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lunes, 21 de abril de 2025

Escolios (Nicolás Gómez Dávila)

 

Escolios

Nicolas Gómez Dávila



Todo es trivial si el universo no está comprometido en una aventura metafísica.


— Si no heredamos una tradición espiritual que la interprete, la experiencia de la vida nada enseña.


— Nunca es demasiado tarde para nada verdaderamente importante.


— Hay que vivir para el instante y para la eternidad.

 No para la deslealtad del tiempo.


— Las experiencias espiritualmente más hondas no provienen de meditaciones intelectuales profundas, sino de la visión privilegiada de algo concreto.


— Quien no vuelva la espalda al mundo actual se deshonra.


— Pensar como nuestros contemporáneos es la receta de la prosperidad y de la estupidez.


— Hacer lo que debemos hacer es el contenido de la Tradición.


— El día se compone de sus momentos de silencio.
 Lo demás es tiempo perdido.

jueves, 7 de octubre de 2021

VARIOS (Nicolás Gómez Dávila)

VARIOS

Las cohortes disciplinadas de “rebeldes” desfilan en nuestro tiempo, entre las ovaciones frenéticas del público y bajo la protección de las autoridades civiles y eclesiásticas, mientras que los conformistas huyen perseguidos y conspiran en solitarios desvanes.

Los náufragos perdonan más fácilmente al piloto imprudente que hunde la “nave” que al pasajero inteligente, que predice su deriva hacia el escollo.

El lujo es vulgar cuando es ostentación de dinero, no cuando es ostentación de lo noble, lo imperial, lo sacro.

Pocos reparan en la única diversión que no hastía: tratar de ser año tras año un poco menos ignorante, un poco menos bruto, un poco menos vil.

Las únicas enseñanzas importantes son las que no puede transmitir sino el tono de voz.

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El hombre paga el poder que adquiere sobre el mundo entrgando el sentido de las cosas.

Para hacer la teoría del viento hay que renunciar añl misterio de un torbellino de hojas secas.

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La noche vuelve canto los agrios gritos del día.

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La paradoja es convergencia de proposiciones contrarias en una misma frase.

Lo paradójico es divergencia de una realidad única en varias expresiones en conflicto.

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“Haber vivido mucho” suele significar meramente la asidua frecuentación de prostíbulos.

Puesto que a todo discurso se le puede negar sus postulados, solo es válida apologética la seducción moral de una vida, la seducción intelectual de una idea , la seducción estética de una prosa.

Al que pregunte con angustia qué toca hacer hoy, contestemos con probidad que solo cabe una lucidez impotente.

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La teoría se equivoca limitando la realidad a las categorías que permiten manipularla.

La práctica se equivoca procediendo como si la teoría no se equivocara.

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El alma se le muere pronto a quien no tuvo infancia campesina.

A la ética actual le distingue de la ética el intento de proclamar virtudes los alófonos de la codicia.


TRADICIÓN (Nicolás Gómez Dávila)

TRADICIÓN

Es prudente respetar los viejos catecismos, para evitar la vulgaridad y los crímenes del pueblo que estrena opiniones.

La originalidad necesita adosarse a la continuidad de una tradición.

Solo una cosa no es vana; la perfección sensual del instante.

Frente a la claridad hija del análisis que substituye a una totalidad confusa una multiplicidad sistemática, existe una claridad que proviene de la intuición global del objeto, más semejante a la visión que el pintor transmite del cuerpo desnudo que al inventario del anatomista.

El espíritu no camina con pasos regulares: brinca, al contrario, de evidencia en evidencia.

Meditar es traducir un instante de lucidez en el idioma de una época y en el  léxico de un gremio.

A los abruptos dilemas de la inteligencia la historia contesta con soluciones que los burlan.

La sensación de infinito se consigue solo en lo inmediato.

Cuando cobra total seriedad, la meditación metafísica culmina en relato autobiográfico.

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Al mundo solo le rescata de su causalidad horrenda, de su bruta existencia empírica, la visón que se instala en la misteriosa suficiencia de cada objeto aislado, como se instala el amante en la maravillosa suficiencia de su amor.

La sabiduría en este siglo, consiste ante todo en saber soportar la vulgaridad sin irritarse

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Solo la quietud y la rutina nos entregan la pulpa de las cosas, de las esencias, de los seres.

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La conciencia de nuestra dependencia, de nuestra impotencia, de nuestra insignificancia, la conciencia, en fin, de nuestra condición de creatura, nos salva de la angustia y del tedio.

Para quien se postra el mundo fluye en una secreta primavera.

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Para educar el alma es necesario someterla a la presencia de los mismos muros, a la paz rutinaria y monótona del mismo paisaje bajo el mismo cielo.

En ciertos instantes colmados Dios desborda en el mundo, como fuente repentina en la paz del mediodía.

Las iluminaciones que orientan la vida del espíritu son las repentinas fulguraciones de trivialidades.

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Si un vacío físico no lo convence de la desaparición de una cosa, el hombre se obstina en verla presente mientras persista su espectro.

En el mundo contemporáneo las yerguen aun su apariencia intacta, pero el siglo succionó implacablemente su savia. La espesa pulpa de las cosas, de momento en momento, se corrompe, se pudre, se disipa.

El hombre se instala ciegamente en la terrestre solidez de su destino, cuando la substancia del mundo fluye hoy por una secreta herida hacia la nada.

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Solo es realmente importante lo que al mero espectador parece gesto trivial.

Llámese como se quiera, el modo como Dios me es, es el modo como me soy a mí mismo.

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Las experiencias espiritualmente más hondas no provienen de meditaciones intelectuales profundas, sino de la visión privilegiad de algo concreto.

En el larario del alma no veneramos grandes dioses, sino fragmentos de frases, gajos de sueños.

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Indicios de civilización sólo son la claridad, la lucidez, el orden, los buenos modales, de la prosa cotidiana.

La inquietud es consecuencia de una fe excesiva en la estabilidad de las cosas.

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La violencia no basta para destruir una civilización.

Cada civilización muere de la indiferencia ante los valores peculiares que la fundan.

Lo que requiere lucha para ser conseguido muere de ser alcanzado.

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El escritor tradicional no se ocupa de la tradición a que pertenece, porque no duda de la legitimidad de su genealogía.

El escritor tradicionalista, en cambio, imita cuidadosamente a sus presuntos antepasados, para parecer de la misma familia.

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Una tradición no es un supuesto catálogo de virtudes que se enfrenta a un catálogo de errores, sino un estilo de resolver problemas.

La tradición no es solución petrificada, sino método flexible.

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El papel del cristianismo en el mundo es la mayor preocupación del nuevo teólogo.

Singular preocupación, singular preocupación, puesto que el cristianismo enseña que el cristiano no tiene papel en el mundo.

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La humildad no desarma como símbolo de sumisión anticipada, sino como revelación repentina de un universo donde mandar es grosero y vulgar.

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Siendo la lucha por la libertad la más noble de las empresas, el hombre se envilece en una sociedad libre.

El alma se ablanda y se corrompe donde todo se puede decir y todo hacer. Lo esfuerzos viriles, las atestiguaciones peligrosas, las tensiones trágicas, se extinguen, para que el hombre, eximido de la compulsión a ser noble, se rinda a la natural vileza de sus instintos.

Acostumbrado finalmente a tolerar sus contrarios, los principios se convierten en claudicaciones elocuentes.

El precio de la libertad es una perpetua apostasía.

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La salvación social se aproxima cuando cada cual confiesa que solo puede salvarse a si mismo.

La sociedad se salva cuando sus presuntos salvadores desesperan.

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Solo lo trivial nos ampara del tedio.

El mal solo tiene la realidad del bien que anula.

El hombre moderno no ama, sino se refugia en el amor; no espera  sino se refugia en la esperanza; no cree, sino se refugia en el dogma.

La desnudez sensual es la florescencia del pudor.

Si los dominicos, para convertir a la muchedumbre, aconsejan hoy el fusilamiento popular de ricos, en vez de la combustión inquisitorial de herejes, los jesuitas por otra parte, con el fin de adaptar el cristianismo al mundo, en lugar de paliar como ayer las codicias burguesas proponen cohonestar las envidias proletarias.

Criticar el dualismo, confundiendo el que distingue con el que contapone, prohíja la pronta transformación del cristianismo en un inmanentismo naturalista.

Los monismos son representaciones dranáticas, donde el drama es embuste y sombras chinescas los actores.

Un solo concilio no es más que una solo voz en el verdadero concilio ecuménico de la Iglesia, que es su historia total.

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Los desaciertos sociales del cristianismo, en la última centuria, se originaron en el error de adaptar su conservatismo ingénito a la defensa de condiciones sociales provenientes de un proyecto revolucionario adverso a su doctrina.

El cristianismo sufre las consecuencias de haber custodiado el proceso de industrialización de una sociedad democrática.

Después de conversar con alguien “bien moderno” vemos que la humanidad se evadió de los “siglos de fe” para atascarse en los de credulidad.

Clérigos y periodistas han embadurnado de tanto sentimentalismo el vocablo “amor” que su solo eco hiede.

Hay almas que la absolución no limpia, sino que empuercan las absoluciones.

Las familias suelen ser células purulentas de estupidez y desdicha, porque una necesidad irónica exige que el gobierno de tan elementales estructuras requiera tanta inteligencia, astucia, diplomacia, como el de un estado.

Autoridad es la característica propia a lo que nos subyuga, como la poesía de Homero o el genio de Platón.

Autoridad no es lo que logra mandar, sino lo que no es concebible que se le desobedezca sin demencia,

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La necesidad de la gracia procede menos de nuestra incapacidad para cumplir la ley que de la esterilidad de su cumplimiento.

No es de la impotencia de la voluntad, sino del fracaso de sus obras, de donde surge la urgencia de la gracia,

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La sociedad racional no se opone a la “tradicional” como lo coherente a lo ilógico.

Sino como lo animal a lo humano.

“Racional”, en este contexto, significa ahitarse sin decencia y copular sin trabas.

Los rebeldes a una tradición, o no cuentan, o resultan más leales a la tradición que sus fieles presuntos.

La tradición no es texto sino manera de leerlo.

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El que cree en Dios no necesita someter as una coherencia arbitraria el caos del mundo.

El orden mora detrás de nuestras evidencias discrepantes,

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Dios es la realidad que el deísta pierde y que el panteísta recupera.

Como ideal supremo, la libertad es el primer paso hacia el nihilismo final,

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Comoquiera que la materia de un conocimiento que se pretende inmediato es más importante que su forma, debemos distinguir de la mística teísta lamística naturalista y la mística personalista: de la experiencia de la realidad de Dios la experiencia de la incorrupción del mundo y la experiencia de la eviternidad del yo.

La mística teísta es incorruptible; pero la mística naturalista se pervierte en panteísmo, cuando la conciencia extática identifica el esplendor de la creación intacta con el esplendor mismo del creador; y la mística personalista se pervierte en gnosticismo, cuando la conciencia ensimismada identifica la eviternidad del alma con la eternidad de Dios. 

Las actitudes panteístas son menos culpables que las gnósticas, porque la soberbia humana se consume allí en la conflagración divina de las cosas; pero la interpretación errónea de la experiencia mística reitera el sacrilegio primigenio.

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Liberar al hombre es sujetarlo a la codicia y al sexo.

La muerte no debe ser el objeto de nuestras meditaciones, sino la base de todas.

No transmitimos finalmente, despertamos.

Los principios son la luz que ilumina nuestros pasos mientras las evidencias se eclipsan.

El gesto más que el verbo, es el verdadero transmisor de las tradiciones.

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La ciudad desaparece, mientras elmundo entero se urbaniza.

La ciudad occidental fue persona.

Hoy, la hipertrofia urbana y el centralismo estatal la desintegran en mero hacinamiento inánime de viviendas.

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No tratemos de convencer, el apostolado daña los buenos modales.

Si no heredamos una tradición espiritual que la interprete, la experiencia de la vida nada enseña.

¿ En qué dios habrán creído los que dejan de creer en él?

El método supremo sería el que nos permitiese descubrir al dios bajo el harapo.

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El honor es el escándalo de la ética.

En efecto, las noemas que el honor acata pueden coincidir con las normas universales, pero el honor nos ordena acatarlas meramente porque las asumimos como propias.

Honor es lealtad con mi deber, porque es mío.

El honor se degrada en honra, como la ética en moralismo.

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La caridad inicia la redención del sujeto, el arte la del objeto, el honor la de la relación entre los dos.

La caridad es acto del sujeto que trata a los demás sujetos como fines, el arte es el acto de aprensión que trata al objeto como fin, el honor es el acto que trata como fin la relación entre sujeto y objeto porque consiste el cumplir el compromiso asumido.

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No es la grandeza del hombre lo que me empeño en negar, sino la pretendida omnipotencia de sus manos.

Los responsables de los grandes intereses espirituales pueden ser feroces o buenos, pero no afables.

Adulterar la ética cristiana de la perfección en ética de servicio es colaborar a la transformación de la conducta ética en comportamiento legal.

La liberación total es el proceso que construye la prisión perfecta.

Las insurrecciones titánicas contra la divinidad culminan en las hebdomadarias visitas a prostíbulos de barrio.

Toda ética termina en pelagianismo, todo pelagianismo en deísmo, todo deísmo en sepelio de Dios.

El destino no es necesidad irrecusable, sino invitación desafiante a plinitud de significado.

 

 


POLÍTICA (Nicolás Gómez Dávila)

 

POLÍTICA

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El militante comunista antes de su victoria merece el mayor respeto.

Después no es más que un burgués atareado.

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La tiranía de un individuo es preferible al despotismo de la ley, porque el tirano es vulnerable y la ley incorpórea,

El pueblo no elige a quien lo cura, sino a quien o droga.

El reaccionario es el instigador de esa radical insurrección contra la sociedad moderna que la izquierda predica, pero cuidadosamente elude en sus farsas revolucionarias.

El reaccionario anhela convencer a las mayorías, el demócrata sobornarlas con la promesa de bienes ajenos.

Solo lo trivial nos ampara del tedio.

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Con la industrialización de la sociedad comunista culmina la hegemonía burguesa.

La burguesía no es tanto una clase social como el ethos de la sociedad industrial misma.

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Los fanáticos de la libertad acaban de teorizantes de la policía.

La doctrina de Fichte, por ejemplo, culmina en una teoría del pasaporte.

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Obedecer a la ley que depende la voluntad mayoritaria es obedecer al capricho, obedecer a un hombre que reconoce normas objetivas, es obedecer a la ley.

Verdadero aristócrata es el que tiene vida interior. Cualquiera que sea su origen, su rango, o su fortuna.

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Los gobernantes que representan solo a una minoría tienen que inventar la civilización para no perecer.

Los delegados de una mayoría, en cambio, puden ser soeces, chabacanos, crueles, impunemente.

Mientras mayor sea la mayoría que lo apoya, el gobernante es menos precavido, menos tolerante, menos respetuoso de la diversidad humana.

Cuando los gobernantes se juzgan mandatarios de la humanidad entera el terror se aproxima.

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El hombre actual reclama libertad para que la vileza florezca impune.

El pre-marxista es infantil, el marxista burdo, solo el post-marxista es adulto.

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El problema político es radicalmente insoluble, porque consiste en la exigencia contradictoria de imponer por la fuerza valores que se anulan  cuando la fuerza los impone.

El político traiciona igualmente, sea que admita la impotencia del bien, sea que lo pertreche de armas.

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Los periodos históricos son lapsos durante los cuales un tipo distinto de normas predomina.

Los siglos XVII y XIX fueron el periodo de las normas jurídicas. El siglo XX ha sido el periodo de las normas económicas.

Un nuevo periodo se esboza durante el cual predominarán las normas biológicas; pues la época que comienza afronta primordialmente conflictos étnicos, una presión demográfica creciente, y creciente envilecimiento de la especie,

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Hallarse a merced de los caprichos populares, gracias al sufragio universal, es lo que el liberalismo llama garantía de la libertad.

Si el reaccionario no despierta en el conservador, se trataba solo de un progresista paralizado.

Los problemas sociales son el refugio delicioso de quienes huyen de sus propios problemas.

El que no sabe dar a cada cual lo suyo resuelve dar a todos lo mismo.

Hay que agitar nuestras soluciones para que no se depositen en sistema.

El reaccionario no anhela la vana restauración del pasado, sino la improbable ruptura del futuro con este sórdido presente.

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El orden es engaño.

Pero el desorden no es solución.

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La derecha pierde el poder cuando el pueblo olvida los cataclismos de izquierda que se lo dieron.

La calidad moral del que no pierde en política debe inquietarnos.

La mentalidad moderna no concibe que se pueda imponer orden sin recurrir a reglamentos de policía.

Por culpa de las pocas tonterías en que el misoneista incurre, nadie le abona las innumerables que evita.

La condición necesaria y suficiente del despotismo es la desaparición de toda especie de autoridad no conferida por el estado.

Ser burgués es no imaginar que la industrialización pueda no ser codiciable y que sus productos puedan no ser codiciados.

Como el aparato intelectual de nuestros contemporáneos es únicamente sensible a ideas de frecuencia autorizada por los dogmas modernos, las democracias astutas comprendieron la superficialidad de la censura.

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La suficiencia colectiva llega a repugnar más que la individual.

El patriotismo debe ser mudo.

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Tres factores han corrompido, en América, la noble reciedumbre de la lengua española: el solecismo mental del inmigrante no-hispano, la facundia pueril del negro, la melancolía huraña y sumisa del indio.

Las naciones son flora parasitaria que se seca cuando termina de succionar las savias regionales.

La nación -fenómeno reciente sin bases geográficas o étnicas, pura construcción legal y política -suprime tanto la comunidad real del Kleinstaat como la comunidad ideal del Sacro Imperio.  

El peor totalitarismo no es el estatal ni el nacional, sino el social: la sociedad como meta englobante de todas las metas.

Contra la evacuación moderna del misterio afirmemos su presencia englobante.

La transformación de los gobiernos militares de facto en gobiernos militares de iure ha sido el invento político a que el hombre debe los trechos civilizados de su historia.

Madurar es descubrir que todo objeto deseado es solo la metáfora del objeto trascendente de nuestro deseo.

El anonimato de la sociedad moderna obliga a todo el mundo a pretenderse importante.

Desagradecimiento, deslealtad, resentimiento, rencor definen el alma plebeya en toda época y caracterizan este siglo.

La mayor capacidad de matar es el criterio de progreso entre dos pueblos o dos épocas.

La urbe moderna no es una ciudad, es una enfermedad.

Ser reaccionario es haber aprendido que no se puede demostrar, ni convencer, sino invitar.

 

 

FILOSOFÍA (Nicolás Gómez Dávila)

 

FILOSOFÍA

El moderno cree que la muerte es “natural”, salvo cuando le toca morir.

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Verdad es la fórmula que expresa fielmente nuestra visión de un objeto.

Siendo relación entre el objeto que se evidencia y la persona para la que es evidente, la verdad está ligada a una intuición concreta.

La fórmula deja de ser verdad para quien no puede reconstruir con ella la experiencia que la funda.

La ley es forma jurídica de la costumbre o atropello a la libertad.

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El subjetivismo solo es trascendible si lo asumimos completamente.

Cuando el sujeto se invierte hacia su centro y se interna en su espesura, un rumor de aguas vivas lo acoge en su penumbra. Allí, donde creía encontrar su extrema soledad, una objetividad insumisa se revela, una alteridad irreductible, una trascendencia victoriosa.

En la subjetividad asumida surgen la historia y Dios.

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Solo hay instantes.

Habiendo promulgado el dogma de la inocencia original, la democracia concluye que el culpable del crimen no es el asesino envidioso, sino la víctima que despertó su envidia.

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Lo racional consiste en prolongar la vida, evitar el dolor, satisfacer el hambre y el sexo.

Solo una definición semejante esclarece el discurso de los últimos siglos.

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Llamar “naturales” ciertos rasgos axiológicos facilita la confusión de lo axiológico con lo ontológico.

Los ejemplos que cita Ulpiano (Dig i,I,3) , al definir el ius natural, patentizan esa ontologización del derecho que ha pervertido el pensamiento jurídico.

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Nada que pueda sumar tiene fin que colme.

Lo importante es inconmensurable plenitud

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Donde la igualdad deja que la libertad entre, la desigualdad se le desliza.

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Si no se cree en Dios, loúnico honesto es el Utilitarismo vulgar.

Lo demás es retórica.

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Las sociedades moribundas acumulan leyes como los moribundos remedios.

El escritor de izquierdas nunca escribe una historia sino ejemplifica un esquema.

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El estoicismo, definitivamente, es la cuna de todos los errores.

(Deificación del hombre- determinismo-derecho natural-igualitarismo-cosmopolitismo-etc.)

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De cierto nivel de profundidad para abajo, la interpretación psicológica cae en la arbitrariedad pura.

Cuando la libertad deja de ser sumisión a los más altos valores de la época, para convertirse en derecho de expresar nuestra individualidad insignificante, más vale la disciplina del cuartel socialista.

El jurista tiende espontáneamente hacia el absolutismo. Las libertades son vacíos de la ley.

El afán con que hoy se le busca explicación a todo en la psicología del inconsciente, es reflejo de la angustia moderna ante la trascendencia.

Queremos que todo sea demostrable para poder llegar a la verdad sin ser intigentes.

 

 

HISTORIA (Nicolás Gómez Dávila)

 

HISTORIA

La objetividad del historiador no consiste en abstenerse de dictar juicios de valor, sino en sentenciar con acierto.

Ya vislumbramos la mezcla de prostíbulo, de ergástulo de circo, que será el universo de mañana, si el hombre no reconstruye un universo medieval.

El estilo es el orden a que el hombre somete el caos.

Gente decente, en lo intelectual como en lo social, no es la que descuella en la ciudad, sino la que tiene casa paterna en su pueblo

miércoles, 6 de octubre de 2021

Economía (Nicolás Gómez Dávila)

 

ECONOMÍA

La posibilidad de salvaguardar nuestra identidad es inversamente proporcional a la integración económica de la sociedad.

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Solo escapan a la veneración del dinero los que eligen la pobreza, o los que heredan su fortuna.

La herencia es la forma noble de la riqueza,

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El pobre no envidia al rico las posibilidades de comportamiento noble que le facilita la riqueza, sino las abyecciones a que lo faculta.

Más tedioso aún que el trabajo es su panegírico.

El capitalismo es la deformación monstruosa de la propiedad privada por la democracia liberal.

En el estado moderno las clases con intereses opuestos no son tanto la burguesía y el proletariado como la clase que paga impuestos y la clase que de ellos vive.

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Entre las contribuciones culturales del catolicismo no fue la menos valiosa su clima espiritual desfavorable a las actividades económicas.

El elogio de la codicia, disfrazado en elogio al trabajo, no floreció en tiempos medievales.

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Toda revolución victoriosa fracasa finalmente, porque las virtudes del pueblo no son propias al pobre sino a la pobreza.

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Pobre voluntario o rico involuntario.

Lo demás se agria.

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La reacción explícita comienza a finales del XVIII; pero la reacción implícita comienza con la expulsión del diablo.

Si se aspira tan solo a dotar de un número creciente de artículos a un número creciente de seres, sin que importe la calidad de los seres, ni de los artículos, el capitalismo es la solución perfecta.

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Las infancias rurales predominaron hasta ayer.

¿ Pero que podemos esperar de quien no atesora un olor de tierra húmeda en el alma?

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El alma se le muere pronto a quien no tuvo infancia campesina.

La aberración moderna consiste en creer que solo es real lo que el alma vulgar puede percibir.

Ningún trabajo deshonra, pero todos degradan.

La mentalidad moderna ignora que en el nivel metaeconómico de la economía la intensidad de la demanda crece con la intensidad de la oferta, que el hambre allí no aumenta con la carencia sino con la abundancia, que el apetito se exacerba allí con la saciedad creciente.

La fealdad de un objeto es condición previa de su multiplicación industrial.

 

Ciencia (Nicolás Gómez Dávila)

 

CIENCIA

Ciencia es lo que no llega a la intimidad de nada.

El católico actual mira las “ideas científicas” con veneración estúpida.

La decadencia de la religión en nuestro tiempo se debe a un embobamiento creciente por la ciencia, cuya frontera de facto se desplaza permanentemente, aun cuando dentro de límites de iure inviolados e inviolables.

Los técnicos en una sociedad civilizada comerían en el comedor del servicio.

La universidad educa en cuanto enseña al joven a apasionarse por todo lo que le será inútil más tarde.

Al que pregunte con angustia que toca hacer hoy, contestaremos con probidad que hoy solo cabe una lucidez impotente.

Educar no consiste en colaborar al libre desarrollo del individuo, sino en apelar a lo que  todos tienen de decente contra lo que todos tienen de perverso.

Educar no es transmitir recetas, sino repugnancias y fervores.

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Toda demostración desilusiona, como todo sueño cumplido.  

La incertidumbre es el clima del alma.

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Las matemáticas son la poesía del principio de identidad.

 

domingo, 21 de febrero de 2021

Escolios a un texto implícito 24 (Nicolás Gómez Dávila)

 — El problema de la creciente inflación económica sería soluble, si la mentalidad moderna no opusiera una resistencia invencible a cualquier intento de restringir la codicia humana.

 

 — Donde no sea consuetudinario, el derecho se convierte fácilmente en simple arma política.

 

 — ¿Por qué no imaginar posible, después de varios siglos de hegemonía soviética, la conversión de un nuevo Constantino?

 

 — El pueblo que se despierta, primero grita, luego se emborracha, roba, asesina, y después se vuelve de nuevo a dormir.

 

 — Si ignoramos el arte de una época, su historia es un relato incoloro.

 

 — Los acontecimientos históricos dejan de ser interesantes a medida que sus participantes se acostumbran a juzgar todo con categorías puramente laicas.

 Sin la intervención de dioses todo se vuelve aburrido.

 

 — El moderno llama “cambio” caminar más rápidamente por el mismo camino en la misma dirección.

 El mundo, en los últimos trescientos años, no ha cambiado sino en ese sentido.

 La simple propuesta de un verdadero cambio escandaliza y aterra al moderno.

 

 — Son menos irritantes los que se empeñan en estar a la moda de hoy que los que se afanan cuando no se sienten a la moda de mañana.

 La burguesía es estéticamente más tolerable que la vanguardia.

 

 — El clero moderno cree poder acercar mejor el hombre a Cristo, insistiendo sobre la humanidad de Jesús.

 Olvidando así que no confiamos en Cristo porque es hombre, sino porque es Dios.

 

 — Comparadas a la estructura sofisticada de todo hecho histórico, las generalizaciones del marxismo son de una ingenuidad enternecedora.

 

 — Una burocracia le resulta al pueblo siempre finalmente más costosa que una clase alta.

 

 — Hay que cuidarse de quienes se dice que “tienen mucho mérito”. Siempre tienen algún pasado que vengar.

 

 — El mundo moderno resultó de la confluencia de tres series causales independientes: la expansión demográfica, la propaganda democrática, la revolución industrial.

 

 — Nada indigna tanto al incrédulo como las apologías del cristianismo basadas sobre el escepticismo intelectual y la experiencia interna.

 

 — Se requiere ingenuidad ilimitada para poder creer que el mejoramiento de un estado social cualquiera pueda ser otro que lento, paulatino, e involuntario.

 

 — Que la renuncia al “para que” en las ciencias haya sido fecunda es indiscutible, pero es una confesión de derrota.

 

 — Sociedad noble es aquella donde obediencia y mando son comportamientos éticos, y no meras necesidades prácticas.

 

 — Si no se cree en Dios, lo único honesto es el Utilitarismo vulgar.

 Lo demás es retórica.

 

 — Superficial, como la explicación sociológica de cualquier conducta.

 

 — Nadie más insoportable que el que no sospecha, de cuando en cuando, que pueda no tener razón.

 

 — El tan decantado “dominio del hombre sobre la naturaleza” resultó ser meramente una inmensa capacidad homicida.

 

 — Desde Wundt, uno de los lugares clásicos de “desempleo disfrazado” es el laboratorio de psicología experimental.

 

 — La historia sí es historia de la libertad, pero no de una esencia “Libertad”, sino de los actos humanos libres y de sus imprevisibles consecuencias.

 

 — El error del cristiano progresista está en creer que la polémica perenne del cristianismo contra los ricos es una defensa implícita de los programas socialistas.

 

 — La moda, aun más que la técnica, es causa de la uniformidad del mundo moderno.

 

 — En el estado moderno ya no existen sino dos partidos: ciudadanos y burocracia.

 

 — La sociedad hasta ayer tenía notables; hoy sólo tiene notorios.

 

 — La urbe moderna no es una ciudad, es una enfermedad.

 

 — Donde el cristianismo desaparece, codicia, envidia y lujuria inventan mil ideologías para justificarse.

 

 — La Iglesia contemporánea practica preferencialmente un catolicismo electoral.

 Prefiere el entusiasmo de las grandes muchedumbres a las conversiones individuales

 

 — Nadie en política puede prever las consecuencias ni de lo que destruye, ni de lo que construye.

 

 — No pudiendo ser definidos unívocamente, ni demostrados de manera irrefutable, los llamados “derechos humanos” sirven de pretexto al individuo que se insubordina contra una legislación positiva.

 El individuo no tiene más derechos que la prestación que pueda desprenderse de un deber ajeno.

 

 — No es meramente que la basura humana se acumula en las ciudades, es que las ciudades vuelven basura lo que en ellas se acumula.

 

 — El elector ni siquiera vota por lo que quiere, tan sólo vota por lo que cree querer.

 

 — En su afán pueril y vano de seducir al pueblo, el clero moderno concede a los programas socialistas la función de esquemas realizadores de las Bienaventuranzas.

 El truco consiste en reducir a una estructura colectiva y externa al individuo, un comportamiento ético que si no es individual e interno no es nada.

 El clero moderno predica, en otros términos, que hay una reforma social capaz de borrar las consecuencias del pecado.

 De lo que se puede deducir la inutilidad de la redención por Cristo.

 

 — Los Evangelios y el Manifiesto comunista palidecen; el futuro del mundo está en poder de la coca-cola y la pornografía.

 

 — Lo importante no es que el hombre crea en la existencia de Dios, lo importante es que Dios exista.

 

 — La envidia suele ser el verdadero resorte de las indignaciones morales.

 

 — El rival de Dios no es nunca la creatura concreta que amamos. Lo que termina en apostasía es la veneración del hombre, el culto de la humanidad.

 

 — Ocuparse intensamente de la condición del prójimo le permite al cristiano disimularse sus dudas sobre la divinidad de Cristo y la existencia de Dios.

 La caridad puede ser la forma más sutil de la apostasía.

 

 — Escribir es la única manera de distanciarse del siglo en el que le cupo a uno nacer.


martes, 23 de junio de 2020

Escolios antidemocráticos.(Nicolás Gómez Dávila)

Escolios antidemocráticos.

Una interesante radiografía del sistema que hoy es el dogma del mundo moderno y anticristiano, a modo de selección de sentencias de Nicolás Sánchez Dávila.


                                                                    ***

Cambiar un gobierno democrático por otro gobierno democrático se reduce a cambiar los beneficiarios del saqueo.

Errar es humano, mentir: democrático.

El político en una democracia se convierte en bufón del pueblo soberano.

La democracia celebra el culto de la humanidad sobre una pirámide de cadáveres.

Habiendo promulgado el dogma de la inocencia original, la democracia concluye que el culpable del crimen no es el asesino envidioso, sino la víctima que despertó la envidia.

El político demócrata no adopta las ideas en que cree, sino las que cree que ganan.

Tanto capitalismo y comunismo, como sus formas híbridas, vergonzantes o larvadas, tienden, por caminos distintos, hacia una meta semejante. Sus partidarios proponen técnicas disímiles, pero acatan los mismos valores. Las soluciones los dividen, las ambiciones los hermanan. Métodos rivales para la consecución de un fin idéntico. Maquinarias diversas al servicio de igual empeño.

El tonto no confía en verdad que la opinión pública no avale.

La compasión con la muchedumbre es cristiana; pero la adulación de la muchedumbre es meramente democrática.

La popularidad de un gobernante en una democracia es proporcional a su vulgaridad.

Las democracias tiranizan preferentemente por medio del poder judicial.

El capitalismo es deformación monstruosa de la propiedad privada por la democracia liberal.

El historiador democrático enseña que el demócrata no mata sino porque sus víctimas lo obligan a matarlas.

La democracia es una religión antropoteísta. Su principio es una opción de carácter religioso, un acto por el cual el hombre asume al hombre como Dios.

La realización práctica del principio democrático reclama, en fin, una utilización frenética de la técnica y una implacable explotación industrial del planeta.

La técnica no es producto democrático, pero el culto de la técnica, la veneración de sus obras, la fe en su triunfo escatológico, son consecuencias necesarias de la religión democrática. La técnica es la herramienta de su ambición profunda, el acto posesorio del hombre sobre el universo sometido. El demócrata espera que la técnica lo redima del pecado, del infortunio, del aburrimiento y de la muerte. La técnica es el verbo del hombre-dios.

La humanidad democrática acumula inventos técnicos con manos febriles. Poco le importa que el desarrollo técnico la envilezca o amenace su vida. Un dios que forja sus armas desdeña las mutilaciones del hombre.

La veneración de la riqueza es fenómeno democrático. El dinero es el único valor universal que el demócrata puro acata.

La tesis de la soberanía popular entrega la dirección del estado al poder económico.

La doctrina democrática es una superestructura ideológica, pacientemente adaptada a sus postulados religiosos. Su antropología tendenciosa se prolonga en apologética militante. Si la una define al hombre de manera compatible con su divinidad postulada, la otra, para corroborar el mito, define al universo de manera compatible con esa artificiosa definición del hombre. La doctrina no tiene finalidad especulativa. Toda tesis democrática es argumento de litigante, y no veredicto de juez.

La democracia no es atea porque haya comprobado la irrealidad de Dios sino porque necesita rigurosamente que Dios no exista. La convicción de nuestra divinidad implica la negación de su existencia. Si Dios existiese el hombre sería su criatura. Si Dios existiese el hombre no podría palpar su divinidad presunta. El Dios trascendente anula nuestra inútil rebeldía. El ateísmo democrático es teología de un dios inmanente.

La democracia individualista suprime toda institución que suponga un compromiso irrevocable, una continuidad rebelde a la deleznable trama de los días. El demócrata rechaza el peso del pasado y no acepta el riesgo del futuro. Su voluntad pretende borrar la historia pretérita y labrar sin trabas la historia venidera. Incapaz de lealtad a una empresa remitida por los años su presente no se apoya sobre el espesor del tiempo; sus días aspiran a la discontinuidad de un reloj siniestro.

Los mandatarios burgueses del sufragio prohíjan el estado laico para que ninguna intromisión axiológica perturbe sus combinaciones. Quien tolera que un reparo religioso inquiete la prosperidad de un negocio, que un argumento ético suprima un adelanto técnico, que un motivo estético modifique un proyecto político, hiere la sensibilidad burguesa y traiciona la empresa democrática.


Nicolás Sanchez Dávila. Tomado de “Almena Blog”.

domingo, 6 de octubre de 2019

Escolios a un texto implícito 23 (Nicolás Gómez Dávila)



 — La diversidad de la historia es efecto de causas siempre iguales actuando sobre individualidades siempre diversas.

 — La índole del efecto, en historia, depende de la índole del individuo sobre el cual la causa actúa.

 — Pasada la embriaguez de la juventud, sólo los lugares comunes nos parecen merecer cuidadoso examen.

 — La tolerancia ilimitada no es más que una manera hipócrita de dimitir.

 — Tolerar hasta ideas estúpidas puede ser virtud social; pero es virtud que tarde o temprano recibe su castigo.

 — La palabrería desatada por una ilimitada libertad de expresión acaba reduciendo errores y verdades a una igual insignificancia.

 — Nunca he pretendido innovar, sino no dejar prescribir.

 — “Utilidad social” es criterio que degrada un poco lo que pretende justificar.

 — Riqueza de mercader, de industrial, de financista, es estéticamente inferior a riqueza en tierra y rebaños.

 — De una acentuación equivocada provienen la mayoría de los errores en nuestra interpretación del mundo.

 — Lo difícil en todo problema moral o social estriba en que su solución acertada no es cuestión de todo o nada, sino de más o de menos.

 — La fe no es explicación, sino confianza en que la explicación finalmente existe.

 — Sólo nos convence plenamente la idea que no necesita argumentaciones para convencernos.

 — Al denunciar la corrupción, la publicidad de la prensa la propaga.

 — Los que no queremos admitir sino lo que vale, les pareceremos siempre ingenuos a los que no reconocen sino lo que rige.

 — Si el determinismo es real, si sólo puede acontecer lo que debe acontecer, el error no existe.
 Errar supone que algo no debido aconteció.

 — Más que la inmoralidad del mundo actual, es su fealdad creciente lo que incita a soñar en un claustro.

 — Es moderno lo que sea producto de un acto inicial de soberbia; es moderno lo que parezca permitirnos eludir la condición humana.

 En textos anodinos tropezamos de pronto con frases que penetran en nosotros como una estocada a fondo.

 — Los ritos preservan, los sermones minan la fe.

 — El calor humano en una sociedad disminuye a medida que su legislación se perfecciona.

 — Los partidarios que aún le quedan a la libertad en nuestro tiempo suelen olvidar que cierta trivial y vieja tesis burguesa es la evidencia misma: la condición sine qua non de la libertad, tanto para proletarios como para propietarios, es la existencia de la propiedad privada.
 Defensa directa de la libertad de los unos; defensa indirecta de la libertad de los otros.

 — Crece en el mundo moderno el número de teorías que sólo vale la pena refutar alzando los hombros.

 — Lo que preocupa al Cristo de los Evangelios no es la situación económica del pobre, sino la condición moral del rico.

 — La sociedad moderna trabaja afanosamente para poner la vulgaridad al alcance de todos.

 — “Sentido”, “significado”, “importancia”, son términos que no designan meramente relaciones transitivas.
 Hay cosas con sentido, significado, importancia, en sí.

 — El ignorante cree que la expresión “modales aristocráticos” significaba comportamientos insolentes: el que investiga descubre que la expresión significaba cortesía, finura, dignidad.

 — La función de la Iglesia no es la de adaptar el cristianismo, al mundo, ni siquiera de adaptar el mundo al cristianismo, su función es la de mantener un contramundo en el mundo.

 — El historiador que habla de causa, y no de causas, debe ser dado de baja inmediatamente.

 — La causa económica produce “algo”, pero sólo la coyuntura histórica decide “que”.

 — El mecanismo esencial de la historia es el simple reemplazo de unas individualidades por otras.

 — Opinión obsoleta y opinión errónea son para el tonto expresiones sinónimas.

 — Nada más frecuente que despreciar a muchos que debieran más bien despertar nuestra envidia.

 — En el arte moderno abundaron tendencias que agotaron la capacidad de indignación de la conciencia estética.

 — La índole de la obra de arte puede depender de condiciones sociales, pero su calidad estética de nada depende.

 Los regímenes políticos se vuelven tolerables cuando comienzan a desacatar sus propios principios.

 — Dios no muere, pero desgraciadamente para el hombre los dioses subalternos como el pudor, el honor, la dignidad, la decencia, han perecido.

 — La mayoría de las tareas que el gobernante típico de este siglo se cree obligado a asumir no son más que abusos de poder.

 La policía es la única estructura social de la sociedad sin clases.

 — La mayoría de las nuevas costumbres actuales son viejos comportamientos que la civilización occidental había púdicamente arrinconado en sus barrios bajos.

 — Los límites de la ciencia se revelan con mayor claridad a la luz creciente de sus triunfos.

 — Todo lo que se pueda reducir a sistema acaba en manos tontas.

 — Son muchas las cosas ante las cuales hay que aprender a sonreír sin irrespetar.

 — La ridiculez de un gobernante no impresiona nunca sino a minorías impotentes.

 — Para no vivir deprimido en medio de tanta opinión tonta, conviene recordar en todo instante que las cosas obviamente son lo que son, opine el mundo lo que opine.

 El que no aprendió latín y griego vive convencido, aunque lo niegue, de ser sólo semi-culto.

 — Las humanidades clásicas educan porque ignoran los postulados básicos de la mente moderna.

 — La historia claramente demuestra que gobernar es tarea que excede la capacidad del hombre.

 — El hombre se esfuerza en demostrar para eludir el riesgo finalmente ineludible de asumir.

 — Aun cuando los historiadores patriotas se indignen, la historia de muchos países carece totalmente de interés.

 — La inmigración del campesino en las ciudades fue menos desastrosa que la del notable del pueblo. La sociedad rural, por una parte, perdió la estructura de prestigios que la disciplinaba, y el notable, por otra, se convirtió en partícula anónima de la amorfa masa humana.

 — El moderno cree vivir en un pluralismo de opiniones, cuando lo que hoy impera es una unanimidad asfixiante.

 — Tratándose del conocimiento del hombre, no hay cristiano (siempre que no sea cristiano progresista) a quien alguien tenga algo que enseñarle.

 — La gloria de los escritores verdaderamente grandes es gloria artificialmente impuesta al público, gloria escolar y subvencionada.
 La gloria auténtica, popular, espontánea, no corona sino a mediocres.

 — Los espectáculos llamados técnicamente “para adultos” no son para mentes adultas.

 — Los resultados de la “liberación” moderna nos hacen recordar con nostalgia las abolidas “hipocresías burguesas”.

 — Llaman “fomentar la cultura” coronar a mediocres.

 — En filosofía basta a veces una sola pregunta ingenua para que todo un sistema se desplome.

 — Cuando sospechamos la extensión de lo congénito, caemos en cuenta de que la pedagogía es técnica de lo subalterno.
 Sólo aprendemos lo que nacimos para saber.

 — Nuestra meditación no debe consistir en tema propuesto a nuestra inteligencia, sino en un rumor intelectual que acompañe nuestra vida.

 — La mayor parte de las ideas políticas de una época depende del estado de las técnicas militares.

 — La voluntad le es concedida al hombre para que pueda negarse a hacer ciertas cosas.

 Hay argumentos de validez creciente, pero, en resumen, ninguno en ningún campo nos ahorra el brinco final.

 — La idea improvisada brilla y se apaga.

 — De las catástrofes individuales y sociales más graves las víctimas no suelen tener conciencia: los individuos se embrutecen, las sociedades se envilecen, inconscientemente.

 — Ni improvisación en sí, ni meditación en sí, logran mayor cosa. En realidad, sólo vale el fruto espontáneo de meditaciones olvidadas.

 — Lo difícil del filósofo difícil suele ser más su lenguaje que su filosofía.

 — No hay generalización sociológica que no parezca inadecuada al que cobija.

 — En la cultura que se compra abundan notas falsas; la única que nunca desafina es la que se hereda.

 — Cupo a la era moderna el privilegio de corromper a los humildes.

 — La discusión política pública no es intelectualmente adulta en ningún país.

 — El puritanismo es la actitud propia al hombre decente en el mundo actual.

 — El cristiano no finge resueltos los problemas que la religión plantea, sino los trasciende.

 — La uniformidad siniestra que nos amenaza no será impuesta por una doctrina, sino por un condicionamiento económico y social uniforme.

 — El gesto, más que el verbo, es el verdadero transmisor de las tradiciones.

 — “Escapismo” es la acusación que preferentemente hace el imbécil.

 — He visto la filosofía desvanecerse poco a poco entre mi escepticismo y mi fe.

 — Principio de inercia y noción de selección natural eliminaron la necesidad de atribuirle significado a los hechos, pero no demostraron que el significado no exista.

 La plena vileza del hombre no se patentiza sino en las grandes agrupaciones urbanas.

 — Mientras los contemporáneos sólo leen con entusiasmo al optimista, la posteridad relee con admiración al pesimista.

 — Está bien exigirle al imbécil que respete artes, letras, filosofía, ciencias, pero que las respete en silencio.

 — Educar al individuo consiste en enseñarle a desconfiar de las ideas que se le ocurren.

 — Ninguna de las épocas cimeras de la historia ha sido planeada. Al reformador sólo se le pueden acreditar errores.

 — Las palabras nacen en el pueblo, florecen entre escritores, mueren en boca de la clase media.

 — La civilización no conquista definitivamente: sólo celebra esporádicas victorias.

 Los monarcas, en casi toda dinastía, han sido tan mediocres que parecen presidentes.

 — Solo los años nos enseñan a manejar con tacto nuestra ignorancia.

 — Prosa perfecta es la que el lector ingenuo no nota que está bien escrita.

 — El pueblo hoy no se siente libre sino cuando se siente autorizado a no respetar nada.

 — El moderno perdió el alma y no es más ya que la suma de sus comportamientos.

 — El traje de etiqueta es el primer paso hacia la civilización.

 — Una educación sin humanidades prepara sólo para los oficios serviles.

 — Además de sociedades civilizadas y de sociedades semi-civilizadas, hay sociedades seudo-civilizadas.

 — En las ciencias humanas abundan problemas ininteligibles por naturaleza tanto al profesor norte-americano como al intelectual marxista.

 — Nada es más irritante que la seguridad con que opina sobre todo el que ha tenido éxito en algo.

 El verdadero cristiano no debe resignarse a lo inevitable: debe confiar en la impertinencia de una oración reiterada.

 — Aburridor, como visitante extranjero ilustre.

 — La industrialización de la agricultura está cegando el hontanar de la decencia en el mundo.

 La herejía que amenaza a la Iglesia, en nuestro tiempo, es el “terrenismo”.

 — Los mercaderes de objetos culturales no serían irritantes si no los vendieran con retórica de apóstol.

 — Los fragmentos del pretérito que sobreviven avergüenzan el paisaje moderno dentro del cual se levantan.

 — En la fe hay parte que es intuición y parte que es apuesta.

 — La regla de oro en política está en no hacer sino cambios mínimos y en hacerlos con la mayor lentitud posible.

 — El pueblo a veces acierta cuando se asusta; pero siempre se equivoca cuando se entusiasma.

 ¿Para qué engañarnos?
 — La ciencia no ha contestado ni una sola pregunta importante.

 — La desigualdad injusta no se cura con igualdad, sino con desigualdad justa.

 — En la sociedad sana, el estado es órgano de la clase dirigente; en la sociedad contrahecha, el estado es instrumento de una clase burocrática.

 — El tonto viendo que las costumbres cambian dice que la moral varía.

 — El cristiano sabe con seguridad cuál debe ser su comportamiento personal, pero nunca puede asegurar que no se equivoca al prohijar tal o cual reforma social.

 — La mayoría de las costumbres propiamente modernas serían delito en una sociedad auténticamente civilizada.

 — No es en manos de las mayorías populares donde el poder más fácilmente se pervierte, es en manos de los semi-cultos.

 — La presión demográfica embrutece.

 — La izquierda pretende que el culpable del conflicto no es el que codicia los bienes ajenos sino el que defiende los propios.

 — La envidia es clave de mas historias que el sexo.

 — “Tener fe en el hombre” no alcanza a ser blasfemia, es otra bobería más.

 — No sabemos a fondo sino lo que no nos sentimos capaces de enseñar.

 — La religión no es socialmente eficaz cuando prohíja soluciones socio-políticas, sino cuando logra que sobre la sociedad espontáneamente influyan actitudes puramente religiosas.

 — Después de haber sido, en el siglo pasado, el instrumento del radicalismo político, el sufragio universal se está convirtiendo, como lo previó Tocqueville, en mecanismo conservador.

 — La Iglesia educaba; la pedagogía del mundo moderno tan sólo instruye.

 — Hay momentos en que el peor defecto, peor delito, peor pecado, parece ser la mala educación.

 — Los llamados prejuicios de las clases altas suelen consistir en experiencias acumuladas.

 — El clero moderno, para salvar la institución, trata de desembarazarse del mensaje.

 — Sus contradicciones definen menos al individuo que la manera como se acomoda en ellas.

 — Barroquismo, preciosismo, modernismo, son enfermedades nobles; pero enfermedades al fin.

 — Todo en el mundo reposa finalmente sobre sendos “porqué sí” últimos.

 — Las tesis no son expuestas con claridad sino cuando logran que las exponga un hombre inteligente que no las comparte.

 — Salvo en pocos países, querer “fomentar la cultura” recomendando la lectura de “autores nacionales” es empresa contradictoria.

 — El anhelo secreto de toda sociedad civilizada no es el de abolir la desigualdad, sino el de educarla.

 — Existen dos interpretaciones del voto popular: una democrática, otra liberal.
 Según la interpretación democrática es verdad lo que la mayoría resuelve; según la interpretación liberal la mayoría meramente escoge una opinión.
 Interpretación dogmática y absolutista, la una; interpretación escéptica y discreta, la otra.

 — La “Naturaleza” fue descubrimiento pre-romántico que el romanticismo propagó, y que la tecnología está matando en nuestras días.

 — Lo que desacredita la religión no son los cultos primitivos, sino las sectas norte-americanas.

 — En la sociedad moderna, el capitalismo es la única barrera al espontáneo totalitarismo del sistema industrial.

 El ideal del reaccionario no es una sociedad paradisíaca. Es una sociedad semejante a la sociedad que existió en los trechos pacíficos de la vieja sociedad europea, de la Alteuropa, antes de la catástrofe demográfica, industrial y democrática.