miércoles, 21 de marzo de 2018

GENERALIDADES SOBRE EL ARTE MUSULMAN (Titus Burckhardt)


Titus Burckhardt
GENERALIDADES SOBRE EL ARTE MUSULMAN
Articulo publicado originalmente en Études Traditionnelles, marzo de 1947, y posteriormente incluido en ΑρerÇus sur la connaissance sacrée, Milano, Αrchè, 1987.
1
El arte musulmán está, en muy amplia medida, determinado por el
rechazo de las imágenes, especialmente de las imágenes
escultόricas (1); esta negación del "idolo" se dirige ante todo a
dar testimonio de que la trascendencia de Dios desafia cualquier
comparación. De ello se desprende una jerarquia de las formas que
subordina lo "concreto" a lo "abstracto": al igual que el simbolo
verbal, gracias a su inasibilidad, es preferido al simbolo visual, la
forma puramente geométrica prevalece sobre la forma con imágenes, y
la imagen plana es más fácilmente tolerada que la que "proyecta
sombra". Pues lo que se trata de evitar es la confusión entre el
simbolo y su modelo espiritual.

Seria vano buscar en la teologia exterior, que debe evitar todo
lo que no es accesible a la generalidad de los fieles, es decir, de los
hombres de naturaleza más activa que contemplativa, una explicación
o justificación del simbolismo de las formas. Esta posibilidad de
explicación existe, en cambio, en el esoterismo, que, por
definición, está orientado hacia la "identidad esencial" (tashbîh)
de todas las cosas con la Esencia divina, y evidentemente presupone,
como propio de si, el principio de la "incomparabilidad" (tanzîh)
(2). Que el ejercicio del arte, en una civilización normal, luego
teocrática, esté necesariamente ligado al esoterismo, resulta, por
un lado, de que la actividad artistica puede servir de soporte a la
contemplación intelectual -y el esoterismo colma todos los
"recipientes" apropiados-, y, por otro, de que sólo el esoterismo
puede garantizar la corrección intelectual de un arte religado, de una
manera más o menos directa, al dominio de lo sagrado. AIIi donde una
forma artistica debe ser un verdadero reflejo simbólico (en
sánscrito abhasa, en árabe `aqs) de un prototipo trascendente (en
árabe namûdaj, de raiz persa), la tradición asegura la correcta
relación entre uno y otro, prescribiendo los "tipos" susceptibles de
ser figurados, y no es sino en la medida en que el artista, descubriendo
la profunda "lógica" de las formas consagradas, se eleva hasta su
principio espiritual, que deviene a su vez creador (3). Asi, el arte
ofrece siempre al artista el doble aspecto de una via (en árabe
tarîq) que le conduce a un conocimiento trascendente y de una
enseñanza que el artista renueva en sí mismo. En la civilización
musulmana, la relación entre el esoterismo y las artes estaba
asegurada -y todavía lo está en algunos países- por las
corporaciones artesanales, emparentadas con las corporaciones similares
del mundo cristiano de la Edad Media, por ejemplo, las de los
constructores (4).

Pero la relación entre el arte y el esoterismo implica todavía
otro aspecto, que no podría dejarse bajo silencio sin dar lugar a
ciertas objeciones: el arte decorativo de todos los pueblos bebe en la
fuente de una tradición puramente popular, por otra parte no
consciente de su simbolismo. Es importante señalar que los motivos
ornamentales populares que se encuentran en todas las civilizaciones
constituyen una herencia de la Tradición primordial (5); ahora bien,
ésta está representada, en el sentido de cada tradición
particular, por el esoterismo, lo único que se sitúa más allá de
las formas. Esto explica, por un lado, por qué el esoterismo puede
reanimar esta semilla milenaria, muerta en apariencia, que es el
"folklore", y, por otro, que en el arte de una tradición relativamente
reciente, tal como la del Islam o el Cristianismo, puedan surgir formas
e imágenes que, en cierto sentido, son más primordiales que el
simbolismo general de la tradición considerada. Hay aquí una
inversión jerárquica que merece ser precisada: al consistir la
razón de ser de una forma tradicional en recordar tal aspecto de la
Tradición una y primitiva, la expresión de ese aspecto ocupará en
cierto modo el "centro" de la forma en cuestión; en cambio, la
"periferia" de esta forma, ya que no tiene por qué insistir casi
exclusivamente en un único aspecto de la Tradición primordial, como
el "centro", podrá predominar sobre los símbolos centrales de dicha
Tradición.

En la tradición musulmana, esta ley encuentra su aplicación
especialmente en ciertas formas arquitectónicas: de modo que ni la
cúpula (qubbah) que corona la base cuadrada (entre una y otra se halla
generalmente un grado intermedio octogonal) (6), ni el nicho (mihrâb)
sobre el que se sitúa el imám para dirigir la oración (7), y ante
el cual a menudo se halla una lámpara suspendida (8), son una
necesidad litúrgica que responda a ninguna prescripción sagrada;
ahora bien, ambas formas, que no dejan de ser manifestaciones
simbólicas del Islam, resultan precisamente del matrimonio entre el
espíritu islámico y las formas constantes de la Tradición
primordial: la cúpula sobre la base cuadrada es un prototipo del
templo, ya que figura la unión entre el Cielo y la Tierra (9); en
cuanto al nicho de oración con la lámpara, es la contrapartida de lo
que son, en otros sistemas tradicionales, el tabernáculo, el santo de
los santos o la cueva sagrada. Por lo demás, se los encuentra
prefigurados en algunas sentencias particularmente misteriosas del
Corán y de los hadîth: en la sura de la Luz (sûrat en-núr), el
nicho que contiene la lámpara es mencionado como símbolo de la
presencia divina en la creación; y en una sentencia del Profeta sobre
su ascensión nocturna (mi'rai), habla de una cúpula de nácar
blanco que descansa sobre cuatro pilares o aristas (arkân), de donde surgen los cuatro ríos celestiales (10).
2
Vamos ahora a abordar la cuestión del arte musulmán desde otro
punto de vista, buscando, en la mentalidad musulmana, la noción a la
que corresponde la idea misma del arte, y esto nos conduce, si a este
respecto nos apoyamos en los datos de la lengua árabe -la lengua
sagrada del Islam- a las nociones de "oficio" (Çinâ'ah), de
"ciencia" ('ilm) y de "ornamento". Se sabe que el Islam pone el acento
en la razón (`aql) y no en el sentimiento religioso (11); en efecto,
todo lo que es razonable ocupa un lugar privilegiado en la
civilización musulmana, y esto es lo que explica la importancia
atribuida a la ciencia, en primer lugar a las ciencias establecidas
sobre axiomas racionales, a saber, la lógica y las matemáticas (12).
Ahora bien, la mentalidad musulmana ha sacado de las ciencias lógicas
consecuencias que abarcan un dominio mucho más basto de lo que se
estaría tentado de suponer al examinar las cosas desde fuera: es así
que, sobre la aritmética general y sobre la geometría, se fundan
diversas teorías y reglas de la ciencia del ritmo y de la
proporción, reglas que, por un lado, cooperan en la formación del
arte decorativo, y, por otro, penetran en el dominio del simbolismo
esotérico, y ello mediante las correspondencias cosmológicas que
implican. La estima que el islam tiene por la razón, sin embargo, no
inclina al pensamiento islámico al racionalismo, ya que no es
considerada como lo más elevado, sino como un simple mediador entre lo
humano y lo divino; el juego "planetario" de la razón, lejos de
limitar el alma musulmana, le hará por el contrario presentir
posibilidades ilimitadas, de donde brotan todas las fuentes de la
nostalgia y del arrobamiento.

Ahora bien, lo que queda del arte cuando se eliminan los aspectos
"ciencia" y "oficio" es la "decoración" o el "ornamento", que no
requiere de ninguna justificación particular, al ser considerado como
algo espontáneo, evidente y popular. A este respecto, el Islam jamás
ha caído en el puritanismo, pues, si bien es verdad que esta
tradición implica un aspecto fundamental de "pobreza" y de
"simplicidad", la belleza siempre fue estimada como un don de Dios; fue
el propio Profeta el primero que dio ejemplo de esta alianza armoniosa
entre lo simple y lo bello, alianza que determina en amplia medida todo
el arte musulmán, y, quizá de la manera más notable, los dos artes
arquitectónico y textil. Todo lo que se exige del arte decorativo es
que tenga un aspecto precioso, rico y delicioso, sin por ello traicionar
una cierta monotonía abstracta característica del Islam; y, como el
Islam desaprueba las imágenes, el ritmo del ornamento será su
principal medio decorativo. El arte de los nómadas carece de
imágenes, en cierto modo por naturaleza; no se dirige a la 
demarcación y a la figuración, sino al ritmo y a la abstracción (13). El predominio del gusto nómada está relacionado con la actitud espiritual del Islam, que no cesa de proclamar el carácter transitorio de las cosas de este mundo, y cuyas instituciones litúrgicas y sociales están casi totalmente desprovistas de elementos sedentarios: no hay, aparte de la orientación ritual hacia La Meca, ninguna determinación local del culto, y tampoco jerarquía sacerdotal; todo musulmán es en todas partes un viajero en el desierto y su propio sacerdote.

El hecho de que el profeta adornara su habitación con tejidos es significativo para el origen del arte decorativo del Islam. En la tienda, los tejidos y las armas son verdaderos objetos de arte. La tejeduría próximo-oriental, que repite motivos mesopotámicos de antigüedad inmemorial con una simplicidad nómada e intemporal, penetra en Europa con la civilización islámica (14). La técnica del tejido, basada en la repetición indefinida de un mismo motivo, el sentido del ritmo de los nómadas y, finalmente, la predilección por el número y la geometría, muy característica por lo demás de la mentalidad musulmana, y ello de acuerdo con la idea fundamental de la Unidad, son las tres raíces del arte decorativo de los musulmanes. En cuanto a las figuras armoriales de animales (15) y de formas vegetales -imágenes permitidas, semi-abstractas, que el Islam recoge con el tejido- ofrecen a su vez un punto de partida al simbolismo esotérico.

Muy significativo es el papel predominante de la escritura
decorativa, que permite resumir los diversos puntos de vista y las nociones de las que hemos hablado. La modulación correcta de la escritura depende de la caligrafía, ciencia que fija la forma y las relaciones recíprocas de las letras y las sílabas, y cuya ley artística es ritmo puro, un ritmo que evoluciona con una libertad que ninguna otra escritura tolera. Con la escritura se mezcla, no sin intención simbólica, el ornamento vegetal; ya sean zarcillos que se enroscan en filamentos ondulados tras los trazos de las más antiguas inscripciones de las regiones orientales del Islam, ya las propias letras transformadas en arabescos vegetales; ambos casos se refieren a la conexión simbólica, atestiguada por distintas tradiciones, del Libro sagrado y del Árbol del mundo. En fin, desde el punto de vista islámico, la importancia de la escritura está ligada al hecho de que la palabra es el vehículo más directo del espíritu (16). El árabe preislámico ya atribuía el más alto valor a la palabra y al lenguaje; la doctrina islámica ve en la palabra coránica la
expresión misma del Espíritu de Dios (kalimatu Llâh), y venera su forma escrita como el cuerpo del Verbo (17).

Describiendo así la manera en que el Islam considera el arte, hemos esbozado una especie de "psicología" del arte musulmán, tal como por lo demás aparece en casi todos los dominios de esta civilización; es importante, sin embargo, comprender que una psicología "cerrada", es decir, arbitrariamente limitada a las
modalidades individuales del "alma", es algo desconocido e imposible en 
el Islam. Con ello, no solamente queremos decir que el objeto de nuestro estudio, el arte musulmán, se basa en realidades objetivas, concretas, prácticas, en las que halla condiciones sociales y técnicas precisas, sino sobre todo que las ideas espirituales que suscitan la actividad artística superan siempre el campo de las condiciones individuales. El musulmán percibe en lo razonable lo trascendente, y las propias vibraciones psíquicas, que, consciente o inconscientemente, animan a las facultades del artesano, están regidas por una influencia espiritual de la que un observador exterior no podría reconocer la eficacia. Quizá sea posible formarse una idea de ello con la representación de cómo el ritmo de los ritos cotidianos, de formas precisas y convincentes, penetra orgánicamente en la vida del musulmán y le imprime una ley de las formas cuyos efectos repercuten en las más lejanas orillas del ser humano.

NOTAS:
1.     En cuanto al arte cristiano, señalemos aquí que sus fundamentos espirituales se hallan en la doctrina de las jerarquías celestes y eclesiásticas de san Dionisio el Areopagita; fue extendida y aplicada a las artes plásticas por san Juan Damasceno (700-750) y por Teodoro de Studion (759-828), como medio de defensa contra el iconoclasmo que la proximidad del Islam había provocado en el imperio bizantino.
2.     En teología, es el punto de vista de la incomparabilidad (tanzîh) lo que predomina como siendo lo más verdadero, porque exime a la idea de Dios de lo que es limitado; pero en metafísica -y por lo tanto en esoterismo- es el punto de vista de la comparabilidad lo que se hace esencial, ya que permite superar el dualismo criatura-Creador y libera así al conocimiento intelectual de las limitaciones de la ilusión
cósmica.
3.     Ver a este respecto Ananda K. Coomaraswamy, "The transformation of Nature in Art" (Cambridge, 1934) [La transformación de la naturaleza en arte, Barcelona, Kairόs, 1997].
4.     Al igual que algunas corporaciones de la Edad Media cristiana, las agrupaciones denominadas futuwwah estaban ligadas, por un lado, a un oficio, y, por otro, a la caballería. Desempeñaron probablemente un papel mediador entre las civilizaciones musulmana y cristiana, considerada ésta más particularmente en su aspecto caballeresco.
5.     Ver a este respecto Ananda K. Coomaraswamy, De la mentalité primitive, en Études Traditionnelles, agosto-septiembre-octubre de 1939, y T. Burckhardt, Folklore et art ornamental, ibid (ver cap. I de la presente recopilación) [Difusión Traditio, n° 434].
6.     El octógono intermedio resulta de la transición del cuadrado al circulo. Puede verse en él una alusión simbólica al Trono divino que figura el paso de la manifestación formal a la manifestación informal.
7.     El sentido práctico del nicho de oración consiste en hacer posible sin pérdida de espacio la distancia necesaria entre el imâm y los fieles que oran. Además, el nicho concentra las palabras del imâm y hace que se retengan.
8.         Esta lámpara figura también en numerosos tapices que reproducen el nicho de oración.
9.         Ver René Guénon, Le symbolisme du dôme, en Études Traditionnelles, octubre de 1938 [forma el capítulo XXXIX de Symboles fondamentaux de la science sacrée].
10.   Los pilares laterales bajo la cúpula llevan esta inscripción: "En el Nombre de Dios, el Clemente, el Misericordioso" (bismi'Ilhâhi rahmâni rahîm), y de cada una de las cuatro palabras sagradas brota un río de agua, de leche, de miel y de vino. La cúpula sobre la base cuadrada constituye sobre todo la cubierta de las tumbas de los santos; en las reliquias de los santos, en efecto, el Cielo se apoya sobre la tierra. Por otra parte, el simbolismo de los ríos de gracias (barakât) se aplica igualmente a las tumbas de los santos, que de hecho son manantiales de gracias.
11.     El `aql en sí, en su naturaleza universal, es sin forma; pero en el hombre se refleja en las formas primordiales de la razón. En los rasâ'il ikhwân as-safâ (una recopilación de cartas doctrinales) se dice, a propósito del significado de las ciencias matemáticas, que éstas demuestran cómo el espíritu libre influye sobre el alma ligada al cuerpo: "Considerando la manera en que los sentidos asimilan sus objetos, se reconoce la forma en que el alma separada del cuerpo actúa sobre el alma vinculada al cuerpo en el mundo de la generación y de la corrupción. La ciencia de las matemáticas espirituales ofrece así a los contemplativos una vía que conduce al conocimiento del alma, si Dios ayuda y dirige".
12.     Es esto lo que permite comprender la particular afinidad existente entre la perspectiva islámica y el arte arquitectónico: así, el Islam ha impreso, a la arquitectura de la que se ha hecho heredero por sus conquistas, una forma específicamente "cristalina", es decir, eminentemente "matemática" y "estática".
13.     Ver René Guénon, Cain et Abel, en el Voile d'isis, enero de 1932, y Titus Burckhardt, Le folklore dans l'art ornamental.
14.     Parece que el verdadero tapiz nómada no es el tapiz teñido, sino el tapiz anudado; sin embargo, todo tapiz puede servir de "mueble" en la tienda del nómada.
15.     Los blasones con figuras de animales parecen tener un doble origen: por un lado, se remontan a un emblema de tribu que en último
análisis corresponde al tótem; por otro, están ligados a la
tradición hermética, que se sirve de las antiguas figuraciones mesopotámicas. Es posible que ambas corrientes se hayan combinado en Asia Menor; aún así, bien podría tratarse de un depósito
folklórico, reanimado por la intervención de un esoterismo.
16.     las diversas corrientes de la teología musulmana hallan su

martes, 20 de marzo de 2018

Corruptio Optimi Pessima (Nikos Vardhikas)


Corruptio Optimi Pessima

o, la Venganza de Fallmerayer: el callejón sin salida moderno en versión ortodoxa

por Nikos VARDHIKAS

(Vers la Tradition)

Es mejor ver reinar el turbante turco en medio de la ciudad en lugar de la tiara latina.
Gran Duque Loukas Notaras, siglo 15
"Pertenecemos al Occidente"
Konstantin Karamanlis, Primer Ministro, 1975
Todo lo que viene de Oriente es νulgar
Alexis Minotis, dramaturgo, 1988


En el siglo pasado, el historiador alemán Fallmerayer, a quien se debe, entre otras cosas, una Historia del Imperio Trebizonda, publicó una famosa opinión según la cual ya no corría "ni una gota de sangre griega" por las venas de las poblaciones de Grecia.

Esta declaración suscitó una protesta en el recién fundado Estado griego, que quería ser el heredero directo de la antigua Grecia, sin pasar por Bizancio (1).

Fallmerayer fue finalmente demolido por etnólogos griegos que, habiendo fundado su disciplina con el objetivo preciso de combatirla, demostraron la continuidad cultural que une el mundo antiguo y moderno, en los confines del Estado griego y en los Balcanes en general. El lado racial de la observación de Fallmerayer fue considerado con razón como irrelevante, ya que los propios antiguos definieron la noción de "helenismo" como cultural y no racial (Isócrates).

Hoy en día, la decadencia es tal que Fallmerayer corre el riesgo de tener razón, precisamente en el campo en el que fue golpeado, la cultura.

Además, la degeneración ha sido tan profunda y tan rápida (10 años), que merece un examen, porque corre el riesgo de ser ejemplar. Está tan estrechamente relacionado con la situación en todos los países de tradición ortodoxa (a pesar de las diferencias en los sistemas políticos y económicos) que debe contener información valiosa.

Antes de intentar extraer esta información, veamos exactamente en qué consiste esta decadencia y en qué ha tenido éxito.

Cabe señalar que las características que describiremos son válidas para todos los países ortodoxos, pero no, por ejemplo, para Turquía:
1) Desprecio sistemático y compartido por todos los estratos sociales de cualquier expresión cultural local, que se encuentre anticuada, vergonzosa e irritante:
Esta actitud, antes sólo exhibida por la burguesía ateniense, fue inaugurada históricamente por Pedro el Grande, quien eternamente lamentó el hecho de que Rusia no fuera Alemania.
En efecto, hay historiadores, alguna vez marxistas, que exponen sin reírse la doctrina según la cual sin la ocupación turca de los Balcanes (o tártara de Rusia), habríamos "cerrado" la "brecha" que nos separa de la mítica Europa del desarrollo. Hoy en día esta actitud no está envuelta en ropas tan sofisticadas: se contenta con despreciar profundamente a aquellos que "todavía" beben café turco o que escuchan instrumentos menos "correctos" que el piano ("Rey de los instrumentos"); en ambos casos (y en innumerables casos análogos), la ignorancia del progreso científico es la supuesta razón de esta actitud retrógrada. Todo esto debe compararse con la abolición de la enseñanza del griego antiguo en la escuela secundaria (cf. Infra).

Hay que decir, en su defensa, que los griegos están acompañados en este rechazo global de su cultura por toda Europa: en la semana del 29 de agosto al 4 de septiembre de 1988, en el número de Le Point, un artículo sobre Grecia imputaba toda la confusión que aquí reina a las raíces y los hábitos orientales del país; lo que algunos ciudadanos entrevistados admitieron con vergüenza, lamentando que todavía no estuvieran a la altura de los países "racionalistas" de Europa Occidental. "Es villano, es impúdico, es eslavo", como escribió irónicamente Dostoievski (cf. infra).

Como podemos ver, la identificación de Oriente con la confusión y el "bizantinismo" por un lado y de Europa con el orden y la lucidez por el otro, es una noción que ahora comparten ambos lados del continente. ¿El "cisma de Oriente" de 1054 estaría hoy en día efectivamente anulado en sus raíces?
Este estado debe compararse con la perspicacia de Dostoievski, quien en 1862 observó los dos aspectos del orden occidental, el latín (juridismo y centralismo) y el sajón (liberalismo y tribalismo): en sus Notas de Invierno sobre las Impresiones de Verano (2) señala "el orden, la tregua del orden" (París) y “la lucha a muerte de los principios personales de todo occidente, con la necesidad de escucharse tanto bien como mal" (Londres). Esta perspicacia fue quizás la contrapartida necesaria de una podredumbre que dio origen a un tal Piotr Tchaadaiev (que concluye que "Rusia se había desviado del camino de la civilización a causa de la religión ortodoxa y sólo entraría en ella a través de la unión con la Iglesia de Rοma".)

2) Complemento de esta actitud, la folklorización y traición de cualquier expresión tradicional:
-En el nivel de los intelectuales "neο-ortodoxos", está la veneración de las doctrinas ortodoxas, misteriosamente combinada con el ateísmo de pura sangre. Cuando se le preguntó si comulgaba cuando fue al Monte Athos, el máximo exponente de esta corriente, un miembro del PC griego, respondió, indignado: "No iba a hacer esas cosas, no".

- A nivel popular, la devoción religiosa ya no es (excepto en Rusia, a causa de la represión) más que pietismo sin convicción o entusiasmo por los milagros de pacotilla. La cultura popular en sí misma, durante mucho tiempo el único apoyo de todo el país, ya que no tenía ningún letrado en plaza, no es nada más que vergüenza.

De hecho, todo lo que queda de esta cultura sólo es seguido por los elementos más "atrasados" de la sociedad, aquellos que no son "puramente" (= racialmente o aceptando la no cultura moderna) Griegos : en particular los gitanos, los valacos de montaña, los turcos y los Pomacos (musulmanes búlgaros), varios refugiados (pontiacos, griegos de habla turca de Karaman, jonios; a estos últimos se les llama a veces colectivamente "vástagos turcos", aunque todo el Oriente, hasta la India, conoce a los griegos por su nombre Υυnan), Armenios, Albaneses (que hicieron la  Revuelta contra los turcos de 1821-29); todos esos y son la pesadilla y la bestia negra de cualquier griego moderno y el tema de bromas

Los equivalentes ruso son los campesinos (Ivan Ivanovich) y las viejas babouschkas.

3) Destrucción visible de todo paisaje y ordenación de los lugares tradicionales, incluso hasta el absurdo; las cloacas dando en medio del bello puerto son una realidad común en casi todas las islas. La declaración de un edificio como “monumento protegido" con subsidio para su reparación y, si es necesario, modernización interior, es la mayor desgracia que puede ocurrir a un propietario: en la mayoría de los casos, éste se venga de la denegación del permiso de demolición dejando que su propiedad se arruine sola durante años; así se suma al espectáculo de la desolación, y solo se adquiere el permiso cuando el edificio cae.

La destrucción visible en todas partes, los enormes cubos de basura que se suelen recoger en medio de los pueblos, el olor a putrefacción que reina en todas partes y, sobre todo, la fealdad de las construcciones no funcionales y apresuradas atestiguan un encarnizamiento que se limita a la destrucción de lo que había antes, sin ningún plan para el futuro. Es nada menos que una guerra civil no declarada; como si las razas ortodoxas estuvieran atrapadas en la locura de la autodestrucción.
Se conocen los ejemplos de otros antiguos países ortodoxos (los planes de Ceausescu para el centro de Bucarest, el distrito de Arbat en Moscú); lo importante es saber qué atribuir a la dictadura comunista (mental) y qué atribuir al destino de la ortodoxia en decadencia. Sin esto, uno puede caer en la trampa en la que cayó el "disidente" Zinóviev (El futuro radiante y al.): todo lo que atribuye al "homo soviético" caracteriza al griego medio actual.

Agregue a esto la destrucción de cementerios, ya sea por razones "nacionales" (borrando los nombres eslavos y haciendo que los niños digan que "los antiguos no tienen nombres"), o "funcionales" (construyendo carreteras, Universidad de Salónica en el cementerio judío).

4) Reino de un materialismo primario, en otro tiempo reservado a los intelectuales de izquierda; basta haber visitado a Santa Sofía de Constantinopla con griegos o eslavos con 10 años de diferencia para darse cuenta del cambio: completamente impermeable ahora al carácter de este lugar en el que, sin embargo, estos pueblos han invertido tanto (los búlgaros siguen llamando a Constantinopla "Zargrado": Villa-Reina y Marx comenta disgustado sobre los Balcanes, que estos pueblos, "anarquistas por naturaleza", sólo sueñan con la reconquista de su Zargrado), no hacen más que comentarios insípidos, que incluso los occidentales han abandonado; decir, frente a los mosaicos de los emperadores que ofrecen su reinado a la Virgen que es una forma astuta de propaganda, cuando uno es ortodoxo, es aniquilación cultural.

5) Odio, pequeñez y maldad entre los compatriotas:
Los rusos saben de qué se trata cuando se enfrentan a funcionarios, especialmente cuando visitan la "RODINA” desde el extranjero. Los griegos no están en falta, con la diferencia de que allí los funcionarios en cuestión confiesan sus intenciones en voz alta, diciendo a menudo que harán que la gente pague por su propia infancia infeliz.

6) Dejar ir y la indiferencia generalizada:
Exigiendo sólo ser tomado a cargo, en general, las poblaciones de los países anteriormente ortodoxos, cansados tal vez de su agitada historia, o de sus notables logros en el dominio del ethos, no tienen más que una queja de la vida: La incompetencia del Estado, olvidando hasta qué punto tienen el Estado que se merecen.

Una vez más, los países socialistas se llevan la palma, pero su situación es conocida, por razones políticas; menos conocidos son hechos como las 4.000 muertes en Grecia en julio de 1987 sólo a causa del calor! El carácter inhumano de la ciudad de Atenas y de Salónica está para muchos en esta hecatombe, y eso es suficiente para helar la sangre, como negligencia no de un estado lo suficientemente "racional", sino en primer lugar de un pueblo que deja hacer.

7) Pasaremos por alto en silencio los detalles sobre el desprecio al prójimo que requiere una buena dosis de adrenalina diaria para hacer algo, la conducta suicida de la economía (incluido el turismo) y la confusión mental de una regla que hace que el mismo ministro quiera "democratizar" la Iglesia (siendo alabado entonces como un buen socialista) y restaurar la enseñanza del griego antiguo en las escuelas secundarias, abolida por un gobierno de derecha "moderna" (siendo acusado entonces de tendencias derechistas por los padres de los alumnos que argumentan que el griego antiguo favorece a los ricos y causa desórdenes psíquicos a los hijos de los pobres).

Todo lo que precede, hay que verlo desde esta perspectiva: la decadencia descrita no caracteriza a ningún país subdesarrollado o pobre, sino a países privados de una tradición súbita: en Europa se trata de los antiguos países ortodoxos, todos menos Grecia, miembros del bloque oriental. Sólo el Líbano, en el Mediterráneo oriental, se asemeja a su situación de locura suicida; la presencia, dentro de ella, de muchos cristianos que son al mismo tiempo los agentes conscientes de la no-cultura occidental en la región, no debe ser ajena a esto.

Después de esta visión un tanto periodística de la situación, podemos buscar sus causas, en relación con la tradición que estos países mantuvieron durante mucho tiempo y, lo que es más, una tradición que ha permanecido viva y vivida durante más tiempo que en Occidente. El caso de Grecia no es aislado, sino ejemplar, ya que, a causa de Yalta (pero no por los deseos de sus habitantes), su historia reciente difiere, a primera vista, completamente, de la de los países socialistas y es la que constituye la Casa Madre cultural de su región.

Pero este carácter ejemplar sólo se hizo evidente después de la Segunda Guerra Mundial.
Antes, era Rusia, la única nación ortodoxa no sujeta a la ocupación musulmana, la que prefiguraría en su suelo la historia posterior de los ortodoxos destruyendo ellos mismo su propia tradición.
Desde el reinado de Pedro el Grande, Rusia ha experimentado, con la única excepción de San Serafin de Sarov, una capitulación descarada de la Iglesia a los preceptos y concepciones occidentales y una traición consciente de la mayoría de sus intelectuales en el mismo sentido. El trabajo de Dostoievski está ahí para dar testimonio de ello y, en la otra dirección, la de Belinski y los otros europeístas.
Sin embargo, la elección deliberada de un modelo anti-tradicional que, aparte de este carácter suicida en sí mismo, viene a suplantar a una civilización tradicional todavía viva sin tener raíces en el lugar, garantiza el estancamiento y la destrucción sin reemplazar todo lo que cuenta en la vida de un pueblo.
La decadencia social, económica, política y religiosa es inevitable en estas condiciones, y Rusia fue el primer país del mundo que eligió deliberadamente, sin que esto llegara, por así decirlo, naturalmente, sin que la ausencia de tradición resulte de una crisis en el mundo tradicional, de imponer a su pueblo un camino contrario a todos sus valores. Por lo tanto, ignoró criminalmente (algunos dicen providencialmente) el hecho de que ningún pueblo puede vivir sin civilización, especialmente si es pobre; y la importación de un modelo sin mucho que ver con la tradición local todavía viva equivale a la ausencia de civilización.

La última fase de tal farsa es siempre el ejercicio de funciones externamente tradicionales, en un entorno no tradicional, un ejercicio invariablemente incompetente, vacío de sentido, sin esperanza si no retorcido, como lo fue el reinado del último Romanov.

Pedro el Grande y Catalina II, en resumen, pusieron los fundamentos de una evolución que llevaría previsiblemente (y Dostoievski lo vio) a una explosión que sólo puede ser, desde el punto de vista tradicional, más que nihilista, una explosión que hace tabla rasa del pasado, vivida ahora únicamente como aterradora.

Es el mismo escenario, mutatis mutandi, que se juega en los Balkanes y en todos los estados resultantes del desmembramiento del Imperio Otomano, con el factor añadido del nacionalismo, inexistente en este Imperio donde el Millet-basi (Etnarca) era la cabeza de una religión, y por lo tanto el Patriarca de la cultura griega que se suponía que representaba a todos los cristianos. Así que tomemos el ejemplo que sirve de marco, Grecia, que podría haber evitado esta repetición.
La podredumbre impuesta comenzó en Grecia tan pronto como se creó el estado griego moderno. La obra del general Makriyannis (traducción francesa por Denis Kohler) lo demuestra claramente; este héroe de la Revuelta se vio obligado a concluir que habría sido mejor permanecer sujeto a los turcos.
El primer acto de la Asamblea Constituyente fue, simétricamente, la proclamación de la independencia de la Iglesia griega del Patriarcado Ecuménico, puesto que éste se encontraba en territorio turco. Esto sólo es significativo por el carácter simbólico que le da el momento histórico. Es perfectamente tolerado, en la Ortodoxia, que haya Iglesias nacionales; sin embargo, esto muestra claramente la orientación del nuevo Estado, pronto puesto bajo el reinado de un príncipe bávaro elegido por las "Potencias protectoras" (incluida Rusia), demasiado contentas para molestar al "Gran Enfermo".

Como en Rusia, una vez más, es (después de una horrible guerra civil que marca la fase de explosión del escenario, con todos los ingredientes habituales: falsas esperanzas en Stalin, desplazamiento de niños en los países del Este, etc.) bajo un gobierno de izquierdas que el callejón sin salida se ha hecho más visible.

Insistiremos en que esto no es más culpa de este gobierno que del pueblo en general o de los gobiernos de derechas que lo precedieron: encarnar las últimas esperanzas pseudo-mesiánicas de un pueblo decepcionado por los regímenes inmovilistas del pasado (pseudo-tradicionales: la dictadura de 1967-74 usaba el lema "Grecia de los griegos cristianos"), el gobierno de izquierda sacó a la luz la imposibilidad de curar una crisis de identidad, una crisis cultural, con medios que son parte del problema: economía (occidental), socialismo, retórica, e incluso un machismo nacional que es ridículo, por no decir más, pero que agrada.

Como en Rusia antes, durante esta última fase, nadie es capaz de evaluar el callejón sin salida; la falta de discernimiento de los intelectuales, combinada con la locura -durante esta última fase- del pueblo indefenso, impide la salida del círculo vicioso.

Por lo tanto, finalmente, a causa del hecho de que su tradición ha permanecido viva más tiempo que los pueblos del Oriente cristiano que se encuentran en este callejón sin salida, como es a causa de del hecho que su organización social en la Edad Media les garantizaría más prosperidad que la de Occidente, hoy están arruinados: porque la confrontación con estos últimos -por no hablar de una imitación desesperada- habría requerido mucho más conocimiento de sí mismos y de su propia tradición.

Una civilización tradicional que muere destruida, sin dar todo lo que podría haber dado, sin agotarse, deja un vacío que nada puede llenar, ni siquiera los señuelos como los que esconden la muerte del Occidente a los ojos de sus habitantes: las “tradiciones" republicanas y jurídicas, las Iglesias demasiado bien organizadas externamente, los "cuerpos constituidos" (Academias, Mafias, Partidos centenarios, organizaciones llamadas "iniciáticas"). Estos señuelos no existen en Oriente, simplemente por el hecho de que la Tradición estaba, hasta hace muy poco, viva; mientras lo estaba, esta falta no era de lamentar. Después de su muerte, queda por construir Estados sin señuelos, que suelen ser peores, porque son más lúcidos, que los Estados que disponen de ellos.

Id, pues, como lo exige la pérestrοïka, a persuadir a un pueblo que, basado en un atavismo ortodoxo donde la Pneumatología había enraizado la adhesión de todos a la esencia y no al procedimiento de las cosas, al ser y no al tener, al qué y no al cómo o al por qué, ¡a interesarse por las delicadezas de lo que sucede en el Kremlin! Como dice el teólogo Christos Yannaras, quien recientemente concluyó en el "Finis Greciae", el ethos  "griego" (3) ha consistido sobre todo en la negativa a ver toda la Realidad englobada en su formulación; como dice todavía Dostoievski (ubi supra), al hablar de la fuerza de ideología entre los occidentales (4), "hablan de la fraternidad como una gran fuerza motriz de la humanidad y no entienden que es imposible obtener la fraternidad si no existe en la realidad.... en la naturaleza... de una nación"; pensamos que la "naturaleza de una nación", una frase típica de la angustia de un ruso de la época, significa cultura y, aún más que mera cultura como la suma de actividades artísticas, tradición.

La tragedia de los cristianos orientales es que, completamente inadaptados al mundo moderno no tradicional, e incapaces (hasta hace muy poco) de deshacerse de los restos de su visión esencial de las cosas, se encuentran desarmados y, en última instancia, indiferentes o maleables hasta cierto punto ante lo que hace lo peor de la modernidad. "No amamos lo que está en nosotros, no amamos lo que está dentro de nosotros; al menos no lo valoramos más alto, sin comprender de qué se trata; participamos en los intereses europeos, en los intereses de la humanidad en general, sin pertenecer a ninguna nación..." (F. Dostoievski, ubi supra).

¿Podemos sinceramente, en nombre de un mayor realismo, desearles más no-tradición?
Los pueblos del Oriente Cristiano (frase que tiende a convertirse en una contradicción en sí misma) muestran la crisis del mundo moderno de una manera mucho más cruda y visible que en Occidente.
"Los nuestros, [ rostros cuaresmales insolentes y satisfechos], son simplemente bribones carnívoros y en la mayor parte del tiempo conscientes, pero aquí [en Occidente], están bastante convencidos de que así es como debemos ser". (Dostoievski, ubi supra).

¿Podemos desear menos de esta lucidez a los orientales?

La culpa de estos pueblos era encontrarse dormidos, incapaces de defender la tradición porque, en la medida en que la vivían, no la conocían. Quizás aquellos que se niegan a sí mismos hasta tal punto no tendrán una segunda oportunidad; todavía tienen esta lucidez, que a diferencia de Occidente, saben que las soluciones institucionales a un problema de supervivencia espiritual son señuelos.
Sólo les queda desear, en los difíciles pasos de pérestrοίka para unos, o de la CEE para otros, no repetir (por lo que aún puede valer la pena) la misma falta pero, sin caer en el sentido único del nacionalismo, intentar conocerse mejor a sí mismos.

La meta ahora parece bastante lejana, y aquellos que la alcanzarán primero (si alguien debe llegar aquí), las atrocidades del pasado obligan, pueden no ser los que se podría creer a primera vista.

N.V.

NOTAS:
1) Todavía hoy, en la moneda de este estado, no se representan más que personajes de la antigüedad clásica y héroes de la Revuelta de 1821-29.
Por otra parte, si a partir de 1976 el grito de guerra anticolonialista y patriótico del ex-primer ministro Papandreu era  “Grecia pertenece a los griegos” en 1988 el presidente de la República ha lanzado. “los griegos pertenecen a Grecia", ahora subordinando toda noción de helenismo a los límites y leyes del territorio estatal.
2) Reedición de la traducción de 1908 por J.W. Bienstock , ediciones Entente París 1908.
3) Entre comillas para mostrar que no se trata de un calificativo nacional estático sino del mismo sentido que tiene la palabra en el término inglés “Greek Orthodox”, o árabe “Roum”.
4) El griego moderno ha formado un término psiquiátrico útil: ideolepsia sobre el ejemplo de catalepsia, para describir el estado de las víctimas de ideologías abstractas