domingo, 8 de septiembre de 2013

La tragedia de los comunes


LA TRAGEDIA DE LOS COMUNES

 

Garrett Hardin

Este artículo fue publicado originalmente bajo el título
"The Tragedy of Commons" en Science, v. 162 (1968), pp. 1243-1248.
Traducción de Horacio Bonfil Sánchez. Gaceta Ecológica, núm. 37,
Instituto Nacional de Ecología, México, 1995.
http://www.ine.gob.mx/

Al final de un artículo muy bien razonado sobre el futuro de la guerra nuclear, J. B. Weisner y H. F. York concluían que "ambos lados en la carrera armamentista se... confrontaban con el dilema de un continuo crecimiento del poderío militar y una constante reducción de la seguridad nacional. De acuerdo con nuestro ponderado juicio profesional, este dilema no tiene solución técnica. Si las grandes potencias continúan buscando soluciones exclusivamente en el área de la ciencia y la tecnología, el resultado será el empeorar la situación"

Me gustaría llamar su atención no sobre el tema de dicho artículo (seguridad nacional en un mundo nuclear) sino sobre el tipo de conclusiones a las que ellos llegaron: básicamente, que no existe solución técnica al problema. Una suposición implícita y casi universal de los análisis publicados en revistas científicas profesionales y de divulgación es que los problemas que se discuten tienen una solución técnica. Una solución de este tipo puede definirse como aquella que requiere un cambio solamente en las técnicas de las ciencias naturales, demandando pocos o casi nulos cambios en relación con los valores humanos o en las ideas de moralidad.

En nuestros días (aunque no en tiempos anteriores) las soluciones técnicas son siempre bienvenidas. A causa del fracaso de las profecías, se necesita valor para afirmar que una solución técnica deseada no es factible. Wiesner y York tuvieron esta valentía publicándolo en una revista científica, e insistieron en que la solución al problema no se iba a hallar en las ciencias naturales. Cautelosamente calificaron su afirmación con la frase "De acuerdo con nuestro ponderado juicio profesional...". Si estaban en lo correcto o no, no es de relevancia para el presente artículo. Más bien, la preocupación aquí se refiere al importante conjunto de problemas humanos que pueden ser denominados "problemas sin solución técnica", y de manera más específica, con la identificación y la discusión de uno de ellos.

Es fácil demostrar que el conjunto no está vacío. Recuerden el juego del "gato". Considérese el problema "¿Cómo puedo ganar el juego del gato? Es bien sabido que no puedo si asumo (manteniéndome dentro de las convenciones de la teoría de juegos) que mi oponente entiende el juego a la perfección. Puesto de otra manera, no existe una "solución técnica" al problema. Puedo ganar solamente dándole un sentido radical a la palabra "ganar". También puedo golpear a mi oponente en la cabeza o bien puedo falsificar los resultados. Cualquier forma en la que yo "gano" involucra, en algún sentido, un abandono del juego de la manera en que, también lo concebimos intuitivamente. (Puedo, desde luego, abandonar abiertamente el juego, negarme a jugarlo. Eso es lo que hacen la mayoría de los adultos).

El conjunto de los "problemas sin solución técnica" tiene miembros. Mi tesis es que el "problema poblacional", tal como se concibe tradicionalmente, es un miembro de esta clase. Y dicha concepción tradicional requiere cierta reflexión. Es válido decir que la mayor parte de la gente que se angustia con el problema demográfico busca una manera de evitar los demonios de la sobrepoblación sin abandonar ninguno de los privilegios de los que hoy goza. Piensan que las granjas marinas o el desarrollo de nuevas variedades de trigo resolverán el problema "tecnológicamente". Yo intento mostrar aquí que la solución que ellos buscan no puede ser encontrada. El problema poblacional no puede solucionarse de una manera técnica, de la misma forma que no puede ganarse el juego del gato.

¿Qué debemos maximizar?

La población, como lo dijo Malthus, tiende de manera natural a crecer "geométricamente", o como decimos hoy, exponencialmente. En un mundo finito esto significa que la repartición per cápita de los bienes del mundo debe disminuir. ¿Es acaso el nuestro un mundo finito?

Se puede defender con justeza la idea de que el mundo es infinito; o de que no sabemos si lo sea. Pero en términos de los problemas prácticos que hemos de enfrentar en las próximas generaciones con la tecnología previsible, es claro que aumentaremos grandemente la miseria humana si en el futuro inmediato, no asumimos que el mundo disponible para la población humana terrestre es finito. El "espacio" no es una salida.2

Un mundo finito puede sostener solamente a una población finita; por lo tanto, el crecimiento poblacional debe eventualmente igualar a cero. (El caso de perpetuas y amplias fluctuaciones por encima y por debajo del cero es una variante trivial que no necesita ser actualizada). Cuando esta condición se alcance, ¿cuál será la situación de la humanidad? Específicamente ¿puede ser alcanzada la meta de Bentham de "el mayor bienestar para la mayor cantidad de individuos?" No, por dos razones, cada una suficiente por sí mismo. La primera es de orden teórico. No es matemáticamente posible maximizar dos variables (o más) al mismo tiempo. Esto fue claramente posible demostrado por von Neumann y Morgenstern,3 pero el principio queda implícito en la teoría de las ecuaciones diferenciales parciales, siendo tan viejo al menos como D'Alambert (1717-1783).

La siguiente razón surge directamente de los hechos biológicos. Para vivir, cualquier organismo debe disponer de una fuente de energía (comida, por ejemplo). Esta energía se utiliza para dos fines: conservación y trabajo. Un hombre requiere de aproximadamente 1600 kilocalorías por día ("calorías de manutención") para mantenerse vivo. Cualquier cosa que haga aparte de eso se definirá como trabajo, y se apoya en las "calorías trabajo" que ingiera. Estas son utilizadas no solamente para realizar trabajo en el sentido en que comúnmente entendemos la palabra; son requeridas también para todas las formas de diversión, desde la natación y las carreras de autos, hasta tocar música o escribir poesía. Si nuestra meta es maximizar la población, es obvio lo que debemos hacer: lograr que las "calorías trabajo" por persona se acerquen a cero tanto como sea posible. Nada de comidas de gourmet, nada de vacaciones, nada de deportes, nada de música, nada de arte... Creo que cualquiera coincidirá, sin argumento o prueba, que maximizar la población no maximiza los bienes. La meta de Bentham es imposible. Para alcanzar esta conclusión he asumido el supuesto común de que el problema es la obtención de energía. La aparición de la energía atómica ha iniciado el cuestionamiento de esta suposición. Sin embargo, dada una fuente infinita de energía, el crecimiento poblacional sigue siendo una cuestión ineludible. El problema de la adquisición de energía es reemplazado por el de su disipación, como agudamente lo ha demostrado J H. Fremlin.4 Los signos aritméticos del análisis están, como lo estuvieron, invertidos; pero la meta de Bentham sigue inalcanzable.

La población óptima es, por tanto, menor que el máximo. La dificultad para definir lo óptimo es enorme; hasta donde sé, nadie ha abordado este problema seriamente. Alcanzar una solución estable y aceptable seguramente requerirá de más de una generación de arduo trabajo analítico, y mucha persuasión.

Deseamos los máximos bienes por persona; ¿pero qué es un bien? Para una persona puede ser la naturaleza preservada, para otros centros de ski por mayor. Para una pueden ser estuarios donde se alimenten patos para caza, mientras que para otra pueden ser terrenos para fábricas. Comparar un bien con otro es, solemos decir, imposible, porque estos bienes son inconmensurables, y los inconmensurables no pueden compararse.

Teóricamente esto puede ser cierto, pero en la vida real los inconmensurables se miden. Solamente se necesita un criterio de juicio y un sistema de medición. En la naturaleza, dicho criterio es la supervivencia. ¿Es acaso mejor para una especie ser pequeña y fácil de esconder, o bien ser grande y poderosa? La selección natural mide lo inconmensurable. El compromiso alcanzado dependerá del sopesado natural de los valores de las variables.

El hombre debe imitar ese proceso. No hay duda del hecho de que ya lo hace, pero de manera inconsciente. Cuando las decisiones ocultas se hacen explícitas se inicia la discusión. El problema para los años venideros es lograr una aceptable teoría de medición.

Los efectos sinergéticos, las variaciones no lineales, y las dificultades al dar por hecho el futuro vuelen difícil este problema intelectual, pero no lo tornan (en principio), insoluble.

¿Ha solucionado este problema práctico algún grupo cultural en nuestros tiempos, aunque sea en un nivel intuitivo? Un hecho simple prueba que ninguno lo ha logrado: no existe ninguna población próspera en el mundo de hoy que tenga, o haya tenido por algún tiempo, una tasa de crecimiento igual a cero. Cualquier pueblo que haya intuitivamente identificado su punto óptimo muy pronto lo alcanzará, después de lo cual su tasa de crecimiento alcanzará y permanecerá en cero.

Por supuesto, una tasa de crecimiento positiva puede tomarse como evidencia de que la población se encuentra por debajo de su óptimo. Sin embargo, bajo cualquier parámetro razonable, las poblaciones de más rápido crecimiento en el mundo actual son (en general) las más pobres. Esta asociación (que no es necesariamente invariable) siembra dudas sobre el supuesto optimista de que una tasa de crecimiento positiva indica que una población está en camino de encontrar su óptimo.

Poco progreso lograremos en la búsqueda de un tamaño óptimo de población mientras no exorcicemos de manera explícita al espíritu de Adam Smith en el campo de la demografía práctica. En asuntos económicos La riqueza de las naciones (1776) popularizó la "mano invisible", la idea de un individuo que "buscando solamente su propio beneficio", logra "dejarse llevar por una mano invisible a promover... el interés público"5. Adam Smith no afirmó que esto fuera invariablemente cierto, y quizás no lo hizo ninguno de sus seguidores. Pero contribuyó con una tendencia dominante de pensamiento que desde entonces interfiere con las acciones positivas basadas en análisis racionales, a saber la tendencia a asumir que las decisiones tomadas en lo individual serán, de hecho, las mejores decisiones para la sociedad en su conjunto. Si esta suposición es correcta justifica la continuidad de nuestra actual política de laissez faire en cuestiones reproductivas. Si es correcta podemos asumir que los hombre controlarán su fecundidad de tal manera que lograrán una población óptima. Si la suposición es incorrecta, necesitamos examinar las libertades individuales para ver cuáles son defendibles.

La tragedia de la libertad sobre los recursos comunes

La refutación de la mano invisible en el control poblacional se encuentra en un escenario descrito inicialmente en un panfleto poco conocido de 1833 por un matemático amateur llamado William Forster Lloyd (1794-1852).6 Podemos llamarlo "la tragedia de los recursos comunes", utilizando la palabra tragedia como la usó el filósofo Whitehead: "La esencia de la tragedia no es la tristeza. Reside en la solemnidad despiadada del desarrollo de las cosas". Y continúa diciendo: "Esta inevitabilidad del destino solamente puede ser ilustrada en términos de la vida humana por los incidentes que, de hecho, involucran infelicidad, pues es solamente a través de ellos que la futilidad de la huida puede hacerse evidente en el drama".7

La tragedia de los recursos comunes se desarrolla de la siguiente manera. Imagine un pastizal abierto para todos. Es de esperarse que cada pastor intentará mantener en los recursos comunes tantas cabezas de ganado como le sea posible. Este arreglo puede funcionar razonablemente bien por siglos gracias a que las guerras tribales, la caza furtiva y las enfermedades mantendrán los números tanto de hombres como de animales por debajo de la capacidad de carga de las tierras. Finalmente, sin embargo, llega el día de ajustar cuentas, es decir, el día en que se vuelve realidad la largamente soñada meta de estabilidad social. En este punto, la lógica inherente a los recursos comunes inmisericordemente genera una tragedia.

Como un ser racional, cada pastor busca maximizar su ganancia. Explícita o implícitamente, consciente o inconscientemente, se pregunta, ¿cuál es el beneficio para mí de aumentar un animal más a mi rebaño? Esta utilidad tiene un componente negativo y otro positivo.

1. El componente positivo es una función del incremento de un animal. Como el pastor recibe todos los beneficios de la venta, la utilidad positiva es cercana a +1.

2. El componente negativo es una función del sobrepastoreo adicional generado por un animal más. Sin embargo, puesto que los efectos del sobrepastoreo son compartidos por todos los pastores, la utilidad negativa de cualquier decisión particular tomada por un pastor es solamente una fracción de -1.

Al sumar todas las utilidades parciales, el pastor racional concluye que la única decisión sensata para él es añadir otro animal a su rebaño, y otro más... Pero esta es la conclusión a la que llegan cada uno y todos los pastores sensatos que comparten recursos comunes. Y ahí está la tragedia. Cada hombre está encerrado en un sistema que lo impulsa a incrementar su ganado ilimitadamente, en un mundo limitado. La ruina es el destino hacia el cual corren todos los hombres, cada uno buscando su mejor provecho en un mundo que cree en la libertad de los recursos comunes. La libertad de los recursos comunes resulta la ruina para todos.

Para algunos esto puede ser un lugar común. ¡Ojalá y lo fuera! En cierto sentido esto fue aprendido hace miles de años, pero la selección natural favorece a las fuerzas de la negación psicológica.8 El individuo se beneficia como tal a partir de su habilidad para negar la verdad incluso cuando la sociedad en su conjunto, de la que forma parte, sufre. La educación puede contrarrestar la tendencia natural de hacer lo incorrecto, pero la inexorable sucesión de generaciones requiere que las bases de este conocimiento sean refrescadas constantemente.

Un simple incidente que sucedió hace pocos años en Leominster, Masssachusetts, muestra cuan perecedero es este conocimiento. Durante la época de compras navideñas, los parquímetros de las zonas comerciales fueron cubiertos con bolsas de plástico con la leyenda: "No abrir hasta Navidad. Estacionamiento gratuito por parte del Alcalde y del Consejo Municipal". En otras palabras, ante la perspectiva de un aumento en la demanda del espacio, ya de por sí escaso, los padres de la ciudad reinstituyeron el sistema de los recursos comunes. (Cínicamente sospechamos que ganaron más votos de los que perdieron con tan retrógrado acto).

De manera similar la lógica de los recursos comunes ha sido entendida por largo tiempo, quizás desde la invención de la agricultura o de la propiedad privada en bienes raíces. Pero ha sido comprendida principalmente en casos específicos que no son suficientemente generalizables. Incluso en nuestros días, ganaderos que rentan tierras nacionales en el Oeste demuestran apenas una comprensión ambivalente al presionar constantemente a las autoridades federales para que incrementen el número de cabezas autorizadas por área hasta un punto en el cual la sobreexplotación produce erosión y dominio de malezas. De manera similar, los océanos del mundo continúan sufriendo por la supervivencia de la filosofía de los recursos comunes. Las naciones marítimas todavía responden automáticamente a la contraseña de "la libertad de los mares". Al profesar la creencia en los "inagotables recursos de los océanos", colocan cerca de la extinción, una tras otra, a especies de peces y ballenas.9

Los parques nacionales son otra instancia donde se muestra la forma en que trabaja la tragedia de los recursos comunes. En el presente se encuentran abiertos para todos, sin ningún límite. Los parques en sí mismos tienen una extensión limitada —sólo existe un Valle de Yosemite— mientras que la población parece crecer sin ningún límite. Los valores que los visitantes buscan en los parques son continuamente erosionados. Es muy sencillo, debemos dejar de tratar a los parques como recursos comunes... o muy pronto no tendrán ningún valor para nadie.

¿Qué debemos hacer? Tenemos varias opciones. Podemos venderlos como propiedad privada. Podemos mantenerlos como propiedad pública, pero asignando adecuadamente quien ha de entrar. Esto debe ser con base en la riqueza, a través del uso de un sistema de adjudicación. También podría hacerse con base en méritos, definidos por estándares acordados. O podría ser por sorteo. O bien ser con base en el sistema de que el primero que llega entra, administrado a partir de filas. Estos, creo, son todos procedimientos objetables. Pero entonces debemos escoger, o consentir la destrucción de nuestros recursos comunes llamados parques nacionales.

La contaminación 

De manera inversa, la tragedia de los recursos comunes reaparece en los problemas de contaminación. Aquí el asunto no es sacar algo de los recursos comunes, sino de ponerles algo dentro —drenajes o desechos químicos, radioactivos o térmicos en el agua; gases nocivos o peligrosos en el aire; anuncios y señales perturbadoras y desagradables en el panorama—. Los cálculos de los beneficios son muy semejantes a los antes mencionados. El hombre razonable encuentra que su parte de los costos de los desperdicios que descarga en los recursos comunes es mucho menor que el costo de purificar sus desperdicios antes de deshacerse de ellos. Ya que esto es cierto para todos, estamos atrapados en un sistema de "ensuciar nuestro propio nido", y así seguirá mientras actuemos únicamente como libres empresarios, independientes y racionales.

La tragedia de concebir a los recursos comunes como una canasta de alimentos se desvirtúa con la propiedad privada, o con algo formalmente parecido. Pero el aire y el agua que nos rodean no se pueden cercar fácilmente, por lo que la tragedia de los recursos comunes al ser tratados como un pozo sin fondo debe evitarse de diferentes maneras, ya sea por medio de leyes coercitivas o mecanismos fiscales que hagan más barato para el contaminador el tratar sus desechos antes de deshacerse de ellos sin tratarlos. No hemos llegado más lejos en la solución de este problema que en el primero. De hecho, nuestro particular concepto de la propiedad privada, que nos impide agotar los recursos positivos de la tierra, favorece la contaminación. El dueño de una fábrica a la orilla de un arroyo —cuya propiedad se extiende ala mitad del mismo- con frecuencia tiene problemas para ver porqué no es su derecho natural el ensuciar las aguas que fluyen frente a su puerta. La ley, siempre un paso atrás de los tiempos, requiere cambios y adecuaciones muy elaboradas para adaptarse a este aspecto recientemente reconocido de los recursos comunes.

El problema de la contaminación es una consecuencia de la población. No importaba mucho la forma en que un solitario pionero americano liberara sus desechos. "El agua corriente se purifica a sí misma cada diez millas", solía decir mi abuelo, y el mito estaba suficientemente cerca de la verdad cuando él era niño, porque no había mucha gente. Pero conforme la población se ha hecho más densa, los procesos naturales de reciclado tanto biológicos como químicos, están ahora saturados y exigen una redefinición de los derechos de propiedad.

¿Cómo legislar la moderación?

El análisis del problema de la contaminación como una función de la densidad de la población descubre un principio de moralidad no siempre reconocido; específicamente: que la moralidad de un acto es una función del estado del sistema en el momento en que se realiza.10 Usar los recursos comunes como un pozo sin fondo no daña a la población en general en zonas vírgenes o poco explotadas, simplemente porque no existe dicha población; el mismo comportamiento en una metrópolis es insostenible. Hace ciento cincuenta años un hombre de las praderas podía matar un bisonte americano, cortarle solamente la lengua para cenar y desechar el resto del animal. No se podría considerar en ningún sentido que fuera un desperdicio. Hoy en día, cuando quedan sólo algunos miles de bisontes, nos sentiríamos abrumados con este comportamiento.

De paso, no tiene ningún valor que la moralidad de un acto no pueda ser determinada a partir de una fotografía. No se sabe si un hombre matando a un elefante o prendiéndole fuego a un pastizal está dañando a otros hasta que se conoce el sistema total dentro del que se incluye este acto. "Una imagen vale por mil palabras", dijo un anciano chino; pero se llevaría diez mil palabras validar esto. Resulta tentador tanto para los ambientalistas como para los reformadores en general, el tratar de persuadir a otros por medio de imágenes fotográficas. Pero la esencia del argumento no puede ser fotografiada; debe ser presentada racionalmente: en palabras.

El que la moralidad es sensible a los sistemas escapó a muchos codificadores de la ética en el pasado. "No se debe.." es la forma tradicional de las directrices éticas que no abren posibilidades a las circunstancias particulares. Las leyes de nuestra sociedad siguen el patrón de la ética antigua, y por tanto, se adaptan pobremente para gobernar un mundo complejo, altamente poblado y cambiante. Nuestra solución epicíclica es abultar la ley estatutaria con la ley administrativa. Puesto que resulta prácticamente imposible mencionar todas las condiciones bajo las cuales es seguro quemar basura en el patio trasero o manejar un coche sin control anticontaminante, con las leyes delegamos los detalles a las oficinas. El resultado es una ley administrativa, la cual es lógicamente temida por la vieja razón —¿Quis custodiet ipsos custodes? ¿Quién ha de vigilar a los propios vigilantes—. John Adams señaló que debemos tener un "gobierno de leyes y no de hombres". Los administradores, al tratar de evaluar la moralidad de los actos en la totalidad del sistema, están singularmente expuestos a la corrupción, generando un gobierno de hombres y no de leyes.

La prohibición es fácil de legislar (pero no necesariamente fácil de imponer); pero ¿cómo legislar la moderación? La experiencia indica que ésta puede ser alcanzada mejor a través de la acción de la ley administrativa. Limitamos innecesariamente las posibilidades si suponemos que los sentimientos de Quis custodiet nos niegan el uso de la ley administrativa. Deberíamos mejor tener la frase como un perpetuo recordatorio de temibles peligros que no podemos evitar. El gran reto que tenemos ante nosotros es cómo inventar las retroalimentaciones correctivas que se requieren para mantener honestos a nuestros guardianes. Debemos encontrar maneras de legitimar la necesaria autoridad tanto para los custodios como para las retroalimentaciones correctivas.

La libertad de reproducción es intolerable.

La tragedia de los recursos comunes se relaciona con los problemas de población de otra manera. En un mundo regido únicamente por el principio de "perro come perro" -si en efecto alguna vez existió tal mundo- el número de hijos por familia no sería un asunto público. Los padres que se reprodujeran escandalosamente dejarían menos descendientes, y no más, porque serían incapaces de cuidar adecuadamente a sus hijos. David Lack y otros han encontrado que esa retroalimentación negativa controla de manera demostrable la fecundidad de los pájaros.11 Pero los hombres no son pájaros, y no han actuado como ellos por milenios, cuando menos.

Si cada familia humana dependiera exclusivamente de sus propios recursos, si los hijos de padres no previsores murieran de hambre, si, por lo tanto, la reproducción excesiva tuviera su propio "castigo" para la línea germinal: entonces no habría ninguna razón para que el interés público controlara la reproducción familiar. Pero nuestra sociedad está profundamente comprometida con el estado de bienestar, 12 y por tanto confrontada con otro aspecto de la tragedia de los recursos comunes.

En un estado de bienestar ¿cómo tratar con la familia, la religión, la raza o la clase (o bien con cualquier grupo cohesivo y distinguible) que adopte a la sobrerreproducción como política para asegurar su propia ampliación?13 Equilibrar el concepto de libertad de procreación con la creencia de que todo el que nace tiene igual derecho sobre los recursos comunes es encaminar al mundo hacia un trágico destino.

Desafortunadamente ese es justamente el curso que persiguen las Naciones Unidas. A fines de 1967, unas treinta naciones acordaron lo siguiente: "La declaración Universal de los Derechos Humanos describe a la familia como la unidad natural y fundamental de la sociedad. Por consecuencia, cualquier decisión en relación con el tamaño de la familia debe residir irrevocablemente en la propia familia, y no puede ser asumida por nadie más".14

Es doloroso tener que negar categóricamente la validez de este derecho; al negarlo, uno se siente tan incómodo como un habitante de Salem, Massachusetts, al negar la existencia de las brujas en el siglo XVII. En el presente, en los cuarteles liberales, algo como un tabú actúa para inhibir la crítica a las Naciones Unidas. Existe un sentimiento de que Naciones Unidas son nuestra "última y mejor esperanza", y que no debemos encontrar fallas en ella; de que no debemos caer en manos de archiconservadores. Sin embargo, no hay que olvidar lo que dijo Robert Louis Stevenson: "La verdad que es negada por los amigos es arma pronta para el enemigo". Si amamos la verdad debemos negar abiertamente la validez de la Declaración de los Derechos Humanos, aun cuando sea promovida por las Naciones Unidas. Deberíamos unirnos a Kingsley Davis15 en el intento de tener una población mundial planificada por los padres para ver el error en sus opciones al abrazar el mismo trágico ideal.

La conciencia es autoeliminante

Es un error pensar que podemos controlar el crecimiento de la humanidad en el largo plazo haciendo un llamado a la conciencia. Charles Galton Darwin señaló esto cuando habló en el centenario de la publicación del gran libro de su abuelo. El argumento es claro y darwiniano.

La gente varía. Al confrontarse con los llamamientos para limitar la reproducción, algunas gentes indudablemente responderán más que otros a la súplica. Aquellos que tengan más hijos producirán una fracción más grande para la siguiente generación que aquellos con conciencias más susceptibles. Las diferencias se acentuarán, generación tras generación.

En palabras de C. G. Darwin: "Bien puede tomar cientos de generaciones para que el instinto progenitivo se desarrolle en este sentido, pero de lograrse, la naturaleza ya habría cobrado venganza, y la variedad Homo contracipiens se habría extinguido y habría sido remplazada por la variedad Homo progenitivus"16.

El argumento supone que la conciencia o el deseo de tener hijos (no importa cuál) es hereditario, pero hereditario solamente en el sentido formal más general. El resultado será el mismo si la actitud es transmitida a través de las células germinales o extrasomáticamente, para usar el término de A. J. Lotka. (Si se niega la segunda posibilidad al igual que la primera, entonces ¿cuál es el sentido de la educación?) El argumento aquí ha sido señalado dentro del contexto del problema demográfico, pero es válido igualmente para cualquier situación en la que la sociedad inste a un individuo que explota los recursos comunes a que se restrinja por el bien general, por medio de su conciencia. Hacer ese llamado es montar un sistema selectivo que trabaje por la eliminación de la conciencia de la raza.

Efectos patogénicos de la conciencia

Las desventajas a largo plazo de un llamado a la conciencia deberían ser suficientes par condenarlo; pero también tiene serias desventajas en el corto plazo. Si le pedimos a un hombre que está explotando los recursos comunes que desista de hacerlo "en nombre de la conciencia" ¿qué estamos haciendo? ¿qué está escuchando? —no sólo en el momento sino también en las pequeñísimas horas de la noche cuando, medio dormido, recuerda no solamente las palabras que le dijimos, sino las pistas de comunicación no verbal que le dimos sin percatarnos—. Tarde o temprano, consciente o subconscientente, este hombre percibe que ha recibido dos comunicados, y que son contradictorios: 1. (el comunicado pretendido) "Si no haces lo que te pedimos, te condenaremos abiertamente por no actuar como un ciudadano responsable". 2. (el comunicado no pretendido) "Si te comportas como te pedimos, secretamente te condenaremos como un tonto que puede ser humillado a tal punto de hacerse a un lado mientras el resto de nosotros explota los recursos comunes".

Todo hombre se encuentra atrapado en lo que Bateson ha llamado un "doble mensaje" como un importante factor causal en la génesis de la esquizofrenia.17 El mensaje doble puede no ser siempre tan dañino, pero constantemente amenaza la salud mental de cualquiera que lo recibe. "Una mala conciencia —dijo Nietzche— es una clase de enfermedad".

Conjurar la conciencia de los demás es tentar a cualquiera que desee extender su control más allá de los límites legales. Los líderes en los más altos niveles sucumben a esta tentación. ¿Ha evitado algún presidente durante las últimas generaciones caer en llamados a los sindicatos para que voluntariamente moderen sus demandas por mejores salarios, o a las compañías acereras para que bajen voluntariamente sus precios? No puedo recordar ninguno. La retórica utilizada en dichas ocasiones está diseñada para producir sentimientos de culpa en los no cooperadores.

Por siglos se asumió sin prueba que la culpa era un valioso, incluso casi indispensable, ingrediente de la vida civilizada. Ahora, en este mundo postfreudiano, lo dudamos.

Paul Goodman habla desde un punto de vista moderno cuando dice: "Nada bueno ha salido del sentimiento de culpa, ni inteligencia, ni política, ni compasión. Los que sienten culpa no prestan atención al objeto, sino solamente a sí mismos, y ni siquiera a sus propios intereses, lo que podría tener sentido, sino a sus ansiedades".18

Uno tiene que ser un psiquiatra profesional para ver las consecuencias de la ansiedad. Nosotros en Occidente estamos emergiendo apenas de una espantosa etapa de dos siglos de oscurantismo de Eros que estuvieron sustentados parcialmente en leyes prohibitivas, pero quizás más efectivamente en los mecanismos educativos generadores de ansiedad. Alex Comfort ha contado bien la historia en The Anxiety Makers19 y no es una historia agradable.

Puesto que la prueba es difícil podríamos incluso conceder que los resultados de la ansiedad pueden, en algunos casos, desde cierto punto de vista, ser deseables. La pregunta más amplia que debemos hacernos es si, como un asunto de política, deberíamos alguna vez propiciar el uso de una técnica cuya tendencia (sino su intención), es psicológicamente patogénica. Oímos hablar mucho en estos días sobre la paternidad responsable; el par de palabras son incorporados en los títulos de algunas organizaciones dedicadas al control natal. Algunas gentes han propuesto campañas masivas de propaganda para inculcar la responsabilidad en los futuros reproductores de la nación (o del mundo). ¿Pero cuál es el sentido de la palabra conciencia? Cuando utilizamos la palabra responsabilidad en ausencia de sanciones sustanciales, ¿no estamos tratando de intimidar a un hombre que se encuentra en los recursos comunes para que actúe en contra de su propio interés? La responsabilidad es una falsedad verbal para un quid pro quo sustancial. Es un intento para obtener algo por nada.

Si la palabra responsabilidad se llega a usar, sugiero que debe ser en el sentido en que Charles Fraenkel la usaba.20 "Responsabilidad —dice este filósofo—, es el producto de arreglos sociales definidos".

Observen que Fraenkel habla de arreglos sociales, no de propaganda.

Coerción mutua, mutuamente acordada

Los arreglos sociales que producen responsabilidad son arreglos que generan coerción de algún tipo. Considérese el robo de un banco. El hombre que se lleva el dinero del banco actúa como si el banco fuera parte de los recursos comunes. ¿Cómo prevenir tal acción? Ciertamente no intentando controlar su comportamiento exclusivamente con base en llamados verbales a su sentido de responsabilidad. En vez de basarnos en propaganda seguimos el consejo de Fraenkel e insistimos en que el banco no forma parte de los bienes comunes; buscamos arreglos sociales definidos que mantendrán al banco fuera de ese ámbito. El que al hacer esto infringimos la libertad de los ladrones potenciales, no lo negamos ni lo lamentamos.

La moralidad de un asalto a un banco es particularmente fácil de entender porque aceptamos la prohibición total de esta actividad. Estamos de acuerdo en decir "No robarás un banco", sin excepciones. Pero la moderación también puede ser generada por medio de la coerción. El cobro de impuestos es un buen medio coercitivo. Para mantener a los compradores moderados en el uso de espacios de estacionamiento en el centro de la ciudad, colocamos parquímetros para periodos cortos y multas de tráfico para periodos largos. Realmente no necesitamos prohibirle al ciudadano estacionarse tanto tiempo como desee simplemente necesitamos que sea cada vez más caro hacerlo. No es la prohibición, sino opciones cuidadosamente orientadas las que le ofrecemos. Un hombre de la Avenida Madison puede llamarlo persuasión; yo prefiero el mayor candor de la palabra coerción.

Coerción es una palabra sucia para la mayoría de los liberales de hoy, pero no necesita serlo por siempre. Como en el caso de otras palabras, su suciedad puede limpiarse por medio de la exposición a la luz, es decir, diciéndola una y otra vez sin apología o vergüenza. Para muchos, la palabra coerción implica decisiones arbitrarias de burócratas distantes e irresponsables; pero esto no es necesariamente parte de su significado. La única clase de coerción que yo recomiendo es la coerción mutua, mutuamente acordada por la mayoría de las personas afectadas.

Decir que acordamos la mutua coerción no es decir que requerimos disfrutarla o incluso, pretender disfrutarla. ¿Quién disfruta los impuestos? Todos nos quejamos de ellos. Pero aceptamos los impuestos obligatorios porque reconocemos que los impuestos voluntarios favorecerían la inconsciencia. Instituimos y (gruñendo) apoyamos los impuestos y otros medios coercitivos para escapar de los horrores de los recursos comunes.

Una alternativa a los recursos comunes no necesita ser perfectamente justa para ser preferible. Con bienes raíces u otros bienes materiales, la alternativa que hemos escogido es la institución de la propiedad privada emparejada con la herencia legal. ¿Es este un sistema perfectamente justo? Como biólogo entrenado en genética niego que el sistema lo sea. Me parece, que sí deben existir diferencias entre las herencias de los individuos, la posesión legal debería estar perfectamente correlacionada con la herencia biológica —que aquellos individuos que son biológicamente más aptos para ser custodios de la propiedad y del poder deberían legalmente heredar más—. Pero la recombinación genética hace continuamente burla de la doctrina "de tal padre, tal hijo" implícita en nuestras leyes de herencia legal. Un idiota puede heredar millones, y los fondos de una empresa pueden mantenerse intactos. Debemos admitir que nuestro sistema legal de propiedad privada más herencia es injusto, pero nos quedamos con él porque no estamos convencidos, por el momento, de que alguien haya inventado un sistema mejor. La alternativa de los recursos comunes es demasiado aterradora para contemplarse. La injusticia es preferible a la ruina total.

Esta es una de las peculiaridades del enfrentamiento entre la reforma y el status quo que está irreflexivamente gobernada por una doble norma. Frecuentemente una reforma es derrotada cuando sus oponentes encuentran triunfalmente una falla en ella. Como lo señaló Kingsley Davis21 los creadores del status quo suponen algunas veces que ninguna reforma es posible sin un acuerdo unánime, una suposición contraria a los hechos históricos. Tan claro como lo puedo poner, el rechazo automático a las reformas propuestas se basa en dos suposiciones inconscientes: 1) que el status quo es perfecto; o bien 2) que la elección que encaramos es entre la reforma y la no acción; si la reforma propuesta es imperfecta, supuestamente no deberíamos tomar decisión alguna, y esperar una propuesta perfecta.

Pero no podemos dejar de hacer algo. Eso que hemos hecho por cientos de años es también acción. Claro que produce males. Una vez que estamos prevenidos de que el status quo es una acción podremos descubrir las ventajas y desventajas de la reforma propuesta, haciendo la mejor aritmética posible dada nuestra falta de experiencia.

Con base en esa comparación, podemos tomar una decisión racional que no involucrará la suposición inmanejable de que sólo los sistemas perfectos son tolerables.

Reconocimiento de la necesidad

Quizás el resumen más sencillo del problema de la población humana es el siguiente: los recursos comunes, si acaso justificables, son justificables solamente bajo condiciones de baja densidad poblacional. Conforme ha aumentado la población humana han tenido que ser abandonados en un aspecto tras otro.

Primero abandonamos los recursos comunes en recolección de alimentos, cercando las tierras de cultivo y restringiendo las áreas de pastoreo, caza y pesca. Estas restricciones no han terminado aún en todo el mundo.

De alguna manera, poco después vimos que los recursos comunes como áreas para deposición de basura también tenían que ser abandonados. Las restricciones para la eliminación de desechos domésticos en el drenaje son ampliamente aceptadas en el mundo occidental; continuamos en la lucha para cerrar esos espacios a la contaminación por automóviles, fábricas, insecticidas en aerosol, aplicación de fertilizantes y centrales de energía atómica.

En un estado aún más embrionario se encuentra nuestro reconocimiento a los peligros de los recursos comunes en cuestiones de esparcimiento. Casi no existen restricciones a la propagación de ondas de sonido en el medio público. El consumidor es asaltado por música demencial sin su consentimiento. Nuestro gobierno ha gastado miles de millones de dólares en la creación de transporte supersónico que podría molestar a 50,000 personas por cada individuo transportado de costa a costa tres horas más rápido. Los anuncios ensucian y las ondas de radio y televisión contaminan la vista de los viajeros. Estamos muy lejos de prohibir los recursos comunes para cuestiones de recreación. ¿Se deberá esto a nuestra herencia puritana, que nos hace considerar el placer como un pecado y el dolor (en este caso la contaminación de la publicidad) como un signo de virtud?

Cada nueva restricción en el uso de los recursos comunes, implica restringir la libertad personal de alguien. Las restricciones impuestas en un pasado distante son aceptadas porque ningún contemporáneo se queja por su pérdida. Es a las recientemente propuestas a las que nos oponemos vigorosamente; los gritos de "derechos" y de "libertad" llenan el aire. ¿Pero qué significa libertad? Cuando los hombres mutuamente acordaron instaurar leyes contra los robos, la humanidad se volvió más libre, no menos. Los individuos encerrados en la lógica de los recursos comunes son libres únicamente para traer la ruina universal; una vez que ven la necesidad de la coerción mutua, quedan libres para perseguir nuevas metas. Creo que fue Hegel quien dijo: "La libertad es el reconocimiento de la necesidad".

El aspecto más importante de la necesidad que debemos ahora reconocer es la necesidad de abandonar los recursos comunes, en la reproducción. Ninguna solución técnica puede salvarnos de las miserias de la sobrepoblación. La libertad de reproducción traerá ruina para todos. Por el momento, para evitar decisiones difíciles muchos de nosotros nos encontramos tentados para hacer campañas de concienciación y de paternidad responsable. Podemos resistir la tentación porque un llamado a la actuación de conciencias independientes selecciona la desaparición de toda conciencia a largo plazo, y aumenta la ansiedad en el corto.

La única manera en que nosotros podemos preservar y alimentar otras y más preciadas libertades es renunciando a la libertad de reproducción, y muy pronto. "La libertad es el reconocimiento de la necesidad", y es el papel de la educación revelar a todos la necesidad de abandonar la libertad de procreación. Solamente así podremos poner fin a este aspecto de la tragedia de los recursos comunes.

Notas

1. J. B.Wiesner y H. F. York. Scientific American 211 (4), 27, 1964.

2. G. Hardin, Journal of Heredity 50, 68 (1959), S. von Hoernor, Science 137, 18 (1962).

3. J. von Neumann y O. Morgenstern, Theory of Games and Economic Behavior (Princenton University Press, Princenton, N. J., 1947), p. 11.

4. J. H. Fremlin, New Scientist, núm. 415 (1964), p.285.

5. A. Smith, The Wealth of Nations (Modern Library, New York, 1937), p. 423 (Hay traducción del Fondo de Cultura Económica, México).

6. W. F. Lloyd, Two Lectures on the Checks to Population (Mentor, New York, 1948), p. 17.

7. A. N. Whitehead, Science and the Modern World (Mentor, New York, 1948), p.17

8. G. Hardin (ed.), Population, Evolution, and Birth Control (Freeman, San Francisco, Cal., 1964)

9. McVay, Scientific American 216 (núm.8), 13 (1966).

10. J. Fletcher, Situation Ethics (Westminster, Philadelphia, 1966)

11. D. Lack, The Natural Regulation of Animal Numbers (Clarendon Press, Oxford England, 1954).

12. H. Girvetz, From Wealth to Welfare (Stanford University Press, Stanford, Cal., 1950).

13. G. H. Perspectives in Biology and Medicine, 6, 366 (1963).

14. U. Thant, International Planned Parenthood News, núm. 168 (febrero de 1968)

15. K. Davis, Science 158, 730 (1967)

16. S. Tax (ed.) Evolution After Darwin (University of Chicago Press, Chicago, 1960), vol. 2, p. 469.

17. G. Beteson, D. D. Jackson, J. Haley, J. Weakland, Behavioral Science, 1, 251 (1956).

18. P. Goodman, New York Review of Books 10 (8), 22 (23 de mayo de 1968).

19. A. Comfort, The Anxiety Makers (Nelson, Londres, 1967).

20. C. Frankel, The Case for Modern Man (Harper & Row, New York, 1955), p.203.

 

sábado, 7 de septiembre de 2013

Tercer secreto de Fátima


La revista alemana "Stimme des Glaubens" (fascículo 10/81) comenta que en Fulda, una serie de personas, comenzaron a hacer preguntas a Juan Pablo II. Uno de los presentes envió una nota enseguida del encuentro. La revista afirma de conocer quien la dirigió y de poseer la autenticación del documento.

El Papa había estado en Alemania pocos meses antes de sufrir el atentado del 13 de mayo de 1981 (fecha que representaba el aniversario de la aparición de Fátima).

A la pregunta:

"Que hay en el tercer secreto de Fátima? No debía ser publicado ya en 1960"

Juan Pablo II respondió:

"Dada la gravedad del contenido, para no alentar a la potencia mundial del comunismo a cumplir aquellas acciones, mis predecesores en el rol de Pedro han diplomáticamente preferido posponer su publicación. Por otra parte, a todos los cristianos les será suficiente saber esto: si existe un mensaje en el cual está escrito que los océanos inundarán inmensas partes de la Tierra, que de un momento a otro millones de hombres perecerán, no amerita tanto la divulgación de un tal mensaje.
Muchos quieren simplemente saber, por curiosidad y gusto por el sensacionalismo, pero olvidan que el saberlo comporta también una responsabilidad. Se busca solamente satisfacer la propia curiosidad y esto es peligroso si se está convencido que nada se puede hacer contra el mal, si no se está dispuesto al mismo tiempo hacer alguna cosa".

 

 

**

Algunos dicen  que el siguiente  el texto, promulgado por la Santa Sede en el año 2000, aunque verdadero, no es completo. Se fundamentan en varias publicaciones y supuestas declaraciones del Papa a la conferencia episcopal alemana en 1981

 

Tercera parte del secreto revelado el 13 de julio de 1917 en la Cueva de Iria-Fátima.

Escribo en obediencia a Vos, Dios mío, que lo ordenáis por medio de Su Excelencia Reverendísima el Señor Obispo de Leiria y de la Santísima Madre vuestra y mía.

Después de las dos partes que ya he expuesto, hemos visto al lado izquierdo de Nuestra Señora un poco más en lo alto a un Ángel con una espada de fuego en la mano izquierda; centelleando emitía llamas que parecía iban a incendiar el mundo; pero se apagaban al contacto con el esplendor que Nuestra Señora irradiaba con su mano derecha dirigida hacia él; el Ángel señalando la tierra con su mano derecha, dijo con fuerte voz: ¡Penitencia, Penitencia, Penitencia! Y vimos en una inmensa luz qué es Dios: « algo semejante a como se ven las personas en un espejo cuando pasan ante él » a un Obispo vestido de Blanco « hemos tenido el presentimiento de que fuera el Santo Padre ». También a otros Obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas subir una montaña empinada, en cuya cumbre había una gran Cruz de maderos toscos como si fueran de alcornoque con la corteza; el Santo Padre, antes de llegar a ella, atravesó una gran ciudad medio en ruinas y medio tembloroso con paso vacilante, apesadumbrado de dolor y pena, rezando por las almas de los cadáveres que encontraba por el camino; llegado a la cima del monte, postrado de rodillas a los pies de la gran Cruz fue muerto por un grupo de soldados que le dispararon varios tiros de arma de fuego y flechas; y del mismo modo murieron unos tras otros los Obispos sacerdotes, religiosos y religiosas y diversas personas seglares, hombres y mujeres de diversas clases y posiciones. Bajo los dos brazos de la Cruz había dos Ángeles cada uno de ellos con una jarra de cristal en la mano, en las cuales recogían la sangre de los Mártires y regaban con ella las almas que se acercaban a Dios.

 

 

Profecías para nuestro tiempo


PROFECIAS PARA NUESTRO TIEMPO

San Nilo  el Vertedor de Miro del Monte Athos. (ca."1651)


Después del año 1900., hacia la mitad del siglo XX, la gente de esa época será irreconocible. Cuando se acerque el tiempo del advenimiento del Anticristo, la mente de las personas se nublará con las pasiones carnales, el deshonor y el desorden crecerá. Entonces el mundo será irreconocible.

Debido a los engaños del Anticristo, el aspecto de la gente cambiará será imposible distinguir a los hombres de las mujeres, por su desvergüenza en el vestir y en el arreglo de sus cabellos. Esta gente será cruel y semejante a animales salvajes.

No habrá respeto por los padres y los mayores, desaparecerá el amor y los pastores cristianos, obispos y sacerdotes, serán hombres vanos, completamente imposibilitados de distinguir la mano derecha de la izquierda.

En tal tiempo, la moral y las tradiciones de los cristianos y de la Iglesia cambiará. La gente abandonará la humildad y la disipación reinará la falsedad y la codicia alcanzará grandes proporciones y pobres de aquellos que amasen tesoros. La lujuria, el adulterio, la homosexualidad, los deseos secretos y el homicidio regirá la sociedad.

En el tiempo del futuro, debido al poder de crímenes tan grandes y de tal licenciosidad, la gente estará privada de la gracia del Espíritu Santo recibido en el Santo Bautismo y ya no oirá la voz de su conciencia.

La Iglesia de Dios se verá privada de pastores piadosos y temerosos de Dios y pobres de aquellos cristianos que vivan en el mundo de ese tiempo, perderán completamente su Fe debido a que no tendrán forma de recibir la Luz del Conocimiento.


Entonces se alejará del mundo yendo a Santos refugios en busca de alivio a sus sufrimientos espirituales pero encontrará multitud de obstáculos por todas partes.
Y todo esto resultará del hecho que el Anticristo quiere gobernar sobre todos y sobre el mundo entero, obrará milagros y señales fantásticas.

De la misma manera dará al hombre sabiduría depravada, de modo que pueda descubrir los medios de conversar con otro, de un extremo a otro de la tierra. En ese tiempo, también volará por los aires, como las aves y descenderá al fondo del mar, como los peces. Y cuando hayan logrado todo esto, esa infortunada gente gastará su vida en el confort sin conocimiento, pobres almas, que ese es al engaño del Anticristo.

y el impío coronará la ciencia con tal vanidad que llevarán al hombre a abandonar la recta senda y a perder la fe en la existencia de Dios en sus tres hipóstasis.

Entonces el Dios toda bondad, viendo la caída de la raza humana, acortará los días por causa de los pocos que serán salvados, porque el enemigo busca llevar a la tentación a los elegidos, si ello es posible.

"Entonces la espada del castigo aparecerá súbitamente y matará al pervertidor y sus sirvientes".

¿Han sido profetizadas todas esas cosas?


¿Han sido profetizadas todas estas cosas?

 

por el Dr. Rama Coomaraswamy[1]

 

 

“Que a nadie de los que se hallen en esos días se le ocurra decir: ‘¿Qué más hizo Cristo? ¿Con qué virtud hace éste todas las cosas? Si Dios no lo quisiese no lo permitiría’. Pues para esto te anunció de antemano el Apóstol, diciendo: ‘Por esto el Señor les enviará tales ilusionismos que creerán a la mentira no porque esto les pueda servir de excusa, sino para que sea contra ellos un motivo de condenación’” (S. Cirilo, Catequesis. XV 17).

 

 

La interpretación de las profecías está siempre llena de peligros. Mientras que está claro que la Escritura contiene profecías, es sólo en retrospectiva que uno puede claramente constatar que “Dios ya lo profetizó de este modo”. Además el Espíritu del Mal se ha desplegado por la tierra desde tiempos inmemoriales y siempre ha disfrutado dando falsas interpretaciones de la Palabra de Dios y falsos enunciados y profecías que quiere hacer pasar por esa Palabra. Por eso parece importante considerar este aspecto del problema, si no por otras razones, sí al menos para destruir los argumentos de aquéllos que, a pesar de la evidencia contraria, continúan diciendo: “no puede ser” o “no ocurrirá”.

San Pablo nos advierte en su Segunda Carta a Timoteo de que “vendrá el tiempo en que los hombres no soportarán la sana doctrina” (4, 3) y él mismo dijo: “Yo sé que después de mi partida vendrán a vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño, y que entre vosotros mismos se levantarán hombres que enseñen doctrinas perversas para arrastrar a los discípulos en su seguimiento” (Hechos 20, 29-30). Tales profecías se han cumplido, por supuesto, a lo largo de la historia del Cristianismo, pero nosotros tenemos además una línea directiva. Sabemos que en algún momento de la historia un “Anticristo” se alzará y reinará como rey supremo. De hecho, su reino solo acabará con la Segunda Venida de Cristo en gloria. Pero aún se nos dice más cosas. San Pablo nos advierte en su Carta a los Tesalonicenses: “Que nadie en modo alguno os engañe, porque antes ha de venir la apostasía y ha de manifestarse el hombre de la iniquidad, el hijo de la perdición…” (2, 3-10). Tal como el Cardenal Newman apunta en su “La idea Patrística del Anticristo”, antes de la Segunda Venida de Cristo tendrá lugar el reino del Anticristo, y antes del Anticristo, tendrá lugar la apostasía, o usando las palabras del Cardenal Newman, “una espantosa apostasía”.

Existen otras indicaciones de los acontecimientos que precederán a la Segunda Venida. Así Cristo nos avisa en Mateo (capítulo 24) de que habrá “falsos cristos” y “falsos profetas que obrarán grandes señales y prodigios para inducir a error”… (24, 11.23s) y de que “por el exceso de la maldad se enfriará la caridad de muchos” (24, 11). El añade además: “cuando veáis todo esto, entended que está próximo, a las puertas… (24, 33). Cuando viereis. pues, la abominación de la desolación predicha por el profeta Daniel en el Lugar santo (el que leyere entienda), entonces los que estén en Judea huyan a los montes…” (24, l5ss).

Nosotros tenemos otros dos “datos” (el autor de este artículo acepta que es revelado como un “dato”), que tener en cuenta. Uno es el que S. Juan Apóstol nos dio hace unos 2.000 años en su Primera Carta: “Podéis conocer el espíritu de Dios por esto: todo espíritu que confiese que Jesucristo ha venido en carne es de Dios; pero todo espíritu que no confiese a Jesús, ése no es de Dios, es del anticristo, de quien habéis oído que está para llegar y que al presente se halla ya en el mundo”. (4, 2-3); y S. Pablo declara: “Y ahora sabéis qué es lo que le contiene hasta que llegue el tiempo de manifestarse. Porque el misterio de iniquidad está ya en acción; sólo falta que el que le retiene sea apartado de en medio”. (2 Ts 2, 6-7).

Resumamos ambos “datos” con las palabras del Cardenal Newman:

 

“La Venida de Cristo será inmediatamente precedida, en verdad, por una espantosa e incomparable manifestación del mal, llamada por San Pablo Apostasía, una “caída”, en medio de la cual aparecerá un terrible Hombre de Pecado e hijo de perdición, el especial y singular enemigo de Cristo, o sea, el Anticristo; esto será cuando prevalezcan las revoluciones y cuando la actual estructura de la sociedad sea rota en pedazos; y que al presente el espíritu con el que él se encarnará y personificará permanece bajo ‘los poderes que existen ahora’, mas cuando éstos se disuelvan, él se alzará de su seno y unirá a todo el mundo a su particular y malvada manera, bajo sus propias reglas, con la exclusión de la Iglesia”.

 

Uno de los particulares signos de ese tiempo será la “abominación de la desolación” de la cual se nos advierte tanto en el Evangelio de Mateo como en el de Marcos. Esta frase aparece en muchos lugares del Antiguo Testamento parodiando a la Nueva Alianza. Así en Daniel 9, 27 se dice: “El concertará con muchos una firme alianza durante una semana; y durante la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la oblación, y en el ala del Templo estará la abominación de la desolación, hasta que la ruina decretada se derrame sobre el desolador”. Y en Daniel 11, 31: “De su parte surgirán fuerzas armadas, profanarán el santuario-ciudadela, abolirán el sacrificio perpetuo y pondrán allí la abominación de la desolación…” Ahora bien, ¿qué otra cosa puede significar “el sacrificio perpetuo” sino la Misa? Y ¿no estamos avisados de que es la Misa la que será atacada en algún momento de la historia? Escuchad a Malaquías 1, 7: “dice el Señor de los Ejércitos a vosotros sacerdotes que menospreciáis mi Nombre. –Decís: ¿En qué hemos menospreciado tu Nombre? –Presentando en mi altar pan inmundo. –Y decís ahora: ¿En qué te hemos manchado? –Al pensar que la mesa del Señor es despreciable”. ¿No habla Jeremías en nombre de Dios cuando dice: “Mi Tabernáculo ha sido saqueado, y todos mis tensores arrancados. Mis hijos se han alejado de Mí. No hay quien despliegue ya mi Tabernáculo ni quien ice mis toldos. Porque los pastores lo han hecho mal y no han buscado al Señor; así no obraron cuerdamente y toda su grey fue dispersada.” (10, 20-21). En verdad la historia se repite ya que tenemos las palabras de Ezequiel que dice: “Sus sacerdotes han violado mi ley y profanado mis cosas sagradas; no han hecho diferencia entre lo sagrado y lo profano, ni han enseñado a distinguir entre lo puro y lo impuro”. (22, 26).

En Macabeos tenemos la historia del rey Antíoco, el salvaje perseguidor de los judíos quien a menudo es considerado como un tipo de Anticristo. Permítasenos considerar unos pocos pasajes de este texto que pueden ser aplicados aquí:

 

 

En aquellos días salieron de Israel muchos hombres malvados que persuadieron al pueblo diciendo: ‘vayamos y hagamos un pacto con los gentiles que nos rodean, porque desde que nos separamos de ellos, nos han sobrevenido muchos males. Hallaron buena acogida estas palabras; y algunos del pueblo, más decididos acudieron al rey y obtuvieron de él autorización para seguir las costumbres de los gentiles. En consecuencia, levantaron en Jerusalén un gimnasio al uso de los paganos, rehicieron sus prepucios, renegaron de la Alianza santa para atarse al yugo de los gentiles y se vendieron para obrar el mal.” (1 M 1, 11-15).

 

Después de estos acontecimientos, Antíoco, volviendo de Egipto, atacó a Israel, “Y él (Antíoco) entró con insolencia en el Santuario y se llevó el altar de oro, el candelabro de la luz con todos los accesorios, la mesa de la proposición… (1, 21-24). Después, cuando regresó a su propio país, “el rey publicó un edicto en todo su reino ordenando que todos formaran un solo pueblo y abandonaran para ello sus peculiares costumbres. Los gentiles acataron todos el edicto real y muchos israelitas aceptaron su culto, sacrificaron a los ídolos y profanaron el Sábado…” (1 M 1, 41-49). Eventualmente, habiendo sido abandonado el sacrificio perpetuo, él estableció “la abominación de la desolación sobre el altar, y construyeron altares por todas la ciudades de Judá. A las puertas de las casas y en las plazas hacían quemar incienso. Rompían y echaban al fuego los libros de la Ley que podían hallar” (1 M 1, 54-56). Pero entonces hubo algunos que se negaron a cumplirlo: “Murieron también muchos israelitas que con entereza y valor se negaron a comer cosa impura, prefiriendo la muerte antes que contaminarse con aquella comida y profanar la Alianza santa.” (1 M 1, 62-63).

Volvamos otra vez a los comentarios del Cardenal Newman, los cuales, aunque se hicieron hace casi un siglo, todavía son pertinentes hoy.

 

“Hay razón para creer que tal apostasía se está preparando gradualmente, y de que pueda llegar rápidamente hoy día… ¿No es una opinión reconocida y creciente el hecho de que la Religión no es cosa de un pueblo sino simplemente una cuestión que tiene que ver solamente con la conciencia de cada hombre? –Lo cual es lo mismo que decir que podemos dejar caer la Verdad en tierra sin continuarla más allá de nuestro tiempo… ¿No hay un animado y febril esfuerzo para deshacerse de la necesidad de la Religión en las transacciones públicas…? ¿Es que no se intenta educar sin Religión? –eso se consigue proponiendo unir todas las formas de religión, con lo cual llegamos a lo mismo. ¿No se intenta cumplir la abstinencia y las virtudes que fluyen de ella, sin religión, mediante sociedades que están construidas sobre meros principios de utilidad? ¿no se intenta seguir el utilitarismo de las reglas y las medidas del Estado y las promulgaciones de la ley, y no la verdad? ¿no se intenta hacer cantidad, y no la Verdad, sin conocer la base de éste o aquél credo…? ¿No se intenta privar a la Biblia de su propio significado, incluyendo cualquier otro, haciendo creer a la gente que ella puede tener cientos de significados todos igualmente buenos, en otras palabras, que no tiene ningún significado, que es una lectura sin sentido y que se puede dejar a un lado? ¿No se intenta desbancar a la Religión por ser externa u objetiva, por manifestarse en decretos, o por expresarse en la Escritura –para confinarla a nuestros sentimientos internos, y de este modo, considerando cuán variables y evanescentes son nuestros sentimientos, intentar, de hecho, destruir la Religión?

 

¿Y no predominan muchas de estas ideas en la Iglesia de hoy? ¿Qué otra cosa es el “encuentro con Cristo” sino un intento para confinar la religión a nuestros sentimientos internos? ¿Y qué son otras muchas interpretaciones hechas de la Escritura, o la abierta aceptación de las enseñanzas de nuestros “hermanos separados”? Pero aún hay otras declaraciones de la Biblia que son pertinentes. Así S. Pablo nos dice que el Anticristo “se sentará en el Templo de Dios”. Mientras que los primeros Padres interpretaron esto como la Sinagoga, y algunos escritores espirituales como S. Juan de la Cruz lo enseñan refiriéndose al alma individual, no hay nada que excluya la posibilidad de que pueda referirse a una parte (en tiempo o lugar) de la Iglesia Romana. Más lejos Daniel nos dice: “En su lugar venerará al ‘dios de las fortalezas’; venerará con oro y plata, piedras preciosas y joyas, a un dios a quien sus padres no conocieron….” (11, 38s). Ahora bien, como el Cardenal Newman dice: “lo que se quiere decir con las palabras traducidas como ‘dios de las fuerzas’, y luego llamado ‘un dios extraño’, nos está bastante oculto, y probablemente seguirá así; pero de cualquier forma se predice ciertamente un falso culto como la marca del Anticristo”. El Cardenal Newman también señala que el Anticristo estará en contra de los ídolos tal como nosotros entendemos el término, y que los ídolos a que se refiere son los considerados por la Revolución Francesa –¡los ídolos de la “LIBERTAD, la IGUALDAD y la FRATERNIDAD”! Tal vez sea elegido el ídolo de la “evolución dinámica” o del “progreso”. Después de todo el Diablo es sobre todo un “seductor”, y así el Cardenal Newman nos advierte:

 

¿Creéis que él (Satán) es tan poco habilidoso en su arte como para pediros abierta y llanamente que os unáis a él en su lucha contra la Verdad? No, él os ofrece alicientes para atraparos. El os promete la libertad civil; os promete igualdad, os promete negocios y riquezas.., él os promete reformas.

 

Y este enemigo, como dice el Cardenal Newman, “se caracteriza por algún pecado muy especial: la total infidelidad”. Otra característica del espíritu del Anticristo es que él tanto habla como no habla en Nombre de Cristo. Permitidme explicar esta paradoja. Cristo nos dijo: “Yo he venido en Nombre de mi Padre y vosotros no me recibís; si otro viniera usurpando mi Nombre, le recibiríais” (Juan 5,43). Es decir que él enseñará sus propias doctrinas, y no las doctrinas de Cristo, sus opiniones personales y no la verdad de Todos los Tiempos. Con todo, aquéllos que hablen con este “extraño espíritu”, “teniendo una apariencia de piedad, pero negando su poder” (2 Tm 3, 5), y “prometiendo libertad, cuando ellos mismos son esclavos de la corrupción” (2 Pe 2, 19), darán la impresión de que están hablando en Nombre de Cristo: “Muchos me dirán en aquél día (el del Juicio): ‘¡Señor, Señor! ¿no profetizamos en tu Nombre, y en Nombre tuyo arrojamos los demonios, y en tu Nombre hicimos muchos milagros?’ Yo entonces les diré: ‘Nunca os conocí; apartaos de Mí, obradores de iniquidad.” (Mt 7, 22-23). Sí, Dios se quejará otra vez, tal como hizo en Jeremías (12, 10-11): “Mis pastores han destruido mi Viña, hollaron mi heredad, trocaron mi mejor campo en un yermo desolado. La convirtieron en desolación lamentable, en incultivable.” ¿Y por qué ocurrirán todas estas cosas de tal forma? Porque, como S. Pablo dijo después de describir al Anticristo, “la venida del inicuo irá acompañada… y de seducciones de iniquidad para los destinados a la perdición por no haber recibido el amor de la verdad que los salvaría. Por eso Dios les envía un poder engañoso, para que crean en la mentira y sean condenados cuantos, no creyendo en la verdad, se complacen en la iniquidad” (2 Ts 2, 9-12).

Y así nosotros podemos ver en estos días, si nuestro argumento es correcto, que el “sacrificio perpetuo” es muy raramente realizado. Y ¿qué es la “autodestrucción de la Iglesia” sino la “destrucción de la Viña? “Oh Dios, ellos han profanado tu sagrado Templo” (Sal 79, 1) con “bailes litúrgicos” y “servicios con proyecciones”. “Mirad nuestro Santuario, nuestra hermosura y nuestra gloria, convertido en desierto, miradlo profanado por los gentiles” (1 M 2, 8-12) bajo forma de herejes y “hermanos separados” predicando desde nuestros púlpitos. “Mirad cómo nuestro Santuario y nuestra Gloria están asolados” (ibid.) porque nuestros tabernáculos han sido removidos de nuestros altares. “Y los santuarios serán devastados” (Am 7, 9) y “Mi pueblo Me ha rechazado” (Jr 2, 13) porque las Iglesias están desiertas.

Uno podría, por supuesto, “buscar en las Escrituras” y encontrar aún más pistas –pero nos quedaremos con una, la apocalíptica “marca de la Bestia”. Esta supone, por lo general, que el hombre adorará a algún “animal” tal como el “becerro de oro”. Sin embargo, un posible significado de la “bestia” (apocalíptica) es el del “hombre en sí mismo”, el hombre en cuanto hombre, tal como está fuertemente recalcado en alguno de documentos del Vaticano II. El hombre que es “el autor de su propia cultura”, el hombre que “se esfuerza por llegar hasta la auténtica y completa humanidad”. Después de todo, la maldición del ángel en Ap 16, 2 va dirigida contra “los hombres que tenían el carácter de la bestia”. Es el hombre que ya no reza ni conoce a Dios más que en términos vagos y sentimentales que no tienen significado en realidad. Es el hombre cuya relación con lo sobrenatural es una relación de “sentimiento” personal y de “encuentro”, más que de “conocimiento” y de “aceptación de la Revelación”. Es el hombre que “a través de sus relaciones con los otros, a través de recíprocas responsabilidades, y a través del diálogo fraternal, desarrolla todos sus talentos y es capaz de alcanzar su propio destino” (Constitución Pastoral de la Iglesia, párrafo 25). Es el hombre cuya fe es una “simple aspiración de superación”, más que una “creencia en las doctrinas de la Iglesia Católica” (Andrew Greeley). Es el hombre que ya no necesita a Dios o a su Iglesia, y que si no proclama que “Dios está muerto”, sí que relega a Dios al “asilo” para ancianos y enfermos. Es el hombre moderno que se ha divorciado de toda Tradición y está convencido de que puede “hacerse a sí mismo”. Es el hombre que se ha reducido a sí mismo al nivel de la “bestia”. Es el hombre que no necesita ninguna “marca” especial, sino que más bien, deja su marca en todo lo que toca. Y si esto le choca a alguien, que considere las palabras de un conocido antropólogo, Ashley Montagu:

 

“Yo considero que él así llamado “salvaje” es mejor humano e infinitamente mejor cristiano que el llamado hombre blanco. Yo considero al hombre moderno Europeo y a su equivalente Americano como una criatura que ha caído tan bajo que no sería posible que cayera más bajo todavía. No conozco del así llamado “pueblo primitivo” ninguno del que no se pueda decir que es mejor ser humano que cualquiera de los miembros de los así llamados “pueblos avanzados”.

 

De una carta a Ananda Coomaraswamy

 

 

*  *  *

 

Por supuesto, nadie puede afirmar que las predicciones de las Escrituras mencionadas anteriormente sean aplicables con toda certeza a la actual situación de la Iglesia Católica. Lo que sin embargo es espantoso, es que todo lo que está ocurriendo es consecuente con estas predicciones y profecías. Como S. Alfonso de Ligorio dijo: “el Diablo siempre ha intentado, por medio de los herejes, privar al mundo de la Misa, haciéndoles precursores del Anticristo, el cual, antes que otra cosa intentará abolir y ciertamente abolirá el Santo Sacramento del Altar…” (La Misa).

Para el Católico individual, sin embargo, tal especulación no es importante. El día del Juicio, él no será responsable por no interpretar la profecía, sino por sus acciones. Frente a una situación que “huele” a todo aquello de lo que hemos sido advertidos, él debe adherirse con todo su corazón a lo que es seguro. Frente a lo que parece ser una liturgia siempre cambiante, él debe adherirse a aquella liturgia que es incambiante –la Misa de Todos los Tiempos. Frente a los pronunciamientos doctrinales que parecen seguir la moda, él debe adherirse a la Doctrina de todos los tiempos. Frente a una fe que es descrita como “personal”, “encontradiza” y es confinada a los “sentimientos íntimos” de cada uno, él debe adherirse a la Fe de Todos los Tiempos. Viviendo en los días en que la estructura de la Iglesia parece tan efímera como las arenas del tiempo, él debe adherirse ¡al Nombre que existió en el seno del Padre antes de que llegara a ser en el tiempo el sagrado Nombre de Jesús!

Finalmente, unas palabras sobre aquélla otra profecía de la Escritura, que dice que los fieles “que queden” serán perseguidos por los poderes del Anticristo. Y no hablo de las persecuciones que hay ahora de sacerdotes que persisten en decir la Verdadera Misa, sino de las que habrá de fieles, sacerdotes o laicos, que se nieguen a “comer alimento inmundo”. La jerarquía modernista ha abdicado de su derecho a decir la Verdad en el mundo moderno –después de todo, nuestros hermanos separados también dicen la verdad. Anteriormente, si el Papa hubiera hablado sobre una cuestión como el aborto, millones de fieles hubiesen obedecido, e incluso los gobiernos hubieran temido ser derribados. Hoy en día, cuando el Papa habla, incluso sus Obispos más próximos se apresuran a contradecirle. Sus seguidores censuran sus palabras antes de que los herejes hayan tenido siquiera la oportunidad de leerlas. Si la Iglesia no puede ser ya una fuerza de la Verdad y la Moralidad, entonces los gobiernos se convertirán en los medios de legislar la Verdad y la Moralidad. Una vez que esto ocurra, aquellos que no quieran aceptar la “nueva moralidad” se convertirán en los “enemigos del pueblo”. Si la eutanasia es proclamada como una política del gobierno –y esto se hizo anteriormente en Alemania, un país cristiano– entonces, aquéllos que se nieguen a reconocer este “bien”, tendrán que ser “reeducados”. Nuestras creencias religiosas serán permitidas solamente si las mantenemos en privado y no se las enseñamos a nuestros hijos. Cuando sentimos la necesidad de hablar contra la corriente predominante –para ser testigos de la verdad–, cuando nos negamos a aceptar las decisiones de una mayoría numérica o cuando rechazamos las demandas y directrices de cualquier grupo de poder que en ese momento controle el gobierno, entonces estaremos “obstruyendo” la “voluntad del pueblo” y seremos declarados “enemigos del Estado”. Una vez que llegue ese día, ya no habrá una Iglesia visible que nos hable y estaremos solos. Habrá “llanto y rechinar de dientes”, si no en nuestros días, en los días de nuestros hijos. Serán ellos quienes nos acusen y nos pregunten: ¿por qué no os mantuvisteis firmes en vuestros principios?, ¿por qué permitisteis que os arrastraran de un lado a otro como una “caña agitada por el viento”? No permitamos que nos conviertan en una generación que Dios detesta. No demos lugar a que El nos diga: “Durante cuarenta años me asqueó aquella generación y dije: son un pueblo de corazón extraviado y ellos no conocen mis caminos. Por eso en mi cólera juré: ¡No han de entrar en mi reposo!” (Salmo 95).

 

 

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[1] Coomaraswamy es un cirujano que ejerce en el Hospital de Greenwhich, en Greenwhich, Connecticut y en el Hospital de St. Joseph, en Stamford, Connecticut. Es también Profesor Asistente Clínico de cirugía en el Colegio de Medicina de Albert Einstein, en la ciudad de New York.

viernes, 6 de septiembre de 2013

Jesús y el Sheikh Aissa (Nikos Vardhikas)


 

JESUS Y EL SHEIKH AISSA

NIKOS VARDHIKAS

Nadie podrá discutir el hecho de que la obra de Frithjof Schuon no atañe a los principios metafísicos, como la de René Guénon, sino a sus aplicaciones en las diversas tradiciones; ahí reside su valor y su utilidad. 

En tanto que tal, sin embargo, esta obra permanece incomprensible sin la de Guénon, a la que forzosamente presupone. Por otra parte, de ello se desprende que sería totalmente ridículo exigir a una obra tal que constituya una brújula infalible, como se ha podido decir de la de Guénon, y por tanto que esté exenta de errores. 

Sería pues inútil intentar extraer de este "collar de perlas" una homogeneidad que no puede ofrecer, para oponer la "sensibilidad" de Schuon a la "sequedad" de Guénon. Se trata de oposiciones artificiales, que comparan niveles diferentes y provienen de un desconocimiento, fingido o real, de la diferente naturaleza de ambas obras. 

Es sorprendente, consecuentemente, que se haya podido hablar de la existencia de una "corriente" schuoniana. ¿En qué puede consistir tal corriente? 

Por nuestra parte, no vemos otra posible base a esta pretensión que las afirmaciones, muchas veces repetidas en la obra schuoniana, concernientes al cristianismo: 

? la Iglesia (una Iglesia) no puede alterar su depósito, en virtud de la Identidad de su fundador 

? la Invocación del Espíritu Santo en el momento de la consagración de los dones es inútil 

? la Virgen María es un avatara

Estas afirmaciones no solamente están en contradicción con Guénon; constituyen también una herejía formal, el idealismo o apolinarismo aplicado a la Iglesia1. Es curioso constatar que esos son precisamente los puntos que la Iglesia Ortodoxa (de cuyo lado ha dejado abierta Guénon la única "ventana" relativa a la posible existencia de un esoterismo cristiano operativo) discute al Catolicismo, arguyendo que anulan los medios de hacer operativa en los cualificados para ello la influencia espiritual recibida por todos2. 

Esto explica por qué una obra que no se presta por lo demás a ello ha podido ser utilizada como base de una "corriente": estas afirmaciones incitan a los Católicos cualificados, rabiosos o apenados por las constataciones de R. Guénon sobre la decadencia de su tradición, a no buscar qué es lo que le falta. Estas afirmaciones les confortan en el sentimiento de seguir poseyendo, en virtud de la identidad del Cristo, una tradición (contingente) completa; ellas pueden dar a entender que el término "exo-esoterismo" significa una deificación por el solo hecho de frecuentar los sacramentos3, y no únicamente el necesario "punto de anclaje" del esoterismo en el exoterismo. 

Es esta una impresión no sólo errónea, sino nefasta; pero para quien conoce la naturaleza forzosamente contingente de esta obra, no puede ser perturbadora; no se debe pedir a FS que no se equivoque ?se le acerca cada cual con su inteligencia y discernimiento propios, valido de las enseñanzas de su propia tradición y de su propia experiencia metafísica, y no para pedir una enseñanza que las reemplace o que sea una condición previa para ellas. 

Dicho esto, solamente conocemos la obra de Frithjof Schuon, no la del sheikh Aissa. Imaginamos que, en este último caso, los criterios cambian: para dirigir otros, la falibilidad con respecto a tales asuntos es mucho más importante que cuando sólo se trata de una obra escrita, en la que el lector se puede aprovechar de la inteligencia contenida en la obra juzgando él mismo sus errores; lo que el discípulo no puede por definición hacer. A este nivel, podemos imaginar que la actitud del sheikh Aissa haya podido ser perentoria, si no usurpadora. 

Para concluir, diremos como lector de FS que, con tal que se sitúe a su obra escrita en sus efectivas dimensiones (pues ni la más bella muchacha del mundo puede dar otra cosa que lo que tiene), y sin pedirle otra cosa que un enriquecimiento del propio discernimiento (a menudo con fórmulas sorprendentes y un sentido cierto de la belleza), se puede considerar que indiscutiblemente pertenece al universo de la "erudición tradicional", a pesar de las pretensiones del mismo Schuon en cuanto a su lugar en ésta. 

Traducción: Antonio Guri

 

NOTAS

1

Cf. Vladimir Losski, Sobre la teología mística de la Iglesia de Oriente.

2

Ya sea que se la considere otorgada en un bautismo en regla (es decir, para Occidente, antes del Cisma) o cuando la recepción de una bendición paternal.

3

Impresión errónea, sea cual sea la importancia que se dé al Bautismo y a la Comunión.