viernes, 3 de julio de 2015

Aberrosexualistas contra Mella (Agencia Faro)


Agencia FARO agenciafaro@carlismo.es [FAROagencia
 

 
 
Madrid, 2 julio 2015, la Visitación de Nuestra Señora a su prima Santa Isabel; Santos Proceso y Martiniano, mártires. Ayer miércoles hubo sorpresas (o quizá no tanto) respecto de la campaña aberrosexualista para quitar el nombre de la Plaza de Juan Vázquez de Mella y Fanjul de Madrid y dárselo al sodomita militante Pedro Zerolo, recientemente fallecido. Por la mañana FARO dio la noticia en Twitter y Facebook; más tarde, el Círculo Cultural Juan Vázquez de Mella resumía la situación como sigue:

Change.org elimina petición a favor Plaza Vázquez de Mella de Madrid

Esta mañana difundía la noticia la agencia FARO:
Change.org elimina la petición para conservar nombre de Plaza Vázquez de Mella de #Madrid pero mantiene la contraria @change_es
https://twitter.com/Agencia_FARO/status/616178060631613442

Sin ninguna explicación, Change.org suprimió la página, que estaba en la dirección https://www.change.org/p/ayuntamiento-de-madrid-que-la-plaza-vázquez-de-mella-conserve-su-nombre, donde ahora aparece el mensaje "¡Uy, qué vergüenza! No hemos podido encontrar la página solicitada". Puestos en contacto con el particular que había registrado la petición, podemos confirmar que no recibió queja ni aviso alguno, y que él no la ha retirado.

En cambio la petición contraria, que pide se quite el nombre del Verbo de la Tradición de la plaza madrileña y se le dé al fallecido aberrosexualista Pedro Zerolo, sigue bien visible y promocionada. Fue registrada mucho antes y aparece a nombre de la "Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales" (FELGTB, sic), no de un particular como inicialmente dijeron los medios que la promovieron desde el principio.

Se da la circunstancia de que el director de Change.org en España, Francisco Polo, es aberrosexualista declarado y militante.


La modesta campaña en favor de la conservación del nombre de la plaza madrileña había ido creciendo en popularidad en las redes sociales y empezaba a reflejarse en algunos de los grandes medios de información. En la noche del 30 de junio al 1 de julio, cuando fue suprimida por Change.org, la petición sobrepasaba las setecientas firmas y seguía recibiéndolas.
Quitar a dicha plaza el nombre de Juan Vázquez de Mella (Cangas de Onís, Asturias, 8 de junio de 1861 - Madrid, 26 de febrero de 1928; periodista, filósofo, orador, diputado tradicionalista), una figura hasta hace poco universalmente respetada y uno de los más importantes pensadores de todo el mundo hispánico (donde sigue teniendo dedicados calles, plazas, colegios y asociaciones en múltiples lugares) para dárselo a Pedro González Zerolo, muerto a los 54 años sin más méritos conocidos que su pertenencia al PSOE (tras un breve paso por el progresismo "cristiano" y un coqueteo con el PP) y su militancia contra natura, en pro de la normalización y promoción de la sodomía, sería un despropósito extraordinario y un motivo para hacer de la capital de España el hazmerreír del mundo. Así, sin embargo, lo pretenden el lobby aberrosexualista, secundado por el Partido Socialista y por Ahora Madrid (etiqueta municipal de Podemos), parece que con la bendición del PP, de Ciudadanos y de otras instancias.

Tal vez acertaba el también tristemente célebre José Luis Rodríguez Zapatero cuando el martes llamaba a Zerolo "santo laico de la democracia". Canonización en la que no faltan las complicidades eclesiásticas. Y es que, como escribía
Juan Manuel de Prada en un tremendo artículo publicado en ABC el sábado 27 de junio, "Estos hipócritas que ahora se rasgan las vestiduras, denunciando que Twitter es una cochiquera, ponen --como diría Vázquez de Mella-- 'tronos a las causas y cadalsos a las consecuencias'. Con razón a Vázquez de Mella lo quieren desalojar de una plaza, para meter en ella a un señor con 'orgasmos democráticos'; pues es natural que cada época honre a los hombres que están a su altura".

No sin cierto sentido del humor, otro particular ha registrado en Change.org la siguiente petición, dirigida a la propia web: "
Que se pueda continuar firmando la petición de que la plaza Vázquez de Mella conserve su nombre". A ver cuánto dura sin que el Sr. Francisco Polo la elimine.

Twitter y el orgasmo democrático (Juan Manuel de Prada)

TWITTER Y EL ORGASMO DEMOCRÁTICO

JUAN MANUEL DE PRADA

LLEVO veinte años escuchando repugnantes chistes macabros sobre Irene Villa o sobre las niñas de Alcàsser; pero ahora resulta que un alguacil barbudo ha repetido uno en Twitter y se ha convertido para la hipocresía rampante en el enemigo número uno de la democracia. Estos hipócritas que ahora se rasgan las vestiduras, denunciando que Twitter es una cochiquera, ponen –como diría Vázquez de Mella– «tronos a las causas y cadalsos a las consecuencias». Con razón a Vázquez de Mella lo quieren desalojar de una plaza, para meter en ella a un señor con «orgasmos democráticos»; pues es natural que cada época honre a los hombres que están a su altura.
 
Como otros vomitorios de interné, Twitter fue creado para que las masas alienadas, ordeñadas y destruidas espiritualmente siguieran manteniendo el espejismo de libertad con el que en su día se les engolosinó. Masas que, viendo que esa libertad no les sirve para nada, sino para brincar de cama en cama y votar a unos tipos que luego pasan de sus anhelos como de comer mierda, necesitan un sitio donde desahogar sus berrinches. De modo que el sistema les brindó los vomitorios de interné, como quien mete una garrafa de aguardiente en una jaula de monos, para que las masas alienadas, ordeñadas y destruidas espiritualmente hicieran lo único que, para entonces, sabían hacer; que es lo único que pueden hacer, porque antes se han abrazado todos los materialismos entristecedores. Como nos enseñase Jardiel Poncela: «No saben a qué achacar su mal sabor de boca y se revuelven contra esto y contra aquello, sedientos de venganza y convencidos de que debe de haber alguien o algo culpable de que ellos no se encuentren a gusto. Esta indignación es un goce, porque para un miserable siempre es un placer el poder injuriar. Y la Humanidad recurre a esa indignación para hacerse la vida soportable». Decimos que las masas alienadas no pueden hacer otra cosa, porque antes renunciaron a la libertad para buscar la verdad propia de los hombres y abrazaron la libertad degradada propia de los monos; libertad que, como señalaba perspicazmente Leonardo Castellani, «vino a servir maravillosamente a las fuerzas económicas, y al poder del Dinero y de la Usura, que andaban con la obsesión de que los dejasen en paz». Twitter fue creado para que esas masas sin consuelo dejasen en paz al poder del Dinero y de la Usura, entretenidas en revolcarse en sus propias deyecciones.
 
Pero el sistema que creó Twitter debería ser comprensivo con los excesos diarreicos de sus usuarios. A fin de cuentas, la libertad que vendió a las masas alienadas es la «libertad del querer, que Hegel definía magistralmente como «determinación en sí y por sí», el puro autodeterminarse, el obrar desligado de un juicio ético. O sea, lo que los teólogos antañones denominaban «libertad luciferina» y en ciencia política se designa como «libertad negativa» (capacidad de obrar sin oposición), que en último término impide crear ningún orden, ni siquiera el fundado sobre la justicia. Por supuesto, esto no es libertad, sino servidumbre, pues elimina la posibilidad de elegir entre el bien y el mal: es la libertad que deja de ser un medio para convertirse en un fin en sí misma; la libertad, en fin, propia de los monos.
 
Naturalmente, esta «libertad del querer», este gran «orgasmo democrático», conduce tarde o temprano a la anarquía absoluta. Pero, mientras llega la anarquía absoluta, el poder del Dinero y de la Usura puede dedicarse tan ricamente a ordeñar a los monos. Y tampoco hay que enfadarse demasiado si los monos se ponen a decir burradas en Twitter, que también necesitan desahogarse, los pobrecitos.

martes, 26 de mayo de 2015

Jean Klein- La Tradición






Jean Klein fue un maestro espiritual y filósofo del Advaita Vedanta,nació en Brno (Checoslovaquia) en 1916 y falleció en 1998 en Santa Barbara, California, pasó su infancia en Brno, Praga y Viena. Provenía de un ambiente culto y varios miembros de su familia eran buenos músicos. El mismo comenzó a aprender el violín a la edad de siete años y ha sido un violinista talentoso toda su vida. Estudió música y medicina en Viena y Berlín , ejerció la medicina.


https://sites.google.com/site/tradicionrc/vedanta-advaita/jean-klein


 

viernes, 22 de mayo de 2015

Orar

Orar

 
 

El grupo islámico radical, acaba de tomar Quaragosh, la ciudad cristiana más grande de Irak.
Hay cientos de hombres, mujeres y niños cristianos que están siendo decapitados.
Se está pidiendo cubierta de oración desde ese país.
Por favor toma un minuto y ora por ellos.
Pasa el mensaje a todos tus contactos, que no se corte la cadena.
Nos han pedido oración.

miércoles, 6 de mayo de 2015

Dinero, demogresca y otros podemonios (Juan Manuel de Prada)

Dinero, demogresca y otros podemonios. Juan Manuel de Prada, por la Tradición


Madrid, abril 2015. A fines del pasado mes de marzo se puso a la venta el nuevo libro del consagrado escritor Juan Manuel de Prada, Dinero, demogresca y otros podemonios (Ediciones Temas de Hoy, 2015). Mientras continúa el éxito de su novela Morir bajo tu cielo (Espasa, 2014), en su nuevo libro, como dice su contraportada, el autor «arremete contra los nuevos tiranos que proclaman la ruptura con la tradición como liberación para el ser humano, convirtiendo a los pueblos en masas invertebradas y fácilmente manipulables. Amputados de sus raíces espirituales y entretenidos en goces plebeyos y egoístas, los pueblos se entregan a una demogresca destructiva que la partitocracia favorece para hacer más fuere su alianza con el poder plutocrático».

Por esta vez FARO no va a extenderse en su reseña. Vamos a optar, en cambio, por reproducir el prólogo de la obra, en que Juan Manuel de Prada nos deja las cosas bien claras:

Los romanos completaban la compraventa de una casa mediante el acto de la traditio, por el cual el vendedor entregaba al comprador la llave que le franqueaba la entrada a su nueva propiedad. Y a esa entrega de una llave de unas generaciones a otras —una llave que, encajada en la cerradura del mundo, nos revela su misterio—, es a lo que llamamos tradición. Todos los tiranos que en el mundo han sido, para imponer sus designios, han tratado de destruir los lazos de la tradición, pues saben que las personas desvinculadas se convierten en carne de ingeniería social; de ahí que siempre hayan combatido los vínculos vivos que mantienen a los hombres unidos en su origen y orientados hacia su fin, empezando por los lazos familiares, siguiendo por los políticos y terminando por los religiosos.

Nuestra época ha logrado disminuir las causas del hambre, de la enfermedad y el dolor físico; pero hay otro tipo de dolor, el más propio y exclusivo del hombre, que nace de la soledad espiritual, de la desesperación, de la falta de sentido de la propia existencia, que no sólo no se ha reducido, sino que se ha incrementado de forma alarmante. Y este dolor nace de la falta de lazos, de esa conciencia de desarraigo que vacía la vida de sentido humano, de objetivos y de esperanza. La tradición alberga al hombre en el tiempo, como su casa lo alberga en el espacio, y le otorga su bien más preciado: un sentido hondo de pertenencia que le permite no extraviar su vida en la incoherencia y el hastío, la incertidumbre y la dispersión.

Los nuevos tiranos nos venden la ruptura con la tradición como una suerte de liberación mesiánica. Absolutizando el presente, los hombres llegan a creerse dioses; y olvidan que las ideas nuevas que les rondan la cabeza (que, por supuesto, son ideas inducidas por el tirano de turno, que ha modelado a placer sus conciencias) son repetición de los viejos errores de antaño, esos errores que sólo a la luz de la tradición se delatan. Porque la tradición nos conecta con un depósito de sabiduría acumulada que sirve para explicar el mundo, que ofrece soluciones a los problemas en apariencia irresolubles que el mundo nos propone; problemas que otros confrontaron y dilucidaron antes que nosotros. Y cuando los vínculos con ese depósito de sabiduría acumulada son destruidos, cualquier intento de comprender el mundo se hace añicos.

Es verdad que los hombres han deseado siempre cambiar: pero los hombres con tradición desean ese cambio para acercarse a aquello que no cambia; los que carecen de tradición, en cambio, quieren cambiar para adaptarse a lo que de continuo cambia, y no hacen sino perecer en su torbellino. Alexis de Tocqueville, en La democracia en América, imaginaba una sociedad futura en la que una multitud innumerable de personas sin vínculos, que viven «como extraño el destino de los demás» llenaba su alma «con placeres ruines y vulgares»; y calculaba que sobre esa sociedad de hombres sin tradición no tardaría en emerger un «poder inmenso y tutelar», de apariencia benigna, incluso paternal, que se preocuparía de «asegurar los goces» de esa multitud, porque asegurándoselos se aseguraría también su dependencia, una idiotizada sumisión que los fijase irrevocablemente en la infancia. Y así —proseguía Tocqueville—, facilitando sus placeres plebeyos, consiguiendo que la multitud esté entretenida y gozosa, ese tirano podrá tomar entre sus manos a cada individuo y modelarlo a su antojo, mediante «un enjambre de leyes complicadas, minuciosas y uniformes» que no destruyen su voluntad al modo violento de los tiranos antañones, sino que la ablandan, la someten y dirigen, la debilitan y reducen a voluntad gregaria, que luego el tirano puede pastorear a su antojo. Aquella estremecedora visión profética de Tocqueville se ha hecho realidad en nuestro tiempo, que bajo máscara democrática ha logrado la más pavorosa amalgama de poder, haciendo de los pueblos masa de hombres desvinculados, cretinizados con la golosina de la libertad que el tirano les brinda (por supuesto, siempre libertad negativa, libertad que se alza como una empalizada contra la comunidad de los hombres, para facilitar su aislamiento), enfangados en sus pasatiempos abyectos, orgullosos de poder afirmar su derecho a la vulgaridad, encantados de retozar en la cochiquera de las redes sociales, que ya son la única vivienda donde pueden alojar su vida desalmada.

Convertirse en aquel rebaño de pesadilla prefigurado por Tocqueville es el destino natural de los pueblos sin tradición. Pero no pensemos que ese «poder inmenso y tutelar» se conforma con convertir a los pueblos en multitud de gentes colectáneas y animalizadas; su benevolencia taimada es la misma que la del Gran Inquisidor de Dostoievski, que mantiene a sus siervos en un estado de felicidad infantil a cambio de ordeñarlos a conciencia, como hacen las hormigas con los pulgones. El destino inevitable de los pueblos que se dejan arrebatar sus bienes espirituales es el expolio indiscriminado de sus bienes materiales: una vez que el tirano consigue convertir a los seres humanos en mónadas narcisistas que reniegan de los compromisos fuertes, para entregarse a sus apetitos y caprichos, resulta mucho más sencillo someterlos a exacciones y arrebatarles el futuro, en el que ya han dejado de creer. La corrupción endémica que galopa a lomos de la partitocracia, como los abusos del capitalismo financiero, no serían concebibles si previamente no se hubiese convertido a los pueblos en un hervidero de pulgones a los que se halaga con conexión wifi y derechos de bragueta, para que se crean libres y soberanos y puedan soltar exabruptos en Twitter, mientras se les deshumaniza y ordeña a conciencia, una vez agrupados en los negociados de izquierdas y derechas, que son los rediles que el tirano ha dispuesto para que su cautiverio resulte menos oprobioso (pues así, mientras los ordeña, los pulgones pueden entretenerse en la demogresca, increpando a los pulgones del redil contiguo).

Desgraciadamente, los pueblos sin tradición ni siquiera pueden rebelarse contra ese poder que ha moldeado sus conciencias, pues su angosta y distorsionada visión del mundo es la que el poder les ha inculcado, y afuera hace mucho frío. Y si en algún caso ese pueblo sin tradición, medroso y debilitado por los placebos y morfinas que el poder le suministra, llega a descubrir que está siendo pisoteado, su rebelión será apenas un vómito estéril de odio, un grito emberrinchado e injurioso, un ansia desnortada de revanchismo y revolución, porque para entonces su alma hecha trizas y deshabitada de Dios ya habrá sido conquistada por todos los materialismos envilecedores que han constituido su habitual dieta. Y, a la vez que se rebelan contra el tirano que los ha convertido en un gurruño infrahumano, los pueblos sin tradición le solicitan que les siga suministrando la ración de veneno que, en época de vacas flacas, les racanea. Y ante su queja, el tirano podrá incluso doblarles la ración, benevolente y enternecido; pues en esos chiquilines emberrinchados (¡podemonios!) no verá sino criaturitas adictas a la dulce ponzoña de placeres plebeyos que él suministra.

Desvelar las diversas estrategias que este tirano vislumbrado por Tocqueville emplea para confiscar nuestras almas (apareciendo, incluso, como nuestro mesías salvador, en medio de la crisis que él mismo ha provocado) es lo que nos hemos propuesto en este libro que tienes entre tus manos, querido lector. Muchas de las tesis que en él se defienden las hemos ido desarrollando durante los últimos años en el diario ABC y en la revista XL Semanal, a cuyos responsables hemos de agradecer que siempre nos hayan dejado expresarnos sin bozo ni rebozo, a despecho de quienes les calentaban las orejas, solicitando nuestro ostracismo. A medida que hemos profundizado en las entretelas de ese «poder tutelar e inmenso» que se adueña de los pueblos sin tradición hemos ido tropezándonos con mayores animadversiones e intentos de tergiversar nuestro pensamiento, procedentes por igual de los negociados de derecha e izquierda; y es natural que así sea, pues tales animadversiones y tergiversaciones las dicta ese rechazo instintivo —muy sagazmente detectado por Leonardo Castellani— que quienes viven en tiempo presente (¡y disfrutan de las ventajas y sobornos del tiempo presente!) sienten hacia el profeta que vive en tiempo futuro, al que desean empujar hacia la soledad, silenciar y finalmente matar, siquiera civilmente. Siendo sinceros, este designio lo han ido cumpliendo implacablemente durante todos estos años: negar que estamos cada vez más arrinconados sería tanto como vivir en un mundo de fantasía.

Siendo también sinceros, hemos de reconocer que nos lo hemos ganado a pulso. Pero, aunque desde la soledad y el desprestigio las dentelladas de los chacales hieren mucho más, mientras tengamos voz no hemos de callar, «por más que con el dedo, / ya tocando la boca, o ya la frente, / silencio avises o amenaces miedo». Y, además, siempre habrá alguien como tú, querido lector, dispuesto a abandonar el redil y acompañarnos en el destierro. Mil gracias por tu sacrificio y tu lealtad.

Madrid, enero de 2015

  • Prada, Juan Manuel de, Dinero, demogresca y otros podemonios. Ediciones Temas de Hoy, Madrid 2015. ISBN 9788499984780. Rústica con solapas, 15 x 23 cm. 272 páginas.