lunes, 16 de junio de 2008

Edy Minguzzi, Feminidad y feminismo (Edad de oro)

EDY MINGUZZI

FEMINITÉ ET FEMINISME,
LA FEMME DANS LE MONDE DE LA TRADITION,
Pardès, Puiseaux 1991

(La Edad de Oro)


Edy Minguzzi es licenciada en letras, especialista en lingüística y en filosofía clásica. Autora de numerosos artículos sobre el hermetismo, el esoterismo, la astrología en semanarios de gran difusión y en revistas especializadas, ella ha escrito ensayos sobre la Alquimia (Alchimia , Milán 1975) y Dante ( El enigma fuerte, El códice oculto de la Divina Comedia, Génova 1988)


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La doctrina tradicional ahorra a la humanidad el insulto ancestral del anthropopitecus darwiniano: los hombres de la "primera edad" (la Edad de Oro, del ser, de la trascendencia) eran criaturas divinas que se precipitaron, a causa de una caída inevitable, en el mundo del devenir. Mitos, leyendas y religiones hacen alusión la "caída". Un pequeño número intentó regresar, sobrepasándose, al mundo del ser y sin duda algunos llegaron: los Héroes, los semidioses, los Grandes Iniciados de todos los mitos. En cambio, la mayoría de los hombres, empujados a bordo del precipicio, decayeron progresiva e ineluctablemente en la materialidad, lo indiferenciado, el caos.
Desde el punto de vista tradicional, la "historia de la humanidad", es el drama de la degeneración de la Edad de Oro a la Edad de Plata, luego la Edad de Bronce, y, finalmente, la Edad de Hierro, nuestra edad precisamente, la última, la que cerrará el ciclo. "Tiempo de la hacha y la espada, tiempo del viento, tiempo del lobo" ,he ahí lo que la Tradición nórdica profetiza para nuestra era. Es la edad de Kali (Kali-yuga), el principio destructor representado por una diosa negra de los mil de brazos, sexo que encierra, aturde y disuelve, y tiempo cuya ley lleva a la muerte (8). Es la última fase de la historia de la humanidad, que irá seguida de un período de ocultación; es el crepúsculo definitivo de los que fueron dioses, antes de la noche más negra.

" Se acerca el tiempo donde el hombre no lanzará ya más allá del hombre la flecha de su deseo" (es decir no podrá y aún más no deseará "superar la condición humana"), “está cercano el tiempo del más despreciable de los hombres, que no sabe ya despreciarse a si mismo (...). La tierra entonces se habrá vuelto más exangüe y sobre ella saltará el último hombre que reduce todo. Su raza es indestructible como la de los pulgones; el último hombre vive el mayor tiempo posible. ' Inventamos la felicidad', dicen los últimos hombres, y guiñan el ojo "(9).
El hombre degenerará al estado simiesco:" la vergüenza del darwinismo, que fue ahorrada a nuestros padres, acecha a nuestros descendientes - al menos es a tales conclusiones que llega el pensamiento tradicional.

Sin duda es más tranquilizador aceptar el poco cómodo ancestro humanoide (sobre todo teniendo en cuenta que su recuerdo a partir de ahora se perdió en la noche del tiempo), compensando eso por la seguridad de un mejor mundo por venir, fruto de Ia evolución y del progreso. ¿Pero quien puede certificarnos lo que la teoría de la evolución, precisamente, no es la última invención eudemonista por medio de la cual el último hombre se anestesiado a si mismo antes de desparecer?

"` Hemos inventado la felicidad ', decimos a los últimos hombres, y guiñan el ojo"...

El dios y la bestia en el mito

Pero la mentalidad moderna, con su manía de la experimentación, exige pruebas concretas y mensurables en cuanto a la validez del pensamiento y las doctrinas tradicionales.
Los darwinistas, ellos, pueden exhibir una extensa selección de cráneos y tibias, de los pesos y volúmenes de materias cerebrales aptas para satisfacer completamente a todos aquellos para los que lo real se reduce al racional. Por el contrario, no existen pruebas empíricas para demostrar la existencia de lo que supera la experiencia. Sólo existe, milenario, el testimonio de la Tradición del que ningún empirismo nunca ha llegado a triunfar. Es, por ejemplo, el testimonio del mito: una voz que todos oyeron, algunos para comprenderlo, la mayoría para deformarlo (...)

(8) Kali viene de Kala “el tiempo”.
(9). F. Nietzsche, Así habló Zarathoustra, t, 5.

(Edy Minguzzi, Feminité et feminisme, la femme dans le monde de la Tradition, Pardès, Puiseaux 1991, p.18-19.)

Es preciso deducir que el inconsciente colectivo (de Jung) , del cual desembocan los mitos, es una herencia cuyas raíces pertenecen al plano físico-biológico, que es el quid gracias al cual el hombre da la mano a la bestia (de Jung a Darwin). En consecuencia el mito no sería nada más que la expresión de tal disposición psicofísica, medio humana, medio bestial.

Los arquetipos que, para Platón, eran la fuente del ser y del conocimiento, "las determinaciones primordiales del puro espíritu" (4), pasan a ser con Jung disposiciones inconscientes o, a lo sumo, manifestaciones de una conciencia caótica y nocturna. Lo que, para el pensamiento tradicional, es la expresión de una sabiduría venida de lo alto se convierte así, para la sensibilidad moderna, en el producto del grado más bajo de la conciencia.

Pero es necesario constatar bien que racionalismo e irracionalismo, el uno como el otro visiones sectoriales de la realidad, son incapaces de entender en su totalidad el sentido que la Tradición sabe distinguir en el mito: el de "hiérofanía", manifestación de lo sagrado. Mitos y leyendas son las hipóstasis a menudo de una realidad metafísica primordial e intemporal que es preciso saber reconocer más allá de sus disfraces contingentes los personajes cambian (Adam, Wotan, Jason, Shiva), pero la realidad es sola y única: quod ubique, quod ab ómnibus et quod semper (5).
El mito no es "funcional": ni en el sentido meteorológico, ni en el sentido diagnóstico o terapéutico de las neurosis. Es mucho más que eso: es la clave que permite penetrar el sacrum, el significado último del ser (6)

(4) T.Burckhardt.Scienza moderna e saggezza tradizionale Borla, Turin, 1968, p.112.
(5) . E. Minguzzi, AIchimia Armenia, Milan, 1975, p.43.(6) Tal es el sentido atribuido por nosotros al mito en esta primera parte donde hemos querido ilustrar precisamente la posición tradicional. Para la interpretación psicoanalítica, ir a la segunda parte.
(Edy Minguzzi, Op cit .p.22 y ss.)

CAPÍTULO II

El HOMBRE Y LA MUJER COMO POLARIDAD CÓSMICA

El Andrógino, el círculo, lo uno

Entre los conocimientos más antiguos de la humanidad, se transmitió la concepción de un divinidad que reconcilia los contrarios y los supera: el dios absoluto y unitario engloba en si mismo las antítesis del universo y las anula trascendiéndolas.

Las tradiciones milenarias de Oriente y Occidente han dramatizado esta intuición en forma de mitos y leyendas teogónicas y cosmogónicas como el orfismo y otras doctrinas esotéricas, por otra parte, enriquecieron de símbolos y de significaciones: "el mito revela, más profundamente de lo que sería posible a la misma experiencia racionalista revelar, la estructura misma de la divinidad, que se sitúa por encima de los atributos y reúne todos los contrarios"(1).

En los comienzos era Chronos, el dios andrógino del tiempo ilimitado (2), que creó un huevo de plata del que nació el primer ser, el andrógino Fanes (3)

El huevo cosmogónico (símbolo, en tanto que esfera, de perfección y totalidad), y el ser masculino-femenino que contiene, tienen por significado la unidad original en la cual están simultáneamente presentes los dos principios, antítesis primordial que se traduce, a nivel biológico, en la polaridad masculino- femenino que representa el andrógino primordial (ya que, como lo tiene en cuenta el M. Eliade, "la ontología arcaica se expresa en términos biológicos").Este mito se encuentra en múltiples tradiciones (4) de los que recordaremos los más recurrentes y los más prestigiosos.

El Hermetismo, que más tarde, desembocó en la Alquimia, reproduce el Huevo primordial por el círculo alquímico del Todo (el Dragón Ouroboros, "que se muerde la cola"), con el máxima én tò pán, "Uno el Todo", la cual se refiere explícitamente a la unidad original del Ser (5).En las doctrinas extremo-orientales aparece un jeroglífico equivalente bajo la forma del Yin-Yang chino se ponen en evidencia los polos opuestos que encierre un círculo (las dos naturalezas o los dos principios).

Es la misma significación que conviene atribuir al signo zodiacal del Cáncer, símbolo de la fecundidad y del origen del cosmos.Los dos principios comprendidos en la unidad suprema son el origen de toda creación, y corresponden, transpuestos a nivel humano, a los polos masculinos y femeninos. Aristóteles lo sabía ya: "El masculino representa la forma específica, y el femenino, la materia. En tanto femenina, es pasiva, mientras que lo masculino es activo "." La doctrina hindú del Samkhya confirma este conocimiento supraracional. Aquí también se oponen los dos principios: prakriti (en sánscrito "materia", y también "mujer"), la materia primera que lleva en ella todos los modos posibles de existencia; raíz de toda multiplicidad y todo devenir, y, por consecuencia, del movimiento, es no obstante completamente pasiva. Y su potencialidad se realiza solamente bajo la acción de su polo contrario y complementario, purusha (que significa también a "hombre", en sánscrito), principio inmóvil de acción y forma.

Es igualmente a la unidad original de los dos principios o naturalezas que hace claramente alusión un mito, del que se encuentran diferentes versiones en las cosmogonías de numerosos pueblos (6) donde la polaridad se transpone explícitamente en la dualidad masculino- femenino.

Este mito es muy conocido. Al principio era el Andrógino, el ser bisexuado del que habla Platón (7). La Biblia lo confirma; “Él lo creó masculino y femenino " (8). En su unidad, el Andrógino es incorruptible e inmortal, y su poder asusta a los dioses que lo separan en dos: de la unidad divina brotan, en adelante diferenciados y antitéticos, los dos principios: ser y devenir, espíritu y materia, acto y potencia, o, más explícitamente, hombre y mujer: “Adán y Eva estaban hechos espina contra espina, ligados uno al otro a la altura de la espalada; Dios entonces los separó de un golpe de hacha, haciendo dos de uno." Algunos profesan otra opinión: el primer hombre era hombre del lado derecho y mujer del lado izquierda, pero Dios lo separó en dos mitades " (9).

Es el mito de la "caída": el Uno un incorruptible e inmortal se divide en la díada: Eva se despega del lado de Adán y se precipita con él en el abismo. De un lado permanece el Edén, la inmortalidad, la edad bienaventurada del Oro y del Ser; del otro, un efímero semblante de vida que comienza y termina en la muerte, recorriendo el ciclo eterno del devenir. Del ser divino indiferenciado, se pasa a la pareja en tanto "caída progresiva en el concreto" de lo sagrado (10).

Los hombres han traducido la polaridad metafísica, considerada ontológicamente de forma intuitiva, en figuras reales y sensibles, o bien lo han dramatizado diversamente en imágenes divinas o mitológicas, o bien lo han reconocido en el eterno retorno de los acontecimientos cósmicos. Transposición geométricas, metáfora, jeroglíficos (y no olvidan que, jeroglífico viene de hierós glyphos, significa "signo sagrado"), personificaciones mitológicas y religiosas que se encuentran en todas las tradiciones y que reducen siempre a la misma polaridad.

Las doctrinas esotéricas occidentales sintetizan, en el triángulo con la punta en alto, del principio ígneo-viril-solar; y en el triángulo, invertido esta vez, el principio acuoso-femenino-lunar . Es quizá la ocasión de tener en cuenta que es esta señal precisamente que ha sido elegida inconscientemente como símbolo por las organizaciones feministas.

(1) M. Eliade, OP cit., p. 351.
(2). Es la transposición griega de dios iraní Zervan, él también andrógino, e igualmente padre de los "dos principios” expresados aquí en términos morales de Bien y mal (Ormuzd et Ahriman).
(3). O. Kern, Orphicoruim fragmenta, 60. (4) Cf., por ej., M. Eaiade, OP cit., p. 347-349.
(5). E. Minguzzi, Alchirnia, cit., p. 45 y sq..
(6) M. Eliade, OP cit., p. 3,52 y sqq.
(7). Simposium (el Banquete), XIV-XV, 189 e, 190l c.(8). Génesis, 1, 27.
(9). Bereshit rabba, I, 1, fol. 6, col 2.
(10) M.. Eliade, OP cit., p. 57.

(Edy Minguzzi, Op cit .p.29-32.)

El retorno del Andrógino

El hombre, la mujer y el amor

Hemos buscado hasta ahora precisar la naturaleza del polo femenino gracias un examen tipológico de los mitos, de las formas y símbolos a través de los cuales de los Antiguos la habían reconocido como la eterna virtualidad en espera de recibir una forma: la mitad femenina del Andrógino aspira unirse a la otra mitad a fin de reintegrar la perfección del Uno primordial. El hombre y la mujer deben volver a ser uno el para realizar la palingenesia.

Pero su fusión debe efectuarse bajo la señal del trascendencia: no son solamente los cuerpos que deben unirse sino, sobre todo, los "principios", las "naturalezas": lo que, en el hombre, reflejo del Uno y de la trascendencia, es ser, inmutabilidad y actividad debe vivificar al sentido superior lo que, en la mujer, es devenir, fluidez y pasividad.

Al hombre corresponde dar a la mujer la forma - mientras que ésta, en una donación total de si, debe transfigurarse en el hombre, llegando a ser consubstancial en él. Es a esta unión sacra que hacen alusión los mitos de numerosos pares divinos: Purusha, se une a dios impasible, Prakrti, su Fuerza; el dios de la tradición cabalística se une su Shekinah, como Zeus a Metis, "la Sabiduría"; como Shiva se funde con Shakti, la Potencia y la Fuerza-Vida del dios, y la cual da una forma, un límite, una dirección, a imagen del lecho del río que da una forma y un sentido al flujo de las aguas – las cuales le procuran a cambio vida y sustancia. Sobre el plano humano, la acepción del concepto de fuerza-vida como valencia cósmica vinculada a la mujer, está en el origen de los todos sistemas familiares arcaicos que le atribuían el papel de guardiana del fuego, emblema de la energía vital de la que la mujer era la expresión viviente y de la que Vesta, diosa del hogar, era el símbolo universal. Es la mujer a quien corresponde evocar ritualmente la fuerza sagrada del fuego y perpetuar el sostén a la familia, a quien el pater imprimía su especificidad. Ella sola detentaba ese poder si es cierto que, una vez muerta la esposa del Flamen Dialis (y Flamen es el sacerdote del fuego, como lo atestigua la afinidad con flamma y con Bhrahman -), éste se veía destituido de su cargo puesto que solamente la mujer tenía el poder de activar la fuerza ígnea que él dirigía en un sentido superior.

Es a esta función capital ejercida por la mujer a quien remonta el nombre de "ángel del hogar" - etiqueta que hoy día rechazan con desprecio, violencia y sarcasmos nuestras amas de casa. En realidad, desapareciendo toda dimensión sacra de la vida, el "hogar" en tanto que sede simbólica de una presencia espiritual no existe ya, y esta expresión sirve más bien de hipócrita cobertura de actividades puramente materiales y degradantes que, en la Antigüedad, se les confiaba a los esclavos o a los animales domésticos. Pero ciertamente no a la mujer (1).

En el matrimonio, reconstrucción humana del Andrógino divino, los dos principios son, en consecuencia, complementarios: al heroísmo viril de la actividad corresponde de manera igual el heroísmo femenino de la pasividad. Lo mismo que el hombre debe realizarse de manera trascendente anulando en él todo abandono a lo indiferenciado, a lo femenino, a lo pasivo, de la misma manera la mujer debe realizarse como tal dando siempre más relieve en ella a esos trazos específicamente femeninos que son el don de si, la receptividad y la dependencia. El matrimonio tradicional es una alquimia espiritual: las dos naturalezas deben ser purificadas de toda escoria si se quiere reconstruir lo absoluto. Es esto que hace alusión Nietzsche cuando "lanza esta cuestión" en alma del lector a fin de "conocer la profundidad": "¿Eres tu el vencedor de ti mismo, maestro de tus sentidos y tu virtud?" Así te interrogo yo. ¿O en tu voz es la bestia lo que habla, y la indigencia? ¿O el asolamiento? ¿O la discordia con ti mismo? Tú debes construir más alto que tu mismo. Pero es necesario en primer lugar que te construyas a ti mismo, cuadrado del cuerpo y alma. Tu no debe solamente propagar tu raza extendiéndola, sino también elevándola. Que el jardín del matrimonio te sirva para eso. Tú debes crear un cuerpo superior, un primer movimiento (...). Tu debes crear a un creador. Matrimonio Es así como llamo la voluntad de crear en dos el único que está más que los que lo han creado "(2).

Es esto el amor en sentido más eminente." El deseo de generar en la Belleza", el más sublime de los arquetipos platónicos, traduce el deseo de generar al Andrógino de los orígenes. Es al mismo proceso que se refiere Empédocles a propósito de los cuatro elementos: Fuego y Aire, Agua y Tierra, símbolos de lo masculino y de lo femenino, dividido por el Odio que los ha hecho degenerar en Caos, deben fundirse, gracias a la fuerza del Amor, en la unidad inmortal de la Esfera, espíritu sagrado y divino que reconcilia los contrarios en el Uno.

A este respecto, el matrimonio se vivía como un hierogamia ("nupcias sagradas"). Conforme a esta concepción, las civilizaciones tradicionales han conservado hasta los tiempos propiamente históricos algunas prácticas que aparecen "absurdas " al materialismo moderno, tal como el sati indio (el sacrificio de la esposa sobre la pira de su marido), culminación del don de si gracias al cual la mujer se transformaba en la esencia de su esposo; o como uso del harem, que tenía, en el origen, un función bien diferente de la que le han asignado los emires petroleros. La clausura del harem permitía a las mujeres cultivar un don total de si, superior a la celosía recíproca como al deseo de poseer egoístamente al hombre amado. Ya que es en eso en lo que consiste la pureza femenina: amar sin poner condiciones, sin pretender el exclusivismo sexual, con el fin de realizar la vía que es suya. Tales consideraciones pueden hoy día prestarse a la ironía fácil de quien milita contra el poder "falocrático" y contra la cultura "androcrática". Convendría no obstante precisar que, en el espíritu tradicional, la "falocracia" no estaba considerada más que como un vulgar priapismo, un subproducto indigno y materialista de la virilidad. Príapo, por otra parte, expresión de la sexualidad sin freno como Dionisos, pertenece, como hemos visto, a la naturaleza "femenina", incontinente, pasional y esclava de sus sentidos. En cuanto a la "androcracia", en el sentido económico y social del término, no es más que la desacralización y la degradación de la virilidad contra la cual la mujer de hoy día se rebela a justo título.

Pero la mujer de la Tradición no se ofrecía un falócrata mezquino, sino a un ser digno de don. Es sobre el mismo espíritu que se funda hoy día aún el estado monástico: con motivo de sus nupcias místicas, la hermana se consagra a su Dios, en una abnegación absoluta con el fin de trascenderse - exactamente como la mujer se consagraba no tanto al hombre como al principio trascendente, y por lo tanto divino, que él encarna. Se trataba de orientar de manera sacral su propia vida teniendo en cuenta la superación de si. "Haciéndose cosa" voluntariamente, la mujer se trascendía a si misma (3).

El Zaratustra de Nietzsche no enseñaba nada diferente:” Sed del Creador, flecha y deseo del Superhombre "(es decir de la superación del ser humano)," “habla, hermano mío, ¿es esa tu voluntad de matrimonio? Yo creo sagrada tal voluntad y sagrado tal matrimonio "."

(1). Por lo que se refiere a la situación de los esclavos en las sociedades tradicionales, véase, J. Evola, Revuelta contra el mundo moderno, ED de I' Homme, Montreal- Bruselas, 1972. y del Arco y de la maza, de Guy Trédaniel-Pardés, París-Puiseaux, 1984.
(2) Así habló Zaratustra.Del hijo y del matrimonio(3) J. Evola, en Metafísica del sexo, Payot, coll. "P.B.P.". París, 1976, trata de manera más amplia y más específica este sujeto.(Edy Minguzzi, Op cit .p.55-59.)

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NOTAS DE MITOLOGÍA GRIEGA

EL PRINCIPIO DE TODAS LAS COSAS Y URANO

En un principio no existía la Tierra, sólo una masa sin forma compuesta de los cuatro elementos (agua, tierra, aire y fuego), en la cual reinaba Caos, una deidad oscura, al lado de su esposa, Nyx (la oscura diosa de la noche).
El hijo de ambos, Erebo (las tinieblas), destronó y suplantó a su padre, y posteriormente se casó con su propia madre. De esta unión nacieron Eter (luz) y Hemera (Día), quienes a su vez, unieron sus fuerzas y destronaron a sus padres. Ahora el "espacio" estaba iluminado por ellos, que examinaron toda la confusión y crearon a Gea (la Tierra) de la cual nacieron Urano (el cielo ), Ponto (el mar), y Eros (el símbolo del amor y de la vida). Esta es sólo una versión de las muchas existentes acerca de la creación del mundo, y es la más aceptada.
La Tierra así creada, era una especie de disco y el Olimpo, su mítico reino, estaba situado justamente en el centro. Ponto dividía a la Tierra en dos partes iguales, y al norte se encontraba una raza de hombres muy afortunada, los Hiperbóreos, quienes vivían siempre felices, libres de enfermedades y muerte, y cuyo país era inaccesible por tierra y por mar.
Eter y Hemera no gozaron por mucho tiempo su reinado, ya que Gea y Urano se unieron y al superar su poder al de sus padres, los venció Urano y quedó como el gobernante de todo ese mundo.

CRONOS

De la unión de Gea y Urano nacieron los Cíclopes: Brontes (Trueno), Esteropes (Relámpago) y Arges (Brillo), Gigantes con un solo ojo en medio de la frente; los Hecatonquiros o Centimani: Coto, Briareo y Gies, seres de gran estatura con cien manos; y los Titanes: Océano, Coeo, Crio, Hiperión, Japeto, Cronos, Ilia, Rea, Temis, Tetis, Mnemosine y Febe.
Sin embargo, Urano temía que sus gigantescos hijos un día superaran también su poder, por lo que los envió al oscuro abismo del Tártaro (el infierno), donde los encadenó.
Gea no estaba satisfecha con el trato dado a sus hijos, pero Urano se negaba a dejarlos en libertad y ésta juró vengarse, y descendió al Tártaro, donde incitó a los Titanes a conspirar en contra de su padre. Ninguno tenía el valor para hacerlo, excepto Cronos (Saturno, Tiempo). Gea lo liberó y le proporcionó una gran hoz o guadaña, y así armado Cronos sorprendió a su padre y lo castró, arrojando los restos mutilados al mar.
Algunas versiones dicen que al caer al mar, nació Afrodita. De la sangre que cayó en la tierra nacieron las Erinas, quienes serían las vengadoras de cualquier derramamiento injusto de sangre.
Urano maldijo a su hijo, y le profetizó que un día también él sería vencido por su descendencia.
Así, Cronos liberó al resto de los Titanes, y se casó con su hermana Rea (Cibeles), y asignó partes del mundo a sus hermanos. A Océano y Tetis los dejó a cargo de los ríos, mares y océanos; a Hiperión y Febe les dio la dirección del sol y de la luna respectivamente.

LOS DIOSES OLÍMPICOS

Cuando Rea le anunció que sería padre, Cronos se aterrorizó al recordar la maldición de Urano. Entonces, en cuanto nació el bebé, pidió tomarlo en brazos ¡y se lo comió!
Lo mismo sucedía cada vez que nacía un hijo suyo. Hasta que nació Zeus, el último, a Rea se le ocurrió que en lugar de mostrarle al niño, le daría una piedra envuelta en pañales. Cronos no se dio cuenta del engaño y devoró la piedra. Rea escondió al joven Zeus, y con una poción preparada por Metis, hija de Océano, Cronos vomitó la piedra y también "devolvió" a los hijos que se había comido, que resultaron ser Poseidón, Hades, Hestia, Démeter y Hera.

ZEUS

Hijo de Cronos y Rea. Es el dios más importante del Olimpo, tiene el titulo de padre de los dioses.Zeus es el dios de la Luz. Personifica el Cielo con todo su poderío, es el símbolo de la lluvia, el viento, las tormentas, del ciclo de las estaciones y de la sucesión de la noche y el día. Su misión es mantener el equilibrio del Universo y proteger los privilegios de los dioses. El poder de Zeus es grande pero limitado, pues él también está sometido a las leyes del Destino .

ATENEA

Hija de Zeus y de Metis. Diosa de la Sabiduría. Es una diosa guerrera, pero no le gusta la guerra, antes de entrar en combate siempre intenta arreglar los conflictos de manera pacífica, sin embargo, una vez que entra en batalla nunca es derrotada. También preside las artes, los oficios y el conocimiento en general, muchas veces era solicitada como juez.
Es la diosa virgen por excelencia, como lo indica su epíteto Parthenos, que significa doncella. Atenea es la hija favorita de Zeus, en un principio ni siquiera tiene armas propias, se las pide prestadas a su padre cuando las necesita. También comparte con él la égida.
Metis fue la primera esposa de Zeus. Pero habiéndole advertido el oráculo, que el primer vástago que tuviese con Metis seía un niña y que el segundo sería un varón que lo destronaría. Zeus para evitar el peligro se tragó a Metis, que ya estaba embarazada de Atenea. Tiempo más tarde le sobrevino a Zeus un terrible dolor de cabeza, Hefesto le abrió la cabeza de un hachazo y de allí salió Atenea ya adulta con un grito de guerra.
Se la representa armada con lanza, casco, escudo redondo con la cabeza de la Medusa la égida y sandalias aladas. Al ser una de las diosas más importantes del Olimpo es frecuente su participación en mitos y leyendas, ya sean propios o ajenos.

APOLO

Hijo de Zeus y Leto. Es la personificación del Sol, así como su hermana gemela Artemisa representa a la luna. También tiene otros atributos como dios de la poesía, de la música, de la medicina y de las artes adivinatorias. Es también el dios de la poesía y como tal preside el coro de las nueve Musas,"coronado de violetas", que viven en el monte Helicón. Su más famoso precepto fue una sensata recomendación psicológica: "Conócete a ti mismo".
Viaja en un carro de cisnes y suelen acompañarlo las Cárites Su epíteto de Febo se supone que significa el brillante, el luminoso y hace referencia al calor solar que hace madurar los frutos, pues Apolo es el dios del verano.

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