PHILIPPE
DESBROSSES,
NOUS REDEVIENDRONS
PAYSANS,
Editions du Rocher 1993
CAPÍTULO VIII
LOS ESCENARIOS DEL APOCALIPIS
“Nadie sabe cuando ni cómo la crisis monetaria internacional va a
producirse, arrastrando e1 hundimiento del sistema de especulación y valores ficticios...
Lo que es seguro, es que estos plazos son ineludibles...”
Así se expresa uno de los más grandes expertos
financieros de Wall Street, John Kenneth Galbraith, en una entrevista titulada “
Apocalypse tomorrow “, aparecido en el Nouvel Observateur del 6 de febrero de
1987.
¿CUÁLES SON LOS ESCENARIOS POSIBLES PARA LOS DIEZ AÑOS VENIDEROS?
Es muy probable que 1a Historia se embalará más fuertemente aún
que 1a aceleración conocida hoy.
El Acta Única de 1992, que crea un mercado libre el interior
de la Comunidad
Europea, con 1a entrada posible de Turquía, cabeza de puente
ideal para las producciones del Oriente, va a poner en presencia economías
completamente diferentes en una confrontación donde todo el sistema occidental
corre el riesgo de volar en esquirlas.
Este mercado libre europeo es en realidad una apertura al
mercado mundial, cuya presión se hace cada vez más fuerte en nuestras fronteras,
hasta el punto que ella la sumerge a veces. La mantequilla neozelandesa, los carneros
australianos, los relojes electrónicos vendidos a puñados (20 francos pieza, 3,048
euros) procedente de Formosa o Singapur, los automóviles y las motos japonesas,
los ordenadores de nuestras grandes marcas fabricados para un bocado de pan en Taiwán,
y todo lo que no se sabe o que se finge
no saber, para no llevarse del vértigo...
Cuando las últimas defensas que protegen nuestras economías envejecidas,
asfixiadas, cedan delante de las de los nuevos países, China, Indonesia, y en
general todo el Sudeste asiático, vigoroso, ofensivo, saltando ya de
impaciencia a las puertas de nuestros mercados, capaz de fabricarlo todo y de
imitarlo todo (en mejor a veces, Japón es un ejemplo), y sobre todo capaces de
inundar nuestros mercados con precios de veinte a treinta veces inferiores a
los nuestros, la competencia habrá dado paso a una pesadilla, para todo
industrial o jefe de empresa concienzudo. En efecto, ¿quien podrá seguir ejerceiendo
sus talentos bajo nuestras latitudes, jugar un papel cívico de creador de
riquezas y empleos para sus compatriotas, resistir en tal coyuntura? ¿No se ha
convertido en locura emprender en Europa?
Por otra parte las potencias financieras internacionales han
dado la tónica desde hace tiempo. Invierten desde años en estos nuevos países donde
las leyes sociales, los reglamentos son inexistentes, donde se puede aún hacer
trabajar a las poblaciones por salarios ridículos comparados los de nuestros
países. Los campos de explotación de la energía humana se han desplazado hacia
estas zonas más propicias, por eso Europa ha alcanzado los diez millones de parados,
de los que tres para Francia. Es una situación explosiva.
Es inevitablemente mucho más ventajoso para las empresas industriales abandonar los lugares de
implantación y producción en Europa para transferirlos en los países en vías de
desarrollo, con manos de obra a 2,50 francos de la hora (0,38 euros), sin
cargas sociales. Los ejemplos pululan, sería necesario un libro para citarlos.
Eso va desde los objetos usuales de los que abundan nuestros bazares, a los
productos agroalimentarios, pasando por los ultramarinos finos, los cosméticos,
los pesticidas, los ordenadores, los vestidos...
¿Qué puede esperarse
de la generalización de estas tendencias? Bien seguro que aprovecharán a
algunos multimillonarios internacionales y que suscitan nuevos, que quizá
eliminarán a los primeros, por esto no son más que epifenómenos. Lo más grave,
es que nuestra economía bascula en un pozo sin fondo arrastrando todas las
consecuencias que se adivinan: recesión, paro acrecentado, conflictos sociales,
empobrecimiento acelerado de las poblaciones, por lo tanto hundimiento de los
mercados por insolvencia creciente, de donde mercados negros o mercados paralelos
que empeorará aún las situaciones; advenimiento de una economía diversificada
de supervivencia, sobre todo de supervivencia
alimentaria.
Hay que tener en cuenta por otra parte que la debilidad de los países en curso de desarrollo,
entre los que pueden provocar el hundimiento de los sistemas económicos
occidentales, es la agricultura.
Qué puede ocurrir sobre un planeta donde solamente se será
capaz de vender tres automóviles para el precio de uno y ordenadores en saldo
la docena, mientras que la producción alimentaria va a continuar cayendo, como
es fácil de imaginar a partir de los elementos que se han sido presentados en
este libro.
La agricultura industrial y sus resultados provisionales,
concentrados sobre zonas limitadas de la tierra, no puede mantener
indefinidamente sus rendimientos, su derroche energético, su costes de
producción cada vez más elevados y aún menos sus desórdenes ecológicos. Cada
población, cada familia incluso, va a comprender, tanto más rápidamente cuanto crezca la necesidad, de producir directamente lo
esencial de sus propias necesidades de subsistencias. Volverá a ser ventajoso
cultivar su jardín o agruparse por pequeñas comunidades para producir su
alimentación.
En los países donde el hambre prevalece, se seguirá muriendo de hambre, hasta el renacimiento de sistemas
agrícolas convenientes, autónomos y autosuficientes, de los que citamos algunos
ejemplos. Los países cuya agricultura pletórica da por el momento 1a ilusión de
la seguridad alimentaria van a confrontarse con una revisión desgarradora de su
situación por la sinergia de varios factores.
- en primer lugar su poder adquisitivo va a bajar
considerablemente, por la competencia de las economías más jóvenes que van a
sumergir el nuestro (de donde paro, pauperización
entre nosotros);
- los precios de los productos de 1a agricultura industrial,
mantenidos artificialmente bajos estos últimos años, van a sufrir subidas muy
importantes, ya que no se pueden camuflar los costes reales y seguir
indefinidamente las transferencias de cargas que también ellas han alcanzado
sus límites;
- contrariamente a los abastecimientos de productos usuales
de origen industrial procedente de los países en vías de desarrollo, los
consumidores occidentales no podrán esperar los mismas ventajas con los
productos agrícolas, ya que precisamente estos nuevos países no tienen la
posibilidad de alimentarnos y sus campesinos son
también un especie en curso de desaparición, 1o probamos
sobreabundantemente a lo largo de esta obra.
La conclusión, es que la supervivencia de la mayoría de las
poblaciones del globo pasa por una vuelta la tierra. Para algunos parcialmente,
como complemento de actividad o como ocios útiles. Para otros, de buen o de mal
grado, porque no habrán encontrado nada mejor para garantizar su propia
subsistencia, y para una tercera categoría de manera más profesional, en los
planes de adaptación y desarrollo rurales que obligará a los Gobiernos a
establecer para reconstituir la primera de las
actividades indispensables la vida en este mundo: la agricultura.
Entonces, ¡volveremos a ser campesinos... ¡
Pp 211-214
CAPÍTULO IX
El MUNDO CAMBIA
Nada es más fuerte que una idea que llega a su hora...
V. Hugo
En 1988 y 1989, realicé un periplo a través de numerosas
regiones de Francia sobre del tema de < Quiebra alimentaria >.
Pude medir el interés
del público con motivo de conferencias o coloquios sobre lo que está en juego a
niveles socioeconómicos de este fin de siglo y sobre el porvenir de 1a
agricultura. Las inversiones de tendencias en materia de comportamiento,
aspiración, método de vida, son reveladoras de la revolución en curso.
Todas las grandes epopeyas humanas están basadas en
creencias, deseos, imágenes... La energía de la fe es así perceptible en las
realizaciones humanas del pasado y el presente: las Pirámides, el Partenón,
Notre Dame de Chartres o los cohetes interplanetarios, gloria de la ciencia
contemporánea. La conquista de la luna forma también parte de estos milagros de
la creencia por la cual el pueblo se deja imponer los más pesados sacrificios.
Pero hoy el ideal común de la felicidad y las imágenes que
están vinculadas no son ya las mismas que hace treinta años. El sueño de potencia
industrial, de abundancia de bienes materiales no suscita ya los fantasmas de
los años 1960. Incluso si la competición sigue siendo salvaje, como consecuencia
de las prácticas y obligaciones del pasado, el corazón no está en ello y una
sorda inquietudes golpean ligeramente los espíritus. Observamos en efecto que
cuanto más se desarrollan los resultados, más generan consecuencias
insoportables, y el torno se estrecha progresivamente para rápidamente amenazar la seguridad de
los que se creían mejor protegidos.
La crisis económica, o más bien la
< crisis de consciencia > que prevalece ha pues puesto en
entredicho los modelos y los mitos de la sociedad productivista. Después de
haber creído en el bienestar por 1a acumulación de bienes materiales - producir
más para consumir aún más, divisa de la civilización industrial - y haber
mantenido la ilusión de su infalibilidad tecnológico, la sociedad moderna, desilusionada,
descubre la contrapartida de su extraño progreso: mercancías sin mercado, éxodo
rural, paro, droga, delincuencia, recursos naturales saqueados, empresas
arruinadas y restaurantes del corazón... Parece urgente definir otros criterios,
forjar nuevos valores, establecer un consenso social lejos de los espejismos de
la competencia económica y de la < ley del mercado >, de las que se
pudieron medir los límites y derivas funestas.
Nuestro planeta Tierra, no lo dudemos,
es una nave cuyas dimensiones se estrechan de día en día, y nuestra
supervivencia de todos depende en adelante de nuestra aptitud administrar
solidariamente y equitativamente los recursos.
El derroche no está pues ya
permitido. Se considera como indecente con respecto de estas multitudes
famélicas que se insertan de día en día en un abismo de sufrimiento y
desamparo, en parte a causa de las expoliaciones que genera el método de vida
de los países ricos. Indecencia, nuestras tierras quedan en barbecho, cuando el
tercio de humanidad muere de hambre. Las tierras no han sobreproducido nunca ,
son los abonos químicos contaminantes, las hormonas y los pesticidas lo que es
necesario congelar, ya que destruyen las bases de la vida sobre el conjunto del
planeta: los recursos naturales, la fertilidad de los suelos y los campesinos, cuya
presencia y actividades son prenda de seguridad para el porvenir.
¿Cómo no
indignarse ante la absurdidad de los programas puestos en marcha estos últimos
años, cuando de un lado las instituciones financian a golpes de mil millones de francos o ecus
(nuestro dinero, hoy día euros) la puesta fuera del circuito de millones de
hectáreas de tierras fértiles, y de otro lado subvencionan 1a adaptación de
territorios no agrícolas - saneamiento, drenaje de zonas húmedas vocación
ecológica - para transformarlos en superficies de producción agrícola? ¿Cómo
aceptar que una parte del territorio se ponga en barbecho para justificar la
sobreexplotación de la otra parte con el mantenimiento de métodos intensivos,
lo que en término final conducirá a dos desastres: una Francia del vacío y una
Francia polucionada?
La congelación de las tierras es una
constatación de fracaso de las políticas agrícolas pasadas. Es un
consentimiento de impotencia ante la necesidad reformar las orientaciones y los
métodos de la agricultura industrial.
Afortunadamente nadie más garantiza tales
orientaciones. Es la gran victoria de la década 1990, la agricultura biológica
ganó su apuesta. Ella aparece hoy día como un recurso indispensable ante lo que
está en juego del mundo moderno. Constituye un conjunto coherente de técnicas
realmente productivas, respetuosas de los recursos y del entorno, que hizo sus
pruebas para un desarrollo sostenible. Incluso sí mañana se olvida su nombre,
habrá reformado de manera definitiva los conceptos materialistas de 1a agroquímica.
La ilustración más espectacular de
los cambios de mentalidad se encuentra en dos discursos, habidos con dieciséis
años de intervalo por una de las personalidades más influyentes del mundo agrícola
en Francia.
El 12 de mayo de 1972, el Diario La Marne agricole publicaba, bajo la referencia
< Cultivo biológico >, el texto siguiente:
Lo
que es grave para los agricultores, es la campaña hecha por ciertos
especialistas en favor del < cultivo biológico >... los debates tuvieron
lugar en la radio, donde se cargaron en cuenta las inexactitudes más flagrantes,
y los agricultores se dejaron tentar por estos manifestantes que no conocen nada,
pero están al servicio de gente muy interesada {...}. Un reciente estudio de 1'
INRA, cuya imparcialidad no se podría poner en duda , ha concluido la
ineficacia total de tales métodos. Es hora de decir a los agricultores que esta
< agricultura biológica > los
minaría rápidamente, sin beneficio para los consumidores, pero en de beneficio
de charlatanes que explota el gusto bien natural de los Franceses por los
productos de calidad...
Dieciséis años y mitad más tarde,
el 10 de enero de 1989, en el Diario L’Union
del departamento del Marne, la misma personalidad se hacía el intérprete de la Comunidad Europea,
en una sesión de la cámara agrícola de este departamento. He aquí los extractos
que yo he retenido:
Durante siglos, la actividad agrícola se
practicó en armonía con el medio
ambiente, pero no va más de lo mismo con algunas tendencias de 1a agricultura
actual, que la evolución tecnológica desde la última guerra plantea una serie
de problemas a los hombres y a los medios naturales, a los cuales es necesario
poner remedio {...}. La actividad agrícola no debe ya ser considerada solamente
como productora de géneros, sino cada vez más como generadora de marco de vida
y servicios.
Lo cualitativo debería pues alzarse
en el cuantitativo en las preocupaciones [...} El papel de la agricultura es no solamente asegurar las funciones
estratégicas, económicas y sociales, sino también de conservar el entorno
rural. {... }. El FEOGA (Fondo Europeo
de Orientación y de Garantía Agrícola) debería financiar programas regionales
en favor de prácticas agrícolas ecológicas, para evitar la desaparición de los
especies autóctonas, la contaminación de las aguas por los abonos y los
pesticidas, la degradación de los suelos, la acumulación de metales pesados,
las concentraciones inoportunas, la destrucción de los setos..., tantas
prácticas que, a largo término, pueden volver los suelos impropios para el
cultivo.
Entre estos objetivos, la CEE tiene la intención de
revisar la legislación sobre los pesticidas. La política agrícola debe permitir
reducir al estricto minimum el uso de estos productos químicos, no solamente
habida cuenta de los riesgos que hacen correr al hombre, la fauna y la flora, sino
teniendo en cuenta también los efectos a largo término sobre el entorno. Por lo
que se refiere a la producción animal y vegetal, se trataría de favorecer la extensificación y de limitar los
esparcimientos de abonos mineral y animales en algunas zonas. Finalmente la
comisión prevé favorecer la aprobación de los productos biológicos...
Agradezcamos
al Sr. Philippe Neeser, miembro eminente de 1a Asamblea permanente de las
cámaras agrícolas, de haber hecho esta constatación objetiva sobre la agricultura
moderna, después de haber sido, quince
años antes, uno de los más fervientes promotores.
Rindámosle homenaje por este testimonio de lucidez.
Este ejemplo de toma de conciencia
de los peligros de la agricultura industrial no es el único. Demuestra los
cambios en curso en la opinión pública, de la que podemos predecir que se van
acelerar. Varias razones para eso.
La mayoría de las guías
espirituales del planeta se comprometieron sin ambigüedad en esta revolución ecológica, ya se trate del Papa
o el Dalai- lama, entre otros. El significado de su compromiso es considerable.
El hecho de fundar una nueva moral cristiana sobre el respeto del medio
ambiente para que la paz reine sobre la tierra, como lo hizo Juan- Pablo II
dedicando a este tema la totalidad de su mensaje de final de año (1), o como el
– Dalai-lama cuando alega la responsabilidad universal y el altruismo como
nueva norma social, en su mensaje para la protección del plan y el advenimiento
de una comunidad global (2), son anunciadores de profundas metamorfosis en el
pensamiento y los comportamientos humanos.
(1) La croix 6
diciembre de 1989
(2) Édition Olizane, Genève 258, 1990
Pp 215-218
LA TIERRA
Para la tercera edición de este libro, cuya
escritura me ha sido inspirada al final de los años setenta y cuya presentación
he madurado hasta 1987, quiero añadir de manera más precisa lo que es mi convicción profunda,
y que compruebo cada día el sentido premonitorio.
En la actualidad, en julio de 1993,
constato que no tengo nada que cambiar, a los pronosticos del texto original.
Las derivas anunciadas se han amplificado y vuelven más evidente esta
necesidad: volver a ser campesinos, si queremos evitar el Apocalipsis alimentario.
El futuro de la tierra, y por
consiguiente el porvenir del mundo vivo, dependen de la capacidad de los ecosistemas
para producir, de manera duradera, los flujos de energía necesarios para la
alimentación de las especies, de 1o
infinitamente pequeño al más grande de los mamíferos. La primera necesidad es
la nutrición,
de la que el agua potable es un elemento mayor. La calidad de la comida y la
calidad del agua deben responder a las exigencias fisiológicas y biológicas de
los seres vivos. Ellas dependen de nuestras aptitudes para preservar los
recursos, en primer lugar de nuestros métodos de producción agrícola. Ahora
bien no sabemos más que muy pocas cosas del medio en el cual vivimos y de sus
interacciones. En lengua sabia se llama eso < biocenosis> Nosotros no
conocemos casi nada de las relaciones de la planta con suelo. Conocemos menos
aún las relaciones de las plantas entre ellas. Solo tenemos algunos conceptos
insignificantes sobre la sociología de los insectos, sus relaciones con las
plantas y con los pájaros. Comenzamos solamente e enfocar el concepto de
equilibrio de los agro-sistemas y las relaciones de causa efecto entre las
calidades de un suelo y salud de los seres que lleva. En esta interdependencia,
¿es el suelo el que hace la planta o la planta la que hace el suelo, o quizá los
dos la vez? ¿Es que una planta empuja bien porque no está enferma... o es que
no está enferma porque empuja bien ? (3)En otros términos, ¿es necesario rodearla
permanentemente con un arsenal medicamentoso con carácter preventivo? ¿O es
necesario más bien aumentar su resistencia natural por un equilibrio
alimenticio conforme sus necesidades? Tantas cuestiones que requieren otro
enfoque, otra manera de administrar tierra, otra agricultura.
La agricultura es la más importante de las actividades del hombre
sobre la tierra,
incluso si la confusión intelectual de nuestro tiempo conducido a esta, por
ignorancia o por codicia, arruinar esta base esencial de su existencia. Toda
vida sobre tierra se basa en la planta verde (4), que es de 1a energía solar
condensada. Pero en realidad la planta verde tiene también otras funciones
vitales que 1a alimentación de las otras especies. Juega de un papel entre las
sustancias minerales groseras de la tierra y los mecanismos sutiles de la atmósfera.
Liberación de oxigeno, fijación y almacenamiento del carbono libre (CO2),
reglamento hídrico del entorno por
evapotranspiración, proteosíntesis, fijación del nitrógeno atmosférico,
formación del humus, verdadera piel viva del suelo... La planta verde juega un papel
purificador en el ciclo del agua y en la calidad del aire que respiramos.
Participa en la regulación del clima: higrometría, régimen de vientos, erosión,
desertización.
En efecto, se observa desde hace
treinta años: todos los esfuerzos tendieron disociar las plantas cultivadas de
la naturaleza, hasta el paroxismo del cultivo hidropónico o <cultivo sin tierra >, que es un despilfarro
organizado. Con medios desproporcionados: se produce una caloría de energía
consumible gastando 500 calorías de energía fósil. Y la cima de la absurdidad reside
en el hecho de que se ponen, al mismo tiempo, millones de hectáreas de tierras
fértiles al paro a causa de excedentes. ¿Quién paga para estas inconsistencias,
si no la colectividad?
Todas estas divergencias traducen
perfectamente el mal de nuestra sociedad moderna, librada a la economía mercantil,
completamente dominada por la especulación donde el único valor contabilizable
es el dinero. El dinero considerado por la moral burguesa como elemento esencial de
respetabilidad, cualquiera que sea la manera de ganarlo. A esta perversión se añade la
confusión intelectual resultante de los conceptos de la ciencia analítica que
solo conoce lo que es mensurable y disociable respecto a estos instrumentos.
Eso nos da una especialización exceso y la disociación de producciones antes
complementarias, como la agricultura y 1a ganadería, los cereales y las
leguminosas, las producciones de víveres y el equilibran demográfico de los
territorios...
La llegada del tractor sonó el
tañido del equilibrio agro-silvo-pastoral, conduciendo al matadero contingentes
de millones de caballos a partir de la Segunda Guerra
Mundial. La desaparición de estos animales liberó de un único golpe 38% de las
superficies cultivadas, más de un tercio del territorio, antes consagrado la
producción de energía para la tracción animal (heno, avena, paja)... < Es
como si, explica Jean-Pierre Berlan (5), se hubiera de un solo golpe
descubierto un continente entero en la segunda mitad del siglo XX, explotable inmediatamente...>
En los Estados Unidos (nuestro modelo
ideal), se buscó rentabilizar estas superficies disponibles estableciendo un
nuevo cultivo que no entraba en competencia con las producciones tradicionales
de cereales (trigo, maíz). Fue la llegada de la soja, planta resultante del
continente asiático que tomó un desarrollo considerable, al punto convertirse
en indispensable allí donde algunos años ella era aún desconocida.
El éxito
de la soja no es el fruto de la casualidad. Esta planta rica en aceite es una
leguminosa que se integra perfectamente en las rotaciones de cultivos, sin
perturbar las cosechas, puesto que los períodos de madurez son diferentes, y
sobre todo sin competir con el mercado de los cereales, puesto que la vocación
de la soja era en primer lugar producir materias grasas vegetales alimentarias.
La naturaleza de los métodos de extracción necesarios para su utilización hizo
una planta privilegiada de la industria, su paso obligado por tecnologías costosas
hizo un instrumento de soberanía del sector industrial. Lo que aumentó su poder
y permitió el desarrollo de verdaderos imperios. Muy rápidamente, la presión de
estos grupos de presión ante el Congreso y el Gobierno de Washington entrama
una serie de decretos, de medidas de desgravación, que privilegiaron la
utilización de las materias grasas de origen vegetal en detrimento de los materias
grasas animales tradicionales, leche, mantequilla, crema...
Pequeña anécdota: una información
ampliamente recogida por la prensa mundial especializada, bajo la tutela de los
industriales del aceite, fue el < descubrimiento > de un investigador
soviético que denunciaba la responsabilidad de la mantequilla y la leche en la
formación del colesterol. Hoy sus afirmaciones se baten en retirada por los
científicos independientes de los grupos de presión aceiteros, que aconsejan al
contrario consumir razonablemente mantequilla para favorecer el buen
colesterol, pero la publicidad funcionó a manera de un lavado de cerebro para varias
generaciones.
A este nivel de 1a historia de 1a
agricultura moderna, el lector va a comenzar comprender 1a amplitud de las
metamorfosis de nuestro sistema alimentario y 1a increíble dependencia y
vulnerabilidad de la cual es objeto. Ante esta competencia insoportable de los
potentes fabricantes de margarinas, mantequillas vegetales y otros sustitutos
de la verdadera mantequilla, la verdadera leche y el verdadero queso, el último
eslabón de independencia y autonomía se pasó de rosca. Los rebaños lecheros de
rumiantes pastando y valorizando aún las fibras de los prados desaparecieron, encadenando
la desaparición de la fertilización natural de los suelos y la reconversión de
los prados en tierras desnudas libradas a la intensificación y a 1a erosión.
Como se puede comprender, los campesinos no dudaron demasiado en abandonar las ganaderías
que quedaron poco rentables y extremadamente
vinculantes para sustituirlos por monocultivos estacionarios, que tienen 1a
ventaja de no ocuparlos sino tres meses en al año. En Francia, antes de la
crisis, se ironizaba sobre el ciclo de las
<tres M >, Mégéve-Mais-Méditerranée, modelo favorito de las grandes explotaciones cerealistas
de la cuenca parisina, que transponían así el modelo americano importado en
Europa después de la guerra por el plan Marshall...
La ruptura total del ciclo natural
y la división de las producciones como tantas funciones extrañas las unas a las
otras no dejaron de desarrollarse desde esta revolución silenciosa de la
colonización de 1a agricultura por 1a industria.
Fue necesario comprar a1 exterior el
carburante para abastecer las máquinas, esto fue la primera etapa del
sometimiento de 1a agricultura. Fue necesario comprar simultáneamente
los abonos industriales para sustituir al abono de los animales ausentes, fue
la segunda etapa de esta dependencia... las otras se encadenaron en
consecuencia. Estas modificaciones de las prácticas culturales acarrearon un
debilitamiento de los sistemas, con la aparición de mayores parasitismos que,
su vuelta, necesitaron el uso sistemático de un arsenal de pesticidas cada vez
más sofisticados. Y, hoy, 1a apropiación de las semillas de la tierra,
patrimonio público transformado en bien privado por un puñado de multinacionales,
completa la obra de dominación adoptada desde la llegada de 1a agricultura
industrial.
(3) F.Chaboussou. Santé des cultures, Éditions
Flammarion, Paris.
(4) J.-M Gatheron. Servitude et grandeur
paysanne, Éditions Jeheber, Genève, Paris
(5).
Ingeniero, encargado de investigaciones la sección socioeconómica de 1' INRA.
Pp 219-222
VIAJE A LA ABSURDO
La división del trabajo y las producciones
hizo nacer grandes regiones especializadas, los cerdos en Bretaña, los cereales
en Beauce, la concentración de las ganaderías y el alejamiento de las zonas de
producción vegetal que hacen imposible la complementariedad beneficiosa de
estos producciones así como su alta rentabilidad.
El ganadero bretón solo sabe hacer
montañas de estiércol líquido que producen sus fábricas cerdos. Este <oro negro>
podría fertilizar las tierras agrícolas de la cuenca parisina en lugar de los
abonos químicos, y recibir a cambio las producciones vegetales para 1a
alimentación animal, en vez de las hogazas exóticas y otros P.S.C. que componen
un 80% de nuestras importaciones (55 millones de toneladas al año para los ganaderos
europeos). Pero los transportes serían, parece, demasiado costosos. Esta es la
razón por la que el ganadero bretón utiliza las proteínas de soja de Brasil o
la mandioca de Tailandia, a cambio de las cuales el cerealista beauceron (de
Beauce) expide a países alejados los contingentes de cereales de los no sabe
que hacer. Es mucho más complicado, es
preciso pensar, pero no se pagan a los tecnócratas para hacer cosas simples, y
sobre todo es mucho más rentable para algunas sociedades anónimas que regulan
el juego de los intercambios haciendo pagar altos precios a los protagonistas
ciegos de la comedia y prorrogando los desórdenes y los costos sociales, paro,
escasez, excedentes, contaminaciones, déficit de la balanza comercial, sobre la
colectividad de los contribuyentes. Sin olvidar las campañas de caridad pública
para volver a dar algunas migajas a los que han organizado tan bien la penuria.
A parte de eso, nuestra
alimentación no es cara, como lo dicen con un tan bonito coro los <observadores
> económicos y políticos. Lo que es muy costoso en cambio, son las medidas
de apoyo del sistema, que afortunadamente no figuran en las mismas estadísticas...
El GATT (6) vela para que esta
maravillosa máquina de fabricar rehenes económicos pueda seguir funcionando,
guardando bien seguro la mejor parte para el Tío Sam, como 1o ilustran sus
tentativas actuales de hegemonía sobre el sistema alimentario mundial por medio de 1a Ronda de
Uruguay. Por ello se impusieron progresivamente < circuitos largos >, devastadores de espacio y entorno,
donde se ve a los alimentos hacer tres veces la vuelta de la Tierra antes de llegar al
plato del consumidor europeo (espárragos de Perú, pepinillos de Sri
Lanka, zanahorias de Turquía, soja de Brasil, judías del Africa subsahariana,
miel de China...) Esta situación es explosiva ya que debilita en exceso los sistemas
alimentarios de todos los países, del nuestro incluso. No solamente dependemos
de una única energía, el petróleo, sino
comprometemos o abandonamos progresivamente nuestras herramientas de producción
en favor de países alejados que pueden dejar de la noche a la mañana de
abastecerlos. ¿Cuánto tiempo será preciso para reconstituir las explotaciones agrarias
necesarias, y lo que es que costará si de un único golpe debemos encontrar
nuestra autonomía de subsistencia?
Es a la vez la seguridad
alimentaria y la paz civil que se cuestiona en tales derivas, si continuamos a mecernos
en ilusiones en cuanto a la infalibilidad de nuestro sistema. Sin olvidar el
número creciente de los excluidos del progreso, que hacen que pronto las
muchedumbres sin rentas bordearan montañas de mercancías sin mercado. Es la
parada inevitable delante de la cual se romperán las locas ambiciones de la
minoría egoísta de los especuladores financieros.
En una economía agrícola respetuosa
con los hombres y territorios, la política urgente sería reconstituir los circuitos cortos, al menos para lo esencial de nuestras
necesidades. El sistema de aprovisionamiento actual es una aberración, consecuencia
de una competición internacional suicida. Es incontrolable y perjudicial para
los recursos energéticos del planeta. Su costo social es insoportable: energía,
transportes, conservación, largos almacenamientos, embalajes especiales, alteración
de la calidad, contaminaciones múltiples... En Francia se pudo medir su
vulnerabilidad. ¡La huelga de los camioneros en el verano de 1992 ha estado a punto de instaurar el hambre en ocho días, en un mundo reputado
de abundancia! No es normal que nuestros productos alimenticios,
nuestros bienes esenciales, estén producidos al
otro extremo del mundo, cuando podemos y debemos producirlos en casa, en
condiciones económicas y ecológicas más satisfactorias, mientras que ponemos
las tierras en erial y los hombres dejan en barbecho... Una región debe poder
producir lo esencial de las necesidades
de su población,
sin ir a expoliar, por multinacionales interpuestas, los recursos vitales del
pueblo del Tercer mundo, del que las mejores tierras sirven fabricar nuestros
excedentes, mientras que dejamos los nuestras
en barbecho.
Podríamos así encontrar un
equilibrio y una seguridad, mucho mejor que en objetivos obsesionales de
monocultivo e importaciones. Estas orientaciones conducen uniformar los sistemas
destruyendo todo el tejido de microactividades necesarias para la vida de una
región, no promover más que algunas grandes producciones especializadas que no
solamente absorben la mayor parte de las ayudas públicas (subvenciones), pero
que, bajo el pretexto de ser competitivas, suprimen al mismo tiempo los
empleos. Lo que no les impide ser rápidamente fragilizados y desestabilizados por la competencia mundial, como fue el caso
de la metalurgia, de la viticultura en otro tiempo, el pastoreo y los cereales
hoy día... En lengua campesina, se llamaba a esto < poner todos sus huevos
en la misma cesta >.
Esta cesta, los campesinos de hoy,
hiperespecializados y tan dependientes como los urbanícolas, van a llenarla al supermercado de
la ciudad, con quizá los espárragos de Perú, la miel de México, la mantequilla
de palma tailandesa, las fresas de Chile, las judías de la África subsahariana,
el leche en polvo y la oveja neozelandesa, etiquetada < cordero de Sisteron
>.
La historia que me dijo el profesor
Mathé ilustra con humor las absurdidades de la situación. Hace algún tiempo, un
accidente banal causó importantes desgastes
y un bloqueo prolongado de la circulación en la región parisiense. Un
semirremolque procedente de Holanda, cargado de tomates para España, tomó en contrasentido un ramal de la autopista
del Sur. Entró en colisión con un semirremolque español, cargado de tomates
para Holanda... ¿Quién gana en esta persecución cruzada, esta noria de
camiones, que unas veces transportan sobre millares de kilómetros géneros que
pueden ser producidos localmente, y que otras veces los retoman para retransportarlos
lejos, en forma de basuras domésticas, en vez de reciclarlos in situ?
Este sistema
antieconómico, antiecológico e antisocial subsiste porque la sociedad prefiere
cerrar los ojos sobre las consecuencias de estas prácticas, que vamos a deber
pagar mañana a alto precio después de haberse negado a asumirlos hoy a su costo
real. Y también porque no tenemos el valor de reformar prácticas altamente
nocivas e inútiles, que hipotecan nuestro futuro y el de nuestros niños.
Es una verdadera carrera contra el
reloj que es necesario comprometer, en el momento en que constatamos sobre los
grandes relojes de la
Historia que la deforestación avanza al ritmo de 25 hectáreas al
minutos, que el desierto absorbe una hectárea cada cuatro segundos, o sea el equivalente
anual de un territorio como Bélgica, que los campesinos desaparecen por
millones cada año, una explotación cada treinta segundos en el mundo, todos los
cuartos de hora en Francia, mientras que en el mismo tiempo la población
mundial aumenta en tres individuos todos los segundos... una China cada diez
años (según Cousteau).
Por supuesto este catálogo de
desórdenes no tiene solamente por respuestas
las soluciones técnicas. Si bastara con remediar técnicamente los males
que nos abruman, seríamos muy eficaces y muy felices hoy. Pero la crisis hunde sus
raíces en e1 alma humana, y son en primer lugar los
desórdenes del corazón del hombre, y su cabeza lo que es preciso cuidar.
Rehabilitar la función de campesino, cesar de vaciar los campos para llenar
suburbios superpoblados, donde se desarrollará pronto un nuevo terror de los
bárbaros a imagen de la sociedad americana, donde la coronación del progreso
será a fin de cuentas < Terminator >; ¡sublime éxito de lo que se denomina
aún la civilización!... < los hombres son como las manzanas, cuando se los
apila, se pudren... >, decía Mirabeau. Es una reflexión a meditar.
Parece en cualquier caso indispensable
proponer otros objetivos que la carrera por la posesión y el consumo de bienes
materiales. Puesto que el hombre, se dice, es un animal social capaz vivir y
morir como héroe por el reconocimiento social, mostrémosle que existen otros
elementos de valorización personal a través de bienes inmateriales como la
belleza de una obra, la calidad de la vida, el respeto de otros, la amistad, la
solidaridad, la fiesta, la felicidad de ser útil... Todos estos valores antes
vinculados tradicionalmente a la tierra pueden reconquistar juventud
incapacitada, mayoritariamente en busca de absoluto, de ideal y de hazañas.
Quizá podemos proponerle el nuevo
concepto de 1ª < Inteligencia verde (7) > como horizonte ampliado
de creatividad, acción humanitaria, protección de la naturaleza, de gestión de
los recursos... La
Inteligencia verde, es la vez 1a inteligencia de lo viviente,
gran motor universal que manifiesta la planta verde, con los todos recursos
inexplorados e inexplotados que nos ofrece de manera duradera y reproductible. A
título de ejemplo, a penas se conoce el 10% de las especies vegetales del planeta ,
muchas de las cuales poseen aptitudes y
virtudes incomparables para el progreso y el bienestar de 1a humanidad, así
como nos lo demuestren magistralmente los investigadores inspirados como
Jean-Marie Pelt, Michel Bounias, Rémy Chauvin, Jacqueline Bousquet... La <
Inteligencia verde >, es también la
de los < agri -innovadores > y de todos los que sabrán trabajar de acuerdo con la
naturaleza < sol-agua-suelo-plantas - microorganismos >, los que sabrán
descubrir y valorizar los recursos renovables de nuestro medio ambiente, los
que sabrán transformar la tierra en un jardín inagotable, como, quizá, el de
los orígenes de los que nos hablan con delicias todos los cuentos, las leyendas
y las religiones.
La primera condición, es que todos
los adultos conscientes de las amenazas que pesan sobre la vida terrestre estén
animados por el mismo sentimiento de responsabilidad colectiva y se unan para
participar en una obra pedagógica de reconciliación con la naturaleza, con la
vida, con e1 orden cósmico... Un reto que coloca e1 amor en el centro de toda realización
y ambición humana. Una clase de desafío donde se haría jugar de alguna manera
el poder del amor contra amor del poder (8).
Este término de amor en el sentido
de compasión parece muy ingenuo, o incluso pasado de moda, en el mundo de 1a
eficacia tecnológica, del arma nuclear, de la competición de los tipos de
cambio. No hago aquí el discurso de una
noticia de lección de moral ni de una generosidad decente, sino solamente creo tener
un razonamiento lúcido.
Los profetas bíblicos no han inventado nada. Ellos no han hecho más que
observar 1a historia humana de su época, que se repite invariablemente como una
serie de hipos. Mi convicción profunda es que si queremos salvarnos y salvar el
frágil esquife sobre el cual estamos
embarcados, debemos actuar todos juntos,
los unos para los otros, y no en una
confrontación fratricida de todos contra todos, como los marineros de un buque
que pronto habría hecho ir al naufragio. Con todo estamos en esta situación
paradójica: más va mal esto, más nuestro instinto egoísta nos arrastra a una
fuga ciega y prepara nuestra pérdida creyendo sacar partido del asunto en
detrimento de nuestros semejantes.
Sin hacer referencia a la sabiduría
innata de las comunidades primitivas, cuya cohesión reflejaba la solidaridad
del grupo, interroguémonos sobre la salida de nuestra guerra económica que
sacrifica caiga quien caiga todos los recursos vitales del planeta para 1a
instauración o el mantenimiento de los poderes efímeros de algunos grandes
primates retrasados. Las reflexiones más pertinentes, los esquemas más
rigurosos, los programas más brillantes de 1a inteligencia humana para
solucionar la crisis actual no lo pueden conseguir sin una condición esencial,
es que cada uno respeta las reglas del juego. Ahora bien esta es precisamente
la causa principal de las crisis y el mal profundo de los que sufre la sociedad
moderna: 1a ausencia de solidaridad nos inclina a no jugar el juego y,
situación agravante, cuando todo el mundo engaña, se
puede esperar a que el juego se convierta en un juego de masacre.
Esta es la razón por la que no hay
otra salida que encontrar estos valores que hacían antes la cohesión espontánea
de las comunidades campesinas y su sentido común del interés general:
solidaridad, responsabilidad, cooperación, respeto del próximo como de si mismo.
¡He ahí porqué volveremos a ser
campesinos!
(6).
General Agreement on Tariffs and Trade, conjunto de acuerdos interacciónales
impuestos por los países ricos para la libre circulación de mercancías, cuyas
consecuencias son desastrosas sobre el conjunto del plan. En realidad, se trata
de la más formidable empresa de exacción contra los derechos del hombre, bajo 1a
apariencia virtuosa de la libertad de los intercambios. Es la destrucción de
las economías locales para 1a extensión incontrolada de las multinacionales.
Una red internacional de resistencia se constituyó bajo la sigla de la ALIANZA, cuya side para Francia
es: la Alianza
Campesinos, Ecologistas, Consumidores, 53, calle de Renaudes
75017 París - telf.: (1) 42.67.04.11.
(7) Ideas
desarrollada por primera vez por F.
Plassard en las Conversaciones de Millangay, coloquio sobre e1 futuro
del mundo rural, en septiembre de 1992.
(8). Fórmula muy bonita de Nicou
Leclercq para la edad de Acuario.
Pp 222-227
PHILIPPE
DESBROSSES,NOUS REDEVIENDRONS PAYSANS,Editions du Rocher 1993, ISBN
2-268-01569-6
pp.215-227