lunes, 15 de octubre de 2018

LA TRADICION HEBRAICA Y ABRAHAM (CHARLES D'HOOGHVORST)


CHARLES D'HOOGHVORST:

 LA TRADICION HEBRAICA Y ABRAHAM

I.            EL TEXTO

La tradición hebraica tiene su fundamento en la Biblia, la cual consta, según el canon hebreo, de 39 libros:
1.           Lis cinco libros de Moisés o la Torah.
2.           Los primeros profetas: 6 libros.
3.           Los profetas posteriores: 15 libros.
4.           Los Escritos: 13 libros.
Según el canon cristiano, la Biblia se compone de 46 libros:
1.           El Pentateuco: 5 libros.
2.           Los libros históricos: 16 libros.
3.           Los libros poéticos o sapienciales: 7 libros.
4.           Los libros proféticos: 18 libros.
Siete libros, pues, del Canon cristiano no se encuentran en el hebreo: Tobías, Judit, Sabiduría, Eclesiástico, Baruk y dos Macabeos.
Hasta el descubrimiento de los manuscritos de Qumrán, en unas cuevas al borde del Mar Muerto, no teníamos manuscritos de la Biblia hebraica, anteriores al siglo IX. Se encontraron allí, entre 1945 y 1955, una copias de casi todos los libros de la Biblia, cuya composición se sitúa en el primer o segundo siglo a. de j. C.C.
Este descubrimiento ha sido muy importante, porque nos ha ofrecido manuscritos del texto bíblico casi diez siglos anteriores a los que teníamos, pero que no revelan prácticamente ninguna referencia respecto a éstos.
Por lo que se refiere al texto mismo, los manuscritos de Qumrán nos han confirmado lo que los especialistas suponían ya: que parecen existir tres grandes tradiciones escritas de la Biblia, es decir, tres textos fundamentales que presentan entre si ciertas variaciones en cuanto a detalles.
1.           La primera es el texto actual de la Biblia en hebreo.
Fue establecido por unos doctores judíos, entre el siglo IV y el siglo VIII después de J.C. que vocalizaron las consonantes (1) por medio de unos puntos vocales, según la pronunciación tradicional, para conseguir una forma de pronunciar el texto que fuera válida para todos los judíos dispersos por el mundo. Estos doctores se denominan Masoretas, de la palabra Massorah: tradición.
2.           El segundo texto base es el que sirvió para la traducción de la Biblia griega, llamada "de Los Setenta". Esta versión data del primer siglo a. de J.C. Pero los manuscritos griegos más antiguos que nos quedan son del siglo IV después de Cristo.

Según la leyenda, esta traducción habría sido hecha por setenta y dos sabios de Israel a petición de los judíos helenizados de Alejandría. Ésta fue realizada a partir de un texto hebreo que databa por lo menos de 4 ó 5 siglos antes que el texto masoritico; hay algunas pequeñas diferencias al compararlo con éste. Es pues la Biblia llamada "de los Setenta" la que sirvió de texto sagrado a los primeros cristianos, hasta la nueva traducción latina de San Jerónimo, en el siglo III, denominada "La Vulgata" y que se convirtió después en el texto oficial de la Iglesia cristiana de Occidente.
3.           En tercer lugar existe también la tradición textual Samaritana. Se trata de un texto hebraico del Pentateuco, empleado en la secta de los Samaritanos. Hay también allí algunas diferencias con la Masorética, pero también similitudes con la de "los Setenta". Se ignora la fecha exacta en que fue compuesta.
Así pues, podemos decir como conclusión que, aparte de algunas variaciones de detalle en las versiones de que disponemos, el texto hebreo de la Biblia no ha cambiado desde el siglo II ό III a. de J.C. En cuanto al período que transcurrió desde la composición del texto bíblico hasta el siglo II ó III a. de J.C., fecha aproximada de los manuscritos de Qumrán, nada sabemos con certeza.
Es sin embargo probable que el sacerdote Esdras, que vivió alrededor del año 500 a. de J.C., al final de la cautividad de los Israelitas en Babilonia, fue el que contribuyó a fijar los textos canónicos de la Biblia. Se cree también que fue a partir del tiempo de Esdras cuando se sustituyó la antigua escritura fenicia por la escritura cuadrada hebrea, empleada hasta entonces en la transcripción de los libros santos.
II TRADICIÓN ESCRITA Y TRADICIÓN ORAL

Toda tradición auténtica tiene dos aspectos. Le hebrea no es una excepción.
1.           El primer aspecto es la Tradición escrita, constituida por el Libro Sagrado, el texto mismo, con sus letras. Según dicen los hebreos, la Torah (o los cinco libros de Moisés) se componía originariamente de una sucesión de consonantes sin vοcalizaciόn, ni divisiones por capítulos.
Es la Palabra muda, sin pronunciar, encerrada en la letra, como una piedra seca. Es el "libro cerrado".
2.           El otro aspecto es la Tradición oral: el "libro abierto". Las vocales que se unen a las consonantes, permitiendo la pronunciación, son como el espíritu que viene a vivificar el texto. Es la Piedra viva, por eso el Evangelio dice .....de estas piedras mismas Dios puede hacer nacer hijos a Abraham". (Mateo. 3¬9).
Este aspecto de la Tradición se compone de los comentarios orales de los Maestros que, sucesivamente en la historia, han ido experimentando la Verdad del Libro. (Estos comentarios, una vez consignados por escrito vuelven a ser en cierto modo la Tradición Escrita.)
Los hebreos llaman a estos Maestros de la Palabra: los "Maestros de la boca". Es la Tradición viva, encarnada. Sólo ellos, los Cabalistas, pueden comentar válidamente la Escritura, pues han encontrado de nuevo su verdadero "Sentido", y lo pueden transmitir. Es la palabra regenerada y regeneradora.
Cuando se interrumpe esta transmisión, la tradición en su forma oral desaparece, volviendo a ocultarse en la letra, las imágenes y los ritos; ya no hay nadie entonces para explicarla a los hombres.
Estos dos aspectos de la Tradición, no deben ser nunca separados.

III.          LOS COMENTARIOS

Veamos rápidamente de qué se compone la tradición oral hebrea:
1.           Primeramente, el Talmud:
Después de la destrucción de Jerusalén y del Templo por el Emperador romano Tito en el año 80 después de Cristo, el culto fue abolido. Un grupo de rabinos decidió, al final del primer siglo, redactar en hebreo los dichos de la Tradición oral. Y así nació la "Mishnah", que significa: "ensefunza", "renovación". Su redacción fue terminada en el siglo segundo.
En el tercer y el quinto siglo, se añadió a la Mishnah un comentario, redactado en arameo, llamado Gemarah, y constituido por notas de los discípulos.
Estas dos partes constituyen el Talmud.
Los doctores hebreos dan al Talmud el sentido de Halacah, que quiere decir "la marcha" o "la conducta"; es el paso del Señor en el hombre.
Así, el Talmud tiene un doble sentido:
para el hombre ordinario, enseña el modo de comportarse; pero para el cabalista, enseña los misterios de la regeneración.
Todas estas prescripciones minuciosas del Talmud salvaron al pueblo judío dispersado, conservándole su identidad propia.
En resumen, el Talmud, aunque escrito, forma parte de la Tradición oral, ya que se trata de un comentario de la Escritura inspirado por la Tradición oral.
Después del Talmud, tenemos los Midrashim.
Midrash procede del verbo darash que significa: escrutar, interpretar. Existen muchos "Midrashim", que son comentarios redactados en hebreo, de varios libros de la Biblia, versículo a versículo.
Estas composiciones se sitúan entre los siglos VI y X hasta el siglo XII. Constituyen una suerte de prolongación del Talmud.
3.           Existe también gran número de comentarios bíblicos.
A partir del siglo X, la exégesis judaica no se limita a la región del Oriente Medio, sino que se extiende a toda Europa y Africa del Norte. Entre los principales representantes podemos citar a Rashi, que vivió en Troyes (Francia) en el siglo XI y al cabalista Nahmánide, del siglo XIII y natural de Gerona.
4.           No podemos hablar de estos Maestros de la Tradición oral sin mencionar el extraordinario Zohar, que apareció a fmales del siglo XIII en Castilla, y desde allí se difundió por el mundo entero. No se sabe con seguridad quién es el autor de esta obra. Rabbi Moisés de León pretendió haber copiado el Zohar a partir de un texto antiguo, que no se ha encontrado nunca.
Según la leyenda, el Zohar seria la obra de Rabbi Simeόn ben Iochai. El Talmud nos cuenta la historia de Rabbi Simeόn.
En época del Emperador romano Adriano, tres Rabinos discutían entre ellos. El primero, Rabbi leoudah, alababa las obras de los romanos: el Forum, los puentes, las vías, los baños públicos... El segun¬do, Rabbi Iossé, escuchaba, pero guardo silencio. El tercero, Rabbi Simeόn ben Iochai, contestó y dijo:
"Si los romanos han hecho el Forum es para los comerciantes y mercaderes, si han hecho baños es para las mujeres públicas, y si han hecho vías es para poder cobrar más fácilmente los impuestos".
Rabbi leoudah divulgó la conversación, y las palabras de Rabbi Simeόn llegaron a oídos del Emperador Adriano, que promulgó el edicto siguiente:
"Rabbi Ieoudah, que alabó a los romanos, sea honorado. Rabbi Iosse, que se calló, sea desterrado a Chipre. En cuanto a Rabbi Simeon, que habló tan mal de los romanos, que sea ejecutado."
Rabbi Simeόn y su hijo, fueron a esconderse en una cueva, allí el Señor hizo manar una fuente y crecer un algarrobo para alimentarlos.
Se quedaron allí durante doce años, hasta que el profeta Elias se presentó en la entrada de la cueva y les dijo: "¿Qué hacéis aquí?" El Emperador Adriano ha muerto y sus edictos están caducados". Salieron pues y volvieron al mundo.
La Tradición los considera autores del Zohar. Sin embargo, esta afirmación no tiene ninguna base hístόríca seria.

IV.          IMPORTANCIA DF LA TRADICIÓN ORAL

Volviendo a la Tradición Oral, puede afirmarse que todos los verdaderos maestros en ésta son Cabalistas. Asimismo, esta Tradición Oral, o Cábala, procede de los Patriarcas y existía ya antes de Moisés. Abraham fue el primero que la recibió directamente de Dios. Así se hizo la Alianza
entre Dios y Abraham: oralmente, no a través de un escrito.
Los Maestros explican que "El Santo bendito sea"(la apelación habitual que los Rabinos dan a Dios), sabía que el pueblo judío tendría que marchar en exilio entre las naciones, y que querrían traducir su libro sagrado. Es por ello que no fundó su alianza sobre un escrito, sino sobre una Palabra. Y en efecto, las naciones han traducido los libros judíos, pero sin poseer esta Torah oral, y en consecuencia sin poseer el sentido real. De este modo, los que poseen esta Palabra la transmiten oralmente y son considerados descendientes de Abraham.
Leer la Torah sin referirse a los comentarios de la Tradición oral es pues muy peligroso, y aún más si lo hacemos en traducciones. Los Maestros de la Tradición oral son los únicos que pueden interpretarla en su verdadero sentido, del cual no debe apartarse el que estudia la Biblia, so pena de caer en interpretaciones erróneas. La conclusión es evidente: se precisa la Ley oral para interpretar la ley escrita.
A propósito de la Tradición escrita, de la "letra", del Libro cerrado, al cual hemos hecho alusión anteriormente, tenemos que añadir un pasaje del Zohar que nos parece muy significativo en cuanto al verdadero sentido de toda exégesis, es decir, de la interpretación del texto sagrado.
Veremos que no existe, en realidad, ninguna diferencia entre el misterio de la Escritura y el misterio del hombre. El Zohar, pues, dice lo siguiente: 'Todas las letras son como el cuerpo sin alma, sin espíritu; no hay más que consonantes. Cuando vienen los puntos (se refiere a los puntos vocales; en hebreo las vocales no son letras, se marcan por medio de puntos debajo o encima de las consonantes), llamados Nikudot (la palabra "níkud" quiere decir "punto", pero también "gota"), que son el secreto del alma viva, o el secreto de la letra HE, he aquí que el cuerpo se endereza en su consistencia, y es a esto a lo que se refiere el pasaje de Génesis IΙ-7: "ΙHVΗ Elohím formó el Adán del polvo del suelo, y sopló en sus narices alma de vida, y el Adán fue hecho espíritu vivo".
"Y todo esto salió de un solo origen que es la sabiduría de arriba, porque los puntos son como las vocales, son como el soplo en la flauta. Cuando salieron las letras del seno del secreto de arriba, ellas se desarrollaron y se agravaron en el hombre, y esto se refiere al cuerpo humano. Después salieron los puntos vocales, y Dios los insufló en las letras; los puntos son pues el secreto del soplo de vida que hay en las letras, y las letras se enderezaron, como el hombre, el cual está erguido sobre sus pies, por medio de la consistencia del soplo".
Así, podemos deducir de este comentario que existe una armonía fundamental entre la Escritura y el hombre. La Escritura vocalizada, pronunciada, es como el hombre regenerado que encuentra de nuevo el secreto de la Palabra perdida. Y esto nos conduce a la Cábala.

V.           LA   CÁBALA

¿Qué es la Cábala? La palabra proviene de una forma del verbo kabal que significa:
"recibir". Es exactamente el sentido de la palabra "Tradición", que procede en nuestras lenguas del latin tradere: transmitir.
La Cábala es la recepción o la transmisión de algo, de algo que se comunica, por supuesto, y que no puede ser enseñado de manera puramente académica.
Según esta definición, vemos también que la cábala no es propiamente hebrea:
puede existir una cábala en cada lengua, en cada filiación tradicional, y existe, efectivamente, o ha existido, ya sea griega, latina, cristiana, etc.
Con relación a la cábala que ahora nos ocupa, la hebrea, reina bastante confusión. Muchos han escrito sobre ella en el curso de los últimos cien años, pero la mayor parte no hicieron el esfuerzo de ponerse a estudiar la escuela de los cabalistas hebreos.
Eran bien intencionados, pero la mayoría no conocían el hebreo, y por consecuencia no podían tener acceso a los comentarios de los verdaderos cabalistas. Por lo general, se lanzaron a especulaciones muy complicadas sobre las letras del alfabeto hebreo, los Sefirot, y otros temas esotéricos, basándose en traducciones bastante imperfectas de fuentes hebreas.
Desde principios del siglo, y hasta ahora, se llevan editados muchos libros de vulgarización, exponiendo una cábala que tiene muy poco que ver con la sabiduría hebrea. Por esto en la mente de la gente que ha "oído hablar", se ha formado la idea de que se trata de una doctrina un poco misteriosa elaborada en el curso de la Edad Medía por unos viejos rabinos y que enseña ciertas fórmulas mágicas o cuestiones semejantes.
He aquí lo que dice Nahmánides, el cabalista catalán que vivió en Gerona a principios del siglo XIII, en su comentario del Génesis:
"En cuanto a mí, anuncio un pacto leal a quien medita sobre este libro; le doy un buen consejo: que no pruebe, por medio de su pensamiento o de su razón, de entender algo en relación a las alusiones escondidas que escribo sobre los secretos de la Torah, pues le informo con certeza, que no entenderá mis palabras, ni las conocerá de ningún modo por su inteligencia o comprensión, sino de la boca de un sabio cabalista, hablando en el oído de un recipiendario sagaz".
Esto nos recuerda un antiguo rito que se practicaba en el cristianismo y también en muchas sociedades iniciáticas. Consiste en que el sacerdote, en un momento dado da el "beso de la paz" al diácono, que a su vez, lo da al primer fiel y así sucesivamente.
Este beso de paz, en realidad no es un beso: consiste, para el que lo da, en aproximar la boca a la oreja del que lo recibe, poniendo las manos sobre sus hombros.
En la actualidad, y a causa de la ignorancia del verdadero sentido del rito, la gente se da la mano, o un beso, lo que no tiene el mismo sentido.
En realidad, se trata de un mito de transmisión de la Paz, o de una "palabra pacificadora". De ahí que todavía hoy, los israelitas se saluden diciendo: Shalom, que significa Paz.
Volvamos a Nahmánides, que termina su explicación citando un versículo del Éxodo (XIX-21), donde Adonai en la montaña del Sinaí dice a Moisés que ordene al pueblo no intentar romper las barreras que les separa, para intentar mirar. Parece que el autor hebreo, nos quiera dar a entender que intentar romper las barreras para mire, es querer entender el objeto de la cábala con la sola razón, el espíritu limitado que hemos heredado del Adán exiliado por la transgresión original.
Lo mismo sucedió con el pueblo de Sodoma. Los dos enviados de Elohím habían entrado en la casa de Lot; las gentes querían entrar por la fuerza, pero los enviados los cegaron y se cansaron inútilmente de buscar la puerta.
Ésta parece ser la diferencia que existe entre el exoterismo y el esoterismo (Exo = exterior; eso = interior). Por esto se dice que existe una enseñanza en la casa y otra en la plaza pública.
Exoterismo es la expresión en forma de imágenes o de ritos, de la realidad esotérica. Esta realidad no puede ser alcanzada por medio de la razón, de la inteligencia discursiva.
El "Interior" es el lugar donde se enseña la Gnosis o el esoterismo. Por lo que se refiere a la Tradición hebrea, se cita generalmente un pasaje del Talmud que dice así:
"Moisés recibió la Torah del Sinaí; después la transmitió a Josué, Josué la transmitió a los Ancianos, los Ancianos a los Profetas, y los profetas la han transmitido a los hombres de la Gran Asamblea (es decir, al Sanedrín)".
Así, Moisés recibió la Torah y la transmitió. En eso consiste la Cábala y los cabalistas son, pues, los que la han recibido.
Torah quiere decir Ley, éste es el sentido más evidente. Pero si profundizáramos todavía más, encontraríamos que esta palabra procede de la raíz "iaroh" que significa "lanzar de arriba a abajo", "regar" y también "enseñar". Torah podría ser pues: "un riego"
En cuanto al Sinaí, los comentaristas hebreos hacen observar que el texto bíblico dice que Moisés recibió la Torah "del Sinaí'; no dice "en el Sinaí" o "sobre el Sinaí". El prefijo hebreo me, (me Sinaí) índica siempre el origen, y en este caso, el origen del don que Moisés recibió.
Vemos cómo la exégesis hebrea no se separa nunca del texto, de la palabra, de la letra, y por esto es muy precisa.
La palabra "Sínai" deriva, pues, de una raíz que significa: en primer lugar, zarza ardiente y en segundo lugar, barro.
Los Filósofos herméticos (2) hablan en sus tratados de "un barro que no moja ni tampoco ensucia". Podemos hallar alusiones a este misterioso barro cabalístico en una obra actual: "El Mensaje de nuevo encontrado" de L. Cattiaux.

VI.          LA REALIDAD SAGRADA SE SITÚA EN EL PRESENTE

Se acostumbra llamar a la Biblia, "Historia Sagrada", presentándola como un registro de hechos históricos. Pero ¿cómo puede ser sagrada una Historia, una sucesión de hechos en el tiempo?
La noción misma de "Sagrado" excluye la noción de tiempo histórico, porque la verdad sagrada no está sometida al tiempo. La realidad sagrada se sitúa en el presente. El tiempo sagrado es el Presente y relata acontecimientos de otro mundo; y el lugar de este otro mundo es el Ser que Es.
En las gramáticas de las lenguas semíticas (hebreo, árabe, arameo, etc...), el tiempo cumplido, es decir el pasado, se puede traducir tanto por pasado como por futuro, lo que corresponde al Presente.
El nombre de Dios I E H O V A H, el nombre de cuatro letras, está constituido de la reunión de los tres tiempos gramaticales del verbo S E R: el futuro Ihiev, el presente hoveh, el pasado haiah: será, es, fue. Esta es la Historia sagrada, el Tiempo del Ser que es pasado, presente y futuro.
En el Talmud, los doctores de la Tradición hebrea hablan de este Presente de la manera siguiente: "Vino un Saduceo que dijo a Rabbi Abamab: Está escrito en el Salmo 3: 'Cántico de
David, cuando huyó a causa de Absalón su hijo...' y en el Salmo 57 está escrito: 'De David cuando huye de Saúl, en una cueva'. Y pregunta el Saduceo: ¿Cuál de estos dos acontecimientos es el que se produjo primero? Se hubiera tenido que hablar primeramente de la huida de David a causa de su hijo 'Absalón' (según la cronología histórica).
"Rabbi Abamah contestó: Para vosotros que comentáis la Escritura sin estar unidos de nuevo, es un caso difícil. Pero para nosotros, comentamos la Escritura estando unidos de nuevo y no es una dificultad. He¬mos hecho la unión y todo se ha vuelto un perpetuo presente; para nosotros el Sinai y los apóstoles son contemporáneos, no hay un antes ni un después, sino un presente; estamos reunidos con el Espíritu Santo. ¿Y dónde se habla de esto en la Torah? Está dicho en el Salmo 109-8: 'Unidos de nuevo a la eternidad, hechos en verdad y rectitud". (Tract. Berakot, 10 a).

VII.         ABRAHAM EL HEBREO

La Historia del pueblo hebreo comienza con el Patriarca Abraham, porque es el primero que la Biblia llama: Hebreo; "Abraham, el hebreo" se dice, en el capítulo 14 del Génesis.
A partir pues de Abraham, se habla del pueblo hebreo. Esta palabra viene del nombre de Ever, que fue, según el texto, antepasado de Abraham. Y Ever era descendiente de Shem (3), uno de los tres hijos de Noé.
El nombre del hijo de Ever, era Paleg (que significa separar) porque el texto del Génesis, dice que en su tiempo la tierra estaba dividida. Precisamente, Ever o hebreo viene del verbo que significa "pasar", "atravesar". Según la tradición, los hebreos, y en particular Abraham, son los que han pasado el rio Jor¬dán, y por esto están "separados" del resto del mundo. El mundo se encuentra a un lado del rio y en el otro lado se hallan Abraham y los descendientes de Ever. En el Evangelio, vemos que Jesús también está más allá del Jordán.
De este modo, simbólicamente, los hebreos representan a los santos separados del resto del mundo. Por esto se dice que una cosa es "Santa", porque en lengua hebrea la palabra "Santo" quiere decir "separado" (del verbo kadosh: separar). El Santo es pues, etimológicamente el que se encuentra separado. En el Templo de Jerusalén existía un lugar secreto, donde los fieles no tenían derecho a entrar: se llamaba el Sancta Sanctorum; se trata del mismo simbolismo. En el Cristianismo, esto corresponde al Coro, lugar de la iglesia separado de la nave, donde teóricamente los fieles no podían entrar. Es la noción de "lo santo" y "lo profano".
Pero el lector seguramente habrá notado que el hecho de ser hebreo trasciende la noción etnológica de raza. El "hebreo" representa el Santo, el Sabio o el Profeta, porque éstos han experimentado el "Paso del Rio". Y la lengua hebrea representa también el Lenguaje de los Profetas, la Lengua de Oro.
Volvamos a Abraham, el hebreo, el que "ha pasado" y que por este motivo está separado. Viene a representar pues, simbólicamente, a todos los Sabios; y es por esta razón llamado "Padre de los creyentes", siendo el antepasado de las tres grandes religiones monoteístas: la Judía, la Cristiana y la Islámica.
Se llamaba al principio Abram: Ab-arara: padre de Aramec, su país de origen. También su nombre significa: Padre elevado, Ab-RAM. Ram es también una apelación poética de Dios.
Los magos de Persia creían que Abraham era el mismo personaje que Zoroastro, el cual escribió el libro Sagrado de los Persas: el ZendAvesta. Hay también una teoría, un poco aventurada, que da un origen sánscrito al nombre de "Abram", comparándolo a Rama.
Pero el primer patriarca recibió de Dios otro nombre, cuando se reveló a él: Abraham. Este nombre está hecho de la adjunción de la letra HE en medio de su primer nombre, Abram. También a Saraff, su mujer, le sucedió lo mismo; desde entonces se llamó Sarah, con una HE.
Los comentadores explican que la letra HE hebrea es la letra del conocimiento; o de la Sabiduría. Cuando Dios transmite su secreto al hombre, lo hace por medio de la HE. Es la letra de la creación. Representa el soplo de la creación (al cual hemos hecho alusión a propósito del pasaje del Zohar sobre las letras y las vocales). Es el secreto de la Cábala y los que la han recibido son cabalistas. Es el sentido del versículo bíblico ya citado: "Y OHWP Elohim formó el Adán del polvo del suelo y sopló en sus narices un soplo de vida y el Adán fue espíritu vivo.
Abraham, pues, a partir de la manifestación de Elohim, fue creado de nuevo a imagen del primer Adán anterior al pecado. Fue creado hombre perfecto.
Porque hay dos hombres, dos Adán: uno procedente del Adán pecador y que sólo engendra en la vida mortal; de éste somos descendientes. El otro es el Adán creado por Elohím, la generación mesiánica, que es capaz de engendrar en la vida perfecta.
Abram es la imagen del primero, y no en vano el texto bíblico alude a que no podía tener hijos con Sarai. Abraham representa el segundo.

En el capítulo XV-5 del Génesis, Abram dice al Señor: "¿Qué me darás, si no tengo hijos?". El Señor lo condujo al exterior y le dijo: Mira (4) el cielo y cuenta las estrellas, así será tu descendencia".
El gran comentador Rashi explica este versículo diciendo: 'Esto significa: sal de tu destino tal como está escrito en las estrellas; tú has visto en el estudio de los Astros, que no tendrías hijos". (Ver también Zehar folio 90 b). Abraham veía en la Sabiduría de las estrellas (o astrológica) que no tendría hijos... El Santo bendito se le dijo: "No medites sobre esto, sobre la ciencia de las estrellas, sino sobre el secreto de Mi Nombre."
Por lo que se ve claramente que el hombre tiene dos destinos: el primero que procede de los Astros es el destino astrológico, que en cierta manera es ciego. El segundo procede de más arriba, del Nombre divino, o de la bendición del Nombre. Este es el verdadero destino del hombre, y su libre albedrío consiste únicamente en escoger uno u otro destino.
Abraham originario de Ur, Caldea, donde había estudiado Astrología, sabía muy bien que según su horóscopo, según su destino terrestre, no podía tener hijos con Sarah. Pero el Señor le dice que con la bendición que Él le da, podrá salir de su destino astrológico y ser Padre de una multitud.
Esta bendición que recibe Abraham, es el secreto del Nombre del Señor, la semilla de la Cábala que se transmite de Maestro a discípulo. Esta bendición no depende de los Astros, no depende del Destino, procede de más arriba.
Este es el verdadero sentido de la Creación. La Biblia entera no habla más que de esta nueva generación,O mejor, regeneración.
Abraham y Sarah unidos, engendrando a Isaac, representan el arquetipo de esa generación perfecta. Mas no se trata aquí de una generación carnal y la narración histórica es únicamente el soporte de esta enseñanza fundamental de la tradición hebrea.
La segunda palabra del Génesis es Bará que significa "creó". Pues empieza por una creación. Pero ¿de qué creación se trata? Estamos acostumbrados a pensar que la narración del principio del libro del Génesis trata de la creación del mundo, del universo en que vivimos. Esta manera de entender la Biblia es errónea, y fuente de interpretaciones y falsas interpretaciones sobre todo cuando los científicos toman parte en el asunto.
No hay que entender que Dios creó este mundo en el estado que lo percibimos ahora, mezclado de corrupción, y que es en realidad el resultado de la transgresión Adámica.
Hay un versículo en el libro segundo del Génesis, 4 que dice: "He aquí los engendramientos de los Cielos y de la Tierra en su creación, en el día en el cual IHVH Elohím hizo la tierra y los cielos".
Los comentadores observan que la palabra hebrea "en su creación", se puede leer: "Por la HE, los creó", a fin de enseñar que esta creación se hizo por medio de la letra HE, la misma que fue añadida al nombre de Abraham en el momento de su iniciación, tal como se ha comentado anteriormente.
Además, esta misma palabra, "en su creación", se refiere a Abraham, ya que puede leerse también: "en Abraham", a fin de dar a entender que en realidad, la creación se hizo en Abraham.
Los hebreos acostumbran a distinguir dos mundos, que en cierto modo no están separados, sino que el segundo está oculto en el primero. Hay el que llaman Olam hazé: "este mundo", y hay el Olam habah: "el mundo que viene" (5).
El Olam hazé, "este mundo", corresponde a la existencia corruptible y "El Olam habah" al mundo incorruptible y regenerado. El uno se refiere al hombre regido o generado por los astros, el otro al hombre regido o generado por el cielo. Uno es el mundo de Abram, el otro es el mundo de Abraham. Estas dos generaciones dependen de dos "fuegos" diferentes.

LOS NOMBRES DE ELOHIM Y ADONAI

La Tradícíón nos enseña muchas otras cosas referentes a Abraham; la circuncisión por ejemplo, que Abraham fue el primero en practicar. Pero esto nos llevarla demasiado lejos.
Sin embargo, antes de terminar, hay que mencionar otra característica propia de este personaje: se dice que "Abraham fue el primero en conocer a Dios con su nombre de "Adonai".
Qué quiere indicarse con esto? Parece que se refiere a los varios aspectos de Dios, que corresponden a nombres de la divinidad. Hay que saber que los dos principales nombres, los dos aspectos principales con los cuales Dios se manifiesta al hombre, son Elohim y Adonai o IHVH.
1°. Elohim representa siempre al Dios en su aspecto de rigor, de juicio. Le llaman el Dios de las Naciones; es el Dios exterior al hombre, del cual todo el mundo habla pero que nadie conoce.
Sin él, no hay vida posible en el Universo. Del mismo modo que da la vida, también destruye y consume. Es el Dios de la naturaleza que el hombre debe conocer para captar su secreto. Esta palabra se traduce por "Dios". Podría corresponder, en terminología cristiana, al Padre Celeste.
2°. IHVH: el nombre de cuatro letras; es Dios en el hombre. Se presenta de dos maneras diferentes:
a)           El Dios que el hombre tiene sepultado, encarcelado en si mismo desde su caída, desde la Transgresión Adámica. Es mudo: de ahí que este nombre no puede pronunciarse, no tiene vocales.
Es Dios en su aspecto de rigor; por eso los hebreos lo llaman "Dios de Ira". Se manifiesta al hombre solamente en el momento de la muerte y en su aspecto de cólera. Podría corresponder al Padre terrestre. Es lo que nos queda de la herencia Adámica.
Para conocerlo, mientras estamos encarnados, necesitamos la ayuda de Elohim.
b)           El otro aspecto de IHVH es el mismo, pero en su manifestación de misericordia, de amor. Es el Dios encarnado, conocido por el hombre. Por esto dice a Moisés: "Soy el Dios de Abraham, de Isaac, de Jacob". Es también Adonai, y el nombre de IHVH vocalizado, es decir, pronunciado. El Dios de ira se ha transformado en Dios de Paz y de Amor. Esta palabra, Adonai, se traduce por: "mi Señor".
Abraham fue el primero en conocerlo, y ¿Νο seria por eso que Cristo, en el Evangelio, pronunció esta misteriosa frase que tanto escandalizó a los Fariseos: "¿Abraham ha visto mí dia?" (Juan VIII - 56).

CONCLUSION

 Resulta de lo que acabamos de exponer, que la figura de Abraham no se limita al Patriarca que vivió antiguamente en la Tierra de Cancán -lo mismo podría afirmarse de otras figuras históricas de la Biblia-no, la realización de Abraham es siempre actual; su "historia" es pasada, presente y futura. Pues la Tradición no inventa nunca nada, se repite simplemente. Y lo que los Padres han recibido, los Hijos también lo reciben. Lo que ocurrió a los Padres, ocurre también a los Hijos.
Cristo no está pues ausente en el Antiguo Testamento, como "Adonai" tampoco lo está en el Nuevo; aunque no deba extrañar, ya que no existe diferencia entre los dos.
Así comprendemos cómo el "árbol" cristiano se enraíza en el "humus" hebreo.
"Adonai" dijo a Moisés: He aquí que yo estaré delante de tí sobre la peña de Horeb y herirás la peña y brotará de ella agua y el pueblo beberá. Hízolo as! Moisés en presencia de los ancianos de Israel. Y puso a este lugar el nombre de "Massah" y "Meribah" por el alboroto de los hijos de Israel, y porque tentaron a "Adonai" diciendo: ¿Está o no "Adonai" en medio de nosotros?" (Exodo, XVII 5-7).
Y San Pablo comenta este episodio de la manera siguiente: "Porque no debéis de ignorar, hermanos, que nuestros padres estuvieron todos a la sombra de aquella nube, que todos pasaron el mar, que todos fueron bautizados en Moisés dentro de la nube y del mar, que todos comieron el mismo manjar espiritual, y que todos bebieron el mismo brebaje espiritual, pues bebían de la piedra espiritual que les acompañaba, la cual piedra era Cristo... (1, Corintios, X, 1-4).

                                                           *

(1) Comό se sabe, (el alfabeto hebreo no tiene vocales, sólo consonantes).
(2)Los filósofos herméticos o "Los amigos de la Sabiduría de Hermes", cuyas obras, muy abundantes aunque bastante desconocidas, se sitúan desde el principio de la Edad Medía hasta el fmal del siglo XVIII. El lector interesado encontrará extractos de estos escritos en la revista "La Puerta".
(3)De "Shem" proviene la palabra "semita".
(4)Εl verbo hebreo empleado aquí, significa "mirar" pero de arriba hacía abajo. La palabra  Ol1am, mundo, tiene como raíz el verbo alar que significa: "estar escondido". Esta palabra tiene en griego el equivalente de aiôn.

(Publicado en "Cíelo y Tierra", n° 3, invierno 1982-83)

martes, 9 de octubre de 2018

AMOR CRISTIANO (Nikos Vardhikas)



VII

AMOR CRISTIANO

(Nikos Vardhikas, Le Graal Roman, cap VII)


Se dice que el cristianismo es un camino de amor, e incluso se busca definir el amor cristiano, sobre la base de las afirmaciones de las escrituras cristianas, que abundan en referencias a este concepto. Sin embargo, nos parece que es un error que este amor se vea sólo en sus aspectos

a) la caridad
b) devoción,

aunque este es el resultado de los dos mandamientos: amar a Dios con todo tu corazón, etc. y amar al prójimo.

El primer enfoque no es en absoluto exclusivamente o por excelencia cristiano; además, es ridículo considerar la caridad como un mandamiento; ya ha producido las actitudes hipócritas que a veces se identifican con el cristianismo. Esto es olvidar que caritas no significa filantropía (que, sin embargo, no puede ser excluida), sino mantener una alta estima, afecto y respeto.  Es, por otro lado, una señal de que esta palabra también se refiere a la ternura y que, si las connotaciones sensuales y sexuales de la palabra eros se excluyen del campo semántico de la palabra ágape, no se pueden excluir las de una relación amorosa.

El segundo enfoque fue llevado a su clímax por algunos místicos occidentales (especialmente mujeres), que exhiben estigmas, escupen pétalos de rosa y se casan con Cristo.

Mostraremos no sólo que estas connotaciones no son exclusivamente cristianas, sino también que el contenido específicamente cristiano de la palabra es muy diferente.

AMOR A DIOS Y AL PRÓJIMO

En los Evangelios, Cristo mismo resume la Ley y los Profetas a la manera del judaísmo tradicional:

- monoteísmo (Escuche a Israel)
- amor a Dios
- amor al prójimo.

En efecto, es Levítico 19:18 el que dice

amarás a tu prójimo como a ti mismo

y es Deuteronomio 6:5 el que, después del esquema de Israel (1), dice

amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas

como parte del Decálogo. Cristo repite o aprueba este resumen de la Ley mosaica precisamente como tal (2). Pero añade a los que lo aceptan que está cerca del Reino de Dios; sin embargo, le falta, para entrar en él, el despojo completo:

Me quedé con todo esto; ¿cómo es que me he perdido?
Jesús le dijo,
Si quieres ser perfecto, vende tu fortuna y dásela a los pobres, entonces tienes un tesoro en el cielo; luego sígueme (3).
El Escriba le dijo,
Bien, rabino, en verdad usted dijo que[este resumen] es más grande que todos los holocaustos y sacrificios.
Jesús, viendo que respondía con sabiduría, le dijo:
 "No estás lejos del Reino de Dios.(4)

Como decíamos, la Ley y los Profetas, que se resumen aquí de la siguiente manera (que no es la esencia del

1 Que es la profesión de la fe judía, que se encuentra en un estuche a la puerta de cada casa judía (la mezuzah) y en las filacterias de los judíos piadosos.
2 Mt 19,19 y 22,37; Mc 12,28; Lc 10,27
3 Mt 19,20-21
4 Mc 12,32-34

cristianismo, sino más bien del judaísmo) no constituyen la totalidad de la vía crística; porque ellos

van hasta Juan; desde entonces, la buena noticia del Reino de Dios se anuncia y cada uno usa la fuerza para volver a entrar en él (1).

Desde el tiempo en que Juan el Bautista predicó hasta ahora, el Reino de los Cielos ha sido violentado, y son los violentos los que se apoderan de él (2).

Por lo tanto, es un error asumir que el mandamiento nuevo de Cristo es la caridad o la devoción cristiana. Sabemos que incluso la sentencia de tratar a los demás sólo de la manera en que te gustaría que te trataran a ti también es judía; según el rabino Hillel, también resume la enseñanza mosaica sobre la moralidad. Las novedades Crísticas en relación con el amor se encontran en otras partes:

- el énfasis no está tanto en el amor del hombre por Dios, sino en el amor de Dios por el hombre, que crea una relación similar a la que existe entre marido y mujer, como veremos.
- entre los hombres, la caridad llega hasta el amor a los enemigos; más adelante veremos el sentido de esto.

Primero, veremos la concepción del amor en el Antiguo Testamento.

EL CANTAR DE LOS CANTARES Y LA TRADICIÓN CRISTIANA

El amor de Dios al hombre está presente en el Antiguo Testamento, especialmente en los dos aspectos de la alianza y la filiación, pero sobre todo adquiere un color de misericordia.
El amor paternal concierne a menudo a un hijo indigno y el amor conyugal de Dios toma el color del esposo traicionado:

1Lc16.16
2 Mt II, 12-13. Debe notarse que biazesthai también tiene el significado (pero en griego moderno, no clásico) de apresurarse, estar apurado, así como hacerse  violencia.

Dios castiga a aquel [o las faltas de la persona ] que ama y azota a cualquier hijo que ama para educarlo.

Acusad a Israel, vuestra madre, no os privéis de ello, dice el Señor. Porque ella ya no es mi esposa y yo ya no soy su esposo.

¿Una mujer olvida a su hijo y descuida a los que ha llevado? Y aunque lo hiciera una mujer, no me olvidaré de ti [Sión], dice el Señor".

Sólo el Cantar de los Cantares establece otra concepción: en efecto, se trata de una relación amorosa, entre un hermano, amigo,  amado (adelfidos, plexión, ágape) y una prometida,  hermana,  amiga (ninfas, adelfé, plexión). Ya es sorprendente que la palabra utilizada para amigo (plexión) sea la misma que la utilizada para el prójimo, que la palabra hermano/hermana sea equivalente a esposo, esposa (2) y que el simbolismo de los esposos o prometidos esté presente en el Nuevo Testamento, con la misma palabra: nymfe y nynfios; o, más bien, hay una inversión aquí: donde en el Cantar, sólo la mujer es llamada nymfe, en los Evangelios, sólo el prometido es llamado nynfios. El episodio central de la Canción es el hecho de que la novia extraña a su amante, que llama a su puerta, a fuerza de vacilar; lo que no es sin recordar la parábola de las 10 vírgenes (o muchachas) que van al encuentro del novio, en el Nuevo Testamento, que también viene de noche y sin previo aviso. El coro de la canción es:

¿por qué despertar al ser amado, por qué molestarlo antes de que dé su consentimiento?

y, al final, aprendemos (probablemente por un coro de hermanos del amado) que todavía es demasiado joven y que, a pesar de sus deseos, todavía no tiene un pecho desarrollado. Cuando crezca, ¿será una muralla o una puerta? En el primer caso, estará coronado con almenas de plata; en el segundo, esta puerta estará bloqueada por una barra de cedro. Y la chica se responde a sí misma:

Soy un baluarte, mis pechos son las torres.

1 D17,7;Dt8,5;Pr3,12;OS2;IS49,15
2 Como en algunos pseudo-epígrafes, donde la mujer llama hermano a su marido.

Además, el deseo constante de la chica es introducir al prometido.

en la casa de mi madre, en la habitación donde me concibió, para que él me instruyera sobre el amor;

este es incluso el segundo refrán del cántico. Cuando finalmente despierta a su amante, es allí donde su madre la concibió, donde ella dio a luz. Y la promesa final es esta:

Colócame como un sello en tu corazón como un sello en tu brazo.

Es que el amor es tan fuerte como la muerte, y el deseo [ celo ] tan duro como Ηadès.

No queremos explicar aquí este texto con todo su simbolismo; pero nos parece obvio que es de este tipo el amor cristiano, como veremos más adelante.

EL AMOR DE DIOS POR EL HOMBRE

Dos parábolas relatadas por San Mateo (1) se refieren expresamente a un simbolismo del matrimonio y del novio: la de la fiesta de las bodas fracasadas y la de las diez vírgenes que salieron al encuentro del novio. Juan el Bautista, hablando de Cristo, lo presenta como el prometido,(2) siendo él mismo sólo su amigo; estamos hablando tanto del prometido como de la prometida. Y Apocalipsis especifica, después de haber mencionado tres veces (3) las bodas del cordero, su esposa y su mujer, que ésta es la Nueva Jerusalén (mujer: gyne; novia: nynfe).

En el célebre pasaje de San Pablo (4) donde se trata del matrimonio y de la sumisión de la esposa al marido, pensamos que hay una enseñanza del orden que aquí contemplamos, y no sólo de la legislación social (y sexista); diríamos incluso que es por el simbolismo salvífico que San Pablo saca las conclusiones que saca sobre el

1Mt22.214
2 Mt 25, 1-13
3 Ap. 19.7; 19.9; 21.9
4 Ef 5:25-33

esposo. Esto no es sólo una simple analogía, sino también una actualización del símbolo:

El marido es la cabeza de la esposa como Cristo es la cabeza de la Iglesia. Cristo mismo es el Salvador de la Iglesia, que es su cuerpo. Por lo tanto, las mujeres deben someterse en todo a sus maridos de la misma manera que la Iglesia se somete a Cristo. Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia y dio su vida por ella. Lo hizo para consagrarla, después de purificarla con el baño de agua de la Palabra. Porque quería presentarse a la Iglesia en toda su belleza, pura (santa) y sin mancha, sin mancha, arrugada o cualquier otra imperfección. Por lo tanto, los maridos deben amar a sus esposas como aman a sus propios cuerpos. El que ama a su esposa se ama a sí mismo. En efecto, nadie ha odiado jamás a su propio cuerpo, al contrario, es alimentado y cuidado, como Cristo lo hace por la Iglesia, porque somos miembros de su cuerpo. Como dice la Escritura: Debido a esto, un hombre dejará a su padre y a su madre para apegarse a su esposa, y los dos se convertirán en uno. Es una verdad secreta e importante que se revela en este pasaje; lo digo en relación con Cristo y la Iglesia. Pero también se aplica a ti: todo marido debe amar a su mujer como a sí mismo, y toda mujer debe respetar a su marido.

Esta larga cita deja claro que la relación de Cristo con la Iglesia, llamada amor, es análoga al amor conyugal (que, traducido al lenguaje moderno, no sólo cubriría un sentimiento con un contrato matrimonial, aunque sea religioso, sino que significaría una relación amorosa y sexual). Por lo tanto, creemos que la noción central cubierta por la palabra amor en el cristianismo, cuando se trata del amor de Dios por el hombre (y viceversa), no puede ser entendida sin estar relacionada con la concepción estrictamente cristiana de la transformación del hombre a través de su integración en Cristo.

El amor cristiano no es otra cosa que la posibilidad de realización espiritual, que los cristianos consideran ausente del judaísmo. El amor no es otra cosa que el envío de Cristo, es decir, la revelación, sino también el medio de una participación en las energías, al menos, de Dios.

EL AMOR ENTRE LOS SERES HUMANOS

Sólo únicamente sobre esta base se puede entender la caridad cristiana entre los hombres.
1. La orden de amar a los enemigos difiere mucho de la de Proverbios (1), donde se dice:

Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber. Al hacerlo, le hará sentir incómodo, como si tuviera carbón caliente en la cabeza. Y el Señor te recompensará.

Por el contrario, se trata, para Cristo, de hacer esto gratuitamente,

para ser perfecto, como vuestro Padre celestial es perfecto.

2. Antes de hablar de amor entre cristianos, debemos aclarar un malentendido. El amor sexual humano no debe ser visto como una realización trinitaria, sino, en el mejor de los casos, como una imagen o signo, a nivel individual, como hay muchos otros en la vida, de la relación entre Dios y el mundo. Ciertamente, si es verdad que V. Soloviev y P. Evdokimov se equivocan en exceso, también es verdad que san Pablo usa el ejemplo del amor nupcial (es decir, repetimos: amor y amor sexual) como un misterio que significa (hundimiento, también ) estas relaciones, las de Cristo y su Iglesia, especialmente. Pero no olvidemos que la sexualidad sigue a la caída, y que Dios dio el deseo sexual a la mujer después de la transgresión.

La unión sexual, por lo tanto, si bien puede ser un typos de la salida de uno mismo, no puede de ninguna manera lograr la indiferenciación sexual, ni la de los orígenes, ni la del Reino venidero. También puede convertirse en un freno y en un peso que se une a la tierra y se conecta al círculo de nacimientos y muertes, e incluso muy poderosamente. Por otro lado, nunca es desinteresado, ni generalizado, ni libre, o estamos hablando de una concepción verdaderamente hippie. Por el contrario, poner en su legítima perspectiva (que a veces ha sido negada por cristianos celosos) que no consiste necesariamente en la monogamia o su regulación, sino más bien en no tomar  el dedo

1. 25, 21-22
2 Mat 5,43 Lc  6,27- 36

por la luna, ella puede indicar el objetivo a alcanzar (1), que es su principio. Como muchas otras cosas necesariamente relacionadas con el alma, su naturaleza es por lo tanto doble; puede liberar o encadenar.

Ahora podemos ver los pasajes del Nuevo Testamento donde se trata de amor entre hermanos y miembros del mismo cuerpo que son los cristianos, los que viven en Cristo. El apóstol de esta doctrina es Juan; éste es el mandamiento nuevo: un modo de vida o más bien una verdadera vida nueva, debido enteramente a la infusión del Espíritu, y no simplemente una regla o moral. En Jn 13,34 Cristo llama al amor mutuo un mandamiento nuevo; ya no se trata de amar al prójimo, sino

Debéis amaros los unos a los otros como yo os he amado.

El que vive amando así, por lo tanto vive como Cristo ha vivido; ¿qué significa eso? Sobre todo, pensamos, la victoria sobre el yo y la posesión del Espíritu:

El que me ama, obedecerá lo que yo diga. Mi Padre lo amará y nosotros iremos a él y viviremos con él (2)

Yo los amo como el Padre me ama; permaneced en mi amor.... El mayor amor que pueden mostrar es dar su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que os pido... os llamo amigos, porque os he hecho conocer todo lo que he aprendido de mi Padre (3).

El que ama a su hermano se permanece en la luz (4)

Mirad cuánto amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios (5)

1 Recordemos un Upanishad (cuyo nombre se nos escapa): no es por el marido, querida mía, que amamos al marido; sino por el amor de Brahman.
2 Juan 14:23-24
3Jn 14,9; 14, 13-15
4 Jn 2, 10

5 1 Jn 2, 10; por supuesto, no es esta frase la que la sociedad protestante de los GIDEONS ha elegido destacar en sus ediciones libres, sino otra que sólo pone de relieve nuestra deuda.

Sabemos que hemos dejado la muerte para entrar en la vida, porque amamos a nuestros hermanos.(1)

Así es como sabemos lo que es el amor: Él dio su vida por nosotros; por eso nosotros también debemos dar la nuestra por nuestros hermanos (2).

Permanecer en su amor es una manera de expresar el viejo problema de cómo guardar la gracia del bautismo. El amor y el sacrificio de Cristo es la concesión del Espíritu; esta hazaña es inaudita en el monoteísmo, pues se trata de transmitir la energía de una hipóstasis divina, que opera incluso después de la partida definitiva del iniciador. ¿De qué manera esta vida  es amor ?

En cuanto que es a través de la comunión con el cuerpo deificado de Cristo que aquellos que ya son Cristos (como lo era antes de la Transfiguración, nacidos de lo alto y sin las consecuencias del pecado original) pueden esperar deificarse a sí mismos. Es por ser parte del cuerpo deificado que aquellos que tienen el cuerpo purificado se deifican a sí mismos. La Comunión se hace del cuerpo sacrificado y resurgido -no sólo a Cristo encarnado. Pero este sacramento tiene dos caras recíprocas

- compartir el único pan/cuerpo deificado
-  llegar a ser uno mismo miembro del cuerpo que es la Iglesia.

Esta doble comunión es una relación de amor, porque las relaciones iniciador-iniciado son tales; las relaciones entre los que son miembros de un mismo cuerpo, en realidad de Cristo, simbólicamente de la comunidad, sólo pueden ser en el amor, es decir, iniciáticas.

EL EJEMPLO DE ELIAS: DIOS Y EL MUNDO

Pensamos que es indudable que este amor no es sólo amor sentimental; en efecto, según San Máximo el Confesor, tal amor por los hombres presupone un desprendimiento de todo lo terrenal; vinculándolo al amor de

1 1 Jn3,14 2 2
2 1 Jn 3,16

de Dios, según el resumen del mosaico, San Máximo (1) añade sólo la condición previa para que

el intelecto supere a todos los seres

y que él

no se adhiere a nada que sea corruptible o pasajera,

es necesario el medio que fue la consagración ofrecida por Cristo.

El que ama a Dios no puede dejar de amar a todo hombre como a sí mismo.

Así que lo que se trata aquí es lo contrario de una pasión.

Sin embargo, San Máximo no insiste, en esta obra dirigida a los monjes, más que sobre aquellos aspectos de este camino que dependen exclusivamente de la voluntad; sin embargo, no debe creerse (y San Máximo no lo cree, como lo muestran sus otras obras) que este tipo de amor a Dios y a los hombres se adquiere sólo por la ascesis o el celo personal. Sin el amor de Dios a los hombres, hecho operativo e iniciador por la misión de Cristo o, en el judaísmo, por el pacto y, de hecho, por toda revelación divina (en diversos grados y métodos), uno sólo puede volverse excesivamente duro, como el profeta Elías. Para los padres griegos, en efecto, siguiendo los pasos de san Juan Crisóstomo, Dios tuvo que llamar a Elías de esta vida, decidiendo bajar él mismo, porque Elías carecía demasiado de compasión; en efecto, su estancia en el desierto y en la viuda de Sarepta también puede ser vista como una prueba para sí mismo. Y fue después de que Dios se le apareció como un aliento o brisa o murmullo (es decir, como Palabra y Espíritu) para reprenderlo suavemente y recordarle que él no es el único justo, que su destino estaba sellado. Para sopesar adecuadamente la diferencia de enfoques, es necesario saber exactamente dónde se llevó a Elías (2): se excluye que haya sido con su cuerpo, al Reino de Dios; y esto plantea interrogantes sobre la suficiencia del monaquismo como camino.

1 1 Centuria sobre el amor, 19
2 La historia de Elías se encuentra en 1 Reyes 17:1-21; 21:1-29 y en 2 Reyes 2:1-18 (para la Septuaginta, 3 Reinos y 4 Reinos).

Podría tener el don de transmitir los mensajes recibidos de Dios, podría poseer todo el conocimiento y comprender todos los secretos, podría tener toda la fe necesaria para mover montañas, si no tengo amor no soy nada.... El amor es eterno. Los mensajes recibidos de Dios un día cesarán, el don de lenguas terminará, el conocimiento desaparecerá. En efecto, sólo conocemos incompletamente los mensajes divinos; pero cuando llegue lo perfecto, lo incompleto desaparecerá... Busca, pues, ante todo, recibir el amor (1)

El Profeta Elías es el corifeo de los Profetas, el primero mencionado en el Antiguo Testamento y el más grande, el santo patrono de los monjes, el que, con Moisés, presenció la Transfiguración y el que debe regresar antes del fin de los tiempos para

reconciliar el corazón del padre con el del hijo y el corazón del hombre con el su semejante (2)
el que Cristo asimiló a Juan el Bautista. Sin embargo, y aunque

ningún hombre es más grande que Juan el Bautista,

 este es

más pequeño que el más pequeño del Reino de los Cielos (3).

Elías, por lo tanto, que no murió, no fue raptado en el Reino sino en el Paraíso; su rapto es equivalente a un bautismo de fuego y, antes de la consagración del cuerpo caído por la divinidad que lo asumió pero también resucitó, tal purificación requería tanto una intervención directa de Dios como la desaparición de este cuerpo purificado de la manifestación visible. Sin embargo, el camino cristiano no se detiene ahí. El retorno a la pureza original no es el propósito del camino, a diferencia de las concepciones platónicas; aunque la vida en el Edén (paraíso, no lo olvidemos, terrenal) no tenía túnicas de piel (y Elías la descarta, cuando se fue), era todavía una existencia separada, diferente de la del

1 Cor 13:2; 13:8-10: 14:I
2 Mal 3, 23
3 Μt 11, 11

el estado angélico[y por un lado (libre albedrío) superior a él].

El hombre nunca ha estado en el cielo, pero puede ir allí, no retornar allí, aunque, en primer lugar, haya un paso por el Paraíso después de la purificación; es solamente en el estado purificado, pero también compasivo, que uno puede legítimamente saborear el fruto de los dos árboles. El Reino de Dios está a la salida del Paraíso, y la puerta es el Amor, mientras que la pobreza es suficiente para entrar en el Paraíso (1).

Los justos siempre pueden entrar en el Paraíso, porque según San J. Crisóstomo, la espada que vigila la entrada y que es giratoria (Gn 3, 24) les da la espalda y los deja entrar. Pero la salida de este Paraíso es el Amor. Esto nos lleva de vuelta a nuestro tema, del cual esta digresión de Elías parecía alejarnos.

El amor del hombre por Dios (y por sus semejantes, es decir, la humildad, pero también la salida de sí mismo) conduce al Paraíso, que es la salvación y el propósito del judaísmo. Pero sólo el amor de Dios al hombre, si llega a poner a disposición los medios de una unión íntima, abre la puerta al Reino y a las tinieblas teológicas. De esta manera respondemos a la pregunta de R. Guénon sobre el destino de aquellos que encuentran el Paraíso incluso demasiado estrecho, en la tradición cristiana. Antes de Cristo, el único fundador de la religión hasta ahora que ha logrado una realización descendente como se describe en el Evangelio de Juan, tal amor no fue hasta ese punto más que en casos individuales.

CONCLUSIÓN

El concepto de Amor en el cristianismo denota sobre todo la posibilidad de deificación, que es su razón de ser y su diferencia con el judaísmo. Lejos de significar sólo un sentimiento devocional o caritativo (sin excluirlos), esta noción subraya el hecho de que el cristianismo es una forma de gracia, en el sentido del don, y no de una elección peligrosa o incluso predestinada. Esta gracia no se adquiere

1 Dibujamos estos símbolos del. Stêthatos, Du Paradis, SC N° 81

 pasivamente, pero el propósito del camino no está enteramente contenido en el celo.
Terminaremos con San Juan, y esperamos que estos pasajes hayan tomado un color diferente al habitual, a los ojos de nuestros lectores:

Amigos míos, amémonos unos a otros, porque el amor viene de Dios. Quien ama nace de Dios y conoce a Dios. El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. Así es como Dios tiene su amor por nosotros: envió a su único Hijo al mundo, para que tengamos vida por medio de él. Y el amor consiste en esto: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos haya amado y enviado sus fines para que, por su sacrificio, nuestros pecados sean perdonados. Amigos míos, si así es como Dios nos ha amado, nosotros también debemos amarnos los unos a los otros. Nadie ha visto nunca a Dios; si nos amamos los unos a los otros, Dios habita en nosotros y su amor se realiza en nosotros. Así es como sabemos que moramos en Dios y que él mora en nosotros: nos ha dado su Espíritu. Y hemos visto y proclamado que el Padre envió a su Hijo para ser el Salvador del mundo.... Dios es amor, el que habita en el amor habita en Dios y Dios habita en él. Si el amor es perfecto [se realiza] en nosotros, entonces tendremos confianza en el Juicio, porque nuestra vida en el mundo es similar a la de Cristo. No hay temor en el amor; el amor perfecto [consumado] excluye el temor. Así, el que tiene miedo no se realiza en el amor, porque el miedo es una relación con el castigo. En cuanto a nosotros, nosotros [1'] amamos porque Dios nos amó primero.... No podemos amar a Dios, que no vemos, si no amamos a nuestro hermano, que él ve..... Sólo quien cree que Jesús es el Hijo de Dios puede derrotar al mundo (1).

1 Jn en 4, 1-21; 5, 1-5. Con esta última frase, San Juan afirma que es la obra de Cristo la que hace posible todo este camino de unificación. Porque sólo lo que vence al mundo puede llevar a la unión, y esto es lo que nace de Dios.

Cualquiera que sea la equivalencia que uno pueda encontrar en otra tradición, uno no debería creer que lo es a menos que sea posible una realización; y en particular, que una concepción dualista o (que equivale a lo mismo, como dualismo de facto) absolutamente unitaria pueda contener tal posibilidad.















FLAVIO JOSEFO: ANTIGÜEDADES JUDAICAS,


FLAVIO JOSEFO: ANTIGÜEDADES JUDAICAS, 13,5,9
En esta época (1) había tres partidos entre los judíos, que sostenían distintas opiniones sobre los negocios humanos. Uno se llamaba el partido de los fariseos, el otro el de los saduceos y el tercero el de los esenios. Los fariseos afirmaban que algunos sucesos, aunque no todos, son obra del Hado (2), y por tanto el hombre no puede decidir que ocurran o no. El partido de los esenios, en cambio, sostiene que el Hado domina todas las cosas y que todo cuanto sucede a los hombres es por decisión suya. Y los saduceos prescinden del Hado, sosteniendo que no existe. Niegan que los acontecimientos humanos se produzcan según su disposición y afirman que todo depende de nuestro propio poder, de forma que somos nosotros mismos quienes pro­vocamos nuestra buena suerte y que sufrimos lo malo a causa de nuestra imprevisión. Pero ya he dado más detalles sobre estos partidos en el libro segundo sobre los asuntos de los judíos.
(1)                Durante la supremacía de Jonatán (160-142 A.c)
(2)                En este caso Josefo acomoda su léxico al de los lectores paganos; pero piensa en la omnipotente Providencia.
FLAVIO JOSEFO : ANTIGUEDADES JUDAICAS, 18,1,5
En general, la doctrina de los esenios lo refiere todo a Dios. Dicen que las almas son inmortales y dan gran valor a la recompensa del justo. Envían ofrendas al Templo, pero llevan a cabo sacrificios con peculiares ritos purificadores, y por ello se mantienen apartados de los recintos del santuario, que están abiertos a todos, y ofrendan por sí mismos los sacrificios. En otros aspectos son hombres excelentísimos por su modo de vida y se dedican por completo a la agricultura. Una de sus prácticas despierta especialmente la admiración de los demás aspirantes a la virtud, puesto que ni entre los griegos o los extranjeros ha existido algo semejante. Es la suya una práctica muy antigua, que nunca se ha entorpecido, y es la de tener sus bienes en común. El rico no obtiene de su propiedad mayor beneficio que el que carece de todo. Y ésta es una práctica que respetan más de cuatro mil hombres. Tampoco toman esposa ni admiten esclavos, pues consideran que la esclavitud provoca la injusticia, y el matrimonio es motivo de riñas. Por lo tanto, viven solos y se sirven los unos a los otros. Eligen hombres buenos como administradores de sus ingresos y de los productos de la tierra, y sacerdotes para la elaboración del pan y de (otros) alimentos. Su forma de vida no se diferencia o, mejor dicho, está muy próxima a la de los dacios llamados "polistae".
JOSEFO: LAS GUERRAS DE LOS JUDÍOS, 2,8,2-13
2. Entre los judíos había tres sectas filosóficas. Los secuaces de la primera son los fariseos, los de la segunda lo saduceos y los de la tercera, que tienen la reputación de una mayor santidad, reciben el nombre de esenios. Estos son judíos de nacimiento, y los unen lazos de afecto más fuertes que los de las otras sectas. Rechazan los placeres,

estiman la continencia y consideran como una virtud el dominio de las pasiones. Permanecen célibes, y eligen los hijos de los demás, mientras son maleables y están a punto para la enseñanza, los aprecian como si fuesen propios y los instruyen en sus costumbres. No niegan la conveniencia del matrimonio ni pretenden acabar la generación humana, pero se guardan de la lujuria femenina, convencidos de que ninguna mujer es fiel a un solo hombre.
3.                   Desprecian las riquezas y su forma de vida en comunidad es extraordinaria Entre ellos ninguno es más rico que otro, puesto que, de acuerdo con su ley, los que ingresan en la secta deben entregar su propiedad a fin de que sea común a toda la orden, tanto que en ella no existe pobreza ni riqueza, sino que todo está mezclado como patrimonio de hermanos. Consideran que el aceite es contaminador (sic). Si alguno de ellos lo toca, aunque sea accidentalmente, le frotan el cuerpo. Consideran conveniente el conservar la piel seca y vestir siempre de blanco. Eligen administradores encargados de sus pro­piedades comunes, y son tratados con absoluta igualdad en cualquiera de sus necesidades.
4.                   No viven en una sola ciudad, pero en cada una moran muchos de ellos. Cuando llega algún miembro de otro lugar, le ofrecen cuanto tienen como si fuera de él, y le tratan como si fuese íntimo aunque no le hayan visto jamás. Por esta razón cuando salen de viaje no llevan nada encima, excepto sus armas como defensa contra los ladrones. En cada ciudad hay un encargado de la orden para cuidar de los forasteros y proporcionarles vestidos y todo lo necesario. Su circunspección y su porte corresponden al de jóvenes educados bajo rigurosa disciplina. No renuevan la ropa ni el calzado hasta que están rotos o desgastados por el uso; no compran ni venden nada entre ellos, pero cada uno da lo que otro pueda necesitar, recibiendo a cambio algo útil. Independientemente de los trueques, nada les impide aceptar de cualquiera aquello que puedan necesitar.
5.                   Su piedad es extraordinaria. No hablan de materias profanas antes de que el sol nazca, sino que rezan ciertas oraciones recibidas de sus padres, para rogarle que aparezca. Después sus directores los despiden para que cada uno se dedique a su labor, trabajando con ahínco hasta la hora quinta, después de la cual se reúnen en un lugar y se bañan en agua fría cubiertos de velos blancos. Acabada la purificación, se recogen en unos aposentos donde no pueden entrar individuos de otra secta; acto seguido, libres de toda contaminación penetran en el comedor como si fuera un santo templo y se sientan en silencio. Entonces el panadero dispone los panes y el cocinero les coloca delante un plato con una sola comida. Un sacerdote bendice la comida, porque sería una falta probar el alimento antes de haber dado gracias a Dios. El mismo sacerdote, una vez han comido, repite la oración de gracias. Tanto al principio como al final honran a Dios como sostén de la vida. Luego se quitan los vestidos blancos y trabajan hasta la noche; cenan de la misma forma, acompañados de los huéspedes, silos tienen. Ningún grito ni disputa perturba la casa; todos hablan por turno. A los extraños este silencio puede parecerles un tremendo misterio, pero tiene su justificación en su templanza en el comer y el beber, en lo que nadie se excede.
6.                   No hacen nada sin consentimiento de sus directores, excepto cuando se trata de ayudar al necesitado y compadecer a los afligidos. En estos casos tienen permiso para

proceder según su propia voluntad en socorro de los que lo merecen y para dar de comer a los pobres. Pero en cambio no pueden dar nada a sus parientes o deudos sin licencia de sus jefes. Saben moderar su ira y dominar sus pasiones; son fieles y respetan la paz. Cumplen cuanto han dicho como si lo hubieran jurado, porque aseguran que está condenado quien no puede ser creído sin juramento. Estudian con entusiasmo los escritos de los antiguos, sobre todo aquellos que convienen a sus almas y cuerpos, y aprenden las virtudes medicinales de raíces y piedras.
7.                   A los que aspiran a entrar en la secta, no los admiten inmediatamente, sino que les prescriben su modo de vida durante un año, fuera de su comunidad, entregándoles una hachuela, una túnica y una vestidura blanca. Cuando el candidato ha dado pruebas de su continencia durante este tiempo, lo dejan asociar más a su modo de vida y participar de las aguas de la purificación, pero todavía no es admitido en sus prácticas de vida en común. Para ello necesita afirmar su carácter durante dos años más; y si previo examen se muestran dignos de ello, los acogen en el seno de la comunidad. Y antes de que puedan tocar la comida común, deben pronunciar severos juramentos de que, ante todo, honrarán a Dios, y después que serán justos, que no dañarán a nadie deliberadamente o por orden ajena, y que odiarán al malvado y ayudarán al justo; que serán fieles a todos, y en especial a los que mandan, porque nadie alcanza el gobierno sin la voluntad de Dios, y que, si llegasen a ostentar autoridad, no abusarían de ella, ni tratarían de rivalizar con sus subordinados en vestidos ni en riquezas; que amarán la verdad y reprobarán a los mendaces; que no mancillarán sus manos con el robo, ni su alma con ilícitos provechos; y también que no ocultarán nada a los miembros de su secta, ni revelarán nada de sus asuntos a los demás; aunque los amenacen con la muerte. Además, juran que nadie establecerá sus doctrinas de otra manera de como las han recibido, huirán del latrocinio (2), conservarán los libros de sus leyes y honrarán los nombres de los ángeles Éstos son los juramentos con los cuales ponen a prueba la fidelidad de los candidatos.
8.                   Expulsan de su orden a aquellos que incurren en delito grave, y a menudo ocurre que el repudiado muere de modo miserable, porque tanto por sus juramentos como por su condición, no tiene libertad para recibir comida y bebida de otros; se ve obligado a ali­mentarse de hierba, con lo cual su cuerpo se va adelgazando hasta que, finalmente, muere. Por esta causa muchas veces se compadecen de ellos y los readmiten cuando están al límite del agotamiento, considerando que sus faltas han sido suficientemente castigadas con estos sufrimientos casi fatales.
9.                   Son muy justos y equitativos en sus juicios, en los que intervienen no menos de cien miembros, pero lo que éstos deciden es inapelable. Después de Dios, honran el nombre de su legislador (Moisés), y sí alguno habla mal o blasfema contra él, es condenado a muerte. Obedecen de inmediato a los ancianos y a la mayoría, de forma que, si diez están reunidos, ninguno hablará en contra de los deseos de los otros nueve. Evitan escupir enfrente o a la derecha de los demás. Su abstención de trabajar en el séptimo día (de la semana) difiere notablemente de los demás judíos; no sólo preparan la comida la víspera, por no encender fuego en día de fiesta, sino que ni siquiera se atreven a levantar una vasija o ir a la letrina. Los otros días cavan una pequeña fosa de un pie de hondo, con la hachuela (o azadilla) que se da a los neófitos, y se cubren con sus túnicas para no ofender al resplandor divino al aligerar sus vientres; después la cubren con la tierra que

sacaron antes, pero todo ello después de haber elegido para tal fin un lugar lo suficiente apartado. Y aunque la evacuación sea una función natural, acostumbran a lavarse después, como si considerasen que se habían mancillado.
10.                Según sea su tiempo de vida ascética, se dividen en cuatro grupos, y los más nuevos son hasta tal punto considerados como inferiores que si por casualidad tocan a algunos de los antiguos, éstos deben lavarse igual que si hubiesen sido tocados por algún extranjero. Viven largo tiempo, y muchos de ellos llegan a centenarios, gracias a la sencillez de su alimentación y también por su forma regular y moderada de vivir. Desprecian las adversidades y dominan el dolor con la ayuda de sus principios, y consideran que una muerte gloriosa es preferible a la inmortalidad. Su guerra contra Roma demostró fuerza de alma en todos los aspectos, porque, aunque sus cuerpos eran atormentados, dislocados, quemados o desgarrados, no se consiguió que maldijesen a su legislador o que comiesen algo prohibido por su ley; tampoco suplicaron a sus ator­mentadores ni derramaron una lágrima, antes sonreían en medio del dolor, se burlaban de sus verdugos y perdían la vida valerosamente, como si estuvieran convencidos de que tornarían a nacer.
11.                Esta opinión la sostenían todos ellos, es decir, los cuerpos son corruptibles y su materia no es permanente; sus almas son inmortales, imperecederas, proceden de un aire sutilísimo (sic) y entran en los cuerpos, donde se quedan como encarceladas, atraídas con halagos naturales. Cuando se libran de las trabas de la carne se regocijan y ascienden alborozadas como si escapasen de un cautiverio interminable. Las buenas almas, y en esto coinciden con la opinión de los griegos, tienen sus moradas allende el Océano, en una región exenta de lluvia, nieve y calor excesivo, porque es refrescada de continuo por la suave caricia del viento occidental que llega a través del Océano. Las almas malas van a un paraje oscuro y tempestuoso, henchido de castigos eternos. Y en verdad se me antoja que los griegos tuvieron la misma idea cuando señalaron las islas de los bienaventurados para los personajes que denominan héroes y semidioses; y a los malos les han señalado el Hades, donde, de acuerdo con sus fábulas, ciertas personas, tales como Sísifo, Τántalo, Ixiόn y Titio, reciben su castigo, teniendo por cierto en principio que las almas son inmortales. Esto es un incentivo para la virtud y una admonición para la maldad, porque los buenos mejoran su conducta con la esperanza de la recompensa tras su muerte, y las inclinaciones viciosas de los malos se refrenan con el miedo y la esperanza, pues, aunque se oculten en esta vida, sufrirán castigo eterno en la otra. Éstas son, pues, las divinas doctrinas de los esenios acerca del alma, que encierran un señuelo irresistible para quienes han sido atraídos por su filosofía.
12.                Hay entre ellos algunos que aseguran saber las cosas futuras con la lectura de sus libros y varias clases de purificaciones, aman de estar muy versados en los dichos de los profetas. Muy pocas veces sus predicaciones resultan fallidas.
13.                Existe además otra orden de esenios, que están de acuerdo con los anteriores sobre conducta, costumbres y leyes, pero difieren en la opinión del matrimonio. Dicen que el hombre ha nacido para la sucesión y que, si todos los hombres la evitasen, se extinguiría la raza humana. Sin embargo, ponen a sus mujeres a prueba durante tres años, y si hallan que sus purgaciones naturales son idóneas y aptas para la procreación, se casan con ellas. Pero ninguno se acerca a su esposa mientras está embarazada, como en

demostración de que no se casan por placer, sino con vistas a la multiplicación. Las mujeres se bañan con las túnicas puestas, lo mismo que los hombres. Éstas son las costumbres de esta orden de esenios.
(1).              Los pobres, sobre todo si no llevan nada consigo, poco o nada han de temer de los ladrones; pero estos pobres eran esenios que proclamaban la sumisión al poder romano y se desentendían incluso de la fabricación de armamentos. Sostenían que toda autoridad viene de Dios. Esta doctrina significaba la anatemizaciόn de los zelotas, a los que Josefo suele llamar bandidos. Defendían que era una traición a la única realeza de Dios, el privilegio sagrado de Israel, y consideraban derecho suyo, e incluso su deber, matar a los culpables, de desobedecer la Ley divina.
(2).              Sorprenderá al lector el voto de abstenerse del latrocinio o bandidaje, que parece desplazado en el caso de individuos que profesaban la total pobreza individual. Ello indujo a Lagrange, "Judaisme", pág. 314, n. 3, a considerar el texto corrupto. Mas Josefo emplea a menudo la palabra «bandido», «ladrón», en el caso del partido cuyos principios describe como los de la cuarta «filosofía» judía; se llamaban a sí mismos «zelotas», porque les movía el celo por la religión nacional, y en particular, por el único señorío de Dios. No admitían como gobernantes a personas de origen extranjero; Esta doctrina chocaba abiertamente con la de los esenios, según la cual el hombre sólo recibe el poder por voluntad de Dios y por lo tanto, hay que obedecer a quienes lo detentan; La lealtad a los gobernantes era una parte del juramento de los candidatos. Los zelotas llevaban un puñal con el que castigaban inmediatamente las infracciones de las leyes de Dios, en lo cual tomaban como ejemplo e imitaban el acto del sacerdote Pinehas (Nm. 25,7). Naturalmente, la propiedad de los que discrepaban de esta opinión no quedaba inmune. Como se comprenderá, el partido se engrosaba con personas cuyos fines distaban de ser tan honestos, de ahí que llegara a ser llamado de los «bandidos» y asimismo de los sicarios (de "sica", el puñal que portaban). Lo del juramento puede ser una adición posterior, cuando las actividades de los zelotas fueron notorias.
(Publicado en Edmund Sutcliffe, "Los monjes de Qumrán", Barcelona, Garriga, 1962).