jueves, 25 de octubre de 2018

En el monte Athos. (Anónimo 1557)


Capítulo XI: En el monte Athos


     JUAN.- ¿Qué uso es el suyo?
     PEDRO.-En toda la Iglesia griega no se hincan de rodillas, y las orationes particulares, como no sean misa ni horas de la Iglesia, son a la apostólica, muy breves: haçen tres vezes una cruz como quien se persina, tan larga como es el hombre, de manera que como nosotros llegamos al pecho con la cruz, ellos a la garganta del pie, y dicen: Agios o Theos. Agios schiros, Agios athanatos, eleison imas. Esto, como digo, tres vezes o cuatro, y en la iglesia añaden un pater noster.
     MATA.- ¿Qué quieren deçir aquellas palabras?
     PEDRO.-Sancto Dios, Sancto fuerte, Sancto immortal, ten misericordia de nosotros.
     MATA.-En verdad que es linda oratión.
     JUAN.-A vos porque es breve os agrada.
     PEDRO.-También tienen un Chirie eleison, la más común palabra. Quando se maravillan de algo. Chirie eleison: quando se ven en fortuna de mar o de tierra, Chirie eleison. Estarse a un griego media hora diziendo: Chirie eleison; que es: Señor, miserere. Entramos ya en el monesterio y fuimos a la iglesia a hazer primero la oratión que llaman prosquinima, y quando me preguntaban adónde iba, o de dónde venía aquellos fraires, con deçirles que era prosquinitis, que quiere deçir como peregrino que va a cumplir alguna romería, atajaba muchas preguntas; diéronme luego a beber en la despensa y el prior mostró buena cara.
     MATA.-Esas siempre las muestran hasta saber si les dan algo o no.
     PEDRO.-Deso estaba bien seguro; y era ya una hora antes que el sol se pusiese, [cuando] vinieron luego todos los fraires que estaban fuera y tocaron a bísperas, y entramos en el coro donde vi, çierto, una iglesia muy buena y bien adornada de imágenes y çera.
     MATA.-A todo esto, ¿nunca se hazía caso del compañero, ni hablaba, ni preguntaban cómo no hablaba?
     PEDRO.-Cada paso; mas yo luego respondía que era sordo y no entendía lo que dezíamos. ¿Cómo había de hablar?, lo qual bían por la experiençia. Los ofiçios eran tan largos como maitines de la Noche Buena y çiertamente, sin mentir, duraron quatro horas; al cabo salimos, que nunca lo pensé, y fuímonos al refitorio a cenar.
     JUAN.- ¿Qué rezan que tanto tardan?
     PEDRO.-El Salterio, del primer psalmo hasta el postrero.
     JUAN.- ¿Cada día?
     PEDRO.-Dos vezes, una a bísperas, otra a maitines.
     JUAN.- ¿Cantado o rezado?
     PEDRO.-Cantado reçando.
     MATA.- ¿Cómo es eso?, ¿cantar y rezar junto?
     PEDRO.-No, sino que lo cantan tan de corrida, que paresçe que rezan.
     MATA.- ¡Ah! ¿Cómo acá los clérigos en los mortuorios de los pobres?
     PEDRO.-Ansí es.
     JUAN.-Largo ofiçio es ése. ¿Qué tiempo les queda si han de olgar?
     PEDRO.-Lo que pluguiese a Dios sobrase a los fraires todos de acá.
     JUAN.- ¿Qué es?
     PEDRO.-Después lo sabréis; dexadme agora. El refictorio tenía las mesas de mármol todas, sin manteles ningunos, mas de la viva piedra, y un agujero en medio y algo cóncava, para en acabando de comer labarla y cae el agua por aquel agujero.
     MATA.- ¿Con qué se limpian?
     PEDRO.- ¿De qué?
     MATA.-De la comida.
     PEDRO.- ¿Pues aún no nos hemos sentado a la mesa y ya os queréis limpiar? Era día de Sancto Mathía, y en cada mesa se sentaban seis y había seis jarrillos de plomo de a quartillo llenos de un vino que no sabe mal, hecho de orujo y miel con çierta hierba que le echan dentro y un poco de agua de azar que le da sabor. Verdaderamente salta y emborracha, y si no os dizen qué es, paresçeros ha buen vino blanco, y un platico de queso molido, que en aquellas partes quajan mucho queso, como manteca de bacas, y métenlo en cueros como la mesma manteca, y sécase allí; después está como sal, y esto se come amasando el bocado de pan primero entre los dedos para que adquiera alguna humidad, y pegue el queso en ello quando untare el pan. Teníamos olla de unas como arbejas que llaman fasoles, y azitunas como las pasadas y a casco y medio de zebolla. El pan era algo durillo, pero no malo.
     MATA.-Duro tenerlo hían para que no se comiese tanto.
     PEDRO.-Açertastes; luego a la ospedería a dormir, la qual era, como agora os pintaré, una camaraza antiquíssima con muchos paramentos naturales.
     JUAN.- ¿Qué son naturales?
     MATA.- ¡Echadle paja! ¿No sabéis qué son telarañas?
     PEDRO.-Las camas sobre un tablado; una manta que llaman esclabina, que de más de la infinita gente que dentro tenía, habría una carga de polvo en ella. Una almohadilla de pluma que si la dexaran se fuera por su pie a la pila.
     MATA.- ¿Había más?
     PEDRO.-No.
     MATA.- ¿Luego para ir a maitines y madrugar, no había neçesidad de despertadores? Y las camas dellos ¿son ansí?
     PEDRO.-Sin faltar punto, salbo la de alguno que se la compra él. Con ser la noche larga, a las dos fuimos a maitines; salimos a las siete. Aún estaba confuso qué había de ser de mí; lleguéme al prior, y díxele que le quería en confesión deçir dos palabras, y túbolo por bien. Digo, pues: Padre santo, yo os hago saver que no somos fraires, ni aun griegos tampoco; somos españoles y venimos huidos del poder de los turcos y para mejor nos salvar hemos tomado este vuestro sancto ábito. Apóstoles sois de Christo; hazed conforme al ofiçio que tenéis, que por solamente querernos hazer renegar somos huidos, y a ser tomados, por no ser maltratados, quizá haremos algún desatino, el qual, no usando vos de piedad y misericordia, seréis causa y llebaréis sobre vos. Yo traigo graçias a Dios, dineros que gastar estos dos meses, si fuere menester; no quiero más de que me tengáis aquí fasta que benga algún nabío que me llebe de aquí y pagaré cortésmente la costa toda que entre tanto haré.
     JUAN.-Justa petiçión era por çierto.
     PEDRO.-Tan justa era quan injusta me respondió. Començó de santiguarse y hazer melindres, y espantosos escrúpulos, diziendo: Chirie eleison, ¿y esta traiçión teníais encubierta? ¿Queréis, por ventura, vos ser el tiçón con que toda nuestra casa se abrase, y aun la horden? Luego sin dilaçión os id con Dios, que a esta mar no biene nabío ninguno de los que vos queréis, sino idos a Santa Laura, que era otro monesterio, que allí hay un portiçuelo donde se hallan algunas vezes esos nabíos: y no os detengáis más aquí, porque como éste es el monesterio más çerca de donde están los turcos, cada día vienen aquí a visitarnos y luego os verán; yo no lo puedo hazer, andá con Dios.
     MATA.-Pues ¡maldiga Dios el mal fraire! ¿tan pequeño era el monesterio que, aunque viniesen mill turcos, no os podían esconder quanto más sin venir a buscaros?
     PEDRO.-El menor, de veintidós que son, es como Sant Benito de Valladolid y mayor mucho, como están en desierto, que paresçe cada uno un gran castillo; y más que todo es muy espeso monte de castaños y otros árboles, que ya que algo fuera me podía salir al bosque entre tanto que me buscaban.
     MATA.- ¿Qué buscar? ¿Qué bosque ni espesura? Yos prometo que si fuerais donçellas, aunque fueran çiento cupieran en casa con todas sus santidades.
     PEDRO.-Yo le demandé un fraire que me mostrase el camino hasta otro monesterio, renegando de la paçiencia, que sería ocho leguas de allí por el más áspero camino que pienso haber en el mundo, y diómele de buena gana, mas con tal condiçión que le pagase su trabajo, porque eran pobres; yo lo puse en sus manos y mandó medio ducado; admitílo, aunque era mucho, mas con condiçión que porque yo estaba cansado y el viejo no podía, que llebase él las alforjas acuestas, que de camisas y beinte baratijas pesaban bien; no quiso, sino a ratos él y yo; escoxí del mal lo menos, por tener a quien hablar que supiese que no era fraire, para que me avisase de todas las cosas que había de hazer y zerimonias que en la orden había, para mejor saber fingir el ábito, lo qual fue una de las cosas que más me dieron la vida para salvarme, porque yo çierto lo deprendí a saberlo tan bien como quantos había en el Monte. Pasamos por un monesterio que se llamaba Psimeno sin entrar dentro, y fuimos a dormir en otro muy de los prinçipales que se llama Batopedi, adonde ya sabía yo el modo de las çeremonias de fraire, y no fui conosçido por otro, y fuimos huéspedes aquella noche; y dimos con nosotros en otro, que es también prinçipal, que se diçe Padocrátora, en donde almorçamos, y pasamos a otro, que se llama Hibérico, en donde comimos, y queriendo pasar adelante me preguntaron qué era la causa que pues todos los peregrinos en cada monesterio estaban tres días, nosotros íbamos tan deprisa. Yo respondí porque en Santa Laura tenía nueba que estaba un nabío que se partía para Chío, y por llegar antes que se partiese a escribir una carta, y embiar cierta cosa que nuestro patriarca me había dado en Constantinopla, mas que luego había de dar la buelta y hazer mi oratión como era obligado; y con esto los aseguré ya; pasé a otro, que se llama Stabronequita, y de allí a Sancta Laura, donde pensaba había de haber fin mi esperança; y hecha la oratión y çerimonias fuimos a hablar al prior, al qual hize el mesmo raçonamiento que al primero, y él los mesmos milagros y respuestas que el otro, y dixo que allí jamás había nabío semejante, sino de turcos, que me conosçerían y sería la ruina de todos. El mejor remedio era ir al Xilandari, que era el primero de todos, y allí solían acudir aquellos nabíos. Yo digo: Señor, he estado allá y remitiéronme acá; mirad que conmigo no habéis de gastar nada. No aprobechando, procuré de saber si había algún fraire letrado para comunicar con él, y contentándole, que se me afiçionase y rogase por mí, y había uno solo que se llamaba el papa Nicola, y començéle de hablar en griego, latino y cosas de letras, el qual m'entendía tanto, que con una ayuda de agua fría le hizieran echar quanto sabía. En fin como diçe el italiano: en la terra de li orbi, beato chi ha un ochio: en la tierra de los çiegos, beato el tuerto; afiçionóseme un poco y habló por mí, y lo que pudo alcançar era que nos quedásemos allí por fraires de veras, y que él nos enviaría adentro el bosque, donde tenían una granja, y yo cabaría las viñas y mi compañero guardaría un hato de obejas; y si esto no queríamos, desde luego desembarazásemos la casa; yo respondí agradesçiéndoselo que holgara dello, pero no podíamos por respecto que teníamos mugeres y hijos, que de otra manera Dios sabía nuestro muy buen propósito.
     JUAN.-Pues ¿el fraire mesmo había de cabar ni guardar ovejas?
     PEDRO.-Quiéroos aquí pintar la vida del Monte Sancto, para que no vais tropezando en ello, y después acordarme dónde quedó la plática.
     MATA.-Yo tomo el cargo deso.
     PEDRO.-Los veintidós monesterios que os he dicho, todos, sino dos, están en la mesma ribera de la mar, y cada uno tiene una torre y puertas de yerro, y puentes levadiças, no más ni menos que una fortaleza, y no se abre hasta que salga el sol. Tiene ansí mismo cada monesterio su artillería, y fraires que son artilleros, [y] una cámara de arcos y espadas.
     JUAN.- ¿Para qué esas armas?
     PEDRO.-Para defenderse de los cosarios, que podrían hazer algún salto. La distançia de un monesterio a otro no será de dos leguas adelante. En el punto que sueltan una pieza de artillería, concurrirán al menos tres mill fraires armados y aun muchos dellos a caballo, y resistirán a un exérçito si fuere menester.
     JUAN.-Si esos están debajo el Turco, ¿quién les haze mal?
     PEDRO.-Cosarios, que no obedesçen a nadie; son como salteadores o bandoleros en tierra.
     MATA.- ¿No será mejor a repique de campana?
     PEDRO.-En todo el imperio del Gran Turco no las hay ni las consiente. Unos diçen que porque es pecado; mas yo creo a los que diçen que, como hay tantos christianos, teme no se le alzen o le hagan alguna traiçión; porque el repique de campana junta mucha jente: ni órgano tampoco no le hay en ninguna iglesia, que con trompetas se dize en Constantinopla algún día solemne la misa.
     JUAN.- ¿Pues cómo tañen los fraires o los clérigos a misa?
     PEDRO.-Campanas tienen de palo y de hierro que tocan como acá.
     MATA.-Eso no entiendo cómo pueda ser.
     PEDRO.-Una tabla delgada, estrecha y larga cuanto seis varas; por enmedio tiene una asa como de broquel y tráenla en el aire en la una mano, que no toque a rropa ni a nada, y en la otra un maçico, con el qual va repicando en su tabla por todo el monesterio y haze todas las differençias de sones que acá nosotros con las nuestras.
     JUAN.- ¿Como acá los Viernes Sanctos?
     PEDRO.-Quasi. Las de yerro son una barra ancha y a manera de herradura o media luna, colgada de modo que no toque a ninguna parte, y allí con dos maçicos de yerro hazen también sus diferençias de repiquetes los días de fiesta.
     MATA.- ¿Qué, es posible que en tan grande miseria están los pobres christianos? Nunca lo pensara. ¿Y tantos hay desos fraires?
     PEDRO.-Ya os he dicho que en cada monesterio doçientos o tresçientos, ansí como los monesterios de acá y las perrochias; todo es una manera de çelebrar allá; dígolo para que los que oyerdes de Monte Sancto se entiende de toda Greçia.
     MATA.- ¿El comer?
     PEDRO.-Ya os he dicho cómo comimos aquellos días de fiesta. Ellos tienen la mayor abstinençia que imaginarse puede. Primeramente no comen carne, ni huebos, ni leche, sino es obra de treinta o quarenta días en todo el año; iten tienen quatro Quaresmas.
     JUAN.- ¿Los fraires, o todos los griegos?
     PEDRO.-Todos las tienen; pero más abstinençia tienen los fraires. El Adviento es la una, en el qual comen pescado si le tienen; luego la nuestra Quaresma, que la llaman ellos grande, la qual toman ocho días antes que nosotros y en aquéllos bien pueden comer todos huebos y leche y pescado. El domingo de nuestras Carnestolendas las tienen ellos de pescado y huebos y leche, si no fuere pescado sin sangre, como es ostrias, caracoles, calamares, pulpos, gibias, veneras y otras cosas. Ansí, los fraires añaden más abstinençia, que no comen lunes, miércoles y viernes açeite, diçiendo que es cosa de gran nutrimento, ni beben vino; gisan unas ollas de hinojo y fasoles, con un poco de vinagre; habas remojadas con sal de la noche antes tienen muy en uso y algunas açitunas.
     JUAN.- ¿Pasáis por tal cosa? ¿Y pueden resistir a guardarlo de esa manera?
     PEDRO.-Como testigo de vista os diré lo que pasa en eso. No digo yo fraire, ni en Quaresma, sino un plebeyo en viernes, que esté malo, que se purgue, no comerá dos tragos de caldo de abe, ni un huebo, si pensase por ello morir o no morir, y aun irse al infierno; en eso no se hable, que entre un millón que curé de griegos jamás lo pude acabar, sino unas pasas o un poco de aquel pan cocto de Italia. El Domingo de Ramos y el día de Nuestra Señora de março comen pescado y se emborrachan todos los seglares, y aun de los otros algunos, y darán las capas por tener para aquel día pescado.
     JUAN.- ¿Celebran ellos la Pascua como nosotros?
     PEDRO.-Como nosotros, y quando nosotros tienen todas las fiestas del año, y la mañana de Pascua es la mejor fiesta del mundo, que se besan quantos se topan por la calle y se conosçen, unos a otros, y el que primero vesa dice: O Theos anesti. El otro responde: Allithos anesti. Christo resuscitó. Y el otro: Verdaderamente resucitó.
     MATA.- ¿Y a las damas también?
     PEDRO.-Ni más ni menos, si las conosçen; aunque yo, para deçir la verdad, aquel día si me paresçía bien, aunque no la conosçiese, le daba las pascuas en la calle y me lo tenía a mucho por ser español, y aun cobraba amistades de nuebo por ello.
     MATA.- ¿Hay hermosas griegas allá?
     PEDRO.-Mucho, como unas deas.
     JUAN.-Dexaos agora deso; ¡mira adónde salta! ¿Quál es la terçera Quaresma?
     MATA.-No querría Juan de Voto a Dios oír hablar de damas burlando, mas de veras. Dios os guarde de todos los de tal nombre en achaque de sanctos.
     PEDRO.-Desde principio de junio hasta Sant Juan; y ésta no hay abstinencia de pescado, aunque tenga sangre. La última desde primero de agosto hasta Nuestra Señora, y aun hay muchos que tienen otra quinta de 25 días, a San Dimitre; mas ésta no es de preçepto.
     JUAN.-Y en el sacrificar ¿en qué difieren de nosotros?
     PEDRO.-En el baptiçar diçen que somos herejes, porque es grande soberbia que diga un hombre: Ego te baptizo, sino Dulos Theu se baptizi: el sierbo de Dios te baptiza. Yo, hablando muchas vezes con el patriarca y algunos obispos, les deçía que por falta de letrados estaban diferentes su Iglesia y la nuestra romana; porque esto del baptismo todo era uno dezir: Yo te bautizo en el nombre del Padre, etc. y El siervo de Dios te baptiza. No echan el agua de alto, sino tómanle por los pies y zapúzanle todo dentro la pila. En la misa no hay pan senzeño, ni curan de hostia como nosotros, sino un pedaçillo de pan algo creçido. Las mugeres que lleban pan a la iglesia para ofresçer hazen una cruz a un lado del panezillo, para que de allí tome el sacristán para sacrificar, y en un platico lo tienen en el altar. La casulla es a manera de manto de fraire hasta en pies, con muchos pliegues; no le verán deçir la misa, porque el altar está detrás de una pared a manera de cançel con dos puertas a los lados. El saçerdote sobre la una diçe la Epístola al pueblo, y muchas orationes que nuestra Iglesia diçe el Viernes Sancto, ellos en todas sus misas las tienen. En la otra puerta diçe el Evangelio. El credo y el pater noster no le diçe el saçerdote, sino un muchacho a boces en medio de la iglesia.
     JUAN.- ¿Qué causa dan para que se ha de sacrificar con pan levado?
     PEDRO.-Porque el pan sin levadura es como cuerpo sin ánima, y habiéndose de convertir en Christo aquéllo, no puede si no tiene ánima. Son todos una jente quasi tan sin razón como los turcos.
     JUAN.-Ansí me paresçe a mí por lo que dellos me contáis. ¿Y cómo alçan el sacramento?
     PEDRO.-Tiénele el sacerdote en su plato cubierto con un belo negro y sale por una puerta, y da vuelta por todo el coro a manera de proçessión y torna por la otra; y otro tanto al cáliz, y de como sale hasta que torna ninguno mira haçiallá, sino todos, inclinadas las cabezas hasta las rodillas, y más si más pueden, están haçiendo cruçes, y diçiendo: Chirie eleison, Chirie eleison. En fin de la misa el saçerdote da por su mano a todos el pan bendito, que llaman andidero, y algunos entonçes ofresçen algo, y no creáis que habrá griego que almuerçe el domingo antes que coma el pan bendito. Las más vezes hay en fin de la misa psichico, que es limosna que algunos dan de pan y sendas vezes de vino a toda la jente que hay en misa, sentados por su orden. Como no conosçen nuestro Papa, tienen por superior un patriarca, el qual reside en Constantinopla, y éste pone otros dos: uno en Antiochía y otro en Alexandría.
     JUAN.- ¿Qué renta tiene?
     PEDRO.-La que tubiesen muchos perlados de acá; solamente aquello que por su persona allega pidiendo seis meses del año limosna en cada pueblo; es verdad que se lo tienen allegado, pero conviene ir en persona; lo que estando yo allá cada año allegaba eran treze mill ducados, de los quales daba ocho mill al Gran Turco de tributo porque le dexe tener la fe de Christo en peso y hazer justiçia en lo eclesiástico; y de los çinco o seis mill ducados se mantiene a sí y a los otros dos patriarcas.
     JUAN.- ¿Y ese es fraire o clérigo?
     PEDRO.-No puede él ni obispo ni ninguno ser clérigo, porque los clérigos todos son casados a ley y a bendiçión. Ha de ser por fuerça de los de Monte Sancto.
     MATA.-Eso de casados los clérigos, me deçid: ¿Cómo casados? ¿Qué cosa es casados?
     PEDRO.- ¿No os tengo dicho que se vibe allá a la apostólica, y no están debaxo de nuestra Iglesia Romana? Cada clérigo se llama papa: el papa Juan, el papa Nicola, etc., y su muger, la paparia.
     MATA.- ¡Cónmo se holgaría Juan de Voto a Dios que acá se usase eso; digo a ley y a vendiçión, que sin ley y a maldiçión, de las de a pan y cuchillo, no falta, por la graçia de Dios. Tres vezes ha parido la señora después que vos faltáis.
     JUAN.-Para éstas que yo sepa de aquí adelante de quién me guardar.
     MATA.-No tenéis por qué os picar más vos que los otros, que yo no dixe sino de los clérigos y theólogos de acá en comparaçión de los de allá; sé que vos no sois obligado a responder por todos.
     JUAN.-Ello está bien. ¿Los obispos no ternán, a esa quenta, mucha renta?
     PEDRO.-La que les basta para servir a Dios: dosçientos o tresçientos ducados el que más; y llámanse metropollitas; los obispados, como en renta, son pequeños también en jurisdiçión; quasi cada pueblo, como sea de doçientas casas, tiene él su metropollita y no puede salir de su obispado si no es a la electión del patriarca, que es por mano destos y eligen a uno dellos.
     JUAN.- ¿Y éstos elígelos el mesmo patriarca de los de Monte Sancto?
     PEDRO.-Sí.
     JUAN.-Y los clérigos ¿qué renta tienen? ¿Hay canonicatos o dignidades como acá?
     PEDRO.-Ni aun benefiçios tampoco; no penséis que es allá la sumptuosidad de las iglesias como acá; son pequeñas, como cosa que está entre enemigos, y herédanse como cosa de patrimonio; es como hay acá çiertas abadías en ermitas o encomiendas de Sant Juan. Tengo agora yo esta iglesia como cura della; tomo quatro o seis papas que me ayudan, y parto con ellos la ganancia toda que los perrochianos me dieren, que es harta miseria, si no tienen otras cosas de que se sustentar ansí el cura como los otros.
     JUAN.- ¿Confiésanse?
     PEDRO.-Como nosotros; no hay más diferençia entre su Iglesia y la nuestra de lo que os he dicho; en lo demás, entended que lo que vos hazéis en latín el otro lo haze en griego.
     MATA.-Acabemos si os paresçe a Monte Sancto, que después daremos una mano a lo que desto quedare. En ese monte scabroso, donde ni hay hombre ni muger ni pueblo en diez leguas alrrededor, ¿qué comen?, ¿de qué se mantienen?, ¿quién les da limosna?
     PEDRO.- ¿Limosna o qué? ¿Luego a huçia de la limosna se tienen de meter en las religiones teniendo sus miembros sanos? Cada mañana, en amanesçiendo, que se abre la puerta y vaxan la puente, veréis vuestros fraires todos salir con unos sayos de sayal hasta la espinilla, y unos bicoquis como éste; veinte por aquí con sus azadas a cabar las viñas; otros tantos por acullá con las yubadas; por la otra parte otros tantos con sus hachas al monte a cortar leña o madera; çinquenta otros están haziendo aquel cuarto de casa, enyesando, labrando tablas, y todo en fin que ninguno hay de fuera. Maestros hay de hazer barcas y nabíos pequeños; otros van con sus remos a pescar para la casa; otros a guardar ovejas; los de ofiçios mecánicos quedan en casa, como çapateros, sastres y calçeteros, herreros; de tal manera que, si no es el prior y el que ha de diçir la misa, y algún impedido, no queda hasta una hora antes que el sol se ponga hombre en casa. Yo me espantaba quando no lo sabía; y caminando de un monesterio a otro veía aquéllos, que çierto paresçen hombre salvajes, con aquellos cabellazos y barbas.
     MATA.-No paresçéis vos menos en verdad.
     PEDRO.-Y preguntábanme. Po paí ¿iagiosini su pater agiotate? Sanctísimo padre, dónde va vuestra santidad? Yo muerto de hambre y con mis alforjaças a cuestas respondía primero entre dientes: ¡La puta que os parió con vuestras sanctidades!
     JUAN.- ¿Pues por qué os llamaban ansí?
     PEDRO.-Úsase entre ellos, aunque sea al cozinero y al herrero, llamar sanctidad.
     MATA.- ¿Y cómo llaman al patriarca?
     PEDRO.-Ni más ni menos. ¿Cómo queréis subir más arriba? Dentro el mesmo Monte hay muy buenos pedaços de viñas y olivares y heredades, a donde me querían enviar a mí a trabajar, que son muchos dellos de particulares, y lo venden.
     JUAN.-Eso no entiendo.
     PEDRO.-Digo que hay caserías, como digamos, con sus viñas y olivares; y el fraire que tiene dineros compra una de aquéllas, y escoje quatro o çinco compañeros que se lo labren y dales su mesa y mantiénense de aquéllo.
     JUAN.- ¿No comen en refitorio?
     PEDRO.-Esos tales no, si no tienen muchos quartos en la casa apartados que corresponden a aquellas caserías y son anejos a ellas, y allí se están y ban a sus horas como los otros; mas no son obligados a trabajar nada para la casa.
     JUAN.-Y ésa ¿quién la vende?
     PEDRO.-El monesterio; porque quando muere se queda otra vez en el monesterio, aunque en vida bien la puede vender. Ansí hay muchos labradores que son viudos o de otros ofiçios, y hazen dinero lo que tienen y métense fraires allí.
     MATA.- ¿Y lo que lleban es nuestro, como acá?
     PEDRO.-No, sino suyo propio, que nadie se lo puede tomar.
     JUAN.- ¿Y esos no saben letras?
     PEDRO.-De diez partes las nuebe no saben leer ni escrebir, y gramática griega de mill uno, y aquélla bien poca.
     JUAN.-Pocos saçerdotes habrá a esa quenta.
     PEDRO.-Muy pocos. Quando a la noche llegaban del trabajo veníanme algunos a hablar; y yo no sabía de qué me conosçían. Como venían con sus capas de coro, largas, de chamelote o estameña, y las barbas algo más peinadas, preguntábales quiénes eran o de qué me conosçían. Decían: ¿Vuestra santidad no se acuerda que me preguntó por el camino estando yo cabando en tal parte? Yo luego le deçía: ¿Vuestra sanctidad es? ya cayó en la quenta, si mala pascua le dé Dios.
     MATA.- ¿Cómo es posible haber pan y vino y todo lo neçesario para tantas personas y tan grandes monesterios en solo pedaços del Monte?
     PEDRO.- ¿No dixe primero que tenían sus metoxias o granjas fuera? Cada monesterio tiene una o dos o más metoxias fuera del Monte, junto a Sidero Capsia, y en las islas del arçipiélago algunas, como son en la isla de Lemno y del Schiatho, donde yo estube, y Eschiro, que son de distançia de Monte Sancto quinze leguas por mar; y en estas metoxias tienen sus mayordomos, con tantos fraires que basten a labrar las viñas y heredades, y con aquellos nabíos pequeños que hazen van y bienen y benden lo que les sobra, y allí tienen ganado y gallinas para los huebos, porque carne no la comen, y otras granjerías de fraires; de la lana del ganado hazen de bestir para la casa a todos.
     MATA.- ¿Y ésos trabajan mucho?
     PEDRO.-Como los mayores ganapanes que hay por acá; lo que seis obreros cabarán en un día, ellos largamente lo harán quatro. ¿Qué pensáis? Antes que fuesen fraires, no eran más deso tampoco; ellos al paresçer tienen vida con que se pueden bien salvar, y no piden a nadie nada ni son importunos.
     MATA.-Si en nuestras fronteras de moros hubiese monesterios desa manera, no se deserbiría Dios ni el Rey, porque a Dios le defenderían su fe y le servirían, y al Rey su reino, y que la jente de guerra que allí está se fuese al exérçito donde anda su persona.
     JUAN.-Dezid vos eso y pelaros han los fraires.
     PEDRO.-No me ayude Dios si no creo que irían de tan buena voluntad la mayor parte dellos como a ganar los perdones de más indulgengias que la Cruçada conçede, y aunque cortase tanto la espada de algunos como las de los soldados.
     MATA.-Estaba pensando qué se me olvidaba de preguntar, y agora me acuerdo: ¿Qué hábito traen los clérigos griegos o papas?
     PEDRO.-Unas ropas moradas por la mayor parte, aunque algunos las traen negras, y en la cabeza un barretín morado y una benda azul por la frente que le da tres o quatro bueltas a la cabeza. Ya no tengo memoria en dónde quedó la plática prinçipal.
     MATA.-Yo sí. Quando en Santa Laura el prior os dixo que si queríais ir a trabajar con los hermanos y respondistes que erais casado.
     PEDRO.-Gran deseo es el que Mátalas Callando tiene de saver, pues tiene tanta atençión al quento. Yo determiné, harto falto de paçiençia y desesperado de verme traer de Anás a Caiphás, de no me descubrir más a ningún hombre ni por pensamiento; sino, pues sabía ya tan bien todas sus çerimonias y vida frairesca, que aquél que vino conmigo los dos días me había enseñado, estarme en cada monesterio los tres días que los otros peregrinos estaban por huéspedes, y hazerles entender que era tan buen fraire como ellos todos; quanto más que sabía çiertos psalmos en griego, de coro, y otras cosillas, con las quales los espantaba y me llamaban didascalos, que quiere decir doctor; todo el pan que podía ahorrar escondido lo guardaba para tener qué comer en el bosque quando me quisiese ir a estar algún día para detenerme más, por si acaso en aquel tiempo pasase algún nabío que me llebase. Salí de aquel monasterio con otro fraire de guía y fui a otro que se llama Agio Pablo, donde me estube mis tres días y cantaba con ellos en el coro, y no se contentaban poco, y la comida era como las pasadas. Acabados mis tres días fui al monasterio Rúsico, que es de rusios, çiertas jente que confina con los tártaros, y está subjeta a la Iglesia griega, y estube los mesmos, y fui a Sant Gerónimo, donde pasé un grandissímo trago; porque estaban unos turcos que habían aportado allí, y preguntáronme [de] dónde era, y dixe que del Chío; y açertó que el uno era de allá, renegado, y luego me preguntó cúyo hijo y en qué calle; y yo en mi vida había estado allá; pero Dios me dio tal gracia, que estube hablando con él más de una hora, dando razón a quanto me preguntaba sin discrepar ni ser tomado en mentira, y aun oían la plática otros dos fraires naturales de allá.
     MATA.-Eso no me lo engargantaréis con una cuchar. ¿Qué razón podíais vos dar de lo que nunca vistes?
     PEDRO.-Andad vos como yo por el mundo y sabréislo. Dábale a todo respuestas comunes; a lo que me preguntó cúyo hijo era, dixe que de Verni, que es nombre que muchos le tienen, y si me preguntaba de quál, deçía que del viejo; ¿y cómo está fulano?: es muerto; el otro no está allí; fulano, está malo; el tal armó una barca cargada de limones para Constantinopla; y otras cosas ansí; ¿parésçeos que me podía eximir?, y aun os prometo que quedó bien satisfecho.

Tomado de: Viaje de Turquía
La odisea de Pedro de Urdemalas
Anónimo (1557)


                     



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