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| Vladimir Lossky Teología mística de la iglesia de oriente Herder 1982 |
martes, 13 de agosto de 2019
lunes, 12 de agosto de 2019
Teocracia y satanocracia (Paul Evdokimov)
Teocracia y satanocracia
L’ORTHODOXIE (p. 304 y ss.)
Paul Evdokimov
Desclée de Brower 1979
La escatología laicizada se priva de la escatón y sueña con
la comunión de los santos sin el Santo, del Reino de Dios sin Dios. No es en
absoluto su concepción lo que es interesante, sino la razón profunda de su
aparición; es el contexto espiritual en el que nace su filosofía lo que
importa. Es solamente una vez comprendido la verdad de su necesidad imperiosa y
el juego inquietante de las sustituciones demoníacas, que el cristianismo puede
responder válidamente. El cristianismo occidental ha abandonado el Reino en
favor de una Ciudad bien establecida en la historia, sin embargo, cualquier
ciudad histórica es sólo un signo profético y una parábola profética del Reino.
La ortodoxia oriental, por otra parte, se ha olvidado demasiado en la sociedad
de los ángeles y la contemplación litúrgica del cielo. La escatología marxista
reintroduce e impone en todo su alcance el problema espiritual de la historia,
y por otro lado obliga a evitar cualquier tipo de ruptura protestante de la
misteriosa continuidad entre la historia y el Reino. Es precisamente este mundo
cerrado de aquí abajo, esta cautividad aparentemente irremediable que la firme
seguridad de la fe está llamado a agujerear para manifestar lo invisible, para
resucitar a los muertos y mover las montañas, arrojar el fuego de la esperanza para
la salvación de los otros y conectar el vacío de este mundo con la
"Iglesia plena de la Trinidad" 2.
Ahora, cuando los sirvientes del Bien se debilitan, la misma
tarea es retomada por fuerzas de diferentes naturalezas, con un signo lo
contrario, y la confusión estalla. La orden evangélica de "buscar el Reino
de Dios" (Mateo 6, 33), se seculariza y degenera en utopías de paraísos
terrenales. El temible totalitarismo de la bestia apocalíptica se perfila sobre
el enjambre de los agregados humanos.
Hoy en día la cristiandad ya no es más el agente activo de
la historia, sino el espectador pasivo de procesos que escapan a su control y puede
reducir a la Iglesia a las dimensiones y el significado de una secta replegada
en sí misma, al margen de los destinos del mundo. Las reformas sociales y
económicas, la liberación y la emancipación de los pueblos indígenas y las clases sociales están hechos por los
factores de este mundo, descentrados de la Iglesia.
Hoy en día, casi en todas partes, los cristianos viven bajo
el régimen de separación entre la Iglesia y el Estado. La Iglesia no puede
adaptarse a esta nueva situación más que guardando o intacto el carácter
universal y
2 ORIGENES, Selecta in Psalmos, 23, 1; P. G. 12, 1265
totalitario de su misión, inherente a su naturaleza. Pero su
teocratismo deviene más interiorizado. Hace un llamamiento a estar presente en
todas partes como la conciencia cuya
voz resuena libremente y se dirige a la libertad, fuera de cualquier imperativo
secular. Si pierde en aplicaciones inmediatas, falta de medios empíricos del
Estado, gana en fuerza moral por de la independencia
soberana que adquiere su palabra. En el clima de indiferencia u hostilidad
abierta, habiendo perdido toda audiencia formal, la Iglesia sólo puede confiar
en la fe del verdadero pueblo de Dios, libre de todo compromiso y todo conformismo.
En cualquier momento de la historia, la elección entre la satanocracia
y la teocracia se impone imperiosamente,
y hoy más que nunca, gracias a la cristalización cada vez más clara de las dos
ciudades. No es en absoluto de pragmatismo sociológico y de conformidad de lo
que se trata, sino de una cuestión dogmática, y por lo tanto ninguna teología
sectaria y desencarnada puede cambiar la regla de la fe. Ni siquiera la caída
ha modificado en nada el proyecto inicial de la encarnación; sólo una
perspectiva demasiado humana se esfuerza en reducirla y minimizarla, y embota los textos más
explosivos de las Escrituras. En su luz, es el maximalismo escatológico de los
monjes el que justifica más fuertemente la historia. Pues a quien no consienta
en este maximalismo angélico en el fin inmediato, en el cambio brusco al futuro
éοn, aquel asume todas las responsabilidad de la historia y está obligado a
construirla positivamente, lo que significa bíblicamente: desde sus propias
profundidades metamorfosearlo en una "escalera" de la Venida, porque
una voz grita siempre en el desierto: "Preparad el camino del Señor",
aplanad sus senderos " (Mat. 3, 3). "La Tentación de San
Antonio", en su ámbito más avanzado, destaca el dinamismo del Espíritu que
arrebata la existencia al poder demoníaco; la victoria en el desierto fue más
resonante que el "triunfo" del Imperio de Constantino. Hundidos en
lugares desiertos, los monjes dejaron el Imperio demasiado protegido a la
sombra de los compromisos. Hoy el desierto, "morada de los demonios",
se traslada al corazón mismo de los pueblos que "viven en el mundo sin
esperanza y sin Dios" (Ef. 2. 2). Los monjes ya no necesitan dejar el
mundo, y cualquier fiel puede encontrar su vocación en la nueva forma de un monaquismo
interiorizado. El problema del hombre escatológico está planteado por la historia misma.
domingo, 4 de agosto de 2019
Santos comparados (Nicolás Berdaiaeff )
Santos comparados
Dialéctique
existencielle du divin et de l’humain
Nicolás Berdaiaeff
Ed Arma Artis 2007
Es en Rusia donde la aspiración escatológica, la espera de
una nueva época del Espíritu y la fe en la posibilidad de una revelación
definitiva han encontrado su más fuerte expresión. Comparando uno de los más
grandes santos rusos, el santo Serafín de Sarov y uno de los últimos santos
católicos, el cura de Ars, Vianey, nos sorprende el hecho que el primero aspira
exclusivamente a la Resurrección, a la transfiguración de las criaturas en el
Espíritu Santo, dicho de otra manera todas sus aspiraciones están orientadas
hacía lo venidero, mientras que el cura de Ars no piensa más que en la Cruz y
la Redención. Se puede igualmente encontrar tendencias apocalípticas y
escatológicas en los movimientos populares rusos y en la “investigación de la
verdad” que era la preocupación de los intelectuales rusos, así como en las
cimas de la vida religiosa rusa. Sería preciso citar aquí nombres que he mencionado
en distintas ocasiones, sobre todo los de Dostoyesvsky, Vladimir Soloviov,
Nicolas Fedorov, e incluso Tolstoi, aunque este último permanece en su búsqueda
de la verdad y de Dios al margen del
pensamiento ortodoxo.
viernes, 2 de agosto de 2019
Nómada (Marc-Antoine Costa de Beauregard)
Nómada
L’Orthodoxie
hier-demain . Deuxième partie: La Pensée
Marc-Antoine Costa de
Beauregard
E. Buchet/Chastel.
Paris 1979
El hombre descubre existencialmente en él un impulso que le
empuja a salir de él mismo para ir hacía el padre, de sedentario a devenir
nómada, como Abraham. Descubre a Dios como un impulso y como una llamada, la
llamada dirigida a la persona, la llamada que le bautiza interiormente en el Espíritu
y le hace reconocer al hijo de Dios en su propia carne. Así el Espíritu impulsa
los profetas, los magos, después los apóstoles y en fin el pueblo de Reyes, de
Padres y de Profetas que es la Iglesia hacia Cristo, puerta del Padre
Etiquetas:
Marc-Antoine Costa de Beauregard,
Nómada
domingo, 30 de junio de 2019
Escolios a un texto implícito 21 (Nicolás Gómez Dávila)
— País sobrepoblado es
aquel donde todo ciudadano es prácticamente anónimo.
— El ritualismo es el
protector discreto de la espiritualidad.
— Una nube de incienso vale
mil sermones.
— Racionalizar el dogma,
ablandar la moral, simplificar el rito, no facilitan el acercamiento del
incrédulo sino el acercamiento al incrédulo.
— La gente nace cada día
más apta a encajar perfectamente en estadísticas.
— El
discurso continuo tiende a ocultar las roturas del ser. El fragmento es
expresión del pensamiento honrado.
— El cristianismo completa
el paganismo agregando al temor a lo divino la confianza en Dios.
— Nada más ominoso que el
entusiasmo del siglo XIX por la “unidad”, la “solidaridad”, la ”unanimidad”, de
la especie humana.
Esbozos sentimentales del
totalitarismo contemporáneo.
— Problema que no sea
económico no parece digno, en nuestro tiempo, de ocupar a un ciudadano serio.
— La gente admira al que no
se queja de sus males, porque la exime del deber de compadecerlo.
— En las épocas de plena
libertad la indiferencia a la verdad crece tanto que nadie se toma el trabajo
de conformar una verdad o de refutarla.
— Hay que apreciar los
lugares comunes y despreciar los lugares de moda.
— Solemos compartir con
nuestros predecesores más opiniones que caminos de llegar a ellas.
— Toda inteligencia llega a
un punto donde cree que camina sin avanzar un paso.
— Lo contrario de lo
absurdo no es la razón sino la dicha.
— La decadencia vuelve
amables muchas cosas.
— Los períodos de
estabilidad política son períodos de estabilidad religiosa.
— El hombre recobra en la
soledad aliento para vivir.
— La humanidad no oye con
júbilo sino las invitaciones catastróficas.
— La madurez consiste en
caminar por vías trilladas con paso inconfundible.
— Lo que deja de pensarse
cualitativamente para pensarse cuantitativamente deja de pensarse
significativamente.
— Una idea extravagante se
vuelve ridícula cuando varios la comparten. O se camina con todos, o se camina
solo.
Nunca debe caminarse en
grupo.
— Detrás de la “voluntad de
todos” se asoma la “voluntad general”.
“Voluntad” que no es
volición, en realidad, sino programa. Programa de un partido.
— Al despojarse de la
túnica cristiana y de la toga clásica, no queda del europeo sino un bárbaro
pálido.
— Las dos más insufribles
retóricas son la retórica religiosa y la retórica de la crítica de arte.
— Las concesiones al
adversario llenan de admiración al imbécil.
— La única pretensión que
tengo es la de no haber escrito un libro lineal, sino un libro concéntrico.
— Las verdades no se
contradicen sino cuando se desordenan.
— Las imposibilidades
estéticas de una época no provienen de factores sociales, sino de censores
internos.
— El demócrata cambia de
método en las ciencias humanas cuando alguna conclusión lo incomoda.
— La mente del marxista se
fosiliza con el tiempo; la del izquierdista se vuelve esponjosa y blanda.
— En materia importante no
se puede demostrar, sino mostrar.
— La distinción entre uso
científico y uso emotivo del lenguaje no es científica sino emotiva.
Se utiliza para
desacreditar tesis que incomodan al moderno.
— El escritor moderno
olvida que tan sólo la alusión a los gestos del amor capta su esencia.
— El enemigo de una
civilización es menos el adversario externo que el interno desgaste.
— Los errores políticos que
más obviamente podrían evitarse son los que más frecuentemente se cometen.
— En reiterar los viejos
lugares comunes consiste la tarea propiamente civilizadora.
— La verosimilitud es la
tentación en que más fácilmente cae el historiador aficionado.
— La soledad nos enseña a
ser intelectualmente más honestos, pero nos induce a ser intelectualmente menos
corteses.
— Se acostumbra pregonar
derechos para poder violar deberes.
— La diferencia entre
“orgánico” y “mecánico”, en los hechos sociales es moral: lo “orgánico” resulta
de innúmeros actos humildes; lo “mecánico” resulta de un acto decisorio de
soberbia.
— La idea peligrosa no es
la falsa, sino la parcialmente correcta.
— El escritor que no se
empeña en convencernos nos hace perder menos tiempo, y a veces nos convence.
— La relatividad del gusto
es disculpa que adoptan las épocas que lo tienen malo.
— No siempre distinguimos
lo que hiere nuestra delicadeza de lo que irrita nuestra envidia.
— Cuando el clima
intelectual donde algo acontece carece de originalidad, el acontecimiento sólo
tiene interés para los que concierne físicamente.
— La historia parece
reducirse a dos períodos alternos: súbita experiencia religiosa que propaga un
tipo humano nuevo; lento proceso de desmantelamiento del tipo.
— El moderno no tiene vida
interior: apenas conflictos internos.
— Donde no hay huellas de
vieja caridad cristiana, hasta la más pura cortesía tiene algo frío, hipócrita,
duro.
— No les demos a las
opiniones estúpidas el placer de escandalizarnos.
— Los
reaccionarios les procuramos a los bobos el placer de sentirse atrevidos
pensadores de vanguardia.
— El derrotado no debe
consolarse con las posibles retaliaciones de la historia, sino con la nuda
excelencia de su causa.
— Cuando apuntamos alto no
hay público capaz de saber si acertamos.
— La historia de los
géneros literarios admite explicaciones sociológicas.
La historia de las obras no
las admite.
— La única superioridad que
no peligra encontrar una superioridad nueva que la eclipse es la del estilo.
— La decisión que no sea un
poco demente no merece respeto.
— Lo difícil no es creer o
dudar
— en cualquier campo— sino
medir la proporción exacta de nuestra auténtica fe o de nuestra auténtica duda.
— Nada que se pueda sumar
tiene fin que colme.
Lo importante es
inconmensurable plenitud.
— Quien viva largos años
asiste a la derrota de su causa.
— Los factores habituales
de la historia no bastan para explicar la aparición de nuevas mentalidades
colectivas. Conviene introducir en historia la noción misteriosa de mutación.
— A hacer lo que vale sólo
debemos invitar en vista de que lo vale.
El bien por el bien, la
verdad por la verdad, el arte por el arte.
— Para renovar no es
necesario contradecir, basta profundizar.
— El liberal se equivoca
siempre porque no distingue entre las consecuencias que atribuye a sus
propósitos y las consecuencias que sus propósitos efectivamente encierran.
— “Pertenecer a una
generación”, más que necesidad, es decisión que toman mentes gregarias.
— Pretender que el
cristianismo no haga exigencias absurdas es pedirle que renuncie a las
exigencias que conmueven nuestro corazón.
— Abundan los que se creen
enemigos de Dios y sólo alcanzan a serlo del sacristán.
— El hombre común vive
entre fantasmas, tan sólo el solitario circula entre realidades.
— Reemplazar
la percepción sensorial concreta del objeto por su construcción intelectual
abstracta le hace ganar el mundo al hombre y perder el alma.
— Sólo lo inesperado
satisface plenamente.
— La
ley es el método más fácil de ejercer la tiranía.
— Los
textos reaccionarios les perecen obsoletos a los contemporáneos y de una
actualidad sorprendente a la posteridad.
— Cada una de las sucesivas
ortodoxias de una ciencia le parecen verdad definitiva al discípulo.
— Todo lo físicamente
posible le parece pronto al moderno plausible moralmente.
— El buen libro de ayer no
le parece malo sino al ignorante; en cambio, el libro mediocre de hoy puede
parecerle bueno hasta a un hombre culto.
— Toda metafísica tiene que
trabajar con metáforas, y casi todas acaban trabajando sólo sobre metáforas.
— Las épocas de liberación
sexual reducen a unos pocos gritos espasmódicos las ricas modulaciones de la
sensualidad humana.
— La existencia de la obra
de arte demuestra que el mundo tiene significado.
Aun cuando no diga cuál.
— Sólo la contemplación de
lo inmediato nos salva del tedio en este incomprensible universo.
— El peso de este mundo
sólo se puede soportar postrado de hinojos.
— Los filósofos suelen
influir más con lo que parecen haber dicho que con lo que en verdad dijeron.
— Las soluciones en
filosofía son el disfraz de nuevos problemas.
— El sentido común es casa
paterna a la cual la filosofía regresa, cíclicamente, desmirriada y flaca.
— Nada patentiza tanto los
límites de la ciencia como las opiniones del científico sobre cualquier tema
que no sea estrictamente de su profesión.
— El hombre actual no
admira sino los textos histéricos.
— El hombre compensa la
solidez de los edificios que levanta con la fragilidad de los cimientos sobre
los cuales los construye.
— Pensamiento valiente y
atrevido es el que no rehuye el lugar común.
— No es donde las alusiones
mitológicas cesan donde la huella griega se borra, es donde los límites de lo
humano se olvidan.
— Para detestar las
revoluciones el hombre inteligente no espera que comiencen las matanzas.
— El prójimo nos irrita porque
nos parece parodia de nuestros defectos.
— Una sociedad comunista se
paraliza pronto intelectualmente en un terrorismo recíproco.
— Indicios de civilización
sólo son la claridad, la lucidez, el orden, los buenos modales, de la prosa
cotidiana.
— El moderno ignora la
positividad del silencio.
Ignora que son muchas las
cosas de las cuales no se puede hablar sin deformarlas automáticamente.
— Toda clasificación
estricta de un hecho histórico lo adultera.
— La atomización de la
sociedad deriva de la organización moderna del trabajo: donde nadie sabe
concretamente para quien trabaja, ni quién concretamente trabaja para él.
— Clásico castellano
significa, salvo excepciones, libro ilegible.
— Lo más notorio en toda
empresa moderna es la discrepancia entre la inmensidad y la complicación del
aparato técnico y la insignificancia del producto final.
— Cuando termine su
“ascenso”, la humanidad encontrará al tedio esperándola sentado en la más alta
cima.
— El subjetivismo es la
garantía que el hombre se inventa cuando deja de creer en Dios.
— La permanente posibilidad
de iniciar series causales es lo que llamamos persona.
— El libro que no
escandalice un poco al experto no tiene razón de existir.
— Los dos polos son el
individuo y Dios: los dos antagonistas son Dios y el Hombre.
— La mayoría de las
civilizaciones no han legado más que un estrato de detritos entre dos estratos
de cenizas.
— No confundamos el estrato
específico del misterio con el estrato de lo inexplicable.
Que puede ser meramente el
de lo inexplicado.
— Sin previa carrera de
historiador no debiera ser lícito especializarse en ciencias humanas.
— Del gran filósofo sólo
sobreviven los aciertos: del filósofo subalterno sólo sobrenadan los errores.
— Las únicas metas que se
les han ocurrido a los filósofos fijarle a la historia humana son todas
tediosas o siniestras.
— La libertad embriaga al
hombre como símbolo de independencia de Dios.
— Si la coyuntura no lo
constriñe, no hay judío radicalmente de izquierda.
El pueblo que descubrió el
absolutismo divino no pacta con el absolutismo del hombre.
— No es la vaga noción de
“servicio” lo que merece respeto, sino la concreta noción de “servidor”.
— Hay algo definitivamente
vil en el que no admite sino iguales, en el que no se busca afanosamente
superiores.
— Aun cuando no pueda ser
acto de la razón la opción debe ser acto de la inteligencia.
No hay opciones
constrictivamente demostrables, pero hay opciones estúpidas.
— Donde desaparece hasta el
vestigio de nexos feudales, la creciente soledad social del individuo y su
creciente desamparo lo funden pronto en masa totalitaria.
— Las tesis que el marxista
“refuta» resucitan intactas a su espalda.
— Las “libertades” son
recintos sociales en los cuales el individuo se puede mover sin coacción
alguna; la “Libertad”, en cambio, es principio metafísico en nombre del cual
una secta pretende imponer a los demás sus ideales de conducta.
— Cuando el tirano es la
ley anónima, el moderno se cree libre.
— Pocas ideas no palidecen
ante una mirada fija.
— Una
mayor capacidad de matar es el criterio de “progreso” entre dos pueblos o dos
épocas.
— Criticar un presente en
nombre de un pasado puede ser vano, pero haberlo criticado en nombre de un
futuro suele resultar ridículo cuando ese futuro llega.
— El mundo se llena de
contradicciones cuando olvidamos que las cosas tiene rango.
— El “arte moderno” parece
aún vivo porque no ha sido reemplazado, no porque no haya muerto.
— La
raíz del pensamiento reaccionario no es la desconfianza en la razón sino la
desconfianza en la voluntad.
— Hasta fines del XVIII, lo
que el hombre agregaba a la naturaleza acrecentaba su hermosura.
Lo que agrega desde
entonces la destruye.
— Nada podemos edificar
sobre la bondad del hombre, pero sólo podemos edificar con ella.
— Después de resolver un
problema, la humanidad se imagina hallar en soluciones análogas la clave de
todos.
Toda solución auténtica
arrastra un cortejo de soluciones grotescas.
— Sobre la naturaleza de
las cosas sólo el vencido llega a poseer ideas sanas.
— El buen gusto aprendido
resulta de peor gusto que el mal gusto espontáneo.
— Entre el escepticismo y
la fe hay ciertas connivencias: ambos minan la presunción humana.
— Frente a las diversas
“culturas” hay dos actitudes simétricamente erróneas: no admitir sino un solo
patrón cultural: conceder a todos los patrones idéntico rango.
Ni el imperialismo
petulante del historiador europeo de ayer; ni el relativismo vergonzante del
actual.
— La tentación del eclesiástico
es la de transportar las aguas de la religión en el cedazo de la teología.
— Basta contraponerla a un
error nuevo para que la verdad envejecida recobre su frescura.
— La historia exhibe
demasiados cadáveres inútiles para que sea posible atribuirle finalidad alguna.
— Sin talento literario el
historiador falsifica inevitablemente la historia.
— Hay ignorancias que
enriquecen la mente y conocimientos que la empobrecen.
— La máquina moderna es más
compleja cada día, y el hombre moderno cada día más elemental.
— Reivindicaciones
económicas, hostilidad entre clases sociales, discrepancias religiosas, suelen
ser meros pretextos de un apetito instintivo de conflicto.
Mariología cristocéntrica (Jean Meyendorff)
La Madre de Dios.
Introduction a l’etude
de Grégoire Palamas. Deuxième Partie VI
Jean Meyendorff
Patrística Sorbonensia
Ed. Seuil 1959
El pensamiento de Gregorio concerniente a María se inspira
en la contemplación extremadamente realista de la Maternidad Divina, expresada
por el dogma de Éfeso; la Encarnación del Verbo fue hecha en ella y por ella:
la persona de Cristo es, por tanto, inseparable de la de su Madre. Cuando
Palamas, siguiendo la tradición patrística y sobre todo litúrgica, se aplica a esta
última los últimos calificativos que, bíblicamente, parecen reservados a
Cristo, no tiene en mente la persona de María individualmente y, por así
decirlo, estáticamente, sino la que “engendra a Dios”. Para el doctor
hesicasta, como para toda la tradición de la Iglesia, la "mariología"
es sólo un aspecto particular y necesario de una cristología ortodoxa que
afirma a la vez la plena divinidad como la plena humanidad de Cristo: sin
María, su unión no habría podido ser realizada en la persona de Jesús......
Así pues, la Madre de Dios es “la fuente y la raíz de la
raza de la libertad 27"; su cuerpo - templo de Dios- es la medicina que
salvó a nuestra raza 28"; "sola, colocándose entre Dios y la toda
raza humana hombre, hizo de Dios un hijo
del hombre y transformó a los hombres en hijos de Dios 29"; "esta
Virgen- Madre
25. Encomion, col. 567 A.
26. Hom. 37, col. 460 D.
27. Hom. 14, col. 169 C.
28. Hom. 37, col. 464 D.
29. Ibíd., col. 465 A; cf. Hom. 53, ed. OIKOMONOS, p. 136.
Es la única en encontrarse en los límites de las naturalezas
creadas e increads, y los que conocen a Dios también reconocerán en ella el
habitáculo del infinito 30"; es de ella que "los santos reciben toda su
santidad 31"; "nadie puede acercarse a Dios si no es por medio de
ella..., ya que fue a través de su único intermediario que vino a nosotros, que
él apareció en la tierra y vivió entre los hombres 32; encontrándose así en el
centro de la historia de la salvación, la Virgen es "la causa de los
acontecimientos anteriores, el jefe de fila de los acontecimientos posteriores y
la distribuidora de bienes eternos; ella es el pensamiento de los profetas, el
jefe de los apóstoles, el sostén de los mártires, el fundamento de los doctores
..., es la cumbre y el cumplimiento de todo lo que es santo 33; "toda la
Escritura divinamente inspirada fue escrita a causa de la Virgen que engendró Dios
34 “. Disfrutó del privilegio especial de ver a la primera a Jesús
Resucitado..... 35. El templo de Jerusalén fue el tipo de María, porque ella es
el verdadero "lugar de Dios 36", el verdadero trono del Señor,
"porque allí se sienta el Rey, allí está el trono 37"; es ella es el receptáculo
del tesoro que Dios concedió a los hombres 38, la pinza usada por los Serafines
para tomar el carbón que tocó la boca del profeta Isaías, prefigurando la
Encarnación.... 39. Los epítetos dirigidos así a María, a pesar de su carácter
retórico o lírico, todos se relacionan con su papel en la Encarnación; todos
ellos se relacionan con su papel en la Encarnación; todos se relacionan con su
papel en la Encarnación, no constituyen por lo tanto un ataque al culto único
rendido a Dios, sino que por el contrario son testigos de un cristocentrismo
extremo en la piedad y en la concepción de la historia: la veneración rendida a
la Madre, de hecho, se dirige, en efecto, al Dios-Hombre que ella dio a luz. Es, en
efecto, cuando consideramos esta veneración fuera del concepto preciso de la
Maternidad divina cuando se sale fuera del dominio bíblico y tradicional......
30. Rom. 14, col. 177 A; cf. Hom. 53, 4d. O1noioios, p.
156, 162; Hom. 37, col. 473 A.
31. Rom. 37, col. 461 A.
32. Ibid. col. 472 BC.
33. Rom. 53, ed.OIKOMONOS, p. 162.
34. Rom. 57, ed. OIKOMONOS , p. 216.
35. Hom. 18, col. 237 AB, 241 BC; Hom. 20, col. 269 C; esta
tradición tiene desde el siglo IV, en particular San Juan Crisóstomo y San Ephrem;
ver ΚΙPRIAN (Ciprien Kern, lavlenija voskressago Gospoda Bogomateri, in
Provoslaunaja Mysl', VIII, 1951, pp. 86-112 (el estudio incluye la traducción
rusa de la Hom. 18 de Palamas) y C. GIANELLI, Testimonios patrística griega a
favor de una aparición de Cristo resucitado a la Virgen María, en el Revista de
estudios bizantinos, XI, 1953 (Mélanges M. Jugée), págs. 106-119.
36. Rom. 53, ed. OIKOMONOS, p. 145-146.
3378.. IIbbiidd...,,,,, pp.... 115617..
39. Rom. 14, col. 177 A.
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