lunes, 5 de septiembre de 2016

EL TERCER SEXO (J. Evola)

                                                           *
CAPÍTULO III

EL TERCER SEXO

(J. EVOLA, L’Arco e la Clava, Milano, 1968, c. III.)

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No cabe ninguna duda que el aumento de la homosexualidad y lo avanzado de lo que ha llamado " tercer sexo " representan un fenómeno  característico de nuestra época, que se puede a constatar en Italia, pero igualmente también en otros lugares.

En lo que concierne a la homosexualidad o, más precisamente, a la pederastia, hay que poner de relieve ,como traza particular, que no se limita en absoluto, como es el caso para una gran parte, a ciertos medios de las clases superiores, los medios de artistas, de estetas, de aficionados decadentes de perversiones y de experiencias fuera de la norma, es un fenómeno que ha alcanzado igualmente a las " gentes simples " y las clases subalternas, estando sólo preservada la clase media en cierta medida.

No es este el lugar de profundizar en la cuestión de la homosexualidad como tal. Ya tuvimos la oportunidad, en una de nuestras obras (1), de estudiar sistemáticamente todas las formas posibles del eros, sin limitarnos a las formas "normales" y llevando incluso la atención sobrev  las que fueron propias de  otras épocas y en la esfera de otras civilizaciones. No obstante, en este libro prácticamente hemos pasado en silencio sobre la homosexualidad. El hecho es que' del concepto mismo de sexualidad, a pesar de ser en el sentido más más amplio y aparte de todo prejuicio social, no es fácil aclarar el fenómeno homosexual. Entra esencialmente en la "patología" en una acepción amplia y objetiva, que no se puede definir por oposición a lo que sería "sano" según las concepciones corrientes de la moral burguesa.  Nos acercaremos  sucintamente la cuestión, distinguiendo dos aspectos. El segundo nos reenviará al plano sociológico y, de cierta manera, a las mismas consideraciones que las del capítulo precedente.

En nuestra obra señalada más arriba hemos partido de la idea según la cual toda sexualidad "normal" deriva de estados psicofísicos suscitados por la oposición, como de dos polos magnéticos, de dos principios, el masculino y el femenino. Decimos masculino y femenino en lo absoluto, entendiendo por eso dos principios de orden metafísico, anteriores y superiores al plano biológico, principios que pueden estar presentes en grados muy variables entre los hombres como entre las mujeres. En efecto, en la realidad las mujeres y los hombres "absolutos" existen tan poco que el triángulo abstracto de la geometría pura. Se tiene al contrario seres en los cuales predomina la calidad hombre (los " hombres ") o la calidad mujer (las " mujeres "), sin que la otra cualidad esté por eso completamente ausente. La ley fundamental de la atracción sexual, ley ya presentida por Platon y Schopenhauer, luego exactamente formulada por Weininger, es que la atracción sexual bajo sus formas más típicas nace del encuentro de una mujer y de un hombre tales que la suma de las partes de feminidad y de masculinidad contenidas en cada uno da en total a un hombre absoluto y una mujer absoluta. Por poner un ejemplo, el hombre que tuviera tres cuartos hombre y un cuarto mujer encontraría su complemento sexual natural, por el que se sentirá atraído con un modo irresistible y magnético, en una mujer que tuviera tres cuartos mujer y un cuarto de hombre: porque entonces la suma estará justamente formada por un hombre absoluto y por una mujer absoluta, que se unen. Esta ley vale para todo erotismo intenso y profundo, elemental entre los sexos; no concierne a las formas debilitadas, mezcladas, burguesas o "solamente "ideales" y sentimentales del amor y de la sexualidad.
Entonces, esta ley permite también descubrir los casos en que la homosexualidad es comprensible y " natural ": son los casos en que el sexo, en los dos individuos que se encuentran, no está muy diferenciado. Tomemos, por ejemplo, a un hombre que no es "hombre" más que al 55 %, y "mujer" para el resto. Su complemento natural será un ser "mujer" al 55 % y "un hombre" al 45 %; pero tal ser, de hecho, se diferencia poco del hombre, y ya que se debe considerar no sólo solamente el sexo exterior, físico, sino  también (por no decir sobre todo) el sexo interior, este ser podrá justamente ser un “hombre”, lo mismo ocurrirá en el caso de la mujer. Se podría  hacer corresponder el concepto de " tercer sexo " a estas "sexualizaciones" poco diferenciadas, aunque se trate solamente, lo vemos, de casos- límites. Así quedarían claras la génesis y la base de las relaciones entre pederastas o entre lesbianas como fenómenos "naturales" que provendrían de una conformación innata particular y de la misma ley que,  con una conformación diferente, lleva  a las relaciones normales entre los sexos. En estos casos, pero en estos  casos solamente, estigmatizar la homosexualidad como una "corrupción" no tiene sentido (porque para seres como estos de quienes hablamos, las relaciones llamadas "naturales" no serían naturales, sino contrarias a su naturaleza); creer en la eficacia de una profilaxis cualquiera o terapia estaría también privada de sentido, si rechaza pensar (y esta negativa es razonable) que con medidas de este género se consiga modificar lo que en biología llama el biotipo, la constitución psicofísica congénita. Si se quiere formular un juicio moral frente al estado de hecho que corresponde a estos casos-límites, es sobre todo la pederastia la  que sería censurable, porque aquí uno de ambos compañeros el hombre como "persona" está degradado, está empleado sexualmente como una mujer. No es lo mismo en el caso de las lesbianas; si es verdad, así como lo decían los Antiguos, que tota mulier sexus, es decir si la sexualidad es el fundamento esencial de la naturaleza femenina, una relación entre dos mujeres no parece tan degradante: A condición de que no se trate aquí de la caricatura grotesca de una relación heterosexual normal, sino de dos mujeres igualmente femeninas, sin que una de ellas, masculinizada y degenerada, desempeñe el papel de hombre con respecto a su compañera.

Si este marco general no explica todos los casos de homosexualidad, esto es debido al hecho de que una gran parte de ellos entran en una categoría diferente, en una categoría de formas anormales en sentido específico, determinadas por factores extrínsecos, frente a los cuales el juicio debe ser diferente. Si se debiera dar una visión de conjunto del fenómeno tal como él presenta en la historia y en otros pueblos, deberíamos menudo en cuenta otro orden de consideraciones. Queremos decir que no se trata más de fenómenos explicables por la ley de la atracción sexual suscitada por una forma cualquiera de polaridad del principio masculino y del principio femenino (tomado en ellos mismos, abstracción hecha su dosificación variable entre las mujeres y los hombres vivos). Por ejemplo, la pederastia del mundo clásico  representa un fenómeno aparte. Sabemos que Platón ha buscado relacionarlo con el  factor estético. Pero, en este caso, es evidente que no se puede hablar más de una atracción erótica en el sentido estricto. Se trata, en efecto, del caso en que la facultad genérica de arrebato y de embriaguez que se despierta habitualmente, debido a la polaridad de los sexos, frente a un ser de sexo diferente, logra ser acelerada por otros objetos, que simplemente sirven de apoyo o de ocasión a esta facultad. Si bien Platón habló del eros como de una forma de " entusiasmo divino ", de manía, próxima a otras formas que no tienen que ver nada con sexo, y que se separa siempre más del plano corporal, por no decir incluso carnal. Establece en efecto una progresión en que el encantamiento y el eros despertados por un efebo representan sólo el grado más bajo - el encantamiento y el eros son suscitados en otros grados por la belleza espiritual  - antes de llegar a la idea de la belleza pura, abstracta y supra terrestre. Hasta que l punto tal " amor platónico " homosexual (que, a su nivel más bajo, no teniendo una mujer por objeto, sería "más "puro", no pudiendo tener evidentemente finalidades genésicas)  justificó verdaderamente la práctica efectiva de la pederastia antigua, es otra cuestión. En el caso del romanidad de la decadencia, está seguramente permitido no fiarse de eso.

La teoría platónica tuvo un equivalente en ciertos medios islámicos. Pero sería difícil de relacionarla con la pederastia  muy extendida,  por ejemplo, entre los turcos, hasta tal punto que en el ejército otomano (en el de ayer por lo menos: ver el caso relatado  por el coronel Lawrence) parece que la negativa del soldado de prestarse a los deseos de un superior hubiera tenido el sentido de una insubordinación. Por otra parte, en este caso parece haber actuado a veces otro factor, extraño a la sexualidad en sentido propio; en una confesión que nos ha sido relatada, era cuestión (siempre para Turquía) de la embriaguez suscitada en el pederasta activo de un " sentimiento de potencia ". Pero hay ahí algo poco claro, visto el número de formas en que una libido dominandi puede ser ejercida y satisfecha en unas relaciones normales con mujeres. La pederastia en Japón plantea un problema análogo.
En general, todos estos fenómenos no se explican como casos-límites de la ley, indicada más arriba, de la complementariedad sexual, porque la condición de un sexo poco diferenciado entre ambos compañeros está ausente. En una relación pederástica, uno de ambos individuos puede ser fuertemente viril, por ejemplo, (es decir con un alto porcentaje de la calidad "hombre"); es lo contrario de una relación entre dos representantes del  " tercer sexo " como forma intermediaria hibrida.

El fenómeno señalado más arriba de la diversión del eros que hace de allí posible el despertar fuera de las condiciones normales de la atracción sexual (la bipolaridad de los sexos, con el magnetismo relacionado) y, en cierto sentido también, el fenómenos de la  "deslocalización" del eros, su transferencia sobre un objeto diferente (fenómeno ampliamente verificado por el psicoanálisis), pueden pues valer como una explicación aditiva de la homosexualidad. Pero debemos añadir a eso otro orden de consideraciones.

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Hemos considerado precedentemente la constitución de los  individuos con respecto al sexo (su "sexualización", el grado diferente de su calidad hombre o mujer) como algo preformado y estable. Entonces, hay que introducir en cuestión el caso en que, por el contrario, ciertos cambios se vuelven posibles bajo el efecto de procesos regresivos, favorecidos eventualmente por las condiciones generales del medio, de la sociedad y de la civilización.

A título de premisa, es importante tener una idea más exacta del sexo, en los términos siguientes. El hecho de que solo excepcionalmente se sea hombre o mujer al cien por cien y que de que en cada  individuo subsisten residuos del otro sexo está en relación con otro hecho, bien conocido en biología, a saber que el embrión sexualmente no está diferenciado al principio que presenta en origen las características de ambos sexos. Es un proceso más tardío (a lo que parece, comienza a partir del quinto o del sexto mes de la gestación) el que produce el "sexualización": entonces las características de un sexo van a prevaler y a desarrollarse siempre más, las del otro sexo que se atrofian o pasan al estado latente (en el dominio puramente somático, se tiene como residuos del otro sexo los pezones en el hombre, y el clítoris en la mujer). Así, cuando el desarrollo se ha cumplido, el sexo de un individuo masculino o femenino debe ser considerado como el efecto de una fuerza predominante que imprime su propio sello, mientras que neutraliza y excluye las posibilidades originamente coexistentes del otro sexo, especialmente en el dominio corporal y fisiológico (en el dominio) psíquico, el margen de oscilación puede ser mucho más grande).

Entonces, está permitido pensar que este poder dominante del que depende el sexualización se debilite por regresión. Entonces, lo mismo que políticamente, a consecuencia del debilitamiento en la sociedad de toda autoridad central, las fuerzas de abajo, hasta entonces frenadas, pueden liberarse y reaparecer, también podemos verificar en el individuo una emergencia del caracteres latente del otro sexo y, en consecuencia, una bisexualidad tendencial. Nos encontraremos pues de nuevo frente a la condición de " tercer sexo ", y es evidente que un terreno particularmente favorable para el fenómeno homosexual estará presente. La condición, es un doblegamiento interior, una debilitación de la " forma interior " o, mejor, del poder que da forma y que no se manifiesta solamente en la sexualidad, sino que también en el carácter, en la personalidad, en el hecho de tener, como regla general, una " cara precisa”.

Entonces se puede comprender por qué el desarrollo de la homosexualidad misma entre las capas populares y eventualmente bajo formas endémicas es un signo de los tiempos, un fenómeno que entra lógicamente en conjunto de los fenómenos que hace que el mundo moderno se presenta como un mundo regresivo. Y somos reenviados así a las consideraciones formuladas en el capítulo precedente.

En una sociedad igualitaria y democratizada (con sentido amplio del término), en una sociedad en que no existen más ni castas, ni clases funcionales orgánicas, ni Órdenes; en una sociedad en que la "cultura" tiene como algo de nivelado, de extrínseco, de utilitario, y en que la tradición dejó de ser una fuerza formadora y viva; en una sociedad en que el pindárico " Sé tú mismo " se ha vuelto una frase desprovisto de sentido; en una sociedad en que tener del carácter es como un lujo que sólo el imbécil puede permitirse; mientras que la debilidad interior es la norma; en una sociedad, en fin, en que se ha confundido lo que puede estar por encima de las diferencias de raza, de pueblo y de nación con lo que efectivamente está debajo de todo esto y que tiene pues un carácter informal y híbrido - en tal sociedad actúan fuerzas que, a la larga, no pueden  no tener incidencia sobre la misma constitución de los individuos , con efecto de atacar todo lo que es típico y diferenciado, hasta en el dominio psicofísico.

La "democracia" no es un simple estado de hecho político y social; es un clima general que acaba por tener consecuencias regresivas sobre el plano existencial. En el dominio particular de los sexos, puede estar favorecido sin duda este doblegamiento inferior, este debilitamiento del poder interior sexualizador que, hemos dicho, es la condición del formación y de la propagación del " tercer sexo " y, con él, de numerosos casos de homosexualidad, según lo que las costumbres actuales nos presentan con un modo que no puede no chocar (2). Por otra parte, se tiene como consecuencia la banalización y barbarización visible de las relaciones sexuales normales entre los jóvenes de las últimas generaciones (a causa de la tensión menor debida a una polaridad aminorada). Incluso ciertos fenómenos extraños que, por lo que parece , eran muy raros precedentemente, los del cambio de sexo en el plano físico - hombres que se vuelven somáticamente mujeres, o viceversa- somos llevados a considerarlos según el mismo modelo-, y a llevarlos a causas idénticas: es como si las potencialidades del otro sexo contenidas en cada uno hubieran adquirido, en el clima general actual, una excepcional posibilidad de reaparición y de activación a causa del debilitamiento de la fuerza central que, hasta en el plano biológico, define el "tipo", hasta socavar y  cambiar el sexo del nacimiento.

En todo lo que hemos podido decir de convincente hasta aquí, hay que registrar solamente un signo de los tiempos y reconocer  la inanidad completa de toda medida represiva de base social, moralista y conformista. No se puede retener la arena que desliza entre los dedos, cualquiera que sea el esfuerzo que se quiera hacer. Habría que volver más bien al plano de las causas primeras, de donde todo el resto, en los diferentes dominios, incluido el de los fenómenos  considerados aquí, es sólo una consecuencia y actuar en este plano, producir allí un cambio esencial. Pero eso quiere decir que el comienzo de todo debería ser la superación  de la civilización y de las sociedades actuales, la restauración de un tipo de organización social diferenciada, orgánica, bien articulada gracias a la intervención de una fuerza central viva y formadora. Ahora una perspectiva de este género se parece cada vez más a una pura utopía a, porque es en la dirección exactamente opuesta en la que va hoy el "progreso", en todos los dominios. A los que, interiormente, no pertenecen y no quieren pertenecer a este mundo les queda pues solamente constatar las relaciones generales de causa a efecto que escapan a la tontería de nuestros contemporáneos y contemplar con tranquilidad todos los excrecencias que, según una lógica muy reconocible, florecen sobre el suelo de un mundo en plena descomposición.

(1) Metafísica del sexo, Pequeña Bibliothêque Payot, París, 1976.

(2) Esto está de acuerdo con el hecho que hoy, el aumento de las lesbianas es prácticamente despreciable con relación al de los pederastas; en efecto, según lo que Aristóteles ya había reconocido, es eminentemente "hombre" el portador del principio en que reposa la "forma". 

sábado, 3 de septiembre de 2016

Esencia y existencia (Abbé Henri Stéphane )

TRATADO XI.7 Esencia y existencia

(Abbé Henri Stéphane 1907-1985, Introducción al esoterismo cristiano, Capítulo XI, Epistemología)

La distinción real entre la esencia y la existencia es fundamental para la filosofía cristiana, precisamente porque esta no es más que la filosofía o  la teodicea. En presencia de un ser, percibido o pensado, se plantean dos cuestiones:  quid est? An est? 10 La esencia responde a la primera cuestión, la existencia a la segunda. Así no es suficiente concebir una “montaña de oro” para que exista. Solo el concepto de Dios implica la existencia, si se admite el argumento ontológico 11, o todavía solo en Dios la esencia es igual a la existencia. Él es el ens per se subsistens 12, recibiendo los otros seres el ser de Él. Es una manera de evitar todo panteísmo y todo inmanentismo. Si al distinción entre esencia y existencia fuera solamente virtual , eso querría decir que la existencia está en potencia en la esencia y el acto creador sería frustrado en su gratuidad. Dios estaría forzado de alguna manera a actualizar esta potencia.

Este punto de vista particular y limitado de la ontología, comprendiendo las distinciones tales como esencia-existencia, substancia-accidente, materia y forma, sirve de cuadro a la teología escolástica y de modo expresión al “dato revelado”. No puede ser superado más que por la teología apofática, el Hiperteos de San Dionisio o la deidad eckartiana.

Estos dos puntos de vista no se excluyen no obstante y son de una cierta forma complementarios, en el sentido de que la metafísica incluye la ontología, y que la teoría de los estados múltiples del ser ”explica” la relación del Ser y los seres por la analogía y la relación causal. Las cuestiones “filosóficas” como: quid est? An est? No se plantean más, ya que en lugar de partir “de abajo” todo es “dado” (revelado) de lo alto. Yo sé que Âtmâ no es Mâyâ.

Muy distinto es el punto de vista de la metafísica pura que no  concierne más al Ser y los seres, sino a los “estados múltiples de ser” y al estado incondicional de Âtmâ  , pero yo sé también que Mâyâ “no es otro” que Âtmâ y no se diferencia más que de modo ilusorio.

Mâyâ quiebra de alguna manera la unidad “monolítica” –monoteísta- de Âtmâ  que se expande en la multiplicidad indefinida de los seres, sin que su esencia inmutable sea afectada, de manera que , in divinis, la multiplicidad está inmediatamente reintegrada en la Unidad 13, la existencia universal se despliega en modo manifestado entre sus dos polos no manifestados: Purusha idéntico a Âtmâ y Pakriti idéntico a Mâyâ, y es la mediación de los mismos polos quien produce el retorno de lo manifestado a la Unidad principial. La aplicación de lo que precede a la Teotokos y al Logos es inmediata. La distinción escolástica de esencia y existencia no es más que el reflejo a nivel mental de la distinción principial Âtmâ-Mâyâ.

10 Quid est: ¿que es? An est : es lo que es (¿esto existe?)
11 El argumento ontológico concluye en la existencia de lo Perfecto (Dios) apartir de la idea misma de Perfecto: si lo Perfecto no existe no es perfecto. Este argumento se ha atribuido a San Anselmo.
12 “ El Ser subsistente por si”
13 Es también la “integración arquetípica del Pleroma”. Hay así multiplicación incesante del Uno inagotable y unificación incesante de la indefinida multiplicidad A.K. Coomaraswamy  Hinduismo y Budismo p27: Simbolismo del Dragón

14 Purusha y Pakriti pertenecen al vocabulario de Sâmkhya; Âtmâ y Mâyâ al del Vedânta

viernes, 2 de septiembre de 2016

Sujeto y objeto (Abbé Henri Stéphane)

TRATADO XI.6          Sujeto y objeto

(Abbé Henri Stéphane 1907-1985, Introducción al esoterismo cristiano, Capítulo XI, Epistemología)


La distinción del sujeto y del objeto, y  la cuestión de las relaciones que los vinculan, constituye uno de los problemas mayores de la filosofía moderna desde Descartes, problema que ésta es incapaz de resolver con la ayuda de sus propios métodos. Ni el realismo escolástico, ni el idealismo bajo sus diferentes formas no logran salir del dualismo en cuestión. La ciencia, que pretende ser objetiva, no acaba a fin de cuentas más que en la relatividad. Ni la ciencia, ni la filosofía llegan a alcanzar la realidad que está más allá de toda dualidad tal como sujeto-objeto, espíritu-materia, esencia-existencia etc. Es preciso realizar la No-dualidad ( Advaita) para llegar a la Realidad donde se resuelven todas las antinomias y todas las dualidades, o equivalentemente superar la distinción del sujeto y del objeto realizando, por el conocimiento metafísico  la identidad del Ser y de Conocer, o del sujeto puro y del objeto puro: " buscad primero el Reino de Dios y su Justicia, y el resto os será dado por añadidura " (Mat VI, 33).

Por debajo de este Reino, se chapotea en la relatividad, o en la objetividad ilusoria de la ciencia, o en la subjetividad no menos ilusoria del existencialismo, o todavía en la objetividad mortal del estructuralismo, a menos que no se hunda en el cenagal del psicoanálisis o qué se evada en los  paraísos artificiales de la droga.

La relatividad, o la objetividad ilusoria de la ciencia, puede ser Ilustrada por la cuestión de los fenómenos astronómicos Hasta Galileo  o Copérnico, el hombre creía que el Sol giraba alrededor de la Tierra; después de ellos, es lo contrario. La ciencia, si ella sabe quedarse en sus límites, debe afirmar que en todos los casos, no se sale del mundo de las apariencias y qué estas dependen evidentemente del observador o del sistema de referencia. Concluir que el sistema de Copérnico es real y objetivo, porque las ecuaciones o las leyes del movimiento son más simples, no significa nada. Los que creen en eso sólo tratan de satisfacer su necesidad de creer y, para la mayor parte, es un sustituto de la creencia en Dios. Sólo el simbolismo natural de las apariencias permite relacionar su " realidad relativa " de apariencias a la Realidad absoluta.

La cuestión, generalmente puesta, de saber si la tierra gira objetivamente alrededor del Sol, independientemente de todo sujeto pensante, no tiene sentido, porque, en virtud de la identidad del Ser y del Conocer in divinis, no hay, al nivel de la manifestación o de las apariencias, objeto sin sujeto, y, según René Guénon, " la consciencia es una razón de ser  para la manifestación”9. No se encuentra allí algún subjetivismo; no es el sujeto pensante quien crea el objeto, pero el Sol visible no tendría su razón de ser, si no hubiera allí nadie para mirarlo. Sin embargo, para el hombre (y no para el animal) el Sol visible debe ser un símbolo de Verbo, Sol invisible, y si, según las apariencias terrestres que conciernen al hombre, el sol gira indefinidamente alrededor de la Tierra, es porque no es el Verbo, y sin embargo si su movimiento siempre lo mismo, es que él es también el Verbo, en la medida en que el símbolo es”participante” de su arquetipo.


9 Los estados múltiples del ser. Cap. XVI

miércoles, 31 de agosto de 2016

Pluralismo (Abbé Henri Stéphane)

TRATADO XI.5 Pluralismo

(Abbé Henri Stéphane 1907-1985, Introducción al esoterismo cristiano, Capítulo XI, Epistemología)

Reprochar a René Guenon ignorar al hombre y como consecuencia ignorar a Dios equivale a reprocharle de no situarse de entrada en el punto de vista del monoteísmo, o equivalentemente en el punto de vista de la teología; es verdad que Guenon no se interesa más que en el Conocimiento y no habla del Amor, que no ve más que la iniciación y hace poco caso de la mística, o todavía que no se interesa en la moral ni en las virtudes. Ahora todo esto es esencial en la perspectiva monoteísta o teológica, o incluso “religiosa”; además, en la perspectiva hindú que es la de Guenon no se encuentra solamente el jnâna sino también la bhakti, por tanto la devoción y el amor. Hay por tanto un equilibrio a reestablecer y carencias a subsanar en la obra de Guenon lo que hace precisamente la obra de Frithjof Schuon.

Se puede decir igualmente que el punto de vista monoteísta es más “objetivo” y que el punto de vista oriental es más “subjetivo” (el Si, Âtma), o todavía que la primera contempla el Ser y los seres, mientras que la segunda es la del “estado del ser”, apareciendo Dios no como el Ser, sino como el estado incondicionado de Âtma (Nirvâna) En fin el primero no contempla más que el Dios personal y el segundo pone el acento en la Divinidad impersonal. Por tanto, según Guenon, Âtma considerado con relación a un ser es propiamente la Personalidad, por tanto una determinación particular de la Divinidad impersonal, al mismo título que el Ser es la primera determinación del No-Ser.

Por otra parte, para un occidental, la perspectiva oriental puede acabar en una inversión del Si y en la divinización del ego (Nietzshe, Sartre) y la perspectiva monoteísta es la mejor adaptada a la mentalidad occidental. No obstante el dualismo “servidor-Señor” tiene el riesgo de provocar la revuelta del servidor, lo que es frecuente en nuestros días, yendo hasta la negación del Señor , como prueban las distintas formas de ateísmo moderno. Al fin de cuentas si se reprocha a Guenon de ignorar al hombre, se puede lamentar que el Occidental moderno no conozca más que el hombre, de donde el humanismo en todas sus formas, llegando hasta declarar que es el hombre el que ha inventado a Dios, y que ¡es preciso liberarle de tal alienación!

Si es verdad que una cierta  ignorancia del hombre peligra de acabar en una Divinidad talmente trascendente que no interesa más al hombre, o que no le “concierna” más, en revancha poniendo el acento sobre el hombre se arriesga de acabar en una Divinidad antropomorfa donde “Dios está hecho a imagen del hombre”.

En la perspectiva “guenoniana” lo que está puesto a priori como axioma indiscutible, es el Infinito y la Posibilidad , es el Principio Supremo, es Âtma, del que el ser manifestado no es más que una modificación transitoria y contingente 8, por lo que el estado humano no es más que un estado entre una indefinidad de otros estados, o todavía que tal hombre particular no es más que un estado de manifestación de “un ser” con relación al cual Âtma aparece como la Personalidad trascendente. Hay ahí una trasposición metafísica del monoteísmo.


8 Definición del Si dada por Guenon en el capítulo II de El Hombre y su devenir según el Vêdânta

martes, 30 de agosto de 2016

LIBERTAD DEL SEXO Y LA LIBERTAD CON RELACIÓN AL SEXO (J.Evola)


CAPITULO XII

LIBERTAD DEL SEXO Y LA LIBERTAD CON RELACIÓN  AL SEXO

(J. EVOLA, L’Arco e la Clava, Milano, 1968, c. XII.)



La importancia concedida a la sexualidad, a la par de una tendencia regresiva que no puede escapar del observador atento, es incontestablemente una característica de la época actual. Se combate por un lado lo que puede subsistir de convenciones moralistas burguesas relativas a la vida sexual; por el otro, la psicología, la sociología y la filosofía consagran al sexo una atención sin precedentes,  al límite del pansexualismo y de una especie de culto del sexo. Pero, en el fondo, todo este movimiento contempla el sexo sólo bajo sus aspectos más banales o los más dudosos, porque aquí también obra el clima predominante de "democracia", de promiscuidad y de disolución. Y partiendo de la sexualidad, se encuentra al mismo tiempo el medio de  alimentar un ataque contra los ideales, los principios y  las estructuras  de toda civilización superior.

Ya evocamos los casos donde la insistencia sobre el sexo está estrechamente asociada, en una cierta literatura, a la obscenidad y  al placer de la vulgaridad. Siendo así, estudiaremos ahora la tendencia  indicada más arriba, tal como ella se manifiesta en ciertos autores contemporáneos con incidencias precisas en el dominio de la visión del mundo, de la sociología y de las ideas políticas. Procuraremos sobre todo mostrar el paralelismo, paradójico en apariencia solamente, que existe entre una especie de cruzada por el sexo y  la libertad sexual y rebajamiento de la concepción misma de la sexualidad.

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Podemos pasar ahora a una visión de conjunto sobre las teorías Wilhelm Reich, un discípulo vienés de Freud, del que se separó no obstante procediendo a una revisión "heterodoxa" de algunos dogmas fundamentales del maestro, con prolongaciones en  el dominio de la visión del mundo y  sobre el plano político y social.

En la formulación definitiva de las ideas de Reich, el centro está ocupado por el concepto de orgón o energía orgónica (términos forjados en referencia al orgasmo erótico). La primera idea, es que en la sexualidad y la experiencia sexual se manifiesta una energía supra individual, una fuerza universal. Todo esto es justo y podría llevar a un plano superior al del psicoanálisis. Esto recuerda por otra parte una enseñanza tradicional fundamental que ha encontrado una expresión típica en la doctrina hindú de la kundalinî: ésta es una fuerza, no exclusivamente biológica que, que se encuentra en la raíz del organismo y que mantiene una relación particular con el sexo y la función genésica en tanto que ella es una manifestación inmanente de la Çakti universal en el hombre. Çakti es uno de los términos de la  “diada metafísica "o" pareja divina ", es la fuerza a creadora del dios, figurada como su " esposa ", la energía vital, contrapartida " femenina " del puro principio " ser ", el "varón divino ".

Esta referencia a la metafísica tradicional es tanto más importante cuanto que permite ver claramente que en Reich los errores y las desviaciones se mezclan con una intuición feliz. Más allá del plano individual psicológico propio  de la psicología y el psicoanálisis corrientes, Reich considera pues un plano supra individual hablando de una " energía orgónica " cósmica; pero hay que observar en seguida que no se refiere, en esto, al plano metafísico. Quiere encontrar al contrario esta potencia en el universo físico, en el la naturaleza, como si buscara una suerte de electricidad (Reich habla en efecto de una "bioelectricidad" y del “bión ", que sería una forma de transición entra materia inorgánica y la materia orgánica; para acabar por creer, por otra parte,  que está  difundida en la atmósfera Es por eso que, después de sus costosas investigaciones en laboratorio sobre sustancias físicas había llegado a imaginar  literalmente  condensadores de “energía  orgónica " y " cabinas orgónicas " que podían ser utilizadas con fines terapéuticos. Reich desarrolla así la teoría psicoanalítica de  las represiones: las neurosis, las psicosis y otro disturbios psíquicos tendrían por causa las interrupciones o atascos (" éstasis ") de la energía orgónica debidos a contoles (las “corazas ") presentes en el individuo, controles esencialmente psíquicos y caracteriales, pero que puede traducirse también en de fenómenos musculares y fisiológico. Y ciertas enfermedades,  comprendido el cáncer, no tendrían otra causa ( 1).

Esta generalización de la teoría de las represiones se basa también sobre otra idea: no  hay más que represiones provocados por una abstinencia sexual forzada debida a circunstancias exteriores. Hay también represiones vinculadas a la “ impotencia orgásmica ", que vendrán pues  añadirse a otras formas de impotencia comúnmente admitidas (impotencia eréctil e impotencia eyaculatoria). La impotencia orgásmica sería debida a una angustia del placer que impide un orgasmo sexual completo y que, creando Una " coraza protectora " caracterial o un control defensivo del Yo, provoca el atasco de las cargas de energía orgónica  fuente de toda desgracia.

A partir de estas premisas Reich llega  a una interpretación  ad hoc de toda la historia de la humanidad civilizada y caracterizado desde de milenios, según él, por análogas corazas y controles a gran escala contra la " descarga orgásmica " completa hacia la cual se precipita Ia verdadera vida. Habla del " asesinato de perpetrado por el animal humano acorazado ", identifica a la " pérdida del paraíso" a la " pérdida del funcionamiento perfecto y vital en el hombre  (que sería obtenido por el pleno ejercicio de la sexualidad)”.  Ya que toda vida social ha sido, en el curso de los últimos milenarios y por razones muy precisas, un tipo de vida secundaria acorazada, negadora de la felicidad (de la felicidad sexual esencialmente) que se ocupó de eliminar, de destruir por el hierro y el fuego, por la difamación y  la degradación, toda forma de vida primaria, peligrosa para su existencia. Ha comprendido, de una manera o de otra que perdería y dejaría de existir si la vida primordial volviera la escena bio-sexual ". El odio y la lucha bien organizada contra la fuerza de vida, es decir contra la energía orgónica, identificada a la fuente misma de la naturaleza y de la vida, estarían en origen de las  convulsiones múltiples de una vitalidad inhibida y frustrada: hasta las formas representadas por las psicosis, el crimen, el alcoholismo. La descarga orgásmica prohibido engendra también el furor destructor  o bien, debido a una presión insostenible, el deseo de evasión, el deseo del nirvâna (tal como Reich lo concibe) como sucedáneo de la libertad que habría sido el fruto de la perfecta satisfacción genésica.

Reich desemboca pues en una especia de religión de la vida fundada sobre la sexualidad y sobre una ética de abandono total a esta última, siendo denunciadas todas las estructuras de las civilizaciones y de las sociedades superiores como auténticas corazas defensivas, histéricas  y neuróticas. La consecuencia lógica, es la llamada a la “revolución sexual ". Aquí, el fondo  regresivo de toda esta sexología moderna, con la concepción empobrecido y unilateral del sexo que está  en el origen, es muy visible. Es con conocimiento lo causa que hemos recordado más arriba la  enseñanza tradicional que coloca en el origen de la sexualidad una fuerza primordial. Pero ésta no es más que uno de los polos de la diada metafísica, el principio "femenino" de la vida y de la naturaleza - Çakti o Prakritî - teniendo como contrapartida el principio del "ser", Çiva o Purusha. Teorías como las de Reich se reducen pues a una exaltación anárquica y en un absolutización de uno solo de los dos principios del mundo, preconizando un desencadenamiento total y desenfrenado del sexo contra todo lo que, en realidad, no es en absoluto la consecuencia de una " coraza neurótica ", sino que corresponde normalmente a la acción sobre el plano humano del polo "masculino" de este diada - según la imagen mitológica del dios varón señor de la Çakti, es decir de la fuerza-vida primordial. Y la manifestación del dios varón, es todo lo que es "forma" con sentido superior, inmutabilidad, orden que sobrepasa la naturaleza.

A causa de su ignorancia - debida, evidentemente, a su idiosincrasia - de todo este dominio, Reich necesariamente se encuentra delante de un misterio impenetrable. Porque aunque se interprete, cosa grotesca, todas las formas éticas, políticas y sociales y religiosas como controles contra la "vida" y la impulsión orgónica  cósmica, dado que esas mismas formas pertenecen de una manera u otra a la vida, es `preciso preguntar cuál es el origen profundo y verdadero de ellas.  A este respecto, Reich reconoce su ignorancia, escribe textualmente: " el problema  de saber cómo sólo la especie humana, entre  todas las especies animales, desarrolló su coraza se plantea  siempre, no está resuelto”. Renuncia a toda explicación porque es " demasiado complicado, los hechos concretos que aportarían una solución están enterrados  en un pasado demasiado retirado”. En realidad, no hay necesidad de explicación  empírica a partir del curso de la historia; sería preciso definir  a priori, esta posibilidad que se manifiesta con tanta potencia y constancia en la especie humana contra una Vida  que Reich querría hacer el fundamento único y primordial del universo. Pero la única explicación válida está suministrada precisamente por la existencia  del otro polo de la  diada cósmico, del principio personificado  el mito por la divinidad masculina, el principio supraordenado al principio  femenino y  obrando en el hombre, las sociedades y las civilizaciones, como un poder tan primordial como el otro, allí donde Reich  sólo percibe productos acorazados afectados de impotencia orgásmica e  histéricamente enemigos del sexo, "asesinos de la vida”.

Y si se remite al plano emocional - al cual no se puede ciertamente acordar  un alcance universal coextensivo a todo  lo que debería aclara- a la angustia del Yo ante el placer sexual, todavía habría que explicar esta angustia Por todas partes, Reich habla del “miedo de disolverse en el placer ". El hombre " desde el origen ha debido sentir que su pulsión genital le hacía ' perder el control’ y le reducía a un fragmento de naturaleza flotante y convulsiva. Es posible que la angustia del orgasmo venga de ahí ", lo que sería también el  origen de las  condenaciones  religiosas de la sexualidad. Ahora, estamos aquí muy lejos de la patología, pues  puede tratarse del deseo legítimo de mantener a su personalidad, frente a un abandono completo, pasivo y naturalista, al sexo, cosa que, para la personalidad representaría justamente una lesión, una disolución. Reich ha escrito también: " el deseo orgásmico aparece  ahora como una expresión de este empuje ‘más allá de él sí mismo '... Nosotros tendemos a sobrepasarnos. Quizá esto se explica  por qué la idea de la muerte ha sido empleada tan a menudo para designar el orgasmo. Incluso  en la muerte la energía biológica (sic) sobrepasa los límites de la envoltura material que la tiene prisionera. La idea religiosa de la ' muerte libertadora ', el ' óbito libertador ' adquiere así una base objetiva. La función cumplida por el orgasmo en el organismo donde todo se desarrolla de modo natural reaparece en el organismo acorazado como principio del nirvâna o de la idea mística de la salvación”. He aquí pues otro caso típico de confusión de las ideas. La intuición justa le concierne al impulso a la trascendencia incluido en el eros y que se manifiesta en la experiencia del abrazo sexual (bajo sus aspectos "destructores", los cuales generalmente escapan a la concepción primitiva de la sexualidad propia de autores como Reich). Pero se trata de otra cosa muy diferente de una " energía biológica ", esta energía que Reich hace entrar en juego en la muerte, en la "carne" y el "cuerpo" del que el individuo acorazado quiere liberarse " redimiéndose ", ignorando su naturaleza de ser finito  en provecho de su "coraza", del " tejido que aprisiona " esta energía y prohíbe su solución "natural", la descarga  orgásmica. La distinción entre una  superación  pasiva (de la que es bueno guardarse) y una superación activa, auténtica y ascendiente  (con vistas a la cual la enseñanza tradicional ha definido un uso particular del sexo - ver a este respecto los materiales recogidos en nuestra obra Metafísica del sexo), no viene ni siquiera a la mente de Reich. El abandono pasivo del Yo y la descarga  de la energía orgónica  cósmica en el individuo por el orgasmo completo - tales son los límites  de la visión de la vida y de la ética de Reich.

Deseamos ahora estudiar cómo Reich se enfrenta más específicamente a las formas de toda sociedad tradicional a partir de una revisión de las teorías de Freud. Éste había afirmado que Ia fuerza motriz fundamental del psiquismo humano, es el principio del placer (Lustprinzip); pero reconoció a continuación la existencia de otra pulsión, igualmente fundamental a sus ojos, vuelta destructiva (Todestrieb). Además con la teoría general de la represión, empleada para mostrar que cuando las posibilidades de satisfacción de la segunda pulsión, la pulsión destructiva, se bloquean, esta cambia de plano y puede manifestarse bajo dos formas: el sadismo cuando se torna hacia el exterior, hacia los otros; el masoquismo, cuando se torna hacia el interior, hacia sí mismo. Reich, por su parte, niega esta dualidad freudiana de las pulsiones. A sus ojos solo es primaria la pulsión orgásmica al placer: descarga de la energía orgónica primordial. El otro instinto, el instinto de muerte y de destrucción bajo su doble aspecto sádico y masoquista, sería un instinto derivado. No será más que una  consecuencia de la represión del primer instinto, cuando las  estructuras sociales, las inhibiciones,  la impotencia orgásmica dan origen a una carga energética comprimida, que por desviación, se manifiesta precisamente bajo formas patológicas  y destructivas, sádicas o masoquistas Estas formas de patología  sexual, una vez transpuestas, se encontrarían también las principales trazas de una cierta estructura social.

A nivel político y social las tendencias sádicas darían nacimiento a la orientación autoritaria de la personalidad, al placer de dominar seres sometidos, a la liberación del instinto de  persecución de los enemigos (el "capitalista", el "judío" comunista " y así sucesivamente , según las ideologías). Las tendencias masoquistas, estarían en la basa de la mentalidad gregaria, del placer de la sumisión, con una propensión por el culto de la personalidad ", la disciplina, pudiendo ir hasta el sacrificio de sí. Las dos orientaciones, activa y pasiva, son en cierta medida complementarias y desvelan según Reich el verdadero fondo escondido de todo sistema jerárquico y tendencias guerreras, "agresivas", etc., que se presentan entonces como complejos cuyo origen revela claramente  la patología sexual. A este respecto, Reich pone en el mismo saco el patriarcado, los regímenes militaristas, "fascistas", el capitalismo, el comunismo soviético (por autoritario), etc. En suma todo el universo de los " patrista " que Rattray Taylor quiso describir.

Algunos no han vacilado en acudir a  la etnología para sacar la confirmación. Malinowski y una americana que se improvisó de etnóloga, Margaret Mead, han comparado dos pueblos salvajes que vivían en medios análogos. Uno de ellos, cuya sociedad era matriarcal, conocía una libertad sexual total desde la infancia, llevaban una vida pacífica, sin neurosis; el segundo caracterizado  por un organización  familiar patriarcal y autoritaria, así como por una limitación de la vida sexual, presentaba " las mismas trazas que la civilización europea " agresividad, individualismo,  tendencias guerreras  etc. Tales comprobaciones, puramente factuales                con relaciones causa-efecto apresuradamente establecidas, no son revelaciones más que para los que consideran que hay que partir de lo inferior para explicar lo superior y los salvajes para explicar  la humanidad civilizada. Podríamos recordar aquí la sabio observación  de Dumézil, a saber que no hay nada de lo que no se pueda, con un poco de a buena voluntad, encontrar una confirmación aparentemente en potencia en los materiales etnológicos.

Pero en lo que concierne a la "agresividad " concebida como una especie de rabia  debida a un principio de placer trabado, Reich y otros  (como por ejemplo De Marchi, un autor de quien nos ocuparemos dentro de poco) se abstienen de explicarnos las inhibiciones  sociales y sexuales o el miedo de perderse en el placer que sufren, es evidente, numerosos animales salvajes peligrosamente agresivos. El límite del ridículo se franquea cuando se cree seriamente que hombres como Alexandre, Tamerlán, César, Napoleón, Federico II, etc., jamás habrían sido lo que fueron si hubieran recibido una buena educación sexual, no inhibidos, abiertos, fuera de familias patriarcales y de una sociedad " acorazada ". Lo extraño, al contrario, es que, en el plano individual, ningún gran conquistador llevó una vida puritana - a menos por supuesto de suponer con Reich que, queriendo a las mujeres, los grandes conquistadores hubieran estado afectados de impotencia "orgásmica”. Estamos  pues en presencia de un conjunto de absurdos y de tonterías , y el fondo existencial regresivo de esta sexología aplicado a la interpretación de la sociedad es evidente. Volveremos contra estos autores su propio método interpretativo afirmando que la pulsión que los ha conducido a ensuciar y a rebajar, por medio de una pseudo-ciencia analítica y de una concepción pan-sexualista y desenfrenada de la vida, las formas de toda civilización superior - las cuales son inseparables principios de la autoridad, de la jerarquía, de la virilidad, de la disciplina y del estilo guerrero (a no confundir con la "agresividad" histérica y ' "imperialismo" -  es precisamente  el signo de un instinto agresivo inconsciente (sádico o masoquista, a elección), de modo que Reich mismo y otros habrían necesitado hacerse psicoanalizar ellos mismos. Es apenas necesario decir que las disposiciones al mando y a la obediencia son intrínsecas en la naturaleza  humana y no tienen en general nada  que ver con hechos sexuales: la libido dominandi y la libido servendi no son ahí más que formas degeneradas. Hay posibilidad  de una superación  tanto  en el que, investido de autoridad, ejerce un poder como si fuera un deber, como en el que establece de manera libre una relación de dependencia, de subordinación y de lealtad hacia un superior: es por otra parte lo que nos ha mostrado, en Europa y fuera de Europa, el mundo feudal  en sus mejores aspectos.

En segundo lugar, se desvela  aquí aquello  a lo que hicimos alusión al principio, a saber que el mismo fundamento de estas teorías, es contrariamente a  lo que se podría pensar, una concepción  primitiva y bastante banal del sexo. Cuando Reich, en efecto, contra Freud, busca  explicar sadismo y masoquismo como simples complejos secundarios y patológicos debidos a la represión, cae en un equívoco grave y muestra que ignora las dimensiones efectivas de la pulsión sexual, cuando  se consideran sus manifestaciones más profundas  y más intensas. Pues  si se puede decir que hay un sadismo y un masoquismo como fenómenos perversos, resulta también que ambos pueden ser sólo unas acentuaciones de aspectos siempre presentes e inherentes a todo amor erótico intenso, el cual contiene justamente un factor de destrucción vinculado  al impulso en la "trascendencia" que Reich ha  presentido pero de manera fugaz y errónea). Los temas amor- muerte, voluptuosidad-destrucción son mucho más que  simples proyecciones psicopáticas de poetas románticos o decadentes.  Es así como numerosas divinidades antiguas  del sexo, del placer y de la orgía fueron al mismo tiempo  divinidades de la muerte y  la locura destructora. Se puede recordar particularmente a Ia diosa lshtar en la esfera mediterránea, la diosa Durga en el mundo hindú, la diosa Hathor-Sechmet del antiguo Egipto (para no hablar del dionisismo). Y debido a su aspecto destructor, fueron también a veces diosas de la guerra. Así, cosa más bien irónica, vemos que las reivindicaciones a favor de una libertad sexual absoluta tienen como contrapartida, y hasta como condición, el hecho de no contemplar la pulsión sexual, que se cree poder colocar al principio de todo, más que bajo sus formas más incompletas y menos interesantes.

(1) Estas aplicaciones terapéuticas, para las cuales Reich había creado un instituto en los Estados Unidos, donde se había establecido después de diversas peregrinaciones, fueron  el principio de sus desventuras. Denunciado por el Comisariado americano para la Salud que veía en todo esto sólo charlatanería, Reich se negó a presentarse delante del tribunal y declaró no estar dispuesto a discutir y a justificarse más que delante de gente competente, en otro lugar; acusado por esta razón de “ultraje a la Corte "  fue condenado a dos años de reclusión y murió en prisión de un ataque cardíaco. Luego en la tierra prometido de las libertades democráticas y del psicoanálisis,  América, una decisión de la justicia prohibió la difusión público de toda una serie de sus libros, hasta los que no concernían su discutible a terapia, como The sexual revolution, Éter God and Devil, The mass psychology of fascism, Character analysis, etc. Pero esto no impidió las raras ideas reichianas sobre el carácter “ sado-autoritario, de ser abundantemente utilizadas por el equipo de psicoanalistas y de psiquiatras enrolados por los americanos para efectuar en Alemania después de la guerra, el lavado democrático de los cerebros. Ver e este respecto: C. K-Notzing, Charakterwäsche. Stuttgart, 1965, pp. 113-119.

lunes, 29 de agosto de 2016

De la Norma y las normas (Abbé Henri Stéphane)


TRATADO XI.4 De la Norma y las normas

(Abbé Henri Stéphane 1907-1985, Introducción al esoterismo cristiano, Capítulo XI, Epistemología)
Toda religión, si no se la reduce a una religiosidad vaga y sentimental, comporta necesariamente tres elementos

1) Las verdades a creer (dogmas) que no son conceptos abstractos, sino la expresión mental y verbal de Realidad Transcendente (ejemplo: la Inmaculada Concepción);

2) Mandamientos a observar (moral), virtudes a realizar, que no son simples actos exteriores, sino la  expresión o la traducción de una Norma interior, de la conformidad a 3"mi" Arquetipo eterno;

3) Un culto, una liturgia), ritos, sacramentos que actualizan en mí  ciertas Realidades suprahumanas o divinas ( Ejemplo: el Bautismo y la Eucaristía actualizan en mí la Pasión, la Muerte y la Resurrección del Cristo).

Sea lo que sea, dogmas, mandamientos y ritos aparecen en primer lugar como normas exteriores, pero, si ellas no corresponden a una Norma interior, se reducen a un formalismo puro o al fariseísmo. Sin embargo, en las normas exteriores, se recae en la religiosidad vaga, inconsistente, ineficaz. Las normas constituyen el lado objetivo de la Religión, la Norma interior es ahí el lado subjetivo, pero ellas son el complemento indispensable la una de la otra.

En el punto de partida y todo a lo largo de la " vía purgativa ", los dogmas aparecen como jalones y pretiles en el camino que lleva al Conocimiento; la discusión, la duda, la puesta en cuestión son tantos obstáculos que hay que evitar. En el estadio de la " vía iluminativa ", los dogmas no aparecen aún más que " en estos tus semblantes plateadas " (san Juan de la Cruz, Cantico Espiritual), pero al nivel de la " vía unitiva" y  del matrimonio espiritual, el mismo autor declara: " Enseguida tendremos acceso a sublimes cavernas de la Piedra (el Cristo) que están  bien escondidas. " Se trata aquí de " mística nupcial "; sin embargo, la " mística de la esencia " (san Dionisio , maestro Eckhart ) y la Tiniebla mística no están excluidos por ello,  pero sobrepasan la perspectiva del Cántico, ya que las "cavernas están bien escondidas ". Sea lo que sea, en esta ascensión mística, se trata siempre de unos dogmas desde su función de normas exteriores (pretiles) hasta la Norma interior (las cavernas de la Piedra), la " en estos tus semblantes plateados " siendo una especie de límite, de frontera entre las caras "externa " y " interna " de los dogmas, o si se quiere, entre la Luz inteligible y la " Tiniebla más que luminosa " del Silencio (san Dionisio).

Todo lo que precede tiende a mostrar que la Norma interior no es puramente subjetiva, no sólo porque tiene como complemento indispensable las normas exteriores objetivas, sino  porque en la cumbre de la Unión mística, ellas forman como las dos caras de una misma Realidad, a la vez objetiva y subjetiva, figuradas en el Cántico espiritual (estrofas  11 y 36) por la " en estos tus semblantes plateados " y por las " Subidas cavernas de la Piedra”.

Estas consideraciones nos parecen esenciales para comprender que la Norma interior, en su realidad profunda no se sitúa al nivel psicológico; sin duda se traduce al nivel de la Psique por una actitud que se puede llamar "interior", exactamente como ella se expresa a nivel del "cuerpo" por normas exteriores, especialmente en las obras y los ritos. Pero precisamente lo que hemos dicho sobre el dogma, cuya cara exterior se sitúa al nivel de lo mental (que aparece como interior con relación a lo corporal) y cuya cara interior está en consecuencia más allá de lo mental, permite comprender que la verdadera interioridad se encuentra, en todos los casos, más allá de la Psique, por lo tanto al nivel del Nous.7

Se sigue que en la perspectiva cristiana la verdadera norma interior, es la Piedra, es decir el Cristo. Esta perspectiva se sitúa pues al nivel ontológico, y el Misterio de la Encarnación, de la Unión Hipostática de las dos naturalezas sigue siendo el Centro de la espiritualidad cristiana, el Prototipo, a la vez subjetivo y objetivo, de la Unión mística, pues, como dice el Maestro Eckhart, el Padre no tiene más que una voluntad, es engendrar el Hijo Único, el Primer Nacido, el hijo monogéneo; fuera de este mediador no hay espiritualidad cristiana.
7 Psique alma, Nous espíritu 

domingo, 28 de agosto de 2016

De la ignorancia (Abbé Henri Stéphane )


TRATADO  XI.3 De la ignorancia
(Abbé Henri Stéphane 1907-1985, Introducción al esoterismo cristiano, Capítulo XI, Epistemología)
La ignorancia es la raíz de todo mal: todo ser es bueno en su esencia verdadera, pero el mal proviene de lo que ignoramos esta esencia verdadera, tanto la nuestra como la de los otros seres. El peor de los errores es confundir nuestra esencia verdadera - nuestro " Sí  " inmortal - con nuestro ego perecedero, que no es más que la serie de nuestros estados de conciencia y de nuestras relaciones con mundo exterior.

La ignorancia pura y simple del "iletrado" es benigno e inocente al lado de la pretensión sabia del hombre "cultivado" cuyo saber profano es un obstáculo a la Luz, mientras que la " virginidad mental " del iletrado 3 puede ser una apertura a la Verdad. La ciencia profana, que no es más que un formalismo pseudometafísico constituye de hecho una ignorancia "tanto más "monstruosa" cuanto se desarrolla para ella misma fuera de toda teología. En cuanto a la filosofía profana, es la palabrería de un ciego que diserta sobre los colores. El arte y la literatura profanas no son entonces más que la expresión colectiva de una  psicología reducida a los estados de conciencia o a las situaciones humanas más vulgares del hombre zambullido en las tinieblas

3. Al Ángel Gabriel, la Virgen responde que " no conoce en absoluto hombre : el Profeta responde que es " iletrado".



De la ignorancia  más espesa y las intrigas más banales  de la vida ordinaria (F. Schuon)

No hay pues  peor ilusión que la ciencia, la filosofía, el arte y la literatura profanas: es allí donde reside la ignorancia  verdadera, ya que una pseudosabiduría tiende a sustituírsele a la Verdadera Sabiduría  (1 Corintios  I, 19). Porque ésta es también  "Ignorancia", No saber, Apofatismo. Se le llama la " Docta Ignorancia", y  la ignorancia de los iletrados es el reflejo de  cierta manera natural: el falso saber del filósofo profano es , por contra, la manera satánica o luciferina.

¿ En  qué consiste la  " Docta Ignorancia "? A saber, en primer lugar, que mi ego perecedero  es una pura nada delante de Dios, una  sucesión de estados de conciencia y de relaciones con exterior, sin consistencia y sin realidad: " esto no es mi Sí " 4; a saber, en segundo lugar, que ninguna de mis facultades humanas puede entregarme el " Secreto sobre-esencial " de mi esencia verdadera, mi verdadero Nombre (Apoc. II, 17). En otros términos, la " Docta Ignorancia " consiste en saber que Dios es incognoscible. En verdad, la Esencia divina es absolutamente incognoscible, hasta para ella misma: Dios no puede conocer lo que Él es, porque no es ningún "esto"; Él no es nada de esto, en nuestra ignorancia, creemos que nosotros podemos afirmar de él. Lo que afirmamos de él, hay que negarlo en seguida: tal es el apofatismo. Pero en verdad, Dios es más allá de toda negación y de toda afirmación: él es el Inefable.

Sin embargo si la Esencia divina es incognoscible, hasta para ella misma, no es menos verdad que Dios es Todo Conocimiento como es Todo Amor, sin distinción de  sujeto conociente  y de objeto conocido, o de amante y de amado. Es de alguna manera el Testimonio inmutable e inafectado de todo Conocimiento y de todo Amor: él es el " Si"  supremo e incondicionado, absoluto y trascendente.

Puede cuestionarse evidentemente que relación sostiene lo Absoluto con lo relativo, es decir con la creación; esta relación es unilateral ; el efecto depende íntegramente de la Causa, pero esta no es afectada en nada por el efecto.

4 Fórmula por la cual A.K: Coomaraswamy espresa la doctrina budista del anâtman ( o anatta); cf Hinduismo y Budismo  p.117

. Se puede decir también que éste está contenido "eminentemente" en la Causa, donde está liberad de todos sus límites o determinaciones, a título de " pura relación"  o de "posibilidad": en el seno de la Esencia divina, toda posibilidad es necesaria, permanente, eterna, y si una posibilidad es distinta de otra, no se distingue sin embargo la Esencia divina en la que no hay ninguna distinción. El conjunto de todas las posibilidades - que se puede llamar la Toda Posibilidad – no añade pues nada a la Esencia divina que es infinita, y es por esto que lo creado es rigurosamente nulo frente a lo Increado: no subsiste en él más que a título de pura : " soy una pura relación con Dios ", yo no soy pues nada por mí mismo o en mí mismo.

La expresión dogmática de esta verdad aparece netamente en el Misterio de la Inmaculada Concepción: la Virgen es una pura relación con Dios, porque no tiene realidad más que  por la Encarnación del Verbo. Decir " soy la Inmaculada Concepción " equivale a decir: " soy una relación pura con Dios". Es en este nivel " ontológico  " done se sitúa la Virginidad verdadera, y todas las disertaciones morales sobre la pureza o la castidad no son más que sombras en comparación de la esencia verdadera de la Virginidad. Que el alma humana, purificando sus facultades mentales o psíquicas por la " Docta Ignorancia ", se esfuerza por contemplar su propia virginidad, en el estado de pura relación con Dios, realizando su esencia verdadera: " soy la Inmaculada Concepción. "

El Misterio de la Asunción se presta a la misma dialéctica. Devenida "Virgen", es decir " devenida lo que es ", o lo que jamás dejó de ser en el seno de la Esencia divina, a saber una pura relación con la Deidad, el alma humana "es asumida" por el Verbo: Jesús, que nace en ella, la absorbe en Él.

El simbolismo de la Flor, o de la Rosa, ilustra todo lo que acabamos de decir: el Cáliz abierto hacia el Rocío Celeste, la flor vuelta hacia el sol, simbolizan la virginidad del mental en el estado de " Docta Ignorancia". No está desprovisto de interés notar que este simbolismo es universal: Jesús de Nazareth quiere decir " Jesús nacido de la flor ", porque Nazareth significa "flor" 5.

La invocación búdica mani padmé –joya en el loto- tiene la misma significación. El simbolismo del " Profeta iletrado" en el Islam significa de la mismo forma la virginidad mental - o la "Docta Ignorancia " - del que recibe el Corán. Citemos en este pasaje de un poema turco: " pregunté a la flor:  ¿ por qué curvas la cabeza?  La flor me respondió: Ô derviche, mi corazón  esta derecho hacia Allâh. " 6

5. De la raíz hebraica NâZaR (floruit), pero esta etimología es dudosa.

6 Poema de Younous Emré