jueves, 23 de agosto de 2018

Sumario de la obra de 'Abd al-Karîm al-Jîlî (Titus Burckhardt)


Titus Burckhardt
SUMARIO DE LA OBRA DE 'ABD AL-KARCEM AL-JCELCE
Ext. de "al Insân al-Kâmil" ("Del Hombre Universal"). Traducido del árabe y comentado por Titus Burckhardt. París, Dervy-Livres, 1975.
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Con el presente envío damos por finalizada la traducción al castellano de esta notable obra de 'Abd al-Karîm al-Jîlî. La
edición francesa presenta un glosario de las expresiones árabes empleadas en el texto, que no hemos creído oportuno reproducir aquí. El indice es el siguiente:
Introducción (Titus Burckhardt) [DT-424. 23/10/98] Sumario de la obra de 'Abd al-Karîm al-Jîlî (Titus Burckhardt) [DT-425. 23/10/98]
TRADUCCIÓN:
De la Esencia (adh-dhât) [DT-318. 20/04/98]
Del Nombre (al-Ism) [DT 359. 08/07/98]
De la Cualidad (aÇ-Çîfah) [DT 374. 03/08/98]
De la Cualidad de Divinidad (al-ulûhiyah) [DT-415. 07/10/98]
De la Unidad (aI-ahadiyah) [DT-416. 08/10/98]
De la Unicidad (al-wâhidiyah) [DT-417. 09/10/98]
De la Beatitud misericordiosa (ar-rahmâniyah) [DT-418. 10/10/98]
De la Oscuridad divina (al-am) [DT-419. 12/10/98]
Del Desvelamiento (tajallî) de las Actividades divinas
(al-afâl) [DT-420. 13/10/98]
Del Desvelamiento (tajallî) de los Nombres divinos [DT-421.
18/10/98]
Del Desvelamiento (tajallî) de las Cualidades divinas [DT-422.
19/10/98]
Del Desvelamiento (majlâ) de la Esencia [DT-423. 21/10/98]
Cualquier reproducción con ánimo de lucro del contenido de los textos recibidos por este medio no está prohibida con respecto a Difusión Traditio, pero constituye una acción francamente reprobable que afectará seriamente a la conciencia del individuo en cuestión. Si un tal hecho se produce y llega a nuestro conocimiento, será automáticamente eliminado de esta lista.
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Los seis capítulos siguientes describen lo que puede ser llamado los Grados divinos, a saber: la Naturaleza divina, la Unidad, la Unicidad, la Beatitud misericordiosa, el Señorío y la Oscuridad divina. En nuestra traducción hemos dejado de lado el capítulo sobre el Señorío, cuyo contenido ya está en su mayor parte implícito en los demás. Al hablar de la Oscuridad divina, que es la Realidad no-manifestada de Dios, Jîlî retoma en cierto modo lo que decía al principio acerca de la Esencia. Esta serie de capítulos constituye pues un ciclo completo.
No hemos traducido los dos capítulos siguientes, que tratan de la transcendencia (at-tanzîh) y de la inmanencia (at-tashbîh) divinas, pues ninguno de ambos capítulos constituye un eslabón indispensable en el conjunto lógico que nos hemos propuesto reproducir.
Los cuatro capítulos siguientes, por el contrario, que se refieren
al "desvelamiento" (tajallî) de las Actividades, de los Nombres, de
las Cualidades y de la Esencia, están relacionados con los que tratan
de los Grados divinos, en el sentido en que describen la gradual
realización de estos mismos Grados. Observemos a propósito de ello
que la consideración de las Actividades divinas en el hombre se
relaciona muy naturalmente con el dominio de la acción y de la
voluntad humanas, mientras que el conocimiento de los Nombres y de las
Cualidades -implicando éstas esencialmente a las Actividades- es del
orden de la contemplación pura. La contemplación de Dios a partir de
Sus Nombres se sirve de soportes ideales, al ser cada Nombre divino como
un punto de vista intelectual que concierne a la Esencia. En cuanto al
"desvelamiento" de las Cualidades, implica una penetración efectiva de
las modalidades divinas, de manera que el sujeto individual deja de
existir como foco de la visión. El último de estos capítulos
concierne al conocimiento inmediato de la Esencia, conocimiento que es
patrimonio del Hombre universal en tanto que "polo" de la existencia.
Hasta aquí llega nuestra traducción, que no es por lo demás
completa, ya que hemos omitido algunos pasajes de importancia secundaria
o de carácter demasiado hermético; hemos marcado con puntos
suspensivos los pasajes omitidos; por otra parte, el carácter
condensado del texto original exigía ciertas interpolaciones, de
manera que hemos señalado éstas entre corchetes. La lengua árabe
es a la vez concisa y compleja -las palabras tienen muchos
significados, y abundan los sinónimos-, cualidad que se presta a la
especulación metafísica, pero que a veces hace imposible una
traducción literal (1).
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Posteriormente, Jîlî considera en primer lugar las siete


Cualidades llamadas de la Persona (an-nafs) divina, que son: la Vida (aΙ-hayâh), el Conocimiento (al-'ilm), la Voluntad (al-irâdah), la Potencia (al-qudrah), la Palabra (al-klam), el Oído (as-sam') y la Vista (al-baÇar).
Todas las Cualidades divinas pueden dividirse en cuatro grupos, según se refieran exclusivamente a la Esencia, como la Unidad, la Unicidad, la Singularidad, la Independencia absoluta, etc., o bien a los modos divinos de la Belleza, de la Majestad y de la Infinitud.
Belleza (jamâl) y Majestad (jalâl) corresponden en cierta manera a los dos polos de la inmanencia y de la trascendencia, pues la Majestad fulmina a la criatura, mientras que la Belleza la colma.
La Infinitud (al-kaml) sintetiza a uno y otro modo. Es por Infinitud, y no por "Perfección" ni por "Universalidad", que debe traducirse la palabra kamâl cuando se refiere a Dios, pues la perfección de Dios, escribe Jîlî, consiste en que ΈΙ no tiene limites.
Los pronombres personales con los que el texto coránico se refiere a Dios expresan igualmente "aspectos" esenciales; se hace derivar del pronombre huesa, "i", al-huwiyah, la "Aseidad", o la "Ipseidad"; dicha expresión designa el Misterio absoluto, pues el pronombre ΈΙ es el de la "persona ausente". A la Aseidad se opone lógicamente el "Sujeto divino", al-aniyah, cuyo nombre deriva del pronombre ana, "Yo".
La Eternidad divina es considerada como poseyendo tres dimensiones: la Eternidad sin comienzo (al-azal), la Eternidad sin fin (al-abad) y la Preexistencia (al-gidam).
Los siete "Días de Dios" (ayâm Allâh) corresponden a la
Actualidad divina, pues Dios se halla "cada día en acto" (Corán, LV, 29).
***
En una serie de capítulos, de los cuales el primero es el que versa sobre la "Resonancia de la campana", y el último sobre el "Sinaí y el Libro escrito en líneas", Jîlî considera las
modalidades de la revelación en el sentido específico del término.
La "resonancia de la campana" (calÇalat al-jaras) significa un sonido sutil que el Profeta oyó cuando tuvo la revelación del Corán, y corresponde a la repercusión de la potencia divina a través de los múltiples estados de la existencia.
El Corán menciona tres nombres principales del Libro revelado: "La


Madre del Libro" (umm al-kitâb), nombre que designa el prototipo
eterno del Corán, "la Recitación" (al-qur'ân), nombre del
Corán como revelación auditiva, y 'la Discriminación"
(al-furgân), es decir, el Corán como Ley sagrada. Según Jîlî,
la Madre del Libro corresponde al fondo insondable de la Divinidad,
origen maternal del universo; al-qur'ân corresponde análogamente
al estado de Unidad suprema, "descendido" en el cuerpo del profeta, y
al-furgân simboliza el conjunto de las Cualidades divinas, es decir,
la distinción principial, igualmente "descendida" sobre Muhammad.
Son éstos aspectos intemporales del Corán; sobre el plano terrestre, sucede a los otros tres grandes libros sagrados de la linea abrahámica, la Torá, el Salterio y el Evangelio, en virtud de un encadenamiento cíclico que quiere que cada revelación, necesariamente limitada en su forma -aunque no en su esencia- sea compensada por otra. Así, la Torá y el Evangelio manifiestan una cierta polaridad, de la que Jilî dice en suma lo que igualmente expresa el adagio cristiano: Christi doctrina revelat quid Moisi doctrina velat. El Corán aparecerá entonces como una síntesis de las tendencias judía y cristiana, o como el restablecimiento de un equilibrio fatalmente roto.
***
La segunda parte de la obra trata de cosmología, y más exactamente de cosmología metafísica, pues las realidades cósmicas siempre son reducidas a sus principios divinos.
Esta parte comienza con la descripción de los grados de la manifestación principial, cuyos soportes inmediatos son las realidades ilimitadas del mundo informal. Sus nombres, casi todos sacados del Corán, simbolizan las "moradas" o las "estaciones" de la Divinidad, tales como los "Baldaquinos supremos" (ar-rafrat al-a'lâ), el "Lecho de reposo" (as-sarîr), los "dos Pies y las dos Sandalias" (ar-rijlayn wa an-na'layn), el "Trono" (al-'arsh), el "Pedestal" (al-kursî) y el "Árbol Loto del Limite extremo" (sidrat al-muntahâ). Son
éstos como otros tantos espejos de la irradiación divina integral. Su jerarquía se diferencia en virtud de la polarización sucesiva en principio activo y principio pasivo: lo que es pasivo con respecto al grado superior es a su vez activo hacia lo que domina. Esta polaridad es particularmente explícita en la relación entre el "Cálamo supremo" (al-galam al-α'Ιâ) y la "Tabla Guardada" (al-10h al-mahfûz), pues el Cálamo inscribe la Ciencia divina del universo sobre la Tabla que, a su vez, es el prototipo inmutable del devenir (2).
Ahora bien, el soporte cósmico primero de las manifestaciones divinas, así como su agente eterno, no es otro que el Espíritu (ar-rûh), que es a la vez creado e increado, puesto que representa el


mediador entre Dios y el universo (3). Jîlî da a la "faz" increada del Espíritu el nombre de Espíritu santo (ar-rûh al-quds),
mientras que le llama el Espíritu en tanto que primera criatura, "el
Ángel llamado Espíritu" (al-malak al-musammâ bir-rûh).
El Espíritu se refracta en seis facultades de conocimiento que tienen su sede en el hombre, pero cuyas esencias son cósmicas y angélicas, de modo que representan, en sus realidades no-individuales, otras tantas facultades del Hombre universal; son: el corazón, el intelecto, la facultad conjetural, la fuerza de decisión, el
pensamiento y la imaginación.
Entre estas facultades, el corazón (al-galb) es central, pues es el "lugar" en que las Realidades trascendentes entran en contacto con el hombre; es el órgano de la intuición y de la revelación
(at-tajallî) divina.
El intelecto primero (al-'aql al-awwal) se identifica
esencialmente con el Espíritu, y en consecuencia con el corazón; sin embargo, su reflejo en el hombre es en cierto modo complementario del corazón; podría decirse que éste revela la Presencia divina bajo su aspecto de "ser", mientras que el intelecto -es decir, la
refracción cósmica del Intelecto primero- la revela bajo su aspecto de "ciencia". Según un simbolismo planetario que Jîlî expone más adelante, el corazón es solar; corresponde al centro luminoso del universo, mientras que el intelecto corresponde a la esfera planetaria más alejada, la de Saturno, que engloba a las demás.
La palabra al-wahm designa la facultad conjetural, la imaginación activa o el poder de ilusión, que representa la potencia cósmica más temible que el hombre haya recibido en prenda, pues manifiesta la tendencia demiúrgica que atrae a toda posibilidad, aunque sea inagotable.
Al-Himmah, por el contrario, significa la facultad de ascensión espiritual, la aspiración del hombre hacia lo esencial y su fuerza de decisión, su voluntad de liberación.
El pensamiento (al-fikr) representa una modalidad de conocimiento indirecto. Las imperfecciones del pensamiento residen en sus "ramas", y no en su "raíz", que toca las posibilidades superiores del hombre. El pensamiento -especialmente la meditación (tafakkur)- puede ser una "clave" de conocimiento espiritual.
La sexta facultad descrita en el libro de Jîlî es la
imaginación (al-khayâl), cuyo papel es relativamente pasivo en oposición al de la facultad conjetural (al-wahm); en efecto,
al-khayâl es como la materia plástica de la mente, de forma que esta


facultad corresponde análogamente a la materia prima del mundo de las formas.
Hemos insistido un poco sobre estos capítulos que conciernen a las facultades del alma porque hay aquí una verdadera psicología
espiritual, es decir, una ciencia del alma bajo el aspecto de sus
contactos con el mundo del Espíritu. Es igualmente en este sentido como debe comprenderse la elección de las facultades descritas, entre las cuales faltan las facultades de sensación y de acción, mientras que la voluntad es únicamente considerada en su exaltación
espiritual, como himmah (4).
Todas estas facultades tienen sus "orígenes" perpetuos en la
"Forma muhammadiana" (aÇ-Çûrat al-muhammadiyah), el germen de Luz divina del que han sido creados los paraísos y los infiernos. Jîlî
describe los estados paradisíacos y los estados infernales, que no son realmente eternos (5), puesto que finalmente todo será reintegrado en Dios.
Todas las tendencias subversivas tienen su soporte en la psique (an-nafs), que es la raíz de la individualización y que se opone en cierta manera al espíritu (ar-rûh). No obstante, ella tiene su
prototipo universal e inalterable en la "Forma muhammadiana".
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Es del "Hombre universal" en tanto que "síntesis de todas las realidades esenciales (hagâϊq) de la existencia" que Jîlî habla en el capítulo que prácticamente es el último del libro, no siendo en suma el resto más que un añadido. Como el propio autor afirma, este capítulo ocupa precisamente el lugar de una síntesis final de todo lo que ha descrito en los capítulos anteriores: la Esencia, los aspectos divinos, la revelación, los grados de la existencia, el microcosmos, el devenir del alma.
Citemos algunos pasajes de este capítulo: "Cada individuo del género humano contiene enteramente a los otros, sin defecto alguno, no siendo su propia limitación más que un accidente... En tanto las condiciones accidentales no intervengan, los individuos son entonces como espejos opuestos, y cada uno refleja plenamente al otro...". Es decir, que cada individuo contiene esencialmente, por su inteligencia, la realidad de todos los demás, e incluso de toda cosa existente. "...Pero unos no contienen las cosas sino en potencia, mientras que los otros, a saber, los perfectos de entre los profetas y los santos, los contienen en acto...". Esto significa que realizan su identidad esencial con toda cosa, pues es evidente que no contienen a las cosas concretamente; hay no obstante grados en esta "actualización" de la esencia del hombre, pues la plenitud perfecta no pertenece sino al


Hombre universal, que se identifica con el profeta Muhammad. Es necesariamente así según la perspectiva del Islam, pues cada tradición conoce al Hombre universal a través de su propio polo espiritual.
"...ΕΙ Hombre universal -escribe Jilî más adelante- es el polo alrededor del cual evolucionan las esferas de la existencia, de la primera a la última; es único en tanto que dure la existencia... Sin embargo, reviste diferentes formas y se revela por los diversos cultos, de manera que recibe múltiples nombres (6)... En cada época, tiene el nombre que corresponde a su actual vestidura. Es así como yo lo encontré en la forma de mi maestro Sharaf ad-dîn Ismό l
al-Jabartî; yo no sabía que él era el Profeta; le veía como un
maestro... Es como si se viera en sueños a una persona revestida de la forma de otra.., aunque hay una gran diferencia entre el estado de sueño y el de vigilia... Pero no imagines que hay en mis palabras ninguna alusión a la metempsícosis...".
"Debes saber que el hombre universal implica en sí mismo correspondencias con todas las realidades de la existencia. Corresponde a las realidades superiores por su propia naturaleza sutil, y a las realidades inferiores por su naturaleza grosera... Su corazón corresponde al Trono divino; y, por otra parte, el Profeta dice que el corazón del creyente es el Trono de Dios; su Yo (aniyah) corresponde al Pedestal divino, su estado espiritual al Árbol Loto del Limite extremo, su intelecto al Cálamo supremo, su alma a la Tabla Guardada, su físico a los elementos, su receptividad a la Hylé, etc.".
"ΕΙ Profeta decía que Dios había creado a Adán según la
forma del Clemente, o también, según otra tradición oral
(hadîth), que Dios había creado a Adán en Su forma. Pues Dios es viviente, conocedor, potente, dotado de voluntad, de oído, de vista y de palabra, al igual que el hombre es viviente, conocedor, etc.".
"Debes saber que al Hombre universal pertenecen principialmente los Nombres de la Esencia y las Cualidades divinas, al igual que el reino [universal], al que rige en virtud de su esencia... Es entonces para Dios lo que el espejo es con respecto a la persona que en él se mira... Pues Dios se impone a Si mismo no contemplar Sus propios Nombres y Cualidades más que a través del Hombre universal. Es éste además el sentido de la expresión: "Hemos ofrecido un pacto [el depósito de la fe] (7) a los cielos, a la tierra y a las
montañas, pero han rehusado hacerse cargo de él y le han temido, mientras que el hombre -que es injusto e ignorante- se ha hecho cargo de él" (8). Es decir, hirió a su propia alma bajando de un tal alto rango; y es ignorante de su propia capacidad, ya que es el lugar del pacto (o garantía) divino, y no lo sabe...".


El resto del libro trata de cosmología; especialmente del
simbolismo de las esferas planetarias. Éstas corresponden al sistema geocéntrico, lo que no quita ninguna validez a las analogías, pues este sistema reproduce el orden de las cosas tal como éstas aparecen espontáneamente a la visión humana; tiene entonces todo el alcance espiritual que poseen los "signos" visibles de Dios (9).
Señalemos también que la cosmología sufí se vincula con la angelología, al igual que el mundo físico está relacionado con el mundo sutil, y más allá con el mundo del Espíritu. En cuanto a la angelología, se integra a su vez en la ciencia de las Cualidades divinas, como toda función espiritual se integra en un aspecto de Dios.
NOTAS:
1.     Para nuestra traducción, nos hemos basado en la tercera edición de la Prensa Azhariana de El Cairo, 1329 H. (1908).
2.     Ver a este respecto Frithjof Schuon, L'Oeil du Coeur (colección Mystiques et Religions, Ed. Dervy-Livres, París), capítulo En-nûr, y Du Soufisme, p. 46.
3.     Ver Introduction aux doctrines ésotériques de l'Islam, capítulo "del Espíritu".
4.   El simbolismo planetario al que hemos aludido permite situar estas facultades en una jerarquía visual: el corazón corresponde al Sol, cuya posición es en cualquier caso central con respecto a los otros planetas, sea cual sea el sistema astronómico adoptado; el intelecto corresponde a la esfera de Saturno, la voluntad espiritual a la de Júpiter, la facultad conjetural a la de Marte, la imaginación a la de Venus, el pensamiento a la de Mercurio. A la de la Luna, Jîlî hace corresponder el espíritu vital, igualmente llamado rûh. Se observarán las posiciones antínόmicas, según el orden
geocéntrico de los planetas, de al-himmah y al-fikr, al igual que las de al-wahm y al-khayâl.
5.     La eternidad absoluta no pertenece sino a Dios.
6.     Es Muhammad para los musulmanes, Cristo para los cristianos, cada Avatâra para los hindúes, el Buda para los budistas... En este último caso, la idea del hombre universal absorbe toda cualidad positivamente descriptible de Dios, pues la Esencia como tal no se expresa sino por negaciones.
7.     El añadido entre corchetes es nuestro (Difusión Traditio).
8.     Corán, XXXIII, 72.
9.     Ver nuestro estudio Una clef spirituelle de l'Astrologie musulmane d'après Mohyi-d-dîn ibn 'Arabî (Les Editions Traditionnelles,
París, 1950) [Clave espiritual de la astrología musulmana según Mohyiddîn Ibn Arabî, Barcelona-Palma de Mallorca, J. J. De Olañeta Ed., 1998, 2AA ed.].

miércoles, 22 de agosto de 2018

La crisis del mundo posmoderno (Nikos VARDHIKAS)


La crisis del mundo posmoderno

Nikos VARDHIKAS
Vers la tradition

Se "sabía" (1) que la fase materialista de la civilización occidental iría seguida de una fase pseudo-espiritual.

Un monje ortodoxo viene a recordarnos (2) que esta fase no es sin embargo sólo una ideología o una cultura dominante, como lo era la ciencia en la época materialista, sino que es entera y totalmente económica, carente de cualquier otro fundamento que no sea el éxito. La civilización tradicional tenía una base metafísica, más tarde transformada en filosofía e incluso más tarde en ideología científica. La Nueva Civilización se basa en el reconocimiento del fracaso de las ideologías, tiene en cuenta los límites del materialismo y del determinismo científico (alcanzados por el estudio de lo infinitamente pequeño y lo infinitamente grande), y propone como base un "déficit de verdad" (es decir, un vacío) que no reemplaza por nada.

El enfoque económico, sin embargo, se ha expandido considerablemente; ahora es una economía antropocéntrica, teniendo en cuenta no sólo el cuerpo hombre, sino también (si no sobre todo) el hombre psíquico. Existe ahora una economía psíquica que se ha convertido de facto en global desde la caída del comunismo, pero también de jure porque aborda fantasías "universales". Es la economía de la nueva era, la de los "productos vivos"; ya no apunta sólo a satisfacer las necesidades corporales y su éxito ya no se basa en el rendimiento o la utilidad de los productos, sino que su criterio de éxito es tener en cuenta las necesidades psíquicas de autoconfirmación, es decir, encerrarse en un ego inflado más allá de toda proporción. Su medio de operación es la exacerbación de las pasiones y fantasías psíquicas.

Puesto que esta "base" es más real que la anterior, porque las pasiones psíquicas son una realidad universal que puede ser explotada tanto por los burgueses occidentales como por los fundamentalistas musulmanes o por los intocables (como por los brahmanes) indios, no hay una ideología o una cultura social o nacional o incluso una religiosidad y una moralidad que pueda hacerles frente. Esta vez, sólo la santidad puede escapar, es decir, la lucha contra las pasiones o la realización espiritual. Eso significa que pocos son capaces de escapar.

Hay que reconocer que el número de personas cualificadas siempre ha sido pequeño y el número de personas alcanzadas aún más pequeño; pero una sociedad hacia este ideal podría resistir mejor.

En la fase intermedia, incluso una ideología o religión exótica vivida exotéricamente era suficiente; a partir de ahora, ninguna tradición "incompleta desde arriba", o en la que el aspecto esotérico se vuelva decadente, podrá resistir. En el pasado, la antitradición necesitaba de sus "santos", filósofos o científicos ateos cuya labor consistía en ejercer una influencia intelectual sobre las sociedades que aún podían permanecer, al menos teóricamente, orientadas hacia los modelos del santo o, en su defecto, del héroe. Hoy en día, el papel que antes se asignaba a personajes como Bacon, Voltaire, Freud, Sartre, Marx et al. pasa a manos de diseñadores, anunciantes, institutos de sondeo, ejecutivos (todos anónimos) y, en última instancia, a la psique del propio hombre de la calle, correctamente (pero de forma incompleta y sin trascendencia) tomada en cuenta, sin ninguna necesidad de persuasión.

La satisfacción de las necesidades vitales (hasta ahora un campo relativamente "neutro") se convierte así en un vehículo de antitradición; es fácil comprender que si la compra de un simple objeto cotidiano corre el riesgo de convertirse en un factor adicional de repliegue hacia el callejón sin salida egocéntrico, las cosas son serias. Se trata de llegar "si es posible, a los elegidos mismos" y se comprende fácilmente que se está cerca del cumplimiento de la profecía del Apocalipsis: nadie puede vender ni comprar si no acepta la marca de la Bestia en la frente y en el brazo (es decir, en el pensamiento y en la acción).

El más mínimo producto industrial se diseña, fabrica y vende ahora sobre la base de estudios, no por su valor técnico, sino por las fantasías que será capaz de transmitir (lo que el monje llama su "profundidad de información"). El comunismo cayó debido a su incapacidad para fabricar tales productos, no debido a la sed de libertad (3). Todo está diseñado para producir fantasías de tal manera que sólo un producto codiciado, lujoso y muy caro era capaz de producir. La atracción que ejercen estos productos supera con creces la que se prestaba a la pasta de dientes para los súbditos de los países comunistas"(4).

De estas constataciones pueden extraerse dos conclusiones:

1.           Creer que se puede luchar contra esta nueva enfermedad espiritual por medios externos como el rechazo o la lucha política, ideológica, moral o "nacional" es vano, pero también, en última instancia, útil para el adversario; Estos métodos (que prevalecieron sobre Hitler, el último intento triunfal de la fase anterior) no tocan la base del fenómeno, que es la exacerbación de las pasiones psíquicas; por el contrario, forman parte de él, ignorando la universalidad (y la realidad efectiva) del método psíquico y creyendo que puede ser combatido oponiéndolo a algo que no sea el conocimiento de lo que constituye la vida espiritual del hombre.
Además, la economía occidental es ahora inevitable. Lo que está en juego es proveernos para que nuestra supervivencia no constituya toda la profundidad de nuestra vida, es decir, que todo esto no descienda al "corazón".
2.           Nos encontramos en vísperas de la falsa unificación global encabezada por el Anticristo, ya llevada a cabo en el plano económico, pero que aún carece de la dimensión de la sumisión voluntaria a una autoridad política. Por el contrario, se tiene la impresión de que dominan las fuerzas centrífugas.
Sin embargo, los conflictos armados y los crímenes, que están claramente en aumento, tienen como única causa el deseo de admitir a los excluidos en este sistema económico tan satisfactorio para el ego; hoy se puede hacer la guerra por una fantasía o por una hamburguesa. El sistema psico-económico planetario dará así, tarde o temprano, nacimiento a un sistema político planetario también, que aparecerá como un mal menor.
Sólo la "guardia del corazón" puede conservar parte de esta catástrofe espiritual.
Esto significa que, más que nunca, la respuesta no está en la pequeña sino en la "gran yihad".

El monje Arsenios comienza su libro con un resumen de la doctrina hesicasta, porque constituye para su auditorio el corazón de su tradición y la única salida que puede proponer; es además lo que le llevó a estas reflexiones. Según él, el Adversario sabe que, en el cristianismo actual, sólo la ortodoxia conserva una tal doctrina, capaz de proporcionar un medio de resistencia; por eso su implacabilidad contra ella (y, podríamos añadir, contra cierto Islam) no dejará de hacerse sentir abiertamente pronto (5).

Es también por allí que encuentra la raíz de la desviación: en el abandono por parte de Occidente, de la dominación franca de la parte esotérica de su tradición (6).

Dejaremos que el lector saque conclusiones sobre qué hacer al respecto. Por nuestra parte, nos hemos limitado aquí a presentar este aporte ortodoxo al diagnóstico; a cada uno a aplicar la terapéutica que le proporciona su tradición" (7).
Nikos VARDHIKAS

NOTAS
1) René Guénon lo escribió y VLT lo recordó en su conferencia "¿Qué humanidad mañana? ".
2) Archimandrite Αrséniοs, Santidad y la Civilización de la Información, Αthènes 1997 (en griego).
3) O, como piensan algunos que están totalmente perdidos allí, por causa del Papa.
4) Después de todo, las pastas dentales eran un producto útil del que carecían sin sustitutos (aunque los espíritus ascéticos podían prescindir de ellos). El paradigma aquí es más bien la manera comola apertura de un McDonald's en Moscú se celebró como si constituyera el advenimiento de la libertad y la democracia (nociones de la fase ideológica anterior).
5) Podemos decir que el fundamentalismo ya constituye un ataque indirecto contra taçawuιf, y que el comunismo ya ha sido una prueba bastante difícil para Ortodoxia. Del mismo modo, siempre que un conflicto se explique en términos de oposición ortodoxo-islámica (Bosnia, Chechenia, Chipre), se debe actuar con gran cautela.
6) Primer índice: el concilio de Frankfurt en 794; confirmación de la adopción definitiva de la filioque en 1009 que produjo el Cisma de 1054; consagración definitiva: concilio de Trento en XV1 s.
7) Hoy en día, este texto parece ya obsoleto, en algunas de estas afirmacionesfrases: la guerra en Yugoslavia prueba que se busca la sumisión aunque no se quiera - pero la sumisión de los aliados a la estrategia incomprensible de los E.U. es, ella, bastante voluntaria.


martes, 21 de agosto de 2018

Extractos de la "Guía de descarriados" (Maimónides)


1
Maimόnides (Moisés ben Maimόn). 
Extractos de la "Guía de descarriados" (1)
Capítulo XXXII. TRES MANERAS DE ENTENDER LA PROFECÍA
Hemos enseñado que los que afirman que existe Dios, y que Su existencia ha sido probada, se clasifican en tres grupos, según la opinion que tengan acerca de la eternidad
o transitoriedad del Universo. Así también, hay tres maneras diferentes de entender la profecía. No te daré a conocer la opinión de los ateos, ya que si no creen que haya Dios, mucho menos han de creer que haya profecías; me contentaré con discutir las diversas opiniones que acerca de las profecías tienen los que creen en Dios.
1.     Algunas gentes ignorantes piensan como sigue: Dios elige una persona que le place,
le infunde espíritu de profético y le confía una misión. Nada importa que la persona sea
sabia o necia, vieja o joven, con tal de que
sea hasta cierto punto moralmente buena. Pues lo que
así opinan no han llegado hasta el extremo de sustentar
que Dios pueda infundir al malo Su espíritu, antes bien,
consideran que eso es imposible, a no ser que Dios le
haya hecho previamente enderezar sus caminos.
2.     Sostienen los filósofos que el don de la profecía es una cierta facultad del hombre, un estado de perfección, que puede adquirirse por el estudio. Toda la raza humana posee dicha facultad, aun cuando no haya alcanzado su pleno desarrollo en cada uno de los individuos, ora a causa de alguna defectuosa constitución, ora por virtud de algún agente exterior. Solo en algunos individuos ha alcanzado el don de la profecía su estado de perfección. Imposible es que la persona ignorante pueda ser profeta;
o que la persona que no es profeta al atardecer, se halle profetizando súbitamente a la mañana siguiente, sin buscarlo. Pero, el perfecto, intelectual y moralmente, si también perfecciona su facultad imaginativa y se prepara en la manera que se dirá, puede llegar a ser profeta, ya que se trata de una facultad natural del hombre.
3. La tercera οpίnión es la que enseña la Escritura, formando uno de los principios de nuestra religión. Coincide con el parecer de los filósofos, salvo en un punto; porque nosotros creemos que puede acaecer que una persona no llegue a ser realmente profeta, a pesar de poseer la facultad profética y de haber seguido la preparación adecuada. Hay que contar con la voluntad de Dios.
En lo que atañe al principio de que la perfection de las facultades morales y racionales es condition

indispensable para la profecía, los sabios han dicho: "El espíritu profético sólo reposa sobre el sabio, fuerte y rico". Ya hemos explicado el sentido de estas palabras en el comentario al Michna y en nuestra obra más grande. Dijimos allí que los Hijos de los Profetas se afanaban constantemente en alcanzar la preparación necesaria. Sin embargo, abundan en la Escritura los pasajes, así como en los escritos de los sabios, donde se sustenta el
principio de que depende de la voluntad de Dios la elección de la persona y del momento, a los fines de la profecía; y que El sólo elige al mejor y al más sabio. Afirmamos que los necios e ignorantes no son aptos para merecer tan alta distinción, y tan imposible es para ellos el don de la profecía, como para un asno o una rana; porque este don del cielo requiere estudio y afán, aunque una vez creada la posibilidad profética, dependa de la voluntad de Dios que se traduzca o no en realidad.
No debemos engañarnos al socaire de fragmentos proféticos como el siguiente: "Yo derramaré mi espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos e hijas profetizarán"; pues está paladinamente declarado lo que quiere decir en este lugar la palabra profecía, esto es, "vuestros
ancianos soñaran sueños y vuestros jóvenes verán visiones". Porque también se llama profetas o videntes a los que revelan algo oculto, por barruntos, conjeturas o lógicas deducciones.
En cuanto a la revelación que tuvo lugar en el Monte Sinaí, dícese que todos vieron un gran fuego y oyeron espantosos truenos, pero que únicamente los que estaban debidamente cualificados recibieron la inspiración profética, cada cual conforme a su capacidad. Por eso se dice "ascended al Señor, tú y Aaron, y Nadab y Abihu". Moisés se elevó al más alto grado de profecía, según las palabras "y solo Moisés se acercará al Señor". Aaron estaba debajo de él, y Nadab y Abihu por debajo de Aaron, y los setenta ancianos por debajo de Nadab y Abihu, y el resto por debajo de los ancianos, cada cual según su grado de perfección.
Capítulo XXXVIII. DEL ALTO GRADO DE PERFECCIÓN QUE ALCANZAN LA INTUICIÓN Y EL VALOR EN LOS PROFETAS
La fuerza psíquica que se llama "valor" paréceme ser de naturaleza análoga a la fuerza física de la repulsión. La energía varía como todas las fuerzas, y unas veces es

grande y otras pequeña. Hay hombres capaces de acometer a un león, y otros a quienes espanta una mosca. El valor requiere cierta disposición natural en el hombre, pero es susceptible de aumento o disminución según el uso que de la inclinación natural se haga.
Lo mismo acontece a la facultad intuitiva, que todos poseen en diferentes grados. El poder de intuición del hombre es más fuerte cuando se aplica a las cosas en que se ha ocupado mucho su pensamiento. Hay personas de tan robusta y sana imaginación e intuición que cuando suponen que una cosa existe, luego la realidad confirma total o parcialmente sus sospechas. Las causas de la presunción lógica son muy diversas, y se componen de múltiples circunstancias precedentes, sucesivas y presentes; pero el entendimiento puede merced a la intuición pasar por encima de todas ellas, y sacar consecuencias ciertas de manera poco menos que instantánea. Esta misma facultad permite a ciertas personas predecir importantes acontecimientos venideros.
El profeta tiene que tener ambas fuerzas, valor e intuición, altamente desarrolladas y su vigor se aumentará cuando reciba la influencia del Entendimiento Activo. Tan grande era el valor de Moisés que osó con una varita en la mano dirigirse al gran rey, anheloso por librar de la servidumbre a su pueblo.
Los verdaderos profetas conciben ideas procedentes de datos y premisas que la razón humana por si sola no alcanza a comprender. Dicen así cosas que los hombres no podrían decir si sólo tuvieran la razón e imaginación normales. El profeta predice un acontecimiento futuro con tal claridad como si ya hubiera percibido las cosas con los sentidos, y concibe ideas que la realidad confirma y que se le aparecen tan claras como sí las dedujera por medio de silogismos.
Así deben creerlo los que se decidan a aceptar la verdad. Todas las cosas guardan relación entre sí, y el
conocimiento de una nos lleva al conocimiento de otras. Lo que hemos dicho de los poderes extraordinarios de nuestra facultad imaginativa se aplica especialmente al entendimiento, que directamente recibe la influencia del Entendimiento Activo, el cual le hace pasar de potencia a acto. Es a través del entendimiento como la influencia divina llega a la imaginación. ¿Cómo, pues, podría llegar ésta a tal grado de perfección que lograse representarse

cosas que no habían percibido los sentidos, sí negáramos al entendimiento el don de comprender por manera distinta de la usual, sin necesidad de premisas ni deducciones?
Tales son las verdades características de la profecía y las disciplinas a que debe consagrarse exclusivamente el profeta. Hablo aquí de los verdaderos profetas, excluyendo a los de la tercera clase, quiero decir, las personas de incipientes facultades lógicas y carentes de sabiduría, que sólo están dotadas de poder imaginativo e inventivo, propensas a groseras interpretaciones y a incurrir en peligrosos errores, muchas de las cuales, creyéndose sabias, perecieron a manos de sus desvaríos.
Capítulo XL. TRATA DE CÓMO SE PRUEBA LA VERDADERA PROFECÍA
Ya se ha explicado cumplidamente que el hombre es por naturaleza un ser social, que por virtud de su natural inclinación busca formar comunidades. Diferenciase el hombre de los otros seres vivos en que éstos no sienten el estímulo de asociarse. Es el hombre, como sabes, la más alta idea de la Creación, que por eso encierra mayor número de elementos constitutivos. Tal es la causa de que la raza humana contenga tanta y tan grave variedad de individuos, al punto que no podemos descubrir dos personas exactamente iguales en alguna cualidad moral, o en •algún rasgo o aspecto externo. No existe esta variedad entre los individuos de las demás especies vivientes, entre las cuales las diferencias son limitadas. Sólo el hombre constituye unα excepción; dos personas pueden ser tan diferentes unα de otra, en cualquier respecto, que se diría que pertenecen a dos especies diferentes. Mientras el uno es cruel, tan cruel que asesina en su ira a los niños, otro es tan delicado y tierno de corazón que no osa matar a unα mosca o a un gusano.
Esta gran variedad y la necesidad de que haya vida social, representan los elementos esenciales de la naturaleza humana. Pero el bienestar de la sociedad reclama que haya un jefe capaz de regular las acciones del hombre. La variedad natural tiene que ser
compensada por la uniformidad legislativa y por la firmeza del orden social. Por eso sustento yo la doctrina de que la Ley, aunque no sea producto de la naturaleza, no es algo totalmente ajeno a ella. Siendo voluntad de Dios que nuestra raza exista y esté permanentemente consolidada,

le ha otorgado, en su Sabiduría, tales propiedades que permitan a los hombres adquirir la capacidad de gobernar a otros. Hay personas -profetas y legisladores- a quienes se les inspiran teorías legislativas; otras, poseen el poder de poner en vigor los preceptos de las primeras, y de obligar al pueblo a que las obedezca, y actúe conforme a ellas: estos son los reyes y príncipes, que aceptan el código de los legisladores o de los profetas.
Como hay quienes se hacen pasar por profetas sin serlo, o se adornan con profecías ajenas, quiero explicarte de manera cabal e indudable la prueba que te permita distinguir la legislación humana de la Ley divina, y de las enseñanzas plagiadas a los profetas.
Cuando se trata de leyes cuyos legisladores proclaman habérselas sacado de su entendimiento, no son menester pruebas, porque la confesión de parte hace innecesario el testimonio. Sólo deseo instruirte acerca de las leyes que pretenden ser proféticas.
Cuando las leyes aspiran únicamente a regular las relaciones de los hombres y a consolidar su felicidad, conforme al criterio del que las concibió, tales leyes son políticas y sus autores pertenecen a la tercera clase de que se habló antes, de los que se distinguen por el desarrollo exclusivo de sus facultades imaginativas. Hallarás también leyes que en todos sus preceptos aspiran a mejorar los intereses materiales del hombre, mas también a conservar su religión, a engendrar correctas ideas acerca de Dios y de los ángeles, y a llevar al pueblo al justo conocimiento del Universo, mediante la educación e instrucción; esta enseñanza viene de Dios y estas leyes son divinas.
Queda ahora el problema planteado en estos términos: La persona que proclama estas leyes, ¿es el pretendido sabio que las recibió por inspiración profética, o es un plagiario que las robó a los Profetas verdaderos? Para contestar, precisa percatarse de los méritos de la persona, obtener un escrupuloso relato de sus acciones, y parar mientes en su carácter. La mejor prueba de la condición profética de un hombre es verle huir, abstenerse y menospreciar los placeres corporales, singularmente los del tacto, sentido que, según Aristóteles, es una desgracia para nosotros; y sobre todo, ver que se frena y priva del trato sexual. Dios se vale de esto para exponer los falsos profetas a la vergüenza pública, a fin de que los

que de veras buscan la verdad puedan hallarla, y no yerren y se descarnen. Zedekίá, hijo de Maasiá, y Ahab, hijo Κοlaiá se jactaban de tener el don de profecía. Lograron persuadir al pueblo a que les siguiera, hablando como sí fueran profetas, pero no dejaban entre tanto de buscar bajos placeres y trato sensual, cometiendo adulterio con las mujeres de sus compañeros y secuaces.
NOTAS:
1. Barcelona, Ed. Obelisco, 1997. Trad. de Fernando Valera.

lunes, 20 de agosto de 2018

Abd-al-W.bid Pallavicini : Islam interior (Nikos Vardhikas)


Abd-al-W.bid Pallavicini : Islam interior
Prefacio de Abd-al-Hagq Guiderdoní, en Christian de Bartillat

Nikos Vardhikas
(Vers la Tradition)

La edición francesa de esta colección de intervenciones del shaykh Pallaviciní no es una simple traducción de la edición italiana de 1991, sino que contiene ocho nuevos textos (seis de los cuales también han sido asociados a VLT), cuatro entrevistas de interés quizás demasiado italiano han sido omitidas, y un texto (Introduzione all'Islam) se reproduce parcialmente en otro ("Las hermandades islámicas").

Todos estos cambios (incluida la omisión de la mitad del texto citado) mejoran en gran medida, en nuestra opinión, la calidad del conjunto, aunque, por supuesto, las ideas básicas siguen siendo las mismas.

1) Nos es personalmente agradable para nosotros presentar este libro a los lectores de VLT, ya que una de sus dos ideas principales es el reconocimiento mutuo entre las tradiciones abrahámicas y especialmente entre el cristianismo y el islam, en torno a la figura de Cristo; es un "ecumenismo" que no es "básico" y que evita el sincretismo. Ahora, la Iglesia en la que nacimos personalmente, la Iglesia de Grecia, publicó en el verano de 1994 el trabajo de un historiador que concluía que las doctrinas sufíes y la "teología mística" oriental estaban más cerca; y el Patriarca Ortodoxo de Alejandría ha estado pidiendo el reconocimiento oficial del Profeta Mahoma como Apóstol durante algunos años. (1)
Así que en este tema, y aunque no podemos decir que el reconocimiento es oficial y mutuo, no tenemos nada que retirar de las posiciones del Autor.

2) La otra idea central del libro es la indisociabilidad entre el esoterismo y su exoterismo ; el esoterismo "en general" existe, de hecho, sólo para aquellos que ya han llegado al final de los Grandes Misterios.
Se podría decir que estas dos posiciones no añaden nada (de "doctrinal") a lo que dijo R. Guénon, en particular en "Nécessité de l'exotérisme traditionnel" y "Contre le mélange des formes traditionnelles"  pero uno se equivoca, porque las funciones del uno y del otro son diferentes y el autor es un maestro espiritual vivo, utiliza un lenguaje más directo y actual, asumiendo además el "propedeutica" de Guénon como adquirida  así puede hablar de cosas que Guénon no sabía: la deriva católica desde el Vaticano II, los movimientos islamistas desde la revolución iraní, el Islam de Europa, la prolongada decadencia también en Oriente, etc.
Para muchos, tanto cristianos como musulmanes, lo que dice el shaykh se vivirá como una "desmitificación" o desilusión, pero creemos que son verdades y, además, dichas desde dentro de la experiencia vivida.
En particular, creemos que el descrédito de todos aquellos que intentan fundar organizaciones "templarias", o "califales", o "reales" o "imperiales" (es decir, recurrir a formas precisas y contingentes del pasado histórico) y de aquellos que piensan que pueden compensar una carencia (real o supuesta) de un determinado exoterismo superponiéndole organizaciones basadas en el ejercicio de oficios desaparecidos, sin insistir en la práctica religiosa, es un descrédito totalmente merecido.

3) Otra idea, menos central al conjunto que las otras dos pero íntimamente ligada a ellas y a la elección personal del shaykh, es la que se refiere a la existencia, operatividad y a la accesibilidad de los medios para vivir un esoterismo cristiano.
En general, la respuesta del autor es irreprochablemente honesta: no afirma (al menos doctrinalmente) que estos medios no existen; afirma "no haberlos encontrado":
"… a diferencia de las autoridades de la Iglesia (2), no decimos que estos medios y estos soportes no existen  en el cristianismo, y menos aún que nunca han existido, que  no se necesitan, o que uno no se deben buscar, en la medida en que se ignora la posibilidad de deificatio o teosis. Sólo decimos que no los hemos encontrado, ni antes ni después de nuestra conversión". (p. 52)
Siguiendo en general la opinión de R. Guénon sobre esta cuestión, el autor se preocupa constantemente de mantener la "ventana" abierta hacia la Iglesia ortodoxa y, sobrenaturalmente, subraya más que Guénon la importancia en esta cuestión de una posible alteración (humana)...:
"… las doctrinas e incluso los ritos, tal como son entendidos y practicados por la mayoría de los creyentes, no parecen ya capaces de protegerlos suficientemente de la infiltración enemiga, tal vez porque las formas, que ya no son perfectas, ya no son lo suficientemente eficaces como para hacerlos encontrar de nuevo su centro. " (p. 136. Subrayado nuestro).
No vamos a entrar aquí en los detalles de la pregunta, pero todavía nos gustaría decir al autor, como cristiano oriental, que sus dos citas juntas dan la respuesta: si no ha encontrado estos medios en el catolicismo, ¡es por una buena razón!

En cuanto al escándalo que constituiría, en el orden tradicional, el hecho de que "todos los cristianos serían iniciados virtuales", debemos responder:
1) A diferencia del Corán, los Evangelios relatan que Cristo concedió a los apóstoles, después de su resurrección, el Espíritu Santo mismo (Jn 19:22): Recibid el Espíritu Santo.
Por poco, por lo tanto, que se conserven la forma y el símbolo actuado, así como la sucesión apostólica, la fe intacta de toda la Iglesia y la tradición apostólica, la cristiandad (y no el bautismo como tal) trae consigo una iniciación virtual (3).

   2) Los "millones de seguidores" de la Turuq y el hecho de que la mayoría de estos iniciados lo sean sólo por "tradición familiar o de clan" significa que la situación no es demasiado diferente en el Islam.

  3) F. Schuon, sin embargo, se equivocó al decir que la Iglesia "no puede" alterar su depósito:  ella lo puede, a través de la alteración de los símbolos , sin lo cual la herejía misma sería imposible o sin consecuencias esotéricas, como creen algunos "guenonianos" que ven el esoterismo en todo lo que es herético.

  4) aunque discrepemos en esta cuestión, estamos de acuerdo con el autor, sin embargo, que los sacramentos cristianos, cualquiera que sea la naturaleza de su eficacia, no son medios de realización, lo que requiere doctrina, dominio y esfuerzo personal.

4) Quisiéramos destacar dos declaraciones más del autor, una en relación con el Islam y la otra en relación con el cristianismo, que nos parecen particularmente interesantes.
El shaykh Pallavícini es el único musulmán en Occidente que subraya, como él lo hace, la importancia de Cristo en el Islam; lejos de ser, de hecho, un profeta más, como afirman los que ven al Islam como "racional y sin misterios", ocupa un lugar excepcional en él y el hecho es importante tanto para los cristianos como para los musulmanes de origen cristiano, que llevan a Cristo en ellos: "Todos los que estáis inmersos en el nombre de Cristo habéis revestido a Cristo", dice un himno ortodoxo, y es importante saber que "no elegís vuestra tradición". 

El autor observa que, de todas las tradiciones abrahámicas, es irónicamente el cristianismo el que corre el riesgo de convertirse en siervo del Anticristo, y esto si sucede que "pierde su legitimidad exotérica", después de ocultar sus medios esotéricos.

A este respecto, podemos afirmar, como cristianos de Oriente, que la abominación ya está en el lugar santo: entre 1545 (C. de Trento) y 1969, se consagraron sucesivamente alteraciones del Credo, del rito del bautismo y de la "confirmación", del modo de comunión, de la composición de las especies, de la orientación ritual, del orden de la Misa, de la invocación del Espíritu Santo, del calendario de los santos... Sólo queda la sucesión apostólica para que el círculo se rompa definitivamente. Y hay gente que, ante este riesgo de perder incluso exoterismo, habla como si todo esto dejara intactas ambas zonas! (4)

Para concluir esta breve presentación, diremos que el valor del libro consiste precisamente en lo que algunos considerarán su debilidad: no contiene afirmaciones doctrinales "demoledoras", pero es porque habla el lenguaje directo del conocimiento vivido.
Según la frase evangélica " por sus frutos que los reconoceréis", creemos que podemos decir que los frutos de este shaykh son buenos; por eso le dirigimos nuestra gratitud y terminamos con sus palabras (p 178):... este Dios "metafísico" que no es ni judío, ni cristiano, ni musulmán, sino que solo es, mientras que para ser verdaderamente, tenemos, necesitamos la religión y debemos ser judíos, o cristianos, o musulmanes.

Níkos VARDHIKAS

Viernes Santo Ortodoxo, 1995

NOTAS
1) Αstériοs Argyriou, El Corán y la Historia (en griego), Ediciones del Servicio Apostólico de la Iglesia de Grecia, 1994.
2) Católica, por supuesto- nota del recensor.
3) Que  es doblemente negado a los católicos, desde el siglo  Xll: la separación de los dos actos del mismo rito por lo menos por una década, y la alteración también  de la fe (Credo) y los gestos rituales. ¿Cómo recibirían los musulmanes un shahada diferente de la  "canónico"?
4) Más allá de la cuestión de los panes ázimos o de levadura que dividían el Oriente y el Occidente, ¿está la hostia, que consiste en una harina con agua prensada entre dos placas y  sin cocer  es aún "pan”? Hasta donde ¿podemos empujar la "abstracción" a los símbolos?