domingo, 30 de junio de 2019

Escolios a un texto implícito 21 (Nicolás Gómez Dávila)


 — País sobrepoblado es aquel donde todo ciudadano es prácticamente anónimo.

 — El ritualismo es el protector discreto de la espiritualidad.

 — Una nube de incienso vale mil sermones.

 — Racionalizar el dogma, ablandar la moral, simplificar el rito, no facilitan el acercamiento del incrédulo sino el acercamiento al incrédulo.

 — La gente nace cada día más apta a encajar perfectamente en estadísticas.

 El discurso continuo tiende a ocultar las roturas del ser. El fragmento es expresión del pensamiento honrado.

 — El cristianismo completa el paganismo agregando al temor a lo divino la confianza en Dios.

 — Nada más ominoso que el entusiasmo del siglo XIX por la “unidad”, la “solidaridad”, la ”unanimidad”, de la especie humana.
 Esbozos sentimentales del totalitarismo contemporáneo.

 — Problema que no sea económico no parece digno, en nuestro tiempo, de ocupar a un ciudadano serio.

 — La gente admira al que no se queja de sus males, porque la exime del deber de compadecerlo.

 — En las épocas de plena libertad la indiferencia a la verdad crece tanto que nadie se toma el trabajo de conformar una verdad o de refutarla.

 — Hay que apreciar los lugares comunes y despreciar los lugares de moda.

 — Solemos compartir con nuestros predecesores más opiniones que caminos de llegar a ellas.

 — Toda inteligencia llega a un punto donde cree que camina sin avanzar un paso.

 — Lo contrario de lo absurdo no es la razón sino la dicha.

 — La decadencia vuelve amables muchas cosas.

 — Los períodos de estabilidad política son períodos de estabilidad religiosa.

 — El hombre recobra en la soledad aliento para vivir.

 — La humanidad no oye con júbilo sino las invitaciones catastróficas.

 — La madurez consiste en caminar por vías trilladas con paso inconfundible.

 — Lo que deja de pensarse cualitativamente para pensarse cuantitativamente deja de pensarse significativamente.

 — Una idea extravagante se vuelve ridícula cuando varios la comparten. O se camina con todos, o se camina solo.
 Nunca debe caminarse en grupo.

 — Detrás de la “voluntad de todos” se asoma la “voluntad general”.
 “Voluntad” que no es volición, en realidad, sino programa. Programa de un partido.

 — Al despojarse de la túnica cristiana y de la toga clásica, no queda del europeo sino un bárbaro pálido.

 — Las dos más insufribles retóricas son la retórica religiosa y la retórica de la crítica de arte.

 — Las concesiones al adversario llenan de admiración al imbécil.

 — La única pretensión que tengo es la de no haber escrito un libro lineal, sino un libro concéntrico.

 — Las verdades no se contradicen sino cuando se desordenan.

 — Las imposibilidades estéticas de una época no provienen de factores sociales, sino de censores internos.

 — El demócrata cambia de método en las ciencias humanas cuando alguna conclusión lo incomoda.

 — La mente del marxista se fosiliza con el tiempo; la del izquierdista se vuelve esponjosa y blanda.

 — En materia importante no se puede demostrar, sino mostrar.

 — La distinción entre uso científico y uso emotivo del lenguaje no es científica sino emotiva.
 Se utiliza para desacreditar tesis que incomodan al moderno.

 — El escritor moderno olvida que tan sólo la alusión a los gestos del amor capta su esencia.

 — El enemigo de una civilización es menos el adversario externo que el interno desgaste.

 — Los errores políticos que más obviamente podrían evitarse son los que más frecuentemente se cometen.

 — En reiterar los viejos lugares comunes consiste la tarea propiamente civilizadora.

 — La verosimilitud es la tentación en que más fácilmente cae el historiador aficionado.

 — La soledad nos enseña a ser intelectualmente más honestos, pero nos induce a ser intelectualmente menos corteses.

 — Se acostumbra pregonar derechos para poder violar deberes.

 — La diferencia entre “orgánico” y “mecánico”, en los hechos sociales es moral: lo “orgánico” resulta de innúmeros actos humildes; lo “mecánico” resulta de un acto decisorio de soberbia.

 — La idea peligrosa no es la falsa, sino la parcialmente correcta.

 — El escritor que no se empeña en convencernos nos hace perder menos tiempo, y a veces nos convence.

 — La relatividad del gusto es disculpa que adoptan las épocas que lo tienen malo.

 — No siempre distinguimos lo que hiere nuestra delicadeza de lo que irrita nuestra envidia.

 — Cuando el clima intelectual donde algo acontece carece de originalidad, el acontecimiento sólo tiene interés para los que concierne físicamente.

 — La historia parece reducirse a dos períodos alternos: súbita experiencia religiosa que propaga un tipo humano nuevo; lento proceso de desmantelamiento del tipo.

 — El moderno no tiene vida interior: apenas conflictos internos.

 — Donde no hay huellas de vieja caridad cristiana, hasta la más pura cortesía tiene algo frío, hipócrita, duro.

 — No les demos a las opiniones estúpidas el placer de escandalizarnos.

 Los reaccionarios les procuramos a los bobos el placer de sentirse atrevidos pensadores de vanguardia.

 — El derrotado no debe consolarse con las posibles retaliaciones de la historia, sino con la nuda excelencia de su causa.

 — Cuando apuntamos alto no hay público capaz de saber si acertamos.

 — La historia de los géneros literarios admite explicaciones sociológicas.
 La historia de las obras no las admite.

 — La única superioridad que no peligra encontrar una superioridad nueva que la eclipse es la del estilo.

 — La decisión que no sea un poco demente no merece respeto.

 — Lo difícil no es creer o dudar
 — en cualquier campo— sino medir la proporción exacta de nuestra auténtica fe o de nuestra auténtica duda.

 — Nada que se pueda sumar tiene fin que colme.
 Lo importante es inconmensurable plenitud.

 — Quien viva largos años asiste a la derrota de su causa.

 — Los factores habituales de la historia no bastan para explicar la aparición de nuevas mentalidades colectivas. Conviene introducir en historia la noción misteriosa de mutación.

 — A hacer lo que vale sólo debemos invitar en vista de que lo vale.
 El bien por el bien, la verdad por la verdad, el arte por el arte.

 — Para renovar no es necesario contradecir, basta profundizar.

 — El liberal se equivoca siempre porque no distingue entre las consecuencias que atribuye a sus propósitos y las consecuencias que sus propósitos efectivamente encierran.

 — “Pertenecer a una generación”, más que necesidad, es decisión que toman mentes gregarias.

 — Pretender que el cristianismo no haga exigencias absurdas es pedirle que renuncie a las exigencias que conmueven nuestro corazón.

 — Abundan los que se creen enemigos de Dios y sólo alcanzan a serlo del sacristán.

 — El hombre común vive entre fantasmas, tan sólo el solitario circula entre realidades.

 — Reemplazar la percepción sensorial concreta del objeto por su construcción intelectual abstracta le hace ganar el mundo al hombre y perder el alma.

 — Sólo lo inesperado satisface plenamente.

 La ley es el método más fácil de ejercer la tiranía.

 — Los textos reaccionarios les perecen obsoletos a los contemporáneos y de una actualidad sorprendente a la posteridad.

 — Cada una de las sucesivas ortodoxias de una ciencia le parecen verdad definitiva al discípulo.

 — Todo lo físicamente posible le parece pronto al moderno plausible moralmente.

 — El buen libro de ayer no le parece malo sino al ignorante; en cambio, el libro mediocre de hoy puede parecerle bueno hasta a un hombre culto.

 — Toda metafísica tiene que trabajar con metáforas, y casi todas acaban trabajando sólo sobre metáforas.

 — Las épocas de liberación sexual reducen a unos pocos gritos espasmódicos las ricas modulaciones de la sensualidad humana.

 — La existencia de la obra de arte demuestra que el mundo tiene significado.
 Aun cuando no diga cuál.

 — Sólo la contemplación de lo inmediato nos salva del tedio en este incomprensible universo.

 — El peso de este mundo sólo se puede soportar postrado de hinojos.

 — Los filósofos suelen influir más con lo que parecen haber dicho que con lo que en verdad dijeron.

 — Las soluciones en filosofía son el disfraz de nuevos problemas.

 — El sentido común es casa paterna a la cual la filosofía regresa, cíclicamente, desmirriada y flaca.

 — Nada patentiza tanto los límites de la ciencia como las opiniones del científico sobre cualquier tema que no sea estrictamente de su profesión.

 — El hombre actual no admira sino los textos histéricos.

 — El hombre compensa la solidez de los edificios que levanta con la fragilidad de los cimientos sobre los cuales los construye.

 — Pensamiento valiente y atrevido es el que no rehuye el lugar común.

 — No es donde las alusiones mitológicas cesan donde la huella griega se borra, es donde los límites de lo humano se olvidan.

 — Para detestar las revoluciones el hombre inteligente no espera que comiencen las matanzas.

 — El prójimo nos irrita porque nos parece parodia de nuestros defectos.

 — Una sociedad comunista se paraliza pronto intelectualmente en un terrorismo recíproco.

 — Indicios de civilización sólo son la claridad, la lucidez, el orden, los buenos modales, de la prosa cotidiana.

 — El moderno ignora la positividad del silencio.
 Ignora que son muchas las cosas de las cuales no se puede hablar sin deformarlas automáticamente.

 — Toda clasificación estricta de un hecho histórico lo adultera.

 — La atomización de la sociedad deriva de la organización moderna del trabajo: donde nadie sabe concretamente para quien trabaja, ni quién concretamente trabaja para él.

 — Clásico castellano significa, salvo excepciones, libro ilegible.

 — Lo más notorio en toda empresa moderna es la discrepancia entre la inmensidad y la complicación del aparato técnico y la insignificancia del producto final.

 — Cuando termine su “ascenso”, la humanidad encontrará al tedio esperándola sentado en la más alta cima.

 — El subjetivismo es la garantía que el hombre se inventa cuando deja de creer en Dios.

 — La permanente posibilidad de iniciar series causales es lo que llamamos persona.

 — El libro que no escandalice un poco al experto no tiene razón de existir.

 — Los dos polos son el individuo y Dios: los dos antagonistas son Dios y el Hombre.

 — La mayoría de las civilizaciones no han legado más que un estrato de detritos entre dos estratos de cenizas.

 — No confundamos el estrato específico del misterio con el estrato de lo inexplicable.
 Que puede ser meramente el de lo inexplicado.

 — Sin previa carrera de historiador no debiera ser lícito especializarse en ciencias humanas.

 — Del gran filósofo sólo sobreviven los aciertos: del filósofo subalterno sólo sobrenadan los errores.

 — Las únicas metas que se les han ocurrido a los filósofos fijarle a la historia humana son todas tediosas o siniestras.

 — La libertad embriaga al hombre como símbolo de independencia de Dios.

 — Si la coyuntura no lo constriñe, no hay judío radicalmente de izquierda.
 El pueblo que descubrió el absolutismo divino no pacta con el absolutismo del hombre.

 — No es la vaga noción de “servicio” lo que merece respeto, sino la concreta noción de “servidor”.

 — Hay algo definitivamente vil en el que no admite sino iguales, en el que no se busca afanosamente superiores.

 — Aun cuando no pueda ser acto de la razón la opción debe ser acto de la inteligencia.
 No hay opciones constrictivamente demostrables, pero hay opciones estúpidas.

 — Donde desaparece hasta el vestigio de nexos feudales, la creciente soledad social del individuo y su creciente desamparo lo funden pronto en masa totalitaria.

 — Las tesis que el marxista “refuta» resucitan intactas a su espalda.

 — Las “libertades” son recintos sociales en los cuales el individuo se puede mover sin coacción alguna; la “Libertad”, en cambio, es principio metafísico en nombre del cual una secta pretende imponer a los demás sus ideales de conducta.

 — Cuando el tirano es la ley anónima, el moderno se cree libre.

 — Pocas ideas no palidecen ante una mirada fija.

 Una mayor capacidad de matar es el criterio de “progreso” entre dos pueblos o dos épocas.

 — Criticar un presente en nombre de un pasado puede ser vano, pero haberlo criticado en nombre de un futuro suele resultar ridículo cuando ese futuro llega.

 — El mundo se llena de contradicciones cuando olvidamos que las cosas tiene rango.

 — El “arte moderno” parece aún vivo porque no ha sido reemplazado, no porque no haya muerto.

 La raíz del pensamiento reaccionario no es la desconfianza en la razón sino la desconfianza en la voluntad.

 — Hasta fines del XVIII, lo que el hombre agregaba a la naturaleza acrecentaba su hermosura.
 Lo que agrega desde entonces la destruye.

 — Nada podemos edificar sobre la bondad del hombre, pero sólo podemos edificar con ella.

 — Después de resolver un problema, la humanidad se imagina hallar en soluciones análogas la clave de todos.
 Toda solución auténtica arrastra un cortejo de soluciones grotescas.

 — Sobre la naturaleza de las cosas sólo el vencido llega a poseer ideas sanas.

 — El buen gusto aprendido resulta de peor gusto que el mal gusto espontáneo.

 — Entre el escepticismo y la fe hay ciertas connivencias: ambos minan la presunción humana.

 — Frente a las diversas “culturas” hay dos actitudes simétricamente erróneas: no admitir sino un solo patrón cultural: conceder a todos los patrones idéntico rango.
 Ni el imperialismo petulante del historiador europeo de ayer; ni el relativismo vergonzante del actual.

 — La tentación del eclesiástico es la de transportar las aguas de la religión en el cedazo de la teología.

 — Basta contraponerla a un error nuevo para que la verdad envejecida recobre su frescura.

 — La historia exhibe demasiados cadáveres inútiles para que sea posible atribuirle finalidad alguna.

 — Sin talento literario el historiador falsifica inevitablemente la historia.

 — Hay ignorancias que enriquecen la mente y conocimientos que la empobrecen.

 — La máquina moderna es más compleja cada día, y el hombre moderno cada día más elemental.

 — Reivindicaciones económicas, hostilidad entre clases sociales, discrepancias religiosas, suelen ser meros pretextos de un apetito instintivo de conflicto.

Mariología cristocéntrica (Jean Meyendorff)


La Madre de Dios.

Introduction a l’etude de Grégoire Palamas. Deuxième Partie VI
Jean Meyendorff
Patrística Sorbonensia Ed. Seuil 1959

El pensamiento de Gregorio concerniente a María se inspira en la contemplación extremadamente realista de la Maternidad Divina, expresada por el dogma de Éfeso; la Encarnación del Verbo fue hecha en ella y por ella: la persona de Cristo es, por tanto, inseparable de la de su Madre. Cuando Palamas, siguiendo la tradición patrística y sobre todo litúrgica, se aplica a esta última los últimos calificativos que, bíblicamente, parecen reservados a Cristo, no tiene en mente la persona de María individualmente y, por así decirlo, estáticamente, sino la que “engendra a Dios”. Para el doctor hesicasta, como para toda la tradición de la Iglesia, la "mariología" es sólo un aspecto particular y necesario de una cristología ortodoxa que afirma a la vez la plena divinidad como la plena humanidad de Cristo: sin María, su unión no habría podido ser realizada en la persona de Jesús......
Así pues, la Madre de Dios es “la fuente y la raíz de la raza de la libertad 27"; su cuerpo - templo de Dios- es la medicina que salvó a nuestra raza 28"; "sola, colocándose entre Dios y la toda raza humana  hombre, hizo de Dios un hijo del hombre y transformó a los hombres en hijos de Dios 29"; "esta Virgen- Madre

25. Encomion, col. 567 A.
26. Hom. 37, col. 460 D.
27. Hom. 14, col. 169 C.
28. Hom. 37, col. 464 D.
29. Ibíd., col. 465 A; cf. Hom. 53, ed. OIKOMONOS, p. 136.

Es la única en encontrarse en los límites de las naturalezas creadas e increads, y los que conocen a Dios también reconocerán en ella el habitáculo del infinito 30"; es de ella que "los santos reciben toda su santidad 31"; "nadie puede acercarse a Dios si no es por medio de ella..., ya que fue a través de su único intermediario que vino a nosotros, que él apareció en la tierra y vivió entre los hombres 32; encontrándose así en el centro de la historia de la salvación, la Virgen es "la causa de los acontecimientos anteriores, el jefe de fila de los acontecimientos posteriores y la distribuidora de bienes eternos; ella es el pensamiento de los profetas, el jefe de los apóstoles, el sostén de los mártires, el fundamento de los doctores ..., es la cumbre y el cumplimiento de todo lo que es santo 33; "toda la Escritura divinamente inspirada fue escrita a causa de la Virgen que engendró Dios 34 “. Disfrutó del privilegio especial de ver a la primera a Jesús Resucitado..... 35. El templo de Jerusalén fue el tipo de María, porque ella es el verdadero "lugar de Dios 36", el verdadero trono del Señor, "porque allí se sienta el Rey, allí está el trono 37"; es ella es el receptáculo del tesoro que Dios concedió a los hombres 38, la pinza usada por los Serafines para tomar el carbón que tocó la boca del profeta Isaías, prefigurando la Encarnación.... 39. Los epítetos dirigidos así a María, a pesar de su carácter retórico o lírico, todos se relacionan con su papel en la Encarnación; todos ellos se relacionan con su papel en la Encarnación; todos se relacionan con su papel en la Encarnación, no constituyen por lo tanto un ataque al culto único rendido a Dios, sino que por el contrario son testigos de un cristocentrismo extremo en la piedad y en la concepción de la historia: la veneración rendida a la Madre, de hecho, se dirige, en efecto,  al Dios-Hombre que ella dio a luz. Es, en efecto, cuando consideramos esta veneración fuera del concepto preciso de la Maternidad divina cuando se sale fuera del dominio bíblico y tradicional......

30. Rom. 14, col. 177 A; cf. Hom. 53, 4d. O1noioios, p. 156, 162; Hom. 37, col. 473 A.
31. Rom. 37, col. 461 A.
32. Ibid. col. 472 BC.
33. Rom. 53, ed.OIKOMONOS, p. 162.
34. Rom. 57, ed. OIKOMONOS , p. 216.
35. Hom. 18, col. 237 AB, 241 BC; Hom. 20, col. 269 C; esta tradición tiene desde el siglo IV, en particular San Juan Crisóstomo y San Ephrem; ver ΚΙPRIAN (Ciprien Kern, lavlenija voskressago Gospoda Bogomateri, in Provoslaunaja Mysl', VIII, 1951, pp. 86-112 (el estudio incluye la traducción rusa de la Hom. 18 de Palamas) y C. GIANELLI, Testimonios patrística griega a favor de una aparición de Cristo resucitado a la Virgen María, en el Revista de estudios bizantinos, XI, 1953 (Mélanges M. Jugée), págs. 106-119.
36. Rom. 53, ed. OIKOMONOS, p. 145-146.
3378.. IIbbiidd...,,,,, pp.... 115617..
39. Rom. 14, col. 177 A.

Energías increadas versus orden sobrenatural (Vladimir Lossky)


Vladimir Lossky. Teología mística de la iglesia de oriente. Herder 1980

Gregorio de Palamas, interpretación ortodoxa del Filioque (Jean Meyendorff)


Gregorio de Palamas, interpretación ortodoxa del Filioque

Introduction a l’etude de Grégoire Palamas. Deuxième Partie VI
Jean Meyendorff
Patrística Sorbonensia Ed. Seuil 1959

Personalidad.

 La controversia de la antilatina a la que pagó su cuota en la correspondencia con Akindynos y Barlaam, en 1337-1339, y especialmente en sus dos Tratados apodícticos, se basaba esencialmente en el argumento tradicional de la primacía de la hipóstasis sobre la esencia: su pensamiento era enteramente personalista y él no podía dejar de considerar la doctrina de la  "doble Procesión" como un ataque a las propiedades de las hipóstasis 10. Los latinos "no pueden escapar de los que los reprochan de introducir dos principios del Espíritu 11", porque el Padre y el Hijo, en tanto hipóstasis, son dos y no uno, y que la procesión es un acto hipostático del Padre...... Son uno por naturaleza, pero el Espíritu también posee esta naturaleza única y  deberí hacerse  proceder por sí mismo si la procesión

10. Este punto lo hemos tratado brevemente en nuestra introducción a
la Primera Carta a Akindynos, en Theologlff, XXV, 1954, pp. 610-612.
11. Título de esta Primera Carta a Akindynos.

Fuera concebida como un acto de la naturaleza...... La hipóstasis del  Padre es el principio activo de la unidad divina: “ Dios es uno, escribe Palamas, no sólo porque su naturaleza es una, sino también porque las personas que proceden remontan a una persona única 12, "Esta es una paráfrasis de San Gregorio  Nacianceno: "La naturaleza es una en los Tres, es Dios; pero lo que los hace su unidad es el Padre 13. "En Dios,  el origen es por lo tanto hipostático 14" y si los latinos aceptan que el Padre y el Hijo no constituyen más que un solo origen del Espíritu, deben reconocen también que el Hijo es  homo-hipostático" al Padre 15. Este tema se desarrolla a lo largo de los Tratados Apodícticos, cuya novedad es sin embargo en introducir en el debate el argumento de Gregorio de Chipre de que el concilio de 1385 había ratificado oficialmente.

El doctor hesicasta explica en este sentido los pasajes patrísticos, especialmente los de San Cirilo de Alejandría, en el que se afirma que el Espíritu proviene de los dos" (ξ &IQoTv), o  "del Hijo ", o aun " por el Hijo". " Cuando lo oigas decirlo, escribe Palamas, que el Espíritu Santo procede de los Dos, porque él proviene esencialmente del Padre a través del Hijo, debéis comprender su enseñanza en el siguiente sentido: lo que se vierte, son los poderes y las energías esenciales de Dios, pero no la hipóstasis divina del Espíritu 18." La hipóstasis del  Espíritu Santo no viene del Hijo; no es dada ni recibida por nadie, sino  sólo la gracia divina y la energía divina 17. "Señala que los pasajes patrísticos que parecen favorables a la doctrina latina no afirman que el Espíritu procede de la hipóstasis del Hijo, sino de la naturaleza del Hijo", que proviene naturalmente de él 18. Sin embargo, lo que viene de la naturaleza es energía, no hipóstasis. Es, en efecto, innegable que los pasajes patrísticos que son objeto de éstas contestaciones tienden todos por su contexto a demostrar la divinidad del Hijo con un argumento soteriológico: Sólo Dios puede conceder el don del Espíritu, como Cristo es Dios, tiene una naturaleza común con el Padre. El Filioque Occidental también fue proclamado por los concilios españoles de los siglos VI y VII, en primer lugar como argumento antiarriano.

12. Tratado Apodíctico, I, Coisl. 100, fol. 29 ν. (ed. Constantinople, 1627, p. 38).
13. Oratio, XLII, 15, PG, Xxxvi, 476 B; citado por Palamas, ibíd., fol. 23 (ed. cit., p. 24).
14. Tratado Apodíctico, II, ibíd., fol. 4β ν (ed. cit., p. 76).
15. Ibídem, fol. 58 (ed. cít., p. 100).
16. Ibíd., fol. 41 (ed. cít., pág. 63).
17. Ibíd., fol. 51 (ed. cit., pág. 86).
18. Ibídem, fol. 57 v. (ed. cit., p. 99)

Palamas deduce de ello que, desde el "derramamiento" del Espíritu a  partir del Padre y del Hijo es una prueba de lo “consubstancial”; sólo una energía y no la hipóstasis divina puede provenir de esta sustancia común, porque la hipóstasis del Espíritu participa por sí misma de esta última y no puede venir de ella misma 19. La hipóstasis del Espíritu no se manifiesta y no se encarna, como la del Hijo, sino que manifiesta al Hijo. Para probar, en sus escritos antibarlaamitas y antiakindinistas de que la energía es bien distinta de la esencia, Palamas busca mostrar que los carismas del Espíritu que nos son concedidos por la gracia no acordados por la hipóstasis misma del Espíritu: éste último no se ha comunicado ni en Pentecostés ni en los dones espirituales de que nos habla el Nuevo Testamento. A este respecto, Palamas distingue las expresiones neotestamentarias que se hablan de “El Espíritu  con el artículo, y los que mencionan πνεϋμα sin artículo: este último se refiere a los dones o energías espirituales 20 y provienen naturalmente del Padre y del Hijo, pero también del Espíritu mismo, pues la entera esencia de Dios es la causa α "de las energías.... 21 El Hijo es sin embargo, el único canal de la efusión hacia nosotros de la gracia santificante, porque sólo Él se ha encarnado. También, Resume Palamas su pensamiento en estos términos: “ El Espíritu Santo pertenece a Cristo por esencia y por energía, porque Cristo es Dios; sin embargo, según la esencia y la hipóstasis, él le pertenece, pero no procede de Él, mientras que según la energía, le pertenece y procede 22."

19. Ibid, fol. 62 ν (ed. cit., pág. 110).
20. Ibíd. fol. 36 (ed. cit., págs. 54-55)
21. ibíd., fol. 40 (ed. cit., pág. 62).
22. Ibid, fol. 44 v. (ed. cit., p. 71); véase J. MBYENDORFF, The First Letter,
p. 612; cf. Carta à Athanase of Cyzantium, Colsl. 98, fol. 9.
23. Traité apodictique, I, Ibíd., fol. 24 (ed. cit., p. 26).


sábado, 29 de junio de 2019

El pecado (Marc-Antoine Costa de Beauregard)


El pecado

L’Orthodoxie hier-demain . Deuxième partie: La Pensée
Marc-Antoine Costa de Beauregard
E. Buchet/Chastel. Paris 1979

Pero el hombre, también dotado de plena libertad de elección, sin la cual no sería más que un esclavo, como dice San Ireneo, prefiere el de si al amor de Dios. Preocupados primero por la  falsa ciencia del bien y del mal, entonces por orgullo y codicia, se hunde en la noche del no-ser. Los padres ven menos el pecado en una perspectiva moral de la transgresión de la prohibición que en una perspectiva que es la del conocimiento (cf. 2 Pie 2). Todo el mal viene de la ignorancia (agnoia). "El hombre era un niño. No tenía todavía el pleno uso de sus facultades. Así que fue fácilmente engañado por el Seductor", dice San Ireneo. Engañado por el Maligno, el hombre se desvía de Dios: entonces deja de ser directamente alimentado por la gracia y se sigue la ruptura del equilibrio. El deseo que atraía al hombre hacia lo inteligible y hacia lo que está más allá de lo inteligible - Dios - ahora se vuelve hacia el mundo de los fenómenos. El estado de pecado es en el fondo la reducción a la naturaleza sola; es la pérdida de vida hipostática.

Esta desviación del amor de Dios hacia el amor de la criatura y el amor de sí tiene consecuencias infinitamente dolorosas. La carne está condenada a la descomposición y, por la misma razón, a la concupiscencia que es la forma por excelencia que el instinto de conservación y el miedo a la muerte. El alma, privada de su alimentación natural, es sacudida en sus profundidades. La voluntad no está  totalmente corrompida, sino distorsionada. Y especialmente el espíritu está ahora abrumado por las pasiones del alma. El macrocosmos entero, cuyo jefe está herido, está inmerso en un proceso de desintegración.

La obra de salvación traída por la Muerte y Resurrección de Cristo, será no solamente restaurar la imagen divina sino llevar a cabo la obra interrumpida al que está llamado el hombre.

Dios se encarna,  restaura la Vida eterna al hombre a través de Su Muerte y Su Resurrección, le comunica en el Pentecostés la fuerza deificante a través del Espíritu santificador y lo eleva siguiéndolo, en su Ascensión, hasta la derecha del Padre.

- El misterio de Cristo

Cristo da a la humanidad la posibilidad de la deificación personal. “Dios se hace hombre para que el hombre pueda se haga en Dios", dice la Tradición. Por "amor a los hombres", Dios se hace carne al encontrar la respuesta libre de la humanidad, el "sí" de la Virgen: "El nombre de la Madre de Dios (theotokos) contiene toda la historia de la economía divina en el mundo," dice San Juan Damasceno. Y Nicolás Cabasilas añade: "La encarnación no era sólo la obra del Padre, de su Potencia y de su Espíritu, sino también la obra de la voluntad y de la fe de la Virgen 107: "Por eso el icono de la Encarnación es el icono de la Madre de Dios.

Habiendo asumido todas las imperfecciones de la humanidad sometida al pecado, el Verbo se convirtió al mismo tiempo en "hombre perfecto" uniendo en Su Persona divina lo ilimitado y lo limitado. Unidos en Él, las dos naturalezas se compenetran (pericosis) por la potencia de las energías increadas y creadas que realizan esta unión. Es por eso que la humanidad de Cristo es una humanidad deificada, penetrada por las energías divinas desde la Encarnación, humanidad deificada que es manifestada en la Transfiguración. La gloria divina brilla a través de la carne humana y forma humana, lo mismo que a través de la Cruz de Muerte ya brilla la Cruz de Resurrección: es una humanidad deificada y siempre unida a Dios que recibimos de Cristo. Este principio es la base de toda la cristología ortodoxa. Nunca podremos objetivar la humanidad de Cristo, separarla de la divinidad a estudiarla por separado. Recibimos a Cristo como el nuevo Adán, hombre en comunión con Dios.

Por eso Cristo es la esperanza del mundo. Al entregarnos la participación plenaria en la vida trinitaria a través de la vida hipostática, nos comunica una humanidad real y completa. No solamente nos revela la plenitud de Dios, sino nos revela la plenitud de la humanidad.
Pero lo que nos concierne aún más directamente es la posibilidad de nuestra unión personal con Dios. Lo que está  deificado en Cristo, es su naturaleza humana, la plenitud de la naturaleza humana, pero asumida en Su Persona, que es divina. Lo que tenemos que hacer, es lograr esta deificación, pero en nuestra persona que es humana. Haciendo por nuestra propia cuenta, lo que Cristo ha hecho de una vez por todas. La obra de Cristo está consumada; en el presente viene la obra del Espíritu que nos hace colaboradores de la obra común de la Trinidad. Es a través de nuestra colaboración y nuestra deificación personal de que la Iglesia, que es ya el Cuerpo de Cristo, se convertirá en  “la plenitud del llena todo en todas las cosas" (Efesios 1/23).

107 Nicolas Cabasilas Patrología Oriental XIX (Paris 1925).Ver también Myrrha Lot-Borodine Nicolas Cabasilas (Paris 1958)

viernes, 28 de junio de 2019

Escolios a un texto implícito 20 (Nicolás Gómez Dávila)


Hay que vivir para el instante y para la eternidad.
 No para la deslealtad del tiempo.

 — El progresista asustado no tiene compasión ni mesura.

 — La indemostrabilidad de los valores le hace parecer atrevidas al que no los ve las opiniones obvias.

 — Un fichero nutrido, una biblioteca imponente, una universidad seria, producen hoy esos aludes de libros que no contienen ni un error, ni un acierto.

 — Pocos reparan en la única diversión que no hastía: tratar de ser año tras año un poco menos ignorante, un poco menos bruto, un poco menos vil.

 — Tan repugnante es el aspecto del mundo moderno que los imperativos éticos se nos van volviendo evidencias en indicativo.

 — Tan monótona es la estupidez humana que ni siquiera una larga experiencia enriquece nuestra colección de estupideces.

 — Al hombre se le pueden conceder toda clase de libertades, menos la de vestirse y de edificar a su gusto.

 — Resulta imposible convencer al hombre de negocios de que una actividad rentable pueda ser inmoral.

 — El ser que uno se encuentra ser nos es también finalmente un ser extraño.

 — Sólo Dios y el punto central de mi conciencia no me son adventicios.

 — Cada gesto de soberbia ciega una fuente.

 — De una idea política sólo se inscriben en la historia las deformaciones a que la someten las circunstancias en que actúa.

 — Nada le parece más obsoleto a la humanidad durante sus borracheras que las verdades que confiesa nuevamente cuando recobra el juicio.

 — El izquierdismo congénito es enfermedad que se cura en clima comunista.

 — El socialismo se vale de la codicia y la miseria; el capitalismo se vale de la codicia y de los vicios.

 — En el mundo moderno no se enfrentan ideas contrarias sino meros candidatos a la posesión de los mismos bienes.

 — Para escandalizar a cualquiera basta hoy proponerle que renuncie a algo.

 — El hombre posee ya poder suficiente para que no haya catástrofe inverosímil.

 — La historia muestra que los aciertos del hombre son casuales y sus desaciertos metódicos.

 — Las palabras no descifran el misterio, pero lo iluminan.

 — Evitar la repetición de una palabra es el precepto de retórica predilecto del que no sabe escribir.

 — Al hallarse perfectamente libre el individuo descubre que no ha sido desembarazado de todo, sino despojado.

 — A la mayoría de las personas no les debemos pedir que sean sinceras, sino mudas.

 — Que la historia de la Iglesia contenga capítulos siniestros y capítulos imbéciles es evidente, pero no es ensalzando el mundo moderno como un catolicismo viril debe hacer su confesión penitente.

 — Los hombres se dividen en muchos altruistas, ocupados en corregir a los demás, y pocos egoístas, ocupados en adecentarse a sí mismos.

 — El tonto no le concede superioridad sino al que exhibe refinamientos bobos.

 — La lealtad a una doctrina acaba en adhesión a la interpretación que le damos.
 Sólo la lealtad a una persona nos libera de toda complacencia con nosotros mismos.

 — La evolución del dogma cristiano es menos evidente que la de su teología.
 Los católicos de poca teología creemos, finalmente, lo mismo que el primer esclavo convertido en Efeso o Corinto.

 — A la fe cristiana en los últimos siglos le ha faltado inteligencia y a la inteligencia cristiana le ha faltado fe.
 O no ha sabido atreverse, o ha temido hacerlo.

 — Las auténticas recompensas tienen el privilegio de no ser codiciadas sino por diminutas minorías.

 — Las civilizaciones entran en agonía cuando olvidan que no existe meramente una actividad estética, sino también una estética de la actividad.

 — Bien y belleza no se excluyen mutuamente sino donde el bien sirve de pretexto a la envidia y la belleza a la lujuria.

 — Conformismo y anticonformismo son expresiones simétricas de la falta de originalidad.

 — El público no comienza a acoger una idea sino cuando los contemporáneos inteligentes comienzan a abandonarla.
 Al vulgo no llega sino la luz de estrellas extintas.

 — La juventud prolongada
 — permitida por la actual prosperidad de la sociedad industrial
 — redunda meramente en un número creciente de adultos puerilizados.

 — La ausencia de jerarquías legales facilita el ascenso de los menos escrupulosos.

 — El predominio de las ciencias humanas le oculta cada vez más a la historiografía contemporánea la diferencia entre las épocas.

 — Este siglo ha logrado convertir el sexo en práctica trivial y tema tedioso.

 — A cierto nivel profundo toda acusación que nos hagan acierta.

 — La indignación moral no es bien sincera mientras no termina literalmente en vómito.

 — El alma se llena de malezas si la inteligencia no la recorre diariamente como un jardinero acucioso.

 — Las barreras frecuentes que nos opone la vida no son obstáculos para derribar, son amonestaciones silenciosas que nos desvían hacia la certera senda.

 — En toda ovación hay claque.

 — Al arte de este final de siglo le vuelve uno pronto la espalda no porque espante con el escándalo de lo insólito, sino porque agobia con el tedio de lo ya visto.

 — La “mentalidad de propietario”, tan vituperada por el moderno, se ha trocado en mentalidad de usufructuario que explota ávidamente personas, obras, cosas, sin pudor, sin piedad, sin vergüenza.

 — El gobierno de estas ínsulas americanas fue asumido desde la Independencia por los descendientes mestizos de Ginés de Pasamonte.

 — Lo nefasto no son las grandes ambiciones, sino la pululación de ambiciones mezquinas.

 — En materia política son pocos los que aún solos no argumentan a nivel de reunión pública.

 — Si el tiempo, subjetivamente, nos hace cambiar de gusto, también hace, objetivamente, que las cosas cambien de sabor.

 — La curva del conocimiento del hombre por sí mismo asciende hasta el XVII, declina paulatinamente después, en este siglo finalmente se desploma.
—El único patrimonio certero al cabo de unos años es el acopio de estupideces que la casualidad nos impidió cometer.
—Periodista es aquel a quien basta, para hablar de un libro, conocer del tema del libro únicamente lo que dice el libro de que habla.

 Cambiar repetidamente de pensamiento no es evolucionar. Evolucionar es desarrollar la infinitud de un mismo pensamiento.

 — Desagradecimiento, deslealtad, resentimiento, rencor, definen el alma plebeya en toda época y caracterizan este siglo.

 — El hombre rara vez entiende que no hay cosas duraderas, pero que hay cosas inmortales.

 — Las aristocracias son orgullosas, pero la insolencia es fenómeno plutocrático. El plutócrata cree que todo se vende; el aristócrata sabe que la lealtad no se compra.

 — El uso descriptivo de anécdotas sociales tiene más exactitud caracterológica que los porcentajes estadísticos.

 — A los que infieren de la utilidad social de los mitos la utilidad social de la mentira debemos recordar que los mitos son útiles gracias a las verdades que expresan.

 — La historia muestra dos tipos de anarquía: la que emana de una pluralidad de fuerzas y la que deriva de una pluralidad de debilidades.

 — Los politólogos analizan sabiamente los graznidos, gañidos, gruñidos, de los animales embarcados, mientras los remolinos empujan silenciosamente el barco hacia una u otra orilla.

 — La humanidad no es ingobernable: acontece meramente que rara vez gobierna quien merezca gobernar.

 — De sólo mirar el rostro del hombre moderno se deduce lo aberrante de atribuir importe ético a sus comportamiento sexual.

 — En una inteligencia ardiente los materiales no se funden en nueva aleación, se integran en nuevo elemento.

 — La perversidad despierta siempre la secreta admiración del imbécil.

 — Disciplina, orden, jerarquía, son valores estéticos.

 — La dificultad creciente de reclutar sacerdotes debe avergonzar a la humanidad, no inquietar a la Iglesia.

 — Las grandes estupideces no vienen del pueblo.
 Primero han seducido a hombres inteligentes.

 — El hombre sólo puede ser “faber” de su infortunio.

 — El acercamiento a la religión por medio del arte no es capricho de esteta: la experiencia estética tiende espontáneamente a prolongarse en premonición de experiencia religiosa.
 De la experiencia estética se regresa como del atisbo de huellas numinosas.

 — En la sociedad jerárquica la fuerza de la imaginación se disciplina y no desorbita al individuo como en la sociedad democrática.

 — En todo individuo duerme el germen de los vicios y apenas el eco de las virtudes.

 — Es mediante la inteligencia cómo la gracia nos rescata de las peores ignominias.

 Cultivado no es el hombre que ha disciplinado su inteligencia meramente, sino el que disciplina también los movimientos de su alma y hasta los gestos de sus manos.

 — Mientras no lo tomen en serio, el que dice la verdad puede vivir un tiempo en una democracia.
 Después, la cicuta.

 — El que quiera evitarse colapsos grotescos no debe buscar nada que lo colme en el espacio y en el tiempo.

 — El moderno nunca está ni moral ni intelectualmente preparado a resbalarse y a caerse con la mayor dignidad posible.

 — Si la dignidad no basta para recomendar el pudor, la vanidad debería bastar.

 — A la humanidad no le concede ciertas libertades extremas sino el indiferente a su destino.

 — La separación de la Iglesia y del Estado puede convenir a la Iglesia, pero le es funesta al Estado porque lo entrega al maquiavelismo puro.

 — Sólo manos eclesiásticas supieron, durante unos siglos, pulir el comportamiento y el alma.

 — El mal no triunfa donde el bien no se ha vuelto soso.

 — El acuerdo es finalmente posible entre hombres inteligentes, porque la inteligencia es convicción que comparten.

 — El rumor de lo cotidiano no exaspera sino al tonto que duerme en el individuo.

 — Erotismo y gnosticismo son recursos del individuo contra el anonimato de la sociedad multitudinaria.

 — El hombre esconde bajo el nombre de libertad su hambre de soberanía.

 La historia permite comprender, pero no exige absolver.

 — El estudio psicológico de las conversiones sólo produce flores de retórica.
 Las sendas de Dios son secretas.

 — Restaurar un viejo gesto litúrgico en un contexto nuevo puede frisar la herejía.
 La comunión de pie hoy en día, por ejemplo, resulta gesto de soberbia.

 — La verdadera lectura es evasión.
 La otra es oficio.

 — Para escribir honestamente para los demás hay que escribir primordialmente para sí mismo.

 Ciertos traumatismos del alma de un pueblo parecen el único carácter adquirido que se hereda.

 — El resorte secreto de la técnica parece ser la intención de volver insípidas las cosas.
 La flor sin perfume es su emblema.

 — El que sabe preferir no excluye.
 Ordena.

 — La frase debe blandir las alas como halcón cautivo.

 — El hombre persigue el deseo y sólo captura la nostalgia.

 — Lo difícil no es desnudarse, sino caminar sin regodearse de andar desnudo.

 — La soledad que hiela no es la carente de vecinos, sino la desertada por Dios.

 — Los años no nos despluman de ilusiones sino de tonterías.

 — A la ciencia se le podría objetar la facilidad con que cae en manos de imbéciles, si el caso de la religión no fuese igualmente grave.

 — Los placeres abundan mientras no les confundimos los rangos.

 — Las palabras llegan un día a manos del escritor paciente como bandadas de palomas.

 — Cultivarse es aprender que cierta clase de preguntas carecen de sentido.

 — Los que nos confiesan dudar de la inmortalidad del alma parecen creer que tenemos interés en que su alma sea inmortal.

 — La sencillez con que los simples se resignan avergüenza nuestras petulancias.

 — No pudiendo explicar esa conciencia que la crea, la ciencia, cuando termine de explicar todo, no habrá explicado nada.

 — Las revoluciones se hacen para cambiar la tenencia de los bienes y la nomenclatura de las calles. El revolucionario que pretende cambiar la “condición del hombre” acaba fusilado como contra-revolucionario.

 — El “lector común” escasea tanto como el sentido común.

 — El hombre paga el poder que adquiere sobre el mundo entregando el sentido de las cosas.
 Para hacer la teoría del viento hay que renunciar al misterio de un torbellino de hojas secas.

 — Ética y estética divorciadas se someten cada una más fácilmente a los caprichos del hombre.

 — Cada nueva conquista del hombre es la nueva plaga que castiga su soberbia.

 — El infierno es el sitio donde el hombre halla realizados todos sus proyectos.

 — Las imbecilidades se propagan con la velocidad de la luz.

 — La mayoría de las cosas que el hombre “necesita” no le son necesarias.

 — La liberación que promete todo invento acaba en sometimiento creciente del que lo adopta al que lo fabrica.

 — A la humanidad no le curan los males sino las catástrofes que la diezman. El hombre nunca ha sabido renunciar oportunamente.

 — A pesar de lo que hoy se enseña, el coito fácil no resuelve todos los problemas.

 — En la sociedad que se esboza, ni la colaboración entusiasta del sodomita y la lesbiana nos salvarán del tedio.

 — Sólo las humillaciones le entreabren a veces a la humanidad las puertas de la sabiduría.

 — Lo constante en toda empresa tecnológica es su curva de éxito: rápido ascenso inicial, horizontalidad subsiguiente, descenso paulatino hasta insospechadas profundidades de fracaso.
—En estética también sólo se llega al cielo por el camino áspero y la puerta estrecha.
—Los partidos políticos, en las democracias, tienen la función de enrolar a los ciudadanos para que la clase política los maneje a su antojo.

 — Humanizar nuevamente a la humanidad no será tarea fácil después de esta larga borrachera de divinidad.

 — La historia cobra caro la destrucción de uno de sus raros aciertos.

 — Letras y artes pronto se esterilizan donde practicarlas enriquece y admirarlas prestigia.

 — La acción civilizadora de las obras de arte se debe menos al valor estético que a la ética del trabajo estético.

 — Aprecio el andar pedestre de cierta poesía, pero prefiero el duro ritmo de donde se levanta el canto.

 — Sólo el bien y la belleza no requieren límites.
 Nada es demasiado bello o demasiado bueno.

 — El pensamiento religioso no progresa, como el pensamiento científico, sino profundiza.

 — El alma humana no se purifica sino en los remansos donde se decanta.

 — El orgullo justificado se acompaña de humildad profunda.

 — El mundo no anda tan mal teniendo en cuenta a quienes lo gobiernan.

 El exceso de leyes desviriliza.