lunes, 29 de junio de 2026

SACRIFICIO, EXPIACIÓN. (Jean Marc Vivenza)

 

SACRIFICIO, EXPIACIÓN.

Le Dictionnaire de René Guénon

Jean Marc Vivenza

Le Mercure Dauphinois, Grenoble 2002

 

En un principio, el primer Sacrificio (yâga) corresponde, según la

tradición védica, a la división de los miembros del Purusha* primordial,

de los que proceden todos los seres manifestados, «descripción simbólica del

paso de la unidad a la multiplicidad, sin el cual no podría

existir, de hecho, ninguna Manifestación*». En este sentido, cada

sacrificio debe considerarse como una imagen directa de ese primer

sacrificio cosmogónico, ese orden* (rita) fundamental que implica en

su totalidad una «desintegración» y una «reintegración», al tiempo que

hay que tener presente, como recuerdan los Brâhmanas, que la víctima no es

diferente del sacrificador, y esto de conformidad con las leyes iniciáticas

universales según las cuales «el iniciado es una ofrenda» (Taittiriya

Samhitâ, VI, 1, 4, 5), «la víctima es, en esencia, el propio sacrificador

» (Aitarêya Brâhmana, II, 11). Es innegable, a este respecto, que

el grado de Maestro, en la masonería*, ilustra bastante bien esta unidad entre

la víctima y el sacrificador, y ello tanto más cuanto que introduce, al menos

virtualmente, a la reintegración en «el estado primordial*».

Cabe señalar, por otra parte, en un ámbito más inmediato, que René

Guénon utilizaba el término «sacrificio», no en el sentido moral que le ha sido

conferido por el lenguaje moderno, sino en el sentido original que le es

propio, es decir, aplicándolo a los seres que asumen una misión de «

descenso» en el seno de la Manifestación. El «descenso» representa

, por tanto, una especie de «sacrificio», no por «altruismo», «humanismo» u

otras trivialidades «ideales» ensalzadas por los moralistas, sino por el

carácter particular de este proceso, que debe considerarse como un

auténtico «ritual» que pone en práctica el «sacrificio» primordial del «

Hombre Universal*» (Mahâ-Purusha), prototipo mismo de todos los

demás sacrificios posteriores.

Este hombre «en misión» es, por tanto, una auténtica «víctima» debido

a la obligación que le imponen las leyes divinas de salir a

la luz y aparecer en el mundo como portador de un

mensaje «trascendente», de ahí la tentación habitual que se observa

en los Profetas y los Avatâras* de rechazar esta «misión» para

permanecer en la sombra, en la noche de lo no manifestado. René Guénon

precisa que la idea del Sacrificio también encierra un sentido

complementario, sentido que nos proporciona la etimología de la palabra «

sacrificar»: sacrum facere, es decir, el acto de «hacer sagrado», lo cual es

en definitiva el objetivo mismo del Sacrificio. Por ello, los «sacrificados» son

seres «apartados», diferenciados de los seres comunes, al igual que aquellos

que han alcanzado la liberación* mediante la realización del Ser*, completando,

en cierto modo, la jerarquía de los grados espirituales.

 

(Símbolos de la Ciencia Sagrada, cap. XLVI, «Reunir lo que está

disperso». Iniciación y realización espiritual, cap. XXXII, «Realización

ascendente y realización descendente».)

No hay comentarios: