viernes, 26 de julio de 2013

La Quíntuple Joya de la instrucción (Samkaracharya)






Srî Samkarâchârya

 

UPADESAPAD1CARATNAM

(La quíntuple Joya de la Instrucción)

 

Extraído de Samkara, Opere minori, vol. III, Asram Vidyâ (Via Azone, 20, 00165, Roma], 1994. Traducción al italiano y notas del Gruppo Kevala. En esta brevísima obra, Samkara condensa la esencia de la Instrucción y de la disciplina que se impone al discípulo. Estos versos podrían constituir la regla de comportamiento de aquel que aspira a la realización del Brahman y un resumen de su actitud intelectual frente al plano empírico. En las cinco estrofas que la componen pueden ser hallados varios aspectos de la sâdhanâ realizativa. Esta composición es conocida también por otros nombres, como "Cinco versos sobre los medios de realización del Sí" o "La quíntuple disciplina".

 

    1. Si estudias el Veda con asiduidad; si cumples de manera justa las actividades [rituales] allí prescritas, a través de las cuales se cultiva la devoción al Señor; si abandonas el pensamiento del deseo [hacia el objeto concerniente al fruto de la acción]; si te liberas del conjunto de los vicios; si tienes presente que el [continuo entregarse a la búsqueda del] placer en la existencia constituye un obstáculo; si luchas con ardor para estabilizar la voluntad [de realización] del Sí; si abandonas lo más rápidamente posible [el apego hacia] la propia vieja morada.

 

    También la Smrti subraya la necesidad del cumplimento de los deberes cotidianos para aquel que aspira al Conocimiento, aunque la Realización sea independiente de cualquier actividad, y ello a fin de alcanzar ese estado de imponderabilidad de la conciencia correspondiente al cumplimiento de la acción desidentificada, es decir, realizada con total desapego del fruto de la acción.    La vieja morada representa, más que el habitáculo físico, la actitud psíquica consolidada, es decir, el conjunto de la entidad consciente y subconsciente que conforman el fardo psicológico -como el carácter, la personalidad, la experiencia, las convicciones- del individuo, y el habitual vehículo expresivo del ego. Despojarse del propio bagaje interior -antes de que adquiera una solidez excesiva con el tiempo y la reiterada experiencia- no significa perder algo, sino reconquistar la libertad ilimitada que ilusoriamente había quedado encubierta por otorgar valor y peso al propio yo. El placer-dolor ofrecido por la experiencia no constituye una cualidad de ésta, sino que denota una actitud; su persistencia es un indicio de inmadurez espiritual: ésta no se calibra por el rechazo del mundo, sino en razón de la totalidad de la Comprensión que, por lo tanto, no puede incluir ningún dato excluyendo a otro.

 

    2. Si persigues la compañía de los sabios; si adquieres una fe estable en el Señor; si practicas las virtudes mentales como la pacificación y otras; si abandonas inmediatamente la actividad más constrictiva; si oras cerca de un sabio que ha realizado el Ser; si observas cada día la devoción a sus pies; si pones como fin propio sólo la realización del conocimiento del Brahman único e inmutable; si escuchas con extrema atención las principales sentencias de los Upanishads.

 

    Las virtudes mentales son: la pacificación, el autocontrol, la actitud de recogimiento, la paciencia perseverante, la fe en la Instrucción del Maestro, la capacidad de concentrar la mente sobre la verdad intuida. Cultivarlas y tener plena posesión de ellas es el primer paso en la Vía del Conocimiento.    La actividad constrictiva es la que se cumple después del impulso conferido a nuestro yo por la imagen relativa al goce de su fruto. El individuo identificado con el propio vehículo psicofísico actúa sólo en vistas de la obtención del fruto de la acción, y no porque ésta deba ser realizada independientemente de aquello que puede implicar como resultado. En otros términos, se hace para obtener, se da para tener. En tal circunstancia, el yo -que parece querer actuar de un modo determinado- en realidad está condicionado en su misma elección por aquello que la subconsciencia tácitamente le propone; de aquí la consecuente constricción. Y al contrario, si gradualmente se toma conciencia del Ser, se perderá espontáneamente el interés por cualquier finalidad propia del devenir. El Ser es, y por ello no necesita actuar ni desear ni imaginar.

 

    3. Por consiguiente, si investigas sobre el significado de estas sentencias; si compartes plenamente la visión principal y única de la Sruti; si desistes decididamente de cualquier vano sofisma, y si sostienes intelectualmente sólo ese razonamiento que está en armonía con lo que declara la Sruti; si realizas conscientemente [la sentencia] "Yo soy Brahman"; día tras día se deja caer el orgullo; si abandonas la [falsa] convicción "yo soy el cuerpo"; si evitas toda discusión con los sabios.

 

    Tras haber adquirido el conocimiento de lo expresado en los Upanishads, es necesario poner en práctica lo que se ha aprendido. Si escuchar el fácil, realizar lo que se ha aprendido puede ofrecer alguna dificultad. Ésta puede manifestarse de varias maneras, pero su origen es substancialmente único: la resistencia que el yo opone a la propia extinción. Por otra parte, se debe tener presente que cualquier obstáculo, sea de naturaleza exterior o de naturaleza interior, constituye un segundo, y como tal puede ser fácilmente circunscrito y resuelto por la penetración-comprensión de la conciencia. Además, se afirma que la realización es fácil y difícil a la vez: fácil si se reconoce que sólo la Realidad es, por lo cual el sueño de mâyâ se desvanece al instante; difícil si se olvida que también el propio yo es un producto de la ilusión, por lo que se le concede espacio y posibilidad expresiva. Sin embargo, si se piensa a fondo en dicha sentencia, y sobre todo se busca realizar efectivamente la conciencia de ser Brahman, ningún impedimento puede obstaculizar verdaderamente la propia total solución.

 

    4. Si pones remedio a ese estorbo que es la fama; si asumes cada día la medicina que tiene forma de limosna, si no nutres ningún deseo de recibir alimento de sabor agradable; si alcanzas la satisfacción solamente con cuanto te es dado; si soportas con paciencia el calor y el frío y los demás pares [de opuestos], pero sin pronunciar palabras en vano; si tiendes hacia la total indiferencia [frente a todo cuanto ofrece el plano empírico]; si abandonas la actitud de tener un comportamiento dulce hacia alguien y severo hacia otros.

 

    El plano empírico se caracteriza por el dualismo. Cualquier experiencia se apoya sobre la dualidad, sin la cual no podría de hecho existir. Así, también la mente aprisionadora consta de una estructura dual, polarizada, por lo que tiende a proyectarse y a mantener una contraposición entre el yo y su objeto contingente. También la necesidad ligada a la subsistencia del cuerpo expresa una dualidad, así como la causa de su eventual sufrimiento. Por lo tanto, la reintegración de la dualidad se impone ante todo sobre el plano grosero, y sucesivamente sobre los superiores. Despolarizando la mente, pues, no sólo la proyectividad se reduce y se detiene, sino también la misma perceptividad se redimensiona, hasta tocar el centro conciencial del ente. De hecho, sólo cuando el conocimiento ha sido hábilmente remitido al centro [Unidad] y ya no está influido por tendencias centrífugas, sino que descansa en el Sí, sólo entonces puede anularse en la espacialidad infinita del âtman [No-dualidad].    Cuando toda dualidad, de cualquier especie que sea y sobre cualquier plano que se halle, ha sido reintegrada -y por ello también la unidad, que es su fuente causal-, se evidencia espontáneamente la No-dualidad, que es la naturaleza propia del Sí, y la base siempre presente de la dualidad y de la unidad.

 

    5. Si te asientas cómodamente en un lugar solitario; si concentras la conciencia en lo Supremo; si buscas la percepción en el interior del Sí, que es plenitud; si reconoces que este universo se resuelve en Ello; si destruyes el karma acumulado [y todavía no efectuado]; si valiéndote de la fuerza que brota de la conciencia buscas no adherirte a aquello [que eventualmente puede aún formarse] en el porvenir, y si experimentas como igual [y con total desapego] aquello que ya ha obtenido efecto. Entonces te autoanulas en el Sí en tanto que es [idéntico al] Brahman supremo.

 

    Brahman es Conciencia sin segundo, y para realizarlo es preciso sumergirse en la propia conciencia, absorberse en esta reconocida ausencia de límite y anularse completamente en ella. Haciendo cuanto se ha expresado en los versos anteriores, puede pasarse sin más a intentar alcanzar la conciencia de la Realidad, y esto podrá cumplirse inicialmente poniéndose también, en cuanto al vehículo físico, en una condición óptima, consistente en la ausencia de distracción y de movimiento. La soledad, que es más interior que exterior, es símbolo y expresión de esa ausencia de referencias, contactos y sostenes que será entonces la condición natural del ser. La Realidad es sin sostén, y para desvelarla debemos ser nosotros mismos sin sostén. Aunque la realización esté más allá de cualquier modalidad, será útil también servirse en principio en algún soporte -y la misma meditación será así considerada- que se abandonará apenas se haya agotado su función. Siendo tal la naturaleza de la Realidad, el camino que debemos seguir es esencialmente único: una Vía de conciencia, en verdad una serie continua de tomas de conciencia siempre mayor, obtenidas por medio de la trascendencia y de la comprensión.

    Cuanto más profunda es la concentración, más se descubrirá que nuestra conciencia no está de hecho limitada, ni por el cuerpo ni por la mente ni por ninguna otra cosa. Cuando se haya disuelto todo objeto identificante, la conciencia se desvelará en su real infinidad y omnicomprensividad.

    Los últimos versos hacen referencia además al karma. Con tal término se designa la conexión de causa-efecto. Se trata también de una dualidad, y determina el movimiento samsárico individual y colectivo. El individuo está oprimido por un peso kármico en la medida en que se identifica con el propio yo, agente, pensante, etc. Si tal es la causa, tal es también el efecto: el movimiento genera movimiento, la acción determina la acción. La acción, en cambio, no lleva a la conciencia, pues ésta se revela por el Sí cuando la cción se extingue. Así, el individuo posee un karma en el sentido de que está obligado a sufrir el efecto de las causas que residen en su pasado indefinido y que tienen su origen en la misma ignorancia del Ser: si tal efecto ya se ha producido -y aparece como corporeidad, mentalidad, etc.- se habla del karma ya efectuado y no anulable [prârabdha]. Si, por el contrario, esto todavía no ha tenido lugar [samcita], entonces por medio de la conciencia puede ser completamente eliminado y no condicionar ya al ser. En lo que respecta al futuro [âgâmin], pues, debe simplemente observarse que, en ausencia de la causa -dada la presencia de la conciencia liberadora y no identificante- también estará ausente el efecto. De todos modos, como el karma no es una entidad real, sino sólo una modificación del reflejo de la conciencia del Sí en Ello, mediante la conciencia dilatada y omniinclusiva puede ser definitivamente extinguido.

    Cuando cualquier potencialidad ha sido disuelta, en ausencia de toda identificación y de toda modificación sobreimpuesta, el ser se sumergirá, absorberá y anulará espontáneamente en el propio Sí, reconocido como idéntico al Bahman supremo.

 

 
 
 

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