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lunes, 28 de octubre de 2019

Las 12 tesis del obispo episcopal John Shelby Spong


Las 12 tesis del obispo Spong

Extraídas de: Why Christianity Must Change or Die:  A Bishop Speaks to Believers in Exile (1998) ¿Por qué el cristianismo ha de cambiar o morir? Un obispo habla a los creyentes en el Exilo

El 31 de octubre de 1517 Martín Lutero dejaba clavadas sus 95 tesis en las puertas de la capilla de Wittenberg. Era el origen de la Reforma del siglo XVI. Hoy publico en el boletín de la diócesis de Newark, The Bishop's Voice, este manifiesto dirigido a todos los cristianos. Y, publicándolo también por internet, envío estas 12 tesis a los principales responsables de las Iglesias de todo el mundo, invitándolos a un debate. No son tantas como las de Martín Lutero, pero son mucho más radicales.


  1. El teísmo, como forma de hablar de Dios, es ya cosa muerta.
    Dios ya no puede ser comprendido con credibilidad como un Ser, de poder sobrenatural, viviendo por encima de los cielos y siempre preparado para invadir la historia humana para imponer su divina voluntad. Por lo cual casi todo nuestro hablar sobre Dios de hoy día no tiene ningún sentido, a no ser que encontremos una nueva manera de hablar de Dios   
  2. Si Dios ya no puede ser comprendido en términos teísticos, el querer seguir entendiendo a Jesús como la encarnación de una divinidad teística se ha convertido en un sin-sentido. Por lo cual la cristología de épocas pasadas ha hecho "bancarrota".
     
  3. La historia bíblica de una perfecta y acabada creación y la posterior caída en pecado de los hombres es una mitología pre-darwiniana y un sin-sentido post-darwiniano.
      
  4. El nacimiento virginal, entendido biológicamente, imposibilita la comprensión tradicional de la divinidad de Cristo.
      
  5. Las narraciones de milagros del Nuevo Testamento no pueden ser interpretadas en un mundo post-newtoniano como acontecimientos sobrenaturales realizados por una divinidad encarnada.
      
  6. La cruz como sacrificio por los pecados es una idea bárbara, fundamentada en primitivos conceptos de Dios, que ha de ser abandonada
      
  7. La Resurrección es una acción de Dios, quien elevó a Jesús al significado de Dios. Por lo cual no puede ser una resurrección física ocurrida dentro de la historia humana.
      
  8. La narración de la Ascensión presupone un universo a tres niveles: ya no es posible traducirla a una concepción post-copernicana del espacio-tiempo.
      
  9. No hay ninguna norma externa, objetiva, revelada, formulada en la Escritura o sobre tablas de piedra, que deban regir nuestra conducta ética para siempre.
      
  10. La plegaria no puede ser una petición dirigida a una deidad teística para que actúe dentro de la historia humana de una manera determinada.
     
  11. La esperanza de una vida después de la muerte ha de quedar separada de toda concepción de premio o castigo. Por lo cual Iglesia no debe seguir apoyándose sobre la culpa para motivar una buena conducta.
      
  12. Todos los seres humanos son portadores de la imagen de Dios y han de ser respetados por aquello que cada uno es. Por lo cual ninguna descripción externa, basada en la raza, en la etnia, en el sexo u orientación sexual, puede ser usada como fundamento de una discriminación o rechazo.

Las iglesias históricas, católica y protestantes, oscilan entre un fundamentalismo primario y un secularismo vacío. Ninguna renovación podemos esperar ni del fundamentalismo ni de este secularismo. 
Sólo una Nueva Reforma, mucho más radical que todas las conocidas hasta ahora, que no tenga miedo de tocar el mismo corazón de la fe, podrá salvar la fe cristiana y darle un futuro. Ya nunca más los antiguos conceptos pre-modernos serán portadores de significado en un siglo post-moderno. 
Es cuestión de vida o muerte. No se trata ahora de reformar el funcionamiento de la autoridad en la iglesia, ni cambiar la administración eclesiástica, ni discutir sobre la validez de las ordenaciones o de los sacramentos; ahora se trata de repensar hasta sus raíces el mismo contenido de la fe cristiana, para adaptarla a nuestra mentalidad cada vez menos religiosa.

martes, 18 de junio de 2019

Opinion sobre el cristianismo de 1500 (Jacques Le Goff)


Opinion sobre el cristianismo de 1500

Jacques Le Goff

Histoire des Religions 2 . Encyclopédie de la Pléiade.

Antes de abandonar el cristianismo medieval, creemos oportuno considerarlo en relación a lo que le sigue: el Humanismo y la Reforma.

No deja de ser interesante señalar cómo la Iglesia del siglo xiv y especialmente el papado se comprometen desde el principio con el Renacimiento. La restauración de la antigua Roma, la fundación de la Biblioteca Vaticana, los frescos de la capilla Sixtina, muestran cómo los papas no se quedan atrás. Dos de ellos son además gran des hombres de letras: Nicolás V (1447-1455) y Pio I (1458-1464).

También se puede pensar que la Reforma era inevitable al observar, por ejemplo, que la vida religiosa estaba deteriorada en el seno del catolicismo a juzgar por cómo estaba en Flandes (Jacques Toussaert), y que surgió la Reforma fue porque para algunos era indispensable, aunque, por otro lado, el fervor suscitado por el jubileo romano de 1500 bajo un Papa como Alejandro VI Borgia, de tan malas costumbres y reputación, nos lleva a no sacar conclusiones apresuradas. Lo mismo ocurre sí nos fijamos en la Spät-Schοlastik, de la que nos dicen que está esclerotizada y muerta a finales del siglo xxv y que tanto repugnaba a Erasmo. Sin embargo, los historiadores polacos de la filosofía aseguran que en el siglo xv continuaba viva y enriquecedora en Cracovia.

Se puede pensar con Erikson que el Renacimiento fue, en contraposición al yugo comunitario de la Edad Media, «la revolución por excelencia del yo», o con Tawney y Max Weber que el catolicismo debía dejar su plaza al protestantismo en los sitios en que su ética económica era un obstáculo para el desarrollo del capitalismo, o también, como Lucien Febvre, negarse a considerar estos «grandes conceptos, verdaderos y falsos a la vez: la Edad Media y el Renacimiento». Efectivamente,un ejemplo de la enorme dificultad en el terreno de lo religioso para poner etiquetas es el de Luis XI, ese rey “moderno” con una piedad completamente supersticiosa y tradicional: medallas, ermitas y reliquias.

Pensemos mejor en dos fenómenos de fondo.

El primero es la realidad cada vez mayor del hecho nacional, Francia es casi galicana e Inglaterra es ya anglicana en su totalidad. La conveniencia de los príncipes inclinará con frecuencia la balanza. Cujus regio eius religio

Un gran giro en la historia de Occidente lo constituye la aparición de una segunda religión oficial. Aunque tan sólo sea una variante de la misma religión, supone el fin del monopolio católico. Sin embargo, aparte de la elección entre el catolicismo y protestantismo (o de la obligación de abrazar una de las dos, puesto que, decididamente, aún no existe la libertad de pensamiento), ¿ no es algo más que la impotencia del catolicismo para evitar la Reforma lο que sorprende en este despertar del siglo xIv? ¿Νο es la irrupción de todo un folklore religioso , de todo un viejo fondo de creencias tradicionales, el mismo que organiza aquí y allá la procesión de carnaval frente a la de cuaresma? En lugar de preguntarnos por qué el catolicismo medieval no se ha reformado, ¿no convendría en todo caso preguntarnos por qué el cristianismo medieval no ha cristianizado a Occidente o lo ha hecho tan mal? La cristiandad hacia 1500  es, casi, un país de misión.

Jacques Le Goff

martes, 2 de abril de 2019

COMO VE HOY EL MUNDO CRISTIANO UN NO CRISTIANO (Masao Abe)



COMO VE HOY EL MUNDO CRISTIANO UN NO CRISTIANO

Sobremesa académica de Masao Abe* en la Universidad Gregoriana, 10 de Marzo de 1994.

* Profesor emérito de la Universidad de Nara. Japón. V en el presente profesor visitante de filosofía japonesa en la Universidad de Chicago V en la Escuela de Religión del Pacifico de Berkeley. California; maestro residente del Centro Zen  de San Francisco. California; autor del clásico El Zen y el Pensamiento Occidental. Como miembro de la escuela de Kyoto de filosofía, el profesor Abe ha trabajado de modo intenso en los estudios comparados de Budismo y pensamiento occidental. así como en el diálogo entre Budismo V Cristianismo. Ha escrito muchos estudios de Budismo y varios ensayos sobre temas comunes al Budismo Mahayana y el Cristianismo. En sus escritos el profesor Abe trabaja de modo recurrente en torno al pensamiento de filósofos de Occidente tales como Heidegger, Nielzsche, Tillich y Jung.

En 1990 participó en la Segunda Conferencia sobre Budismo y Cristianismo del Tiltenberg, Países Bajos, cuyo tema central era Dios y la nada absoluta:
¿Cuáles son las consecuencias de
•Ia fe en Dios
-el caer en la cuenta de la nada absoluta
-una visión feminista de Dios/la nada absoluta para nuestro compromiso con el
mundo?


Es un gran placer para mi ser invitado por la Universidad Gregoriana a participar en esta jornada académica junto al Padre Arij Roest Crollius. El tema que se me pidió que tratara es "Cómo ve hoy el mundo cristiano un no-cristiano". Sin embargo, este tema es demasiado amplio y me resulta muy difícil abordarlo con esta limitación de tiempo, por eso les ruego me concedan la libertad de ofrecer dos sugerencias para el mundo cristiano desde mi propia posición de budista.

La primera sugerencia es respecto a la comprensión de Dios hoy en día. Los estudiosos occidentales a menudo abordan la religión estableciendo un contraste entre religiones: natural y ética (C.P. Tile) , profética y mística (F. Heiler), y monoteísta y panteísta (W.F. Albright, A. Lang). El primer término de cada par generalmente hace alusión a las religiones judeo-cristiano-musulmanas mientras que el segundo se refiere a la mayoría de religiones orientales. Los estudiosos occidentales han propuesto este tipo de bifurcación a fin de efectuar un juicio comparativo y tomando el lado izquierdo (ética, profética y monoteísta) como criterio de juicio evaluativo. En consecuencia, las religiones orientales no semíticas no sólo se ven frecuentemente agrupadas bajo una categoría única, a pesar de su rica variedad, sino que su comprensión se realiza desde el exterior de las mismas, sin ninguna penetración en su núcleo interno religioso. A diferencia de las religiones semíticas, a las que casi todos los estudiosos occidentales reconocen un carácter común muy claro, religiones orientales tales como el Hinduísmo, el Budismo, el Confucianismo, el Taoísmo, y el Shintoísmo muestran diferencias significativas en sus esencias religiosas, y por ello no pueden ser legítimamente clasificadas en una sola categoría. En parte para iluminar este punto de manera más nítida y en parte porque me encuentro aquí para representar al Budismo, tomaré unicamente al Budismo de entre las religiones orientales y lo contrastaré con el Judaísmo, el Cristianismo, y el Islam.

Casi todos los estudiosos de Occidente caracterizan correctamente al Judaísmo, al Cristianismo y al Islam, no como religiones naturales, místicas y panteístas, sino como religiones éticas, proféticas y monoteístas. Las tres religiones se basan en la idea de un único Dios absoluto: Yahvéh en el Judaísmo, Dios Padre en el Cristianismo, y Alá en el Islam.
En cada una de estas religiones, se cree que el único Dios es un Dios personal esencialmente trascendente a los seres humanos, pero cuya voluntad se revela a los seres humanos a través de los profetas y que conmina a las personas a observar ciertos principios ético-religiosos. Aunque no debieran pasarse por alto algunas notables diferencias de énfasis entre las tres religiones, podemos decir con cierta justificación que las tres son éticas, proféticas y monoteístas.

En contraste con ellas, el Budismo no habla de un Dios absoluto esencialmente trascendente a los seres humanos. En lugar de ello, el Budismo enseña que pratitya-samutpada, o la ley de "co-surgimiento dependiente" o "co-producción condicional", constituye el Dharma o la Verdad. Esta enseñanza destaca que todo cuanto existe en y más allá del universo es interdependiente, co-surgiendo y co-cesando con todo lo demás. Nada existe de modo independiente, ni se puede decir que sea auto-existente. Por ello mismo, en el Budismo, todo sin excepción alguna es relativo, relacional, no sustancial y cambiante. Incluso el divino (Buda) no existe independientemente, sino que está completamente interrelacionado con los seres humanos y la naturaleza. Por esa razón Gautama Buda, el fundador del Budismo, no aceptó esa inmemorial noción vedántica de Brahman, que se tiene por la única realidad perdurable subyacente al universo. Por una razón similar, el Budismo no puede aceptar la noción monoteísta de un Dios absoluto como la última realidad, sino que aboga por sunyata (vacío) y tahata (talidad o mismidad) como la realidad última.

 Sunyata como la última realidad, en el Budismo literalmente quiere decir "vacío" o "vacuidad" y puede implicar "nada absoluta". Eso es debido a que sunyata es completamente no objetivable, no conceptualizable, e inalcanzable para la razón y la voluntad. También indica la ausencia de autoexistencia perdurable y la no sustancialidad de todas las cosas en el universo. Está más allá de todas las dualidades y con todo, las incluye.

Al caer en la cuenta de sunyata, no sólo los seres que sienten sino también el Buda, no sólo samsara sino también nirvana, carecen de sustancia perdurable y son vacíos. En consecuencia, ni el Buda ni nirvana, sino caer en la cuenta de la no sustancialidad de todo, esto es, caer  en la cuenta de sunyata, es lo último. En este contexto, quizá sea importante evitar un malentendido frecuente y resaltar que cuando el budista insiste en que todo es vacío no quiere decir que todo es una ilusión irreal. Lo que más bien quiere decir es que las cosas en el universo son reales pero en sentido relativo, no en sentido absoluto. El budismo reconoce la sustancia temporal o cambiable de todas las cosas del universo sin reificarlas.

Esta conciencia del vacío no sustancial de todas las cosas guarda una relación inseparable con la ley de co-surgimiento dependiente. El co-surgimiento dependiente en tanto que Dharma (o Verdad) es posible tan sólo cuando todo lo que hay en el universo carece de una sustancia fija, perdurable (aunque posea una sustancia relativa y temporal) y está abierto en su relación con todo lo demás. Los seres humanos tenemos una fuerte inclinación a reificar o sustancializar los objetos y nuestro propio yo como si se trataran de sustancias permanentes e inmutables. Esta sustancialización de, y su concurrente apego a, todo tipo de objetos es la causa del sufrimiento humano. Con respecto a la meta de la comprensión intersubjetiva, los casos más serios de este problema residen en la sustancialización de nuestro yo (lo que conduce a centrarlo todo en uno mismo) y en la sustancialización de la propia religión (lo que entraña un imperialismo religioso). El Budismo enfatiza el despertar a sunyata, la no sustancialidad de todo, incluídos nosotros mismos y el Buda, a fin de liberarnos del sufrimiento. De ahí que enseñe no-yo (anatman) y despertar al Dharma antes que la fe en el Buda.

Sin embargo, el énfasis budista en el no-yo y en el Vacío, tal como la historia budista ha mostrado, es causa frecuente de indiferencia ante el problema del bien y el mal y especialmente ante la ética social. Los budistas deben aprender de las religiones monoteístas cómo abarcar la personalidad humana sobre la base de una noción impersonal de "Vacío" y cómo incorporar relaciones yo-tú dentro del contexto budista de "Vacío".

En el Cristianismo, Dios no es simplemente trascendente. Dios, más bien, es profundamente inmanente a la humanidad como encarnación del Logos en forma humana, la de Jesucristo, y sin embargo, lo divino y lo humano no son completamente interdependientes. Porque si bien el ser humano es por completo dependiente de Dios, Dios no depende del ser humano. El mundo no puede existir sin Dios, pero Dios puede existir sin el mundo. Debido a que Dios es la deidad autoexistente, ontológicamente suficiente en Sí misma, Dios puede existir y existe por sí mismo sin depender de nada más. En este punto, un budista puede preguntar: "¿Cuál es la base del Dios único que ejemplifica, El solo, la existencia autosuficiente?" Un cristiano podría responder a esta cuestión subrayando la importancia de la fe en Dios, y esta fe no sería sino la "garantía de lo que se espera, la prueba de las realidades que no se ven" (Hb 11, 1). Más aún, Dios en la religión semítica no es meramente el Dios único absoluto en el sentido ontológico, sino un Dios vivo y personal que llama a los seres humanos a través de su Palabra y que solicita que los seres humanos respondan a su Palabra. En su libro ¿Existe Dios?, Hans Küng dice: "Dios en la Biblia es sujeto y no predicado; no se trata de que el amor es Dios, sino de que Dios es amor: Dios es alguien que me mira, a quien me puedo dirigir".

Mi reacción budista a esta afirmación es: ¿No es verdad que me puedo dirigir a Dios, no sólo desde fuera de Dios, sino también desde el interior de Dios? ¿Acaso' Dios no me miraría dentro de Dios incluso aunque yo le diera la espalda? El Dios que me mira y al que puedo dirigirme y quien, a su vez, puede dirigirse a mi es Dios como sujeto. Pero el Dios dentro de quien me dirijo a Dios y dentro de quien Dios me encuentra no es Dios como sujeto; se trata, antes, de Dios como predicado universal. 0, hablando de una forma más estricta, Dios como predicado universal no es ni solamente ni únicamente Dios como sujeto ni Dios como predicado, sino Dios como "Nichts" (en alemán en el original). En Dios como Nichts, Dios como sujeto me encuentra incluso aunque yo de la espalda a Dios y por tanto en verdad siempre puedo dirigirme a Dios como Tú. La misma relación yo-Tú entre uno mismo y el Dios personal tiene lugar precisamente en Dios como Nichts. Puesto que Dios como Nichts es la base sin base de la relación yo- Tú entre uno mismo y el Dios personal, Dios como Nichts no es ni sujeto ni predicado, sino una "cópula" que actúa como un nexo conector, intermediando entre el sujeto y el predicado que siempre guardan una relación dinámica. Eso comporta que Dios sea amor y el amor sea Dios porque Nichts es el amor incondicional que se niega a sí mismo. Ese es el interior absoluto del misterio de Dios que es su exterior absoluto a una misma y sola vez. Podemos pues decir, Dios es amor porque Dios es Nichts: Nichts es Dios porque Nichts es amor. Esta interpretación quizá no concuerde con la ortodoxia tradicional. Es aquí, sin embargo, mediante el principio de la negación de sí mismo, donde se cumplen plenamente tanto el anhelo humano de salvación como el misterio más profundo de Dios. Y lo que es más, Dios como sujeto que encuentra a uno y a quien uno puede dirigirse como Tú, es incompatible con el ideal de la razón autónoma tan importante para la humanidad moderna, porque la razón autónoma, por definición, rechaza toda forma de heteronomía, incluída la teonomía, que es la cualidad o condición de estar sujeto a las leyes o gobierno de Dios. y el Dios como sujeto también es desafiado hoy día por el nihilismo nietzscheano y por el existencialismo ateo, La noción de Dios como Nichts, sin embargo, no sólo es compatible con, sino que también puede abrazar a la razón autónoma porque no hay conflicto entre la noción de Dios como Nichts (que no es ni sujeto ni predicado) y la razón autónoma, y porque la autonomía del pensamiento racional, por mucho que se enfatice, no queda limitada por la noción de Dios como Nichts. En el Dios que es Nichts, que se niega a sí mismo o que se vacía de sí, no sólo se superan la moderna razón autónoma humana y la subjetividad racionalista sin por ello quedar desfiguradas, sino que además se percibe el misterio de Dios del modo más hondo. Dios como amor es plenamente comprendido en su mayor radicalidad por encima del nihilismo y del ateísmo contemporáneos.

Esta es mi humilde sugerencia de cara a una comprensión de Dios hoy en día.

La segunda sugerencia tiene que ver con la relación entre la justicia y la sabiduría. En las religiones occidentales, a Dios se le otorga el atributo de la justicia o la rectitud en tanto que juez, así como el amor o la misericordia en tanto ejerce el perdón. Dios es la fuente de la justicia, de ahí que todo cuanto Dios hace pueda ser definido en términos del juicio de Dios.

La noción de justicia, rectitud o virtud, es un arma de doble filo. Por un lado, ayuda amantenerlo todo en el orden correcto, pero por otro establece distinciones netas entre los justos y los injustos, prometiendo a los primeros la bendición eterna pero condenando a los últimos al castigo eterno. Consecuentemente, si la justicia o la rectitud constituye el único principio de juicio o se acentúa en extremo, crea una seria desunión entre las personas. Esta desunión no puede ser restaurada porque se la considera el resultado de un juicio divino.

Aunque el énfasis religioso en la ley y en la doctrina de la retribución exacta es judío, Jesús fue más allá de ese fuerte acento en la justicia divina y predicó la igualdad universal o la indiferencia divina del amor de Dios. Al hablar de Dios Padre, Jesús dijo: "El hace salir su sol sobre buenos y malos, y llover sobre justos e injustos" (Mt 5, 45). Y subrayó: "Amad a vuestros enemigos, y rogad por los que os persigan, para que séais hijos de vuestro Padre celestial" (Mt 5,44). Y aun con todo, en la tradición judeocristiana la noción de elección divina resulta evidente de una forma persistente. El Viejo Testamento predica la elección de Israel por parte de Dios de entre todas las naciones de la tierra como el pueblo de Dios, poseedor de una alianza de privilegio y bendición (Dt 4,37 Y 7, 7; 1 R 3, 8; Is 44, 1 -2). En el Nuevo Testamento, la elección divina es una elección de gracia y misericordia. Aún así, esta elección es bastante restringida, ya que como se mantiene de forma muy clara en el Nuevo Testamento: "Muchos son llamados, mas pocos escogidos" (Mt 22, 14). De ese modo, "los términos [elección o legidos] siempre implican una diferenciación ya sea vista de parte de Dios o como un privilegio de parte de los hombres" (Diccionario de Teología de Baker, ed. por Everett F. Harrison,1960). Pablo dice que todos los seres humanos están condenados bajo la ley, y de forma justificada. Esa es la razón de que la salvación se efectúe por medio de un renacimiento espiritual en el amor a Cristo y no mediante la obediencia a las leyes judaicas (Rm 3, 28). Sin embargo, muchos cristianos, en vez de ofrecer sus vidas al espíritu del amor sacrificado de Cristo, toman las palabras de Pablo en el sentido de que sólo los seres humanos que se hayan comprometido con el nombre y la forma de Jesús serán elegidos por Dios para la bendición eterna. Lamentablemente, esa interpretación imposibilita la salvación a los no cristianos. En el Cristianismo, la noción de "elegido por Dios" con frecuencia eclipsa la "igualdad universal" del amor de Dios. Si no me equivoco, eso guarda una estrecha relación con el acento desmedido que se pone en la justicia o rectitud.

Mientras el Cristianismo habla mucho del amor, el Budismo subraya la compasión. La compasión es el equivalente budista a la noción cristiana del amor. En el Cristianismo, empero, . el amor viene acompañado de la justicia. El amor sin justicia no es considerado como verdadero amor y la justicia sin amor no es auténtica justicia. En el Budismo, la compasión siermpre va de la mano de la sabiduría. La compasión sin sabiduría no se tiene por genuina compasión y la sabiduría sin compasión no es verdadera sabiduría. Al igual que la noción cristiana de justicia, la noción budista de sabiduría indica la clarificación de la distinción o diferenciación entre las cosas del universo. A diferencia de la noción cristiana de justicia, sin embargo, la noción budista de sabiduría no entraña juicio o elección. La sabiduría budista comporta la afirmación o el reconocimiento de todas y cada una de las cosas y personas en lo que tienen de único y diferenciado, o en su talidad. Y lo que es más, como antes se señaló, la noción de justicia crea una escisión irreparable entre los justos y los injustos, los virtuosos y los no virtuosos, en tanto que la noción de sabiduría evoca un sentido de igualdad y solidaridad. De nuevo, la justicia, cuando se lleva a su conclusión extrema, con frecuencia tiene corno resultado el castigo, el conflicto, la venganza e incluso la guerra. La sabiduría, por el contrario, entraña acercamiento, conciliación, armonía y paz. El amor y la justicia son como el agua y el fuego; aunque ambos son necesarios, van juntos con dificultad. La compasión y la sabiduría son como el calor y la luz; si bien diferentes, juntos obran de manera complementaria.

La tradición judeo-cristiana, con todo, no carece de la noción de sabiduría. En la Biblia hebrea, el cuerpo literario en torno a la sabiduría en libros como el de Job, Proverbios, y el Eclesiastés, ocupa una posición importante y en ellos con frecuencia se menciona hokma (sabiduría). Este término se refiere tanto al conocimiento humano como a la sabiduría divina. Como un estado de conocimiento donado por Dios, la sabiduría proporciona a la persona humana la capacidad de llevar una vida buena, verdadera y satisfactoria mediante el seguimiento de los mandamientos de Dios. En el Nuevo Testamento, sophia se concibe como un atributo de Dios (Lc 11, 49), la revelación de la voluntad de Dios a las personas (1 Co 2,.4-7). Pero de una forma muy notable Jesús, como el Cristo, se identifica con la sabiduría de Dios por que se cree que constituye la fuente última de toda la sabiduría cristiana (1 Co 1, 30). Sin embargo, en el conjunto de la tradición judeocristiana, el aspecto de la sabiduría de Dios ha sido más bien relegado en favor del aspecto de la justicia de Dios. ¿No resulta ahora importante y absolutamente necesario enfatizar el aspecto de la sabiduría de Dios en lugar del aspecto de la justicia de Dios a fin de resolver los conflictos en el seno de las religiones así como entre diferentes religiones?

Por otra parte, en el Budismo la noción de justicia o rectitud es más bien débil y por eso el Budismo con frecuencia se muestra indiferente a los males e injusticia sociales. Si el Budismo aprende de las religiones occidentales la importancia de la justicia, y desarrolla su noción de compasión para unirla no sólo a la sabiduría sino también a la justicia, estará más cerca del Judaísmo, del Cristianismo y del Islam en su relación interreligiosa y asumirá un papel más activo a la hora de establecer la paz mundial. A través del aprendizaje mutuo ambas religiones, Budismo y Cristianismo, habrían de transformarse para dar respuesta a la situación humana actual y para cooperar en aras de la paz mundial y el bienestar humanó.

Editrice pontificia Università Gregoriana. Roma 1994 p.17 a 27.

 En castellano en Pasos nº 52  (Boletín Trimestral de la Fundación Zendo Betania) Traducido por Fernando Bertrán

lunes, 27 de noviembre de 2017

MI FEUDALISMO NO ES DE ESTE MUNDO (Nikos Vardhikas)

MI FEUDALISMO NO ES DE ESTE MUNDO

Delimitación del carácter tradicional del pasado occidental

Nikos Vardhikas

(Vers la Tradition 1987)

Entre aquellos que le interesa la historia sagrada, hay hoy día  pocos, sin duda, de buena fe, pero "occidentofrenos" inveterados, que sostengan la tesis según la cual habría habido una filiación tradicional más o menos ininterrumpida desde Egipto y los imperios orientales, pasando por Alejandría y Roma, hasta 1806, ¡fin del Santo Imperio Germánico! Este último término, además, interpretado a veces "esotéricamente" (y en realidad más al manera de un nirukta afectuoso para un J. Lacan) como significando "tierra de los gérmenes"! (1)

La mayoría de los otros se contentan con la tesis admitida por R. Guénon: la Edad Media es la época tradicional de Occidente, que termina con el reino de Felipe el Bello. Guénon ha fijado  estos límites, especialmente en relación con la cuestión de las relaciones entre el poder temporal y la autoridad espiritual, relación  evidentemente volcada a favor del poder real bajo Felipe el Bello. Sin embargo, esta última tesis también plantea un formalismo excusable cuando no se trata del tema preciso que ocupa aquí, pero que no podemos aceptar sin matices. (2).

En efecto, el matiz a añadir consiste sobre todo en tomar en cuenta, paralelamente a la realidad medieval occidental (que, por supuesto, era más tradicional que la actual), la de las entidades contemporáneas del Occidente medieval a las cuales este último debe una gran parte de su civilización tradicional, y contra las cuales se volvió inmediatamente la asimilación hecha; queremos hablar de Bizancio, sobre todo ella, una entidad cristiana que transmitió aspectos negativos a la otra contemporánea de la Edad Media, la que debía (sólo) merecer a los ojos de esoteristas el título de "intermediaria entre Oriente y Occidente": el Islam califal. Podremos a través del estudio de estas tres entidades, remitir la noción del carácter tradicional de la Edad Media Occidental a su verdadera perspectiva; a menos de querer quedar a cualquier precio Euro-centrista , nosotros ya no podemos rechazar colmar esta verdadera laguna  en nuestra perspectiva, que peligra falsear una parte de nuestras opiniones.

En Occidente, la tara de la "novedad", al contrario del espíritu tradicional, así como la incomprensión del sentido mismo de la tradición que no sea como repetición ciega (tara ligada a esta otra constante occidental que es el juridicismo y el espíritu del sistema), existe desde los orígenes de su llamado período tradicional.

Surgido como tal de las ambiciones de Carlomagno, que inauguró su reinado con fines papocesaristas claros (aunque haya sido coronado como sabemos), la tradición occidental   comienza ya con una novedad: se trata de un todo basado en filioque, un asunto creado en todas sus piezas sobre falso documentos sinodales, a fin, precisamente,  de mejor desmarcar  el Occidente del Oriente que él odiaba. La significación "mundana" de esta innovación fue analizada por nosotros en otro lugar (3). Desde el principio, por lo tanto, la humanización de la  tradición cristiana estaba adquirida (en "germen", precisamente), y no pudo ser retardada  más que gracias a los excesos de pietismo y al papel "ordenador " (Paz de Dios, Tregua de Dieu) que los poderosos querían aún admitir a la Iglesia. Ciertamente, el hecho mismo de que se le haya sido transferido un papel diferencia esta época de la nuestra, pero no es en sí misma suficiente para justificar su calidad tradicional, si, por este término, entendemos, como Guénon, no sólo alguna cosa la cosa habitual y transmitido, a la manera de usos y costumbres, sino además alguna cosa de carácter metafísico y/o iniciático (y, en este caso, fiel a los principios del espíritu del cristianismo).

La celebración de la arianidad de la tripartición de funciones, en la Edad Media, sortea hábilmente esta cuestión del cristianismo, para dorar el blasón del feudalismo franco-alemán de  "tradicionalidad"; solamente, la cuarta componente, presente en India, está olvidada: la de las dos categorías de los fuera de casta (en lo alto: sannyassins y abajo : shudras). Una simple tripartición lejos de recordar la Trinidad, niega cualquier lugar para los "no-adaptados" y testimonia una rigidez, que asegura, adelante, un hundimiento violento. La identificación del hombre con la sociedad estaba conseguida.  

Cualquier logro iniciático, dentro de este marco, ha tomado la forma de sociedades secretas, en los límites del cuerpo de la Iglesia y a veces perseguido por ella, cuando no fue la obra de sociedades monásticas de carácter " profano” muy marcado (ver los hechos y gestas  en Europa Oriental de los Caballeros Teutónico, por ejemplo). Esto, porque el contenido eminentemente iniciático del cristianismo había sido -en ocasiones conscientemente - vaciado  en provecho de su transformación en una religión exclusivamente exotérica y remedando  el poder.

Occidente sabe ahora (una de las compensaciones del Kali-Yuga, sin duda), que la floración iniciática en él en el último tercio de la Edad Media proviene en parte del Oriente, especialmente a través de las Cruzadas (que el Oriente vivió como una abominación) y de la España mora: San Francisco de Asís, Dante, el ciclo del Grial, una cierta caballería, los Templarios, los Rosacruces, los constructores de catedrales - cuya obra no remeda ninguna construcción oriental – la Francmasonería. Lo que es consternante  y menos conocida es la manera en que este aproximación fructífera del Oriente ha sido hecha por el Occidente, especialmente con respecto a sus hermanos en tradición.

La sociedad que profesaba seguir al Maestro cuyo  reino no es de este mundo, bendecía a los "soldados de Cristo, que no cometían pecado (!) matando al enemigo y no corrían ningún peligro /para su alma/ muriendo en combate" (St. Bernardo, editor de la Regla de los Caballeros Templarios, y  representante del esoterismo occidental), en más puro estilo islámico.

Antes y durante su contacto con el "enemigo" ortodoxo y musulmán, esta sociedad recurrió y defendió con el orgullo y la suficiencia que el Oriente le conoció, prácticas tan poco “tradicionales”, pero ataviada del calificativo  divino, como el "juicio de Dios":

-para juzgar la culpabilidad de un acusado, se le ataba a una plancha y sumergirla en un barril lleno de agua; si es inocente, ¡se hunde!

Esta distorsión mental, nunca igualada con tanta religiosidad (otras sociedades de la época se contentaban, en este orden de ideas, en creer que el culpable se traicionaría a sí mismo si era confrontado, sin saberlo, con una perícopa de la Escritura (4)), confundiendo leyes naturales con justicia divina, prefigura la actividad de la Iglesia en dominios  en los que no tiene naturalmente nada que hacer  (cf. la condenación de Galileo por motivos "religiosos").

La Edad Media Occidental nos ha dejado por otra parte otra originalidad occidental, que pasa como cristiana: el odio al cuerpo y mortificación.

Que no se diga que todo esto se explica "por la época", pues es precisamente en este tema en el que el conocimiento de Bizancio y el Islam pueden sernos útiles.

La sociedad cristiana de Bizancio cuidaba a los enfermos, sin explicar su posible ignorancia (abundancia de amputaciones y sangrados, en Occidente) a través del recurso a Dios.
La "virtud" medieval que se puede contemplar en las miniaturas y otras imágenes consisten en una triste mortificación del cuerpo, con el uso frecuente de símbolos de la muerte y del Diablo (pueda él acceder al perdón), que explican la explosión paranoica (J. Bosch) o profana del Renacimiento (esta europeización del islam bizantininizado).

Los iconos bizantinos, por otra parte, y el acercamiento armónico entre este arte sagrado y la pintura “profana”  observada en el siglo 14 en Oriente, evita la desencarnación optando por la sacralización o transformación de la realidad visible (sin caer en trampa de una “absolutización de lo relativo ").
En realidad, el Occidente ario y romano nunca fue capaz de asimilar la encarnación. Son los griegos, en los Hechos de los Apóstoles, que supuestamente se "escandalizan" por esta afirmación cristiana; sin embargo, su contribución al desarrollo de la elaboración de los dogmas de la Iglesia primitiva es grande. Pero esta contribución no provino de los defensores de la religión aria oficial, sino partidarios de la versión griega de la Tradición.

En Occidente, sin embargo, donde ya el panteón incluía las innovaciones de la divinización de Roma y del Emperador, el sentido de Dios hecho hombre nunca ha sido entendido de otra manera que como el "Rescate".

Hemos dicho que la "época " no está para nada en esta incomprensión. Durante la Edad Media Occidental, el Oriente Cristiano aplicó los 85 cánones apostólicos, donde se puede leer:(5)

5 - El obispo, sacerdote o diácono no debe divorciarse de su esposa con el pretexto de piedad, bajo pena de difrocación o excomunión.
6 - El obispo, sacerdote o diácono no podrá asumir cargos públicos.
51 - Si un obispo, sacerdote o diácono se abstiene del matrimonio, la carne o el vino, no por deseo de probarse, sino  por disgusto, olvidando de esta manera que "todo es muy bueno" y que "Dios los creó hombre y mujer", blasfema y los devalúa (diaballei) la Creación; que sea destituido y excomulgado . Lo mismo vale para los laicos.

El Occidente ha experimentado desde siempre odio o al menos desconfianza hacia este Oriente que él consideraba preferentemente "herético". De hecho, ¿cuántos textos copiados por monjes orientales serían puestos en el Índice por el Vaticano? El personaje del monje español Jorge, en el libro de Umberto Ecco "El Nombre de la Rosa" (que termina en una confusión completamente occidental) es muy característico a este respecto.

Este odio y esta desconfianza no faltan en historiadores contemporáneos, para los cuales Bizancio continúa encarnando la "decadencia". En Gibbon en nuestra época, pasando por marxista (6), esta sociedad es denigrada en nombre de todos los males imaginables, comprendido aquí porque no ha “podido” proletarizar la masa de su población, para llegar a las Cruzadas, a los Descubrimientos o a la creación de grandes dominios agrícolas ¡que habrían facilitado la integración de Grecia en el Mercado Común!

Es necesario, hoy en día  (a falta de ayer), que el 0ccidente cese de cerrarse así sobre sí mismo.

Es tiempo de que no se vea escribir más de la mano de guenonianos, que el cristianismo se identifica" con la historia del 0ccidente.

Sería preciso exorcizar de una vez por todas los viejos demonios, comprendiendo que todas las aberraciones deploradas en Occidente no han sido más que la reacción natural (pero no por eso justificables), a las faltas y distorsiones que  remontan mucho más alto en el tiempo que el siglo 14. Estas faltas fueron provocadas por el Occidente, deseoso de desmarcarse del Oriente; de manera que se puede decir que:

- cuando el Occidente era tradicional no tenía esta identidad distinta - y resueltamente cortada de sus raíces hasta entonces- que nosotros conocemos como "occidental" (desde Carlomagno)
-cuando esta identidad claramente occidental existió, no se trataba más de alguna cosa tradicional, sino exteriormente; su hundimiento colapso en la dirección del modernismo era previsible.

El famoso "milenio", por lo tanto, no habrá sido, para el Occidente más que una duración de 600 años (desde Carlomagno hasta Felipe el Bello), de los cuales sólo 300 antes de las Cruzadas que marcaron entonces, desde el momento en que ya no hacemos historia de la Europa aislada, el inicio de la decadencia no tradicional (todavía no anti-tradicional).

De esto se deduce que no podemos hablar, en el límite, más que  de una tradición occidental del tipo kshatriya y religiosa en el mejor de los casos, y de una no-tradición en el peor de los casos.
En Occidente, estamos siendo testigos de la estatalización el cristianismo. En Oriente, a la cristianización del estado.

La diferencia se describe de manera penetrante (y dolorosa,  para los ortodoxos que acariciaban el sueño de copiar a los católicos) de Dostoievski, en los hermanos Karamazov.
Por otra parte, ¿es una casualidad si, en la misma obra, el discurso del Gran Inquisidor que "se adhiere" muy bien a los marxistas (y no faltan disidentes para hacerlo notar) se pone en la boca de un católico donde el “se adhiere” igualmente bien?

No queremos, sobre todo en este artículo, “herir la sensibilidad", como se dice, de los católicos. Queremos sin negar necesariamente la posibilidad de que su tradición haya conservado, en estado (tan) latente influencia espiritual del principio y sin querer en absoluto renegar de esta tradición, invitar a los occidentales preocupados por su recuperación a más humildad en su perspectiva, de lo contrario se equivocarán de adversarios y de aliados.

Un ejemplo de esta humildad sería, entre otras cosas, una mayor prudencia cautela hacia la "renovación" católica que algunos ven en las acciones más insignificantes del  Vaticano bajo Su Santidad Juan Pablo II. Mientras se encuentren esoteristas que se sientan indignados cuando una revista como esta "ose" declarar "con Pedro si es posible, sin él si es necesario", es evidente que una de las posibles vías de recuperación, a saber, la que Guénon llamó  "recuperación del Occidente” estará minada desde el interior.

Condenar las reacciones naturales (como la llamada "teología de la liberación”) sin corregir (ni incluso mencionar a la manera de un Estado que hace su diplomacia) las faltas que la han producido, revela desgraciadamente, no uno espíritu de renovación, sino el mismo espíritu jurídico que ha producido (o no ha podido contra-balancear ) toda una serie de aberraciones que constituyen el espíritu moderno y que de otro modo son más graves que las reacciones al castigo de las cuales se dedica la Curia Romana.

Entre las proposiciones "renovadoras” del Cardenal Ratzinger , por ejemplo, saludadas aquí mismo, falta el espíritu el espíritu del 51 Canon Apostólico; el Cardenal insiste sobre el Pecado Original, delante de una congregación infantilizada, pero en absoluto sobre la sacralización  y transformación de la vida, de otra manera que en términos de "rescate".

Sería grave, evidentemente, grave que los verdaderos renovadores del espíritu cristiano estén  oscurecidos en el reconocimiento tanto de sus fines como del conocimiento de la amplitud de lo que es engañoso.

Evitar esto habrá sido el deseo de la puesta a punto  a la cual hemos querido contribuir , con este artículo. Pero Dios sabe mejor.

Notas

(1)    Artículo sobre el Santo Imperio en el Cahier de l’Herne consagrado a René Guénon, por M. Denys Roman.

(2) De lo contrario, se podría decir que el sistema parlamentario griego, por ejemplo, o el Presidente, el Gobierno, y los diputados prestan juramento ante el arzobispo y donde el Parlamento comienza sus sesiones con una ceremonia de bendición, ¡es un régimen "tradicinall!

(3)"El nombre del Dios de los Cristianos", a aparecer en esta revista.

(4) En Ph. Koukoulês, Vida y civilización de los bizantinos, 7 vol. (en griego).

(5) Gobierno de la Nave Espiritual de la Iglesia (Derecho Canónico Ortodoxo), Atenas, div. reediciones.

(6) Pasajes de la antigüedad al feudalismo, Perry Anderson (Maspéro 1977) GA. Williamson, edición e introducción del la historia secreta de Procope (Penguin Classics, 1966):"Bizancio estaba llena de belleza y magnificencia, también llena de corrupción moral y religioso... Leemos un pasaje sobre una ciudad donde la moralidad sexual presumiblemente no existía, donde el  adulterio, y la promiscuidad reinaba y la castidad era desconocida, así como las leyes de Dios y el ejemplo de Cristo habían sido olvidados.. ." (p. 31). A notar, las dos partes de la declaración en la primera parte de la citación que se supone  "resume" lo que era Bizancio:
-por un lado, lo positivo es únicamente de orden estético: "belleza", magnificencia "
-por otro lado, lo negativo es muy pesado: ¡corrupción moral y religiosa!  
En la segunda parte, el autor revela su criterio puritano  de la virtud : su ilustración de la corrupción bizantina se apoya con ejemplos puramente sexuales.
Notar también en la confrontación.
-El ejemplo de Cristo
-la promiscuidad
En cuanto a la autosatisfacción habitual de los occidentales, es necesario leer lo que dice este autor sobre "métodos atroces de aumentar el número de fieles".

Bibliografía

A. Ducellier, Le drame de Byzance, Hachette 1976,"Byzantines et Croisés: le double jeu", NOTRE HISTOIRE, 20,1986, pp. 36-41.
F. Gabrielli, Chroniques árabes des Croisades, Sindbad 1977
A. Comnêne, Aléxiade, Belles-Lettres
G. de Villehardouin y otros, Chroniques des Croisades, Belles-Lettres et Pléyade (Historia y Crónicas de la Edad Media)
P. Ponsoye, L’Islam et le Grial, Archê (Milán) 1977






miércoles, 25 de octubre de 2017

El exoterismo cristiano justo (Nikos Vardikas)



El exoterismo cristiano justo

Nikos Vardikas


Después de haber hablado en varias ocasiones aquí mismo del núcleo esotérico del cristianismo, habíamos hablado de la noción de un exoterismo justo y de la noción , vinculada a ésta, de los Pequeños Misterios.
Sobre esta base, abordaremos ahora la noción un exoterismo cristiano justo, no olvidando que no más que del exoterismo que se puede “discutir” y que no hay más que éste a “reformar”, cuando proceda, el esoterismo permaneciendo siempre válido bajo no importa que condiciones. Veremos pues qué tipo de exoterismo correspondería al esoterismo que nosotros   nos hemos esforzado en alcanzar; si constatamos que el que conocemos, en el  0riente y en el  0ccidente, no es “justo”, entonces temeríamos que no cierre la puerta del esoterismo a los “llamados”.
En efecto, un exoterismo cristiano justo debería acentuar sobre todo la posibilidad de filiación” que ofrece esta tradición, más allá (si es posible) del simple “servicio”. Para eso, punto no bastan los sacramentos mecánicamente y cuasi mágicamente repetidos. Ofrecen, ciertamente, la posibilidad de “salvación” por vinculación al Cristo Jesús; pero lo “más” que el cristianismo no puede descuidar sin renegarse no debe ser excluido, sino al contrario “sugerido” siempre. Un cristianismo simplemente adorador está de este lado el Judaísmo; degenerado en salvación forzada, es un Islam desviado; por válidas que sean estas dos vías, ¡no deben ser consideradas como cristianas!
La Comunidad de los cristianos (el sentido de la palabra “Iglesia”) debe ser viva, y no limitada a una jerarquía simplemente moralizadora (sin que la Moral se deriva de una Ontología); ella debe ser una comunidad sacralizadora y transformadora y no una reunión de fieles que tratan de la destrucción del planeta, pero sin olvidar sus “deberes” eclesiásticos del Domingo. Se trata de una vida según el modelo trinitario (una comunión amorosa) que, por “exotérica” que sea, comienza solamente allí donde termina la “cultura del exterior” que no es necesario (en el caso de la doctrina cristiana) tratar  de negar ni de suplantar. Si se reclama una ciencia “cristiana”, una escuela “cristiana”, un estado “cristiano”, se deforma el mensaje del cristianismo que consiste en abrir otra perspectiva sobre todas estas realidades, al colocar en sus justos y legítimos límites. Sin cambio de mentalidad personal (métanoia) profunda y espontánea, es inútil pretender “reformar” el exterior del mundo, que no debe nada a nadie. La muerte no está abolida a nivel corporal, salvo si se suprime también el nacimiento; y esto no es una expresión alegórica o simbólica sino real y literal.
ll no basta pues, bajo pretexto de exoterismo, con querer “moralizar” la vida inhumana que llevamos todos bajo el régimen maquinista y tecnicista propiamente “infernal”; es necesario enseñar (sobre todo por vivencia  y no solamente por sermón) que es el hombre: un ser de dos naturalezas que está llamado a  integrar.
Es así como se resuelve la aparente paradoja. Por una parte decimos que no es suficiente moralizar, de la otra que no es necesario comenzar por  ¡querer cambiar el exterior! Es también  el sentido de la frase “dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”, que ha servido a menudo para justificar el desvío materialista de las sociedades (ex) cristianas.
El cristianismo organizado no puede a limitarse, por lo tanto, al “servicio de Dios”, ni a sus alabanzas (uno de los sentidos de la palabra ortodoxia es: justa adoración): “no son los que me gritan Maestro , Maestro , quienes entrarán al Reino, sino los que guardan mis mandamientos”. ¿Cuáles son, exactamente, estos mandamientos? Hemos visto, examinando el ésoterismo, que son muy finos para justificar una vía separada, que heche de menos una lengua sagrada, prohibiciones, etc. Vamos resumirlos aquí sucintamente:
La superación del ego.
Incluso para el exoterismo, es el único sentido posible de todas las Palabras que indican “de volver a la otra mejilla”, “amar a los enemigos”, “odiar sus padres” (mientras se les “honra”), “abandonar todo para seguir ” el Maestro, “perder su alma”, “no tener donde descansar su cabeza”, etc. En la vida del Maestro, se trata de la Crucifixión y del Descenso al infierno seguidas de la Resurrección.
Fijarse en lo esencial  
“No pensar en el mañana”, “que no acumulara tesoros sobre la tierra”, “no olvidar la única cosa que cuenta”.
Evitar la esterilidad formalista
No subestimar los ritos, sino no supeditar la Verdad a ningún procedimiento.
Adorar “en espíritu y en verdad”, “renacer en agua y espíritu”, “conocer la verdad que libera”, “ser simples” - o unidos.
Estos “mandamientos” que no lo son, ya que no se puede mandar sobrepasarse, no se puede más que recomendarlo, se basan todos en el conocimiento vivido, entre otros el del Maestro mismo. El cristianismo no puede pues ser exclusivamente exotérico, so pena de auto-anularse.
SITUACIÓN ACTUAL
Habiendo alcanzado sumariamente estas líneas conductoras, no podemos ahora evitar examinar en qué medida el cristianismo organizado que nosotros conocemos se ajustan en sus dogmas, ritos, artes y organización.
Está dividido (el cristianismo) en ramas Católico, Ortodoxas, Protestantes  y Orientales (monofisitas); con todo respeto al “Fígaro”, no hay aún Iglesia “Ortodoxa Rusa Católica” ni de “católicos nestorianos” - hay solamente católicos de rito oriental.
La rama protestante, por su rechazo reconocido no del Papado solamente (lo que habría podido ser legítimo) sino de toda tradición, por sus preceptos individualistas e incluso literalmente pequeño-burgués se ha auto-mutilado en simple ideología puritana, no-tradicional y anti-tradicional. Su papel en el nacimiento de la actual forma de la sociedad antitradicional (capitalista y socialista) es importante.
Las ramas monofisitas de las Iglesias orientales no-calcedonianas sufren a veces de un malentendido: el monofisismo se dice, por ejemplo, en copto “tawhedo”, lo que no adolece de reenviar no al concepto griego de una sola naturaleza sino al término musulmán de “tawhid”, habitualmente traducido como “unicidad de la existencia”. Varios de estas Iglesias son, por lo tanto, prácticamente Ortodoxas. En el caso en que el monofisismo consiste en negar la mediación ontológica de Cristo, se trata simplemente de un “Islam disfrazado”, de una posición quizá legítima pero no muy cristiana.
Parece pues que nuestro examen debe sobre todo concernir a la 'Ortodoxia y el Catolicismo, ramas en efecto a priori “tradicionales”, y que intentan desde este siglo el acercamiento y el diálogo. Se dice a menudo que sus diferencias han sido exageradas por una y otra parte, y que realmente se trata en realidad sobre todo de óptica diferentes y  legítimos y causadas por diferencias de cultura  y entorno. Hay, en efecto, tales diferencias entre las dos ramas (la barba de los sacerdotes por ejemplo)
Pero la única digna de consideración, desde  nuestro punto de vista , es de orden  esencial y no tan contingente. Examinado los ritos, la teología, la organización y la acción de las dos Iglesias, se constata que el sobre-acentuación de la Redención, de las prácticas de Penitencia, de la fiesta de Navidad – con relación a las Pascuas, la abstención del vino en el la Eucaristía, la hipertrofia y el carácter meticuloso y juridicista de la organización eclesiástica delata, en Occidente, un concepto según cuál el objetivo de la tradición es la humanización de los seres infrahumanos, concebidos de partida como “absolutamente caídos. La jerarquía reina sobre una manada irresponsable infantilizada, que se trata “de rescatar”; esta concepción es vieja y procede de una actitud arria y aria puritana, procedimental et juridicial. Ha sido conservada en el los hábitos de la sociedad desacralizada, como cualquiera que haya hecho estancia en un hospital lo sabe. Una vez más: es qizá  legítima, en su orden, ¿pero es cristiana?
En clima oriental, por el contrario, más allá y a través de peripecias o atrofia organizativa de las Iglesias, todo comienza por la constatación y la admiración de la Encarnación (que nos enseña  o nos recuerda que nosotros no hemos dejado ser excepto por ceguera), para acabar , si es posible, en la Deificación.
El “si es posible” debe ser matizado. Si no es posible que todos o incluso el número más grande  accedan al estado Resucitado, callar esta posibilidad como objetivo de la vía, bajo pretexto de realismo, tiene el efecto de cerrar la puerta a todos excepto a los más cualificado que lo abrirá sin ninguna ayuda exotérica; pero esto no es un exoterismo justo. Se puede aceptarlo, a falta de otro, pero sin absolverlo. La tentación de separar demasiado lo sagrado de lo profano, él yo del otro, la fe del conocimiento, el cuerpo del alma, la revelación de la experiencia del hombre de Dios, Jesús del Cristo, la clero de los fieles, el 0riente del  0ccidente es de aquéllas que un cristiano debe rechazar como falsa, ya que puede anular la dimensión participativa en la verdad y solidificarlo en formulación, siempre supuesta “más total” y más definitiva. Las sorprendentes paradojas del apofatismo ortodoxo, que rechaza, al contrario, este fijación o solidificación de la verdad, no se encuentran solamente en místicos aisladas, sino en la liturgia y los mismos himnos.
Esta diferencia, atestiguada en cuanto a los símbolos por el contraste entre los iconos y las representaciones naturalistas  de mortificaciones, explica la rapidez y la facilidad del proceso de “despoblación” religiosa en Occidente, desde que el humanismo ha postulado que el hombre era una base de partida y no un objetivo alejado que debe alcanzarse. Ciertamente, haciendo esto ha retirado también , pecando por orgullo y puesto que la tradición ya no coloca  “más allá”, el concepto religioso mismo. El humanismo, por erróneo que sea, deja intacta una tradición cuyo objetivo, por definición, sobrepasa su marco (por ejemplo, el budismo).
Más que toda cuestión de detalle, es esta diferencia que  los Orientales, que tienen de ello conciencia en su teología “exotérica”, reprochan a la rama occidental. Lo que equivale a decir que a fuerza de borrar él mismo su carácter exo-esotérico normal,  el cristianismo occidental ha devenido  solo exoterismo, poniendo así él mismo las bases de su descrédito ulterior, y de su supervivencia únicamente en tanto  que Moral y Obediencia que no suscita más, en el mejor de los casos, que  vocaciones de “servidor”. Por no desdeñable que esto sea , bloquear la ruta a la formación de los “hijos” es grave de otra manera para una tradición cristiana que es, por añadidura, la más extendida (¿se puede decir que este sea un precio a pagar por esta expansión?).
CONDICIONES PARA UNA APROXIMACIÓN
Desgraciadamente, las únicas señales de “rectificación” que vemos, o en el (demasiado) enérgico Occidente, o en el (demasiado) letárgico Oriente, no sobrepasan nunca el orden sentimental o moral, si no son sencillamente de orden burocrático.
Ninguna comunidad - y, a fortiori, sociedad-  puede vivir solamente sobre “valores morales” que mejoran el ego, fijadas por un legislador (humano, divino o vicario de éste); tiene necesidad de certezas ontológicas de donde los valores morales se derivan naturalmente. La moral sola, tomada como premisa, aceptada en la ignorancia de la única cuestión que importa (“¿Quién soy yo ? ”), por respeto a la autoridad, en el temor a un castigo o en la esperanza de una recompensa, aunque sea póstuma, esa moral no salva de la influencia del yo sino, pretendiendo mejorarlo, lo refuerza. No es más que un “buena” ideología; una regla de vida no puede, sin embargo, basarse sobre una “definición” de lo que la vida es.
II es pues esencial hablar, en el marco de un ecumenismo deseable (sin más), en primer lugar, de lo que separa. El acuerdo sobre lo que une o sobre las diferencias simplemente culturales y legítimas puede considerarse, desde nuestro punto de vista, como adquirido por adelantado. La única vía de salvación del cristianismo sería, por lo tanto, un acuerdo dogmático entre la a rama desviada más extendida y la rama ortodoxa más decadente (exteriormente). Si resulta imposible, sería mejor dejar las cosas como están, con una Iglesia de Pedro exotérica y una de Juan casi invisible. Si los Ortodoxos quieren “convertir” a los Católicos, no lo harán bajo la férula del Patriarca “Ecuménico” (nosotros ponemos de buen grado, en caso de acuerdo, comillas en torno a esta palabra) de Constantinopla; no es deseable tampoco, que eso se haga bajo la del “Soberano” Pontífice de Roma.
LA INVASIÓN DE LA POLÍTICA
Antes mismo de intentar acercarse (ya que, después de todo, su Desunión corresponde, quizá, a una “economía superior”) o anatemizarse mutuamente, las Iglesias, en principio detentadoras  de la verdad, deben me ocuparse de su propia supervivencia espiritual. Viven en un estado de invasión  de todo el espacio mental por la política, que niega su existencia misma: “Metal, estruendo, vaivén ininteligible, vida de fealdad y trivialidad”, bajo el reino de las máquinas que obligan, para rodar, a saquear la tierra. Desgarradas entre la implicación política o la caridad, las Iglesias se arriesgan a volverse las herencias de este sistema industrial totalitario.
La tríada democracia-industria-desarrollo ha tomado las dimensiones de una (pseudo) religión que seduce “a los elegidos mismos”. Frente a esta invasión, que se observa por todas partes, los representantes de las autoridades espirituales deben, so pena de auto-anularse, actuar urgentemente de la manera que les es propia; poner las cosas a su lugar y denunciar las desviaciones; no participando en el juego político, ni en ignorancia de la causa.
La democracia industrial ha podido aparecer a causa de la mentalidad dominante en el Renacimiento, sobre todo en el clima Protestante y germánico. Sus preceptos antihumanos y antitradicionales son siempre incontestados:
el único criterio de la rentabilidad
el postulado, no moral o inmoral sino falso y peligroso, de ausencia de límites: es necesario siempre más .
- La creación de un universo no-natural, feo y mecánico, en el cuál circulan los explotadores y los explotados. Los creadores vaishyas de este sistema han favorecido la creación de más parias (proletarios)siempre, desarraigados, marginales y deshumanizados.
Los marxistas, invirtiendo de manera típicamente kshatriya, tanto el principio metafísico de la “marcha de la historia” como la metafísica en general, han exaltado los  “valores proletarios” sin comprender que era escandaloso que exista tal clase ; por otra parte han aceptado todos los preceptos industriales que hemos evocado. Así pues, ellos han obrado por analogía con las Iglesias que  no han comprendido su papel. Han querido invertir este sistema en una determinada dirección sin denunciar sus fundamentos mismos.
Pero si eso es normal para los materialistas, no lo es para la autoridad espiritual: ha exaltado la pobreza en un sentido totalmente marxista - cuando no ha sido activada del lado de los vaishyas- ha deseado una industria “con Dios”, un socialismo “de rostro humano”. No escapa, a Este como en el Oeste, a un humanismo de buena calidad, un moral de caridad y  “derechos del hombre”. Su franja  más consecuente prefiere simplemente  oponer las obligaciones a los derechos; apenas más. Su primer deber es, sin embargo, defender la “pobreza”, la renuncia voluntaria a ciertos “valores” inútiles, denunciar la existencia misma de un proletariado y de la industria, aunque esto no es “realista”. Y esto, sin buscar moralizar la industria. Sin este denuncia hecha en nombre de los “fines últimos” y no de los derechos de una jerarquía o de los fieles “a sus opiniones” , el cristianismo, no juega, incluso dividido, su papel de guía y renuncia a su estatuto de religión pura y simple, incluso exotérica Peor, juega el juego del político invasor. Que el Primer Patriarca del Todas las Rusias haya sido también “Diputado del Pueblo” es ridículo y chocando; no más, sin embargo, que los atributos del Papa en su propio Estado.
El cristianismo no debe tomar un coloración feudal o capitalista (como pudo hacerlo la Iglesia Romana) ni imperial o socialista (como han llegado hacerlo las Iglesias Ortodoxas); ahora bien, es lo que hace no predicando más que “los derechos humanos”, “el derecho al desarrollo”, y la “caridad”.
En vez de condenar las faltas de la “teología de la liberación”, el cristianismo debería explicar por qué ese “desarrollo” es una trampa; y esto, desde la opinión de su finalidad propia: “la razón suficiente  de la condición humana no es tal empresa económica” (incluso caritativa)” sino la inmortalidad”. Si no, cae en la trampa de la caridad “que salva los cuerpos, pero mata las almas”.
No hay otra vía para salir del totalitarismo político actual que la que consiste en evitar las nociones mismas de este totalitarismo: “elevar el nivel de vida significa a menudo intentar un individuo encumbrarse en más lujo y llevarle a la verdadera pobreza, a pesar del aumento de producción”.
Es decir ¿ que la Iglesia debe abstenerse de toda acción? No. Pero si no sostiene, en esta época , el principio que “cada uno no debería tomar de la naturaleza más que lo que tiene necesidad para su vida en este mundo” (1), no puede ser llamada consciente de su papel.
Mientras que un sínodo de los obispos católicos discuta del celibato de los sacerdotes, no en términos teológicos o eclesiásticos, sino escuchando a los psicoanalistas, mientras que la  Santa Sede y el Patriarcado de Moscú (entre otros ) no hablen más que  de desarrollo y de humanismo, mientras se responda a la inhumanidad industrial planetaria solamente por las “obligaciones” o por “fe-esperanza-caridad”, no se habrá entendido ni a San Franco de Asís  ni San Serafín  de Sarov.
La Iglesia, no cumpliendo su papel, habrá por eso mismo renunciado a su derecho de existencia.
Si queremos recapitular los criterios para un exoterismo cristiano justo (que debería ser un exo-esoterismo ) diríamos:
-solo las tradiciones Católica y Ortodoxa pueden hoy día, “volver de nuevo” a su tradición común.
— entre las dos, la teología y la práctica de la 0rtodoxia está más cerca de la exactitud exo-esotérica cristiana; el factor decisivo parece haber sido, en la historia, la relación con el poder secular pero también la concepción que tenía de ella misma cada Iglesia. El Catolicismo lleva el peso de su secularización, bajo la presión del Germanos; la 0rtodoxia, de su nacionalización, bajo la presión de los Eslavos.
— Si todas las tradiciones cristianas no denuncian, en nombre de sus fines Últimos, la invasión de la política y los valores de desarrollo (que se realizaron, bajo sus formas capitalistas y socialistas, en sus territorios y bajo la presión respectiva de los pueblos convertidos “catalizadores” (2)) todo diálogo y también toda esperanza de rectificación aislada estarían comprometidas.
La “victoria del 0ccidente” se volverá también espiritual.
NOTAS
(1) Todas las citas proceden de Castas y razas, de E Schuon.
(2) El papel de los Germanos en la secularización del continuum feudalismo/capitalismo en Occidente y en la nacionalización del continuum Imperio/socialismo en Oriente, es una constatación; la “falta” no les viene sola  sino que pesa  sobre la autoridad espiritual. Tanto más cuanto que ésta está expresamente implicada en la constitución de los reinos cristianos en América y la conversión de los amerindios, operada por los Latinos, y que, en Oriente, la secularización de la Iglesia Rusa ha permitido “la reforma” de Pedro el Grande. Se trata ahora de esto de esto: como no habría sido bueno que el socialismo se planetarice,  así como no es bueno que el capitalismo se haya planetarizado. Pero es un hecho. G. Georgel había observado, con inquietud, que los Anglosajones y los Eslavos son los pueblos más extendidos de la tierra.
*
Para los que ignoran todo de la Iglesia de Oriente y que no sospechan , bona fide, de hacer  apologética, o que atribuyen todos los incumplimientos dogmáticos a “la época” o a la “necesidad”, nosotros recomendemos tres obras de ortodoxos occidentales.
Olivier Clément, Bizance et le christianisme, París (P.U.F.), 1964 - La Iglesia Ortodoxa, coll. “Que sais -je?” N 949
Timothy (Kallistos) Ware, The Orthodox Church, London 1963.
Algunos capítulos de Retour a l’ essentiel de Jean Biè se refieren ahí  también, explícitamente.

(Vers la Traditión 1987 nº27)