino de proficientes o perfectos, la Teología mística.

 

           CAPÍTULO IV:  Que no es nada sensible la Causa trascendente a la realidad  sensible

 

Decimos, pues que la Causa universal está por ecima de todo lo creado. No carece de esencia, ni de vida, ni de razón, ni de inteligencia. No tiene cuerpo, ni figura, ni cualidad, ni cantidad. ni peso. No está en ningún lugar. Ni la vista ni el tacto la perciben. Ni siente ni la alcanzan los sentidos. No sufre desorden ni perturbación procedente de pasiones terrenas. Que los acontecimientos sensibles no la esclavizan  ni la reducen a la impotencia. No necesita luz. No experimenta mutación, ni corrupción, ni decaimiento. No se le añade ser, ni haber, ni cosa alguna que caiga bajo el dominio de los sentidos.

 

     CAPÍTULO V: Que la Causa suprema de todo lo inteligible no es algo inteligible

 

 

En escala ascendente ahora añadimos que esta Causa no es alma ni inteligencia; no tiene imaginación. ni expresión. ni razón ni inteligencia. No es palabra por sí misma ni tampoco entendimiento. No podemos hablar de ella ni entenderla. No es número ni orden, ni magnitud ni peque­ñez, ni igualdad ni semejanza, ni desemejanza. No es móvil ni inmóvil, ni descansa. No tiene potencia ni es poder. No es luz ni vive ni es vida. No es sustancia ni eter­nidad ni tiempo. No puede la inteligencia compren­derla, pues no es conocimiento ni verdad. No es reino, ni sabiduria. ni uno. ni unidad. No es divinidad, ni bondad, ni espíritu en el sentido que nosotros lo entendemos. No es filiación ni paternidad ni nada que nadie ni nosotros conozcamos. No es ninguna de las cosas que son ni de las que no son. Nadie la conoce tal cual es ni la Causa conoce a nadie en cuanto ser. No tiene razón, ni nombre, ni conocimiento. No es tinieblas ni luz, ni error ni verdad, Absolutamente nada se puede afirmar ni negar de ella.

Cuando negamos o afirmamos algo de cosas inferiores a la Causa suprema, nada le añadimos ni quitamos. Porque toda afirmación permanece más acá de la causa única y perfecta de todas las cosas, pues toda negación permanece más acá de la trascendencia de aquel que está simplemente despojado de todo y se sitúa más allá de todo.

 

(De este tratado existe, entre otras, una versión en: P. Dionisio Areopagita, Obras completas, BAC, Madrid, 1990. Edición de Teodoro H. Martín de la que extraemos las notas que siguen).

 

(1).  Subida y contemplación. Son las dos palabras que el autor ha puesto en el pórtico de su "Teología mística". Subida de Moisés al Sinaí: realidad símbolo del camino para la contemplación. Subir es dejar atrás los sentidos y el mismo intelecto. De esta Subida habia escrito San Gregorio de Nisa. al menos un siglo antes que el Pseudo Areopagita, en la Vida de Moisés. Unos diez siglos después Bernardino de Laredo diría Subida del Monte Sión. que San Juan de la Cruz la aplica a su familia religiosa llamándola Subida del Monte Carmelo. Todos se refieren a lo mismo: guiar el alma hasta la cumbre de la contemplación.

(2).  Salmos, 18, 11.

(3).  Se concluye de estas lineas que no se dice vía de negación en oposición a vía de afirmación. Ambas se definen en relación a Dios. Y refiriéndose a El. es más propia la negativa, pues más exacto es decir lo que Dios no es que lo que Dios es. Afirmación es bajar del Monte: explicar la Revelación. Negación es subir imantados, en silencio, hasta el Dios que revela.

(4).  De San Bartolomé habla la Biblia (Mt 10,3: Mc 3.15; Lc 6.14. Hech 1.13). No con tanta verdad la devoción popular le atribuyó a él. como a otros apósto­les. evangelios que llamamos "apócrifos".

(5).  Exodo 20,21 y Ex. 19.

(6).  Cloud of Unknowing (Nube del no-saber). La mejor obra de espiritualidad del siglo XIV en inglés, toma el titulo de estas líneas. Idea que desarrollaría Nicolás de Cusa bajo el nombre de la Docta ignorancia, y los místicos alema­nes, particularmente Juan Taulero, llamaron noche oscura, dos siglos antes de que San Juan de la Cruz consagrara definitivamente la expresión.

En estas líneas se nota la presencia de Gregorio de Nisa, en especial la segunda parte de la Vida de Moisés (PG 44. 372C-380A), que contiene varios temas del Areopagita. Dionisio los aplica a la liturgia en la Jerarquía eclesiástica, porque para él las ceremonias sagradas son medios o símbolos para la contemplación caminos de ascensión como la subida de Moisés al Monte de la Contemplación o encuentro con Dios. El obispo, como Moisés, se purifica antes (EH 3.440A y 428B). Al terminar la liturgia de la Palabra (EH 3.436A) despide a los no purificados como Moíses se apartaba de las gentes para subir al Sinaí. Asimismo el obispo no se detiene o entretiene en cosas externas de la liturgia como luces sonido ("Nombres Divinos", 4. 708C y "Jerarquía Celestial", 1.121D); lo tras­ciende todo, hasta los símbolos que son trampolín para lanzarse a la contem­plación. Identificacion con Cristo el gran Liturgo es la acción litúrgica, contemplación, como para Moíses lo era el llegar a la cumbre.

(7).  Con estos ejemplos. el autor esclarece las nociones de vía afirmativa y vía negativa en teología. Las afirmaciones se hacen con atributos divinos, menos propios de Dios a medida que se alejan de la simplicidad y unidad de la Deidad y se van haciendo multiplicidad. Es el método de los Nombres de Dios, que se puede decir de la teología escolástica, o científica, como gustan de decir ahora. Inferior en cierto punto es el símbolo, que parte de una realidad concreta para discurrir sobre lo divino, si bien puede ser más sublime cuando el corazón, apoyado en la fe, sin necesidad de reflexión culta, se lanza directa­mente a Dios. Es el valor de la devoción popular, llena de fe, que se expresa por la liturgia o Jerarquía eclesiástica. Por eso la Teología simbólica está más al alcance de los principiantes, de la gran masa o pueblo fiel, los que tienen que "ver y tocar" de algún modo, como el apóstol Tomás. Pero, repetimos, el sím­bolo puede ser también. por su sencillez, el medio más propio para llevar a la cumbre de contemplación a personas llenas de fe y sencillez de corazón. La Teología conceptual o racional, como los Nombres de Dios, representa el camino de reflexión, comúnmente dicho de los teólogos, analiza las verdades revela­das, como quien se para a mirar los rayos del sol para vivir en la luz. Pero no son el sol. por luminosos que sean. Es la vía afirmativa. En ella hay grados, según sea la distancia en relación con Dios: purgativa. iluminativa. profi­ciente o de perfectos. La vía negativa no admite grados. porque en nada se dis­tancia. pues sólo y exclusivamente se adhiere a Dios, se unifica con el Uno. A toda criatura dice igualmente nada hasta coronar la cima de la creación. y al transponerse sólo desde allí dirá TODO. Si embargo, señala el Areopagita, podemos decir que con referencia a las nadas las hay más o menos distantes del Todo, y en tal sentido es didtinto decir que dios no es "embriaguez ni enojo" a decir que Dios no es "palabra o pensamiento" nuestros. Pero fundamentalmente coinciden en el NO con respecto a Dios. Por lo cual, éste es el camino más directo y sencillo y seguro para llegar a Dios o a la cima, camino de proficientes o perfectos, la "Teología mística".    

 

 

 

 

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