sábado, 4 de febrero de 2017

RENÉ GUÉNON Y LA REENCARNACIÓN.

(EXTRACTO DE: J. C.: ALGUNAS CONSIDERACIONES ACERCA DE LA OBRA DE RENÉ GUÉNON) (Etudes Traditionnelles, nº Especial -293-294-295- dedicado a  R. Guénon,1951)
   
   
   
    J. C.: RENÉ GUÉNON Y LA REENCARNACIÓN. 

    1.- Ninguna otra cuestión parecería haber provocado más malentendidos y controversias que la de la reencarnación (aparte de aquella del Atman y de Ishwara), no porque ella presente dificultades excepcionales,sino más bien porque para exponerla correctamente en todos sus diversos aspectos serían necesarios desarrollos bastante extensos acerca de nociones que resultan
    completamente extrañas a los occidentales.
    No podemos siquiera pensar en desarrollar aquí semejante exposición, y algunas explicaciones muy reducidas correrían el riesgo de aumentar aun más la confusión que impera en este dominio. No obstante nos parece que a pesar de tales inconvenientes no podemos dejar de presentar al menos algunas
    consideraciones fundamentales sobre ciertos puntos esenciales.
    2.- Ante todo, debe subrayarse el hecho (cuya importancia exigiría un estudio especial) de que mientras que las religiones occidentales niegan la reencarnación, en cambio los pueblos orientales, particularmente aquellos que se vinculan con la civilización india, creen en una sucesión de existencias bajo formas humana, animal, etc. ... (los cinco destinos). Esta
    oposición es del mismo tipo que la que parece existir entre las tradiciones aparentemente "creacionistas" y aquellas otras aparentemente "emanacionistas", o entre las tradiciones que consideran basado el origen de la existencia separada en la "Atracción Original" (Nahash), y aquellas que lo hacen nacer de Avidyâ, la ignorancia o ilusión.
    En efecto, como siempre sucede en estos casos, se trata de "puntos de vista" diferentes respecto a la "Realidad Total", la cual conlleva una "indefinidad" de los mismos, y no existe -ni puede existir- ninguna contradicción real entre ellos. Por el contrario, podría cometerse un grave error, si no se precisara a qué corresponde cada punto de vista especial, es decir, si no se establecen sus limitaciones (o sus límites) y sus relaciones
    con los demás puntos de vista.
    3.- Tal como decíamos al comenzar este escrito, René Guénon tuvo como cometido fundamental el de la exposición metafísicamente exacta de las doctrinas tradicionales, abordando sólo en la medida en que resultaba estrictamente indispensable a esta finalidad la descripción cosmológica de la Manifestación Universal en sus relaciones con el devenir humano.
    Así es como, en su obra fundamental, "El hombre y su devenir según el Vêdânta", expuso completamente (si bien de manera abreviada) las diversas etapas que recorre aquello que es presentemente el hombre, cuando éste sigue uno de los caminos que conducen desde el estado humano a la Liberación; en   cambio, dejó de abordar, salvo por una alusión a la teoría de los ciclos, la exposición del devenir del Ser en el pasaje desde un estado individual humano a otro estado individual.
    4.- Desde luego que Guénon ha demostrado metafísicamente (Cap. VI de "El error espiritista") el carácter erróneo de lo que los occidentales entienden por "reencarnación", es decir, el pasaje de una misma substancia separada, de naturaleza espiritual, o alma (formando una especie de mónada), por una
    sucesión de estados corporales (11).
    Por otra parte, debemos añadir de inmediato que no conocemos ningún texto canónico, ya sea oriental u occidental, dónde la reencarnación -entendida de esta forma- se halle mencionada, y esto simplemente por la razón suficiente de que no conocemos ninguno dónde la noción de alma, tal cómo la consideran los occidentales modernos (substancia + unitaria + espiritual + individual) (12), se encuentre asociada ya sea a la idea de retorno a un mismo estado, ya sea también a la idea de una supervivencia después de la muerte.
    Todo lo que ha sido dicho de contrario a esta afirmación descansa sobre errores de interpretación o de traducción, y es consecuencia de esta enfermedad de los hombres del Kali-Yuga que tanto les dificulta concebir las existencias sin formas o existencias que no se vean sostenidas por substancias separadas o irreductibles.
    Ahora bien, ni el Judaísmo (dónde ni Néfesh, ni Rúaj, ni Neshamá corresponden a lo que los modernos denominan alma y espíritu), ni en el Cristianismo (dónde San Pablo naturalmente se limitó a transponer estos términos hebraicos), ni en el Brahmanismo (donde Atman no tiene nada en común con el alma de los modernos) ni en el Bhagavad-Gîta (dónde la fórmula
    utilizada en el capítulo II, 22, designa a la serie causal individual que engendra una continuidad de vidas sobre vidas a través de la corriente de las formas), ni mucho menos en el Budismo o en el Lamaísmo (dónde el Alaya Vîjnana corresponde a la fórmula del Bhagavad-Gîta), ni en el Islam esotérico; en una palabra, en ninguna de las formas ortodoxas, jamás existió
    nada parecido, y la concepción moderna occidental es a las concepciones metafísicas de oriente lo que la devoción visceral al Sagrado Corazón es al ardor del amor informal del verdadero cristiano por el Verbo Supremo, encarnado (luego manifestado) en Jesucristo, Aquel que es para el cristiano la fuente por la cual se produce en el hombre todo aquello que es Amor y por el cual subsisten y se mueven, en el Cosmos, el Sol y las demás Estrellas.
    5- Pero, precisamente dado que las cuestiones propiamente metafísicas son tratadas ante todo en su rango primordial (ya sea que se trate del Mahâprajnâ Parâmita en el Lamaísmo, de los Brahma-Sûtras en el Brahmanismo, etc.), una sección importante de la enseñanza sagrada del oriente se refiere a la descripción cosmológica de la Manifestación Universal en sus relaciones
    con el estado humano (Abidharma en el Lamaísmo, etc.) así como sobre los aspectos individuales y sobre las técnicas correspondientes (Tantras o Rgyud).
    Ahora bien, esta descripción puramente fenoménica pone en juego todos los procesos englobados sumariamente dentro de lo que los antiguos pitagóricos llamaban metempsicosis y de la cual quisiéramos tratar de brindar, aunque más no fuera, una somera idea.
    6.- El estado humano, caracterizado por la posesión de Manas (órgano mental)(simple participación, por lo demás, con el Manú cósmico) conlleva un cierto número de características psicológicas (13), entre las cuales figura la memoria.
    Por una parte, la serie interna de los estados que recorre un hombre durante el transcurso de su existencia individual engendra la determinación del estado de existencia que le sucederá a este estado humano.
    Por otra parte, la serie externa (correspondiente a la precedente) de sus actos durante el transcurso de la existencia presente ha engendrado, tanto en el mundo grosero como en el mundo sutil, una serie de causalidades, entre las cuales una gran parte pertenece a esos complejos psicomentales que
    nosotros tenemos la costumbre metafísicamente errónea de considerar como constitutivos del ser individual humano que conocemos (mientras que no son más que elementos físicos que durante el transcurso de la existencia entran en la composición del cuerpo grosero y después se retiran del mismo).
    Estas series de causalidades se despliegan después de la muerte, engendrando sucesiones de estados psicomentales, centralizados (o agregados) sobre una o más existencias individuales, que serán a éste respecto, dentro de este
    límite y bajo esta forma, la continuación dentro del dominio psico-mental de la existencia psicológica del desaparecido.
    Así se constituyen las "reencarnaciones" del muerto, que no tienen en realidad nada que ver con la reencarnación, puesto que se trata exclusivamente de una metempsicosis.
    7.- Ésta es la oportunidad para indicar que, en ciertos casos, la concentración unificadora de la vida psicológica durante el transcurso de una existencia humana puede ser tal que casi todos los elementos psicológicos que estaban ligados a esta nueva existencia se ven conducidos a reagruparse dentro de una misma nueva existencia humana, de manera que tal continuidad serial así creada ofrece la ilusión de una transmisión    substancial.
    Del mismo modo, en el arco iris, algunas gotas de agua entran dentro de la zona dónde la ilusión del color parece localizada para un observador, y después salen de la misma sin que en realidad haya ningún color que subsista allí dónde se lo veía, apoyado en alguna substancia colorida.
    8.-Por lo demás, en ciertos casos, la realización de un estado donde determinados elementos no-individuales, no-humanos, se manifiestan a través de la forma humana (ver lo que dijimos anteriormente a propósito de la realización metafísica) se acompaña precisamente de la realización de esta concentración unitaria que estábamos considerando. En este caso, la
    continuidad serial considerada está acompañada por una análoga continuidad de la manifestación del elemento no-individual no-humano, y esto corresponde a lo que el Lamaísmo designa como Tûlkus (por ejemplo, el Dalai-Lama, Tûlku parcial de Soubhoti al mismo tiempo que de Avalokitêshwara, que continúa
    además su existencia dentro de diversas formas y condiciones que corresponden a su definición y a sus funciones).
    Por otra parte, es necesario aclarar que semejante transmisión permanece sujeta a muchas incertidumbres, ya que ella está subordinada a las condiciones cósmicas generales, y los agregados de elementos que así se suceden seriadamente pueden soportar cambios por adiciones, sustracciones, o
    incluso modificaciones correlativas a las modificaciones de la biología humana sobre el conjunto de la Tierra durante todo el transcurso de la duración.
    9.- Finalmente, para terminar con este tipo de cuestiones, debemos añadir que, tal como en nuestro mundo occidental muchos creyentes perfectamente incapaces de cualquier actividad propiamente intelectual toman al pie de la letra la terminología religiosa y, de hecho, adoran más o menos conscientemente algunas imágenes esculpidas o pintadas, o determinadas    imágenes psicomentales, también en oriente el vulgo poco dotado desde el punto de vista metafísico o poco instruido ve fácilmente en aquellos fenómenos de continuación serial que acabamos de describir lo que los ocultistas y neoespiritualistas de todo tipo entienden por reencarnación.
    Por lo demás, el potente esfuerzo de occidentalización del oriente, al que nos referíamos al comienzo de este estudio, se ejerce naturalmente sobre este punto tanto como en todos los otros, en el sentido más apropiado para destruir todo lo que constituye el espíritu tradicional, de manera tal de hacer posible, allí como en todas partes, la conquista del poder terrestre para todo aquello que hay de más bajo y más opuesto al orden jerárquico de los valores reales.
    V. CONCLUSIÓN.
    A modo de conclusión, insistiremos todavía sobre la extraordinaria potencia de sugestión, incesantemente creciente, de ese poder de engaño que llegará a dominar completamente al mundo exterior antes del final del ciclo. Sabemos que llegará un momento en el que cada uno, solo, privado de cualquier    contacto material que pueda ayudarlo en su resistencia interior, deberá encontrar en sí mismo la forma de adherirse firmemente, a través del centro mismo de su existencia, al Señor de Toda la Verdad. No se trata de una imagen literaria sino de la descripción de un estado de cosas que quizás no esté tan lejano. Que cada uno pueda prepararse y armarse de una tal rectitud
    interior para que todas las potencias de la ilusión y la corrupción carezcan de poder para hacerlo desviar. Y nada mejor que la obra de René Guénon para facilitar a los occidentales esta preparación.
   
   
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