lunes, 27 de abril de 2009

Ética y moral, Valores y principios, Innovar (Gabriele Adinolfi)

Ética y moral

Ética viene de ethos, “comportamiento”. Designa pues el comportamiento recto, justo, que se mantiene a todo precio. El sentido de la ética, que se adquiere por la educación, que se funda sobre alguna cosa innata, deviene automatismo y no da lugar a la duda o a la interpretación, es definitivo.

Moral viene de mos, moris, “costumbre. Seguir la moral quiere decir comportarse correctamente por hábito, para ser conforme con las reglas sociales; a diferencia de la ética, la moral tiene necesidad de reglas y es pues siempre alguna cosa exterior y formal. Todo cambio de la mentalidad corriente o toda intervención súbita de intereses potentes y presionantes que se sitúan fuera de la moral no pueden más que ponerla en crisis. En particular en épocas sometidas al Caos, tal como la nuestra, todo apelación moral o a la moral es risible, improductiva y conduce de alguna manera a querer edificar sobre arenas movedizas. Es sobre la ética y solo sobre la ética sobre la que se debe fundar, no es más que yendo al fondo de las cosas, a las fuentes, en un espíritu “revolucionario” (en este caso de revolvere, volver a venir) donde se puede encontrar las bases sólidas sobre las cuales construir y construirse.

La ética , a menudo, es enemiga de la moral burguesa

Gabriele Adinolfi
Pensées corsaires
Les Editios du Lore. 2008
, p.116

Principios y valores

Los principios son el punto de partida, son inmutables, son el centro son el gen. Los valores al contrario, son a lo que se da precio, es decir que se evalúa y que están por tanto sujetos a evaluación; el término “valor” tiene el mismo origen semántico que el de “dinero”; los valores no son ni absolutos ni inmutables, constituyen la manera en que una sociedad ha decidido adoptar los principios . Y no solamente los principios, pues ciertos valores sociales no reenvían a ningún principio; por ejemplo, la delación, que se convierte en valor (como así se produjo en la época de “colaboración con la justicia” y se produce hoy día, cuando se invita a los espectadores de un encuentro a denunciar a los violentos) seguramente no es la aplicación de un principio.

Moral de fábula: batirse por “defender valores” no tiene ningún sentido; es relativismo basado en una moral de perdedor. Batirse al contrario por encarnar y eternizar los principios, respetando los arquetipos, cuando se los actualiza, es imperativo e incluso fecundo, además de constituir una acto revolucionario. No obstante se debe ser capaz de ofrecer de ellos una interpretación actualizada y compartida que se transmite por medio de una escala de valores renovada.

O.C. p.228

Innovar

Ligarse a los Principios y darles un segundo soplo; actualizar, hablar una lengua moderna; utilizar símbolos que no sean añejos, sino que sean idénticos a los que hacen vibrar el mundo. Es así como se renace.

No es colgándose del pasado como se puede regenerarlo; más vale quedar----- replegado sobre si mismo que innovar deformando. Los que, cuando innovan, abandonan los Principios, hablan la lengua de los otros, utilizan símbolos artificiales o falsos o no utilizan ninguno, no son innovadores, sino más bien miserables peones próximos al decline existencial y a la nada política.

O.C:p.151

lunes, 20 de abril de 2009

Comunidad , Parlamento, Sistema nacional, contrapoder (Gabriele Adinolfi)

Comunidad

Término que sirve hoy día para definir un conjunto orgánico (como un clan o una tribu) que la uniformidad social querría ver definitivamente muerto. La Comunidad representa el lugar donde la persona, formándose y desarrollándose, adquiere y refuerza su consistencia política (de Polis) y conserva raíces sólidas en su humus específico. Pero atención a los falsos modelos. Un gueto no es una comunidad, sino una prisión común. Un pequeño partido o un pequeño movimiento no son una comunidad sino unas empresas ruinosas. Una banda urbana es una comunidad, pero antipolítico. A menudo se califica de comunidad lo que no es más que un grupo. Para que una comunidad pueda definirse como tal, debe estar fuertemente caracterizada, y al mismo tiempo, consciente de un destino común, que atenúa las rivalidades con los grupos vecinos, ya que no es el plano horizontal, sino el plano vertical, lo que la caracteriza. Y, en la verticalidad, está la idea de Lares, que hace de la comunidad una ventana constantemente abierta sobre el pasado, como también sobre el futuro.

Gabriele Adinolfi
Pensées corsaires
Les Editios du Lore. 2008
Pp 76

Parlamento.

En su origen, era el lugar en donde se amortiguan a fuego lento las tensiones espirituales y sociales para permitir a la oligarquía quedar al abrigo de las arremetidas revolucionarias. Con el tiempo ha ido perdiendo progresivamente su poder real, Hoy día es más o menos un consejo de copropiedad que decide la manera en que conviene ejecutar las órdenes de las oligarquías. La pérdida de soberanía nacional, incluso si estaba limitada antes, así como el alargamiento de la dimensión del programa oligárquico, ha hecho del parlamento una institución que no es casi más que formal.

O.C. p.211

Sistema nacional

Al hilo del tiempo, la soberanía nacional se reduce, las instituciones pierden su valor y su eficacia, el estado deviene un organismo administrativo. Igualmente decir que ninguna transformación política importante puede producirse en la mediad que se permanezca en el cuadro de la sociedad de la política espectáculo y que se piense acceder al poder por vía electoral. Una acción política eficaz se reduce entonces a la constitución de lobbies, de centros de influencia y de fuertes anclajes locales; esto nos permitirá estar por encima de todo en posición de fuerza para negociar .

Si esta acción se acompaña de una gran fuerza de imaginación simbólica y de comunicación y de una estrategia de revolución cultural concerniente a la formación de elites (de la sociedad no del gueto…) en los próximos veinte años, todavía habría alguna cosa que decir, y sobre todo, mucho que hacer

O.C.P 284

Contrapoder

El espacio en el cual una autoridad espiritual, un modelo cultural, un organismo social, tienen la libertad de autodeterminarse y de asegurarse al mismo tiempo medios de ataque y de defensa. El paso de teoría de la ascensión al poder al programa de construcción del contrapoder caracteriza la diferencia entre las vanguardias de los años setenta y las vanguardias precedentes. En el estado actual de cosas, el contrapoder es un objetivo real, mientras que la ascensión al poder es una ilusión.

No es moco de pavo que el contrapoder puede influir mucho sobre el poder. El problema es que no es fácil de creer; en efecto debe crearse día a día, no se puede simular: existe o no existe, como lo muestran los balances. Inversamente, la fata morgana de una posible ascensión al poder de la Torre de Babel en el porvenir permite a los ociosos y los incapaces continuar a llevar su existencia ilusoria en la incoherencia cotidiana, esperando ganar la lotería, pues “hoy estamos fuera de juego, pero mañana…”

P 81

Demogesca (Juan Manuel de Prada, XLSEMANAL 19 abril 2009)

MAGAZINE Firmas

Animales de compañía.

Juan Manuel de Prada

XLSEMANAL 19 de abril de 2009

‘DEMOGRESCA’

El rasgo más distintivo -también más intimi­dante- de las sociedades contemporáneas es su conflictividad. No es una conflictividad a la antigua usanza, que se dirima en revueltas y algaradas (aunque todo se andará), porque existe un anda­miaje de leyes y reglamentaciones más exhaustivo que en cualquier otra época anterior, pero lo cierto es que tales leyes y reglamentaciones con frecuencia no hacen sino prestar un sostén jurídico a la conflictividad... con el consiguiente aumento del mal que se pretende com­batir. Muestras de esta conflictividad se perciben en todos los órdenes de la existencia social, desde sus células más básicas hasta su ordenación adminis­trativa. Y así, por ejemplo, descubrimos que el principio de solidaridad ha dejado en la práctica de regir en las relaciones entre regiones, enzarzadas en una batalla sin tregua por el disfrute de privile­gios que se logran a costa del agravio del vecino; o que las familias, escuelas donde deberían triunfar la amorosa paciencia y la vinculación a través de los afectos, se convierten en campos de Agramante donde ya nada se soporta, donde ya nadie se soporta, donde las rupturas y violencias se han erigido en el pan nuestro de cada día.

A esta conversión de la saciedad democrática en una ‘demogresca’ continua que apenas deja márgenes para la convivencia ha colaborado la insensatez de nuestros políticos, incapaces de aunar voluntades en la persecución del bien común , convencidos de que el meollo de su acción política debe cifrarse en la exaltación de diferencia, en la búsqueda a menudo artificiosa de zonas de fricción con el adversario, siempre a lomos de tal o cual ideología. Así, se ha lo a una situación extrema en la a no existen asuntos indemnes al rifirafe ideológico, ni siquiera aquellos en que se dirime la propia supervivencia social; e incluso podría afirmarse sin incurrir en la hipérbole que las diversas formaciones políticas hallan un inescrutable deleite en significarse frente al ponente creando divisiones por doquler, como si la multiplicación de la actividad fuese el alimento de su fortaleza. Ocurre esto, paradójicamente, en una época en la que no nos cansamos de invocar melosamente palabras como ‘tolerancia' o 'consenso'; pero lo cierto es que tales invocaciones no son sino subterfugios retóricos que disimulan la incapacidad para crear entre las personas adhesiones consistentes, nacidas de un sentido de pertenencia. A la postre, lo que se encubre con tales invocaciones melosas es la atomización de la socie­dad cuyos miembros sólo pueden 'tolerarse’ mediante el aislamiento; desde el momento en que ese aislamiento se infringe, brotan enseguida las chispas. Se suele decir que vivimos en una sociedad en que cada cual puede hacer lo que le pete, con tal de que no moleste al prójimo; pero lo cierto es que el único modo de no molestar al prójimo consiste en segregarlo de nuestro horizonte vital. Cualquier persona de mi generación recordará que allá en su infancia, las relaciones que entre sí entablan los vecinos eran frecuentes y hospitalarias, aunque no faltasen los consabidos 'piques'; hoy tales 'piques' quizá desaparecido, pero ha sido a costa de que las relaciones de vecindad extinguido casi por completo.

Vivimos en una 'demogresca' creciente, en la que los derechos que nos asisten han extraviado su ingrediente social para convertirse en armas arrojadizas que enarbolamos contra el prójimo, en quien ya sólo vemos un enemigo potencial, dispuesto a inmiscuirse en nuestro ámbito de sacrosanta libertad; libertad que sólo puede ejercerse como expresión de aislamiento y desvinculación . Y esta 'demogresca' creciente, que no es sino impotencia para alzarse sobre un nivel rastrero de polución ideológica e individualismo a ultranza, acabará corrompiendo cualquier posibílidad de entendimiento. Pues la 'demogresca’ que en épocas de bonanza económica resulta fácilmente soportable, pues cada quisque puede crearse a su medida en un mundo erizado de alambradas, acaba condenando a las sociedades a su disolución cuando asoma la zarpa de la crisis. Una sociedad a la greña, en la que faltan los vínculos de auxilio natural que sus miembros se procuran entre sí, puede subsistir mientras fluye el dinero y duran los subsidios administrativos; pero desaparecidos esos lenitivos del fracaso , no le queda otra escapatoria que el canibalismo. Que es lo que ocurre cuando se retiran los sostenes de la solidaridad y la amorosa paciencia y se substituye por un andamiaje jurídico que no hace sino acrecentar el mal que se pretende combatir

viernes, 17 de abril de 2009

Las abejas y las flores (Gabriele Adinolfi 1999)

Las abejas y las flores (1999)

Si en lugar de considerar la política desde el punto de vista ideológico, tratamos de hacerlo desde el punto de vista estructural, nos damos cuenta de que se reduce a un conjunto casi invariables elementos. En el límite, este conjunto se compone de un sujeto, de un objetivo (o una serie de objetivos) y de un camino a seguir para lograr el resultado pretendido. El primer imperativo que se surge para todos aquellos que, en lugar de contentarse con ir tirando, desea lograr algo, es de hecho, ser consciente de los elementos mencionados. Esta consciencia debe ser lo más conforme posible con la realidad, a fin de poder obrar con habilidad. Esta toma de conciencia está ausente en el seno de las oposiciones de tradición ideal y con pretensión identitaria.

Ahora, cuando no se tiene claramente consciencia de los elementos que intervienen, no podemos llegar a sus fines. Si no tenemos en cuenta los subalternos rampantes que obran exclusivamente para garantizarse un alto nivel de vida, podemos afirmar con toda tranquilidad que nadie llega a obtener éxitos estables y constructivos. Los raros resultados en este dominio son en efecto episódicas, vinculada a la personalidad y al entusiasmo de una o dos personas, circunscritos geográficamente; son obtenidos con un esfuerzo excesivo y no están relacionados de ninguna manera con ningún proyecto de gran envergadura.

¿Es decir que hay una ceguera total en el dominio de la acción política? ¿Y que todo el mundo la sufre?

En general, se tiene consciencia de este límite y, o bien se lo acepta con fatalismo, como si se tratara de un mal inevitable, o bien se atribuye a otros que cometen falta, que se superará cuando se sea el gran jefe. De hecho, todo joven entusiasta, antes o después, aspira a ser el protagonista de una nueva experiencia, su experiencia y se siente capaz, por una especie de gracia infusa, de cambiar de registro y de derribar los obstáculos. De hecho, después de una primera galopada entusiasta y la inicial cosecha de acuerdos, más de fachada que de sustancia, después de un periodo fluido y dinámico caracterizado por proyectos tan fantásticos como surrealistas, cada nueva aventura acaba por seguir el mismo curso que las anteriores y por agotarla; ha perdido su impulso y ha alcanzado sus límites físicos. Al final sus fracasos políticos y existenciales predominan de lejos sobre el capital humano adquirido. En cualquier caso, estará desmotivado.

Los más capaces y los más inteligente, o, en todo caso los más concretos, en efecto, terminan regularmente abandonado el circo, disgustado por el fracaso, pero sobre todo por la estupidez difusa que es incluso visualizada, como si se tratara de una virtud. Por consiguiente, aparte de unos pocos tercos de calidad, no queda sobre el terreno más que los menos brillantes, los que son psicológicamente frágiles y los parásitos; todos juntos forman una especie de sarro que se opone a cualquier espíritu innovador y en la que inevitablemente se encierran las generaciones jóvenes, rápidamente ganadas por la mismo atrofia.

¿Se trata de un destino inevitable, o es posible cambiar de registro?

Se tratará de un destino, siempre y cuando los protagonistas de una experiencia política no sean plenamente conscientes de lo que hacen y de lo que realmente son. Sobre el papel, esta anomalía puede parecer fácil de suprimir; por el contrario, es algo extremadamente difícil de resolver porque no hay nada más difícil de corregir que los defectos de aptitud. No es casualidad que el proceso inicial de asimilación de una disciplina marcial o un paso de danza es mucho más largo y doloroso que el dominio, una vez que aprendidos los gestos, de los movimientos más complejos. Y todo el mundo sabe quecuanto más viejo se es cuando se ensaya un arte marcial u otra clase de movimiento, se encontrarán más dificultades para asimilar las bases. Y esto es así no tanto porque con la edad, los músculos se oxidan que a causa de la esclerosis debida a una experiencia de larga duración en otras formas de expresión corporal. Una transformación tan radical se revela aún más difícil cuando se entra en el dominio de la mentalidad pura y simple, sobre todo si la presunción y la obstinación impiden ponerse en tela de juicio. Pues de lo que se trata verdaderamente, es ir al gimnasio para aprender los movimientos, los reflejos, partiendo de cero; de corregir la posición en la que se ha esclerosado, renunciando incluso a lo que nos parece efectivo a luz de una experiencia directa, pero desafortunadamente circunscrita a un dominio que nos es conocido y, por tanto, extremadamente limitado. En otras palabras, se trata de corregir, TODO, para aprender a utilizar el arte con una eficacia constante. Como se ve, nada se da por sentado. La humildad, la funcionalidad e impersonalidad necesarios para llegar a este punto, a despecho del hecho que se oye mucho hablar, son cualidades muy raras. Es preciso limpiar, intervenir resueltamente sobre el mental para ponerse en cuestión sin la menor indulgencia y poder partir de nuevo desde cero.


Gabriele Adinolfi
Pensées corsaires
Les Editios du Lore. 2008
Pp 321-323

lunes, 13 de abril de 2009

Canto XX del Apocalipsis

Canto XX del Apocalipsis


«La era de los mil años se acaba. He aquí que salen las naciones que están en los cuatro rincones de la tierra y que igualan en número a la arena del mar. Saldrán de expedición sobre la superficie de la tierra, irrumpirán en el campamento de los santos y en la ciudad bien amada. »

martes, 31 de marzo de 2009

Es por nuestro bien (José Jimenez Lozano, Diario de Ávila 29-3-2009)

A LA LUZ DE UNA CANDELA

José Jiménez Lozano, Premio Cervantes

Diario de Ávila domingo 29 de marzo de 2009


Es por nuestro bien

Parece que no puede dudarse que hasta hace muy poco no solo pa­recía que las gentes poseían un sen­tido de lo justo y lo injusto, sino algo más que el aroma del vaso, y no me­nos de un grosor de dos dedos de en­jundia jurídica, como de su cristian­dad decía Sancho. Es decir, suficien­te sabor de lo que es Derecho como para saber que el Derecho consiste en que vayan reyes do quieren leyes, y no a la inversa; y suficiente saber igualmente de que toda burla del Derecho se paga, y no muy a la lar­ga, con la esclavitud. Mi generación despreció y odió a los dos siniestros totalitarismos del siglo XX como nunca lo serían después, porque las generaciones que vinieron tras la nuestra cedieron a las fascinaciones de uno de ellos o de los dos, y admi­tieron la política como valor supre­mo, y la violencia y la mentira fun­dantes como instrumentos políticos para lograr una extraña justicia en un mundo nuevo, que exigía la des­trucción del nuestro.

Una verdadera revolución cultu­ral ha sido hecha, y el modo de co­nocer mismo y el lenguaje han sido cambiados y determinados. La tesis es que no hay verdad alguna ni esen­cia de las cosas, que nada es sino que se determina y se define, y naturalmente es el poder el que lo hace, me­dida de todas las cosas y aun crea­dor de la realidad partiendo de la na­da, o aniquilador de esa realidad tor­nándola a la nada. Cuatro patas no son necesariamente más que dos patas, y veintisiete puede ser más que veintiocho, como decía el señor Lenin; a tenor de la decisión del Par­tido que estaba en el secreto de la historia, pero ahora lo están sus epí­gonos de la modernidad y el progre­so progresado. Nada debe opo­nérseles, sino que será arro­jado a las tinieblas exteriores de la correc­ción política. Se im­planta higiénica y pe­dagógicamente en los cerebros tal sen­tir y doctrina, y lo que se espera de nosotros es au­toinculpación y agradecimien­to como en los famosos jui­cios de Moscú, o los es­lóganos de los esclavos bien educados: «¡Es por nuestro bien! ¡Es por nuestro bien!».

No hay ninguna sustancia y todo es ac­cidente. Ya no habrá guardias nocturnas en el castillo de Elsinor, que antes del canto del gallo puedan ver el fantasma del padre de Hamlet, porque tampoco hay ya fantasmas, y los muertos sólo se levantan para ser militarizados y apoyar las luchas de los vivos para que haya más muertos; ni tampoco hay Hamlets con dudas ni filosofías.

Ya no debemos leer los textos de los antiguos rostros pálidos europeos, ya no pueden importarnos. Un nuevo mundo se está le­vantando, y los nuevos adanes, creados a sí mismos como de­miurgos, están po­niendo nuevos nombres a las cosas, los seres, los aconteceres. En el momen­to del mayo revoluciona­rio del 68, cuando los alumnos que coreaban consignas de destruc­ción y nuevo mundo pidieron a Jacques Lacan que fuera su guía, él les dijo: «Lo que buscan ustedes es un amo. No se preo­cupen, lo tendrán».

Y casi siempre se trata de esto.

lunes, 30 de marzo de 2009

Economía y crematística. (Juan Manuel de Prada, ABC Sevilla , 28-3-2009)

JUAN MANUEL DE PRADA

Sábado, 28-03-09

BASTARÍA leer un poco a Aristóteles para entender las razones de la crisis arrasadora -auténtica plaga bíblica- que estamos padeciendo. Aristóteles define la economía como «la administración razonable de los bienes que se necesitan para la propia vida», es decir, administración de los bienes naturalmente necesarios. Y, frente a la ciencia de la economía, sitúa la «crematística», que es el «arte de enriquecerse sin límites». La crematística es perversión de la economía, mediante la conversión de la riqueza en «ídolo de iniquidad»; consiste en sustituir la naturaleza económica del dinero (instrumento de cambio que nos permite comprar bienes y producirlos) por una naturaleza crematística, en la que el dinero puede producir frutos que aumenten nuestras riquezas, como las vacas producen leche. Pero frutos sólo pueden producir las cosas que no se consumen con el uso; y el dinero es, por naturaleza, consumible: se consume cuando lo gastamos; y se consume también cuando lo prestamos. La conversión del dinero en «ídolo de iniquidad» consiste, precisamente, en hacer creer a la pobre gente engañada que el dinero se puede ordeñar como si fuese una vaca; fantasmagoría que en el Occidente cristiano fue introducida por el calvinismo, y que el liberalismo incorporó como dogma de la nueva idolatría. Ahora asistimos acojonaditos al derrumbamiento de esta idolatría.

Para que la economía degenerase en crematística hacía falta que la idolatría del dinero adquiriera rango de culto universal. Y para ello hubo que excitar en la pobre gente engañada el deseo -concupiscencia-de bienes innecesarios para la propia vida; hubo, en fin, que aumentar sus vicios, aumentando sus riquezas. Y como los vicios generan esclavitud y dependencia, las pobres gentes engañadas dieron en consumir ilimitadamente, para poder subvenir sus vicios de forma ilimitada. La producción de bienes, que debe ser controlada en consideración del bien común, se descontroló en beneficio de la idolatría, a la vez que se satisfacían las ansias de consumo de la pobre gente engañada. Los bancos empezaron a «fabricar» dinero que no existía, un dinero cuyo propósito ya no era subvenir las necesidades naturales, sino avivar la concupiscencia de la pobre gente engañada, exacerbando los vicios existentes y creando vicios nuevos. Y para que dicha exacerbación fuese descontrolada -sin límites- se idearon nuevos instrumentos de «fabricación» del dinero -tarjetas de crédito- y mecanismos publicitarios de incitación al consumo.

Dicen con involuntario cinismo los «expertos en economía» -lastimosos medioletrados que jamás leyeron a Aristóteles- que esta es, sobre todo, una «crisis de confianza». Y, en efecto, ha bastado que por un segundo fallase la «confianza» en la fantasmagoría para que la ilusión se desmoronase y la plaga se desatara. Pero no les basta con habernos mantenido engañados mientras duraba la idolatría; ahora que la idolatría se derrumba y el dinero ya no se puede ordeñar, pretenden ordeñar nuestra credulidad... y nuestro bolsillo. Y nos ocultan que los bancos están quebrados, nos ocultan que la fantasmagoría se ha disipado, en la creencia de que nuestra dependencia de los vicios que artificialmente provocaron en nosotros nos obligará a asumir las privaciones más ímprobas, con tal de poder disfrutarlos de nuevo en el futuro. Se disponen a saquear nuestros ahorros, a apedrearnos de impuestos y exacciones, a privarnos de los bienes naturalmente necesarios, a cambio de mantener en pie la idolatría. Todavía tienen que perpetrar el sacrificio último; todavía tienen que ordeñarnos hasta la consunción. Y confían en que, de la mano de su falso mesías negro, caminemos dóciles, como corderos al matadero, hacia el altar del sacrificio.

http://www.abcdesevilla.es/20090328/...-20090328.html