MORAL.
Jean –Marc Vivenza . Le
Diccionaire de René Guénon. Le Mercure Dauphinois. Grenoble 2002
La moral se presenta generalmente de dos modos distintos:
a) - el modo religioso, en el que las normas éticas dependen
declaraciones dogmáticas (la Ley de Manu, el Decálogo, etc.).
b) - el modo filosófico, cuando la Moral se totalmente libre de toda
subordinación religiosa.
Huelga decir que el punto de vista tradicional no puede concebir, o
más exactamente admitir, que una ley moral, una regulación social, esté
desligada de una perspectiva espiritual precisa, y no imagina ni por un
momento que exista una "Moral independiente". Esta situación, que
caracteriza nuestra época moderna, pero que hunde sus raíces en los
griegos y los romanos, no es más que el resultado de una larga
degradación de la civilización, fruto relativamente claro de una lenta
penetración de elementos "sentimentales" en la esfera social. La
omnipresencia del moralismo en nuestro tiempo es, pues, el resultado de
una degeneración del pensamiento religioso que, al secularizarse, ha
traducido los principios ancestrales en una especie de código reductor, y
ha hecho que la mentalidad contemporánea se pliegue a imperativos
categóricos que no parecen tener ninguna fuente trascendente particular.
Por otra parte, examinando el problema de la moral desde un ángulo
metafísico o doctrinal, Guénon, partiendo del hecho de que la distinción
entre el Bien y el Mal es, "en última instancia", evidentemente ilusoria,
se pregunta, no sin razón, si esto no implica, como consecuencia directa,
la inexistencia pura y simple de la Moral, Pues si la diferenciación entre
el Bien y el Mal no existe en la realidad, "lo mismo debe suceder con la
moral", escribe, "pues es bastante obvio que la moral se funda en esta
distinción, que la presupone esencialmente". Pero esto sería sin duda
una afirmación exagerada, pues la Moral existe, pero, precisa, "en la
misma medida que la distinción entre el Bien y el Mal, es decir, para
todo lo que pertenece al dominio del Demiurgo*". Su dominio es el de
la Acción* exterior ejercida sobre el mundo bruto, un dominio donde la
voluntad* del hombre produce por sí sola las múltiples distinciones
contradictorias, un mundo de limitación donde domina el "Príncipe de
este mundo". Por eso la Moral sólo está ligada al plano material, "pero
desde el punto de vista universal ya no tiene razón de ser", puesto que el
punto de vista universal ve desaparecer todas las distinciones y
oposiciones. Esto explica fácilmente por qué la Moral sólo se aplica al
único dominio de la acción*, "y la acción presupone el cambio, que sólo
es posible en lo formal o manifiesto". A este respecto, podemos
comprender mejor lo que significa la ausencia de Moral, dado el fin
efectivo de todas las distinciones
entre el Bien y el Mal en el Mundo no formal e inmutable, que no está
sujeto al cambio ni a las modificaciones contingentes del mundo
manifestado, y que, por tanto, está libre de acción, lo que significa
concretamente que "el ser que ya no pertenece al Imperio del Demiurgo
carece de acción". Esta es la razón por la que el Veda*, que se centra
únicamente en una perspectiva puramente metafísica*, no contiene en sí
mismo ninguna moralidad.
Sin embargo, debemos tener cuidado en señalar que es importante no
confundir nunca los diferentes niveles de realidad y de verdad, ni
malinterpretar los diferentes planos del Universo, "pues lo que se dice
de uno puede no ser cierto de otro". Así, la moral existe necesariamente
en el plano social, que es esencialmente el dominio la acción; pero no
puede hablarse de ella cuando consideramos el plano metafísico o
universal, puesto que entonces ya no hay acción.
(Mélanges, cap. I, "Le Démiurge". Introducción general al estudio
doctrinas hindúes, cap. IV, "Tradición y religión", cap. VIII,
"Pensamiento metafísico y pensamiento filosófico").
Véase Acción, Creación, Demiurgo, Laicismo, Karma*, Voluntad.