jueves, 10 de noviembre de 2016

El Filósofo y la rosa (Abbé Henri Stéphane)

TRATADO XIV.3  El Filósofo y la rosa

(Abbé Henri Stéphane 1907-1985, Introducción al esoterismo cristiano, Capítulo XIV, Varia)

El Filósofo, habiendo recogido una rosa, se plantea la cuestión: ¿“Qué la rosa? ” Si hubiera oído la lengua de la rosa, no se plantearía la cuestión, pero se ha vuelto sordo y
no oye ya la lengua de la rosa.

Se entrevista con entonces su colega el Matemático, y le plantea la cuestión: ¿“Qué la rosa? ” El Matemático, zambullido en sus estructuras, responde al Filósofo: “Tu rosa no me intresa, a menos que pueda observarla como elemento de un conjunto, y que pueda aplicarle mis operaciones.”

Desconcertado el Filósofo, se va a buscar al Biólogo quien se apodera inmediatamente de la rosa, la corta en pequeños pedazos que él examina al microscopio, y responde al Filósofo: “No veo nada. “

Consternado el Filósofo, recoge llorando los restos de la rosa, y se va a buscar al Artista: “Qué la rosa?” le pregunta.

“No sé, respondo el Artista, pero voy a indicarte el camino que te conducirá a la respuesta. Va en un lugar que se llama Chartres, y allí encontrarás una catedral, y en esta catedral hay tres Rosas, y estas tres Rosas cuantan la historia de la Rosa eterna. “

“Es lejos este país?” pregunta el filósofo
.
“No sé, respondo el Artista, pero si quieres llegar,
se lleves ningún equipaje y sobre todo ningún libro. Si no llegarás  nunca.”

“Y si no encuentro mi camino?” pregunta el filósofo.

“Preguntas a los Pájaros, respondes el Artista, son los amigos de la Rosa. “

“Pero no comprendo la lengua de los Pájaros”, dijo el Filósofo.

“Eso no importa, responde el Artista; basta que tú les preguntes, pues ellos te comprenderán, y te conducirán a la Rosa, sólo tendrás que seguirlos.”

ESCRITURA TRADICIONAL Y TIPOGRAFÍA INFORMÁTICA (Pedro Castro)


ESCRITURA TRADICIONAL Y TIPOGRAFÍA INFORMÁTICA

TRADITIO Revista de Estudios tradicionales, primavera-verano 1988

Uno de los aspectos más significativos de la extrema degradación de la escritura en Occidente, nos lo suministra la aparición de la informática y su particular tipografía. Si bien el sentido sagrado del lenguaje se ha perdido virtualmente en los idiomas europeos (1), al menos el trazado de las letras se había mantenido hasta hace poco sin sufrir ninguna alteración apreciable. Esto ha cambiado de manera sustancial con la invención del sistema que sirve para configurar las letras, números y demás signos que aparecen en las pantallas de los ordenadores o impresos sobre el papel. Aunque a primera vista este hecho parezca insignificante, encierra sin embargo un signo muy instructivo que puede mostrarnos las verdaderas intenciones de la “revolución tecnológica”, impuesta de manera implacable y tiránica a toda la humanidad.

Pero antes de entrar en este asunto, veremos a continuación el principio metafísico y simbólico en el que se basa la escritura de las lenguas tradicionales. Esto nos lleva a considerar el significado universal del punto y la extensión, reflejado en toda escritura normal por el punto geométrico y la línea (2).

No teniendo dimensión, ni forma, ni espacio, el punto es el principio de la manifestación, realizándola (bajo la condición temporal) por el movimiento, situándose en ella aunque en realidad esta no sea nada sin aquel, para actualizar así todas las virtualidades que el punto contiene. Por tanto, toda la extensión manifestada procede del punto en tanto que este se diferencia, se desdobla, multiplicándose indefinidamente (3).

De esto se deduce claramente que la línea geométrica no está compuesta por una sucesión discontinua de puntos, pues siendo estos sin dimensión, de su adición no puede surgir ninguna extensión. La línea se produce en definitiva por la distancia elemental que existe entre sus puntos consecutivos, separados y unidos la vez en una sucesión continua e indivisible (4).

Si aplicamos les nociones mencionadas al caso concreto de la escritura, observamos que esta es diseñada por un único punto de tinta multiplicado indefinidamente, y que da a cada letra su forma propia que la hace aparentemente distinta de las otras. Enlazamos aquí con un simbolismo de profundas implicaciones metafísicas: el de la tinta y su relación con las letras. El trazado ininterrumpido de la tinta simboliza el Principio inmutable que ensarte toda
a manifestación de formas ilusorias representada por las letras(5).

Así pues, mientras que las doctrinas tradicionales ven en las letras los reflejos del Absoluto, reproducidas con un trazado continuo que recuerda su unión indisoluble con la Fuente de todo lo manifestado, la tecnología informática, además de relegarlas a una función meramente convencional como ocurre con otros medios modernos de impresión (6), va mucho más lejos, dando a la escritura el máximo grado de deformación representable, El punteado intermitente de la tipografía informática, disgrega y “atomiza” el trazado normal de la escritura en una multiplicidad separativa, Al ser diseñadas les letras por puntos cuantificables(7), se destruye la indivisibilidad que estas reciben de su Principio formador. La uniformización cuantitativa de la tipografía informática, se presenta pues como la parodia de la unidad cualitativa qua rige la escritura tradicional (8).

Esto nos muestra en definitiva la verdadera finalidad de la informática: reducir todo lo que toca a “cosas” numerables, divisibles e intercambiables, para así ejercer sobre elles un control y dominio absolutos, lo que indica claramente un inquietante signo más de la nivelación efectuada en todos los ámbitos de la última fase del presente ciclo.

Pedro Castro

NOTAS

1.— Sobre el origen y significado del  lenguaje en las doctrinas tradicionales, ver R.Guénon, “Símbolos fundamentales de la Ciencia Sagrada”, EUDE9A, 1976, cap. VI “La ciencia de las letras” y “el lenguaje de los pájaros”. Sobre las lenguas sagradas en Occidente, ver R.Guénon, “Aperçus sur l’ésoterisme chrétien”, Editiones Traditionnelles, 1g83, cap. I “A propos des langues sacrées”.

2..- Cono ya señaló Leibnitz, no han de confundirse los “puntos metafísicos” que son independientes del espacio, con los “puntos matemáticos” que no son más que las determinaciones espaciales de aquellos. (Cfr. R. Guénon,  Symbolisme de la Croix”, Guy  Tredaniel/Véga, 1984, pág. 97, nota 4).

3.— Cfr. “Le Symbolisme...”, op.cit,, pag. 97.

4.- Cfr. “Le Symbolisme...”, op.cit.,, pág. 95—96. Sobre la divisibilidad de la línea, Nicolás de Cusa escribió: “La línea finita no es divisible en no línea, porque en la magnitud no se llega al mínimo, menor que el cual nada puede haber, Por ello, la línea finita, según la razón de línea, es indivisible, pues la línea de un pie no es menos línea que la de un codo”. (Cfr. “La docta ignorancia”, Orbis, 1985, pág. 67). Comentando le doctrina aristotélica de la indivisibilidad del tiempo, A.K.Coomaraswamy la pone en relación con la indivisibilidad espacial diciendo: “El tiempo comienza siempre”, ”el tiempo es continuo” gracias al “invisible ahora” en cierto sentido, los instantes difieren entre sí, pero son siempre idénticos” en su función, de constituir el tiempo. Los “instantes” son comparables a los “puntos” que determinan una línea; dos puntos contiguos no pueden constituir una línea, se necesitan tres pues una línea no es tal si no tiene un principio, una parte media y un final; y así para todas las demás series”. “Así, el indivisible Instante” tiene la doble función de separar y unir y en esta doble función es idéntico al Punto sin dimensión que separa y une simultáneamente las partes de una línea. En cuanto separan, los instantes están siempre diferenciados por su valoración con los distintos pasados y futuros, pero en cuanto unen, son siempre idénticos. Asimismo, los puntos son múltiples cuando separan (puesto que una línea puede dividirse en varios lugares), pero al ser
un punto aquello por lo que trazamos una línea continua, son “idénticos en todas partes”, (Cfr. “El tiempo y la eternidad”, Taurus,
1980, pag. 63 y 78).

5.- Dicho simbolismo ha sido particularmente desarrollado por el esoterismo islámico para expresar la doctrina de la “Unicidad de la Existencia” (Wahdatul—wujûd), es decir, de la existencia universal contemplada como la manifestación integral de la unidad del Ser. (Cfr. “Le Symbolisme...”, op.cit., pag. 17). Así por ejemplo, Haydar Amul!, sufí persa del siglo XIV, ve en la tinta la realidad única e infinita de la “existencia”, mientras que las letras escritas con tinta reflejan las formas ilusorias que se manifiestan separativamente en el mundo empírico. Sin embargo, al estar trazadas con tinta, las letras forman en cierto modo parte de esta, pues si no serían una pura nada sin existencia. Por tanto, para solucionar esta aparente antinomia, no hay que dejarse engañar por uno u otro aspecto de la Realidad, teniendo una visión que no esté
velada por nada, ni por la tinta ni por las letras, contemplando la Unidad en la multiplicidad y la multiplicidad en la Unidad. (Cfr Toshihiko Izutsu, “Unicité de’Existence et Création Perpétuelle en Mystique Islamique”, Les Deux Océans, 1980, pag. 67—68). Así mismo, Abd al—Gani al—Nabulusi utiliza la misma imagen en el siguiente poema, citado y comentado por el Sayj Ahmad Al—’Alawi en su tratado sobre el simbolismo de las letras del alfabeto:
“Las letras son los símbolos de la tinta; no hay letra alguna, salvo la que la tinta ha ungido; su mismo color es pura ilusión. Es el color de la tinta, que ha accedido al ser manifestado.
Sin embargo, no se puede decir que le tinta se haya apartado de lo que era.
La no-manifestación de las letras residía en el misterio de la tinta, y su manifestación es producida por la autodeterminación de aquélla. Ellas son sus determinaciones, sus actividades, y no hay nada allá más que la tinta. ! Comprende esta parábola!
 Las letras no son la tinta !no digas que lo son!
 Esto sería un error; y decir que la tinta es idéntica a las letras sería pura locura.
Pues ella era antes que las letras cuando no había ninguna.
Y será todavía cuando ninguna letra sea.
Mira bien cada letra y ve que ya ha perecido salvo por la faz de la tinta, es decir, la Faz de su Esencia.
! A Ella toda Gloria, Majestad y Exaltación!
Así, incluso en su manifestación, las letras están ocultas,
sumergidas por la tinta, puesto que su manifestación no es otra
que la de ella.
La letra no añade nada a la tinta, ni toma nada de ella,
pero revela su integridad en modos distintos.
Sin alterarla. ¿Acaso la tinta y la letra constituyen dos cosa
distintas?
Ve, pues, la verdad de mis palabras: no hay ser salvo el de la
tinta, para aquel cuyo entendimiento es sano;
y dondequiera que esté la letra, su tinta está siempre con el
!Abre tu intelecto a estas parábolas y préstales atención!’,
(Cfr. Martin Linqs, “Un santo sufí del siglo XX”, Taurus, 19882 pag. 146 y ss.). En la tradición china también encontramos un simbolismo equivalente, expuesto en el método de la “pincelada única” (i—hua) y que es utilizado tanto en la pintura como en la caligrafía. La multiplicidad do pinceladas y los distintos matices de la tinta esté contenida en la unidad principial  de la pincelada única”. El pintor taoísta Shih—T’ao (s.XVII—XVIII) escribió un tratado sobre dicho método, del cual reproducimos algunos párrafos:
“En un principio no había método. Durante el caos primitivo no había diferenciación. Una vez que el caos primitivo se empezó a diferenciar nació el método (ley). ¿Cómo nació este étodo? Nació de una pincelada, De esta pincelada nacen todos los fenómenos es aplicados por los dioses a los hombres”.
“Una vez que el caos primitivo fue diferenciado nació el método de la “pincelada única”. Una vez nacido el método de la pincelada única, todos los objetos del universo aparecieron. Por eso yo digo: “este principio los cubre a todos”.
“Igual que uno hace un viaje muy lejos iniciándolo con un paso, así esta pincelada única contiene en si el universo y el universo y lo de más allá; miles de pinceladas y tintas comienzan y terminan esperando a que uno sepa usar sus ventajas”.
“La pincelada única es el origen de toda caligrafía y de la pintura, las cuales son aplicación material del principio primero de esta pincelada única”.
“Le pincelada única esté contenida en todas las cosas. Una pintura viene de le tinta, la tinta viene del pincel, el pincel de la muñeca del artista y la muñeca del artista de la mente que la rige. Este provenir es similar al modo en que la vida es creada por los cielos y las formas son hechas por la tierra”. (Cfr. Luis Racionero, “Textos de estética taoísta”, Alianza, libro de bolsillo
Nº993, 1983, pág. 87 y ss.).

6.— A este respecto, recordaremos que la imprenta moderna no es más que el vestigio desacralizado del arte tradicional de imprimir, el cual tenía en su origen, al igual que los demás oficios un carácter iniciático totalmente perdido en la actualidad. Las corporaciones occidentales de impresores besaban su rito de iniciación en la leyenda de Fausto, y es frecuente encontrar en los libros de los siglos XV, XVI y XVII la marca que indica el grado del maestro impresor. (Cfr. R.Guénon, “Etudes sur le Franc—masonnerie et le Companonnage”, Ed. Traditionnelles, 1986, tomo II el artículo “Le Chrisme et le coeur dens les anciennes marques corporatives”, y “Símbolos fundamentales...”, op.cit., cap. L  “El cuatro de cifra”).

7.— Dicha divisibilidad cuantificable es intrínsecamente falsa, pues el trazado de las letras normales no se realiza por una línea con un número indefinido de puntos, sino por una multitud indefinida que va más allá del número. (Cfr. “Le Symbolisme...”, op. cit., pig. 91, notas 2 y 3). Lo mismo se aplica al tiempo, a este respecto A.K.Coomaraswamy dice: “Toda división de la continuidad temporal en una serie de instantes inmóviles es tan artificial como una división del tiempo en una serie discontinua de horas y de días, o como la división de una línea en una serie de puntos”. (Cfr. Op.cit., pag. 66).

8.— El ordenador produce los puntos de escritura mediante un proceso discontinuo equivalente al de la producción de los números, lo que indica la uniformización cuantitativa del trazado de las letras. Por otra parte, dicho proceso prefigura una de las modalidades que puede tomar la desaparición del mundo sensible: “Hay por tanto, en la reducción gradual de todas las cosas a lo cuantitativo, un punto a partir del cual esta reducción no tiende más a
la “solidificación”, y este punto es en suma aquel donde se llega a querer llevar la cantidad continua misma a la cantidad’ discontinua; los cuerpos no pueden subsistir más como tales, y ellos se deshacen en una especie de polvo atómico sin consistencia; se podría por tanto, a este respecto, hablar de una verdadera “pulverización” del mundo, lo que es evidentemente una de las formas posibles de la disolución cíclica”. (Cfr. R.Guénon, “Le Régne de la Quantité et les Signes des Temps”, Gallimard, 1986, pig. 163—164. Sobre los conceptos de unidad y uniformidad, ver los caps. VI y VII de la misma obra).


La antigua religión (Abbé Henri Stéphane)

TRATADO XIV .2 La antigua religión

(Abbé Henri Stéphane 1907-1985, Introducción al esoterismo cristiano, Capítulo XIV, Varia)

Si la “nueva religión” era esencialmente el culto del hombre “, la antigua religión era esencialmente el culto de Dios “. No hay que decir que la primera no es más que una
pseudo-religión, una parodia “satánica” de la secunda, pero “estando Dios muerto “, Satán “está muerto” también. Es decir que sobre el teatro de la existencia, y según las apariencias, ambos han desaparecido. El hombre tiene el sentimiento de estar librado a sí mismo, de llegar a ser gracias a la Ciencia y al Progreso, amo de sí mismo y del Universo, y que Dios y Satán son invenciones de otra edad a relegar al museo de las  “viejas lunas”

Es bastante extraño que la antigua religión que ha todas las civilizaciones anteriores, durante milenios, bajo formas evidentemente variadas pero que poseen un fondo metafísico común, hay acabado por hundirse y no dejar en su lugar más que una especie de monstruo. Pero lo más inquietante en la hora actual es ver a los representantes de la antigua religión aliarse a los pioneros de la subversión modernista, con la esperanza quimérica de conciliar a los dos; su acción no puede acabar más que en la destrucción total de la antigua religión, pues ésta es absolutamente incompasible con el “monstruo modernista “. Era sin embargo necesario llegar a esto, conforme a las Escrituras (véase Mateo, cap. XXIV y el Apocalipsis)

Solo, el pequeño número de los elegidos “debe escapar a la subversión; es pues ilusorio querer “convertir al mundo” y completamente aberrante de pretender llegar ahí desnaturalizando la religión, a la manera de los progresistas. Pero no se podrá comprender en que consiste esta “desnaturalización” que si se comienza por recordar los elementos esenciales de toda religión
lo que hemos llamado el fondo metafísico común, del que el olvido o la negación constituye la causa profunde de la subversioón moderna. Se comprenderá así cuán  ilusorio es hablar del
Cristo, de la Iglesia, de la “crisis en la Iglesia “y de todos los problemas del mundo actual, si no se comienza por recordar - o más bien por exponer para los que son aún capaces de comprenderlo- ese fondo metafísico que se podría llamar a religio perennis.

Debe ser bien entendido que trataremos solamente de cuestiones esenciales y fundamentales sin las cuales ninguna religión, ninguna Revelación, ninguna teología, ningún espiritualidad  es posible, ni incluso concebible.

En primer lugar “la existencia de Dios” - o más bien su Realidad - debe aparecer al hombre como una evidencia inmediata que no sea en ningún caso discutible; cualquier otra actitud conduce infaliblemente al racionalismo o al agnosticismo sin hablar por supuesto del ateísmo que es una actitud infrahumana, y que no podemos verdaderamente tomar en consideración ,
incluso si ella es la herencia de la mayoría de nuestros contemporáneos. Querer aportar  “pruebas racionales” de, la existencia de Dios” es una concesión al racionalismo, incluso  si estas pruebas existen y son racionalmente válidas. Repetimos que es indispensable que “la existencia” de Dios sea para el hombre una evidencia inmediata e incuestionable, sin la cual  es inútil ir más lejos.

La segunda cuestión consiste entonces en saber cuál es la idea “que el hombre debe hacerse de Dios, para que el objeto de la evidencia precedente no sea inútil, ridículo o falso. Allí aún, la importancia de esta cuestión es tal que una respuesta inadecuada o insuficiente abre Ia puerta a todas las objeciones de los racionalistas, cualesquiera que sean, y conducen incluso a actitudes “espirituales “más o menos aberrantes, y diremos una vez más que es inútil ir más lejos, mientras no se haya examinado esta cuestión con el mayor cuidado.

Concebir a Dios como el Amo absoluto de todas las cosas, como el Gran Relojero que hace girar a la máquina, o concebir a las criaturas como marionetas de las que Dios tira de los hilos, comporta una parte de verdad, pero choca con la objeción principal de la libertad humana, y los  filósofos contemporáneos  son sensibles a esto. Si se pretende que tal concepción es la
del “Dios de temor “del Antiguo Testamento, y debe ser completada por la de “Dios de Amor “del Nuevo Testamento, respondemos que se trata de una falsa concepción del temor de Dios

1 Religión eterna


responderemos que se trata de una falsa concepción del “temor de Dios”, y si se nos objeta que la Escritura declare que “el amor rechaza el temor”, responderemos que dice también
que dice también que “el temor es el comienzo de la Sabiduría”. Pero estas antinomias tienen finalmente un resultado feliz: nos obligan a profundizar la cuestión puesta  y  a dar de Dios una concepción tan exacta como posible, tanto como lo permite la insuficiencia del lenguaje humano.

Dios debe ser concebido a la vez como el Infinito, no teniendo límite de ninguna clase, y como el Todo conteniendo en si todas las posibilidades criaturales, ya que si una ellas estuviera fuera de él, se lo limitaría en alguna manera, y no sería Infinito. En cambio el no está contenido en ninguna de entre ellas ni en su conjunto, lo que excluye todo panteísmo y todo inmanentismo. Esta afirmación expresa la Trascendencia divina frente a todo lo que es susceptible de ser creado, es decir de estar aparentemente fuera de Dios, pero que, en realidad, no cesa de permanecer en él. Lo que constituye el esencia verdadera de  todos los seres, es pues el conjunto de los posibilidades permanentes y eternas que les corresponden in divinis y que
constituyen el Todo o la Posibilidad Universal. Se puede decir también que la multiplicidad indefinida de los seres está principialmente  contenida en la Unidad de la Esencia divina, sin que ésta en razón de su transcendencia, en ningún caso sea afectada.

Es preciso comprender bien que se trata para las criaturas de un “estado principiaI” in divinis, estado permanente e incondicionado liberado de todas las condiciones de existencia cualesquiera que sean, como el tiempo o el espacio por ejemplo, y que es impropio de hablar de “preexistence “de las criaturas en Dios; las criaturas como tales “no existen” en Dios, sino que están en él a título de “puras posibilidades, o, si se prefiere de arquetipos permanentes o de esencias inmutables, y es a este título también que Dios las conoce y las ama. En cambio las criaturas como tales “no existen” — fuera de Dios- más que en sus propios niveles de existencia, constituyendo tanto estados o grados en multiplicidad indefinida, jerárquicamente
superpuestos y supeditados al Estado supremo e incondicionado, que es su realidad principial in divinis.

Se concibe que esta manera de ver excluya todo panteísmo y todo inmanentismo. Declarar como ciertos pensadores contemporáneos que “Dios ha muerto”, o que ha perdido su “transcendencia, que se volvió “horizontal” o que “Dios ha muerto en Jesucristo “está revela  paranoia pura y simple. Se sabe por otra parte que este género de aberraciones está estrechamente vinculada a concepciones evolucionistas o progresistas, según las cuales
el hombre primitivo de mentalidad infantil “inventa a” Dios (o los dioses) hasta que, vuelto “adulto”, toma por fin conciencia que eso no era más una  “alienación”, de la que ha llegado en
a liberarse, y que en definitiva Dios, es él. En otros términos en las concepciones antiguas o medievales, por fin separadas de su “oscurantismo” gracias al “progreso” “de la inteligencia “,
Dios no era más que un símbolo del hombre, una especie de prefiguración de la que el hombre moderno, devenido adulto y libre, debía tomar conciencia, Es apenas útil destacar el carácter
subversivo de este género de teorías marcadas de un “satanismo” pseudo-intelectual' consciente o inconsciente, sincero o hipócrita según los casos.

Hemos expuesto cómo era preciso  necesario entender Ia Transcendencia divina y, en el seno de ésta, Ia realidad no menos transcendente de las “posibilidades criaturiales”. Estas dos palabras no deberían nunca separarse si se quieren captar, tanto como sea posible, él “misterio de la existencia “: es porque son “posibilidades” que las “posibilidades criaturiales” permanecen
eternamente en Dios, y es porque son, 'criaturiales “ que deben desplegarse sobre “el plano de la existencia”, es aún equivalente decir que la Posibilidad Universal comporta posibilidades que deben manifestarse en el ámbito de la Existencia. Teológicamente, se dirá que esto constituye Ia ” Gloria extrínseca “de Dios, Ia” Gloria intrínseca “residiendo en el Misterio Trinitario; en todas estas perspectivas, es Ia Transcendencia lo que se afirma, que no se pierde nunca de vista, a la cual todo está relacionado, y que es el Alfa y el Omega.

El carácter de “Gloria extrínseco” confiere sin embargo a la Existencia el aspecto de ilusión o de “Juego divino” que los Hindúes llaman Maya”; allí aún pensamos que es indispensable
no separar estas dos palabras: “Gloria extrínseca.” Su asociación subraya la fijación permanente de la manifestación al Principio, al mismo tiempo que el carácter efímero, transitorio y contingente del mundo manifestado como tal. Bien entendido, este carácter ilusorio
 frente al Principio, no quita nada a la realidad relativa del mundo manifestado en su propio plano. Ocurre incluso, en un periodo de obscurecimiento y de materialismo como el nuestro, que la gran mayoría de los hombres considera el mundo que les rodea como el único real, y único digno de interés, es entonces cuando la antigua religión desaparece en provecho de la nueva, de la que hemos hablado suficientemente.

Pensamos que las consideraciones precedentes son suficientes para caracterizar lo que hemos llamado “fondo metafísico” común a todas las formas de religión, y sin el cual no hay más que pseudo-religión, o ateísmo puro y simple que no nos interesa. Hemos puesto el acento en particular sobre la Transcendencia divina que niegan todas las formas de inmanentismos. Queda entonces un punto a precisar: ¿cómo es preciso entender la “inmanencia divina “ que aparece en ciertos textos? Pensamos que lejos de oponerse a la transcendencia, ella es como una consecuencia o implicación. Si no se retiene más que la Transcendencia, el mundo aparece de alguna manera por una Divinidad que se desinteresa de él; al contrario la Inmanencia divina asegura las bases de este mundo sin que la Esencia divina dependa de ninguna manera de él, y esto precisamente en razón de su transcendencia. Importa pues no separar la Transcendencia y la Inmanencia e incluso de subordinar ésta a la transcendencia, a fin de evitar todo “inmanentismo”, que conduce finalmente al ateísmo. Señalemos en fin que la Inmanencia divina sirve de alguna manera de “mediador natural” entre la transcendencia y el mundo o aún de substratum sobre el cual viene a ejercitar conjuntamente  lo “sobrenatural” pero no podremos desarrollar esta cuestión en unas líneas. Terminemos diciendo que desde el punto de vista de la realización espiritual, o incluso desde el punto de vista simplemente psicológico, es la consideración de la Inmanencia divina quien toca aún más y directamente el “corazón del hombre” y el “centro de ser”