viernes, 3 de julio de 2026

LA IGLESIA PAGANA (Paul Evdokimov)

 

LA IGLESIA PAGANA

 

La femme et le salut du monde

Paul Evdokimov

Desclée de Brouwer 1978 pp 76-77

 

5. La antropología litúrgica o doxológica

 

La concepción ortodoxa no conoce rupturas; hay pluralidad de planos y eones, pero siempre con una misteriosa continuidad y una estrecha correspondencia. Ve incluso en la historia un fenómeno religioso, pues el paganismo se llama litúrgicamente «Iglesia infructuosa, estéril», pero Iglesia, al fin y al cabo. La imagen muy familiar para los Padres, en cuanto hablan de la caída, es la integridad «rota en mil pedazos por el pecado 30 ». Pero, en su infinita paciencia, Dios dedica su tiempo a volver a empezar, «pegando» los fragmentos dispersos para reconstituir la unidad inicial. Esto proporciona a los Padres una idea rica en implicaciones para la historia de las religiones y la misionología. Hablan de las «visitas» del Verbo antes de la Encarnación, en los mundos religiosos ajenos a la revelación cristiana; el Verbo se manifiesta así de una manera más kenótica, más oculta, en la iglesia invisible, la iglesia pagana.

 La continuidad de los planos acerca los mundos angélico y humano, y esta proximidad tan íntima de las fuerzas celestiales inspira el paso del esbozo a lo consumado, del vacío a la plenitud carismática: gratia plena, y condiciona la antropología hagiophánica en sus aspectos litúrgico y doxológico.

La «pequeña» y la «gran entrada» en la liturgia ortodoxa van acompañadas de la entrada de la jerarquía de los ángeles. El hombre se une a su canto, en primer lugar, en el Trisagio: «Dios Santo, Santo Fuerte, Santo Inmortal»: el Padre, fuente de santidad, el Santo; el Hijo, el Fuerte, aquel que triunfa sobre la muerte; el Espíritu Santo, el vivificador, soplo de vida. Y el segundo canto, el Sanctus, resume el tema de la Anáfora, la adoración eucarística trinitaria; el ministerio humano y el ministerio de los ángeles se unen de nuevo en el mismo impulso de adoración: Santo, Santo, Santo, es el Señor de los ejércitos. El cielo y la tierra están llenos de su gloria (cf. Is. 6, 3). «Sed santos, sed perfectos» se refieren a la misma plenitud, al contenido positivo del siglo futuro que ya ha comenzado aquí en la tierra. Un santo no es un superhombre, sino aquel que encuentra y vive su verdad de hombre como ser litúrgico. La definición antropológica encuentra su expresión más exacta y plena en la adoración litúrgica: el ser humano es el hombre del Trisagio y del Sanctus: «Cantaré a mi Dios mientras viva» (Sal 103, 33). Es por esta «acción» por lo que el hombre es «apartado» (hecho santo). Cantar a su Dios es su única preocupación, es su única «tarea».

30. San Máximo: Quaest. ad Thalass., P. G. 90, 25 B. En san Agustín, es la imagen de Adán; al caer y romperse, llenó de sus fragmentos todo el universo. Dios recoge los fragmentos, los funde en el fuego de su caridad y reconstituye la unidad quebrantada. In psalm. 95, n. 15.

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