viernes, 11 de enero de 2008

Nueva etapa

Nueva etapa

Pasados los primeros años inciertos y de zozobras de la formación de las autonomías las voces y conciencias que velaban por el recuerdo de Castilla pasaron a un estado de latencia o dormición al final del cual han aparecido nuevos acontecimientos y reacciones concordantes a ellos, por otra parte ya previsibles en aquellos que no estuvieran definitivamente entontecidos por los señuelos optimistas y simplones de los políticos de la entonces emergente democracia.

Lógica impecable del ajedrez del poder aquellos territorios con mayor población y riqueza material van a lo suyo; las tenues redes del estado providencia van adelgazándose más y más al socaire de los nuevos aires del rampante capitalismo, que por estos pagos de siempre poco calvinistas nos deja un poco perplejos. Se constata patentemente el aumento progresivo de lo que en cierta terminología política se ha dado en llamar asimetría, asimetría del modelo político del actual estado autonómico, que tiene visos de convertirse en un reflejo esperpéntico en los espejos del callejón de Álvarez del Gato como diría Valle Inclán; barriga oronda de una autonomía, mofletuda y sonrosada jeta de la otra, raquíticos pies de la de más allá, esqueléticos brazos de aquesta otra, demacradas costillas allende. Desaparecidas progesivamente en los tiempos descreídos que corren las viejas causas de unión de las gentes del antiguo solar ibérico, no son pocos los que proponen con ingenuidad y optimismo incontenible romper el espejo y la imagen esperpéntica que proporciona para mayor gloria y felicidad de la varia pajarera de pueblos ibéricos.

Desencantado el personal por una evidencia que se impone cada vez más descaradamente, ha aparecido en la última década un nacionalismo castellano de nuevo cuño, que mejor sería denominar pancastellano, plasmado en algunos pequeños partidos políticos que desaparecidas o en estado de latencia otras asociaciones culturales que en otras épocas defendieron la pervivencia de Castilla, como región heredera y continuadora del antiguo reino del mismo nombre, han venido a tomar el relevo desvirtuando totalmente el sentido auténtico de lo castellano y de Castilla. Los motivos aparentes, como siempre en la política, no pueden ser más justicieros: desiquilibrios económicos, demográficos y políticos evidentes; regiones periféricas nominalmente díscolas condicionan políticamente la política y la economía de todo un país; incentivan fiscalmente, cuando no fraudulentamente empresas; imponen reglas de comercio; condicionan el reparto de recursos naturales escasos como el agua, diseñan los puntos de paso de las modernas redes de comunicaciones del futuro; señorean sin trabas sobre sus déficits públicos autonómicos –sumandos fatales del déficit público total- en parte debidos a la generosa retribución de la función pública autonómica; pretenden a la larga una seguridad social independiente, tanto mejor cuanto mejor sea la situación económica de la autonomía; generosas subvenciones públicas –basta recordar caso Liceo versus Catedral de Burgos-; concesiones, carantoñas y zalemas del poder central para alejar el horrible espectro del separatismo periférico; incluso exigencias ocasionales de reverencias y homenajes propios de emperador en asuntos de política exterior, y una serie de etcéteras que cualquier mediano conocedor de estas cuitas puede extender sin tasa ni medida.

Por el contra las autonomías económicamente más escuálidas, entre las que se hallan las muchas comunidades y engendros en que quedó repartida de la desvalida Castilla , carecen de voz o mejor dicho han entregado su voz a los partidos de carácter nacional, que desde un punto de vista regionalista se podrían considerar propiamente sucursalistas, en otras palabras son la cómoda reserva borreguil de votos y sumisión, que contemplan atónitos y mudos como los lejanos poderes de las cúspides políticas del Estado y de las autonomías poderosas llegan finalmente a acuerdos, en buena medida favorables a estas últimas, con lo que en el reparto de una tarta desgraciadamente limitada pasan a ser los paganos. Si acaso y debido a la creciente despoblación se convence a estas autonomías de páramo, granito y pensión mínima lo beneficioso que sería para ellas albergar cementerios de residuos nucleares, reciclaje de basuras, cotos de caza, cementeras, subsidios europeos para desmantelar la agricultura, repoblaciones forestales de árboles tea cuando no horribles molinos eólicos generadores de corriente eléctrica para mayor beneficio de los oligopolios eléctricos, y eso si como panacea mágica que todo lo resuelve el turismo: ¡los de mi grupo por favor, pasen y vean paisajes, monumentos en proceso de ruina, pueblos abandonados y pseudosimios antropoides cada vez más viejos!. Como retroalimentación maldita de este sistema nueva inyección de votos, diputados y senadores de partidos sucursalistas y ¡ sigue el juego señores!.

Se advierte por otra parte que las cosas caminan aceleradamente hacia nuevos escenarios de los que empiezan a hablar sin rubor hasta los padres de la patria; así se empiezan a oír cábalas y conjeturas públicas sobre secesiones, autodeterminaciones, independencias, separaciones y otros desencuentros cuyos motivos habría que sospechar no solo en nacionalismos locales sino en estrategias mundiales de confrontación y en nuevos acomodos de poder intraeuropeos piadosamente ocultados tras una cada vez más desvaída unión europeista. No dejan de ser hoy día válidas las viejas consideraciones de los eslabones débiles y periféricos de la cadena europea, que haría de la Península Ibérica un probable candidato a devenir unos segundos Balcanes europeos, en virtud de consideraciones no fáciles de resumir en unas líneas. Obviamente poco o nada pesarían en este laberinto político las regiones más débiles y carentes de una clara conciencia histórica, cultural y política de su existencia, entre las que sin duda se puede incluir a Castilla. La desaparición probable de ciertos estados nación europeos, entre los que se incluye España, que en cuanto modernos epígonos de la Revolución Francesa no son por otra parte -fervores nacionales al margen- instituciones demasiado vetustas y venerables, a lo sumo 200 años, dejaría a muchos habitantes de regiones sometidas a un proceso secular de despojamiento de sus tradiciones forales, jurídicas, sociales y políticas, y sometidos directamente al enorme poder del estado moderno y sus agencias, sin cuerpos intermedios que valgan, y, lo que es aún peor, víctimas de un síndrome de Estocolmo que vitorea y jalea a su raptor, como es el caso castellano , los dejaría, digo, en la situación que ha hecho célebre el título de un libro de un famoso autor de temas empresariales: ¿ Quien se ha llevado mi queso? .

Mucho más ásperamente, o a la pata llana, otros expresarían la cuestión con la directa vulgaridad popular: “ además de puta, penitente”. Ya parece, las cosas empiezan a desquiciarse a tal extremo, que hasta en Castilla se empiezan a coscar algunos del asunto. Eclipsados el pensamiento y la conciencia social castellana por la abstracción de lo genéricamente español, cuidadosamente inoculado durante siglos, apenas existe en Castilla densidad social que preserve una posible reacción frente a los acontecimientos que probablemente no estén lejos de irrumpir. Algunos pocos, fundamentalmente jóvenes, empiezan a advertir en las realidades presentes todos los desvaríos propios de una pesadilla, y comienzan a tientas a desperezarse a la pregunta ¿ Quo carallo vamos?. Lejos de la reflexión profunda, que por otra parte pocas o ninguna de las instituciones y agrupaciones actuales ayuda a plantear y menos aún a resolver, sucumben a las simplificaciones inevitables de la política partidaria, a la emoción de la acción, a la chata disciplina de la militancia, la ferocidad inmisericorde de la lucha por el poder, en suma lo que con latinejos antañones se expresaba como sacrificium intelecti. Parafraseando a Brecht frente a los pensadores que parece que actúan menos de lo que se advierte, se encuentran los activistas que piensan todavía menos de lo que parece, Así hemos llegado a una situación en que el último baluarte de lo castellano parece residir en algunos partidos políticos, algunos de ellos intitulados nacionalistas, que utilizan a Castilla y lo castellano como consignas movilizadoras convenientemente desfiguradas y desvirtuadas de una hasta ahora escasísima militancia presta a la aventura del laberinto político moderno.

En una rápida panorámica del incipiente nacionalismo partidario autodenominado castellano - mejor denominado como pancastellano-, llama poderosamente la atención la similitud de tópicos ,convenientemete simplificados y sometidos a los más crasos de los procesos de reducción, con otros nacionalismos denominados a veces en el argot periodístico periféricos: primado de la lengua, someras y precipitadas definiciones de cultura, etnia, pueblo y algún que otro vocablo del escaso glosario del nacionalismo moderno, que en la mayoría de los casos no pretende sino establecer distinciones entre lo común y lo exclusivísimamente singular, unas veces con visos de realidad y otras veces producto de una fantasía más que deplorable; distinciones ante las que se pretende que caiga postrado en hinojos el personal, lo que trae a la memoria aquellas frases de Zhuamgzi acerca de la razón clasificante o mente acabada:

Todo el mundo obedece su propia «mente acabada» y la venera como si de su maestro se tratara. A este respecto, podemos decir que nadie carece de maestro. Quienes conocen la realidad de los fenómenos incesantemente cambiantes y aceptan [la ley cósmica de la Transmutación] como criterio [de entendimiento] no son los únicos que tienen maestros. [En este sentido,] hasta un idiota lo tiene. Resulta imposible a un hombre insistir en la distinción entre lo «correcto» y lo «erróneo» sin una «mente acabada». Es tan imposible como que un hombre parta [del norte] hoy y llegue a Yue [en el extremo sur de China] ayer'.

(Toshihiko Izutso. Sufismo y taoísmo. Vol II. P 57 Ed Siruela. Madrid 1977)

lo que sin duda confirma la vehemente sospecha de que cualquier idiota puede ser nacionalista sea de la especie que sea.

Faltan sin embargo alusiones a opresión, tiranía, invasión poblacional y genocidio del pueblo que otros pueblos atribuyen a una España en la que indiscriminadamente incluyen castellanos, lagarteranos, maragatos, murcianos, agotes, leoneses, gitanos y cualquier otro pueblo que no sea el pueblo del nacionalismo en cuestión. Es curioso a este respecto que el nacionalismo catalán incluye en la maléfica España al pueblo aragonés, que durante largos siglos convivió en confederación con catalanes y valencianos, pero naturalmente la alineación nacionalista no es amiga de los matices, precisa de claroscuros drásticos y de perspectivas paranoicas. En este sentido el moderno nacionalismo castellano tiene aparentemente unas fenomenales carencias, no puede señalar claramente a un enemigo cruel, sádico y odioso, que viva en un territorio vecino territorialmente delimitado, del cual haya sido objeto de feroces imposiciones militares sin cuento, opresiones lingüísticas y culturales e invasiones demográficas que alteren la pureza racial del pueblo. Obstinado no obstante en seguir el modelo del moderno micronacionalismo, de mucha mayor fortuna en otros pagos, postula a su vez el nacionalismo neocastellano como enemigo singular - para ser micronaciolísticamente correcto- a España, una España demasiado abstracta, que no tiene un territorio concreto, una población concreta y una lengua concreta; una España un tanto fantasmal y onírica, poco eficaz para fines de movilización política, de enervación paranoica de ánimos y en definitiva muy demasiado poco carnal y real para alcanzar el satisfactorio climax sádico-masoquista del orgasmo-independencia contra algo o contra alguien. Examinados con detenimiento la noción de España de los más extremosos nacionalistas pancastellanos, difícilmente se puede detectar como tal el gobierno central, químicamente abstraido de los gobernados, y solo en el mejor de los casos hay una categoría detestable de seres que por extravíos culpables de su cerebro reciben el adjetivo injurioso de españolistas y que junto con el gobierno forman ese alcaloide abstracto y semietéreo de lo que llaman España. Las pocas veces que desde los nacionalismos periféricos se toma en consideración el nuevo nacionalismo pancastellano, suele ser para pegar carcajadas histéricas y neurasténicas a mandíbula batiente:” escuchen la nueva boutade de estos advenedizos y excéntricos nacionalistas del momento: Castilla no es España “. Si fueran conscientes de lo que dicen tendrían muchísimo cuidado de no atacar y respetar uno de los más importantes los dogmas inmutables de otros nacionalismos, que en todos sus cónclaves ratifican sin herejías discrepantes: el más horrible monstruo de maldad inimaginable es España y Castilla lo peor de ella.

Llama poderosamente la atención el escaso valor dado a la historia en el nuevo nacionalismo pancastellano - al revés que en otros micronacionalismos- con torpes e ignorantes, aunque a veces mendaces e intencionadas, confusiones entre León y Castilla. Es inevitable que el militante de a pie satisfecho con las urgencias de la acción apenas tenga tiempo ni deseos de ilustración y conocimiento, basta con unos pseudo-principios programáticos de partido y las directrices behavioristas medianamente manejadas de un cursillo para militantes; en realidad no se trata más que una prolongación de las técnicas de propaganda subliminal de la política moderna que empezando por Lenín intentando hacer pasar la minoría por mayoria, la autocracia por democracia, y el terror por libertad, siguiendo por Mussolini y su utilización histriónica de radio, no menos que por los mantras magnetizadores de Hitler, que desembocaron finalmente en esa genial formulación de su ministro de propaganda Goebels: ”una mentira mil veces repetida se convierte en verdad”.

Carente de un diseño micronacionalista coherente, el nuevo nacionalismo pancastellano, no puede señalar siquiera con mediana habilidad a un enemigo concreto en el espacio y en el tiempo del cual liberar su atribulada existencia, salvo metáforas delirantes de un España formada por sus gobernantes y los cerebros obnubilados de los españolistas, de dudosa definición por otra parte; elucubraciones todas ellas que naturalmente no convencen ni siquiera a sus correligionarios de latitudes vecinas. Insatisfactorio en sumo grado el planteamiento de este nacionalismo, en la búsqueda de liberaciones no muy bien especificadas viene al final a dar, como todos los nacionalismos, en un pragmatismo de exaltación de la nación o micronación, es decir un nuevo episodio de paroxismo de la nación y del poder como paradigma político, unanimidad sin diferencias, la extensión territorial llevada a lo máximo, masas de maniobra obedientes a la concepción partidaria que pretende dominio y mando en cuanto depositario de lo que erróneamente considera que es Castilla y otras maravillas de la moderna política partidil de conquista del poder. Así por arte de magia lo que pretendía ser una negación de España como estado nación aplastador de pueblos se convierte en menor escala en una afirmación de lo peor de la España moderna: poder y extensión por encima de todo, negación de las diferencias de los pueblos comprendidos en ese espacio: leoneses, castellanos, manchegos; afirmación exclusiva del uso común de la lengua castellana como único identificador cultural unificador, desprecio de la historia, de formas jurídicas y sociales discrepantes, elevación de breves momentos históricos a categoría de mitos intocables, amenazas, insultos, acusaciones de secesionismo y herejía a quien no comparta sus puntos de vista, y otros etc. . En suma una versión en miniatura del imperialismo, nada raro en organizaciones cuya única razón de ser, oculta tras justificaciones liberadoras pseudológicas, es la pura y simple voluntad de poder y dominio. Es curioso que entre algunos vecinos leoneses, en teoría beneficiarios de la nueva aura de liberación, es donde con más perspicacia e intuición se advierte el juego del nuevo nacionalismo pancastellano.

La verdadera Castilla foral fue lo más opuesto que cabe concebir una nación de cuño moderno a la que aspiran los nacionalistas pancastellanos, curiosamente parecida a la propugnada por Onésimo Redondo en épocas de violentos delirios falangistas; ni siquiera una puesto que era un conjunto de pequeñas repúblicas cuyo funcionamiento se resolvía en una confederación admirable que poco tiene que ver con el actual estado unitario de corte jacobino y cuyo recuerdo es una permanente lección de ordenamiento social y político para Castilla y para Europa; menos aún ciudadanos uniformes sin historia ni tradiciones, ideal del nuevo nacionalismo pancastellano; tampoco grande, los territorios castellanos auténticos nada tienen que ver con 17 provincias -¿ porqué no 28 o 42 si todas hablan castellano?-, como goebelesianamente afirman todos los partidos nacioanalistas pancastellanos; y en cuanto libre la Castilla foral fue más tierra de libertades forales concretas que no de libertad abstracta de la teoría política moderna. Y además tras las soflamas de hedor falangista de Castilla una, grande y libre, modernamente apocopada en la expresión Castilla entera o total, que así fue milosevicianamente bautizada por Sánchez Albornoz, se oculta el llamamiento burdo a cerrar filas y cerebro tras el partido o los partidos que proclaman la menos que regular nueva; en definitiva el deseo latente de encumbrar unas nuevas oligarquías partidarias tras apelaciones emotivas y calculadas a desgracias bien patentes en Castilla.

Así -¡oh paradoja!- los nacionalistas pancastellanos son los más ardientes partidarios de la desaparición definitiva de todo lo singularmente castellano, hasta incluso su recuerdo del pasado, disuelto todo en un magma indiferenciado donde todos los gatos son pardos y las churras se mezclan con las merinas, donde leoneses, castellanos y manchegos son los mismo por hablar la misma lengua y que nadie se desmande; exigen con voz de mando autoritaria, gritona y cuartelesca unidad por encima de todo: ¡desaparezcamos del todo en la unidad abstracta para ser más eficaces en las tareas del poder y del imperio!. A veces podría parecer que hay eximentes en las órdenes de brutal y sádico sargento que subyacen en sus pretensiones políticas: unos aseguran que son de la más grana izquierda, poco enterados sin duda de lo que fue la historia real y sangrienta de la izquierda en el siglo veinte, otros se dan más a la cosa socialdemócrata, que en la época de la ambigua tercera vía ya no se sabe que significa, otros, los que se pretenden más extremistas, gritan desaforados muera España y abajo el españolismo, maldición conjuratoria que mayormente hace reír más que otra cosa.

En honor a la verdad dentro de estos partidos pancastellanistas las cosas no son tan políticamente correctas como parece, ni siquiera tan micronacionalísticamente correctas como parece; tras los desenfadados y pogres insultos a España y el españolismo y las protestas de izquierdismo más o menos consistente, hay algunas cosas bastante siniestras que figuran como documentos señeros y paradigmáticos de estos partidos; concretamente la famosa carta del ya senil D. Claudio Sánchez Albornoz dirigida a D. Francisco Iglesias Carreño secretario general del Partido Regionalista del País Leonés, en donde don Claudio propone la unión indiscriminada de Castilla y León para defenderse de los zarpazos de las otras comunidades. Las cosas cobran desde el punto de vista aportado por este documento nuevo e inquietante aspecto, cuanto menos más concreto y pragmático, ya no se trata aquí de renegar teórica y alegremente de España y el españolismo, sino de cerrar filas al viejo estilo de: ¡ Santiago y cierra España!. Se propone la Castilla Total, o con un lenguaje más moderno a lo Milosevic la Gran Castilla, donde desaparezcan las identidades de León y de Castilla para mayor eficacia en la lucha contra otras autonomías; facsímil siniestro de las luchas del centralismo español contra la periferia; brutal pero cierto, en estas líneas aparece claramente el enemigo al que apuntan, como no puede ser menos, los nacionalistas pancastellanos; no hay nacionalismo sin enemigo a batir. Naturalmente todo esto se puede acompañar sin rubor ni vergüenza - faltaría más en un político- de milongas tiernas sobre una confederación de pueblos fraternos pero el documento y su idea de fondo, considerado sin titubeos ni dudas como guía de actuación política partidaria, puede ser consultado públicamente en medios gráficos y telemáticos de los partidos pancastellanistas en cuestión por aquellos que tengan dudas o interés. Si se entendieran bien estas cosas tal vez se considerarían un poco menos fraternos los diversos nacionalismos de los pueblos ibéricos

Ante el panorama, no del todo improbable, de una balcanización de la península ibérica, se cuenta ya con partidos nacionalistas prestos a la lucha, condición necesaria y bastante suficiente para desencadenar un espectáculo dantesco como el ya visto en otros lugares de Europa, suponiendo que no esté ya sordamente desencadenado, con episodios a veces no tan sordos. En el caso del nacionalismo pancastellano tiene añadidos importantes, acaso crear campos de concentración y exterminio de leoneses o manchegos díscolos con la Gran Castilla, terrorífica versión de aquel infantil: pan y tomate para que no te escapes. Por otra parte parece que los partidos nacionalistas de vario pelaje, cada vez más problemática la subsistencia del bipartidismo turnante, empiezan a tener una cierta expansión. Los idus de marzo nos sean propicios.

Pese a los amagos de tremendismo infantiloide del nacionalismo pancastellano hay unos sorprendentes aspectos de domesticación y sometimiento abyecto que no han pasado desapercibidos a muchos; así uno de los partidos de dicho espectro han tenido sus más firme bastión en Burgos, no ciertamente con la pretensión de recuperar la vieja sede de la cabeza de Castilla por la que fueron incapaces de luchar los burgaleses en su día, sino más bien para reafirmar a Burgos como aldea de la cada vez más poderosa Valladolid, adonde acude presto el estado mayor del partido, y para confirmar una tan extensa como vacua noción de Gran Castilla, al socaire de un abortado e intrascendente intento de constitución federal en la Primera República española. Así acomete la sucia de tarea de dar por bueno el engendro híbrido de Castilla y León y disolver hasta el recuerdo de las diferencias entre León y Castilla, tan ingrato a las oligarquías vallisoletanas fundamentales valedoras del engendro; acaso tal comportamiento sea agradecido más que con palabras por la Junta de Castilla y León. Por otra parte el pretendido realismo progresista de los mencionados nacionalistas propende a evitar consideraciones del pasado, denigradas como antiguallas en ocasiones, poco favorables a sus tesis de pancastellanismo aséptico, irreal, vacuo y etéreo, para concentrarse en reivindicaciones cuantitativas materiales y monetarias; es decir suplantar libertad –no sabrían posiblemente que hacer con la madama en cuestión- por bienestar, en sorprendente coincidencia con la postura de José Bono, huir de raíces e historia y hacer una autonomía insípida y aséptica de servicios ciudadanos. Aquí encontramos esa constante invariable de lo políticamente correcto y progresista de sumisión tiránica de lo humano a un común denominador estándar una de las facetas más inquietantes de la globalización advertida proféticamente por Alexis de Tocqueville mucho antes de que existiera el G8:

«El tipo de opresión que amenaza a los pueblos democráticos no se parecerá a nada de lo que la ha precedido en el mundo: nuestros contemporáneos no podrán encontrar su imagen en la memoria. Yo mismo busco en vano una expresión que dé la idea exacta que yo me formó y contengo en mi mente. Las antiguas palabras de despotismo y tiranía no convienen ya. La cosa es nueva, conviene por tanto definirla, ya que no la puedo llamar por su nombre. Quiero imaginar los rasgos del nuevo despotismo en el mundo. Veo una multitud innumerable de hombres, semejantes e iguales, que giran sin reposo sobre ellos mismos para procurarse viles y pequeños placeres con que llenar su alma. Cada uno, arrinconado y como extraño al destino de todos los demás. Sus niños y amigos particulares forman para él toda la especie humana. El resto de sus conciudadanos vive a su lado, apartado, y no los ve. Los toca y no los siente. No existe más que en sí mismo y para él solo y si le queda aún una familia se puede decir al menos que no le queda una patria. Por encima de todos éstos se eleva un poder inmenso y tutelar que se encarga sólo de asegurar su gozo y velar su suerte. Este poder es absoluto, detallado, regular, previsor y dulce. Se parecería a la patria potestad si como aquella tuviera por objeto preparar hombres para la edad viril. Pero él no busca, al contrario, sino fijarlos definitivamente en la infancia. Desea que los ciudadanos gocen, pero que no sueñen con otra cosa. Trabaja gustoso para su felicidad, pero quiere ser su único agente y árbitro. Provee a su seguridad, prevé y asegura sus necesidades, facilita sus placeres, dirige sus principales negocios, su industria, arregla sus sucesiones, divide sus herencias. Casi quisiera quitarles por entero la molestia de pensar y la pena de vivir.»


Así que la nueva visión nacionalista pancastellana resulta, pese a la verborrea de matón adolescente, sospechosamente reverente, lacayuna y devota de los poderes establecidos; eso por no hablar de la concepción miloseviciana de la que se declaran explícitos seguidores, que no es sino herencia de las luchas del centralismo español contra las díscolas periferias, lo que hace más que sospechosa la presumible herencia de la que se pretenden acreedores: ser lo que algunos periodistas han llamado “lo que queda de España” ante una posible secesión de otros pueblos, con los peores vicios de la tal España: uniformidad, intolerancia ante la disensión, unidad abstracta y hostilidad ante la diferencia interna y externa. Que duda cabe que ante una posible desaparición de España la Gran Castilla de los nacionalistas pancastellanos sería con toda probabilidad la heredera del legado mortuorio, del cual acaso ya estén cobrando cantidades a cuenta. Todo ello sin mencionar los posibles apoyos de otros nacionalismos muy necesitados de mantener el cliché de un odioso enemigo, que cumple a la perfección el nacionalismo pancastellano substituyendo la palabra España por Castilla o mejor la Gran Castilla, el peor epígono concebible de España. En tal cacao oscuro no resulta nada sorprendente que empiecen a darse casos de políticos, alcaldes y diputados de importantes partidos más bien derechosos y conservadores, aunque ¿ cual no lo es hoy día?, que ante las rígidas estructuras organizativas y jerárquicas de esos partidos reconsideren el viejo dicho: “ más vale cabeza de ratón que cola de león”, y sin ningún empacho se pasan a los partidos pancastellanos, ante el alborozo incontenible de estos últimos, dándoseles por supuesto un comino Castilla y lo castellano, que en la mayoría de los casos no tienen siquiera ni el gusto de conocer. Incierto se presenta el reinado de Witiza, nada parece trigo limpio en todo este asunto.

Adorando el estado en contrita genuflexión ante el altar del temible Moloch de poder y de violencia, todos los nacionalismos y micronacionalismos modernos suspiran anhelantes por el estado, bien el que existe o bien el que está por venir, al que por sobrenombre se le podía denominar también “el deseado” como aquel rey español de vergonzosa memoria; parece que hay una herencia fatal implícita en los países donde dominó la espiritualidad católica: Cataluña, País Vasco, Galicia, León, Castilla o España (suponiendo que sea algo distinto del conjunto de las anteriores y de otras), bien diagnosticada por el filósofo rumano Lucian Blaga:

Descubrimos en la estructura más íntima y más permanente del catolicismo una manifiesta voluntad de poder, aspiraciones cesáricas, un sutil espíritu jurídico, un fuerte espíritu de disciplina, una incesante disposición de lucha con las fuerzas políticas y sociales… El espíritu católico ha cortado de la temporalidad el lote de las categorías inherentes y adyacentes a la idea de Estado y las ha asimilado en grado con lo trascendente . Entre estos dos polos entre trascendencia y categoría sacral-estatista , oscila constantemente, siempre alerta, la vida católica

G. Uscatescu. La aventura de la libertad pp 179-180 Instituto de Estudios Políticos. Madrid 1966)

Diferente por supuesto de la concepción y bipolaridades del cristianismo primigenio, mejor conservadas en la ortodoxia -sorpresiva caja de pandora de anarquías varias para los occidentales- que considera nuestro mundo como la epifanía de un mundo puramente espiritual y vive la parusía como algo permanente. No es así extraño que en clima progresivamente adverso las libertades forales castellanas sucumbieran a medida que la cristiandad católica occidental se fuera apartando poco a poco del cristianismo de los orígenes u ortodoxo para devenir romano y cesáreo al socaire del imperio y de reinos de origen germánico, proceso que aproximadamente culminó con la desaparición del arte románico.

Y así jugados los dados del azar hemos venido a dar en el actual estado de cosas, en que en medio de la más atroz confusión se puede contemplar el ocaso de todo un mundo de valores, en el que parece que también naufraga Castilla como pueblo, como vieja nación que fue, precipitada al abismo con más saña si cabe por los que se dicen sus entusiastas, los ladinos nacionalistas pancastellanos, cuya novedad consiste precisamente en ser nacionalistas de la abstracción y de la nada, pese a los beneficios sin duda importantes que obtengan de ello. En dicho estado de cosas y orden a preservar la memoria no procede actuar en lo que se refiere al pensamiento y comunicación escritos como hace un cuarto de siglo, cuando existían al menos unas ligerísimas expectativas de restauración pronto truncadas ante más poderosos intereses. Ya no es el momento de concentrase con exclusivismo en las reseñas de los pequeños festivales folclóricos, de las movilizaciones minúsculas, ni de las marchas o rutas comemorativas, ni del recuerdo de las pequeñas glorias locales, ni de los amenazas ecológicas en un pequeño rincón, ni de atentados contra el patrimonio artístico, ni de las adhesiones a determinadas declaraciones políticas o de apoyo políticamente correcto a ciertas marginaciones; todo esto resultó necesario cuando se salió del más absoluto silencio, censura y olvido, pero al ser hoy día otras las condiciones este cometido ha pasado a ser perfectamente inocuo, trivial y astutamente aprovechado por los grupos pancastellanistas, especialistas en naderías, dotados para esto de mayores medios y posibilidades.

“From lost to river” como decía el título de un libro entre sarcástico y desternillante, venganza sutil de los negados para el inglés, y que pretende ser nada menos que una traducción cheli del rancio refrán : de perdidos al río. En esta tesitura se precisa un arranque temerario para volver por nuestros fueros, un intento de profundización y a la vez de divulgación que no puede quedar en cortos y limitados clichés que por otra parte ya otros manejan a su capricho, un remontarse a la tradición para las que las actuales condiciones son más adversas que nunca, una comprensión de lo universal realizada en las actuales condiciones de lugar y tiempo, pues como decía Novalis la historia no se comprende si no es en lo universal.

Una mínima exigencia de calidad precisa una cierta selección de temas que bien podría ser una reflexión sobre un hito importante, un comentario detenido sobre alguna exposición pertinente o también -¿porqué no?- una reproducción de artículos, fragmentos de textos, de libros o revistas; en muchas ocasiones es preferible una reproducción literal de un buen texto que una mala disertación original, y precisamente la especificidad castellana no es un tema tan sobrado de literatura como para rechazar alguna posible alternativa; además la ignorancia de estos temas añade un factor de agravamiento que acucia la prueba de diversos métodos de comunicación. Obviamente acecha la Scila o escollo peligroso del especialismo en lo minúsculo, que sin duda dejaría perfectamente apático al posible lector, que acaso lleve a más de uno por reacción al Caribdis o acantilado de la trivialidad, vulgaridad o cháchara insustancial de lugares comunes y tópicos petrificados, más propios de un partido político que no de una asociación cultural que se precie minimamente. El reto es esa difícil combinación entre doctrina, dato histórico, ensayo, intuición y memoria donde a veces las intermitencias del espíritu consiguen una resonancia anímica digna de cultivarse. Dominar el arte de la cita esencial con el comentario y apostilla xeitosa, el columpio entre ironía y estilo; la cita bibliográfica exacta y la convicción de que los archivos y bibliotecas son cementerios de una cultura muerta que nunca alimentará al buen pueblo; la luz hay que ponerla encima de los candeleros. Nada está garantizado en este sentido, tan solo se señalan unas claves que hay que aprender a solfear con gracia; se trata de aprender e interpretar a la vez el arte de la vía o camino, el arte de la ruta de Ulises.

No conviene castigarse de entrada con la rigurosa sentencia de que no se dispone de especialistas, ni eruditos en los temas a tratar, la travesía propuesta incluye tanto el aprendizaje como la enseñanza, la iniciativa individual acertada como la ayuda mutua para colmar ignorancias muchas. En ese sentido se podrían combinar trabajos individuales, trabajos en equipo y trabajos sencillamente anónimos, puesto que de todo hay en la viña del señor. Igualmente cabe combinar la sección fija, como eran las editoriales de antaño, la crítica de libros o la sección de noticias varias, con el tema monográfico más o menos extenso.

La pretensión implícita en las líneas anteriores llevaría a replantearse algunos aspectos importantes de la publicación: en primer lugar lo referido al tamaño, es más que probable que un tratamiento medianamente profundo e interesante de un tema monográfico no quepa ni sea adecuado leerlo en una sola hoja; para usar las convenciones al uso conviene replantearse si se está dispuesto a pasar de un pequeño periódico a una pequeña revista, el cambio propuesto no es meramente cuantitativo. El problema de la periodicidad presenta también un aspecto completamente diferente, un tratamiento de temas monográficos previamente seleccionados necesita esforzados voluntarios, dispuestos a sacrificar una parte de su tiempo para colaborar en la magna obra, lo que a veces precisa tener paciencia y más valor que el Guerra (el torero). Además sería importante plantearse si los temas de carácter monográfico deberían ser objeto de una evaluación por un colectivo más o menos experto o al menos interesado en la materia, procedimiento ya habitual en el universo ultrapoblado de las muchas publicaciones especializadas, aunque ciertamente no es el caso del tema castellano; muy posiblemente sea la aquí propuesta la única revista sobre Castilla desde un prisma genuinamente castellano. La evaluación propuesta podría dar lugar a una retroalimentación de ideas en orden a ampliar y corregir los ensayos, o incluso dar lugar a otro ensayo de contestación con el consiguiente tiempo de preparación. De esta forma una selección previa de temas implicaría un calendario de meses y aún años para salida de la revista, con todas las holguras propias de estas planificaciones. En ese sentido dos números de revista al año sería ya un éxito de infarto, tres números caerían de pleno en el irrealismo fantástico.

Naturalmente que tras la disquisición previa acecha ya la cuestión: ¿ pero de que temas monográficos se trata?, que induce al ánimo a una perplejidad dubitativa y obnubilada, que a manera gallega trata de salir del paso con otra pregunta :¿ esta rata quien la mata?. Solo por vergüenza torera y llegado el momento de la verdad, se carga la suerte y se estoquea con el cálamo:


Concejos, cortes, mandato imperativo, hermandades y absolutismo.

Del derecho consuetudinario castellano al contrato social. Pueblo, nación y poder.

Conferación. Lo castellano y lo helvético.

Poder social y poder político. La restitución.

Una rendija de pensamiento hermético : Sanz del Río y el Krausismo.

Un testigo castellano: Jiménez Lozano .

Tanteos modernos: el movimiento cantonal en Castilla.

Últimos resquicios del foralismo castellano. El carlismo en Castilla.

Figuras señeras del pensamiento castellanista.

Corriente y partidos políticos castellanistas. El reciente nacionalismo neocastellanao.

Interrogantes sobre la demografía castellana. Finaciación de las pensiones. Dimensiones mundiales de la inmigración.

Recursos naturales: agua, tierra, bosques, viento. Especies animales y vegetales castellanas en la alimentación y la farmacopea.

Singularidades de la gastronomía. Ganadería. Ciclos de la naturaleza. Calendario litúrgico

Medicina y farmacopea popular castellana.

Mutualismo gremial en la Castilla medieval. El germen de la seguridad social.

Dialectología en Castilla.

Cuestiones etnológicas. Componentes no indoeuropeas:lo ibero.

Tronco de lenguas ibéricas: el vascuence en la Castilla Condal..

Aspecto popular de la caballería castellana medieval.

Mística castellana y pensamiento ortodoxo bizantino.

Geografía de las comunidades de villa y tierra.

La guerra de los cien años y Castilla.

¿ Es posible despertar?. La mediatización , anteojera y somnífero inevitable.

Heráldica castellana.

Símbolos,fechas y fastos paradigmáticos de Castilla.

Deportes autóctonos castellanos.

Literatura popular, romancero, romances de cordel , teatro popular.

Arte, artesanía y oficios populares castellanas.

Musica popular, instrumentos, carmina,canciones medievales, renacentistas y modernas.

Leyendas populares y mitología castellanas.

Patrimonio rural y rutas no convencionales en Castilla

Francesada, desamortización y destrozo cultural en Castilla.

Iglesia, pensamiento y arte en Castilla

Diferencias significativas con el País leonés.

Diferencias significativas con el País toledano manchego.

De la picaresca a la delincuencia. Desestructuración de la familia y la sociedad, marginación, delincuencia juvenil, drogas y vida de mala nota en Castilla.

Esta enumeración improvisada y un tanto desordenada no pretende ser exhaustiva, se trata solo de una pequeña muestra de posibles temas monográficos a desarrollar con un adecuado grado de profundidad y extensión adecuado para una publicación destinada en principio a un público diverso. En cualquier caso la finalidad es mucho más suscitar interés, fascinar una poco al lector y desencadenar una pequeña catarsis que no una acumulación inútil de datos eruditos. Así como decía en su poesía León Felipe que tener un hijo es tener todos los hijos de mundo, así también conocer en verdad un país es conocer el mundo y de alguna manera todos los países del mundo. Se pretende contribuir , en lo modesta e improbable medida en que lo puede conseguir el cálamo y el papiro, a despertar la responsabilidad y la conciencia de la tarea pública que, muy olvidado desgraciadamente en la abstracta sociedad moderna, empieza por lo próximo. Ni el sistema económico capitalista que pretende del individuo el paradójico comportamiento como alto consumidor y una retribución adecuadamente barata como productor, ni un sistema político que pretende dejar en manos de las oligarquías de los partidos todas las decisiones, ni un sistema mediático dependiente en buena medida de las instancias anteriores, son los más adecuados para fomentar responsabilidad e interés por la cosa pública, como vemos no solo en las declinantes participaciones en las consultas políticas de los países accidentales, sino hasta en las modestas reuniones de comunidades de vecinos. En este sentido la desintegración de la colectividad castellana se puede decir que ha llegado a límites atómicos, raramente alcanzada en Europa. El cultivo de la consciencia, como despliegue de la sabiduría en la persona, es también una manera de internarse en la plenitud del ser y la felicidad, de acuerdo con la triple formulación del vedanta hindú: sat, chit, ananda o sea ser, consciencia, beatitud.

El peligro, en el caso de la cultura local, es la tentación de la limitación exclusivista, la simplificación y la reducción empobrecedora y confusa, demasiado presentes en muchos nacionalismos, más prestos a la movilización y el ataque paranoico que no a una mínima apertura a la sabiduría. En realidad perdidos a todos los niveles los puntos de referencia y los horizontes tradicionales en el occidente que nos ha tocado vivir, apenas queda algo más que aislado aunque curiosamente uniforme individualismo, racionalismo cuantitativista y un pragmatismo alicorto, carente del más mínimo aliento especulativo, por no mencionar siquiera los principios metafíscos de los que deriva el sentido de la vida humana; con estas premisas la diferencia, en cualquier terreno que se contemple, no es despliegue de la infinitud sino errática y casual novedad sin relación alguna con otro evento igualmente casual y errático; anuladas así las posbilidades de comprensión y relación se camina fatalmente hacia una nueva Babel de incomprensión y discordias no solo en los lenguajes sino hasta en las cosas, así en la más rabiosamente moderna de las especialidades electrónicas, se puede comprobar como entre redes y releases, servidores y clientes, hosts y terminales tontas, pilas y capas; traductores y compiladores, instrucciones y eventos, ficheros planos y bases relacionales, ya ni los propios especialistas de la varita mágica de la informática se entienden entre ellos.

Parece que se impone una rectificación, aunque más problemático es que se pueda efectivamente rectificar; así como en el ámbito personal el principio de un cambio empieza por tomar distancias con relación a lo exterior y concentrarse en lo interior, así en el ámbito de lo social hay que pararse, distanciarse de los atributos más externos y abstractos de nacionalidad oficial, garantías constitucionales y documento nacional de identidad y concentrarse en el pueblo en que ha nacido, que la ha inculcado una cultura, en su historia y en su porvenir con el ánimo de llegar al sentido cabal de esto: pueblo, historia, pasado y futuro; arduo ejercicio este que pocos están dispuestos a llevar con honestidad hasta sus últimas consecuencias. Acaso la primera perplejidad sería constatar que lo que se han considerado tradicionalmente pueblos poco o nada tiene que ver con esa interpretación ingenuamente optimista de la Ilustración: el contrato meramente voluntario e individual que da lugar a la colectividad, que tras siglos de instrucción moderna apenas deja discernir otra cosa en la mayoría, y que asombrosamente ha llevado a pueblos que conservan memoria de su ser y su transcurso a confundir al pueblo con su articulación en nación y en estado moderno , con todos los atributos de acumulación de poder, de exclusión, de expansión y de violencia inherente a esta moderna institución política. Es penoso pero es también menester reconocer que el estado moderno ha sido una monstruosa desviación que so capa de inciertas liberaciones y progresos ha desencadenado las más feroces y sangrientas guerras que se han conocido en la historia de la humanidad, y en realidad eso es nada en relación con las que todavía puede desatar. La proliferación de nacionalismos y micronacionalismos en el solar de la vieja Europa no augura ningún futuro dichoso.

Hace ya tiempo que ante la desviación de la Unión Europea de sus iniciales propósitos de orden keynesiano de bienestar social y su reducción a mero espacio monetario de intercambio capitalista, surgieron críticas reclamando la Europa de los pueblos; probablemente nada haya más ambiguo que la utilización de la palabra pueblo en medios políticos, sindicales o asociativos pero no obstante se oculta una verdad más importante de que algunas consignas dejan traslucir. La globalización del individualismo, valga la paradoja, es el primer escollo a superar en orden a recuperar los orígenes; en este sentido hay que reconocer que los estados modernos han sido los mejores gestores del incremento del individualismo actual. Acaso hasta que los pueblos no sepan superar la moderna institución del estado, Europa no podrá volver a recuperar sus raíces espirituales tradicionales –términos que sorprenderán a más de uno-, ni los pueblos europeos encontrar su lugar en ella, que no es por supuesto un punto de encuentro para riña de gallos de pelea. Por si todavía dice algo: cristiandad era el nombre de Europa en la Edad Media, razón profunda que dio lugar a una ecumene o comunidad espiritual, rota cuando aquella se fraccionó y de improbable reconstitución; es muy difícil imaginar una unión de pueblos organizados en diversas naciones y estados modernos puedan llegar a algo más que una tregua más o menos dilatada a través de acuerdos comerciales o económicos, con directivas sobre cuotas lecheras, sobre normas de calidad industrial o moneda única; se olvida con demasiada frecuencia que la economía es un terreno de argucias, confrontación, de polemos; los motivos de una unión profunda son irreductibles a la economía. Claro que tampoco cabe esperar mucho de emociones internacionalistas ni de declaraciones pomposas y campanudas del Consejo de la Comunidad Europea. Recordando otra vez a Zhuamgzi es mucho más sencillo detectar diferencias, discordias y agravios que motivos de unidad y de concordia, y superar esa sencillez, que a veces no supera siquiera la idiotez, es el desafío de los pueblos que tienen que volver a reencontrar su destino en Europa, si quieren tener algún sentido e incluso si quieren sobrevivir a plazos no muy dilatados. Una Europa de raíz espiritual profunda, de pueblos y de hombres no de estados y naciones fieramente independientes y prestas a defender con armas y violencia su solipsismo ancestral y cavernario.

Así pues comprendernos como pueblo castellano puede ayudarnos a entendernos mejor como parte de lo que un día fue cosmos europeo y tal vez de lo que pueda ser en el futuro un nuevo cosmos europeo, porque el orden y equilibrio a que responde la palabra cosmos nada tiene que ver ya con la Europa actual, y lo que es más importante comprendernos a nosotros mismos; es el cultivo adecuado de lo próximo y particular en la tradición que le da sentido, lo que desvela la clave de lo universal, sin lo que se transforma fácilmente en elucubración o delirio. Aclarando e paso que la manifestación concreta no se reduce a mero cultivo de folclore, dulzaina y alpargata, demasiadas veces argüida por el tanto espíritu fuerte, en el fondo filisteo, que pretende estar mucho más allá de lo que juzga con desprecio como localismos, minucias y apegos al terruño, que desde la atalaya de periódicos, revistas y medios suelen hacer declaraciones y entrevistas llenas de suficiencia donde avisan con fatuidad de titiriteros de su mucha superioridad y cosmopolitismo exento de achaques regionalistas, con un cierto narcisismo que acaso trate sorprender a mirones con sus pavoneos ridículos; en otros casos se trata de puros ignorantes y zafios que se disculpan con referencias a vaguedades genéricas sobre lo humano y lo divino. Justamente entre esta recua de universalismo etéreo que nunca se encarna, suelen encontrase los partidarios de una Castilla y un pueblo castellano sin singularidades, sin atributos discernibles, sin reclamaciones ni reivindicaciones, indiferentes a la injusticia ajena por una parte aunque mansos sufridores de atropellos y abusos por otra, sin voluntad de subsistencia en suma, alternativa ejemplar, según ellos, a pueblos vecinos más díscolos, protestones, carnales, menos universalmente vacuos y menos prestos a sucumbir y desaparecer directamente en medio de la ciénaga del nihilismo mundialista.


Superar la concepción meramente folclorista de jota, morcilla y gaitilla y despejar con claridad la inanidad de la extendida falacia de Castilla como pueblo y hombres sin atributos, a menos claro está de los atributos necesarios para el sostenimiento disciplinado del orden estatal y del engranaje capitalista, es la primera necesidad de una reflexión seria sobre lo castellano a la vez que un comienzo de ejercicio de comprensión sobre la manifestación de la universalidad del hombre en lo concreto y lo limitado. Decía el poeta León Felipe que el que tiene un hijo tiene todos los hijos del mundo, así también el que verdaderamente ha conocido a un pueblo también de alguna manera ha conocido a todos los pueblos del mundo, cada pueblo es un alef misterioso que refleja la totalidad de los pueblos y del universo, pero el moderno nacionalismo empaña fatalmente la nítida contemplación de esa realidad; hasta el más refinado cosmolita resulta que al final es de Socuéllamos o de Semenovskoye; como decía Jorge Santayana el filósfo cosmopolita y enamorado de Ávila: no hay verdadero cosmopolitismo sin pies en la tierra originaria; si en un ejercicio de realismo se empieza a reconocer uno como hijo de un pueblo se está dando un paso en orden a entender aquellas máximas de la vieja sabiduría: “conócete a ti mismo”; o aquella otra: “se lo que eres”.

Volveremos a ser campesinos -2 parte

LA TIERRA

Para la tercera edición de este libro, cuya escritura me ha sido inspirada al final de los años setenta y cuya presentación he madurado hasta 1987, quiero añadir de manera más precisa lo que es mi convicción profunda, y que compruebo cada día el sentido premonitorio.

En la actualidad, en julio de 1993, constato que no tengo nada que cambiar, a los pronosticos del texto original. Las derivas anunciadas se han amplificado y vuelven más evidente esta necesidad: volver a ser campesinos, si queremos evitar el Apocalipsis alimentario.

El futuro de la tierra, y por consiguiente el porvenir del mundo vivo, dependen de la capacidad de los ecosistemas para producir, de manera duradera, los flujos de energía necesarios para la alimentación de las especies, de 1o infinitamente pequeño al más grande de los mamíferos. La primera necesidad es la nutrición, de la que el agua potable es un elemento mayor. La calidad de la comida y la calidad del agua deben responder a las exigencias fisiológicas y biológicas de los seres vivos. Ellas dependen de nuestras aptitudes para preservar los recursos, en primer lugar de nuestros métodos de producción agrícola. Ahora bien no sabemos más que muy pocas cosas del medio en el cual vivimos y de sus interacciones. En lengua sabia se llama eso " biocenosis". Nosotros no conocemos casi nada de las relaciones de la planta con suelo. Conocemos menos aún las relaciones de las plantas entre ellas. Solo tenemos algunos conceptos insignificantes sobre la sociología de los insectos, sus relaciones con las plantas y con los pájaros. Comenzamos solamente e enfocar el concepto de equilibrio de los agro-sistemas y las relaciones de causa efecto entre las calidades de un suelo y salud de los seres que lleva. En esta interdependencia, ¿es el suelo el que hace la planta o la planta la que hace el suelo, o quizá los dos la vez? ¿Es que una planta empuja bien porque no está enferma... o es que no está enferma porque empuja bien ? (3)En otros términos, ¿es necesario rodearla permanentemente con un arsenal medicamentoso con carácter preventivo? ¿O es necesario más bien aumentar su resistencia natural por un equilibrio alimenticio conforme sus necesidades? Tantas cuestiones que requieren otro enfoque, otra manera de administrar tierra, otra agricultura.

La agricultura es la más importante de las actividades del hombre sobre la tierra, incluso si la confusión intelectual de nuestro tiempo conducido a esta, por ignorancia o por codicia, arruinar esta base esencial de su existencia. Toda vida sobre tierra se basa en la planta verde (4), que es de 1a energía solar condensada. Pero en realidad la planta verde tiene también otras funciones vitales que 1a alimentación de las otras especies. Juega de un papel entre las sustancias minerales groseras de la tierra y los mecanismos sutiles de la atmósfera. Liberación de oxigeno, fijación y almacenamiento del carbono libre (CO2), reglamento hídrico del entorno por evapotranspiración, proteosíntesis, fijación del nitrógeno atmosférico, formación del humus, verdadera piel viva del suelo... La planta verde juega un papel purificador en el ciclo del agua y en la calidad del aire que respiramos. Participa en la regulación del clima: higrometría, régimen de vientos, erosión, desertización.

En efecto, se observa desde hace treinta años: todos los esfuerzos tendieron disociar las plantas cultivadas de la naturaleza, hasta el paroxismo del cultivo hidropónico o " cultivo sin tierra ", que es un despilfarro organizado. Con medios desproporcionados: se produce una caloría de energía consumible gastando 500 calorías de energía fósil. Y la cima de la absurdidad reside en el hecho de que se ponen, al mismo tiempo, millones de hectáreas de tierras fértiles al paro a causa de excedentes. ¿Quién paga para estas inconsistencias, si no la colectividad?

Todas estas divergencias traducen perfectamente el mal de nuestra sociedad moderna, librada a la economía mercantil, completamente dominada por la especulación donde el único valor contabilizable es el dinero. El dinero considerado por la moral burguesa como elemento esencial de respetabilidad, cualquiera que sea la manera de ganarlo. A esta perversión se añade la confusión intelectual resultante de los conceptos de la ciencia analítica que solo conoce lo que es mensurable y disociable respecto a estos instrumentos. Eso nos da una especialización exceso y la disociación de producciones antes complementarias, como la agricultura y 1a ganadería, los cereales y las leguminosas, las producciones de víveres y el equilibran demográfico de los territorios...

La llegada del tractor sonó el tañido del equilibrio agro-silvo-pastoral, conduciendo al matadero contingentes de millones de caballos a partir de la Segunda Guerra Mundial. La desaparición de estos animales liberó de un único golpe 38% de las superficies cultivadas, más de un tercio del territorio, antes consagrado la producción de energía para la tracción animal (heno, avena, paja)... "Es como si, explica Jean-Pierre Berlan (5), se hubiera de un solo golpe descubierto un continente entero en la segunda mitad del siglo XX, explotable inmediatamente..."

En los Estados Unidos (nuestro modelo ideal), se buscó rentabilizar estas superficies disponibles estableciendo un nuevo cultivo que no entraba en competencia con las producciones tradicionales de cereales (trigo, maíz). Fue la llegada de la soja, planta resultante del continente asiático que tomó un desarrollo considerable, al punto convertirse en indispensable allí donde algunos años ella era aún desconocida.

El éxito de la soja no es el fruto de la casualidad. Esta planta rica en aceite es una leguminosa que se integra perfectamente en las rotaciones de cultivos, sin perturbar las cosechas, puesto que los períodos de madurez son diferentes, y sobre todo sin competir con el mercado de los cereales, puesto que la vocación de la soja era en primer lugar producir materias grasas vegetales alimentarias. La naturaleza de los métodos de extracción necesarios para su utilización hizo una planta privilegiada de la industria, su paso obligado por tecnologías costosas hizo un instrumento de soberanía del sector industrial. Lo que aumentó su poder y permitió el desarrollo de verdaderos imperios. Muy rápidamente, la presión de estos grupos de presión ante el Congreso y el Gobierno de Washington entrama una serie de decretos, de medidas de desgravación, que privilegiaron la utilización de las materias grasas de origen vegetal en detrimento de los materias grasas animales tradicionales, leche, mantequilla, crema...

Pequeña anécdota: una información ampliamente recogida por la prensa mundial especializada, bajo la tutela de los industriales del aceite, fue el <> de un investigador soviético que denunciaba la responsabilidad de la mantequilla y la leche en la formación del colesterol. Hoy sus afirmaciones se baten en retirada por los científicos independientes de los grupos de presión aceiteros, que aconsejan al contrario consumir razonablemente mantequilla para favorecer el buen colesterol, pero la publicidad funcionó a manera de un lavado de cerebro para varias generaciones.

A este nivel de 1a historia de 1a agricultura moderna, el lector va a comenzar comprender 1a amplitud de las metamorfosis de nuestro sistema alimentario y 1a increíble dependencia y vulnerabilidad de la cual es objeto. Ante esta competencia insoportable de los potentes fabricantes de margarinas, mantequillas vegetales y otros sustitutos de la verdadera mantequilla, la verdadera leche y el verdadero queso, el último eslabón de independencia y autonomía se pasó de rosca. Los rebaños lecheros de rumiantes pastando y valorizando aún las fibras de los prados desaparecieron, encadenando la desaparición de la fertilización natural de los suelos y la reconversión de los prados en tierras desnudas libradas a la intensificación y a 1a erosión. Como se puede comprender, los campesinos no dudaron demasiado en abandonar las ganaderías que quedaron poco rentables y extremadamente vinculantes para sustituirlos por monocultivos estacionarios, que tienen 1a ventaja de no ocuparlos sino tres meses en al año. En Francia, antes de la crisis, se ironizaba sobre el ciclo de las " tres M", Mégéve-Mais-Méditerranée, modelo favorito de las grandes explotaciones cerealistas de la cuenca parisina, que transponían así el modelo americano importado en Europa después de la guerra por el plan Marshall...

La ruptura total del ciclo natural y la división de las producciones como tantas funciones extrañas las unas a las otras no dejaron de desarrollarse desde esta revolución silenciosa de la colonización de 1a agricultura por 1a industria.

Fue necesario comprar al exterior el carburante para abastecer las máquinas, esto fue la primera etapa del sometimiento de la agricultura. Fue necesario comprar simultáneamente los abonos industriales para sustituir al abono de los animales ausentes, fue la segunda etapa de esta dependencia... las otras se encadenaron en consecuencia. Estas modificaciones de las prácticas culturales acarrearon un debilitamiento de los sistemas, con la aparición de mayores parasitismos que, su vuelta, necesitaron el uso sistemático de un arsenal de pesticidas cada vez más sofisticados. Y, hoy, la apropiación de las semillas de la tierra, patrimonio público transformado en bien privado por un puñado de multinacionales, completa la obra de dominación adoptada desde la llegada de 1a agricultura industrial.

(3) F.Chaboussou. Santé des cultures, Éditions Flammarion, Paris.

(4) J.-M Gatheron. Servitude et grandeur paysanne, Éditions Jeheber, Genève, Paris
(5). Ingeniero, encargado de investigaciones la sección socioeconómica de 1' INRA.

Pp 219-222

VIAJE A LA ABSURDO

La división del trabajo y las producciones hizo nacer grandes regiones especializadas, los cerdos en Bretaña, los cereales en Beauce, la concentración de las ganaderías y el alejamiento de las zonas de producción vegetal que hacen imposible la complementariedad beneficiosa de estos producciones así como su alta rentabilidad.

El ganadero bretón solo sabe hacer montañas de estiércol líquido que producen sus fábricas cerdos. Este " oro negro" podría fertilizar las tierras agrícolas de la cuenca parisina en lugar de los abonos químicos, y recibir a cambio las producciones vegetales para 1a alimentación animal, en vez de las hogazas exóticas y otros P.S.C. que componen un 80% de nuestras importaciones (55 millones de toneladas al año para los ganaderos europeos). Pero los transportes serían, parece, demasiado costosos. Esta es la razón por la que el ganadero bretón utiliza las proteínas de soja de Brasil o la mandioca de Tailandia, a cambio de las cuales el cerealista beauceron (de Beauce) expide a países alejados los contingentes de cereales de los no sabe que hacer. Es mucho más complicado, es preciso pensar, pero no se pagan a los tecnócratas para hacer cosas simples, y sobre todo es mucho más rentable para algunas sociedades anónimas que regulan el juego de los intercambios haciendo pagar altos precios a los protagonistas ciegos de la comedia y prorrogando los desórdenes y los costos sociales, paro, escasez, excedentes, contaminaciones, déficit de la balanza comercial, sobre la colectividad de los contribuyentes. Sin olvidar las campañas de caridad pública para volver a dar algunas migajas a los que han organizado tan bien la penuria.

A parte de eso, nuestra alimentación no es cara, como lo dicen con un tan bonito coro los "observadores" económicos y políticos. Lo que es muy costoso en cambio, son las medidas de apoyo del sistema, que afortunadamente no figuran en las mismas estadísticas...

El GATT (6) vela para que esta maravillosa máquina de fabricar rehenes económicos pueda seguir funcionando, guardando bien seguro la mejor parte para el Tío Sam, como 1o ilustran sus tentativas actuales de hegemonía sobre el sistema alimentario mundial por medio de 1a Ronda de Uruguay. Por ello se impusieron progresivamente < circuitos largos >, devastadores de espacio y entorno, donde se ve a los alimentos hacer tres veces la vuelta de la Tierra antes de llegar al plato del consumidor europeo (espárragos de Perú, pepinillos de Sri Lanka, zanahorias de Turquía, soja de Brasil, judías del Africa subsahariana, miel de China...) Esta situación es explosiva ya que debilita en exceso los sistemas alimentarios de todos los países, del nuestro incluso. No solamente dependemos de una única energía, el petróleo, sino comprometemos o abandonamos progresivamente nuestras herramientas de producción en favor de países alejados que pueden dejar de la noche a la mañana de abastecerlos. ¿Cuánto tiempo será preciso para reconstituir las explotaciones agrarias necesarias, y lo que es que costará si de un único golpe debemos encontrar nuestra autonomía de subsistencia?

Es a la vez la seguridad alimentaria y la paz civil que se cuestiona en tales derivas, si continuamos a mecernos en ilusiones en cuanto a la infalibilidad de nuestro sistema. Sin olvidar el número creciente de los excluidos del progreso, que hacen que pronto las muchedumbres sin rentas bordearan montañas de mercancías sin mercado. Es la parada inevitable delante de la cual se romperán las locas ambiciones de la minoría egoísta de los especuladores financieros.

En una economía agrícola respetuosa con los hombres y territorios, la política urgente sería reconstituir los circuitos cortos, al menos para lo esencial de nuestras necesidades. El sistema de aprovisionamiento actual es una aberración, consecuencia de una competición internacional suicida. Es incontrolable y perjudicial para los recursos energéticos del planeta. Su costo social es insoportable: energía, transportes, conservación, largos almacenamientos, embalajes especiales, alteración de la calidad, contaminaciones múltiples... En Francia se pudo medir su vulnerabilidad. ¡La huelga de los camioneros en el verano de 1992 ha estado a punto de instaurar el hambre en ocho días, en un mundo reputado de abundancia! No es normal que nuestros productos alimenticios, nuestros bienes esenciales, estén producidos al otro extremo del mundo, cuando podemos y debemos producirlos en casa, en condiciones económicas y ecológicas más satisfactorias, mientras que ponemos las tierras en erial y los hombres dejan en barbecho... Una región debe poder producir lo esencial de las necesidades de su población, sin ir a expoliar, por multinacionales interpuestas, los recursos vitales del pueblo del Tercer mundo, del que las mejores tierras sirven fabricar nuestros excedentes, mientras que dejamos los nuestras en barbecho.

Podríamos así encontrar un equilibrio y una seguridad, mucho mejor que en objetivos obsesionales de monocultivo e importaciones. Estas orientaciones conducen uniformar los sistemas destruyendo todo el tejido de microactividades necesarias para la vida de una región, no promover más que algunas grandes producciones especializadas que no solamente absorben la mayor parte de las ayudas públicas (subvenciones), pero que, bajo el pretexto de ser competitivas, suprimen al mismo tiempo los empleos. Lo que no les impide ser rápidamente fragilizados y desestabilizados por la competencia mundial, como fue el caso de la metalurgia, de la viticultura en otro tiempo, el pastoreo y los cereales hoy día... En lengua campesina, se llamaba a esto "poner todos sus huevos en la misma cesta".

Esta cesta, los campesinos de hoy, hiperespecializados y tan dependientes como los urbanícolas, van a llenarla al supermercado de la ciudad, con quizá los espárragos de Perú, la miel de México, la mantequilla de palma tailandesa, las fresas de Chile, las judías de la África subsahariana, el leche en polvo y la oveja neozelandesa, etiquetada "cordero de Sisteron".

La historia que me dijo el profesor Mathé ilustra con humor las absurdidades de la situación. Hace algún tiempo, un accidente banal causó importantes desgastes y un bloqueo prolongado de la circulación en la región parisiense. Un semirremolque procedente de Holanda, cargado de tomates para España, tomó en contrasentido un ramal de la autopista del Sur. Entró en colisión con un semirremolque español, cargado de tomates para Holanda... ¿Quién gana en esta persecución cruzada, esta noria de camiones, que unas veces transportan sobre millares de kilómetros géneros que pueden ser producidos localmente, y que otras veces los retoman para retransportarlos lejos, en forma de basuras domésticas, en vez de reciclarlos in situ?

Este sistema antieconómico, antiecológico e antisocial subsiste porque la sociedad prefiere cerrar los ojos sobre las consecuencias de estas prácticas, que vamos a deber pagar mañana a alto precio después de haberse negado a asumirlos hoy a su costo real. Y también porque no tenemos el valor de reformar prácticas altamente nocivas e inútiles, que hipotecan nuestro futuro y el de nuestros niños.

Es una verdadera carrera contra el reloj que es necesario comprometer, en el momento en que constatamos sobre los grandes relojes de la Historia que la deforestación avanza al ritmo de 25 hectáreas al minutos, que el desierto absorbe una hectárea cada cuatro segundos, o sea el equivalente anual de un territorio como Bélgica, que los campesinos desaparecen por millones cada año, una explotación cada treinta segundos en el mundo, todos los cuartos de hora en Francia, mientras que en el mismo tiempo la población mundial aumenta en tres individuos todos los segundos... una China cada diez años (según Cousteau).

Por supuesto este catálogo de desórdenes no tiene solamente por respuestas las soluciones técnicas. Si bastara con remediar técnicamente los males que nos abruman, seríamos muy eficaces y muy felices hoy. Pero la crisis hunde sus raíces en e1 alma humana, y son en primer lugar los desórdenes del corazón del hombre, y su cabeza lo que es preciso cuidar. Rehabilitar la función de campesino, cesar de vaciar los campos para llenar suburbios superpoblados, donde se desarrollará pronto un nuevo terror de los bárbaros a imagen de la sociedad americana, donde la coronación del progreso será a fin de cuentas " Terminator"; ¡sublime éxito de lo que se denomina aún la civilización!... "los hombres son como las manzanas, cuando se los apila, se pudren..." , decía Mirabeau. Es una reflexión a meditar.

Parece en cualquier caso indispensable proponer otros objetivos que la carrera por la posesión y el consumo de bienes materiales. Puesto que el hombre, se dice, es un animal social capaz vivir y morir como héroe por el reconocimiento social, mostrémosle que existen otros elementos de valorización personal a través de bienes inmateriales como la belleza de una obra, la calidad de la vida, el respeto de otros, la amistad, la solidaridad, la fiesta, la felicidad de ser útil... Todos estos valores antes vinculados tradicionalmente a la tierra pueden reconquistar juventud incapacitada, mayoritariamente en busca de absoluto, de ideal y de hazañas.

Quizá podemos proponerle el nuevo concepto de 1ª < Inteligencia verde (7) > como horizonte ampliado de creatividad, acción humanitaria, protección de la naturaleza, de gestión de los recursos... La Inteligencia verde, es la vez 1a inteligencia de lo viviente, gran motor universal que manifiesta la planta verde, con los todos recursos inexplorados e inexplotados que nos ofrece de manera duradera y reproductible. A título de ejemplo, a penas se conoce el 10% de las especies vegetales del planeta , muchas de las cuales poseen aptitudes y virtudes incomparables para el progreso y el bienestar de 1a humanidad, así como nos lo demuestren magistralmente los investigadores inspirados como Jean-Marie Pelt, Michel Bounias, Rémy Chauvin, Jacqueline Bousquet... La " Inteligencia verde", es también la de los " agro-innovadores" y de todos los que sabrán trabajar de acuerdo con la naturaleza "sol-agua-suelo-plantas - microorganismos ", los que sabrán descubrir y valorizar los recursos renovables de nuestro medio ambiente, los que sabrán transformar la tierra en un jardín inagotable, como, quizá, el de los orígenes de los que nos hablan con delicias todos los cuentos, las leyendas y las religiones.

La primera condición, es que todos los adultos conscientes de las amenazas que pesan sobre la vida terrestre estén animados por el mismo sentimiento de responsabilidad colectiva y se unan para participar en una obra pedagógica de reconciliación con la naturaleza, con la vida, con e1 orden cósmico... Un reto que coloca e1 amor en el centro de toda realización y ambición humana. Una clase de desafío donde se haría jugar de alguna manera el poder del amor contra amor del poder (8).

Este término de amor en el sentido de compasión parece muy ingenuo, o incluso pasado de moda, en el mundo de 1a eficacia tecnológica, del arma nuclear, de la competición de los tipos de cambio. No hago aquí el discurso de una noticia de lección de moral ni de una generosidad decente, sino solamente creo tener un razonamiento lúcido.

Los profetas bíblicos no han inventado nada. Ellos no han hecho más que observar 1a historia humana de su época, que se repite invariablemente como una serie de hipos. Mi convicción profunda es que si queremos salvarnos y salvar el frágil esquife sobre el cual estamos embarcados, debemos actuar todos juntos, los unos para los otros, y no en una confrontación fratricida de todos contra todos, como los marineros de un buque que pronto habría hecho ir al naufragio. Con todo estamos en esta situación paradójica: más va mal esto, más nuestro instinto egoísta nos arrastra a una fuga ciega y prepara nuestra pérdida creyendo sacar partido del asunto en detrimento de nuestros semejantes.

Sin hacer referencia a la sabiduría innata de las comunidades primitivas, cuya cohesión reflejaba la solidaridad del grupo, interroguémonos sobre la salida de nuestra guerra económica que sacrifica caiga quien caiga todos los recursos vitales del planeta para 1a instauración o el mantenimiento de los poderes efímeros de algunos grandes primates retrasados. Las reflexiones más pertinentes, los esquemas más rigurosos, los programas más brillantes de 1a inteligencia humana para solucionar la crisis actual no lo pueden conseguir sin una condición esencial, es que cada uno respeta las reglas del juego. Ahora bien esta es precisamente la causa principal de las crisis y el mal profundo de los que sufre la sociedad moderna: 1a ausencia de solidaridad nos inclina a no jugar el juego y, situación agravante, cuando todo el mundo engaña, se puede esperar a que el juego se convierta en un juego de masacre.

Esta es la razón por la que no hay otra salida que encontrar estos valores que hacían antes la cohesión espontánea de las comunidades campesinas y su sentido común del interés general: solidaridad, responsabilidad, cooperación, respeto del próximo como de si mismo. ¡He ahí porqué volveremos a ser campesinos!

(6). General Agreement on Tariffs and Trade, conjunto de acuerdos interacciónales impuestos por los países ricos para la libre circulación de mercancías, cuyas consecuencias son desastrosas sobre el conjunto del plan. En realidad, se trata de la más formidable empresa de exacción contra los derechos del hombre, bajo 1a apariencia virtuosa de la libertad de los intercambios. Es la destrucción de las economías locales para 1a extensión incontrolada de las multinacionales. Una red internacional de resistencia se constituyó bajo la sigla de la ALIANZA, cuya side para Francia es: la Alianza Campesinos, Ecologistas, Consumidores, 53, calle de Renaudes 75017 París - telf.: (1) 42.67.04.11.

(7) Ideas desarrollada por primera vez por F. Plassard en las Conversaciones de Millangay, coloquio sobre e1 futuro del mundo rural, en septiembre de 1992.(8). Fórmula muy bonita de Nicou Leclercq para la edad de Acuario.

Pp 222-227
PHILIPPE DESBROSSES,NOUS REDEVIENDRONS PAYSANS,Editions du Rocher 1993,
ISBN 2-268-01569-6

Volveremos a ser campesinos -1 parte

Los tiempos se aceleran de manera sorprendente y es cuestión de preocuparse de las cuestiones más inmediatas que afectan a la propia supervivencia física; concretamente de esa la supervivencia primaria que es la supervivencia alimentaria, indudablemente esa a la que hace referencia el adagio “primun vivere, deinde philosophare”. A cuento de esto viene la oportunidad de comentar el libro: Nous redeviendrons paysans (volveremos a ser campesinos) ,Editions du Rocher 1993, del ingeniero agrónomo francés Philippe Desbroces; abundantemente documentad acerca de los desastres de la moderna agroquímica y de su posible alternativa a través de la agricultura biológica. En los anexos se incluyen solo los capítulos de conclusiones, que de manera simplificada y retrospectiva resumen el libro.

Así nos recuerda el autor de manera reiterada cosas del tipo: “la primera de las actividades indispensables la vida en este mundo: la agricultura”, “La primera necesidad es la nutrición” o “La agricultura es la más importante de las actividades del hombre sobre la tierra”, cosa que a lo mejor sorprende a los jóvenes urbanitas de nuestro tiempo que pueden tener un orden de preferencia en las cosas importantes de la vida notablemente distorsionado en el sentido de pueden considerar lo más importante de la vida la música bacalao, los móviles o los portátiles de última generación.

Muy en estilo de lo que nos dice el autor, el lema de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Agrónomos dice: “Sine agricultura nihil”, aunque probablemente sea hoy poco conocido e incluso los que los conocen es dudoso que estén convencidos de ello.

Nos cuenta de el autor hasta en los países en vías de desarrollo “sus campesinos son también un especie en curso de desaparición”, desde luego algo que si sucede en Castilla como en la mayor parte del planeta. Y las jóvenes generaciones no parecen tener un excesivo entusiasmo por dedicarse a la agricultura, a no ser que se considere por tal plantar marihuana en macetas.

Frente al panorama de la desaparición del petróleo barato antes de diez años, se plantea el autor algunas cuestiones interesantes en el sentido de conseguir una cierta autosuficiencia alimentaria que no dependa casi totalmente de las frágiles redes de transporte, de la maquinaria agrícola movida por combustibles derivados del petróleo y de las multinacionales de la agroquímica; en este sentido recomienda: “Una región debe poder producir lo esencial de las necesidades de su población”, algo que antepone al discurso mercantil bienpensante de que las producciones agrícolas deben “ser competitivas”. Incluso alerta acerca de una autonomía subsistencia forzada por una disminución notable de combustible por una crisis anunciada desde hace tiempo y plantea cuestiones que jamás oiremos aun político –independiente de su color- en período electoral : “¿Cuánto tiempo será preciso para reconstituir las explotaciones agrarias necesarias, y lo que es que costará si de un único golpe debemos encontrar nuestra autonomía de subsistencia?”.

Pone también el dedo en la llaga acerca del disparatado tráfico mundial de alimentos con el que al final resulta un extraño sistema de distribución según el cual a un alimiento se le obliga a “hacer tres veces la vuelta de la Tierra antes de llegar al plato del consumidor europeo”.

Castilla se despuebla a marchas forzadas sobre todo en sus zonas rurales, disminuye su producción agroalimentaria e industrias derivadas de ella, ante lo cual se propone como panacea: turismo rural; liquidemos la obsoleta producción agroalimentaria, llenemos los campos de placas fotovoltaicas, cultivos para carburante de biomasa, urbanizaciones para segundas viviendas con su correspondientes campos de golf y mientras tanto importemos alimentos del otro extremo del globo; si por un casual se acaba el petróleo –que se está acabando- , si el transporte por tierra, mar y aire se vuelve problemático, costosísimo y escaso no hay problema Dios proveerá.

Solo de manera incidental mencionar que todos los efectos negativos previstos por el autor en 1993 para la próxima década si han visto verificados y ampliamente superados. Es muy difícil que se reaccione de manera colectiva, pero al menos los más perspicaces podrán tomar nota de la conveniencia de cultivar una pequeña huerta, con algunos animales de granja y acaso unas colmenas, es decir una pequeña reserva virgiliana y bucólica que vuelva a hacer ciertos aquellas estrofas de Fray Luis de León:

“que descansada vida
la que huye del mundanal ruido
y se interna por la senda
de los pocos sabios
que en el mundo ha habido”








***************** ANEXO*************************

PHILIPPE DESBROSSES,NOUS REDEVIENDRONS PAYSANS,Editions du Rocher 1993


CAPÍTULO VIII

LOS ESCENARIOS DEL APOCALIPIS

“Nadie sabe cuando ni cómo la crisis monetaria internacional va a producirse, arrastrando e1 hundimiento del sistema de especulación y valores ficticios... Lo que es seguro, es que estos plazos son ineludibles...”

Así se expresa uno de los más grandes expertos financieros de Wall Street, John Kenneth Galbraith, en una entrevista titulada “ Apocalypse tomorrow “, aparecido en el Nouvel Observateur del 6 de febrero de 1987.

¿CUÁLES SON LOS ESCENARIOS POSIBLES PARA LOS DIEZ AÑOS VENIDEROS?

Es muy probable que 1a Historia se embalará más fuertemente aún que 1a aceleración conocida hoy.

El Acta Única de 1992, que crea un mercado libre el interior de la Comunidad Europea, con 1a entrada posible de Turquía, cabeza de puente ideal para las producciones del Oriente, va a poner en presencia economías completamente diferentes en una confrontación donde todo el sistema occidental corre el riesgo de volar en esquirlas.

Este mercado libre europeo es en realidad una apertura al mercado mundial, cuya presión se hace cada vez más fuerte en nuestras fronteras, hasta el punto que ella la sumerge a veces. La mantequilla neozelandesa, los carneros australianos, los relojes electrónicos vendidos a puñados (20 francos pieza, 3,048 euros) procedente de Formosa o Singapur, los automóviles y las motos japonesas, los ordenadores de nuestras grandes marcas fabricados para un bocado de pan en Taiwán, y todo lo que no se sabe o que se finge no saber, para no llevarse del vértigo...

Cuando las últimas defensas que protegen nuestras economías envejecidas, asfixiadas, cedan delante de las de los nuevos países, China, Indonesia, y en general todo el Sudeste asiático, vigoroso, ofensivo, saltando ya de impaciencia a las puertas de nuestros mercados, capaz de fabricarlo todo y de imitarlo todo (en mejor a veces, Japón es un ejemplo), y sobre todo capaces de inundar nuestros mercados con precios de veinte a treinta veces inferiores a los nuestros, la competencia habrá dado paso a una pesadilla, para todo industrial o jefe de empresa concienzudo. En efecto, ¿quien podrá seguir ejerceiendo sus talentos bajo nuestras latitudes, jugar un papel cívico de creador de riquezas y empleos para sus compatriotas, resistir en tal coyuntura? ¿No se ha convertido en locura emprender en Europa?

Por otra parte las potencias financieras internacionales han dado la tónica desde hace tiempo. Invierten desde años en estos nuevos países donde las leyes sociales, los reglamentos son inexistentes, donde se puede aún hacer trabajar a las poblaciones por salarios ridículos comparados los de nuestros países. Los campos de explotación de la energía humana se han desplazado hacia estas zonas más propicias, por eso Europa ha alcanzado los diez millones de parados, de los que tres para Francia. Es una situación explosiva.

Es inevitablemente mucho más ventajoso para las empresas industriales abandonar los lugares de implantación y producción en Europa para transferirlos en los países en vías de desarrollo, con manos de obra a 2,50 francos de la hora (0,38 euros), sin cargas sociales. Los ejemplos pululan, sería necesario un libro para citarlos. Eso va desde los objetos usuales de los que abundan nuestros bazares, a los productos agroalimentarios, pasando por los ultramarinos finos, los cosméticos, los pesticidas, los ordenadores, los vestidos...

¿Qué puede esperarse de la generalización de estas tendencias? Bien seguro que aprovecharán a algunos multimillonarios internacionales y que suscitan nuevos, que quizá eliminarán a los primeros, por esto no son más que epifenómenos. Lo más grave, es que nuestra economía bascula en un pozo sin fondo arrastrando todas las consecuencias que se adivinan: recesión, paro acrecentado, conflictos sociales, empobrecimiento acelerado de las poblaciones, por lo tanto hundimiento de los mercados por insolvencia creciente, de donde mercados negros o mercados paralelos que empeorará aún las situaciones; advenimiento de una economía diversificada de supervivencia, sobre todo de supervivencia alimentaria.

Hay que tener en cuenta por otra parte que la debilidad de los países en curso de desarrollo, entre los que pueden provocar el hundimiento de los sistemas económicos occidentales, es la agricultura.

Qué puede ocurrir sobre un planeta donde solamente se será capaz de vender tres automóviles para el precio de uno y ordenadores en saldo la docena, mientras que la producción alimentaria va a continuar cayendo, como es fácil de imaginar a partir de los elementos que se han sido presentados en este libro.

La agricultura industrial y sus resultados provisionales, concentrados sobre zonas limitadas de la tierra, no puede mantener indefinidamente sus rendimientos, su derroche energético, su costes de producción cada vez más elevados y aún menos sus desórdenes ecológicos. Cada población, cada familia incluso, va a comprender, tanto más rápidamente cuanto crezca la necesidad, de producir directamente lo esencial de sus propias necesidades de subsistencias. Volverá a ser ventajoso cultivar su jardín o agruparse por pequeñas comunidades para producir su alimentación.

En los países donde el hambre prevalece, se seguirá muriendo de hambre, hasta el renacimiento de sistemas agrícolas convenientes, autónomos y autosuficientes, de los que citamos algunos ejemplos. Los países cuya agricultura pletórica da por el momento 1a ilusión de la seguridad alimentaria van a confrontarse con una revisión desgarradora de su situación por la sinergia de varios factores.

- en primer lugar su poder adquisitivo va a bajar considerablemente, por la competencia de las economías más jóvenes que van a sumergir el nuestro (de donde paro, pauperización entre nosotros);

- los precios de los productos de 1a agricultura industrial, mantenidos artificialmente bajos estos últimos años, van a sufrir subidas muy importantes, ya que no se pueden camuflar los costes reales y seguir indefinidamente las transferencias de cargas que también ellas han alcanzado sus límites;

- contrariamente a los abastecimientos de productos usuales de origen industrial procedente de los países en vías de desarrollo, los consumidores occidentales no podrán esperar los mismas ventajas con los productos agrícolas, ya que precisamente estos nuevos países no tienen la posibilidad de alimentarnos y sus campesinos son también un especie en curso de desaparición, 1o probamos sobreabundantemente a lo largo de esta obra.

La conclusión, es que la supervivencia de la mayoría de las poblaciones del globo pasa por una vuelta la tierra. Para algunos parcialmente, como complemento de actividad o como ocios útiles. Para otros, de buen o de mal grado, porque no habrán encontrado nada mejor para garantizar su propia subsistencia, y para una tercera categoría de manera más profesional, en los planes de adaptación y desarrollo rurales que obligará a los Gobiernos a establecer para reconstituir la primera de las actividades indispensables la vida en este mundo: la agricultura.Entonces, ¡volveremos a ser campesinos... ¡

Pp 211-214

CAPÍTULO IX

El MUNDO CAMBIA

Nada es más fuerte que una idea que llega a su hora...V. HugoEn 1988 y 1989, realicé un periplo a través de numerosas regiones de Francia sobre del tema de " Quiebra alimentaria".

Pude medir el interés del público con motivo de conferencias o coloquios sobre lo que está en juego a niveles socioeconómicos de este fin de siglo y sobre el porvenir de 1a agricultura. Las inversiones de tendencias en materia de comportamiento, aspiración, método de vida, son reveladoras de la revolución en curso.

Todas las grandes epopeyas humanas están basadas en creencias, deseos, imágenes... La energía de la fe es así perceptible en las realizaciones humanas del pasado y el presente: las Pirámides, el Partenón, Notre Dame de Chartres o los cohetes interplanetarios, gloria de la ciencia contemporánea. La conquista de la luna forma también parte de estos milagros de la creencia por la cual el pueblo se deja imponer los más pesados sacrificios.

Pero hoy el ideal común de la felicidad y las imágenes que están vinculadas no son ya las mismas que hace treinta años. El sueño de potencia industrial, de abundancia de bienes materiales no suscita ya los fantasmas de los años 1960. Incluso si la competición sigue siendo salvaje, como consecuencia de las prácticas y obligaciones del pasado, el corazón no está en ello y una sorda inquietudes golpean ligeramente los espíritus. Observamos en efecto que cuanto más se desarrollan los resultados, más generan consecuencias insoportables, y el torno se estrecha progresivamente para rápidamente amenazar la seguridad de los que se creían mejor protegidos.

La crisis económica, o más bien la < crisis de consciencia > que prevalece ha pues puesto en entredicho los modelos y los mitos de la sociedad productivista. Después de haber creído en el bienestar por 1a acumulación de bienes materiales - producir más para consumir aún más, divisa de la civilización industrial - y haber mantenido la ilusión de su infalibilidad tecnológico, la sociedad moderna, desilusionada, descubre la contrapartida de su extraño progreso: mercancías sin mercado, éxodo rural, paro, droga, delincuencia, recursos naturales saqueados, empresas arruinadas y restaurantes del corazón... Parece urgente definir otros criterios, forjar nuevos valores, establecer un consenso social lejos de los espejismos de la competencia económica y de la "ley de mercado", de las que se pudieron medir los límites y derivas funestas.

Nuestro planeta Tierra, no lo dudemos, es una nave cuyas dimensiones se estrechan de día en día, y nuestra supervivencia de todos depende en adelante de nuestra aptitud administrar solidariamente y equitativamente los recursos.

El derroche no está pues ya permitido. Se considera como indecente con respecto de estas multitudes famélicas que se insertan de día en día en un abismo de sufrimiento y desamparo, en parte a causa de las expoliaciones que genera el método de vida de los países ricos. Indecencia, nuestras tierras quedan en barbecho, cuando el tercio de humanidad muere de hambre. Las tierras no han sobreproducido nunca , son los abonos químicos contaminantes, las hormonas y los pesticidas lo que es necesario congelar, ya que destruyen las bases de la vida sobre el conjunto del planeta: los recursos naturales, la fertilidad de los suelos y los campesinos, cuya presencia y actividades son prenda de seguridad para el porvenir.

¿Cómo no indignarse ante la absurdidad de los programas puestos en marcha estos últimos años, cuando de un lado las instituciones financian a golpes de mil millones de francos o ecus (nuestro dinero, hoy día euros) la puesta fuera del circuito de millones de hectáreas de tierras fértiles, y de otro lado subvencionan 1a adaptación de territorios no agrícolas - saneamiento, drenaje de zonas húmedas vocación ecológica - para transformarlos en superficies de producción agrícola? ¿Cómo aceptar que una parte del territorio se ponga en barbecho para justificar la sobreexplotación de la otra parte con el mantenimiento de métodos intensivos, lo que en término final conducirá a dos desastres: una Francia del vacío y una Francia polucionada?

La congelación de las tierras es una constatación de fracaso de las políticas agrícolas pasadas. Es un consentimiento de impotencia ante la necesidad reformar las orientaciones y los métodos de la agricultura industrial.

Afortunadamente nadie más garantiza tales orientaciones. Es la gran victoria de la década 1990, la agricultura biológica ganó su apuesta. Ella aparece hoy día como un recurso indispensable ante lo que está en juego del mundo moderno. Constituye un conjunto coherente de técnicas realmente productivas, respetuosas de los recursos y del entorno, que hizo sus pruebas para un desarrollo sostenible. Incluso sí mañana se olvida su nombre, habrá reformado de manera definitiva los conceptos materialistas de 1a agroquímica.
La ilustración más espectacular de los cambios de mentalidad se encuentra en dos discursos, habidos con dieciséis años de intervalo por una de las personalidades más influyentes del mundo agrícola en Francia.

El 12 de mayo de 1972, el Diario La Marne agricole publicaba, bajo la referencia <>, el texto siguiente:

Lo que es grave para los agricultores, es la campaña hecha por ciertos especialistas en favor del "cultivo bilógico"... los debates tuvieron lugar en la radio, donde se cargaron en cuenta las inexactitudes más flagrantes, y los agricultores se dejaron tentar por estos manifestantes que no conocen nada, pero están al servicio de gente muy interesada {...}. Un reciente estudio de 1' INRA, cuya imparcialidad no se podría poner en duda , ha concluido la ineficacia total de tales métodos. Es hora de decir a los agricultores que esta " agricultura biológica" los minaría rápidamente, sin beneficio para los consumidores, pero en de beneficio de charlatanes que explota el gusto bien natural de los Franceses por los productos de calidad...

Dieciséis años y mitad más tarde, el 10 de enero de 1989, en el Diario L’Union del departamento del Marne, la misma personalidad se hacía el intérprete de la Comunidad Europea, en una sesión de la cámara agrícola de este departamento. He aquí los extractos que yo he retenido:

Durante siglos, la actividad agrícola se practicó en armonía con el medio ambiente, pero no va más de lo mismo con algunas tendencias de 1a agricultura actual, que la evolución tecnológica desde la última guerra plantea una serie de problemas a los hombres y a los medios naturales, a los cuales es necesario poner remedio {...}. La actividad agrícola no debe ya ser considerada solamente como productora de géneros, sino cada vez más como generadora de marco de vida y servicios.Lo cualitativo debería pues alzarse en el cuantitativo en las preocupaciones [...} El papel de la agricultura es no solamente asegurar las funciones estratégicas, económicas y sociales, sino también de conservar el entorno rural. {... }. El FEOGA (Fondo Europeo de Orientación y de Garantía Agrícola) debería financiar programas regionales en favor de prácticas agrícolas ecológicas, para evitar la desaparición de los especies autóctonas, la contaminación de las aguas por los abonos y los pesticidas, la degradación de los suelos, la acumulación de metales pesados, las concentraciones inoportunas, la destrucción de los setos..., tantas prácticas que, a largo término, pueden volver los suelos impropios para el cultivo.Entre estos objetivos, la CEE tiene la intención de revisar la legislación sobre los pesticidas. La política agrícola debe permitir reducir al estricto minimum el uso de estos productos químicos, no solamente habida cuenta de los riesgos que hacen correr al hombre, la fauna y la flora, sino teniendo en cuenta también los efectos a largo término sobre el entorno. Por lo que se refiere a la producción animal y vegetal, se trataría de favorecer la extensificación y de limitar los esparcimientos de abonos mineral y animales en algunas zonas. Finalmente la comisión prevé favorecer la aprobación de los productos biológicos...

Agradezcamos al Sr. Philippe Neeser, miembro eminente de 1a Asamblea permanente de las cámaras agrícolas, de haber hecho esta constatación objetiva sobre la agricultura moderna, después de haber sido, quince años antes, uno de los más fervientes promotores. Rindámosle homenaje por este testimonio de lucidez.

Este ejemplo de toma de conciencia de los peligros de la agricultura industrial no es el único. Demuestra los cambios en curso en la opinión pública, de la que podemos predecir que se van acelerar. Varias razones para eso.

La mayoría de las guías espirituales del planeta se comprometieron sin ambigüedad en esta revolución ecológica, ya se trate del Papa o el Dalai- lama, entre otros. El significado de su compromiso es considerable. El hecho de fundar una nueva moral cristiana sobre el respeto del medio ambiente para que la paz reine sobre la tierra, como lo hizo Juan- Pablo II dedicando a este tema la totalidad de su mensaje de final de año (1), o como el – Dalai-lama cuando alega la responsabilidad universal y el altruismo como nueva norma social, en su mensaje para la protección del plan y el advenimiento de una comunidad global (2), son anunciadores de profundas metamorfosis en el pensamiento y los comportamientos humanos.

(1) La croix 6 diciembre de 1989
(2) Édition Olizane, Genève 258, 1990

Pp 215-218

jueves, 10 de enero de 2008

Incipit comediae

Incipit comediae

Comienza con esta una nueva andadura de la asociación Cofre Cultural Castellano que se podía abreviar con tres ces o sea C.C.C.; de alguna manera esta asociación en mucho más modesto se pretende heredera de alguna manera de la asociación Comunidad Castellana, en abreviatura C.C., es lógico que así como en una relación de sucesión correlativa de números al dos sigue el tres, a dos ces C.C. siguen tres ces C.C.C.; así pues a una sucesión cronológica corresponde una sucesión correlativa en el número de ces.

La de cofre hace referencia al depósito donde se guardaban antes los tesoros, siempre en peligro de ser arrebatados en el momento más inesperado por fieros piratas; el cofre pues lo mismo estaba en manos de su legítimo dueño que en manos de un feroz pirata; no se sabe pues si contiene las riquezas paciente y sudorosamente acumuladas por su legítimo dueño, o más bien son el botín insólito a la espera de ser gastado en bacanal y orgía.

El cofre hace pues referencia a misterio;, un tesoro –en especial para los piratas- nunca se conocía exactamente en su valor, había un elemento de sorpresa y asombro antes de su descubrimiento, nada que ver con las finanzas cuantitativas de nuestro tiempo que pretenden con sus fórmulas calcular valores actuales o futuros sin dejar espacio alguno al bandolero eventual que irrumpa para poner fin a las sucesiones matemáticas previstas con la regularidad de los astros en el cielo.

Así pues este cofre lo mismo se dedicará a la paciente labor cultural de lo castellano, que a irrumpir de manera inesperada con temas que desbordan ampliamente esa concreción, no sabemos por tanto ni el día ni la hora en tal irrupción acaecerá; lo mismo que la aviación de combate no avisa, ni los piratas y bandoleros proclaman edictos antes de cometer sus tropelías, así tampoco habrá planificación previsible de los temas de este cofre, siempre a la espera de la inspiración, de la gracia y de la baraka.