A LA LUZ DE UNA CANDELA
JOSÉ JIMÉNEZ LOZANO -PREMIO CERVANTES
(Diario de Ávila 20 marzo 2011)
Necrófilos negocios
Los hombres se han visto obligados ha convivir desde siempre con accidentes especialmente terribles y catastróficos que se originan en la naturaleza misma, y esto desde terremotos a inundaciones, y siempre han querido librarse de ellos naturalmente, pero nunca se han extrañado de que existiesen.
El hombre antiguo miraba con temor la Naturaleza, sabiendo que su desmande, por así decirlo, podía suceder en cualquier momento y dar lugar a un desastre. Y todavía vemos a veces señales en los edificios públicos antiguos, que nos indican que hasta allí llegó una inundación en un determinado momento; o que ocurrió un alud de tierra o nieve o piedras, o que alguien había muerto al caerse inesperadamente una pared o fulminado por un rayo. Esto es, que el hombre antiguo, y hasta el de ayer por la mañana mismo, se sabía un ser muy frágil y no le molestaba que unas señales le recordasen esa condición, no le perturbaba para nada su alegría. Pero ahora no es éste el caso, y, sin embargo, es casi con la tanatofilia del barroco -pesadumbre que era un amargor perverso porque llegaba a amarse- con la que se nos hace convivir.
En el diario y siniestro obituario que se nos sirve, pongamos por caso, en los media y en la televisión especialmente, los muertos son casi siempre por manos violentas o a causa de desastres naturales; pero todo eso parece que se hace como para ponernos un escalofrío en la espalda y suscitar una emoción, aunque solo para compensarnos enseguida con las noticias deportivas y, desde luego, con los anuncios de objetos deseables o inexcusable signo de nivel y calidad de vida. Es la muerte-espectáculo, y la venta asegurada de algo.
No son el miedo y la melancolía que se sintió en la última Edad Media, o el miedo del barroco, que concluyó con vestir de negro a toda Europa, pero también en quedar ahógado en un gran espectáculo. Ahora todo sucede como si se quisiera reconciliarnos con lo horrible y acostumbrarnos a la muerte, y especialmente a la muerte con violencia, y violencia que se diseña para nosotros por encima de nuestras cabezas y resulta mucho más irracional, imprevisible y convulsiva que la de la guerra.
Leyes psicológicas invocadas ya por Sade, uno de cuyos personajes,un Príncipe, afirma que el gobiernode las gentes exige que experimenteno tengan cerca un infierno en este mundo para que se dejen gobernar fácilmente, o leyes muy parecidas al as de Pavlov son manejadas hasta por la propaganda comercial, y no solo por la política. Y esto desde los tiempos más inocentes de la publicidad que sabía, pongamos por caso, que los anuncios de los productos más caros y atrayentes, como los coches, debían estar al lado o frente por frente de las esquelas mortuorias, porque el lector lanzaba entonces como un suspiro de alivio notándose en verdad vivo.
Somos así y, por esa razón se puede jugar con nosotros hasta con la muerte. Nos parece que la conjuramos comprando.
miércoles, 23 de marzo de 2011
martes, 8 de marzo de 2011
Civilidad y barbarie (José Jiménez Lozano, Diario de Ávila 6-3-2001)
A LUZ DE UNA CANDELA JOSÉ JIMÉNEZ LOZANO
Civilidad y barbarie
(Diario de Ávila 6 marzo 2011)
Contaba Unamuno que un alcalde que hubo en Béjar (Salamanca) se dormía con frecuencia en las sesiones municipales, pero si oía una voz más alta que otra, o al caer un silencio en el salón, se despertaba, alarmado, y preguntaba: «¿A quién tengo que sacudir?». Y esto era, sin duda, porque tenía una concepción de la autoridad un tanto unidimensional; esto es, que tener autoridad o mostrarla es asunto únicamente de medidas contundentes para enderezar algún entuerto. Al fin y al cabo, el mismo concepto de las cosas que tenía el conde de San Luis que, refiriéndose a la paz y la tranquilidad públicas, dijo en una ocasión que tranquilidad venía de tranca.
Y su algo de razón tenían estos señores, porque la tranquilidad pública a veces solo se mantiene por miedo a la tranca. Son así las cosas, y así serán. Desde luego, puede imaginarse un mundo perfectamente civilizado en el que los ciudadanos, también perfectamente educados, se comporten muy civilizadamente, y no haya necesidad alguna de ninguna tranca. Hace unos 150 años, parecía que iban por ahí las cosas. Las autoridades municipales, por ejemplo, ya no necesitaban aludir en sus bandos públicos a que se prohibía tirar aguas por los balcones, amontonar los desechos de la cocina a la puerta de la casa, o levantar basureros a la entrada de los pueblos, o comer y beber en la calle, y cosas por el estilo. Exactamente como los manuales de urbanidad en la mesa ya no advertían que no se debía eructar después de la comida, echar los huesos debajo de la mesa, o escupir, como tenían que advertirlo los manuales de buenas maneras de otros tiempos.
Pero las conquistas de la civilización son siempre frágiles, y, una vez que se pasan por alto,
se deteriora todo rapidísimamente; porque la cabra tira al monte, y nosotros al neandertal, o más atrás aún, al mono, que ahora tiene mucho prestigio cultural. Y se habla porque se supone también que lo que nos gusta es hozar en la basura. Así que, a este respecto, hay toda una exitosa industria cultural en toda clase de soportes, desde el libro al celuloide, que cultiva estas «sinceridades» y «autenticidades».
Y claro está que también los hombres del poder o de la revolución supieron siempre que, si los hombres se comportan como ganado, lo que quieren son zanahorias, y ni siquiera hay que sacar la tranca.
Pero, pese a todo, se consiguió un cierto asentamiento de las templadas y civilizadas costumbres;aunque también hubo luego otros vendavales, y no hay más que abrir los ojos para ver que estamos en uno de ellos. El simple saludo a un desconocido,compañero de viaje, no solo no es contestado, sino que su rostro se tensa como si lo hubiéramos insultado, o fuéramos dementes; y las contestaciones que pueden dársenos a la pregunta más inocente son a la vez de una altanería y una burrez bastante elaboradas. ¡Quésé yo qué será de este de la civilidad en la España!
Civilidad y barbarie
(Diario de Ávila 6 marzo 2011)
Contaba Unamuno que un alcalde que hubo en Béjar (Salamanca) se dormía con frecuencia en las sesiones municipales, pero si oía una voz más alta que otra, o al caer un silencio en el salón, se despertaba, alarmado, y preguntaba: «¿A quién tengo que sacudir?». Y esto era, sin duda, porque tenía una concepción de la autoridad un tanto unidimensional; esto es, que tener autoridad o mostrarla es asunto únicamente de medidas contundentes para enderezar algún entuerto. Al fin y al cabo, el mismo concepto de las cosas que tenía el conde de San Luis que, refiriéndose a la paz y la tranquilidad públicas, dijo en una ocasión que tranquilidad venía de tranca.
Y su algo de razón tenían estos señores, porque la tranquilidad pública a veces solo se mantiene por miedo a la tranca. Son así las cosas, y así serán. Desde luego, puede imaginarse un mundo perfectamente civilizado en el que los ciudadanos, también perfectamente educados, se comporten muy civilizadamente, y no haya necesidad alguna de ninguna tranca. Hace unos 150 años, parecía que iban por ahí las cosas. Las autoridades municipales, por ejemplo, ya no necesitaban aludir en sus bandos públicos a que se prohibía tirar aguas por los balcones, amontonar los desechos de la cocina a la puerta de la casa, o levantar basureros a la entrada de los pueblos, o comer y beber en la calle, y cosas por el estilo. Exactamente como los manuales de urbanidad en la mesa ya no advertían que no se debía eructar después de la comida, echar los huesos debajo de la mesa, o escupir, como tenían que advertirlo los manuales de buenas maneras de otros tiempos.
Pero las conquistas de la civilización son siempre frágiles, y, una vez que se pasan por alto,
se deteriora todo rapidísimamente; porque la cabra tira al monte, y nosotros al neandertal, o más atrás aún, al mono, que ahora tiene mucho prestigio cultural. Y se habla porque se supone también que lo que nos gusta es hozar en la basura. Así que, a este respecto, hay toda una exitosa industria cultural en toda clase de soportes, desde el libro al celuloide, que cultiva estas «sinceridades» y «autenticidades».
Y claro está que también los hombres del poder o de la revolución supieron siempre que, si los hombres se comportan como ganado, lo que quieren son zanahorias, y ni siquiera hay que sacar la tranca.
Pero, pese a todo, se consiguió un cierto asentamiento de las templadas y civilizadas costumbres;aunque también hubo luego otros vendavales, y no hay más que abrir los ojos para ver que estamos en uno de ellos. El simple saludo a un desconocido,compañero de viaje, no solo no es contestado, sino que su rostro se tensa como si lo hubiéramos insultado, o fuéramos dementes; y las contestaciones que pueden dársenos a la pregunta más inocente son a la vez de una altanería y una burrez bastante elaboradas. ¡Quésé yo qué será de este de la civilidad en la España!
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José Jimenez Lozano
martes, 22 de febrero de 2011
Los famosos diez justos (José Jiménez Lozano, Diario de Ávila 20-2-2011)
JOSE JIMÉNEZ LOZANO
A LA LUZ DE UNA CANDELA
(Diario de Ávila 20-2-2011)
Los famosos diez justos
Quizás nunca han pesado las desgracias del mundo sobre nuestros hombros como en estos momentos en que nos llega su noticia casi en tiempo real, y es ciertamente desolador tener que reaccionar certificando puramente nuestra impotencia; y quizás por eso se nos dispara nuestra solidaridad. Pero la solidaridad no es cosa fácil ni sencilla. En absoluto.
Conocí a un gobernador civil de la dictadura que, a punto de ser desbordado en su despacho por la intensidad de una manifestación a favor de la integración en España de Gibraltar -manifestación organizada naturalmente como siempre ocurre con estas cosas, antes de entonces y después de entonces-, tuvo una ocurrencia magnífica que le evitó tener que emplear la fuerza que nunca se sabe con qué consecuencias se hace. Ordenó instalar, en el amplísimo portalón del Gobierno Civil, cuatro mesas provistas de papel y correspondiente recado de escribir, y atendidas por burócratas muy receptivos; y, dirigiéndose a aquella masa vociferante, dijo que, en vista del fervor con que se reclamaba Gibraltar había dispuesto en los bajos del edificio una oficina de alistamiento, voluntario y provisional, por la que podían desfilar en perfecto orden para dar sus nombres. Y fue como mano de santo, porque el frenesí de la multitud amainó de inmediato y más tarde pudo comprobarse que no llegó ala treintena el número de los que desahogaron su fervor con el alistamiento. De modo que la solidaridad con la soberanía española sobre Gibraltar se vino abajo en cuanto tuvo que encarnarse en algo verdaderamente serio o que tenía todos los visos de ser la hora de la verdad.
Porque solidarios somos, de otro modo, de todo lo que nos echen encima porque no nos cuesta un duro y menos poner la piel en ello. Es pura retórica o hasta mero engaño, y, desde luego, un buen tranquilizador de conciencias. Pero el concepto jurídico de solidaridad o responsabilidad in solidum o responsabilidad solidaria quería decir que de una deuda, por ejemplo, no solo era responsable el deudor sino también los que con él eran solidaríos; y, desde el punto de vista moral, las cosas son de manera similar pero mucho más radicales. La solidaridad es algo mucho más serio quedecir «contigo pan y cebolla»; en realidad consiste en ponernos a pan y cebolla con aquel del que nos sentimos solidarios; de modo que no cabe duda de que ser solidario de una desgracia o de una causa justa es no solamente algo moralmente muy elevado, que nos hace olvidarnos de nosotros mismos, sino con frecuencia una pura obligación moral, que no acaba y ni siquiera comienza con la afirmación de que somos solidarios, pongamos por caso con un torturado, sino que implica que hacemos todo lo posible para lograr impedir tal barbarie. O, mejor, nos callamos.
Diez seres humanos verdaderamente solidarios constituyen un verdadero dique contra el mal, hoy exactamente como ayer; pero no es tan fácil encontrarse entre ellos.
A LA LUZ DE UNA CANDELA
(Diario de Ávila 20-2-2011)
Los famosos diez justos
Quizás nunca han pesado las desgracias del mundo sobre nuestros hombros como en estos momentos en que nos llega su noticia casi en tiempo real, y es ciertamente desolador tener que reaccionar certificando puramente nuestra impotencia; y quizás por eso se nos dispara nuestra solidaridad. Pero la solidaridad no es cosa fácil ni sencilla. En absoluto.
Conocí a un gobernador civil de la dictadura que, a punto de ser desbordado en su despacho por la intensidad de una manifestación a favor de la integración en España de Gibraltar -manifestación organizada naturalmente como siempre ocurre con estas cosas, antes de entonces y después de entonces-, tuvo una ocurrencia magnífica que le evitó tener que emplear la fuerza que nunca se sabe con qué consecuencias se hace. Ordenó instalar, en el amplísimo portalón del Gobierno Civil, cuatro mesas provistas de papel y correspondiente recado de escribir, y atendidas por burócratas muy receptivos; y, dirigiéndose a aquella masa vociferante, dijo que, en vista del fervor con que se reclamaba Gibraltar había dispuesto en los bajos del edificio una oficina de alistamiento, voluntario y provisional, por la que podían desfilar en perfecto orden para dar sus nombres. Y fue como mano de santo, porque el frenesí de la multitud amainó de inmediato y más tarde pudo comprobarse que no llegó ala treintena el número de los que desahogaron su fervor con el alistamiento. De modo que la solidaridad con la soberanía española sobre Gibraltar se vino abajo en cuanto tuvo que encarnarse en algo verdaderamente serio o que tenía todos los visos de ser la hora de la verdad.
Porque solidarios somos, de otro modo, de todo lo que nos echen encima porque no nos cuesta un duro y menos poner la piel en ello. Es pura retórica o hasta mero engaño, y, desde luego, un buen tranquilizador de conciencias. Pero el concepto jurídico de solidaridad o responsabilidad in solidum o responsabilidad solidaria quería decir que de una deuda, por ejemplo, no solo era responsable el deudor sino también los que con él eran solidaríos; y, desde el punto de vista moral, las cosas son de manera similar pero mucho más radicales. La solidaridad es algo mucho más serio quedecir «contigo pan y cebolla»; en realidad consiste en ponernos a pan y cebolla con aquel del que nos sentimos solidarios; de modo que no cabe duda de que ser solidario de una desgracia o de una causa justa es no solamente algo moralmente muy elevado, que nos hace olvidarnos de nosotros mismos, sino con frecuencia una pura obligación moral, que no acaba y ni siquiera comienza con la afirmación de que somos solidarios, pongamos por caso con un torturado, sino que implica que hacemos todo lo posible para lograr impedir tal barbarie. O, mejor, nos callamos.
Diez seres humanos verdaderamente solidarios constituyen un verdadero dique contra el mal, hoy exactamente como ayer; pero no es tan fácil encontrarse entre ellos.
jueves, 10 de febrero de 2011
Los viejos arbitristas (José Jiménez Lozano, Diario de Ávila 6-2-2011)
A LA LUZ DE UNA CANDELA
José Jimenez Lozano, Premio Cervantes
(Diario de Ávila 6 febrero 2011)
LOS VIEJOS ARBITRISTAS
Durante un amplio período de nuestros tiempos barrocos, los españoles que no se habían colocado en una de las tres empresas en que un español podía colocarse, Iglesia, Mar o Casa Real, eran abogados, hidalgos, mendigos o arbitristas. Y los señores de estas profesiones o estamentos se estaban de ordinario día tras día, mano sobre mano, a la solana y bajo los soportales, o en tertulias en torno a la lumbre o al brasero, lugares todos en los que proponían fervientemente su propia solución o arbitrio para el eterno malgobierno del país.
Algunos sujetos eminentes en estas artes escribieron libros acerca de esos asuntos, arbitrando la política del dinero o la de los mendigos, la política militar o eclesiástica, y haciendo girar la historia universal, desde Noé en adelante, en apoyo de sus sueños, por los que estaban dispuestos a poner el propio honor en su verdad y a defenderlo con la espada. Como ocurría a veces con las tesis académicas, por ejemplo entre sumulistas y antisumulistas, y desde luego para defender el propio a cuenta de las mujeres y a veces con resultado de muerte.
No importaba para nada que Platón, Hobbes, Spinoza o Maquiavelo hubieran pensado sobre los asuntos de la cosa pública, porque los arbitristas nunca necesitaron estudios ni pensares para nada; estaba el sueño. Los había, en aquella España, quienes pensaban que, para los cuatro días que se vivían, el diseño político debía ser que el Rey corriera con los gastos de cada cual, haciendo monedas del oro que se traía de las Indias y repartiéndolas equitativamente. Otros proponían la elimina ción de los cítricos y las verduras, que no eran cosa de gran sustentación y debilitaban la naturaleza de la raza; y todavía otros decían que el cilantro o culantrillo, que se echaba en el cocido como la menta o hierbabuena, volvía delirantes a los pobres españoles, porque no explicaban de otro modo los tan repetidos brotes de insania individual y colectiva en la Península. Mientras que los más precavidos aconsejaban no hacer nada, al menos hasta comprobar cómo evolucionaba la situación por sí sola, como los prudentes médicos de la época confiaban en que la naturaleza obraría por sí misma.
La mayoría pensaba lo mismo, porque estaba segura de que la política no era un ámbito en el que se pudiera respirar una sola verdad mucho tiempo, no solo por la naturaleza misma de aquélla, sino también porque los gobernados no querían nada con la verdad, sino con recetas y delirios. Y había un verso de Góngora en el que se calificaba a España diciendo: «Mentiras, arbitreras, abogados», y otro que aludía a los altos e inútiles cargos de Corte: «ilustre cavaglier, llaves doradas».Pero España misma era un planeta, según decían los poetas aúlicos,y había, además, la sopa boba y la ronda nocturna de«Pan y huevo»; y entonces, ¿de qué podrían quejarse
los españoles?
Sueños, y juegos de espejos y de nadas, prosiguen.
José Jimenez Lozano, Premio Cervantes
(Diario de Ávila 6 febrero 2011)
LOS VIEJOS ARBITRISTAS
Durante un amplio período de nuestros tiempos barrocos, los españoles que no se habían colocado en una de las tres empresas en que un español podía colocarse, Iglesia, Mar o Casa Real, eran abogados, hidalgos, mendigos o arbitristas. Y los señores de estas profesiones o estamentos se estaban de ordinario día tras día, mano sobre mano, a la solana y bajo los soportales, o en tertulias en torno a la lumbre o al brasero, lugares todos en los que proponían fervientemente su propia solución o arbitrio para el eterno malgobierno del país.
Algunos sujetos eminentes en estas artes escribieron libros acerca de esos asuntos, arbitrando la política del dinero o la de los mendigos, la política militar o eclesiástica, y haciendo girar la historia universal, desde Noé en adelante, en apoyo de sus sueños, por los que estaban dispuestos a poner el propio honor en su verdad y a defenderlo con la espada. Como ocurría a veces con las tesis académicas, por ejemplo entre sumulistas y antisumulistas, y desde luego para defender el propio a cuenta de las mujeres y a veces con resultado de muerte.
No importaba para nada que Platón, Hobbes, Spinoza o Maquiavelo hubieran pensado sobre los asuntos de la cosa pública, porque los arbitristas nunca necesitaron estudios ni pensares para nada; estaba el sueño. Los había, en aquella España, quienes pensaban que, para los cuatro días que se vivían, el diseño político debía ser que el Rey corriera con los gastos de cada cual, haciendo monedas del oro que se traía de las Indias y repartiéndolas equitativamente. Otros proponían la elimina ción de los cítricos y las verduras, que no eran cosa de gran sustentación y debilitaban la naturaleza de la raza; y todavía otros decían que el cilantro o culantrillo, que se echaba en el cocido como la menta o hierbabuena, volvía delirantes a los pobres españoles, porque no explicaban de otro modo los tan repetidos brotes de insania individual y colectiva en la Península. Mientras que los más precavidos aconsejaban no hacer nada, al menos hasta comprobar cómo evolucionaba la situación por sí sola, como los prudentes médicos de la época confiaban en que la naturaleza obraría por sí misma.
La mayoría pensaba lo mismo, porque estaba segura de que la política no era un ámbito en el que se pudiera respirar una sola verdad mucho tiempo, no solo por la naturaleza misma de aquélla, sino también porque los gobernados no querían nada con la verdad, sino con recetas y delirios. Y había un verso de Góngora en el que se calificaba a España diciendo: «Mentiras, arbitreras, abogados», y otro que aludía a los altos e inútiles cargos de Corte: «ilustre cavaglier, llaves doradas».Pero España misma era un planeta, según decían los poetas aúlicos,y había, además, la sopa boba y la ronda nocturna de«Pan y huevo»; y entonces, ¿de qué podrían quejarse
los españoles?
Sueños, y juegos de espejos y de nadas, prosiguen.
martes, 1 de febrero de 2011
¿ Quien no ha sido alguna vez heterodoxo? (José Belmonte Díaz, Diario de Ávila 30-102011)
OPINIÓN
DIARIO DE ÁVILA
DOMINGO 30 DE ENERO DE 2011
¿Quién no ha sido alguna vez heterodoxo?
(Ávila en la memoria,
José Belmonte Díaz)
El pasado verano acompañé con Adolfo Yáñez de inimaginable guía, a la profesora y pedagoga pa
lentina María Pescador Grajal, en una ruta inolvidable. Destino: Arenas de San Pedro, capital de la Andalucía de Ávila. María desconocía la belleza de las tierras de Ávila. Adolfo fue nuestro anfitrión. Es capaz de improvisar y llenar los oídos de músicas celestiales con su verbo fácil y trenzado de bellas e insospechadas florituras. Es un gran conversador, y capaz hasta de improvisar una conferencia -ya ha sucedido- cuando el conferenciante se ha visto impedido de acudir a la cita.
Bajando el Puerto del Pico, entre tomillos y jaramas, a través del barranco de las Cinco Villas, nos habló de su obra Heterodoxos y olvidados, a la que daba los últimos retoques, volvimos a hablar sobre aquel ensayo, a la sombra del Castillo de la Triste Condesa.
Allí, en Arenas, aprovechó para obtener un testimonio gráfico del Convento de Carmelitas con la sierra de Gredos al fondo. En su cementerio reposan las cenizas de Carmen Díez de Rivera, «la musa de la transición», bella y excepcional, que Yánez describe como «mujer de latir convulso y generoso.». Adolfo Yáñez, la considera heterodoxa de nuestro tiempo yen verdad lo fue. En Arenas, duerme el último sueño, reposa «arropada por los murmullos de piñas y embalsamada por aromas de jara».
El arevalenseYáñez es un excepcional poeta. ¡Qué gran libro Playas interiores! que, en noches de soledad -en mí son todas- nos aquieta, nos hace encontrar o añorar sueños perdidos. Ahora, la compartiremos, en noches en blanco, con Heterodoxos y olvidados que, en visión casi cinematográfica , cuidada prosa y precisión léxica impecable, refleja, mejor diríamos nos transporta o nos sumerge en las vidas de tantos y tantos heterodoxos que están en el baúl de los olvidos. De todos y cada uno, y de otros que no retrata, como Baruch Spinoza y su impronta en Amsterdam, quisiéramos saber más. Nos conformaremos con los olvidados personajes que nos brinda. Su olvido se ha producido, en gran parte, por su disconformidad con el mundo que les circundaba, extorsionador, impenitente. Ellos, cruzaron o atravesaron, o gozaron- ¿por qué no decirlo?- el mundo de la heterodoxia en España y singularmente en Ávila.
En el ensayo no ha de tomarse su título como un tratado sobre herejes o que sustentaran doctrinas no conformes con el mundo católico, aunque existan algunos encasillados en este sentido, sino en el sentido más amplio de disconformidad con la doctrina fundamental de cualquier sistema. Yen esta acepción, heterodoxos seríamos legión. Emite semblanzas de hombres y mujeres, marginados en el tiempo en que les tocó vivir y hoy muchos de ellos, olvidados.
En su obra, desfilan desde «Masones abulenses» que «tuvieron el coraje de remar contracorriente», hasta el último, Daniel González Linacero, asesinado en
Arévalo durante nuestra guerra. ¿Cómo es posible que este brillante pedagogo fuese asesinado solo por ser maestro y por atreverse a censurar la enseñanza que se daba en su tiempo? Y que aquel «activista» de la cultura muriese acribillado por la delación de un sacerdote palentino.
Adolfo Yánez no reduce el mundo de los heterodoxos a hombres y mujeres contemporáneos. En su ensayo desfilan también figuras como Prisciliano, el mancebo de Arévalo, la beata de Piedrahíta, el judío arevalense afincado en Ámsterdam Abraham Gómez Silveira, Sagasta, Ciges Aparicio, los hermanos Cuesta... y no podía estar ausente la figura de Jorge Ruiz de Santayana, «alma de Ávila, filósofo del mundo».
La descripción que hace Yáñez del Santayana universal de Boston es una maravilla.
En reciente conferencia presentada por la Asociación de Vecinos Puerta del Alcázar bajo el título 'Personajes de Ávila en el Siglo XX' nos detuvimos en el profesor de Harvard. Y desde allí, pese a su lejanía de Ávila, la ciudad fue para él un poderoso imán.Y con este señuelo o aroma embriagador, el abulense trenzó su extensa e inigualable obra filosófica: Personas y lugares, Mi anfitrión el mundo. . .
Ávila sirvió para Santayana de escenario de fondo de sus escritos: Catedral, plazas, callejas, Sonsoles, Valle de Amblés... Santayana -decíamos- se explaya y se pregunta y se contesta a sí mismo sobre las cosas de los abulenses, e inclu so intenta tratar de desentrañar su atavismo, el porqué de su religiosidad, su estoicismo. Son profundas reflexiones sobre el alma de los moradores de esta ciudad , como lo eran su inhóspito vivir, su arraigado conformismo, sus penas y sus miserias y sus contadas alegrías y, hasta sus convencionalismos. Ávila despertó en él emociones: «por naturaleza -escribía- Ávila es esencialmente un «oppidum», una ciudad amurallada, una ciudad catedralicia, toda grandiosidad y granito...».
Ávila le acogió en su regazo una decena de años, y siguió habitándola en espíritu desde todas las lejanías. En fin, mejor que mis palabras sobre Santayana, son las de Adolfo Yánez en la semblanza que de él hace en su obra. A su muerte en Roma, en un hospital de religiosas, El Diario de Ávila publicó sobre este gran genio un comentario: 'Límites de un elogio'. No le cita Yáñez. Posiblemente no conoce aquella triste necrológica -valga la redundancia- porque es cruel y despiadada. Yo, humildemente, hoy a mas de medio siglo de su muerte -lo hace Adolfo magistralmente- quiero recordar su figura. La obra deYánez tendrá la acogida que merece. Los tiempos han cambiado. Dijo Eugenio d'Ors, como la inmortalidad, siempre ha sido precedida por el sacrificio. Es el caso de Jorge de Santayana y el de tantos y tantos heterodoxos y olvidados. Nos queda el consuelo de Pericles: «Los hombres ilustres, tienen por sepulcro la tierra eterna».
DIARIO DE ÁVILA
DOMINGO 30 DE ENERO DE 2011
¿Quién no ha sido alguna vez heterodoxo?
(Ávila en la memoria,
José Belmonte Díaz)
El pasado verano acompañé con Adolfo Yáñez de inimaginable guía, a la profesora y pedagoga pa
lentina María Pescador Grajal, en una ruta inolvidable. Destino: Arenas de San Pedro, capital de la Andalucía de Ávila. María desconocía la belleza de las tierras de Ávila. Adolfo fue nuestro anfitrión. Es capaz de improvisar y llenar los oídos de músicas celestiales con su verbo fácil y trenzado de bellas e insospechadas florituras. Es un gran conversador, y capaz hasta de improvisar una conferencia -ya ha sucedido- cuando el conferenciante se ha visto impedido de acudir a la cita.
Bajando el Puerto del Pico, entre tomillos y jaramas, a través del barranco de las Cinco Villas, nos habló de su obra Heterodoxos y olvidados, a la que daba los últimos retoques, volvimos a hablar sobre aquel ensayo, a la sombra del Castillo de la Triste Condesa.
Allí, en Arenas, aprovechó para obtener un testimonio gráfico del Convento de Carmelitas con la sierra de Gredos al fondo. En su cementerio reposan las cenizas de Carmen Díez de Rivera, «la musa de la transición», bella y excepcional, que Yánez describe como «mujer de latir convulso y generoso.». Adolfo Yáñez, la considera heterodoxa de nuestro tiempo yen verdad lo fue. En Arenas, duerme el último sueño, reposa «arropada por los murmullos de piñas y embalsamada por aromas de jara».
El arevalenseYáñez es un excepcional poeta. ¡Qué gran libro Playas interiores! que, en noches de soledad -en mí son todas- nos aquieta, nos hace encontrar o añorar sueños perdidos. Ahora, la compartiremos, en noches en blanco, con Heterodoxos y olvidados que, en visión casi cinematográfica , cuidada prosa y precisión léxica impecable, refleja, mejor diríamos nos transporta o nos sumerge en las vidas de tantos y tantos heterodoxos que están en el baúl de los olvidos. De todos y cada uno, y de otros que no retrata, como Baruch Spinoza y su impronta en Amsterdam, quisiéramos saber más. Nos conformaremos con los olvidados personajes que nos brinda. Su olvido se ha producido, en gran parte, por su disconformidad con el mundo que les circundaba, extorsionador, impenitente. Ellos, cruzaron o atravesaron, o gozaron- ¿por qué no decirlo?- el mundo de la heterodoxia en España y singularmente en Ávila.
En el ensayo no ha de tomarse su título como un tratado sobre herejes o que sustentaran doctrinas no conformes con el mundo católico, aunque existan algunos encasillados en este sentido, sino en el sentido más amplio de disconformidad con la doctrina fundamental de cualquier sistema. Yen esta acepción, heterodoxos seríamos legión. Emite semblanzas de hombres y mujeres, marginados en el tiempo en que les tocó vivir y hoy muchos de ellos, olvidados.
En su obra, desfilan desde «Masones abulenses» que «tuvieron el coraje de remar contracorriente», hasta el último, Daniel González Linacero, asesinado en
Arévalo durante nuestra guerra. ¿Cómo es posible que este brillante pedagogo fuese asesinado solo por ser maestro y por atreverse a censurar la enseñanza que se daba en su tiempo? Y que aquel «activista» de la cultura muriese acribillado por la delación de un sacerdote palentino.
Adolfo Yánez no reduce el mundo de los heterodoxos a hombres y mujeres contemporáneos. En su ensayo desfilan también figuras como Prisciliano, el mancebo de Arévalo, la beata de Piedrahíta, el judío arevalense afincado en Ámsterdam Abraham Gómez Silveira, Sagasta, Ciges Aparicio, los hermanos Cuesta... y no podía estar ausente la figura de Jorge Ruiz de Santayana, «alma de Ávila, filósofo del mundo».
La descripción que hace Yáñez del Santayana universal de Boston es una maravilla.
En reciente conferencia presentada por la Asociación de Vecinos Puerta del Alcázar bajo el título 'Personajes de Ávila en el Siglo XX' nos detuvimos en el profesor de Harvard. Y desde allí, pese a su lejanía de Ávila, la ciudad fue para él un poderoso imán.Y con este señuelo o aroma embriagador, el abulense trenzó su extensa e inigualable obra filosófica: Personas y lugares, Mi anfitrión el mundo. . .
Ávila sirvió para Santayana de escenario de fondo de sus escritos: Catedral, plazas, callejas, Sonsoles, Valle de Amblés... Santayana -decíamos- se explaya y se pregunta y se contesta a sí mismo sobre las cosas de los abulenses, e inclu so intenta tratar de desentrañar su atavismo, el porqué de su religiosidad, su estoicismo. Son profundas reflexiones sobre el alma de los moradores de esta ciudad , como lo eran su inhóspito vivir, su arraigado conformismo, sus penas y sus miserias y sus contadas alegrías y, hasta sus convencionalismos. Ávila despertó en él emociones: «por naturaleza -escribía- Ávila es esencialmente un «oppidum», una ciudad amurallada, una ciudad catedralicia, toda grandiosidad y granito...».
Ávila le acogió en su regazo una decena de años, y siguió habitándola en espíritu desde todas las lejanías. En fin, mejor que mis palabras sobre Santayana, son las de Adolfo Yánez en la semblanza que de él hace en su obra. A su muerte en Roma, en un hospital de religiosas, El Diario de Ávila publicó sobre este gran genio un comentario: 'Límites de un elogio'. No le cita Yáñez. Posiblemente no conoce aquella triste necrológica -valga la redundancia- porque es cruel y despiadada. Yo, humildemente, hoy a mas de medio siglo de su muerte -lo hace Adolfo magistralmente- quiero recordar su figura. La obra deYánez tendrá la acogida que merece. Los tiempos han cambiado. Dijo Eugenio d'Ors, como la inmortalidad, siempre ha sido precedida por el sacrificio. Es el caso de Jorge de Santayana y el de tantos y tantos heterodoxos y olvidados. Nos queda el consuelo de Pericles: «Los hombres ilustres, tienen por sepulcro la tierra eterna».
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viernes, 21 de enero de 2011
REFERENDUM:Firma parabajar el sueldo a los políticos
FIRMA PARA BAJAR EL SUELDO A LOS POLITICOS
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Aquí tienes la oportunidad que tanto clamas sobre los SUELDOS DE LOS POLÍTICOS Y SUS JUBILACIONES, mientras que el pueblo se queda con un sueldo de 624 € y tiene que cotizar 35 años a la SS.Lee atentamnte y FIRMA
Tenemos en nuestras manos una herramienta ideal que puede hacernos mucho bien: la posibilidad de que los políticos no sigan blindándose una vida de derechos civiles por encima del resto de las personas en España. Todos hemos oído que los políticos se jubilan con menos años de cotización de su vida profesional que los demás ¿por qué? Todos sabemos que la pensión que les queda es del 100% de su sueldo, ¿por qué? Todos conocemos que los cargos de Gobierno (independientemente de sus resultados de gobierno) son sueldos vitalicios para presidentes de Gobierno y Autonómicos, ¿por qué? Los cargos de ministro son del 100% durante 10 años y luego lo que caiga, ¿por qué? No digamos nada de los políticos que tienen varios sueldos correspondientes a diferentes cargos públicos y que sí son compatibles a diferencia de los funcionarios y militares (por ejemplo) que no pueden tener otros, ¿por qué? Todos vemos con resignación que los partidos políticos y los sindicatos viven de nuestro presupuesto y no de sus afiliados, ¿por qué? Y así podríamos escribir un libro lleno de privilegios que no trascienden a la vida de los ciudadanos pero que se cocinan con unanimidad en el congreso… ¿por qué?
Bueno pues por todos estos POR QUÉS tenemos la obligación moral de firmar y frenar esta chulería de la casta política de este país…
SE HA AGREGADO EN LA PÁGINA WEB DE PETICIÓN PÚBLICA, UNA RESPUESTA A TRAVÉS DE LA FIRMA DE TODOS LOS ESPAÑOLES INTERESADOS EN QUE LOS POLÍTICOS NO COBREN SUS SUELDOS Y DEMÁS PREBENDAS DEL ERARIO PÚBLICO DE UNA FORMA DESMEDIDA. CUANDO SE LLEGUEN A LAS 500.000 FIRMAS SE PASARA EL TEXTO CON EL LISTADO DE TODOS LOS FIRMANTES AL SENADO CON COPIA A TODOS LOS GRUPOS POLÍTICOS.SI QUIERES VER LA EXPLICACIÓN DE LO QUE COBRAN LOS POLÍTICOS PINCHA EN ESTE ENLACE (MERECE LA PENA):noalossueldosdelospoliticos.blogspot.com/
SI QUIERES IR DIRECTAMENTE A LA RECOGIDA DE FIRMAS PINCHA EN ESTE ENLACE:www.peticionpublica.es/?pi=P2011N5259
POR FAVOR, MANDA ESTE MAIL A TODOS TUS CONTACTOS DE TU COMUNIDAD O FUERA, PERO SI MANDAS UN CORREO MASIVO NO OLVIDES PONERLOS EN CCO.
NO HUYAS DE LA VERDAD Y LE DES LA ESPALDA. ENTRE TODOS PODEMOS LOGRARLO. GRACIAS POR TU COLABORACIÓN.
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Aquí tienes la oportunidad que tanto clamas sobre los SUELDOS DE LOS POLÍTICOS Y SUS JUBILACIONES, mientras que el pueblo se queda con un sueldo de 624 € y tiene que cotizar 35 años a la SS.Lee atentamnte y FIRMA
Tenemos en nuestras manos una herramienta ideal que puede hacernos mucho bien: la posibilidad de que los políticos no sigan blindándose una vida de derechos civiles por encima del resto de las personas en España. Todos hemos oído que los políticos se jubilan con menos años de cotización de su vida profesional que los demás ¿por qué? Todos sabemos que la pensión que les queda es del 100% de su sueldo, ¿por qué? Todos conocemos que los cargos de Gobierno (independientemente de sus resultados de gobierno) son sueldos vitalicios para presidentes de Gobierno y Autonómicos, ¿por qué? Los cargos de ministro son del 100% durante 10 años y luego lo que caiga, ¿por qué? No digamos nada de los políticos que tienen varios sueldos correspondientes a diferentes cargos públicos y que sí son compatibles a diferencia de los funcionarios y militares (por ejemplo) que no pueden tener otros, ¿por qué? Todos vemos con resignación que los partidos políticos y los sindicatos viven de nuestro presupuesto y no de sus afiliados, ¿por qué? Y así podríamos escribir un libro lleno de privilegios que no trascienden a la vida de los ciudadanos pero que se cocinan con unanimidad en el congreso… ¿por qué?
Bueno pues por todos estos POR QUÉS tenemos la obligación moral de firmar y frenar esta chulería de la casta política de este país…
SE HA AGREGADO EN LA PÁGINA WEB DE PETICIÓN PÚBLICA, UNA RESPUESTA A TRAVÉS DE LA FIRMA DE TODOS LOS ESPAÑOLES INTERESADOS EN QUE LOS POLÍTICOS NO COBREN SUS SUELDOS Y DEMÁS PREBENDAS DEL ERARIO PÚBLICO DE UNA FORMA DESMEDIDA. CUANDO SE LLEGUEN A LAS 500.000 FIRMAS SE PASARA EL TEXTO CON EL LISTADO DE TODOS LOS FIRMANTES AL SENADO CON COPIA A TODOS LOS GRUPOS POLÍTICOS.SI QUIERES VER LA EXPLICACIÓN DE LO QUE COBRAN LOS POLÍTICOS PINCHA EN ESTE ENLACE (MERECE LA PENA):noalossueldosdelospoliticos.blogspot.com/
SI QUIERES IR DIRECTAMENTE A LA RECOGIDA DE FIRMAS PINCHA EN ESTE ENLACE:www.peticionpublica.es/?pi=P2011N5259
POR FAVOR, MANDA ESTE MAIL A TODOS TUS CONTACTOS DE TU COMUNIDAD O FUERA, PERO SI MANDAS UN CORREO MASIVO NO OLVIDES PONERLOS EN CCO.
NO HUYAS DE LA VERDAD Y LE DES LA ESPALDA. ENTRE TODOS PODEMOS LOGRARLO. GRACIAS POR TU COLABORACIÓN.
viernes, 7 de enero de 2011
Me gustan los catalanes (Ramón Chao; La Voz de Galicia)
Artículo aparecido en La Voz de Galicia.
Me gustan los catalanes porque a lo largo de su historia acogieron e integraron a íberos, fenicios,
cartagineses, griegos, romanos, judíos, árabes y toda clase de charnegos y sudacas, sin conocer los problemas que afectan ahora a Francia; es un ejemplo.
Me gustan los catalanes porque ya el 7 de abril de 1249 el rey Jaime I nombró a cuatro prohombres de Barcelona (los paers) para dirimir los conflictos de la ciudad sin violencias ni reyertas. Esos hombres sabios, que pasaron a cien en 1265, (el Consell de Cent), iniciaron el sistema del gobierno municipal de Barcelona. Gracias a ellos reinó allí la concordia, y antes de empuñar las armas prefirieron siempre emplear la razón.
Me gustan los catalanes porque en toda su historia no han ganado ni una sola guerra, y encima les da por conmemorar como fiesta nacional una de las batallas que perdieron en 1714 a manos de las tropas de Felipe V de Borbón. Cataluña había dejado de ser una nación soberana. Desde entonces, cada 11 de septiembre muchos catalanes y catalanas, como hay que decir ahora, se manifiestan para reclamar sus libertades.
Me gustan las catalanas porque una de ellas, joven y bien plantada por cierto, no vaciló en pegarse a mi espalda durante cuatro días en el asiento trasero de una Vespa cuando recorrí la península en pos de Prisciliano.
Me gustan los catalanes porque tienen de emblema un burro tenaz, trabajador y reflexivo, muy
alejado del toro ibérico cuyas bravas y ciegas embestidas lo abocan a la muerte. Estos animales son de una raza registrada, protegida, y prolíferos sementales. Al igual que el cava, se exportan a
numerosos países para mejorar la especie autóctona, como a Estados Unidos, donde crearon el
Kentucky-catalan donkey. Y allí no piensan, ni mucho menos, en boicotearlos.
Cierto es que en el carácter catalán confluyen las virtudes del asno. Pero los rasgos diferenciales no se limitan a los de este cuadrúpedo. La población catalana se define por una doble característica: el “seny” y la “rauxa”. El seny implica sabiduría, juicio mesurado y sentido común.
Tenía seny aquel catalán que iba en un compartimiento de un tren al lado de la ventanilla. Tiritaban de frío y los otros pasajeros le pidieron que la subiera: «Es igual», contestó a varias solicitudes, hasta que un mesetero se levantó furioso y alzó la ventanilla... ¡cuyo cristal estaba roto! «Es igual», volvió a repetir el buen hombre con toda su santa cachaza.
Al seny le responde la rauxa, asimilable a la ocurrencia caprichosa, la boutade (frase ingeniosa y
absurda). Cuando de joven y surrealista Dalí iba en el metro y veía a un cura con sotana, le decía:
«Siéntese, señora».
La alianza de estas dos facetas en un solo individuo forma el carácter catalán, que se comunica, se
comparte y se aprecia. El otro día al regresar a París en avión desde Barcelona quise ayudarle a un pasajero, dada la exigüidad del espacio, a ponerse el abrigo: «No, por favor, no se moleste, que
bastante trabajo me cuesta a mí sólo».
Me gusta Cataluña porque allí, según Arcadi Espada, don Quijote recobró la razón, sin duda
contagiado por el seny. Me hubiera dado mucha pena que el Ingenioso caballero muriera loco.
Me gusta Cataluña en fin y sobre todo porque uno de mis hijos eligió su capital para vivir en ella por ser una ciudad abierta, tolerante y discreta.
Firmado:
Ramón Chao, músico, escritor y periodista, Caballero de las Artes y las letras por el gobierno francés.
Y padre del cantante Manu Chao.
Me gustan los catalanes porque a lo largo de su historia acogieron e integraron a íberos, fenicios,
cartagineses, griegos, romanos, judíos, árabes y toda clase de charnegos y sudacas, sin conocer los problemas que afectan ahora a Francia; es un ejemplo.
Me gustan los catalanes porque ya el 7 de abril de 1249 el rey Jaime I nombró a cuatro prohombres de Barcelona (los paers) para dirimir los conflictos de la ciudad sin violencias ni reyertas. Esos hombres sabios, que pasaron a cien en 1265, (el Consell de Cent), iniciaron el sistema del gobierno municipal de Barcelona. Gracias a ellos reinó allí la concordia, y antes de empuñar las armas prefirieron siempre emplear la razón.
Me gustan los catalanes porque en toda su historia no han ganado ni una sola guerra, y encima les da por conmemorar como fiesta nacional una de las batallas que perdieron en 1714 a manos de las tropas de Felipe V de Borbón. Cataluña había dejado de ser una nación soberana. Desde entonces, cada 11 de septiembre muchos catalanes y catalanas, como hay que decir ahora, se manifiestan para reclamar sus libertades.
Me gustan las catalanas porque una de ellas, joven y bien plantada por cierto, no vaciló en pegarse a mi espalda durante cuatro días en el asiento trasero de una Vespa cuando recorrí la península en pos de Prisciliano.
Me gustan los catalanes porque tienen de emblema un burro tenaz, trabajador y reflexivo, muy
alejado del toro ibérico cuyas bravas y ciegas embestidas lo abocan a la muerte. Estos animales son de una raza registrada, protegida, y prolíferos sementales. Al igual que el cava, se exportan a
numerosos países para mejorar la especie autóctona, como a Estados Unidos, donde crearon el
Kentucky-catalan donkey. Y allí no piensan, ni mucho menos, en boicotearlos.
Cierto es que en el carácter catalán confluyen las virtudes del asno. Pero los rasgos diferenciales no se limitan a los de este cuadrúpedo. La población catalana se define por una doble característica: el “seny” y la “rauxa”. El seny implica sabiduría, juicio mesurado y sentido común.
Tenía seny aquel catalán que iba en un compartimiento de un tren al lado de la ventanilla. Tiritaban de frío y los otros pasajeros le pidieron que la subiera: «Es igual», contestó a varias solicitudes, hasta que un mesetero se levantó furioso y alzó la ventanilla... ¡cuyo cristal estaba roto! «Es igual», volvió a repetir el buen hombre con toda su santa cachaza.
Al seny le responde la rauxa, asimilable a la ocurrencia caprichosa, la boutade (frase ingeniosa y
absurda). Cuando de joven y surrealista Dalí iba en el metro y veía a un cura con sotana, le decía:
«Siéntese, señora».
La alianza de estas dos facetas en un solo individuo forma el carácter catalán, que se comunica, se
comparte y se aprecia. El otro día al regresar a París en avión desde Barcelona quise ayudarle a un pasajero, dada la exigüidad del espacio, a ponerse el abrigo: «No, por favor, no se moleste, que
bastante trabajo me cuesta a mí sólo».
Me gusta Cataluña porque allí, según Arcadi Espada, don Quijote recobró la razón, sin duda
contagiado por el seny. Me hubiera dado mucha pena que el Ingenioso caballero muriera loco.
Me gusta Cataluña en fin y sobre todo porque uno de mis hijos eligió su capital para vivir en ella por ser una ciudad abierta, tolerante y discreta.
Firmado:
Ramón Chao, músico, escritor y periodista, Caballero de las Artes y las letras por el gobierno francés.
Y padre del cantante Manu Chao.
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