domingo, 18 de marzo de 2018

EL TEMPLO, CUERPO DEL HOMBRE DIVINO (Titus Burckhardt)


Titus Burckhardt
EL TEMPLO, CUERPO DEL HOMBRE DIVINO (1).
Artículo publicado originalmente en Études Traditionnelles, junio de 1951, y posteriormente incluido en AperÇus sur la connaissance sacrée, Milano, Arché, 1987.
La fundación de un templo o de cualquier otro edificio sagrado,
así como de una ciudad, por ejemplo, se inicia con la orientación;
ésta es, propiamente hablando, un rito, ya que establece una
relación entre el orden cósmico y el orden terrestre, o entre el
orden divino y el orden humano.

Según el Nânasâra-Shilpa-Shâstra, antiguo código de la
arquitectura hindú, los cimientos de un templo se orientan por medio
de un gnomón que permite localizar el eje este-oeste, y en
consecuencia el norte-sur; el cuadrado de la base se dispone según
estos ejes. El mismo procedimiento se encuentra en China, y Vitrubio (2)
lo indica para la fijación del cardo y del decumanus, los dos ejes
según los cuales se orientaban las ciudades romanas. Describamos
brevemente este procedimiento: se erige una columna en el centro del
emplazamiento escogido para el edificio; se observa la sombra de la
columna proyectada en un gran círculo; la distancia mâxima entre la
sombra del amanecer y la del atardecer indicará la dirección
este-oeste; dos círculos mayores centrados en los extremos de esta
distancia, entrecruzándose según la forma del "pez", permitirán
trazar el eje norte-sur.

Este esquema se ha perpetuado aparentemente en Occidente desde la
antigüedad hasta el final de la Edad Media, lo cual no tiene nada de
extraño, ya que se desprende de la naturaleza de las cosas, y los
edificios sagrados continuaban orientándose según los ejes
cardinales. Pero hubo algo más importante, a saber, la dependencia del
plano mismo del edificio con respecto al gran círculo del gnomón:
tal como demuestran numerosos hechos señalados de los edificios
sagrados de la antigüedad y de la Edad Media (3), las principales
medidas de la construcción, tanto en horizontal como en vertical, se
deducen de la división regular de un círculo en el que se inscribe
el rectángulo de la base; y hay buenas razones para creer que este
círculo no es otro que el del gnomón que servía para la
orientación.

Retendremos, como particularmente significativo desde nuestro punto
de vista, la transformación del círculo, reflejo natural del
movimiento celeste, en el rectángulo, por mediación de la cruz de
los ejes cardinales. Se reconocerán en estos tres elementos los
términos de la Gran Tríada extremo-oriental, correspondiendo el
círculo al Cielo, la cruz al hombre y el rectángulo -cuya forma
más simple es el cuadrado- a la Tierra.

Advirtamos otro aspecto del rito de la orientación: la fijación
de un centro terrestre que será desde entonces considerado como el
mismo centro del cosmos. Recordemos, a este respecto, que todos los
puntos de la superficie del globo terrestre son prácticamente
equivalentes con respecto a las direcciones espaciales que, desde cada
uno de ellos, irradian hacia los diversos puntos fijos de la bóveda
estrellada; ya que la distancia de los astros a la Tierra es casi
indefinida, un desplazamiento sobre ésta no implica un "cambio de
perspectiva" con respecto al cielo; no cambiará más que el
horizonte. Por ello, cualquier punto de la tierra puede ser tomado como
el centro espiritual del cosmos: cuando la ubicación del templo es
escogida en relación con el ritmo del cielo por el rito de la
orientación, es "aquí" donde verdaderamente se halla el centro del
mundo.

Pero regresemos ahora al rito de la fundación del templo hindú,
tal como se describe en el Nânasâra-Shilpa-Shâstra: en el cuadrado
de la base, el "Espíritu del lugar" (vâstu-purusha) es imaginado
como un hombre extendido de manera que su cabeza se encuentre del lado
de oriente, mientras que su mano derecha alcanza la esquina sudeste, su
mano izquierda la esquina noreste y sus dos pies extendidos las esquinas
sudoeste y noroeste; está entonces tumbado en la tierra, con la cabeza
hacia arriba. Se supone que la mitad de su cuerpo cubre el lugar central
consagrado a Brahma. Según esta imagen, todo el templo no es sino el
cuerpo de Purusha, el Espíritu universal, en tanto que
simbólicamente se "localiza" en este espacio.

Este simbolismo parece ser de origen primordial, pues se encuentran
equivalentes del mismo en todas partes, incluso en formas de tradición
tan alejadas del mundo hindú como la de los pieles rojas. Citemos a
propósito de esto el libro de Hartley Burr Alexander (4), según el
cual los Osagas, una de las tribus de las praderas, consideran la
disposición ritual de su campamento como "la forma y el espíritu del
hombre perfecto", quien, en tiempos de paz, se vuelve hacia Oriente;
"...en él se halla el centro, o el lugar del medio, cuyo símbolo
ordinario es el fuego que arde en el centro de la casa de medicina...".
Como el templo, el campamento de los pieles rojas, dispuesto en
circulo (camp-circle), resume el cosmos entero: la mitad de la tribu,
ocupando el norte, representa el Cielo, mientras que la otra mitad, que
se ubica al mediodía, simboliza la tierra. Se observará que la
disposición del campamento difiere de la forma fundamental del templo
o de la ciudad sagrada, que jamás prescinden de la forma rectangular;
la vida nómada no conoce en efecto la "cristalización" propia de la
vida sedentaria; por el contrario, el carácter corporeiforme del
templo se encuentra, entre los mismos pieles rojas nómadas, en el
instrumento ritual, el calumet, cuyo simbolismo es en cierto modo
complementario del anterior, ya que es "una especie de tipo corporal de
ese hombre ideal que se forma en el gnomόn del universo sensible..."
(5).

La "incorporación" del Espíritu universal en un templo conlleva un aspecto de sacrificio, que por lo demás recuerda al mito hindú

del desmembramiento de Purusha (6): "descendiendo" en una forma corporal, el Espíritu sufre en cierto modo sus limites, aunque este aspecto de las cosas no sea en suma sino una apariencia, pues no se aplica más que al reflejo de Purusha en esta forma, y no a su esencia; por otra parte, esta forma corporal es "sacrificada", en el sentido de que se sustrae a todo empleo profano. Esta idea del sacrificio en relación con una construcción ha dejado huellas en el folklore, espécialmente en la creencia de que un edificio importante no puede durar sino a condición de que un ser vivo sea enterrado en sus cimientos; el folklore rumano, de carácter claramente precristiano, es particularmente explícito a este respecto (7).

Según los Padres griegos, y especialmente según san Máximo el Confesor, el templo cristiano es una imagen del cuerpo de Cristo; Honorio de Autun precisa en su "Espejo del Mundo", un resumen del simbolismo medieval, que el plano de la Iglesia imita la forma del Cuerpo crucificado, correspondiendo el coro a la cabeza, la nave al cuerpo y el transcepto a los dos brazos extendidos; el altar mayor se sitúa en el lugar del corazón. Este simbolismo no es solamente la continuación y la confirmación de un simbolismo primordial, sino que directamente se vincula a este pasaje del Evangelio: "Jesús respondió: Destruid el templo, y en tres días lo levantaré. Los judíos replicaron: hicieron falta cuarenta y seis años para
construir este templo, ¿y tú lo quieres elevar en tres días? Pero él hablaba del templo de su cuerpo" (san Juan, II, 19-21). Al igual que el cuerpo de Cristo ha reemplazado al templo de Salοmόn, habitáculo de la Shekhînâh del Señor, el templo cristiano ocupa el lugar del cuerpo de Cristo (8). Comparando el simbolismo cristiano descrito por Honorio de Autun con el simbolismo hindú del vâstu-Purusha concebido como extendido en la base del templo, se constatará que la imagen de Cristo crucificado se identifica más claramente con la cruz de los ejes cardinales que determinan la posición del templo; por lo demás, todo el desarrollo de la forma de la iglesia latina hasta el final de la Edad Media tiende a resaltar esta cruz inherente al plano. Sin considerar siquiera las razones
específicas de la iconografía cristiana, esta insistencia sobre el término medio del ternario círculo-cruz-cuadrado es muy significativa para el Cristianismo, que se concentra en la función del Mediador; en todo caso, la analogía de que se trata no tiene nada de fortuito, pues, en sus elementos, el lenguaje de las formas geométricas es universal.

Tal como ha expuesto René Guénon (9), los dos polos del Cielo y de la Tierra, polos que el Templo une por su naturaleza, reaparecen en la forma de éste, el edificio rectangular o cúbico que recuerda el principio Tierra y la cúpula del principio Cielo. Por otra parte, el elemento esférico del Cielo se refleja, en el plano horizontal, en el semicírculo del coro.

Una de las formas más arcaicas del Templo está representada por la Kaaba, cuyo propio nombre significa "cubo". Aquí, el movimiento circular del Cielo se refleja en la circumambulwciόn de los peregrinos alrededor de este cubo, de cuyo modelo eterno se dice que se encuentra en el séptimo cielo, más allá de las esferas planetarias.

En cuanto al templo hindú, cuya base es generalmente cuadrada, su
forma total recuerda, por sus escalones gradualmente reducidos en
longitud, la idea del Meru, la montaña polar, que es el tipo del
cosmos.

Del mismo modo que el templo es el cuerpo del Hombre divino, -que
por otra parte es el resumen cualitativo del Universo-, el cuerpo del
hombre que ha realizado en si la Presencia divina es un templo, como
escribe san Pablo: "...¿No sabéis que vuestro cuerpo es el templo
del Espíritu Santo, que está en vosotros...? (Epístola a los
Corintios, I, 6, 19). También el Sufismo designa al cuerpo "Templo"
(haykal).

Nos restan por decir algunas palabras sobre el significado
"interior" y espiritual del rito de orientación, cuyas tres fases son
los respectivos trazados del círculo, de la cruz de las direcciones
cardinales y del cuadrado de base. Observemos en primer lugar que el
círculo, que corresponde al movimiento celeste, expresa un principio
relativamente dinámico; según la perspectiva terrestre, en efecto,
la actividad principial del Cielo -o del Espíritu- se manifiesta por
el movimiento; pero la regularidad de éste expresa la inmutabilidad
del Acto celestial. La inmovilidad pertenece entonces al aspecto pasivo,
la Tierra. Por otra parte, la forma "cristalina" del cuadrado de base,
que resulta de la diferenciación del círculo por la cruz de las
direcciones cardinales, implica a su vez un aspecto de inmutabilidad
principial; posee igualmente el sentido de un "acabamiento", luego de
una perfección y, en consecuencia, de una reintegración consciente
en el Principio, mientras que el ciclo del Cielo aparece a priori bajo
un aspecto de indiferenciaciόn o de perfección inasible. Puede verse
entonces en este rito, en diversos grados, la "fijación" de la
influencia celestial, o de la Presencia espiritual, en un "soporte", y
más particularmente en la conciencia corporal, haciéndose ésta
desde ese momento como un cristal inundado de luz, o como el Templo de
Salomόn ocupado por la Shekhînâh.
NOTAS
1.  Las siguientes consideraciones se relacionan directamente con lo que René Guénon ha escrito aquí mismo acerca de ciertos aspectos de la arquitectura sagrada, y especialmente sobre el simbolismo de la cúpula: que sirvan pues para testimoniar nuestra gratitud hacia aquel que, antes que nadie en el Occidente moderno, ha explicado la naturaleza del simbolismo tradicional. Cf. los números de octubre y noviembre de 1938 de los Études Traditionnelles.
2.  Arquitecto romano del siglo I antes de Cristo.
3.  Ernest Moessel, Die Proportion in Antike und Mittelalter.
4.  L'Art et la Philosophie des Indiens de I'Amerique du Nord.

5.   Cf. la obra citada.
6.   Recordemos también que, según la etimología puramente
simbólica del Nirukta, el nombre de Purusha significa "habitante de la ciudad": puri-shaya. Cf. René Guénon, L'Homme et son devenir selon le Védanta, cap. III.
7.   Cf. la leyenda rumana del arquitecto Manolesco. Ocurre también que los constructores "captan" la sombra de una persona para enterrarla en los cimientos; la persona en cuestión simula morir a consecuencia de esta operación. [Ya que disponemos de la traducción castellana de la versión de Alecsandri, publicada originalmente en rumano (Mânastirea Argesului, en Balade Adunate si îndreptate, lasi, 1852),
posteriormente en francés (Ballades et chants populaires de Roumanie, París, 1855), e incluida finalmente en la obra de Mircea Eliade, De Zalmoxis a Gengis-Khan, Études comparatives sur les religions et le folklore de la Dacie et de l'Europe Orientale, París, Payot, 1970, traducida al castellano por Ediciones Cristiandad, Madrid, 1985, consideramos que es oportuno reproducirla aquí como apéndice].
8.   Hay una cierta relación entre la crucifixión y la destrucción del templo, o también entre la Encarnación del Verbo y la
destrucción del Templo de Jerusalén, devenido superfluo. En cuanto a la caída del velo del Santo de los Santos en el momento de la muerte de Jesús sobre la cruz, corresponde también a la puesta al desnudo del misterio que ese velo ocultaba.
9.   Cf. el artículo anteriormente citado sobre el simbolismo de la cúpula.
APÉNDICE
EL MAESTRO MANGLE Y EL MONASTERIO DE ARGESH I
A orillas del Argesh, en el valle ameno, viene el Príncipe Negro para conversar con nueve albañiles, maestros, compañeros, y Manole el décimo, su maestro supremo, para que elijan un paraje propicio en sus tierras dilatadas para alzar un monasterio.
Pero al pronto advierten mientras van de camino que un pastor les mira tocando su flauta. Al verlo ante si, el Príncipe le habla:
-"Bravo pastorcillo, que con dulces sones guías río arriba a tus corderos o vas río abajo con tu rebaño. ¿Acaso no has visto en tu ir y venir unos muros caídos y nunca acabados, entre pilares y avellanos?" -"Los he visto, señor: muros caídos, nunca acabados, y al verlos, mis perros aúllan y ladran, cual si presintieran que les

ronda la muerte". El Principe escucha y parte con prisa. Sigue su camino con los nueve albañiles, maestros, compañeros, y Manole el décimo, su maestro supremo. -"-jAqui están mis muros! Así,
pues, compañeros, maestros albañiles, -¡manas a la obra! Sin perder un instante, tenéis que levantar y construir mi hermoso monasterio, sin igual en la tierra. Mis riquezas ofrezco y títulos de nobleza. Mas, si no lo hacéis, os haré emparedar vivos a todos".
I 1
Sin tregua trabajan y se eleva el gran muro, pero la obra acabada por la noche se cae. Durante tres noches, todo lo hecho se hunde. Enojado el Principe, los reprende. Furioso los increpa y hasta los amenaza con emparedarlos vivos. Los maestros albañiles y los compañeros tiemblan mientras trabajan y temblando trabajan, mientras que Manole, en el suelo recostado, se queda dormido, y un sueño asombroso contempla. Cuando al fin despierta, su sueño les cuenta: -"Maestros albañiles, amigos y compañeros, mientras dormía, tuve un sueño asombroso: oí que del cielo alguien me decía: lo que construís caerá con la noche, hasta que todos de acuerdo decidamos emparedar a la esposa o la hermana que la primera venga a traer al esposo o hermano mañana el yantar, al romper el alba. Si queréis, por tanto, dar cima y remate a este santo monasterio, sin igual en la tierra, habremos de jurar y comprometernos a inmolar y emparedar a la que primero venga mañana al romper el alba".
III
Al romper el alba, ligero salta Manole a lo alto del muro derruido y el camino a lo lejos escruta con ahínco. Pero, ¿qué es lo que ve el desdichado maestro? -¡Ana, su amada, cual flor hermosa de la pradera! Ve cómo se acerca, trayendo en sus brazos bebida y vianda. De rodillas, entre lágrimas, ruega al Señor: -"-¡Derrama sobre el
mundo la lluvia que inunda, haz que los ríos en torrentes se muden, que suban las aguas, que mi amada, sin fuerzas, no pueda avanzar!". El buen Dios, piadoso le escucha, y hace caer del cielo agua a torrentes. Mas la mujer, desafiando el peligro, las aguas y corrientes atraviesa, y Manole suspira, a la vez que su corazón se desgarra. Se signa, llorando, y ruega al Señor: -"Haz que sople el viento, un viento tan fuerte que curve los abetos, que desgaje los pinos y abata las
montañas". Mas su compañera, desafiando al viento, con paso vacilante llega al fin agotada.
IV
Los otros albañiles, maestros, compañeros, se sienten aliviados al verla llegar. Manole la abraza, turbado la estrecha, y en sus brazos la lleva por la escala a la alto. -"Nada has de temer, mi amada, pues

estamos de broma y queremos jugar a emparedarte aquí".
Crece el muro y la sepulta, primero los pies, luego las rodillas.
Mas su pobre amada ya no sonríe. -"Manole, amado Manole, -¡Maestro Manole, el recio muro me estrecha y mi cuerpo gime!". Pero él queda mudo, trabaja y se calla. Crece el muro y la sepulta, primero los pies, luego las rodillas, después la cintura y los senos al fin.
Ana, infeliz, ignora sus planes e implora: -"Manole, amado Manole, -¡Maestro Manole, el recio muro me estrecha y aprieta mis senos, gime mi niño!". Pero crece el muro y la sepulta de los pies a la cintura y luego los senos, también el mentón y la frente al final. Pero él
construye tan bien que al final ya nada se ve. Pero sigue oyendo gemidos que escapan del muro: -"Manole, amado Manole, -¡Maestro manole, el grueso muro me estrecha y mi vida se apaga!".
V
A orillas del Argesh en el valle ameno, viene el Príncipe Negro, junto al hermoso río a elevar sus plegarias en el monasterio. El Príncipe y su guardia con asombro lo miran. "Albañiles", -les dice-, "maestros, compañeros, sin temor, decidme, la mano en el corazón, ¿podría vuestra ciencia con facilidad hacer para gloria mía y en m¡ memoria un monasterio más bello?". Los diez albañiles, maestros, compañeros, desde el caballete de la alta cumbrera responden alegres, henchidos de orgullo: -"Cual nosotros, albañ¡les, maestros, compañeros, no hallarás otros iguales en toda la tierra. Sabe, pues, que nosotros seríamos capaces de edificar donde quieras otro monasterio más bello, asombroso y resplandeciente". El príncipe escucha, y lleno de ira ordena quitar los andamios para que los aIbáñiIes, los diez compañeros, allí abandonados queden por siempre sobre el caballete de la alta cumbrera. Pero los maestros son hábiles, y se hacen alas para volar, con trozos de ripia... Uno a uno bajan pero allí donde caen cavan su tumba. Y el pobre Manole, el maestro Manole, justo cuando toma impulso y se lanza, escucha una voz que surge del muro, una voz amada, débil, sofocada, que gime y llora... -"-¡Manole, amado Manole, oh maestro Manole! El recio muro me estrecha y aprieta mis senos y mi n¡ño gime, y se extingue mi vida".
La escucha muy cerca y queda confuso. Desde el caballete de la alta cumbrera se lanza Manole y abajo, en el suelo, acaba su vuelo, y allí, donde cae, brotan aguas claras, saladas, amargas, pues con la mísera onda se funden sus lágrimas.

El manantial (Anthony de Mello)



El dios que comercia con el terror es un matón, y doblar la rodilla ante él es de cobardes, no de devotos.

                                   El Rey


El manatial
Anthony de Mello SJ 

martes, 13 de marzo de 2018

La tierra del cielo (Nikos Vardhikas)


La tierra del cielo

Nikos Vardhikas

(Vers la Tradition)

Contrariamente a otras islas, que son las partes emergidas de tierras inundadas, la mayor parte de Chipre y, sobre todo, las partes altas de su montaña más grande proceden del centro de la tierra (1) y siguen emergiendo, a razón de 1 mm por año.

Es esta montaña, cuya cumbre se llama Olimpo, que abastece de agua a Chipre durante todo el año; y es esta la tierra que, en la antigüedad, aseguraba la riqueza de amianto, oro, plata y cobre de la isla, en minas elevadas y poco profundas, y que sigue garantizando la extraordinaria fertilidad de la tierra.
Chipre, por lo tanto, es el interior de la tierra que ha subido hacia el cielo; como dijo un geólogo, "cuando caminamos sobre las alturas de Chipre, nuestros pies están más cerca del centro de la tierra y nuestras cabezas de las nubes". Rareza geológica y milagro de fertilidad para esta región; Chipre está rodeada de desiertos y de la cadena infranqueable del Tauro, y sus tierras son fundamentalmente diferentes de las que la rodean.

Así pues, la identidad y el destino de Chipre están inscritos en su territorio. Pero también se describe con mucha precisión en la leyenda fundacional de la isla, en su antigua religión, que a su vez forjó su destino. Esta leyenda y este culto son los de Afrodita, la diosa de la fertilidad (y por extensión, sólo en Grecia y Roma, del amor y la belleza - decadencia de una era tardía), la diosa cuyo nombre significa "Emergiendo de la espuma". De hecho, fue en Chipre, cerca de Paphos, donde Afrodita emergió del mar, y lo que es más, en el lugar exacto donde se la  isla misma emergió de las aguas, quizás hace 60 millones de años (2), un lugar marcado por una gran roca en el mar, geológicamente diferente de todos los que lo rodean.

Por lo tanto, se puede decir, sin temor al error, que Afrodita es Chipre.

Esta identidad de la isla y la diosa le da a la leyenda y al culto una fuerza explicativa y formativa muy eficaz y le permite forjar el destino de la isla vehiculando una enseñanza simbólica muy precisa sobre esto.

No es, efectivamente, de no importa que espuma que salió Afrodita; sino el esperma del Cielo, emasculado por su hijo Kronos (3) y acogido cerca de Paphos por su mujer, la Tierra. El mito vehicula dos detalles importantes. Primero, se refiere a un cambio de tradición, de una edad de oro sin tiempo, donde la pareja reinante de los dioses es el Cielo (Urano) y la Tierra (Gaia), a una edad donde reina el tiempo (Kronos/Cronos y su esposa Rea-la que fluye). Es obvio que se trata pues de una acogida de la tradición perseguida, de la herencia de una antigua generación de dioses, así como de su adaptación: el doble movimiento, ascensional de Afrodita y la isla, y descendiente de la influencia celestial, evita al culto refugiado en Chipre un carácter puramente chtoniano y cosmólatra , e indica una religión con misterios (es decir, ritos iniciáticos, como lo fue el culto de Afrodita en Chipre).

El trazo más general de la historia espiritual de esta isla bendita y próspera: su vocación es constituir no sólo un centro de primer orden, sino también un refugio y un lugar de acogida, así como un lugar de culto así como un laboratorio de adaptación y concertación.

Porque Afrodita es también Ishtar, ya que la isla estaba habitada por semitas, antes de la llegada de los primeros griegos; y la leyenda que tenemos allí, además de llevar un conocimiento muy antiguo y exacto sobre el nacimiento de la isla, es probablemente la versión adaptada, por los dos pueblos, de una tradición que es conocida, en otro sitios, por ser precisamente, de este carácter chtoniano del que R. Guénon demostró la naturaleza dualista e inmanentista. En Chipre, el culto de Afrodita  tomó un carácter uraniano, y su lado terrenal fue llevado al reencuentro del Cielo.

El templo de Afrodita en Paphos funcionó durante miles de años. Los "turistas" espirituales que iban allí cada año, como en todas las religiones antiguas, buscaban ver a la diosa. También es significativo que la representación de Afrodita fuera de carácter totalmente abstracto, lo que indica un carácter intelectual y no sólo un culto orgiástico y cosmopolita. El templo está situado en campos de asfoledos (la flor del otro mundo) y amapolas (las marcas de sangre de sus pies, mientras corría en busca de Adonis), y tiene una cripta. La diosa no fue representada allí como una hermosa mujer desnuda, sino en forma de dos piedras cónicas, ritualmente recubiertas de aceite, una negra y probablemente de origen celeste (meteorito) escondida en la cripta, y una copia blanca, expuesta a la vista general. Sólo la negra sobrevivió.

Una vez más, tenemos aquí la indicación de la unión del cielo y la tierra. La piedra caída del cielo está enterrada debajo de la tierra, pero una forma "purificada" de ella se encuentra por encima de la otra, como para indicar una ascensión; el todo (y este es el propósito de los misterios) es saber que es la forma negra el punto de partida de la otra.

Este enfoque espiritual fue fácilmente reemplazado por la adoración de la Virgen María, ya que la Virgen es también la Pureza, un atributo que denota por la desnudez de la antigua Afrodita, que no tiene nada de erótico. Si la Virgen no personifica la fertilidad, es sin embargo el Salvador el fruto de sus entrañas.  Ciertamente, María no es una diosa (especialmente en la ortodoxia que insiste en su carácter excepcional pero humano, y rechaza la idea de su concepción inmaculada por sus padres, y de su exención de las consecuencias del pecado original), y no es su amante (Adonis) quien resucita, sino su hijo.

Pero ahí donde se encuentran las dos tradiciones, es en la concepción de la unión entre el Cielo y la Tierra: Afrodita ha ascendido del sperma caído del Cielo, y es dándose a sí misma a  ver a los hombres (o apareándose simbólica y ritualmente) que los deifica; María es humana, pero fecundada por Dios, y es su hijo el único quien salva y deifica a los hombres.

El Islam, que llegó a Chipre en el siglo VI, no fue una excepción; cuarto lugar sagrado del Islam, Chipre alberga la tumba de un pariente del Profeta, conocido simplemente como "tía soberana" en turco (Hala Sultan), pero -¡y aquí es donde Afrodita todavía "ataca" - como Madre Sagrada (Umm Haram) en árabe! Se dice que su nombre era Rummeissa; es fácil ver detrás de esta palabra una alusión a un "griego", no necesariamente ortodoxo.

Hoy en día, el monasterio más alto de Chipre, cerca de la cumbre del Olimpo, está dedicada a la Virgen María. Alberga un icono pintado por la mano del apóstol Lucas, siempre velado; en tiempos de sequía el icono se instala fuera, en el lugar conocido como el trono de la Todo Santa. Desde allí, una mujer santa continúa implorando al Cielo para sostener la fertilidad de Chipre, prometida en su nacimiento.

Hemos visto cuál es el papel y la enseñanza del mito fundador de Chipre, isla que encarna Afrodita y donde los fenicios y griegos habían vivido una tradición que contenía una profunda enseñanza espiritual e incluso histórica/cósmica, y que durante mucho tiempo aseguró la prosperidad de la isla a través del peregrinaje, como el cuerpo de Afrodita le aseguraba por su fertilidad y tesoros mineros a ras de superficie.

Estos tesoros, precisamente, y este entente entre fenicios y  griegos nos llevan a considerar lo que llevó a los primeros griegos a Chipre; las convulsiones en el continente provocadas por la llegada de nuevas tribus arias (y puritanas) más salvajes y más guerreras, las que causaron la pérdida de la civilización micénica e iniciaron un período "oscuro" de algunos siglos, esa en la que la decoración de jarrones no es más que geométrica.

Aquí es donde entra en escena la segunda leyenda fundadora de Chipre, esta vez enteramente griega, que quiere que los 10 reinos griegos de Chipre fueron todos fundados en el siglo XIII a. C.. J. C., por héroes de la Guerra de Troya.

Ahora bien, todo el ciclo troyano es una epopeya nostálgica sobre la raza perdida de héroes y semidioses de la Edad de Bronce Aquea, con armas de bronce, y de la antigua religión que quemaba a los muertos, derrotada por los dóricos con armas de hierro y la nueva religión que enterraba a los muertos. Este cambio, con el paso del matriarcado al patriarcado, cuyos rastros aún se pueden detectar incluso en las tragedias de Esquilo, corresponde al desalojo de Kronos y Rhea por Zeus y Hera (Luz y Aire), o del Tiempo por el Espacio, como al final de un ciclo.

Los primeros griegos que se refugiaron en Chipre fueron obviamente los que huyeron del nuevo orden de las cosas, ya que sus referencias eran héroes de una época pasada, héroes con armas de bronce, y que se asentaron en la isla conocida, precisamente por su cobre hasta el punto de llevar el nombre de ella. La importancia de Chipre en una civilización que ha hecho un gran uso del cobre y el bronce es evidente, pero se puede pensar que el comercio de este metal colapsó, en el nuevo orden!
La fundación de 10 reinos del viejo orden y, como se podría imaginar, de la antigua religión, una vez más un poco más unitiva pero también menos "uraniana" o puritana, indica por segunda vez que Chipre desempeñó el papel asignado por Afrodita, el de refugio, adaptación y supervivencia de las tradiciones perdidas en otros lugares.

La cuna de Afrodita, que designa tanto la tradición (primera) como la geología (seguida por ella), está marcada, como hemos dicho, por la presencia de una roca de distinta naturaleza geológica que todas las demás en este lugar.

La tradición atribuye su presencia allí a la acción del héroe medieval chipriota más famoso, a quien el lugar debe su nombre: Petra tou Rômiou (Roca del Bizantino). Se trata de  Vasilios Digénès  Acritas, cuyo nombre esconde toda una enseñanza. Habría arrojado allí esta roca durante un arrebato de ira en su incesante e infructuosa persecución amorosa de una misteriosa y desconocida "Reina" de la Isla Norte. Él mismo, sin ser rey, lleva el nombre de "Real" (Vassilios o Basileios). Entonces, él es "habitante de los confines de la tierra" (Acritas), como se dijo en la era bizantina para los guardias fronterizos. Y sobre todo, nace dos veces o doblemente. De hecho, en la gran epopeya medieval que lleva su nombre en Grecia, así como en las innumerables canciones que se le dedicaron en Chipre, se dice que este gran héroe que luchó contra los árabes, y la propia Muerte, era de doble ascendencia griega (byzantina) y árabe!

Este acercamiento del lugar de nacimiento de Afrodita/ Chipre con el triste suspiro de la "Reina", habitante de las extremidades y dos veces nacida o de doble ascendencia, indica indudablemente que en la Edad Media bizantina se conocía todavía la vocación chipriota de ser una tierra aparte, un refugio, en la eterna búsqueda de su reina, destinada a favorecer el encuentro de las tradiciones y nacida de tal entente misma: Fenicia y Griega, Grecochipriota y Ouraniana - y luego Bizantina y Latina, Cristiana y Musulmana.

Mientras Chipre permaneció fiel a esta vocación, rindió grandes servicios: refugio de iconos durante el periodo icónico, santos perseguidos en Asia Menor y Palestina, armenios, maronitas y palestinos. Aún hoy, reconoce oficialmente la existencia en su seno de comunidades latinas, armenios y maronitas.

Desafortunadamente, la era moderna ha destruido ese espíritu y, aquí, al igual que en otras partes, la "pureza" no se concibe más que en términos étnicos; por ejemplo, las dos comunidades más grandes, los chipriotas "griegos" (82%) y los chipriotas "turcos" (18%), han tratado de depender de las madres patrias fuera de Chipre, cuya población, poder y distancia de la isla son inversamente proporcionales a la importancia de las comunidades "hijas". Esto cortó el hilo conductor de la tradición chipriota; por primera vez, Chipre fue independiente pero infeliz y dividida, y el "milagro económico" debido a su suelo fértil conduce a un enriquecimiento fácil y destructivo por el turismo en el sur, y a un empobrecimiento subsidiado por parte de Turquía en el norte. Treinta mil soldados y sesenta mil colonos de Turquía también alteraron la composición de la población turca, de la cual ahora forman la mitad. La parodia siniestra de las tradiciones no dejó de firmar estas evoluciones con su sello obvio: Digénès "era el nombre de la guerra del general, que estaba a la cabeza de la lucha contra los ingleses, con la esperanza de que la isla se adhiriera al Estado de Grecia, y luego del terror antiturco, a sueldo de la dictadura griega, y por ella, de los Estados Unidos, con el objetivo de separar las dos comunidades, de la partición, de una doble anexión por Grecia y Turquía, y así destruir la política "comunista" (no alineada en realidad) seguida hasta ahora.

En esta exposición, sólo hemos mencionado los mitos de los fundadores y formadores de Chipre, sin tocar sus aplicaciones en los episodios latinos y otomanos de su historia. Hemos mencionado a otra figura importante, Lázaro el amigo de Cristo, obispo de Kition, después de su resurrección y relación simbólica con el cristianismo de las Galias, en el texto "Le Roman Graal", hace algunos años, en VLT. Chipre ha dado muchos santos al mundo, incluido San Juan el Capellán, vinculado a las Hospitalarias, así como Patriarcas y maestros sufíes.

Deliberadamente eliminamos los rumores sobre los templarios de la isla y las teorías humeantes sobre ello de J. Tourniac y J. Reyor (que los convierten en la base de los templarios y, para estos últimos, en la "Montaña de Cobre" análoga a la Shamballa, es decir, en un importante centro espiritual). Sin embargo, no es porque la isla haya podido contar obispos  francmasones (e incluso en el trono de Lázaro) que es un centro; los templarios permanecieron allí sólo un año, como maestros de la isla, y el recuerdo que han dejado es una masacre, el día de Pascua (¡!) de la población de la capital, demasiado fuertemente impuesta y en rebelión contra ellos.

Pero no podemos discutir el hecho de que, en ausencia de un legado espiritual, han dejado un espirituoso: el vino dulce de Chipre, que comercializaban en Europa en la forma y en sus comandancias de Madeira y Oporto, sigue siendo llamado en Chipre, Commandaria y lleva la cruz patée! Este mismo vino, desde Hesiodo conocido como nama, es la razón dada por Solimán el Magnífico para su invasión de Chipre en el siglo XVI, preferible a cualquier otra explicación política o estratégica. Por lo tanto, está claro que no se trata de una cuestión subordinada y que los templarios podrían haber tenido una influencia duradera en la suerte de Chipre. Si el contenido espiritual de esta influencia se nos escapa, sin embargo, debemos admitir que parece haber sufrido el encanto y el método de Afrodita y la religión antigua!

Nikos VARDHIKAS

NOTAS:

1) Más precisamente, el manto semi-líquido que le precede.
2) El lugar indicado por la tradición es el punto donde la cadena submarina Eratostenes, formando parte de la placa africana, toca Chipre levantándola. La isla permaneció intacta y deshabitada durante millones de años.
3) Y Kronos será destronado por su hijo Zeus.









viernes, 9 de marzo de 2018

NATURALEZA DE LA PERSPECTIVA COSMOLÓGICA (Titus Burckhardt)


Titus Burckhardt
NATURALEZA DE LA PERSPECTIVA COSMOLÓGICA
Artículo publicado originalmente en Études Traditionnelles, julio-agosto de 1948, y posteriormente incluido en AperÇus sur la connaissance sacrée, Milano, Archè, 1987. La traducción castellana que utilizamos estuvo a cargo de Agustín López, y fue publicada en el n° 1 de la revista Axis lundi (I época), en otoño de 1994.
Las siete "artes liberales" de la Edad Media tienen por objeto
disciplinas que los modernos no dudarían en calificar de "ciencias";
tales son, por ejemplo, las matemáticas, la astronomía, la
dialéctica o la geometría. Esta identificación de ciencia y arte,
conforme a la estructura contemplativa del Trivium y el Quadrivium, se
deriva de la naturaleza fundamental de la perspectiva cosmológica.

Por regla general, los historiadores modernos no ven en la
cosmología tradicional -ya se trate de las doctrinas cosmológicas de
las civilizaciones antiguas y orientales o de la del Occidente medieval‑
más que ensayos infantiles y titubeantes de explicar la causalidad de
los fenómenos. Sucumben así a un error de óptica análogo al de
los espectadores que, imbuidos de un prejuicio "naturalista", juzgan las
obras de arte medievales según sus criterios de observación "exacta"
de la naturaleza y de "habilidad" artística. La incomprensión
moderna respecto al arte sagrado y la cosmología contemplativa
proceden de los mismos errores. Y ello no queda en modo alguno
desmentido por el hecho de que ciertos estudiosos (a menudo los mismos
que adoptan ante la cosmología medieval u oriental una actitud
compasiva mezclada de ironía) rindan homenaje a tales formas
artísticas o reconozcan al artista el derecho a "exagerar" ciertos
rasgos de sus modelos naturales y a suprimir otros para sugerir
realidades de orden interior; lo que esa "tolerancia" demuestra es que
para los modernos el simbolismo artístico no tiene más que un
alcance estrictamente individual, psicológico o incluso simplemente
afectivo. Estos eruditos ignoran evidentemente que la elección
artística de las formas, cuando surge de principios inspirados o
regularmente transmitidos, puede hacer asentir a posibilidades
permanentes e inagotables del Espíritu, puesto que el arte tradicional
implica una "lógica" en el sentido universal del término (1). La
mentalidad moderna está cegada por su apego a los aspectos
sentimentales de las formas de arte y, con frecuencia, reacciona en
función de una herencia psicológica muy particular; parte, además,
del prejuicio de que la intuición artística y la ciencia constituyen
dos dominios radicalmente distintos. Si fuera de otro modo, se
debería, en justicia, conceder a la cosmología lo que parece
concederse al arte, a saber, el derecho a expresarse por alusión y a
utilizar formas sensibles como parábolas.

Pero para el hombre moderno toda ciencia se hace sospechosa desde el 
momento en que abandona el plano de los hechos psicológicos comprobables, y deja de ser verosímil desde que se desliga de una forma de razonamiento que está basada en la idea de una especie de supuesta continuidad plástica de la mente: como si todo el cosmos debiera estar configurado según lo que la facultad imaginativa tiene de "material" y cuantitativo. Sin embargo, esta actitud representa mucho más una limitación mental, fruto de una actividad extremadamente unilateral y artificial, que una posición filosófica, pues toda ciencia, por relativa o provisional que sea, presupone una correspondencia necesaria entre el orden espontáneamente inherente al espíritu cognoscente, por una parte, y la composibilidad de las cosas, por otra, sin lo cual no habría ninguna forma de verdad (2). Ahora bien, puesto que la analogía constitutiva del macrocosmo no puede ser negada, y puesto que esa analogía afirma desde ambas partes la unidad principial, unidad que es como un eje en relación al cual todo se ordena, no se ve por qué el conocimiento de la "naturaleza", en el sentido más vasto del término, no debería abandonar las muletas de una experiencia más o menos cuantitativa, y por qué toda visión intelectual "a vista de pájaro" sería de entrada una hipótesis
gratuita. Pero los eruditos modernos tienen una verdadera aversión contra todo lo que transcienda esa condición de lo "pegado a la tierra" propia de la "ciencia exacta"; a sus ojos, poner de relieve el atractivo "poético" de una doctrina es desacreditarla como ciencia. Esta torpe y pesada desconfianza "científica" hacia la grandeza y la belleza de una concepción revela una incomprensión total de la naturaleza del arte primordial y de la naturaleza misma de las cosas.

La cosmología tradicional implica siempre un aspecto de "arte" en el sentido primordial del término: cuando la ciencia sobrepasa el horizonte del mundo corporal, o cuando simplemente se considera lo que en este mundo se manifiesta de las cualidades transcendentes, se hace imposible "registrar" el objeto del conocimiento como se registran los contornos y los detalles de un fenómeno sensible; no queremos decir que la intelección de las realidades superiores al mundo corporal sea imperfecta; no hablamos más que de su "fijación" mental y verbal; todo lo que puede transmitirse de estas visiones de la realidad tiene el carácter de claves especulativas que ayudarán a reencontrar la "visión" sintética que se busca. Ahora bien, la justa aplicación de estas "claves" a la multiplicidad irisada de las facetas del Cosmos dependerá de lo que se puede llamar un arte, puesto que esa aplicación supone una cierta realización espiritual o al menos el dominio de ciertas "dimensiones conceptuales" (3).

En cuanto a la ciencia moderna, no sólo se limita, en el estudio de la naturaleza, a uno de sus planos de existencia -lo que origina la dispersión "horizontal" contraria al espíritu contemplativo-, sino que desmenuza, además, tanto como puede, los contenidos de la naturaleza, como tratando de agarrar con más fuerza la "materialidad autónoma" de las cosas; y esta parcializaciόn a la vez teórica y tecnológica de la realidad se opone radicalmente a la naturaleza del arte; pues el arte no es nada sin plenitud en la unidad, sin ritmo y proporción.

Dicho de otro modo, la ciencia moderna es fea, de una fealdad que acaba por acaparar la noción misma de "realidad" (4) y por arrogarse el prestigio del juicio "objetivo" sobre las cosas (5); de ahí la ironía de los modernos hacia todo lo que, en las ciencias tradicionales, irradia una sensación de ingenua belleza. Por el contrario, esa fealdad de la ciencia moderna le quita todo valor desde el punto de vista de las ciencias contemplativas e inspiradas, pues el objeto central de estas ciencias es la Unicidad de todo lo que existe, unicidad que la ciencia no podría propiamente negar -puesto que todo lo afirma implícitamente- pero que puede, sin embargo, merced a su método diseccionante, impedirnos "saborear".

NOTAS:
1.     Véase Frithjof Schuon: "La question des formes d'art", en De l'Unité transcendante des religions, París, du Seuil, 1979. ["La cuestión de las formas de arte", en De la unidad transcendente de las religiones, Madrid, Heliodoro, 1980].
2.     Cf. René Guénon: "Le Νyâya", en Introduction générale El l'Étude des Doctrines Hindoues, París, Vega, 1976 ["El Νyâyα", en Introducción general al estudio de las doctrinas hindúes, Buenos Aires, Losada, 1945], donde dice "...si la idea, en la medida en que es verdadera y adecuada, participa de la naturaleza de la cosa, inversamente, la propia cosa participa también de la naturaleza de la idea".
3.     Un ejemplo de tal "clave" especulativa es el esquema de un horóscopo, que representa simbólicamente todas las relaciones entre un microcosmo humano y el macrocosmo. La interpretación del horóscopo llevará consigo aplicaciones innumerables que no pueden ser intuidas con certeza más que en virtud de la "forma" única del ser, forma que el horóscopo vela y revela a la vez.
4.     De ahí el empleo en la estética moderna del término "realismo".
5.     Para la gran mayoría de los europeos, el signo y el patrimonio de la ciencia son los aparatos complicados, el papeleo, la actitud del cirujano.

martes, 6 de marzo de 2018

El testimonio de la Iglesia copta (Nikos Vardhikas)


El testimonio de la Iglesia copta

 Nikos Vardhikas

(Vers la Tradition)

Todos estamos acostumbrados a escuchar la expresión "católico de rito oriental", pero ¿alguna vez hemos pensado en lo absurdo de lo contrario: ortodoxo de rito latino? Ciertamente esto no existe; no sólo porque el rito latino ya casi no es identificable, sino sobre todo porque el cristiano oriental no se define por pertenecer (o "comunión con") ninguna sede, cualquiera que sea,sino por la fe y el rito - y más precisamente, por la fe como se expresa (no sólo  proclamada, sino también se obrada, "imitada" o representada, en definitiva simbolizada) en el rito. Incluso piensa que es este rito el que expresa la fe que da derechos a los sedes, no a la inversa.

Por lo tanto, la cuestión del rito no es sólo de interés exotérico, contrariamente a la tendencia actual de aquellos (ignorando o incluso conociendo la metafísica) que se adhieren a la teoría de los "dos pulmones", que hace del rito una simple contingencia histórica o cultural.

Basta recordar aquí algunas referencias que demuestran que la Iglesia siempre ha sido consciente de ello:
Si renunciamos a los usos no escritos, disminuiríamos el Anuncio que nos fue hecho en lo que tiene de central y haríamos su proclamación una palabra vacía (rema psilon) (2).
Los primeros jefes de nuestra jerarquía nos transmitieron a través de imágenes sensibles [y a través de símbolos sagrados] secretos más altos que el sol (3).

En la Liturgia,] proclamamos el dogma en voz alta, pero nuestra salvación se expresa con hechos, en el silencio (4).

Se trata aquí de la tradición apostólica, ni más ni menos, y se considera esencial para la operatividad del rito. Hoy en día, sabemos que una diferencia esencial entre ortodoxos y católicos, de la que no son suficientemente conscientes (5), se refiere precisamente al grado de conservación del rito.
Sin embargo, la tradición apostólica es conocida por todos; lo que difiere es su aplicación o no. El Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica admite que el rito oriental "cumple más plenamente su función de signo", pero se permite a sí mismo "por razones pastorales" no utilizar los símbolos actuantes y, en consecuencia, negarles cualquier importancia que no sea contingente. Sería, pues, muy interesante saber cómo una tercera Iglesia, separada de Roma y Constantinopla durante dieciséis siglos, ve esta cuestión; independientemente de su condición administrativa o canónica a los ojos de los demás, un acuerdo con una u otra de las dos posiciones la haría ipso facto más cercana a la catolicidad, es decir, a lo que se ha "creído siempre, en todas partes y por todos" (6). Ciertamente, en asuntos espirituales no es el número lo que da razón -si fuera el caso, el número de católicos en todo el mundo prohibiría cualquier discusión-, sino el consenso entre iglesias enteras es un serio indicio de la catolicidad y, por lo tanto, de la regularidad.

Nuestro "testimonio" será la Iglesia copta, o Iglesia Ortodoxa de Egipto, como se llama a sí misma (7) . No tendremos en cuanta más que la regularidad de sus ritos, sin preocuparnos de su legitimidad (es decir del hecho de que la Iglesia Copta está separada y considerada como herética ) (8).Desde el punto de vista que nos interesa aquí el aislamiento, precisamente, de los coptos de influencias latinas o bizantinas a causa de esta separación y su existencia en  tierra del Islam, insisten en los usos del siglo V y por lo tanto pueden constituir tanto un espejo como un criterio (no absoluto, ciertamente) de validación recíproca sobre la base de los usos de la Iglesia indivisa.

1 Bautismo
El bautismo copto es aún más completo que el bautismo ortodoxo. He aquí una breve descripción
1.1 Preparación al Oeste del santuario
-Bendición del aceite y oración sobre el postulante: "Bendice Señor este aceite, tu criatura, para que disuelva toda acción de demonios, magia o idolatría".
-La segunda bendición del aceite: "Santifica este aceite para que se convierta en un aceite de conciencia y frustre todas las obras de Satanás, la magia y la idolatría y destruya todas las maldades" y la oración sobre el catecúmeno: "Que se convierta en la imagen de tu Hijo unigénito, nuestro Señor Jesucristo.... que la luz de tu conocimiento la ilumine.
-Eliminación de todo metal
-Unción de aceite en la frente, corazón, manos, espalda. El sacerdote dice, en cada unción "que este aceite borre cualquier fuerza negativa".
-Imposición de las manos y el exorcismo: "que todo diablo se aparte de este cuerpo; que sea purificado de toda inmundicia, tinieblas y pensamiento dudoso".
-Desvestirse y renunciar a Satanás, mano derecha levantada hacia Occidente: "Satán, yo  renuncio a ti, a todas tus obras, a todas tus fuerzas del mal, a todos tus demonios, a todos tus ejércitos, a toda tu adoración, a todos tus engañosos trucos, a todos tus poderes, a todos tus poderes. Renuncio a ti (3 veces).
-Tres insuflaciones y exorcismos: "Espíritu impuro, sal de él/ella".
-Adopción de Cristo, en la dirección del oriente, mano derecha levantada: "Yo creo en ti, Cristo vivificando, en todas tus leyes de salvación, en toda tu acción vigorizante y en todas tus obras dando vida".
-Recitación, por el catecúmeno o su padrino, del Credo.
-La bendición del sacerdote: "Abandona el viejo hombre y renueva la vida de tu siervo. Llénalo con tu Espíritu Santo, para que ya no sea hijo de la carne, sino de la verdad ".
-Segunda crismación, en aceite consagrado (corazón, brazo, espalda),"para que esté arraigado en el buen olivo, Iglesia de Dios, santa, católica y apostólica".

1.2 Consagración del agua

El aceite ordinario se vierte en el baptisterio en forma de cruz.
Lectura de: Epístola a Tito 2:11-3:8; 1ª Ep. De Juan 5:5-14; Hechos 8:26-40 (el etíope eunuco); Juan 3:1-21 (Nicodemo).
-Oración del sacerdote sobre sí mismo: "Envía tu santa fuerza sobre mí, para que yo pueda cumplir este gran sacramento celestial. Que Cristo habite en los que yo voy a bautizar ".
-Tres gotas del Santo Crisma (o Mirra) se vierten en el baptisterio, invocación de la Trinidad.
-El sacerdote sopla tres veces sobre el agua y dice: "Santifica esta agua y este aceite para que sean válidos para el baño del renacimiento AMEN. Para una vida de eterno AMEN. Para un traje de inocencia AMEN. Para gracia filial - AMEN. Para renovar el Espíritu Santo -AMEN".
-Señal de la cruz tres veces en el agua: "Haz Temblar estas aguas, oh Dios Padre Todopoderoso, para que tus siervos, aquí presentes, se renueven por fuerza divina, por sus aguas y por tu Espíritu Santo".
-Bendición del agua:
Dadle la gracia del Jordán, la fuerza celestial y el consuelo celeste. Que en la difusión de esta agua, tu Espíritu Santo le dé, la bendición del Jordán-AMEN. Dale fuerza para que se convierta en agua vivificante -AMEN. Agua pura-AMEN. Agua que quita el pecado-AMEN. Agua de baño de renacimiento-AMEN. Agua de filiación-AMEN.
-Recitación del Pater
-Unas gotas del crisma se vierten tres veces en el agua, en forma de cruz e invocación de la Trinidad. Entonces el sacerdote mueve el agua recitando salmos.

1.3 Inmersión

-El catecúmeno es traído de Occidente a Oriente, donde se encuentra el baptisterio. Es tres veces inmergido; en cada inmersión se invoca a una persona de la Trinidad; cada vez que emerge, el sacerdote sopla sobre su rostro.
-El sacerdote reza por la evacuación del agua del bautismo: “Que esta agua encuentre su primera naturaleza para que vuelva a la tierra como era antes”.

1.4 Crismación

-Oración sobre el crisma: "Da al Espíritu Santo a través de la unción del Santo Cristo para que se convierta en un sello vigorizante y fortalecedor para tus siervos".
-36 unciones en forma de cruz: cráneo, fosas nasales, boca, orejas, oídos, oídos, ojos, corazón, corazón, ombligo, espalda, espalda, espalda, espalda, espalda, hombros, axilas, codos, codos, codos, muñecas, caderas, rodillas, tobillos. Se dicen seis bendiciones:
Unción de la gracia del Espíritu Santo-AMEN.
Unción de la arras del Reino de los Cielos-AMEN.
Unción de participación en la vida eterna AMEN.
Santa unción de Cristo nuestro Dios y sello inquebrantable-AMEN.
Gracia perfecta del Espíritu Santo y escudo de fe y verdad-AMEN.
Yo te designo, Untal, por el sagrado crisma en el Nombre del Padre, Hijo y Espíritu Santo-AMEN.
Después de la crismación, imposición de la mano: "Recibe las bendiciones divinas y celestiales, así como las de los ángeles. Que el Señor Jesucristo te bendiga ".
-El sacerdote sopla de nuevo sobre el rostro del bautizado: "En su nombre, recibe el Espíritu Santo; que Jesucristo te haga un vaso puro para el Señor AMEN".
-El bautizado es envuelto en un solo trozo de tela blanca y nueva: "Vestimenta de vida eterna e incorruptible AMEN".
-El bautizado es vestido con un cinturón y una corona: "Corona de gloria, fe invencible e inexpugnable, firmeza, justicia, sabiduría y bendición... como los santos apóstoles, profetas y mártires fueron coronados con coronas incorruptibles".
-Bendición final:
Conduce a tus servidores a la cumbre de la perfección. Dales conocimiento de la verdad. Guárdalos en la fe sin mancha... hazlos capaces de participar en la comunión del cuerpo sagrado y la sangre preciosa de tu Cristo ".
-Comunión, con migajas bañadas en vino (en el caso de un niño bautizado).
Este rito incluye, además de lo que se encuentra en el rito del bautismo bizantino, las coronas e insuflaciones al final de cada inmersión; es también más "repetitivo" en sus oraciones y contiene más crismas: 36 contra 13.
El rito copto no incluye la tonsura monástica ni el escupir sobre el diablo del rito bizantino.
Las lecturas hechas no son las mismas: el rito bizantino lee Romanos 6:3-11 que se refiere expresamente a un "bautismo en la muerte y resurrección de Cristo" y Mt 28:16-20 que es el mandamiento "Id y bautizad...".

Por lo demás, los dos ritos son tan similares (aunque difieren en las palabras exactas que se pronuncian, pero no en las palabras exactas de los otros ritos), que son claramente parte de la misma tradición; y esto, como demuestran acertadamente las diferencias que excluyen la influencia recíproca, no puede ser otra que la tradición de la Iglesia indivisa.

Cualquiera que sea la opinión que se tenga sobre el valor de los sacramentos cristianos, independientemente de si es necesario o no otro rito para "despertar" la gracia recibida en el bautismo, es este último quien efectúa la conexión a Cristo. Y de sus dos partes, es la crismación la que hace pacto con el Espíritu Santo. Por lo tanto, es importante seguir escrupulosamente la ordenación simbólica y, sobre todo, la de las "fases". Lo que  importa entender sobre la base de este rito es que forma un todo indivisible que, como todo sacramento cristiano, no es una conmemoración de un solo acto de Cristo, sino una repetición y renovación a través del simbolismo de toda la economía de la salvación. Aquí no sólo está el Jordán, sino también la muerte y resurrección de Cristo.

Por eso es absurdo dar la crismación 13 años después del bautismo (entonces se le da a una persona impura, tal vez), pues es absurdo abreviar exorcismos y omitir la inmersión bajo el pretexto de la incomodidad: el objetivo es precisamente "imitar" una muerte y resurrección además del acto de Juan, este pretexto es particularmente ridículo.

La insistencia en el rito completo y el estudio de las palabras pronunciadas dejan claro que, a pesar de la naturaleza indeleble del bautismo+unción, el bautismo por sí solo no se considera que tenga efectos inefables, ya que uno puede caer en el "pecado" que la vida misma como una existencia separada constituye, en cualquier momento. A menos que haya una comprensión del simbolismo en este nivel, no se puede hablar de la tradición cristiana (9), sino sólo de actos administrativos o, en el límite, cultuales. En el rito copto podemos ver claramente la preocupación por los detalles simbólicos: puesto que se trata de un nuevo nacimiento, no sólo del bautizado, sino de toda la humanidad, repetimos aquí el acto vivificante de Dios a través de insuflaciones al final de la inmersión. Este detalle preciso se omite en el rito bizantino; pero otros, como el revestimiento de un nuevo lino de una sola pieza (que es al mismo tiempo la mortaja funeraria y el "hábito de incorruptibilidad") y todo el esquema general que hemos contado aquí son respetados a rajatabla por todas las Iglesias orientales, que no admiten, fuera de urgencia (de hecho, peligro inminente de muerte), un  bautismo disminuido.

De este todo simbólicamente coherente, tenemos el derecho de preguntar loa que queda, en el rito latino; la respuesta no puede ser ambigua: nada en absoluto, ya que el rito está dividido en dos fases (bautismo, confirmación) y en cada una de ellas el simbolismo ya no se aplica (10),  sólo "la intención" cuenta a partir de ahora. Es por eso que, a los ojos más estrictos de los Ortodoxo y de los Copto, no se puede reconocer ningún bautismo latino; uno puede imaginar lo que esta gente piensa del sacerdocio en Occidente, cuando uno sabe que el bautismo de emergencia admitido como regular bajo ciertas circunstancias no da derecho a la ordenación. Ahora bien, todos los bautismos latinos son, desde el punto de vista del rito completo, bautismos de "emergencia" (se les llama "económicos", con la Iglesia haciendo "el descuento" de las reglas por urgencia).

Cuando Jean Borella señala que René Guénon afirma que los miembros de una organización iniciática (tal y como llamaba al cristianismo en sus comienzos) no pueden alterar este carácter por su ignorancia, omite mencionar el hecho de que Guénon habla de esta manera, siempre y cuando no se haya tocado los mismos medios por los que pasa la influencia espiritual.
Si, por otra parte, se considera que desde el siglo IV, el cristianismo ya no es iniciático, ¿se puede validar cualquier empobrecimiento del rito en tanto simple metáfora en cualquier caso? Esto es lo que Patrick Zanzi (11) parece estar haciendo, lo que justifica las decisiones del Concilio de Trento. Entre estas dos tesis (ya sea que nada ha cambiado o que los cambios son consistentes con principios metafísicos) hay una falta de conocimiento real de lo que se ha cambiado y del alcance de ese cambio.

Nikos VARDHIKAS (a seguir)

Referencias
De dos visitas a El Cairo y a los monasterios de Amba Bishoi y de Abu Magar en Wadi-Natrun, hemos relatado una pequeña experiencia copta y mucha de la información de este estudio:
Pope Shenouda III, La Naturaleza de Cristo, Ottawa 1985/ El Cairo 1991. Tishomti en-anafora en-te ni-agios Vasilios, Egrigorios nem Kyrillos (Recueil des Liturgies de Saint Basile, Grégoire et Cyrille), Cairo 1993.
The Holy Liturgy , ed. Editorial Saint John Baptist House s.d.,s.l.
The Coptic Liturgy of Saint Basil, El Cairo 1992.
Dr. Amin Michel, Le baptême, le Saint-Chrême, etc. de la Iglesia Ortodoxa Copta, París 1984.
Theia Leitourgia Joannou tou Khrysostomou (La Divina Liturgia de San Juan Crisóstomo), Atenas 1983.
Theia Leitourgia Vasiliou tou Megalou (La Divina Liturgia de San Basilio el Grande), Atenas 1992.
Akolouthia fou Agiou Vaptismatos (El servicio del Santo Bautismo), Atenas 1967.
Liturgie de la Messe, París (Mediaspaul), 1992.
NOTAS:
1)"En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo".
2) San Basilio Magno, obispo de Cesarea en Capadocia, en el siglo IV, carta n. 29 a Amphilochios, recibida en el IV Concilio Ecuménico (691) como su segundo decreto. Junto con su amigo Gregorio de Nazianze (llamado el teólogo, como el evangelista Juan) y su hermano mayor Gregorio de Nyssa, Basilio es uno de los arquitectos más influyentes de los "arreglos" que surgieron cuando el cristianismo se convirtió en la religión reconocida del Imperio Romano, por lo que sabe muy bien de qué está hablando aquí.
3) San Dionisio "EI Areopagita",siglo V.
4) Nicolas Cabasilas, laico del siglo XIV canonizado en 1980, en Explicación de la Divina Liturgia.
5) Desgraciadamente, los mismos Ortodoxos, que lo han guardado todo, no son conscientes del peso exacto de las cosas: A veces piensan que sus diferencias con los latinos son sólo eclesiásticas o dogmáticas, creyendo que las cuestiones rituales están subordinadas a ellos; para nosotros, el rito prevalece sobre el dogma si es regular, porque se hace ex opere ope-rato, sin que dependa de la conciencia que tengamos de él. Esto, por otra parte, es esencial si queremos aprovechar y realizar la gracia (o don) que hemos recibido a través de un rito regular (u operativo). Un rito regular pero ilegítimo no es un asunto irremediable, sino un rito inoperante porque irregular no puede beneficiarse de ninguna ortodoxia del dogma. Lamentablemente, la dirección que ha tomado en los últimos años el Diálogo entre las Iglesias "católica" y "ortodoxa" parece ser más bien la de la cortesía que la verdad. Señalemos aquí que los coptos rebautizan sistemáticamente a todo católico que quiera unirse a ellos, aunque sea un rito copto. Sería interesante saber qué es lo que hacen con los ortodoxos, pero dudamos que haya casos de tales pasajes.
6) San Vicente de Lérins.
7)"Copto" proviene de Qubt (ar.), la corrupción de Aiguptios (gr), a su vez la corrupción de Net ka-Ptah o Hikaptah (eg.),"dominio de Ptah", el nombre Memphis. Los coptos llaman a Egipto Khemi ("tierra negra" o "fértil" como los antiguos egipcios), y los árabes Misr (del nombre de o El Cairo, Misr al-Qahira). “Ortodoxo"se ha agregado desde que los misioneros latinos crearon una Iglesia Católica Copta. Cuando uno sale de la dualidad Bizancio-Roma o Griego-Latino, los nombres usuales ya no son suficientes; uno podría hablar de la Iglesia Calcedonia Latina (o, para los Orientales,"Frankish"), la Iglesia Calcedonia Griega (o, para los Orientales,"Roman") y la Iglesia no Calcedonia u Oriental. Estas denominaciones son, sin embargo, sólo administrativas (Concilio de Calcedonia, en 451), como las de "Monofisitas" y "Diofisitas". Las apelaciones étnicos o culturales (latín, bizantino, romano, griego, francés, egipcio, sirio, etc.) son inadmisibles porque implican un origen estrictamente contingente de diferencias.
Los nombres "ortodoxos" y "católicos" son ciertamente pretenciosos, porque toda Iglesia dice ser ortodoxa y católica (especialmente si sabemos que esta palabra no significa "universal" sino "integral", es decir, sin ninguna elección -en griego hairesis- en la revelación). Guardamos todos estos nombres equivocados, por falta de mejores nombres. La Iglesia copta está en comunión con la Iglesia Ortodoxa Armenia, la Iglesia Ortodoxa Siria y la Iglesia Ortodoxa Etíope.
8) Los coptos rechazan la acusación de monofismo, absoluto o moderado. Hay que reconocer que la fórmula de S. Cirilo de Alejandría "uno es el nacimiento del Verbo Divino encarnado" es aceptada por ambos lados, calcedonio y no calcedonio. La única cosa cercana o remotamente parecida a una formulación monofisita en el rito copto es el Trisagión (Tres Veces Santo Himno), que se dice en griego en la formulación de Pedro el Foulon (Petros Knafeus) y sugiere que toda la Trinidad murió en la Cruz.

9) Cf. San Cirilo de Jerusalén, Catequesis mistagógicas, en otras palabras "Enseñanzas sobre la iniciación".
10) Estamos hablando deliberadamente de "simbolismo aplicado", porque no son meras metáforas o alegorías.
11) Ver VLT 62,64 y 66.