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martes, 7 de enero de 2025

FELICIDAD (Frithjof Schuon)

Resumen de metafísica integral

Frithjof Schuon

José J. Olañeta Editor. Palma de Mallorca 2000 Pp 108-110

FELICIDAD

Una de las primeras condiciones de la felicidad es renunciar a la necesidad superficial y habitual de sentirse feliz. Pero esa renuncia no puede surgir del vacío; ha de tener sentido, y ese sentido sólo puede venir de lo alto, de lo que constituye nuestra razón de ser. De hecho, para demasiados hombres el criterio de valor de la vida es un sentimiento pasivo de felicidad, que viene determinado a priori por el mundo exterior; cuando este sentimiento no se produce, o cuando se difumina —cosa que puede tener causas tanto objetivas como subjetivas—, se alarman y están como poseídos por la pregunta: «¿Por qué no soy feliz como antes?» y por conseguir algo que pueda devolverles la sensación de ser felices; lo cual, no hace falta insistir en ello, es una actitud perfectamente mundana, luego incompatible con la menor de las perspectivas espirituales. Encerrarse en una felicidad terrena es crear una barrera entre el hombre y el Cielo, y es olvidar que en la tierra el hombre está exiliado; el propio hecho de la muerte lo prueba.

La primera respuesta a la espera profana del sentimiento de felicidad —o a la mala costumbre de aprisionarse en esa espera como si no hubiese encima de nosotros un cielo ilimitado y sereno—, la primera respuesta, pues, es el recuerdo del Sumo Bien o, en otros términos, la conciencia de su Realidad y de su Felicidad. Es esa conciencia lo que permite percibir la relatividad y la pequeñez de nuestro «complejo» de felicidad, y constatar que hay en la espera en cuestión dos vicios fundamentales, a saber, la concupiscencia y la idolatría; dos cosas, pues, que nos alejan de Dios y por consiguiente de la Felicidad en sí, fuente de toda felicidad.

Pero hay algo más: a la renunciación de la que hemos hablado más arriba, ha de añadirse lo que cabe llamar, del modo más simple, la «vida de oración». Hay que llegar a encontrar felicidad en el acto espiritual, el don de sí, más que en el disfrute pasivo y narcisiano de un bienestar que se espera que el mundo nos ofrezca. «Mayor felicidad hay en dar que en recibir», dijo Cristo 1 

Sin embargo, el hecho de hacer fructificar la actitud negativa de renunciación mediante la actitud positiva de afirmación o de don no puede constituir por sí solo la alquimia del contento espiritual; tenemos necesidad igualmente de un estado de ánimo que corresponda más directamente a la felicidad propiamente dicha, y es en primer lugar y con toda evidencia el amor a Dios: el sentido de lo sagrado y por tanto el recogimiento ante la Divinidad, o ante determinada expresión sacramental de su presencia. Esa es la beatitud contemplativa en el santuario, y éste es ante todo nuestro corazón; porque «el reino de Dios está dentro de vosotros».

Otro polo de la felicidad espiritual —complementario del anterior— es la esperanza: nuestra certidumbre condicional de la salvación, certidumbre que depende de nuestra certidumbre de Dios y de la sinceridad de esa certidumbre; pues estar realmente cierto de lo Absoluto es sacar las consecuencias operativas de esa convicción; pues lo Absoluto compromete todo cuanto somos. La fe exige las obras; no son éstas por sí solas las que obran la salvación, pero forman parte de la fe, que abre nuestra alma

1. Hechos de los apóstoles, XX, 35. También Artajerjes, según Plutarco: «Dar es más regio que recibir».

inmortal a la Misericordia salvadora. Las obras —o la obra a secas— son ante todo el diálogo con el Cielo; el aura moral de esta alquimia es la belleza del alma, luego también la actividad exterior que la manifiesta.

La felicidad es la religión y el carácter; la fe y la virtud. Es un hecho que el hombre no puede encontrar la felicidad en sus propios límites; su naturaleza misma lo condena a elevarse por encima de sí mismo, y, haciéndolo, a liberarse.


Beatitd, felicidad ( Jean –Marc Vivenza)

 BEATITUD.


Jean –Marc Vivenza . Le Diccionaire de René Guénon. Le Mercure Dauphinois. Grenoble 2002 Pp.60-61


Si consideramos que el conocimiento de la identidad del Intelecto* con el Atma* es la más elevada de las posibilidades espirituales de que es capaz el hombre, y que este descubrimiento corresponde también a la

comprensión de que en última instancia no hay diferencia entre el Atma y todas las formas del ser, en la medida en que ninguna realidad es ajeno al Atma, entonces este conocimiento último puede llamarse auténtica Beatitud.


La beatitud (Ananda) puede definirse, pues, como la Conciencia total del "Ser*" cuando se considera en relación con su único objeto: el Ser puro*

(Sat).


(El hombre y su devenir según el Vêdânta, cap. XIV, "El estado de sueño profundo o la condición de prajna").


martes, 18 de junio de 2019

Felicidad (Julius Evola)


Felicidad

Julius Evola
"La Doctrina del Despertar", Segunda parte, capítulo 4 La presencia sidérea. Las heridas se cierran

De igual manera, en el budismo se habla de una felicidad que se antoja "fangosa y putrefacta" frente a la ligada al desprendimiento, a la calma, a la iluminaciόn.50 Además se consideran secuencias como ésta: "En el asceta surge la alegría; esta alegría lo hace feliz; el cuerpo feliz se calma; calmado el cuerpo, surge la serenidad; en esta serenidad el ánimo se detiene, se recoge"; esto como camino hacia los cuatro jhana.51 Otra secuencia presenta el aspecto de una serie concatenada que se desarrolla en sentido ascendente, después de la descendente que, a través de los doce nidana, ha conducido hasta la existencia samsárica (véase primera parte, cap. 6). El punto de partida de esta nueva serie es, en efecto, el estado de sufrimiento, de agitación, de contingencia, que corresponde al último nidana del camino descendente. Más allá de éste surge el estado de la confianza; éste conduce a la alegría purificada (pamujja); sigue la serenidad, que da lugar a la beatitud, que pasa a la ecuanimidad. El término usado aquí literalmente significa desvanecerse, cesar de estar en un lugar: se trata de un estado de equilibrio liberado, por lo que pamujja a veces figura como antecedente de la extincίόn.52 En este texto, la realización suprema lleva tras sí una serie concatenada en la que tienen una parte  precisa estados especiales de una felicidad liberada, análoga a la que Platόn considero oponiéndola a toda forma mixta y condicionada de alegría o de placer. Citemos aún un texto que se refiere al estado en que aproximadamente  nos encontramos en este punto de nuestra exposición: "Tal recogimiento, que no conoce ni aumento ni disminución, que no se basa en una subyugación violenta, que por su carácter

50 Anguttara..., Viii, 86; véase 1, 51, donde se consideran y contraponen dos especies de felicidad, una ligada a la vida en el mundo, a la mania, al goce; la otra, ligada a la ascesis o a estados supramundanos de desprendimiento y de libertad de la mania; y se dice que la segunda es la felicidad más alta: "La extinción —se dice (Majihima..., LXXV, 11, 323)— es la maxima alegría". Ya con referencia al estado del primer jhana (véase segunda parte, cap.5) se dice que una sensación de voluptuosidad que surgiera en el asceta, la sentirla como una herida (abadha), como un sufrimiento, como lo es el dolor que perturba al hombre sano" (Anguttara..., IV, 414). Es por poseer un goce superior que no se envidia a quienes gozan encendidos por el deseo (Majjhima..., LXXV). Es por haber descubierto, allende este goce, otra felicidad -la "felicidad heroica"— como algo mejor, que se abandonan afán y aversión (Majihima..., XiV, i, 135). La felicidad, en muchas secuencias budistas, llega precisamente después de la "fuerza".
51 Digha...,11, 75.
52 Samyutta.... XII, 23.

desprendido es constante, por su constancia está lleno de beatitud, por
su beatitud no se puede eliminar. Tal recogimiento tiene por resultado
el supremo saber".53

Valga esto para alejar la idea de que el camino del despertar es árido
y desolado, que a lo largo del mismo fenece toda alegría y que en dicho
camino se consideran únicamente renuncias y destrucciones. Que aquellos
para los que, como extrema instancia, vale el mundo afectivo
samsáricamente condicionado puedan suponer algo por este estilo es
natural, pero dice bien poco. En un texto se lee: sólo un Despertado
puede comprender al Despertado. Hay un símil bastante expresivo: dos
compañeros salen juntos de una ciudad y llegan a una roca que uno
escala y le dice al otro: "Desde aquí veo una maravilla de jardines, de
selvas, de campos, de lagos", pero el otro le rebate: "Es imposible, es
inadmisible, amigo, que tú desde ahí arriba puedas ver todo esto'. Entonces
el compañero que ha subido a la roca, baja, toma del brazo a su
compañero, lo hace subir con él y luego de hacer que repose un poco,
le pregunta: "¿Qué ves tú, amigo, estando sobre la roca?" El otro le responde:
"Yo veo una maravilla de jardines, de selvas, de campos, de
lagos". "¿Y tu opinión anterior?" "Mientras me lo impedía esta gran
roca no podía discernir lo visible". Se concluye: lo que es cognoscible,
discernible, asequible, realizable con desprendimiento no es posible
que lo conozca o discierna o consiga o realice quien vive entre los deseos
y encendido por los deseos.54 Aparte el principio "sidéreo', también
el budismo conoce una felicidad que es contento, fiesta, júbilo,
entusiasmo, exultación, transportación del ánimo; felicidad que, entre
otras cosas, es considerada como "un factor del gran despertar" (
pitisambojjhango).55

53 "Anguttara..., IX, 37.
54 Majjhima..., CXXV (III, 212-13).
55 Dhama -sangani, 285. Muy oportunamente contra quienes creen que el camino
dista es desolación y aridez, L. de la Vallée-Poussin (Nirvana, Paris, 1925, p. 62) escribe "
Reconozcamos más bien que la India es difícil en cuanto a ser y a felicidad, pues al colocar
el ser más allá de la existencia, sitúa la felicidad más allá de la sensación".