lunes, 4 de febrero de 2008

LAS TRES REVOLUCIONES. Tage Lindbom (3. La tercera revolución)

LA TERCERA REVOLUCIÓN

Con estos interrogantes había sonado la hora para la tercera revolución, la revolución biológica y psicológica. El pequeño Emilio, el hijo de la naturaleza de Rousseau, sale ahora del mundo de los sueños pedagógicos en el que durante dos siglos había descansado con el sueño de la Bella Durmiente. En la posguerra aparece y proclama sus pensamientos pedagógicos, que, al menos en mi país, Suecia, se han elevado a la categoría de filosofía pedagógica del Estado. Las normas morales y la autoridad de la familia se consideran como instituciones enemigas del hombre. Se declara la guerra a las diferencias biológicas y anímicas entre hombre y mujer.

Tenemos que llevar nuestras preguntas hasta sus últimas consecuencias. ¿Qué es lo que se desencadena en el mundo de la posguerra? ¿Por qué esta furia igualitaria? Para poder dar una respuesta, tenemos que recordar que el hombre ateo y secularizado aspira a ser él mismo Todopoderoso sobre la tierra. Pero somos miles de millones de hombres en la tierra y nadie es igual a otro, hasta los gemelos univitelinos se diferencian.

No basta proclamar la soberanía del hombre. El soberano tiene que presentarse con una forma adecuada. Es decir, la humanidad tiene que configurarse, llegar a ser una única forma, no sólo social, económica o culturalmente. El hombre tiene, por tanto, en cuanto sea posible, que fundirse uniformemente, biológica y psíquicamente. Para convencerse a sí mismo, tiene que vaciarse en una sola forma. Sólo así puede contemplar su figura uniforme en la sala de los espejos del "Reino del hombre". Sólo entonces puede postrarse y adorarse a sí mismo.

Sólo cuando la humanidad se haya metido en este inmenso lecho de Procusto, puede presentarse al fin con la pretensión de que vivimos en un mundo donde impera el hombre como nueva divinidad. El camino hacia ello es un despiadado proceso de igualación que, preparado durante decenios, se realizará ahora después de la segunda guerra mundial con un ritmo cada vez más rápido y violento. Esta furia igualitaria, que se extiende por todo el mundo, como el fuego por la estepa, históricamente considerada, ha recorrido dos fases que podemos señalar con las fechas de 1789 y 1917 como piedras miliares: la revolución político burguesa y la revolución socialista.

Los hombres de Lenin se imaginaron haber librado "la última batalla". Pero todavía otra revolución está ante la puerta del "Reino del hombre". Esta es la tercera revolución, la fase decisiva. Ahora sus ideólogos atentan contra la naturaleza interna y externa del hombre mismo, la psíquica y la biológica. La furia igualitaria se dirige no sólo contra instituciones y obras humanas, se dirige ahora contra la misma obra de Dios. Es una declaración de guerra contra un principio central en la naturaleza y en la vida humana: la autoridad. Es también una declaración de guerra contra la tensión polar en toda vida, la tensión entre lo masculino y lo femenino. Es una guerra contra los fundamentos de la creación de Dios. Con ello entra el "Reino del hombre en su fase satánica.

Ahora entra en escena el Estado con todo su poder. Pues solamente con un gran despliegue de medidas estatales, políticas, jurídicas, administrativas y policiales puede llevarse a cabo la completa igualdad. Un sistema escolar estatal y unitario, la educación bajo la guía y el control del Estado, así como la unificación de los sexos, son los garantes de esta obra de igualación.

El antiguo y democrático sueño de un orden humano, donde la libertad y la igualdad convivieran armónicamente, hace mucho tiempo que pasó. En esta rivalidad vence irremisiblemente la igualdad, pues lo igual puede siempre realizarse y controlarse desde el puesto central de mando. Lo igual es una cantidad que puede verificarse estadísticamente. La libertad es, por el contrario, una cualidad. En su fragilidad está unida solamente con el individuo singular. Por tanto, a cada instante puede destruirse.

El "Reino del hombre" desemboca en este absolutismo. No es que haya otros y mejores caminos para la secularización; no, todo es lógico e inevitable. Los ateos cosecharán lo que han sembrado. Pero lo satánico sabe siempre esconderse, enmascararse y disfrazarse. Por eso el "Reino del hombre saca de la igualdad también una moral: ser igual -en todos los terrenos humanos- se proclama como la forma suprema de la ética personal y social. Y no sólo eso. La justicia es la igualdad. El desigual es injusto. Defender lo desigual es el gran pecado original. En este mundo de sueños pseudometafísicos cree el hombre secularizado encontrarse a sí mismo. Mira su imagen uniforme en el espejo y se imagina que ha ganado dignidad. Cree que puede adquirir en la tierra una posición de dominio sin la ayuda de Dios. Cree además que la completa igualdad lleva consigo una solidaridad fraternal, que reinarán la paz y la felicidad.

Pero ¿qué es lo que vendrá en realidad? Lo contrario. El habitante del "Reino del hombre" busca sólo lo suyo. ¿Y qué es lo que encuentra? Lo sensible, biológica e ideológicamente, y nada más. Este hombre se convierte en un hombre solitario, a solas con su sensibilidad. Cuando se encuentra con sus semejantes es un encuentro de humano egoísmo. Pero como todos son ahora iguales, este encuentro se hace ahora más hostil: ahora todos tienen que construir su atalaya y observarse ininterrumpidamente unos a otros. Que estos hombres actúen individual o colectivamente no cambia nada la situación. Pues lo colectivo es sólo la suma de los egoísmos individuales. Mientras más igualdad, más antagonismo.

Si el hombre busca un hermano, tienen ambos que tener un padre común. Pero en el "Reino del hombre" no hay ningún padre. Lo que el hombre ateo ve con la imagen del espejo no es dignidad, sino duda, desconfianza y abandono existencial.

El Reino del poder y del placer necesita crearse el Estado totalitario. Sin este instrumento de poder no puede subsistir el "Reino del hombre". Pues en este mundo del poder y del placer el hombre se acerca a su desintegración. Puesto que se niega lo eterno en el hombre, se convierte el hombre finalmente en la suma de funciones biológicas y psíquicas. Lo mecánico ocupa el lugar de lo humano. El "Reino del hombre" entra en el camino de su propia destrucción.

Texto publicado en la desaparecida revista Sillar, Madrid, octubre-diciembre de 1983.

Otras obras del mismo autor:
Los molinos de viento de Sancho Panza (Sancho Panzas vaderkvarnar).
Entre Cielo y Tierra (Mellan himmel hoch hord), 1970.
La semilla y la cizaña (Agnarna och Veter), 1974.
The Myth of Democracy, Grand Rapids, MI, William B. Erdmans Publishers Co., 1996.

LAS TRES REVOLUCIONES. Tage Lindbom (2. Revolución Rusa)

EL FRACASO DE LAS DOS GRANDES REVOLUCIONES

La última gran esperanza en el mundo ateo es la revolución. La Revolución francesa de 1789 proclamó al individuo libre y, al mismo tiempo, al ciudadano libre. El hombre es el gran sujeto; el mundo, el objeto y campo de experimentación, terreno de conquista. Pero aquella revolución no trajo la solución definitiva. El mundo continuó siendo una dualidad, tensión entre hombre y materia, entre individuo y sociedad, entre lo espiritual y lo material.

Ante estos dilemas, la Revolución rusa de 1917 nos prometió dar una respuesta. Con ayuda de la dialéctica hegeliana, se nos explicó que el hombre liberado de toda enajenación y alienación reconquistaría en la sociedad comunista su puesto como hombre total y primordial. Con el comunismo el hombre llega a ser a la vez individual y universal, hombre singular y hombre social. El hombre es libre y también miembro del "kosmos". Para hablar en lenguaje marxista, el hombre y la sociedad constituyen una unidad dialéctica.

Ahora bien, estos revolucionarios, los jacobinos, y los bolcheviques, ambos estaban orientados contra lo institucional. Ambos destruyeron las instituciones sociales, políticas y económicas. Las clases sociales, los gremios, la propiedad privada, todo fue destruido. ¿Pero era esto la solución definitiva del "Reino del Hombre"? ¿Salió de estas revoluciones el prometido "hombre nuevo"? Después de dos guerras mundiales y todos los sufrimientos que hemos tenido que vivir, hay motivos suficientes para formular esta pregunta.

Tras la segunda guerra mundial, se hizo cada vez más claro para los ateos, para los partidarios del "Reino del hombre", que todas las reformas y revoluciones, que solamente habían destruido las instituciones externas, eran insuficientes. Porque, ¿el sufragio universal hace a todos los hombres iguales? ¿Se hace el hombre verdaderamente libre e igual por la socialización? Apenas nada.Por ello cada vez se alza más fuerte la exigencia de que para la verdadera libertad e igualdad es necesaria una tercera revolución, la revolución interna. ¿No tienen, por ejemplo, los jóvenes y los niños los mismos derechos en el fondo que los adultos? Pero, ¿quién puede autorrealizarse mientras exista y domine la autoridad paterna? ¿Puede el hombre, en general, ser libre e igual mientras no haya una total igualdad entre los sexos?

LAS TRES REVOLUCIONES. Tage Lindbom (1. Revolución Francesa)

Tage Lindbom fue antiguo secretario del partido socialdemócrata sueco que se interesó cada vez más a lo largo de su vida por la tradición, en lo que le marcó impronta la obra de René Guenon.

En este artículo se refiere a las tres revoluciones: revolución francesa, revolución rusa de 1917 y lo que denomina tercera revolución, que por otros nombres se podrían denominar revolución burguesa, revolución proletaria y revolución del igualitarismo mundialista, aunque el propio nombre de tercera revolución no deja en su indefinición de ser un nombre bastante coherente para designar el asunto que se trata.

En todos los países del ámbito occidental se han producido episodios más o menos sonados de las tres revoluciones y España no ha sido a este respecto una excepción. Una mención rápida de fechas puede ilustra episodios variados de estas revoluciones, así en lo que se refiere a la revolución burguesa: 182O, el trienio liberal, 1868 “La gloriosa”, 1873 revolución cantonal en la primera república, eso por no hablar de la derrota que supuso para el orden tradicional las tres guerras carlistas del siglo XIX; en lo que se refiere a la revolución proletaria se podría reseñar: 1917 primera huelga general revolucionaria, 1934 revolución de Asturias, 1936 parcial revolución proletaria. Las fechas de la tercera revolución son bastante más difusas: voto femenino –igualdad electoral hombre, mujer-, legalización parcial del aborto y previsible de la eutanasia –igualdad vivo, muerto-, matrimonio homosexual –igualdad hetero, homo-, facilitación del divorcio –igualdad casado, divorciado-, liquidación progresiva de la familia –igualdad hijo legítimo, ilegítimo-, propaganda de profilácticos y de actividades sexuales exentas de convencionalismos - igualdad temperancia, putiferio-, tolerancia al consumo de estupefacientes –igualdad sobrio, colocado-, permisividad de la prostitución, de delincuencia juvenil con suaves leyes del menor, alentamiento de una inmigración masiva indiscriminada –igualdad autótóctono, alógeno- y otra serie de actividades “igualitarias” difícilmente fechables con precisión, a la espera, claro está, de futuras igualizaciones.

Desde luego que la castellana ciudad de Madrid ha sido una buena atalaya desde la que ha sido posible contemplar todos estos episodios y otros muchos que se podrían añadir. En cualquier caso destaca el autor como la revolución en sus diversas fases no ha hecho sino incrementar el poder coercitivo del estado, señalando con precisión una consecuencia fatal:

“Con ello se excluyen todas las formas autonómicas y federales, que han predominado en la sociedad tradicional “

Esto nos trae a la memoria el recuerdo de aquellas pequeñas repúblicas populares en que consistió la genuina Castilla de los orígenes, federadas en virtud una monarquía de carácter cristiano y carismático –muy diferente de la actual-, y que no es probable que retorne. Todos estos efectos revolucionarios ampliamente asimilados por las masas actuales, hacen que la única consideración moderna de Castilla, sea la de una amplio espacio uniforme, sin diferencias, sin historias particulares sin memoria, convenientemente centralizado , urbanizado y castrado. Por lo visto de 38 o 45 provincias más o menos.

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LAS TRES REVOLUCIONES

Tage Lindbom

Texto publicado en la desaparecida revista Sillar, Madrid, octubre-diciembre de 1983.

La Revolución francesa de 1789 completó una empresa y abrió al mismo tiempo las puertas a una nueva época. Completó la secularización occidental: la proclamación de que ya no es Dios, sino el hombre, el soberano en la tierra. Dios queda relegado a su cielo. No interviene ya -se afirma- en los asuntos terrenos; éstos se adjudican desde entonces a la esfera del poder del hombre. En ese momento se abren las puertas a una nueva época. La fraternidad humana bajo el común y todopoderoso Padre del cielo, la "societas" humana de la Cristiandad occidental, queda atacada por la atomización y el pluralismo, y con ello sustituida por los individuos singulares y soberanos.

Todo poder sobre la Tierra --según la declaración de derechos y libertades de los revolucionarios franceses- no pertenece ya a Dios, pertenece al hombre. Este hombre tampoco tiene ya una identidad superior --imagen de Dios--este hombre es idéntico sólo a sí mismo. El poder celestial y paterno ya no está en vigor. En la Tierra ya no hay ninguna comunidad, en cuanto unidad orgánica, cohesionada en el fondo como una fraternidad bajo la guía paterna y celeste. Incluso la familia, la piedra fundamental de toda vida comunitaria, tiene que ceder a la concepción atomística. Soberano es sólo el individuo, y este individuo se apoya sólo en su propia identidad.

LAS CONTRADICCIONES INTRÍNSECAS DE LA REVOLUCIÓN FRANCESA

Aquí nos encontramos con la primera y mayor contradicción intrínseca en la empresa de la Revolución francesa. En la ideología jacobina se concibe al individuo ante todo como ciudadano.

La sociedad debe formarse por ciudadanos libres e iguales; es simplemente una suma de estos átomos ciudadanos. Al mismo tiempo forman estos átomos -según dicen- una unidad, que se apoya a su vez en una fraternidad. En qué consisten los fundamentos espirituales y morales de esta fraternidad, nunca nos lo han aclarado los jacobinos.

Pero la empresa de 1789 tiene otra fuente más. Se apoya también en una filosofía, que procedente de Inglaterra como lugar de origen se había extendido ampliamente en los cien años precedentes: el sensismo empírico. Se concibe al hombre como un ser totalmente sensible (sinnlich). Mediante las propias impresiones sensibles --las inclinaciones y pasiones- le es posible al hombre realizarse a sí mismo. El hombre --nos dicen- es el centro dinámico de la existencia. Pero como el hombre es un ser totalmente sensible, las manifestaciones de su esencia se convierten en un ilimitado desarrollo de la propia sensibilidad. Los intereses humanos sensibles tienen que realizarse, pues el hombre es un ser de intereses, y todas sus fuerzas espirituales y corporales están al servicio de sus intereses sensibles, pasiones e impulsos.

Aquí surge un conflicto ineludible. El verdadero civismo descansa en el altruismo, cuyo presupuesto es la virtud. ¿Pero qué es, en definitiva, la virtud? La virtud es un esfuerzo para imitar lo divino, para tener lo divino como ideal ejemplar. En cuanto hombres, somos ciertamente imperfectos, pero buscamos la virtud, lo que puede elevarnos sobre el mundo sensible.

Las virtudes más importantes son la moderación, la misericordia y el amor a la verdad. Sin virtud no hay civismo, pues el con-ciudadano debe ser un hombre altruista. Auténticos con-ciudadanos somos solamente cuando reconocemos a Dios y el Reino de Dios, cuando obedecemos la voluntad de Dios. Pero esto significa que el hombre de intereses sensibles no puede ser un verdadero ciudadano. Pues sensualidad significa interés propio, e interés propio significa egoísmo. Aquí estamos, pues, ante un conflicto: no podemos ser al mismo tiempo ciudadanos virtuosos y altruistas e individuos sensibles y egoístas.

¿Podemos solucionar este conflicto? No; es insoluble. Pero esta actitud se elimina en el siglo siguiente y precisamente mediante la manipulación. Europa se hace liberal en el siglo XIX. En el plano social significa esto, sobre todo, comercialización e industrialización. Surge una nueva sociedad, la sociedad industrial. Con ello se forman nuevas clases. En el desarrollo de esta nueva sociedad aparecen nuevas organizaciones, sindicatos, partidos, asociaciones. El hombre de intereses se organiza y se presenta como hombre colectivo. Con ello se disgrega la sociedad como unidad orgánica; se convierte en campo para la lucha de intereses. El egoísmo se manifiesta en formas colectivas. La manipulación consiste precisamente en esto, en que la lucha que surge de este egoísmo colectivo se presenta como tarea ciudadana.

Los hombres de 1789 han proclamado "el Reino del hombre", la "Civitas hominis", y en los siglos siguientes la posición soberana del hombre se ha hecho cada vez más indiscutible. Con esta secularización no desaparece totalmente Dios de la conciencia del hombre. Pero el liberalismo teológico, en sus esfuerzos de acomodación al espíritu del tiempo, da a las afirmaciones bíblicas cada vez nuevas interpretaciones. Nadie ha caracterizado esto mejor que el gran pensador español Juan Donoso Cortés: "Ellos dedican su culto a Dios, pero no le obedecen".

Esta secularización se hace en el siglo XIX cada vez más pronunciada. El hombre de intereses sensibles olvidó muy pronto la jacobina y romántica conexión del civismo virtuoso. En su lugar se orienta cada vez más resueltamente a los goces sensibles: todos tienen que sentarse a la mesa abundante, todos deben tener parte en la "buena vida". Alexis de Tocqueville dice acertadamente: "Vivimos en el Renacimiento de la carne". Una grande y poderosa corriente de sensualidad irrumpe por Europa.

Pero también divisamos en la nueva sociedad otra corriente: el hombre ambiciona no sólo el placer; quiere también dominar el mundo. Quiere tener también poder. El arma más poderosa para ello es la ciencia, especialmente las ciencias naturales aplicadas, y sobre todo la técnica.

Así encontramos en Europa estas dos corrientes, la que tiende al placer y la que tiende al poder. No están siempre separadas, frecuentemente mezclan sus aguas. Pues el poder ofrece frecuentemente los medios a la vida de placer, y en el mundo de la lucha por el poder son las expectativas y estímulos sensuales importantes fuentes de energía.

Poder y placer, el principio del poder y el principio del placer, son las dos estrellas-guía en la progresiva secularización, en el creciente oscurecimiento del espíritu. En este mundo secularizado desaparecen las virtudes cristianas de la humildad, la pobreza espiritual y la misericordia. En los tiempos antiguos, a pesar de todas las deficiencias y miserias humanas, el prójimo era un hermano. En el mundo secularizado, por el contrario, se convierte el prójimo cada vez más en un obstáculo para el libre movimiento. Por eso el hombre secularizado se ve obligado a procurarse constantemente los medios para el poder en la lucha por la existencia. En ello no tiene ninguna importancia que actúe privada o colectivamente.

Tenemos todavía que considerar otra importante consecuencia de la Revolución francesa. La proclamación de la soberanía del individuo significa una atomización de todo el ser social. Se niega la comunidad del pueblo en el sentido tradicional, pues los vínculos sociales --por ejemplo, los gremios- constituyen impedimentos para el libre desarrollo del individuo. Pero esta liberalización y atomización social produce un vacío social. ¿Podemos vivir en un mundo sin una última instancia reguladora? ¿Podemos vivir sin una autoridad común, a la que podamos apelar cuando estamos amenazados?

Aquí nos encontramos nuevamente ante una contradicción. Fieles a su padre y maestro Rousseau, proclaman los jacobinos los derechos inalienables del individuo, dados por la naturaleza. Pero al mismo tiempo pregonan -siguiendo también a Rousseau- algo radicalmente nuevo: el pueblo y la "volonté générale" que emana del pueblo.

El hombre -no Dios- es el soberano. Pero este soberano se revela en dos formas: como individuo y como algo "superior" general. Con esto nos encontramos con una mitología en "el Reino del hombre", pues esta "voluntad general" se concibe como algo superior, algo "supraterreno", una manifestación espiritual de lo que el hombre quiere "interiormente".

Aquí estamos ante una nueva manipulación. Pues con este mito de la universal volonté générale humana ocultan los jacobinos la contradicción entre el hombre individual y las manifestaciones sociales. "La voluntad del pueblo" aparece como algo semidivino, y en esa imagen debemos contemplar nuestro "Yo" superior. Con ello se encubre el hecho de que el hombre secularizado y sensible, como persona egoísta, no puede tener ninguna relación con las exigencias cívicas superiores. En la figura mítica de la "voluntad del pueblo" se imagina el hombre secularizado que puede aparecer como ciudadano universal y altruista.

Esta manipulación tiene, sin embargo, una importante consecuencia. La forma en que la voluntad del pueblo se manifiesta y formula sólo puede existir centralizada, la "voluntad del pueblo" sólo puede aparecer universalmente válida si es uniforme, pues "el Reino del hombre" no puede tener diversas voluntades del pueblo. Con ello se excluyen todas las formas autonómicas y federales, que han predominado en la sociedad tradicional. La voluntad del pueblo exige un poder centralista y el instrumento político para ello es el Estado con su capital, sede del Parlamento.

Ahora comienzan a dibujarse más claramente los contornos. La proclamación del individuo libre y del pueblo todopoderoso nos trae inevitablemente dos magnitudes absolutas: el individuo y el Estado. Pues solamente el Estado nos puede proporcionar el instrumento de poder que es necesario para proclamar "la voluntad del pueblo". Por tanto, una nueva contradicción. Los jacobinos con la doctrina del individuo libre, nolens volens, nos han regalado el Estado absolutista, el polo opuesto y la contradicción de la libertad individual. ¿Cómo puede realizarse una libertad universal, cuando la forma suprema de este deseo humano de libertad es un aparato coercitivo?

ESTADO Y SOCIEDAD

La Revolución francesa niega, por principio, la sociedad, pero abre las puertas a una evolución, que produce el Estado moderno. La sociedad en el sentido tradicional era una convivencia humana en todas las formas y en todos los niveles. Una sociedad desarrolla su vida en el terreno económico, social, cultural, ético y espiritual. La célula originaria de la sociedad es la familia, y el trabajo profesional constituye el fundamento material de la sociedad. Todo ello pertenece ineludiblemente a una sociedad viva.

El Estado, por el contrario, es un instrumento para el ejercicio del poder, la suma de las funciones políticas, jurídicas, administrativas y militares. En este sentido, el Estado es soberano. La sociedad es un organismo vivo. El Estado es un aparato. Podemos hablar de una sociedad cristiana, pero no de un Estado cristiano, lo mismo que no podemos hablar de una máquina de vapor cristiana.

Así pues, las exigencias de libertad personal están en contra del Estado absoluto y soberano. Lo individual está contra el poder centralizado. Tenemos dos soberanos. ¿Cómo va a solucionar este conflicto "el Reino del hombre"? La evolución histórica en los dos últimos siglos nos da la respuesta.

La progresiva secularización sigue dos corrientes, como ya hemos dicho. El principio del placer tiende a satisfacer lo sensible; el principio del poder, a realizar el sueño del hombre individual y del pueblo: conseguir todo el poder sobre la tierra. El siglo XIX trae un desarrollo sin precedentes de los recursos materiales, nuevas riquezas en un mundo comercial e industrial. En este "Renacimiento de la carne", el hombre secularizado empieza a creer que --como dijo Henri de Saint Simon- la edad de oro no está detrás, sino delante de nosotros.

Al mismo tiempo, el nuevo orden industrial trae también problemas sociales. En primer lugar, rompe la antigua relación de familia patriarcal entre señor y servidor. En el nuevo orden industrial surge una nueva clase social: el trabajador a sueldo y sin propiedad, el proletariado. Esta nueva clase, en una sociedad atomizada y liberal, se encuentra abandonada y huérfana. Los trabajadores buscan una salida a su situación desesperada en la colectividad. Forman grupos de interés: sindicatos, partidos, economatos. Buscan un nuevo "kosmos" social, una seguridad social.

Pero con ello se acaba la clásica fe liberal en la posibilidad de vivir en un orden de libertad personal, variado y vertebrado, con un equilibrio siempre garantizado. No, la convivencia humana es algo más que un intercambio de mercancías, el mundo no se puede convertir simplemente en un gigantesco almacén.

La colectivización allana el camino para algo totalmente nuevo. Las formas colectivas de cooperación tienen una doble finalidad. En primer lugar, el hombre no puede vivir atomísticamente, en total soledad; quiere encontrar de alguna manera y en algún sitio un "kosmos". En segundo lugar, las organizaciones sociales abren la posibilidad de la seguridad y el bienestar. Ahora todos pueden participar de la "buena vida", también los pobres y sin fortuna.

En nuestro mundo secularizado, el principio del placer echa raíces cada vez más profundas. El hombre se entiende a sí mismo cada vez más corno una criatura totalmente sensible, que vive su vida solamente en esta tierra. En esta existencia corporal la cuestión es ganar más y más, explotar la tierra. Al mismo tiempo es necesario conseguir, efectivamente, todo esto en el tiempo más corto posible. Pues la vida humana pasa volando. La cuestión es racionalizar continuamente, procurar siempre nuevos recursos, acelerar el ritmo cada vez más. Así conseguimos más tiempo libre y un acrecentado goce de la vida.

Secularización e ideología del bienestar van inseparablemente unidas. "El hombre tiende al placer y evita lo desagradable", dijo John Locke en el siglo XVII. La estrella-guía es la comodidad. Pero, ¿pueden las modernas organizaciones, sindicatos, sociedades de seguros y otras formas colectivas libres similares lograr todo esto? Es un hecho que, a pesar de todo, la moderna sociedad industrial lleva consigo mucha inseguridad, y además crecen continuamente las exigencias humanas para una vida cómoda. No; las organizaciones libres no bastan.

Pero tenemos todavía a nuestra disposición otro instrumento: el Estado. Con este instrumento de poder es como aparece propiamente "el Reino del hombre". En el antiguo orden patriarcal, la necesidad, la pobreza y la enfermedad se mitigaban, sobre todo, por la Iglesia y por los gremios. Era el mundo de la misericordia, de la caridad cristiana y social.En el moderno orden industrial esto no basta. Paro, enfermedad, invalidez, todo esto no lo pueden dominar adecuadamente los poderes privados. Bienestar social e inseguridad social, ambas cosas van unidas indisolublemente con el moderno industrialismo. Quien dice industrialismo, menta al mismo tiempo al Estado social. El moderno Estado social sigue al orden industrial como la sombra al cuerpo.

El Estado se convierte cada vez más en el gran garante, en la roca firme sobre la que "el Reino del hombre" debe construir su "Iglesia" profana. El principio del placer consigue en el aparato del Estado su mejor e insuperable instrumento. Ninguna esfera de la vida humana se deja ahora -al menos, por principio- fuera de la esfera del poder del Estado. Puesto que el Estado es soberano, puede intervenir en todos los terrenos de la vida humana.

La secularización avanza en dos corrientes poderosas. Búsqueda de placer y ambición de poder son esas dos corrientes, a veces separadas y a veces confluentes. Pero que al final pueden unirse permanentemente. El principio de poder y el principio del placer constituyen ahora, en nuestra época actual, una simbiosis. El Estado se convierte así en el punto de cristalización para todo lo que ansia el hombre secularizado.

El hombre secularizado se cree que es el todopoderoso sobre la tierra. Por ello se afana en conquistar siempre nuevos terrenos. "Saber es Poder", dijo ya Francis Bacon. Ciencia y técnica están entre los medios más importantes. Se añade el poder social y político, la voluntad humana de poder convertida en acciones sociales y políticas. Ya el hombre del Renacimiento concibió el poder como arte, a saber, como arte de alcanzar el poder, de mantenerlo y extenderlo. El mundo ya no es la imagen de Dios, un reflejo de la belleza del cielo, sino que el mundo es más bien un objeto de explotación.

La antigua cuestión acerca de la relación entre sociedad y Estado encuentra en nuestro tiempo su trágica solución. No es como Marx y Engels prometieron: "El Estado se marchita". No; la sociedad es la amenazada y el Estado se hace cada vez más grande y más poderoso. Es verdad que muchos de los habitantes del "Reino del hombre" dicen: "Tenemos que encontrar otro camino". En vano. Pues el camino que el hombre secularizado y ateo ha elegido conduce con lógica necesaria a este totalitarismo estatal.

Los ateos modernos sueñan utopías, construyen quimeras siempre nuevas. Pero no pueden eliminar de sus sueños las tendencias sensibles, su ansia de placer y de poder. Están encadenados en la cárcel de su propia sensualidad, y esta cárcel toma cuerpo en el aparato del Estado.

martes, 22 de enero de 2008

¿Por qué soy medianamente democrático? .Vladimir Volkoff

VIII. Porque se querría convertirla en una religión...

La democracia que fue, recordémoslo, un modo entre otros de designación de gobernantes, se nos presenta hoy como una suerte de religión o, incluso, una religión de religiones. Y tiene de la religión lo esencial: la pretensión de monopolizar la verdad.

En las religiones, se comprende. Sin necesariamente tener la ambición de exterminar a todos los que no son cristianos, o a todos los que no practican la religión cristiana exactamente como nosotros (por más que tampoco nos privamos demasiado de esto a lo largo de los siglos), nosotros los cristianos creemos que Dios es trino, que Jesús de Nazareth era Hijo de Dios, que eso es verdad y que, por consiguiente, todos aquellos que piensan lo contrario están equivocados. Creemos esto allí donde se supone que deberíamos creerlo: si repudiamos esta creencia, ya no somos cristianos.

Por su parte, los musulmanes creen que no hay más Dios que Dios, que nunca tuvo un hijo y que Mahoma es su profeta. Si los cristianos tienen razón los musulmanes se equivocan, y viceversa. Hay que agregar que los musulmanes tienen el deber, ellos, de pasar a degüello a los infieles mientras que nosotros habitualmente no lo hacemos sino por exceso de celo, aunque el principio es el mismo: sí, ellos presumen tener el monopolio de la verdad y nosotros... también.

Si, como lo afirman en los días que corren, todas las religiones valen por igual, es que no son religiones.

En política, esta monopolización de la verdad, justificada o no, se comprende menos. Un mínimo de esta tolerancia tan declamada por los partidarios de la democracia alcanzaría para que se admita que los distintos procedimientos para elegir gobernantes son igualmente estimables, sobre todo si se tiene en cuenta la geografía y la historia. Pero allí es donde la democracia moderna desnuda sus pretensiones de alcanzar el status de religión: ya no es más un sistema de designación de gobernantes, ahora es un cuerpo de doctrina infalible y obligatoria, y tiene su catecismo: los derechos del hombre, y fuera de los derechos del hombre, no hay salvación.

La democracia moderna tiene otras notas indispensables de cualquier religión.

Un paraíso: los países democráticamente liberales con, preferentemente, una legislación anglosajona.

Un purgatorio: las dictaduras de izquierda.

Un infierno: las dictaduras sedicentemente de derechas.

Un clero regular: los intelectuales encargados de adaptar las tesis marxistas a las sociedades liberales.

Un clero secular. los periodistas encargados de distribuir esta doctrina.

Oficios religiosos: los grandes programas de televisión.

Un index tácito que prohíbe tomar conocimiento de cualquier obra cuya inspiración fuera reprensible. Este índice resulta admirablemente eficaz bajo la forma de conspiración del silencio mediático, aunque a veces se lo utiliza de un modo más draconiano: si bien todavía no van a parar a la hoguera, algunos libros juzgados deficientes desde el punto de vista democrático son retirados de las bibliotecas escolares como sucedió en Saint-Ouen L’Aumone.

Una inquisición. Nadie tiene el derecho de expresarse si no está en la línea recta de la religión democrática y, si con todo llega a hacerlo, pagará las consecuencias. A este respecto resulta ejemplar el linchamiento mediático al que se lo sometió en Francia a Régis Debray (al cual nadie sospecharía de no ser democrático) porque puso en duda la legitimidad de los crímenes de guerra cometidos por la NATO en 1999 en territorio de Yugoslavia.

Congregación de propaganda de la fe: las oficinas de desinformación, autodenominada de “comunicación” o de “relaciones públicas”.

Misas dominicales: y obispos que utilizan escudos protectores tomados en préstamo a las diversas ONG o a la ONU.

Indulgencias varias generalmente otorgadas a viejos comunistas.

Una legislación penal y tribunales encargados de castigar a quienquiera se atreva a poner en duda la versión oficial de la historia.

E incluso tropas encargadas de evangelizar a los no-demócratas “a sangre y fuego”. Lo hemos visto claramente cuando diecinueve naciones democráticas bombardearon a un país soberano con el que no estaban en guerra.

Hoy, una frase tal como “en el nombre de los derechos del hombre” se va extendiendo tal como “en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” se extendió durante los siglos. Quizás rescatamos el sentido de lo sagrado, pero no creo que sea un sagrado de buena ley.

IX ... Pero de hecho es una idolatría

Le falta a la democracia un factor esencial en cualquier religión verdadera o falsa: la trascendencia.

Esta trascendencia puede adquirir todas las formas que uno quiera, desde la metempsicosis hasta el apocalipsis, pero en todos los casos supone que el hombre venera alguna cosa que está más allá del hombre. ¿ Y bien? Digan todo lo que quieran pero los derechos del hombre no pueden ir más allá del hombre. Son, por definición, antropocéntricos.

Para mi, lo admito sin ambages, la noción misma de “derechos del hombre” constituye un sinsentido, no sólo porque reposa sobre un postulado, sino porque el postulado está mal expresado.

Se comprende que un indio patagón tenga los derechos que le otorga su jefe patagón o que los franceses tienen los derechos que le son garantizados por su republicano gobierno, o que el miembro de un club o el paciente de un hospital o el cliente de un restaurante tenga los derechos que le garantiza tal restaurante, tal hospital o tal club. Pero que el hombre tenga derechos en absoluto, que él mismo se los garantice a si mismo mediante declaraciones periodísticas, nacionales o internacionales – cosa que habitualmente de poco vale – me parece, perdón si escandalizo, una broma gigantesca.

Los chicos juegan a esta clase de juego: “Tu serás el papá y yo seré la Mamá” o “Tú serás el marinero y yo seré el almirante”. Con semejante espíritu se pueden entender las juguetonas expresiones tales como “derecho a la salud” o “derecho a la felicidad”. Ahora bien, toda vez que con semejantes declamaciones no se impide que la gente se convierta en infeliz o se enferme, no me parecen que tengan ni sombra de realidad.

Tomo la Declaración de 1789 y me pregunto sobre afirmaciones como las que siguen:

“El fin de la sociedad es el bienestar de todos” ¿Qué cosa es un bienestar para todos? Que se me suministre una definición que no sea la suma de los bienestares individuales.

“Todos los hombres son iguales por naturaleza” ¿Verdaderamente? ¿Los grandes y los pequeños, los lindos y los desgraciados?

”La ley es la expresión libre y solemne de la voluntad general”. Muy bien. ¿Y qué es, por favor, la voluntad general?

“Los delitos de los mandatarios del pueblo y de sus agentes en ningún caso deben quedar impunes. Nadie debe pretender ser más inviolable que los demás ciudadanos”. ¡Estaría bueno si se pudiera aplicar bien, si siquiera se pudiera aplicar! ¡Riámonos, oh mis contemporáneos, vosotros que no juráis sino por la inmunidad o la amnistía!

Tomo la Declaración universal de 1984 y allí leo que “todos los seres humanos... deben interactuar con espíritu de fraternidad”. Atención: ¡deben! ¿ Se trata de un derecho o de un deber? ¿Y en nombre de quién se establece semejante deber?

“Nadie será sometido a la tortura...”. El tiempo futuro del verbo es conmovedor: me hace acordar a “Tú serás Papá y yo seré la Mamá”.

“Nadie puede ser arbitrariamente detenido...”. ¿Pero qué quiere decir “puede”? ¿No habría que leer allí “debe” puesto que “puede” es obviamente absurdo?

“La voluntad del pueblo es el fundamento de la autoridad de los poderes públicos”. Una vez más, ¿no será demasiado suponer que el pueblo tiene voluntad colectiva?

“La familia es la célula fundamental de la sociedad y tiene derecho a que la sociedad y el Estado la protejan” ¿Y si la sociedad favorece el concubinato de los pederastas y si el Estado remunera a los hacedores de lesbianas...?

No niego que algunas de las ideas que sostienen esta monserga tienen cierto poder seductor, pero, para significar alguna cosa me parece que deberían, por una parte, expresarse bajo la forma de deberes concretos antes que derechos abstractos y, por otra parte, debería fundarse sobre la autoridad más allá de la del hombre y, por tanto, nunca sobre la humanidad que no es más que la adición de todos los hombres vivientes, que hayan vivido o llamados a vivir.

Ya lo constataba Dostoievsky: “Si Dios no existe, todo está permitido”. Y si los hombres se arrogan el derecho de Dios de decir qué está bien y qué está mal, nada bueno puede resultar, por lo menos según el Génesis.

[Tomado de ¿Por qué soy medianamente democrático? de Vladimir Volkoff.]

lunes, 21 de enero de 2008

Nacionalismo e internacionalismo 6. Enseñanza

5. ENSEÑANZA

Ahora si descendemos del plan de la filosofía teórica al de la enseñanza encontramos también la subversión y la conspiración mundialista. Encuentro fácil prever para el experto de literatura utópica - sabe que la educación de los niños, su "adiestramiento", constituye la principal preocupación de los hacedores de utopías, preocupados sobre todo por la formación del futuro ciudadano de la Ciudad ideal. Cuando se quiere "transformar" al ser humano, "perfeccionarlo ", es necesario amasarlo, modelarlo desde su edad más joven. Todos los revolucionarios, a comenzar por Robespierre, persiguen a la familia con su odio y quieren confiar la educación de los niños al Estado - su ideal es Esparta, menos su carácter aristocrático naturalmente. En Francia, la Izquierda, siempre previsora y sabiendo calcular largo término - de donde la permanencia de la conspiración -, se ha apoderado de la Enseñanza desde los principios de la IIIa República, sin causar reacciones o contramedidas eficaces en sus adversarios de derecha. En la actualidad, con el desarrollo paralelo de las instancias internacionales y de la conspiración mundialista, son los sistemas educativos del mundo entero, los que sufren la influencia de la Subversión. Pascal Bernardin dedicó a este tema un estudio difícilmente contestable ya que está basado solamente en documentos oficiales emitidos por las grandes organizaciones internacionales: ONU, UNESCO, Consejo de Europa, OCDE. De este estudio resulta con evidencia que la conspiración mundialista se esfuerza en penetrar todos los programas de enseñanza de del planeta.

Después del hundimiento de la la URSS y el fracaso aparente de los métodos revolucionarios violentos, parecería que los mundialistas aplican las teorías de Gramsci y buscan apoderarse en primer lugar de las "superestructuras" - método maquiavélico (Gramsci escribió un ensayo sobre Maquiavelo) que ha debido sugerir a Pascal Bernardin el título de su libro: Machiavel Pédagogue. Si Maquiavelo era un personaje inquietante, sus modernos discípulos lo son mucho más ya que no se satisfacen ya con intrigas políticas sino que se libran a maquinaciones que afectan al ámbito psíquico; aprovechan con una inteligencia casi demoníaca los progresos de las ciencias psicológicas y sociológicas relativas especialmente a la "violación de las masas" y al "lavado de cerebro". Según Pascal Bernardin "los revolucionarios ahora están convencidos de que este sistema (soviético) no les permitía un control óptimo de la sociedad y los individuos - y sobre todo de su psiquismo (...) Así no se busca ya controlar la sociedad por medio de la economía, cara a Marx, sino manipulando los valores, las actitudes y los comportamientos, es decir los psiquismos." (59) Como quería Gramsci, la lucha revolucionaria se transporta ahora al ámbito psicológico y cultural, lo que implica la toma de" posesión de la Enseñanza, primera etapa en del conquista y la transformación de los espíritus.

Así "una revolución pedagógica basada en los resultados de la investigación psicopedagogía está en curso en todo el mundo (...) Esta revolución pedagógica contempla imponer una" ética para la creación de una nueva sociedad "(Parlamento Europeo) y establecer una sociedad intercultural. La nueva ética no es más que una presentación notable de la utopía comunista. "(60) Conocer esta revolución pedagógica permite accesoriamente explicar el hecho paradójico de una subida constante de los créditos consagrados a la Enseñanza seguida por una reducción no menos continua de la calidad de los estudios. En efecto, no se trata ya de despertar los espíritus y de transmitirles un conocimiento, sino del transformarlos en instrumentos flexibles del futuro Orden mundial. "La reforma pedagógica que tiene lugar en la hora actual en numerosos países quiere sustituir a las enseñanzas clásicas y cognoscitivas por una enseñanza" pluridimensional y no cognoscitiva que afecta todos los componentes de la personalidad: ética, emocional, social, cívica, política, estética, psicológica... Se tratan de vaciar las enseñanzas de su contenido (cognoscitivos) para sustituirlos por un adoctrinamiento criptocomunista y mundialista, que contempla modificar los valores, las actitudes y los comportamientos. "(61)

Comprendemos entonces porqué los Diarios y los otros medios de información, sujetos al control de los financieros internacionales, evitan criticar el comunismo y se guardan bien de injuriarlo. Es que el comunismo demostró una temible eficacia y que puede aún servir. Si se cree a Pascal Bernardin, uno de los objetivos de la revolución pedagógica es crear " una sociedad dual, compuesta de dos clases:" los dirigidos y los dirigentes, la élite y el pueblo, ciertos dicen los capataces y los esclavos (...) El trabajo intelectual, así como el poder, estará entonces reservado a una élite tecnócrata que habrá recibido, en exclusiva, la formación intelectual necesaria para su cumplimiento. "(62)

¡Extraño resultado del igualitarismo revolucionario! pero la igualdad será realizada en la base por del comunismo reservado a las masas, de acuerdo con las ideas de Ruskin. Más extraña aún sería la hipótesis de una Izquierda mistificatriz que permite el paraíso sobre tierra con el fin de preparar el infierno, pero las realizaciones de los regímenes comunistas van bastante en este sentido: se masacran millones de seres humanos en nombre del humanismo. Que similares masacres solo suscitan una escasa reprobación en comparación de la fuerza del crimen, muestra hasta qué punto nuestros contemporáneos están penetrados por el espíritu revolucionario. La revolución pedagógica no es quizá paso indispensable habida cuenta de los resultados ya obtenidos por la propaganda subversiva, marcará solamente un paso más hacia el control total de las conciencias humanas. ¿Cómo no pensar aquí en las predicciones de un Aldous Huxley o de un George Orwell, incluso si se presentaron en su tiempo bajo una forma novelesca? ¿No estamos sobre el umbral "del mejor de los mundos"? En cualquier caso, podemos pretender, en virtud de todos los elementos de los que disponemos, que el reino de la Igualdad no es más que un objetivo secundario de la Revolución, su objetivo principal, pero oculto, consiste establecer un régimen totalitario que será la prefiguración de reino del Anticristo.

Notas

(59) Entretien avec Pascal Bernardin, revue Lecture et Tradition, N° 221­222, juillet-aoút 1995.
(60) P. BERNARDIN, Machiavel Pédagogue, p.7. (61) Ibid, p.98.(62) Ibid, p.172-3.
(62) Ibid, p.172-3.

Jacques du Perron, DÉCADENCE ET COMPLOT. Droite et Gauche. Tradition et Revolution. Tome II. Éditions Godefroy de Bouillon. Paris 1998

Nacionalismo e internacionalismo 5. Teoría del caos

4. TEORÍA DEL CAOS

No hay dominio filosófico que no esté afectado por la Subversión con la nueva teoría del Caos - teoría que representa el resultado lógico del pensamiento revolucionario que no ha dejado desde siglos de poner todo en cuestión, de combatir los fundamentos de las sociedades humanas incluido del orden cósmico. La teoría del Caos sería a nivel filosófico lo que es el socialismo a nivel político: una manifestación del nihilismo de la Izquierda, una negación total de do divino. Como los Antiguos, los teóricos del Caos hacen de éste uno entidad, casi un divinidad, que se encontraría en origen de universo - manera radical de negar la creación divina. "al comienzo había no el Verbo sino" el vacío "," el caos "," la fluctuación "," la inestabilidad creativa de la materia ". " No hay más orden absoluto, incondicional, eterno", proclama Morin, "no solamente a nivel biológico (...) sino no aún más en el universo estelar, galáctico y cósmico. (...) el desorden está en el tejido subatómico del universo. El desorden está en el origen accidental de nuestro universo (...) el desorden es inseparable de la evolución de nuestro universo ". "(53)

Se encuentran en esta bonita teoría el espíritu fundamentalmente antirreligioso de la Revolución que niega el orden divino a fin poder reemplazarlo por un orden puramente humano; se encuentra aquí también el materialismo de los "filósofos" del Siglo de las Luces. "Es la materia mismo, en efecto, la que determina un camino evolutivo hacia estructuras siempre más complejas. Eso comporta la capacidad de percibir y pensar de la materia, ya teorizada por Toland y por el deísmo inglés, antes del mimo Diderot y Marx. "(54) A fin de explicar el orden del mundo, o, en el caso de Marx, su evolución, el materialista se ven obligado a conceder a la Materia una cierta conciencia y una determinada voluntad - pero se burlan de esta contradicción, siendo su objetivo eliminar Dios - caen entonces en el panteísmo. "La naturaleza no es solamente materia que evoluciona en el espacio y el tiempo, sino que es un todo-viviente, que tiene en si un alma, principio interior y espontáneo de actividad." (55) El panteísmo es una tentación permanente para la Izquierda puesto que debe reconciliar su negación de Dios con su creencia en la Evolución y el Progreso.
Para Roberto de Mattei "la teoría del caos se presenta propiamente como una gnosis, es decir como una" técnica del conocimiento ", gracias a la cual el hombre vuelve a entrar en posesión de la clave misterio cósmico y" reconoce "su propia naturaleza divina, anulando la individualidad en el Todo inconsciente." (56) Bajo nuevas ropas encontramos la vieja cosmología de las sectas gnósticas, con un carácter nihilista aún más acentuado, ya que no se trata más de declarar el mundo malo sino de disolverlo en la lucha de fuerzas antagónicas. Los teóricos del Caos van aún más lejos, combaten la constitución misma del entendimiento humano pretendiendo negar el principio de causalidad.
Dado que es difícil proponer una explicación del universo bajo una forma enteramente negativa, nuestros modernos gnósticos introducen, muy arbitrariamente, en su sistema el concepto de solidaridad. De una manera poco convincente suponen "una" trama de relaciones ", es decir una relación solidaria y necesaria que vincularía cualquier realidad autoorganizada al entorno. "(57) Realmente - y es aquí donde la Revolución se manifiesta subrepticiamente - la intención oculta es aportar una fianza filosófica o pseudocientífica para la edificación de la República Universal, y eso por medio del principio de solidaridad. Los teóricos del Caos, cantores del desorden universal, abogan curiosamente por una "regeneración de la solidaridad en el tejido complejo de la sociedad civil" y por una "revivificación de las fórmulas federativas y confederativas para sobrepasar el Estado-nación."(58) ¡Sobrepasar el Estado-nación! ¡Así la teoría del Caos, del desorden original, consigue la apología del Nuevo Orden Mundial! Todas estas elucubraciones, a la vez gnósticas y pseudocientíficas, podrían prestarse a la risa, pero sería culpable dejarse ganar por la hilaridad, ya que confirman una predicción pesimista de Guénon: la fase de solidificación (racionalismo) debe suceder una fase de disolución (pseudospiritualismo) - y la teoría del Caos parece un elemento del proceso de disolución.

Notas

(53) Roberto de MATTEI, De l'utopie du progrés au régne du chaos, p.29.
(54) Ibid, p.34.
(55) Ibid, p.50. (56) Ibid, p.50. (57) Ibid, p.37.
(58) Ibid, p.102.


Jacques du Perron, DÉCADENCE ET COMPLOT. Droite et Gauche. Tradition et Revolution. Tome II. Éditions Godefroy de Bouillon. Paris 1998

viernes, 18 de enero de 2008

Nacionalismo e internacionalismo 4. Internacionalismo 2º

"The Establishment, como en Francia, no tiene nada de común con una asociación constituida ni con un partido político." Es una reunión de personalidades ejerciendo un control personal sobre el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial del Gobierno, sobre la vida intelectual, la actividad científica educativa americana haciendo autoridad hasta en las esferas religiosas, principalmente por medio de Foundations filantrópicas, estas últimas encubriendo, bajo esta etiqueta, su verdadero objetivo. "(33) La existencia de el Establishment se deriva naturalmente de una de las leyes que regulan la política, según la cual siempre una pequeña minoría dirige. En democracia, supuesta ser el Gobierno del Pueblo, esta minoría permanece discreta y no aparece a la luz del día. Pero, la voluntad de poder siendo insaciable, el Establishment no se satisface con el poder en un único país, quiere extender este poder del mundo entero; se incorpora entonces a la Revolución ya que persigue el mismo objetivo: destruir las entidades nacionales con el fin de instaurar a un Gobierno internacional. He ahí la explicación de un hecho que solo es paradójico aparentemente: el sostén concedido por los hombres más ricos del mundo a los movimientos revolucionarios que reclaman la división de las riquezas. "Si se comprende que el socialismo no es un programa de división de las riquezas, sino en realidad un método de consolidar y controlar la riqueza, entonces la paradoja aparente de los hombres más ricos que promueven el socialismo no es más una paradoja." Al contrario se convierte en el instrumento lógico e incluso perfecto de los megalómanos a la búsqueda del poder. El comunismo, o más concretamente el socialismo, no es un movimiento de las masas desheredadas, sino de la elite económica. "(34)

A los que la anterior explicación no convenciera, aconsejamos el estudio de los hechos históricos. Está probado ahora que varios bancos americanos financiaron la Revolución bolchevique - la revolución, que nunca es espontánea como la rebelión, ¡es una cosa que cuesta caro, muy caro! ¡En 1917 de Lenin pudo hacer aparecer ¡diecisiete diarios bolchéviques! Después del éxito de la Revolución, generosos banqueros apoyaron el régimen soviético y le han impedido hundirse. "una camarilla de financieros americanos no solamente ayudó al comunismo en Rusia, sino contribuyó mucho mantenerlo en vida." Desde 1918 esta camarilla se consagró a la transferencia de dinero e información técnica hacia la URSS. Esto está probado por el estudio histórico en tres volúmenes del profesor Antony Sutton del Stanford Universidad, titulada Western, Technology and Soviét Economic Developement. Utilizando, para la mayor parte, los documentos oficiales del Departamento de Estado, Sutton demuestra que la casi totalidad de las adquisiciones de la URSS se obtuvieron de Occidente. No ese exagerado calificar a la URSS de made in USA "(35) De una evidencia cegadora es el hecho de que las democracias" capitalistas ", victoriosas a la salida de la primera Guerra Mundial, habrían podido fácilmente aplastar en el huevo el movimiento bolchevique, o apoyando verdaderamente los ejércitos blancos o interviniendo militarmente en una Rusia en plena descomposición. No lo hicieron a pesar de las proclamaciones amenazantes de Lenin que declaraba abiertamente la guerra al capitalismo del mundo entero. Estas mismas democracias capitalistas demostraron, al final de la segunda Guerra Mundial, una mansedumbre comparable concediendo la mitad de Europa un régimen comunista que subvencionaba, sobre su propio suelo, partidos revolucionarios anticapitalistas. Los acuerdos de Yalta, que suscitaron tantas interrogaciones, se comprenden perfectamente en la perspectiva de un complot mundialista; ellos redujeron una multitud de naciones a dos grandes conjuntos, primer paso hacia unificación del globo. "La colusion constante entre los países anglosajones y la Rusia soviética, que, a pesar de algunos " errores ", se manifestará abiertamente durante el siglo XX, encuentra su explicación en el común determinación de sus dirigentes, reconocidos u ocultos, de hacer triunfar un socialismo universal para la instauración del Gobierno Mundial." "(36) En fin, hoy día, el hundimiento del régimen comunista en la URSS es susceptible de la misma interpretación. Ninguna revolución popular, ninguna sublevación general de las masas, no tuvieron lugar el régimen no cedió a la presión de la calle sino que procedió el mismo a su transformación. Todo pasa como si los mundialistas hubieran decidido sustituir a la tiranía soviética, juzgada obsoleta e ineficaz, por una clase de socialdemocracia generalizada pudiendo englobar a Occidente. "Cuando se lee el libro del antiguo Ministro de Asuntos exteriores de Gorbachov, el Sr. Chevardnadze, que fue el primero anunciar, en diciembre de 1990, la inminencia de un golpe de Estado, se percibió que el Sr. Chevardnadze había cambiado la ideología de la lucha de clases por una ideología mundialista de lenguaje muy masónico. El Sr. Chevardnadze considera el marxismo superado por la evolución actual de la Razón humana. Habla de un Templo de la humanidad a construir, como nuevo ideal que substituya la ideología de la lucha de clases. ¿los Sres. Yakoviev, Chevardnaze y todos los que lanzaron la perestroika, no habrían intentado transformar la URSS para hacer un estado de tipo social demócrata de acuerdo con los medios masónicos occidentales? "(37)

La alianza de hecho, si no la complicidad, entre el Franc-Masonería, la Alta Finanza, y el Comunismo, alianza contra naturaleza a los ojos del observador profano, se convierten en una evidencia para el investigador que realiza el esfuerzo de reunir un gran número de índices probatorios;" esfuerzo recompensado por el descubrimiento de curiosas confianzas hechas por los conspiradores mismos... es posible recoger un número suficiente de testimonios, a menudo edificantes, emanados de personajes de influencia. Por ejemplo, por lo que se refiere a la supresión de los Estados nacionales, podemos citar a Walt Rostow, consejero del Presidente Lyndon Johnson. "Es, escribe en su libro United States in the World Arena, un legitimo objetivo nacional de los Americanos ver retirar a todas las naciones - incluidos los Estados Unidos - el derecho a utilizar una fuerza militar importante para la continuación de sus intereses propios. Puesto que este derecho remanente está en la raíz de la soberanía nacional, es, por lo tanto, de interés americano poner un término a la nacionalidad tal como está definida históricamente. "(38) Como numerosas personalidades oficiales de los Estados Unidos hacen ahora similares afirmaciones, parecería que la conspiración mundialista haya entrado en una nueva fase de realización acarreando, de una manera inevitable, la revelación parcial de sus objetivos. La fórmula "Nuevo Orden Mundial", cada vez más utilizada hoy, parece seducir numerosos espíritus que aceptarían de buen grado la extensión de los poderes conferidos a la ONU. Se podría considerar esta tendencia como el resultado de los esfuerzos de los pacifistas, que fueran sinceros o no, que tienden verdaderamente a la Paz o a la Revolución, pero la corriente mundialista es demasiado potente para que se la reduzca a la acción de simples idealistas, por numerosos que sean. Que el establecimiento de la Paz en el mundo sea un pretexto o no, se trata ante todo de una lucha por el poder y hoy día el Dinero se ha convertido en la principal fuerza en política. Si se acepta la tesis de los autores que hemos citado, el Dinero utiliza el Comunismo como medio para llegar a sus fines, medio que podría convertirse en peligroso para sus usuarios. ¿"No puede escaparse nadie que la colusión entre el Establishment y el Comunismo, que sea Soviético, Chino o - ¿por qué no?" - del Tercer mundo, presenta para la Alta Finanza internacional riesgos a no descuidar. Nada dice que los dirigentes comunistas aceptarán jugar el juego y que al contrario, imbuidos de su potencia, no intentarán realizar al Gobierno Mundial en su provecho. Pero, manifiestamente, los "supercapitalistas" sin embargo el lo más directamente amenazados, no muestren ningún temor." Es pues de simple lógica suponer que se consideran en estado de controlar todo momento el Comunismo internacional. "(39) El fracaso del régimen comunista en Rusia parece confirmar este juicio, ya que resulta de decisiones tomadas en la cumbre y no de una rebelión la base." Permanecería la incógnita representada por China.

Para los que experimentan dificultades en concebir el reino del Dinero, recordaremos que la casta comerciante tomó el poder con la Revolución francesa, ha impuesto su filosofía: el liberalismo, y finalmente estableció el sistema capitalista, o sea "el reino de la cantidad". De estas premisas se derivan necesariamente graves consecuencias: el poder de la Sangre que se suprime definitivamente en 1918 con la destrucción de las últimas monarquías hereditarias, solo subsiste el poder del Dinero. Es divertido constatar que la Izquierda, innatamente anticapitalista según sus declaraciones, concentra todos sus ataques contra los "patronos" o también contra las célebres "dos ciento familias", pero se guarda bien poner de relieve la toda potencia de la Finanza international. ¿Qué son las "dos ciento familias" francesas, suponiendo que estén unidas y dispongan de un verdadero poder, en comparación de los grandes organismos financieros internacionales, como el Banco central de los Estados Unidos? "La Federal Reserva Bank US es una dictadura monetaria que posee poderes discrecionales absolutos sobre el pueblo americano y, por repercusión sobre el resto del mundo (...) En los Estados Unidos la política monetaria controlada por los siete miembros del Federal Reserva Board, los doce Presidentes y ciento ocho directores de los doce bancos del Federal Reserva." Estas 127 personas actuando en el secreto más total, tienen un poder absoluto sobre las decisiones monetarias. "(40) Si la Federal Reserva Bank US posee un poder discrecional a nivel financiero y por lo tanto a nivel político, no es la única organización de este tipo a ejercer una influencia sobre los asuntos del mundo. Hemos visto la importancia del papel jugado por el C.F.R. y la Triláteral; pero existen otros grupos de presión tales como los Bilderbergers. A este a propósito y a la intención de los lectores poco convencidos de la realidad de la conspiración mundialista, transcribiremos otro testimonio, el de John R. Rarick, miembro de los Congreso de los Estados Unidos. "Los Bilderbergers, escribe, prestigiosos y poderosos a nivel internacional, continúan dirigiendo las finanzas mundiales en una conspiración para convertir el mundo en un sistema feudal en el cual se somete cada detalle de la libertad individual la fantasía de su veto. La nueva nobleza plutocrática se propone controlar las nuevas colonias gracias a su dominio del dinero y de la potencia financiera, sin preocuparse de los caracteres políticos o geográficos, ni de raza, creencia, color, religión o sexo. "(41) James Perloff, que dedicó un libro al C.F.R., cita la declaración estupefaciente hecha por Rowan Gaither, Presidente de la Fundación Ford a Norman Dodd, miembro de una comisión de encuesta del Congreso americano:" "Usaremos nuestro poder con el fin de cambiar la vida en los Estados Unidos de tal manera que puedan fundirse juntos con la Unión Soviética." "(42)

Después de haber reunido una serie de testimonios sobre los círculos de las alta finanza internacional, encontramos la cuestión de la unidad de la Revolución." Si la Revolución es una entidad, un ser espiritual, sus representantes sobre tierra ¿forman un "orden" jerarquizado, parodia satánica de las órdenes de caballería, o actúa en total independencia? ¿Existe un centro coordinador que sea a la Revolución lo que el Komintern era al Comunismo? Parecerían que no son tan numerosas las distintas formas de la Subversión. Gary Allen y Larry Abraham, en su estudio de la conspiración financiera, precisan que pertenece a un conjunto mucho más extenso. "Esta conspiración, escriben, no está constituida solamente por banqueros y financieros internacionales sino que incluye todos los ámbitos donde se ejerce la acción humana. A partir De Voltaire y Adam Weishaupt, pasando por John Ruskin, Sidney Webb, Nicholas Murray Butler, se trata siempre del intelectual a la búsqueda del poder, que muestra a los "hijos de Mammon" cómo utilizar sus riquezas para regular el mundo. "(43) Por eso la Subversión, verdadero Protéo, puede utilizar todas las formas concebibles para llegar sus finales, incluso formas antagónicas como el Capitalismo y el Comunismo. Si se quiere comprender la Revolución es necesario admitir que es la vez un organismo vivo, o más concretamente organismos, a menudo efímeros – retomemos el ejemplo del Komintern -, y un "mito", en el sentido soréliano, es decir una idea-fuerza capaz de encender las muchedumbres; pero sobre todo es necesario percibir que es una fuerza de naturaleza espiritual, superando nuestro mundo y sus luchas políticas. "Existe, como cada uno puede verlo, un conflicto perenne a través del mundo. Se la ha designado como la lucha entre la izquierda y la derecha, entre la Cortina de Hierro y el Mundo Libre, entre el Comunismo ateo y la Cristiandad. En realidad esta confrontación de fuerzas mundiales es un macrocosmo simplemente del conflicto que se continúa en el interior de cada ser humano. Nosotros le hemos llamado el combate entre la materia y el espíritu, entre el deseo y la conciencia, entre Dios y Satanás. Pero cualquiera que sea el nombre conveniente, el conflicto existe. Esta es la razón por la que observamos la paradoja de la alianza entre Capitalistas y Comunistas. En contradicción con la doctrina marxista, la vida no es una lucha de clases sino una lucha espiritual. "(44) Después de haber formulado este juicio, James Perloff, afectado por el desarrollo extraordinario de los movimientos en favor de un Gobierno Mundial, se pregunta si el reino del Anticristo no está tomando forma."

Para Pierre Virión también "el combate es espiritual, religioso sobre todo, y la toma de posesión del mundo por los poderes del dinero, las tecnocracias, los supernacionalismos no son política en primer lugar sino esencialmente satánica." "(45) El fenómeno revolucionario tomó tal amplitud en el siglo XX que es difícil considerarlo puramente humano;" la Revolución se apoderó no solamente de los mayores países del mundo sino también de la mayoría de los espíritus, incluso de los que deberían estar protegidos por su religión, y puede preguntarse si ella no ha triunfado en penetrar en la Iglesia.' "este falsificación humanitaria de nuestra santa religión que la Revolución construyó en Rusia y China sobre las decenas de millones de cadáveres de gente reputada inasimilables (es decir de gente que no quiso " doblar la rodilla delante de la bestia") y este orden nuevo, lleva la marca del enemigo de Dios y del género humano." "(46)

Como lo dice Louis Daménie, es necesario venir a nombrar al diablo y reconocer la existencia de sus principales agentes sobre tierra," verdaderos conductores espirituales que dirigen en la historia la gran ofensiva del mal y quienes, no lo hacen ni por interés, ni por debilidad carnal, ni por cálculo. Lo hacen por amor, por este amor negativo que es el odio de todo lo que procede de Dios. "(47) La religión del diablo tiene no sólo sus fieles sino también sus " santos "que se sacrifican cuerpo y alma para la realización del el grande obra:" el advenimiento del reino del Anticristo. Después de los siglos de racionalismo, de propaganda revolucionaria negando el pecado original e incluso la realidad del Mal, nuestros contemporáneos tienen la mayor dificultad en concebir la existencia de Satanás; en cuanto a asignarle una influencia sobre el curso de la historia humana, es un hipótesis que los historiadores se sienten en el deber rechazar como no científico. Y sin embargo esta hipótesis permite explicar la continuidad sorprendente de la acción revolucionaria en el tiempo, continuidad que sería difícil acordar a un organismo puramente humano triunfando al mantenerse y perpetuarse durante siglos.

Henri Le Caron considera que es una locura cerrar los ojos sobre la realidad de Satanás. "El demonio, escribe este autor, existe realmente. Es visible en el comunismo, ya que la persecución religiosa por los comunistas es una conspiración contra Dios, tejido por el único que pueda tener la pretensión de invertir del trono del Toto-Poderoso. Es una guerra sin razón contra el Señor de la luz, llevada con una lógica de hierro por un puñado de secuaces del Príncipe de las tinieblas. "(48) Es innegable que el Comunismo ha impulsado la persecución anticristiana hasta un grado espantoso, sistemático, desconocido en la historia. Numerosos testimonios, dignos de fe, exponen el odio, patológico o satánico, manifestado por los Comunistas hacia la Religión. Nos limitaremos a citar el del pastor baptista Richard Wurmbrand que pasó catorce años en las mazmorras comunistas rumanas, antes de ser liberado por rescate, y cuya supervivencia se consideró como un milagro por los médicos occidentales. "Lo que los comunistas, escribe, infligieron a los cristianos superan el entendimiento humano. Vi marxistas torturar cristianos y la cara de los verdugos estallaba en una alegría extática. Mientras que nos martirizaban se los oía gritar: ¡"Somos el diablo!" (49) se comprende entonces porqué el papa Pio XI ha considerado el Comunismo no sólo como "intrínsecamente perverso" sino que también como "el ejército de Satanás sobre tierra" (50)

Podemos pues concluir con Nesta Webster que "el objetivo final de la revolución mundial no es el socialismo o incluso el comunismo, ni el cambio del sistema económico existente, ni la destrucción de la civilización en un sentido material; la revolución deseada es moral y espiritual, una anarquía por la cual todos los principios establecidos durante diecinueve siglos serán invertidos, todas tradiciones pisoteadas por los pies, y finalmente el ideal cristiano suprimido." (51) Si tal es el objetivo de la Subversión, no puede faltar de manifestarse en todos los ámbitos de la existencia y particularmente en el ámbito religioso; se trata no solamente de luchar contra la Religión, sino de crear una contra-religión. La proliferación actual de las sectas religiosas, lejos de ser el síntoma de renacimiento espiritual, no sería más que la preparación de una nueva religión. Entre estas sectas, la New Age podría realizar la unidad y convertirse en la futura religión mundial. Según Deirdre Manifold "la New Age tiene cuatro objetivos: 1° Inauguración el Nuevo Orden mundial. 2° Lanzar una nueva religión mundial. 3° Generación el Cristo de la New Age. 4° Rendir honor y homenaje universales a Lucifer (su portador de Luz). "(52) En estas condiciones, la New Age aparece como un elemento de la conspiración mundialista, su complemento espiritual hasta cierto punto. Así se concretan los planes de las Sociedades secretas, así se prepara cada vez más abiertamente el mundo futuro querido por los Iniciados, los Insiders, que parecen embriagados por sus realizaciones: a nivel político la ONU prefigura al futuro Gobierno mundial, a nivel económico los grupos de influencia, tales la Triláteral y los Bilderbergers, aseguran el reino del Dinero, finalmente a nivel religioso la New Age prepara los espíritus el futuro religión universal.



Notas

(33) Pierre VIRION, op. cit., p.72.
(34) G. ALLEN et L. ABRAHAM, None dare call it conspiracy, p.37.
(35) Ibid, p.85.
(36) Jacques BORDIOT, Le Gouvernement Invisible, p.95.
(37) Yvan BLOT, in journal Présent du 24 aoút 1993.
(38) Cité par J. Bordiot in Une main cachée dirige, p.255.
(39) Jacques BORDIOT, Une main cachée dirige, p.275.
(40) Deirdre MANIFOLD, Fatima et la Grande Conspiration, p.45-6.
(41) Cité par J. Bordiot in L'Occident démantelé, p.159.
(42) Cité par J. Perloff in The Shadows of Power, p.205.
(43) G. ALLEN et L. ABRAHAM, None dare call it conspiracy, p.86.
(44) J. PERLOFF, op. cit., p.220.
(45) -Pierre VIRION, op. cit., p.242.
(46) Henri LE CARON, Comprendre la Révolution, p.64.
(47) E. MALYNSKI, cité par L. Daménie in La Révolution, p.116.
(48) Henri LE CARON, op. cit., p.127.
(49) R. WURMBRAND, cité par D. Manifold in Fatima et la Grande Conspiration, p.103.
(50) Pie XI, encyclique Divini Redemptoris, cité par D. Manifold, op. cit., p.63.
(51) N. H. WEBSTER, Secret Societies and Subversive movements, p.337.
(52) D. MANIFOLD, Vers le nouvel ordre du monde, p.41.




Jacques du Perron, DÉCADENCE ET COMPLOT. Droite et Gauche. Tradition et Revolution. Tome II. Éditions Godefroy de Bouillon. Paris 1998