SACRIFICIO, EXPIACIÓN.
Le Dictionnaire de René Guénon
Jean Marc Vivenza
Le Mercure Dauphinois,
Grenoble 2002
En un principio, el primer Sacrificio (yâga) corresponde,
según la
tradición védica, a la división de los miembros del
Purusha* primordial,
de los que proceden todos los seres manifestados,
«descripción simbólica del
paso de la unidad a la multiplicidad, sin el cual no podría
existir, de hecho, ninguna Manifestación*». En este
sentido, cada
sacrificio debe considerarse como una imagen directa de ese
primer
sacrificio cosmogónico, ese orden* (rita) fundamental que
implica en
su totalidad una «desintegración» y una «reintegración», al
tiempo que
hay que tener presente, como recuerdan los Brâhmanas, que
la víctima no es
diferente del sacrificador, y esto de conformidad con las
leyes iniciáticas
universales según las cuales «el iniciado es una ofrenda»
(Taittiriya
Samhitâ, VI, 1, 4, 5), «la víctima es, en esencia, el
propio sacrificador
» (Aitarêya Brâhmana, II, 11). Es innegable, a este
respecto, que
el grado de Maestro, en la masonería*, ilustra bastante
bien esta unidad entre
la víctima y el sacrificador, y ello tanto más cuanto que
introduce, al menos
virtualmente, a la reintegración en «el estado
primordial*».
Cabe señalar, por otra parte, en un ámbito más inmediato,
que René
Guénon utilizaba el término «sacrificio», no en el sentido
moral que le ha sido
conferido por el lenguaje moderno, sino en el sentido
original que le es
propio, es decir, aplicándolo a los seres que asumen una
misión de «
descenso» en el seno de la Manifestación. El «descenso»
representa
, por tanto, una especie de «sacrificio», no por
«altruismo», «humanismo» u
otras trivialidades «ideales» ensalzadas por los
moralistas, sino por el
carácter particular de este proceso, que debe considerarse
como un
auténtico «ritual» que pone en práctica el «sacrificio»
primordial del «
Hombre Universal*» (Mahâ-Purusha), prototipo mismo de todos
los
demás sacrificios posteriores.
Este hombre «en misión» es, por tanto, una auténtica
«víctima» debido
a la obligación que le imponen las leyes divinas de salir a
la luz y aparecer en el mundo como portador de un
mensaje «trascendente», de ahí la tentación habitual que se
observa
en los Profetas y los Avatâras* de rechazar esta «misión»
para
permanecer en la sombra, en la noche de lo no manifestado.
René Guénon
precisa que la idea del Sacrificio también encierra un
sentido
complementario, sentido que nos proporciona la etimología
de la palabra «
sacrificar»: sacrum facere, es decir, el acto de «hacer
sagrado», lo cual es
en definitiva el objetivo mismo del Sacrificio. Por ello,
los «sacrificados» son
seres «apartados», diferenciados de los seres comunes, al
igual que aquellos
que han alcanzado la liberación* mediante la realización
del Ser*, completando,
en cierto modo, la jerarquía de los grados espirituales.
(Símbolos de la Ciencia Sagrada, cap. XLVI, «Reunir lo que
está
disperso». Iniciación y realización espiritual, cap. XXXII,
«Realización
ascendente y realización descendente».)
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