LA IGLESIA PAGANA
La femme et le salut du monde
Paul Evdokimov
Desclée de Brouwer 1978 pp 76-77
5. La antropología litúrgica o doxológica
La concepción ortodoxa no conoce rupturas; hay pluralidad
de planos y eones, pero siempre con una misteriosa continuidad y una estrecha
correspondencia. Ve incluso en la historia un fenómeno religioso, pues el
paganismo se llama litúrgicamente «Iglesia infructuosa, estéril», pero Iglesia,
al fin y al cabo. La imagen muy familiar para los Padres, en cuanto hablan de
la caída, es la integridad «rota en mil pedazos por el pecado 30 ». Pero, en su infinita paciencia, Dios dedica
su tiempo a volver a empezar, «pegando» los fragmentos dispersos para
reconstituir la unidad inicial. Esto proporciona a los Padres una idea rica en
implicaciones para la historia de las religiones y la misionología. Hablan de
las «visitas» del Verbo antes de la Encarnación, en los mundos religiosos
ajenos a la revelación cristiana; el Verbo se manifiesta así de una manera más
kenótica, más oculta, en la iglesia invisible, la iglesia pagana.
La continuidad de
los planos acerca los mundos angélico y humano, y esta proximidad tan íntima de
las fuerzas celestiales inspira el paso del esbozo a lo consumado, del vacío a
la plenitud carismática: gratia plena, y condiciona la antropología
hagiophánica en sus aspectos litúrgico y doxológico.
La «pequeña» y la «gran entrada» en la liturgia ortodoxa
van acompañadas de la entrada de la jerarquía de los ángeles. El hombre se une
a su canto, en primer lugar, en el Trisagio: «Dios Santo, Santo Fuerte, Santo
Inmortal»: el Padre, fuente de santidad, el Santo; el Hijo, el Fuerte, aquel
que triunfa sobre la muerte; el Espíritu Santo, el vivificador, soplo de vida.
Y el segundo canto, el Sanctus, resume el tema de la Anáfora, la adoración
eucarística trinitaria; el ministerio humano y el ministerio de los ángeles se
unen de nuevo en el mismo impulso de adoración: Santo, Santo, Santo, es el
Señor de los ejércitos. El cielo y la tierra están llenos de su gloria (cf. Is.
6, 3). «Sed santos, sed perfectos» se refieren a la misma plenitud, al
contenido positivo del siglo futuro que ya ha comenzado aquí en la tierra. Un
santo no es un superhombre, sino aquel que encuentra y vive su verdad de hombre
como ser litúrgico. La definición antropológica encuentra su expresión más
exacta y plena en la adoración litúrgica: el ser humano es el hombre del
Trisagio y del Sanctus: «Cantaré a mi Dios mientras viva» (Sal 103, 33). Es por
esta «acción» por lo que el hombre es «apartado» (hecho santo). Cantar a su
Dios es su única preocupación, es su única «tarea».
30.
San Máximo: Quaest. ad Thalass., P. G. 90, 25 B. En san Agustín, es la imagen
de Adán; al caer y romperse, llenó de sus fragmentos todo el universo. Dios
recoge los fragmentos, los funde en el fuego de su caridad y reconstituye la
unidad quebrantada. In psalm. 95, n. 15.
No hay comentarios:
Publicar un comentario