domingo, 7 de octubre de 2018

SOBRE LOS PSEUDO CABALISTAS


Fabio W.: SOBRE LOS PSEUDO CABALISTAS

Hemos notado desde hace ya muchos años el gran interés de mucha gente por la Cábala o, mejor dicho, por ciertos textos sobre Cábala difundidos al gran público en cualquier librería. Este interés, si bien comprensible dado el poco espacio que "Lo misterioso" ocupa en los diarios, y dado que el laicismo del mundo moderno priva a los modernos del trato cotidiano con El Misterio, puede llegar a ser el móvil que conduzca a groseros delirios y fantasías por cierto no muy saludables.

Antes de nada aclaremos que es la cábala. Digamos que es el aspecto más interior de la Tora y en relación al conocimiento más profundo que el sentido más elemental al
cual todos tienen acceso. Siendo de orden más elevado, como tal se dirige sólo a los discípulos preparados especialmente para comprenderlo, siendo casi en su integridad objeto de una enseñanza puramente oral.
Si todo estudio teórico es, desde la perspectiva tradicional, un primer paso para la realización, para la rectificación del pensamiento y la conducta, el estudio de este aspecto profundo de la Torá acompaña el desarrollo interior del esoterista judío, guiado por un Rab y con un método y objetivos claros y precisos, trasmitidos por una cadena ininterrumpida desde Moshé Rabeinu y, según el Zohar, desde Adán mismo.
La Cábala no es magia, sino el camino que lleva al conocimiento de uno mismo, de los principios metafísicos y del Creador, que no son más que UNO. En esta vía, la magia y los poderes psíquicos, tan excesivamente interesantes para los modernos, no son más que áreas conocidas por el cabalista pero que no tienen relación alguna entre su desarrollo y la realización de orden espiritual. Aún más, en vistas a una tal realización, estos "poderes" no sólo son indiferentes e inútiles, sino hasta verdaderos obstáculos, y muy nocivos, distrayendo al hombre del único verdadero objeto de su búsqueda: El Santo, Bendito sea.
Escribe Maimόnides: "...Aquel que basa su creencia en milagros únicamente, posee una falsa premisa en su corazón, ya que siempre es posible haber realizado el milagro a través de trucos o brujería...".
Fenómenos semejantes pueden proceder de causas totalmente diferentes; es la razón de que los fenómenos en sí mismos, que no son sino simples apariencias exteriores, jamás puedan ser considerados como constituyendo realmente la prueba de la verdad de una doctrina o de una teoría cualquiera, contrariamente a las ilusiones que a este respecto se forma el "experimentalismo" moderno. Ocurre igual en lo concerniente a las acciones humanas, que por otra parte son también fenómenos de un cierto género: las mismas acciones, o, hablando más exactamente, acciones indiscernibles exteriormente unas de otras, pueden responder a intenciones muy diversas de quienes las cumplen. Naturalmente, un observador superficial, que se atenga a lo que ve y no vaya más lejos de las apariencias, no podrá dejar de equivocarse e interpretará de manera uniforme las acciones de todos los hombres refiriéndolas a su propio punto de vista. Puede haber aquí una causa para múltiples errores.

En todos estos libros o cursos donde se pretende estudiar Cábala no hay referencias a lo imprescindible del cumplimiento de la Halajá (preceptiva legal judía) para siquiera leer estas obras, ya que la comprensión, si es posible llamarla así, de textos que tratan con el Sod (misterio) es únicamente posible tras un cierto grado de maestría práctica e intelectual de la tradición judía en su integralidad.
Nos sigue diciendo Maimόnides : "...Cuando se empieza por la ciencia metafísica, resulta no sólo turbación en las creencias, sino la irreligión pura. No puedo comparar esto sino con alguien que diese de comer a una tierna criatura pan de trigo y carne, y de beber vino; la mataría indudablemente, no porque sean aquellos alimentos malos y contrarios a la naturaleza del hombre, sino porque quien los toma es demasiado débil para digerirlos y sacar de ellos provecho. Del mismo modo, sí se presentan las verdades metafísicas de una manera oscura y enigmática, y silos sabios emplean toda clase de artificios para enseñarla sin pronunciarse con claridad, no es porque encierren interiormente algo malo, o porque destruyan los cimientos de la religión, como creen los ignorantes que pretenden haber llegado al grado de la especulación, sino porque las inteligencias, al principio, son incapaces de acogerlas, y se han hecho entrever para que el hombre perfecto las conozca; por eso se llaman misterios y secretos de la Torá...".
Esta vulgarización de ciertos textos sagrados, tan propia de las pretensiones igualitaristas de nuestros contemporáneos, no sólo no beneficia, sino que también mata, al igual que darle de comer carne y vino a un bebé. Sólo que no afecta esto al cuerpo sino al alma.

Rab Shneur Zalman de Liadi nos dice: "...El hombre imagina en su mente todas las ideas abstractas que él desea comprender por analogía con aquello que encuentra en sí mismo.., pero en realidad... Dios está separado por infinitos millones de grados de diferencia por encima y más allá de todo tipo o clase posible de plegaria o virtud que las criaturas puedan comprender o imaginar en sus mentes..."
Si se quiere construir un edificio, se deben establecer los cimientos; éstos son la base indispensable sobre la cual se apoyará todo el edificio, incluidas sus partes más elevadas, y lo seguirán siendo siempre, incluso cuando esté terminado. Al igual, la adhesión a la Halajá es una condición previa para llegar a la Cábala. El verdadero Mekubal (cabalista) se hace cada vez más apto para comprender las razones profundas de la Halajá, y ésta adquiere para él un significado realmente mucho más importante que el que pueda tener para el religioso, que está siempre guiado por la fe y no por la certeza.
Estos pseudo-cabalistas o "estudiosos", al no tener formación y clara participación en la Torá , prescinden del objeto que dicen conocer. La ignorancia práctica, que consiste en considerar como inútil o superflua la participación religiosa, no sería posible sin un desconocimiento incluso teórico de la religión, y esto lo hace más grave, pues puede cuestionarse sí cualquiera en quien exista tal desconocimiento, sean cuales sean por otra parte sus posibilidades, está realmente preparado para abordar el dominio de la Cábala, y si debería más bien aplicarse a comprender mejor el valor y el alcance de la Halajá antes de querer ir más lejos.

Si un hombre actúa contra las verdades sobre las cuales está meditando, esta contradicción reaparecerá en su meditación en la forma de un obstáculo, de un error. Si, por el contrarío, su modo de actuar y comportarse en la vida externa es armónico con el contenido de su meditación, probará ser un fuerte soporte para su actividad interior, un "trono de unión". El pensamiento se cristaliza en virtuosas y justas acciones; la verdad a través del pensamiento se vuelve carne y esta carne "espiritualizada" no se opone al pensamiento sino que lo sostiene y deviene uno con él .
Dijo el Rey David: "El secreto de Dios es con aquellos que le temen".
Este pseudo-estudio no es otra cosa que intentar, bajo la más grande influencia anti­Torá, o sea, el mundo laico moderno, conocer el núcleo mismo de la Torá. Absurdo.
Se puede afirmar que estos "estudiosos" que pretenden poner al alcance de la gente la doctrina metafísica de hecho no hacen más que constituirse en misioneros del Coifrut (negación de la Torá). Tales individuos no pueden más que engañar a quienes les otorgan una confianza que de ningún modo merecen, y lo que mejor puede suponerse en su favor es que, impregnados sin saberlo de las influencias anti-tradicionales que sufren inconscientemente, ellos se engañan a sí mismos tanto como a los demás.
Resumiendo, es fácilmente comprensible que no hay forma de acceder a lo interior si no es por lo exterior. El núcleo no puede ser alcanzado de otro modo que a través de la corteza.

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