jueves, 24 de noviembre de 2022

La esperanza y la libertad (Olivier Clément)

 







Sobre el hombre. Olivier Clement. Ediciones Encuentro 
Madrid 1984 Pp.163-169

















La Verdad (René Guénon)

 

PENSÉE


Il ne suffit point DE CONNAITRE LA VERITÉ QU'IL FAUT DIRE

 

Il faut savoir LA VRAI MANIÈRE DE LA PRESENTER aux âmes

 

 

Écrits pour REGNABIT

René Guénon.

arché.nino aragno editore. Torino 1999 p.80

miércoles, 23 de noviembre de 2022

El concepto y la realidad de la libertad en el Islam y en la civilización islámica (Seyyed Hossein Nasr)

 

































































Vida y pensamiento en el Islam. Seyyed Hossein Nasr.

Editorial Herder. 

Barcelona 1985. Pp. 29-38



lunes, 14 de noviembre de 2022

TRADICIÓN. (Jean-Mark Vivenza)

 

Diccionnnaire de René Guénon.

Jean-Mark Vivenza

Le Mercure Dauphinois . Grenoble 2002 Pp.493-496

TRADICIÓN.

La tradición, es por esencia de origen "supra-humano", esa es incluso muy exactamente su definición justa y nada d lo es tradicional puede ser calificado como tal sin la presencia de este elemento fundamental, vital y axial, que determina el carácter propio y auténtico.Es esta cuestión la que hace precisamente totalmente inválidos los juicios de los agentes conscientes o inconscientes de la "desviación moderna", incapaces en sus investigaciones de percibir y detectar la existencia de este elemento "supra-humano" en el seno de los dominios que estudian. En efecto, nada que es puramente humano puede ser considerado tradicional, es por lo que es falso, como muy  justamente dice René Guénon, hablar de una "tradición filosófica" o de una "tradición científica", como se hace habitualmente en nuestros porque solo pueden llamarse "tradicionales" sólo puede decirse de aquellas formas herederas de una sucesión ininterrumpida, de una cadena de transmisión (que en hebreo tiene por nombre shelshelekt, en árabe silsilah,y en sánscrito parampard), cadena que garantiza la realidad y la permanencia del "elemento vital", es decir de origen no humano, en el interior de una tradición particular.

Ciertamente, la Tradición se expresa en diversas modalidades que responden a las  necesidades del tiempo  la época y del medio, que son la ocasión de múltiples y necesarias adaptaciones que pueden adoptar diferentes formas, pero estas formas son siempre e invariablemente potadoras de este íntimo vínculo orgánico, de este enlace a una fuente "no humana" que testimonia su autenticidad. Como se ve, el criterio central y, podríamos decir, el único de juicio a propósito de la autenticidad de una forma, de la validez de una enseñanza , o las calificaciones declaradas de los maestros, como la legitimidad de las prácticas rituales ejecutadas, se trata de la presencia efectiva, tangible y cierta de una conexión con una fundamento "supra-humano".  Así, si examinamos esta cuestión un instante, percibimos claramente que, en el plano exotérico, las religiones poseen todas, en todos los casos para las que son portadoras de una real base intemporal todos ellos, un origen "humano" que les confiere una autoridad incuestionable que les permite transmitir una " influencia espiritual. Y es exactamente la misma manera para las corrientes esotéricas, que obedecen a la mismas e idénticas reglas concernientes a las formas de transmisión, y deben obligatoriamente estar vinculadas a una fuente igualmente también "no-humana". Nada puede sustraerse a este imperativo categórico que se impone a todas las tradiciones particulares, exotéricas o esotéricas, como criterio por excelencia de su autenticidad, no puede haber absolutamente en este punto ninguna derogación extraordinario o excepción especial. Estamos aquí en el dominio de las verdades objetivas, lo que evidentemente significa que "el intermedio' es imposible. Por lo tanto, o bien la respuesta a la cuestión es afirmativa, por lo tanto autoriza el reconocimiento del carácter tradicional de la corriente espiritual examinada, o es negativa, en cuyo caso estamos en presencia de una "pseudo-tradición" que no puede beneficiarse de ningún reconocimiento de cualquier orden que sea desde un punto de vista tradicional, y, por lo tanto, debe ser considerado, como desprovistos de todo interés espiritual verdadero. Otro aspecto, y no de los menores, surge de esta observación a propósito del carácter objetivo de las verdades trascendentales, es que la vinculación al dominio 'supra-humano', si constituye la base que permite afirmar que estamos en presencia de una tradición auténtica, nos lleva a reconocer inevitablemente que existe, bien entendido que a este nivel superior, es decir al nivel más interior, una real “unidad trascendente de todas las formas tradicionales”. Unidad que es una evidencia en la medida en que esta fuente “no-humana”, a la cual están vinculadas todas las tradiciones, es absolutamente idéntica, indivisible y única para el conjunto de las formas consideradas. No dividiéndose el Principio y, siendo por esencia Absoluto, “el Uno” sin comienzo y sin segundo, la Tradición a su vez es única y no puede más que tener finalmente, en todas las latitudes y continentes, y a pesar de las divergencias circunstanciales dependientes de condiciones humanas, el mismo discurso y enseñar la misma doctrina,

Todas provienen de un origen similar, incluso si las necesidades de la historia obligaron a particularizaciones indispensables hechas inevitables por las contingencias relativas a las mentalidades de los pueblos y de los diferentes periodos históricos, las formas tradicionales no son en realidad más que un solo cuerpo espiritual y doctrinal, por paradójico que esto puda parecer por otra parte para una mirada no avisada y puramente exterior.

Parece evidente, de la lectura de lo que acaba de ser subrayado, que “vinculación”, “transmisión” y “unidad” constituyen los polos comunes a todas as tradiciones particulares, y que ellas son incluso precisamente constitutivas de la Tradición en tanto que tal. Esto nos lleva naturalmente a comprender que la Tradición, por su dependencia del Principio, es de naturaleza transcendente en cuanto a su origen y universal por su contenido, y que esta naturaleza no puede ser objeto de una adquisición posterior sino que es dada a título plenario y entero; transmitida originalmente a las tradiciones auténticas. Este enlace con la transcendencia, hace de estas formas tradicionales verdaderas, de estas solamente, los instrumentos privilegiados e intemporales de la conservación del depósito “supra-humano”, los fieles e incansables obreros de la transmisión de las verdades principiales esenciales y eternas.

 (Introducción general al estudio de las doctrinas hindúes, IΙ° parte, cap. II, Los principios de la unidad de las civilizaciones, ¿Qué debe entenderse por tradición?", "Tradición y religión". El reino de la cantidad y los signos de los tiempos, cap. XXXI, "Tradición y tradicionalismo", cap.XXXI Tradición y tradicionalismo", cap. XXXVIII, "De la antitradición a la contra la tradición". Perspectivas sobre la iniciación, cap. VIII, "Sobre la transmisión iniciática", cap. IX, "Tradición y transmisión", cap. XLV, "De l'infalibilité traditionnelle". Iniciación y realización espiritual, ch. IV, "La costumbre frente a la tradición" cap. XVII, "Doctrina y método" cap. XXΙΙΙ, "Trabajo iniciático  colectivo y la "presencia" espiritual. Símbolos de la Ciencia Sagrada, cap. V, "La tradición y el inconsciente", cap. VI,"La ciencia de las letras", cap. X, "La triple enceinte druidique ", cap. XI, "Los guardianes de Tierra Santa". Estudios sobre la masonería y la Compañonería, t. II, "Palabra perdida y palabras sustituidas", "La ortodoxia masónica. Formas tradicionales y Ciclos Cósmicos,"Atlántida e Hiperbórea", "El lugar de la tradición atlante en el Manvatara", "Cábala y ciencia de números". Apreciaciones sobre el esoterismo islámico y el taoísmo, cap. I, "El esoterismo islámico ", cap. X, "Taoísmo y confucianismo".Mélanges, III Parte III, cap. VI, "La gnosis y las escuelas espiritualistas").

domingo, 13 de noviembre de 2022

In hoc lacrimarun valle (Kadowaki J. Kakichi)

El zen y la Biblia. Kadowaki J. Kakicchi. Ediciones Paulinas. p. 164

 

METAFÍSICA (Jean-Mark Vivenza)

 

Diccionnnaire de René Guénon.

Jean-Mark Vivenza

Le Mercure Dauphinois . Grenoble 2002 Pp. 299-302

 

METAFÍSICA.

Por definición, La metafísica se interesa en el dominio que está más allá de la física , más allá del mundo material inmediato, por encima de la naturaleza, y que, por lo tanto, puede llamarse propiamente "sobrenatural", además, como escribe Guénon, "según su composición esta palabra "Metafísica "significa literalmente 'más allá de física", tomando "física" en la  acepción que este término siempre tuvo siempre para los antiguos, la de "ciencia de la naturaleza" en toda su generalidad". Se podría decir, paralelamente, que el objeto de La metafísica siendo “ilimitado y universal", supera cualquier otro punto de vista más o menos especializado, ya sea de orden religioso o teológico, marcada por la influencia de elementos sentimentales que socavan la pureza intelectual de la doctrina inmemorial. "El punto de vista teológico, escribe René Guénon, no es más que una particularización del punto de vista metafísico, una particularización que implica una alteración proporcional". El ejemplo se nos da de forma muy elocuente en Occidente, en la utilización teológica de la visión unívoca llevada sobre el Ser* en ciertos griegos, producto el mismo en su tiempo de una estrechamiento trágico del campo hermenéutico. Por eso la metafísica occidental que, desde Aristóteles, identifica la metafísica al conocimiento del "Ser en tanto ser", reduce el inmenso campo real de la Metafísica a la sola ontología, es decir que ella  toma "la parte por el todo" y no es en definitiva más que una Metafísica, incompleta, y por decirlo claramente, "falsa". Para la Metafísica auténtica, es decir en posesión de todo su amplitud verdadera " el Ser puro no es ni el primero ni el más universal de los principios, pues es ya una determinación; es necesario ir más allá del ser, y es incluso eso es lo que cuenta más". Por esta razón, el Conocimiento metafísico es un conocimiento "supra-racional, intuitivo e inmediato", una intuición intelectual pura, lo que quiere decir no-sensible, "sin la cual", dice vigorosamente René Guénon, "sin la cual no hay verdadera metafísica".

En efecto, el dominio de lo sensible como cualquier otro dominio limitativo, debe ser imperativamente superado para alcanzar el dominio del Conocimiento metafísico. Los fenómenos que tienen tal importancia en la tradición aristotélica, no hacen en realidad , más que desviar al investigador de su objeto esencial, y encerrarlo  en la positividad de un juicio existencial parcial, donde solo triunfa la muy estrecha lógica de la prueba y de la "causa". "En tanto no se supere la naturaleza, es decir el mundo manifestado en toda su extensión, afirma Guénon, se está todavía en el dominio de la física”. Ahora, es precisamente esto mundo sobre el cual importa esta "superación" radical, so pena de hundirse en una pseudo-metafísica reducida a la grosera ontología común de lo visible, pues "no hay conocimiento verdadero y válido más que el que tiene su raíz profunda en lo universal y lo informal". Esta metafísica "reducida", que se presenta en Occidente como el modelo mismo de la aproximación fundamental, tendría que hacer sonreír por su pueril pretensión a la "verdad" si, desgraciadamente, su  capacidad de hacer daño no hubiera  llevado a consecuencias desastrosas que, hoy día  ahora se expresan tan pavorosamente en el mundo moderno, mundo no contento con haber sometido a la lógica de lo verificable y lo y cuantificable los seres y las cosas , ha terminado por transformar al hombre mismo en un miserable mecanismo finalizado. Por lo tanto, Guénon tiene perfectamente razón en insistir como lo hace, en la necesidad de los occidentales que quieran comprender la perspectiva de la Tradición, de emprender, dejándose enseñar por la Metafísica verdadera, una apertura liberadora más allá de la dictadura de la razón y de lo sensible para alcanzar el dominio de lo inmutable mediante el despertar salvador del "intelecto trascendente". Sin embargo, es importante ver que "no es en tanto hombre que lograr esto, sino como ese ser que es humano en uno de sus estados, y es al mismo tiempo otra cosa y más que un ser humano". Esto explica por qué "es la toma de conciencia efectiva de los estados supraindividuales lo que es el verdadero objeto de la metafísica, o, mejor aún, que es el conocimiento metafísico mismo". Esto es sin duda uno de los puntos más importantes de la comprensión metafísica, pues el individuo, lejos de ser una ser cerrada, o acabado, "no representa en realidad más que una manifestación transitoria y contingente del ser verdadero; no es más que un estado especial entre una multitud indefinida de otros estados del mismo ser; y este ser es, en sí, absolutamente independiente de todos sus manifestaciones (...)". Esto significa concretamente, que lo que subsiste de más esencial en el individuo, es decir no su pequeño "yo*" sin interés, sino su "Si", permanece inalterable, estable y representa ese "Centro" principial del ser con el cual entra en contacto e el "intelecto trascendente" , que está en el origen del Conocimiento metafísico. El "intelecto trascendente", no lo olvidemos, es lo que permite afirmar que un ser "es todo lo que él conoce", sobre todo porque esta identificación por el conocimiento, es "el principio mismo de la realización metafísica".

Desde un punto de vista puramente histórico, Guénon pensaba que Occidente había tenido, en la antigüedad y en la Edad Media, en su poder una doctrina metafísica completa, reservada sin embargo para el uso de una determinada élite, y que era capaz de conducir a la realización de las posibilidades del ser, realización que, "para la mayoría de los modernos es sin duda una cosa apenas concebible; si Occidente también ha perdido por completo el recuerdo de la misma", añade Guénon muy pertinentemente, es porque ha roto con sus propias tradiciones, y es porque la civilización moderna es una civilización anormal y desviada". Como vemos, la posesión de una doctrina metafísica completa, lejos de ser un simple enriquecimiento para eruditos, es muy por el contrario, la base indispensable para la restauración de una civilización normal. Es pues indispensable, en nuestros tiempos actuales, pensaba Guénon, que los medios de la realización metafísica puedan ser presentados a los que sean juzgados dignos, "sabiendo que deberán ser adaptados a las condiciones del estado humano, ya que es en este estado que se encuentra actualmente el ser que, partiendo de ahí, deberá tomar posesión de los estados superiores". Convendrá pues, para el ser, en su vía metafísica, servirse preliminarmente de palabras, signos, símbolos, ritos, etc. Y tomar como un punto de apoyo sobre “sus formas pertenecientes a este mundo donde se sitúa su manifestación presente" a fin de elevarse a continuación por encima de este mundo mismo, y alcanzar finalmente el "estado primordial ","el estado absolutamente incondicional liberado de toda limitación, razón por la cual es enteramente inexpresable, y todo lo que se puede decir no se traduce más que por términos de forma negativa: negación de los límites que definen y determinan toda existencia en su relatividad. La obtención de este estado, es lo que la doctrina hindú llama "Liberación", cuando ella lo considera con relación a los estados condicionados, y también " La Unión" cuando lo enfoca con relación al Principio supremo. Tal es el sentido profundo de la expresión "eterno” que, en cierta manera, resume en ella misma la esencia infinita de la verdadera metafísica, cuando la Tradición afirma que ella es de origen "no-humano" e "infinito".  

(Introducción general al estudio de las doctrinas hindúes Cap V " Caracteres esenciales de la metafísica", Cap VI " Relación de la metafísica y la teología", Cap VIII " Pensamiento metafíco y pensamiento filosófico", Cap X " La realización metafísica". El hombre y su devenir según el vedanta, Cap I " Generalidades sobre el vedanta", Cap II “Distinción fundamental del "Si" y del "yo", Cap VI " Los grados de la manifestación individual". Los estados múltiples del ser Cap III " El Ser y el No-Ser", Cap IV " Fundamento de la teoría de los estados múltiples" Cap XV " La realización del ser por el conocimiento", Cap XVIII " La noción metafísica de libertad". La Metafísica Oriental)

Gracia (K.G. Dürckheim)



EL hombre y su doble origen. K.G. Dürckheim. Cuatro Vientos Editoral Santigo de Chile 1982 pp. 137-139 

 

sábado, 12 de noviembre de 2022

PANTEISMO. (Jean -Mark Vivenza)

 

Diccionnnaire de René Guénon.

Jean-Mark Vivenza

Le Mercure Dauphinois . Grenoble 2002 pp. 365-367


PANTEISMO.


Una teoría esencialmente "antimetafísica", según René Guénon, el panteísmo es una forma bastante extendida de confusión intelectual puntual, que sin embargo marca profundamente una buena parte de la filosofía occidental desde hace siglos, por una tentación constante de esta última hacia un tipo de tesis que halaga desconsideradamente la mente de los pensadores y los hace muy complacientes con relación a esa concepciones más que "dudosas" desde el punto de vista de la Verdad tradicional.

Por otra parte, se ha pretendido desde hace mucho tiempo en ciertos medios, por ignorancia o mala fe, cuando no era por una combinación de estos dos elementos, que las doctrinas orientales no eran en realidad más que Panteísmo "disfrazado". Uno puede asombrarse legítimamente de que algunas personas, en una época aún reciente, hayan creído que tenían que "pontificar" sobre estos asuntos con tal ligereza y una falta también vertiginosa de honestidad intelectual, dando lugar a generaciones de ecólatras estériles que se hacen repetidores poco inspirados de este pensamiento indigente.

Por ello, Guénon se tomó la molestia, en múltiples ocasiones, de precisar bien las bases que fundan verdaderamente las concepciones metafísicas de las doctrinas orientales, con el fin de evitar los errores y falsas interpretaciones erróneas que se cometen regularmente en estas áreas. Así, gracias a estas explicaciones detalladas y precisas que tienen el mérito de clarificar numerosos puntos que quedarían obscuros para la gran mayoría de las personas, nos es posible constatar, en cuanto a la relación entre la relación entre Dios y la Naturaleza cuando se considera desde el punto de vista de su relación recíproca, que está lejos de reducirse a una simple confusión" o "indistinción". Dios y la Naturaleza, en efecto, " aparecen respectivamente como el principio activo y el principio pasivo de la Manifestación, o como "acto" y la "potencia" en el sentido aristotélico de estos dos términos: acto puro y potencia pura con relación a la Manifestación universal, acto relativo y el poder relativo en cualquier otro nivel más determinado y más restringido que este, es decir siempre, en suma como “esencia” y “substancia”… ". La dificultad viene de que Dios, cuando es percibido en el plano de la Manifestación, "no puede ser enfocado como el Principio tal como es en sí,  pues este, estando más allá de toda distinción, no puede entrar en correlación con lo que sea, y la manera que se presenta el ternario (Dios, Hombre, Naturaleza), implica una cierta correlación, e incluso una especie de complementarismo, entre Dios y Naturaleza; se trata pues necesariamente, precisa  Guénon, de un punto de vista que puede decirse que es más bien "inmanente" que "trascendente" en relación al Cosmos, del que estos dos términos son como los dos polos, que, aunque estén fuera de la Manifiestación, no pueden no obstante ser considerados distintamente más que desde el punto de vista esta. El problema proviene del hecho de que ni la "teología natural", incapaz de llegar a un alto nivel de abstracción metafísica por sus propios medios, ni la "teología revelada", aunque incomparablemente superior a la a la primera, pero que no representa el conocimiento del Principio más que en el orden exotérico, es decir de una manera no suprema, no son capaces de alcanzar o captar el Principio en su Verdad misma, es decir, libre de su relación con la Manifestación. Este límite es la causa de importantes confusiones que, desgraciadamente, no son superables en tanto sobre posiciones "racionales", "lógicas " o "dogmáticas", no dejando ninguna parte de la Verdad última por falta de comprensión.

Según los orientales, 'El Cielo el instrumento del  Principio", y a este título no es más que el rostro "divino" de ese mismo Principio, una simple imagen para el mundo manifestado, nada más que una "rostro", no el Principio mismo. Guénon indica por otra parte que los misioneros cristianos cuando quieren traducir "Dios" en chino, lo hacen por Tien o por Chang-ti, es decir, el "Soberano de lo alto", equivalente, desde el punto de vista del significado, al Cielo. "Esto parecería indicar, probablemente sin que tengan claramente consciencia, que para ellos el punto de vista "teológico" en sí mismo, en sentido más propio y más completo de la palabra, escribe Guénon, no va realmente hasta el Principio". Y esta es toda la dificultad pues la metafísica integral enseña que el Principio no es Dios más que con relación al Mundo. Permaneciendo no afectado en tanto que Principio, dos modalidades han surgido del Ser primordial (Tai-ki) " la pasividad de la Tierra que se ofrece al Cielo, la actividad del Cielo que se ejerce en sobre la Tierra, de ambos nacieron todos los seres".

Es a partir de la acción y reacción entre el Cielo y Tierra que se produce toda modificación, como se expresa Tchouang-tseu: "Comienzo y cesación, plenitud y vacío (...). La vida se desarrolla hacia un fin, la muerte es un retorno a un término. Las génesis y las disoluciones se suceden sin que se sepa el origen, sin que se vea el término (origen y término estando el uno y el otro escondidos en el principio)". Cielo y Tierra surgen del mismo Principio; Dios (Natura naturans) y la naturaleza (Natura naturata), el Yin y el Yang, Inicio y disolución están unidos en el seno de la misma Realidad primordial (o Suprema) y aquí está claro que estamos muy lejos, en lo que concierne a la doctrina y formalmente tanto del panteísmo como del dualismo.

(Apreciaciones sobre el esoterismo islámico y el taoísmo, cap. IX, "Creación y manifestación". La Gran Tríada, cap XIX, "Deus", "Homo", "Natura'. Los estados múltiples del ser, cap. I, "Infinito y posibilidad", cap.XVII, "Necesidad y Contingencia". El hombre y su devenir según el Vedânta, cap. I, "Generalidades sobre el Vedânta', cap. IV, 'Purusha y Prakriti").