miércoles, 16 de julio de 2008

¡Mañana,el decrecimiento! .Alain de Benoist (Algunas notas sobre el problema energético)

Algunas notas sobre el problema energético

Demain, la décroissance!. Penser l´écologie jusqu’au bout
Alain de Benoist
Éditions Edite. Paris 2007
(pp. 20-28)

Los últimos campos de petróleo gigantes han sido descubiertos en los años sesenta. Los de Arabia Saudita, primer productor mundial, cuya explotación ha comenzado hace sesenta años, deberían comenzar declinar en los años que vienen - tanto más que se inflaron artificialmente sus reservas en los años ochenta, a raíz de la "guerra de las cuotas" que favorecía los países de la OPEP que poseían las reservas más importantes. Desde 1980, se consumen en el mundo cuatro barriles de petróleo por cada barril descubierto, lo que significa que desde un cuarto siglo el nivel de consumo sobrepasa el de las reservas descubiertas. El margen de seguridad, que mide la diferencia entre el consumo y la capacidad de producción de petróleo, es hoy a penas del 1 %. Se puede ciertamente imaginar que nuevos yacimientos gigantes hoy desconocidos se descubrirán, en particular, en el Canadá, o incluso en Rusia, pero muchos especialistas dudan. El mundo entero ha sido explorado ya. Tales perspectivas no hacen de todas maneras más que retroceder vencimiento. Está claro que, cualesquiera que sean las reservas de petróleo disponibles, representan una cantidad finita y que ellas se consumirán completamente un día.

Es necesario saber, por otra parte, que no se extrae el petróleo de una manera continua, a precio constante, de la primera a la última gota. La producción de un campo petrolífero sigue una curva en la cumbre a la cual se encuentra un pico (peak oil), que se llama el "pico de Hubbert" – del nombre del geólogo King Hubbert, que lo calculó el primero -, el cual corresponde aproximadamente al momento en que, habiendo sido extraída la mitad aproximadamente del petróleo disponible, la producción petrolífera comienza a operar con rendimiento decreciente. Más allá de este pico, las cantidades disponibles llegando a ser más raras y la eficacia energética menguante, se asiste una subida regular de los precios.

En 1956, Hubbert predice que el peak oil se alcanzaría en los Estados Unidos hacia 1970.Chocó con la incredulidad general. El pico se alcanzó en 1971: desde esta fecha, la producción de petróleo bruto en Norteamérica no ha dejado de bajar, lo que aumenta la vulnerabilidad de los americanos en materia de suministro energético. Ahora bien, los carburantes quemados en los Estados Unidos, en alza media un 2,3% al año desde 1986, representan ellos solos un 14% del consumo petrolero mundial. Es obviamente la razón por la cual los Estados Unidos se emplean en controlar lo más posible las regiones del mundo (Oriente Próximo, Asia Central) productoras de petróleo y las que constituyen sus principales vías de transporte. De donde las guerras en Irak y Afganistán.

A escala del planeta, el peak oil señala el límite máximo a parir del cual no se puede compensar más la decadencia de la producción de los campos existentes con nuevas explotaciones. Por lo tanto, una subida de la inversión no se traduce ya en una subida correlativa de la producción.

Es el fenómeno de la “depleción” ¿En qué momento se alcanzará el pico de Hubbert para el conjunto de la producción petrolífera mundial? Algunos expertos piensan que eso podría producirse de aquí a una veintena, o incluso una treintena de años. Otros, como los geólogos Jean Laherrére, Alain Perrodon y Merluza Campbell, fundadores de la Asociación para el estudio del pico de petróleo y el gas (ASPO), estiman que el pico se alcanzará a partir de 2010, esto es casi mañana. Los hechos parecen darles razón. Pero en cualquier caso, si la divergencia entre las previsiones de los "optimistas" y las de los "pesimistas" solo es de cerca de 30 años, está claro que la perspectiva es ya inquietante.



El barril de petróleo, que sobrepasó en octubre de 2007 el cabo de los 90 dólares, debería alcanzar el precio de 100 dólares de aquí a poco tiempo. Si las hipótesis pesimistas se confirman, esto no será más que el principio de una elevación. El economista Patrick Artus piensa que en 2015, ¡ el curso del bruto podría alcanzar cerca de 400 dólares por barril! A partir del momento en que el pico de Hubert se haya alcanzado, los costes de extracción y explotación del petróleo no dejarán de aumentar. La demanda seguirá creciendo mientras que la oferta seguirá decreciendo, las consecuencias serán explosivas. El petróleo, se dijo ya, no se utiliza solamente en efecto para los transportes. Entra en la composición de una muchedumbre de productos de los que se sirve cotidianamente: materias plásticas, abono e insecticidas, ordenadores, juegos de construcción, revestimientos de carreteras, asientos de coche, medias de nailon, etc. El encarecimiento de los precios conducirá a concentrar la utilización del petróleo sobre los usos de más fuerte valor añadido, como los sectores de los transportes y de la química. La industria aeronáutica se encontrará alcanzada de frente, lo mismo que la agricultura (la utilización de abono en el mundo pasó de 14 millones de toneladas en 1850 a 141 millones de toneladas en el añoo 2000). El comercio internacional también estará afectado: se dejará de exportar o hacer retirar al otro extremo del mundo los productos que pueden ser consumidos in situ. No será ya cuestión que peces pescados en Escandinavia vayan a Marruecos para allí ser vaciados, que se consuman en Europa frutas transportadas por avión a partir de Chile o de Sudáfrica, etc ciertos productos, que se beneficiaban hasta ahora del bajo nivel de las tarifas de transporte, volverán a ser de productos de lujo. Las deslocalizaciones perderán una parte su de interés. Las grandes ciudades, que han sido concebidas a partir del transporte automóvil, se encontrarán ellas mismas transformadas (9).

Las consecuencias para el sistema financiero mundial serán obviamente enormes. En la hora actual, los Estados Unidos sacan un provecho considerable del sistema de los petrodólares. Todos los países que desean importar petróleo deben pedir prestados dólares para pagarlo, sosteniendo así de manera artificial esta divisa, que es la vez una moneda nacional y una unidad de cuenta internacional. En la práctica, eso significa que los Estados Unidos pueden así permitirse un déficit comercial considerable sin consecuencias inmediatas. Si este sistema se detiene, serán los primeros en sufrirlo.

Antes incluso que las reservas se agoten completamente, la subida del precio del petróleo puede pesar de manera drástica sobre su explotación. Para extraer petróleo, el carbón o arenas bituminosas, se necesita en efecto energía, y aún de petróleo. En otros términos puede llegar un momento en que la extracción misma no sea ya rentable, y esto cualquiera que sea el precio del mercado. ¡Si es necesario quemar un barril para extraer uno, no se hará, incluso si el precio del barril es de 10.000 dólares! Es lo que los economistas clásicos no llegan comprender.

La esperanza de muchos es obviamente poder recurrir a energías de sustitución. Existe teóricamente un número bastante grande, pero las posibilidades que ofrecen son aún limitadas. Los petróleos no convencionales, como los aceites pesados de Venezuela y las arenas bituminosas del Canadá, exigen para ser extraidos casi tanta energía como permiten recuperar. El gas natural puede servir para mejorar la extracción del petróleo o fabricar gasolina de síntesis, pero aún, gastando mucha energía. Además que sus reservas no son tampoco inagotables, de su baja densidad lo vuelve difícil de transportar (su transporte vuelve de 4 a 5 veces más costoso que el del petróleo), y las instalaciones para enfriarlo y regasificarlo son costosas. Las reservas de carbón son más importantes, pero es una energía muy contaminante y que contribuye doblemente al efecto invernadero, puesto que su extracción causa emisiones de metano (que posee un efecto invernadero 23 veces más potente que el CO2), mientras que su combustión libera gas carbónico en gran cantidad (1,09 tonelada de carbono por tonelada equivalente petróleo de carbón). El problema esencial de la energía nuclear reside, como es sabido, en el almacenamiento de los residuos radioactivos con duración de vida larga (y en una catástrofe siempre posible). Esta energía por otro lado no sustituye al complejo petroquímico y a los productos de consumo corriente que se derivan de ella. El hidrogeno es un vector de energía, pero no una fuente de energía, y su producción comercial cuesta de 2 a 5 veces más costoso que los hidrocarburos utilizados para fabricarlo. Además, el precio de su almacenamiento es 100 veces más elevado que el de los productos petrolíferos, y cada vez que se produce una tonelada de hidrógeno, se producen también 10 toneladas de CO2.

Las energías renovables están, ellas, suministradas por el viento, el agua, los vegetales y el sol. Por el momento, solo representan un 5,2% de toda la energía consumida en el mundo. Aunque sean a priori más prometedoras, sería ilusorio esperar demasiado.

Los vegetales tienen una muy baja capacidad energética. La madera- energía (valorización de los subproductos de la cadena de la madera) implica una deforestación intensa. Los biocarburantes elaborados a partir de la remolacha, la colza o de la caña de azúcar, como el etanol, tienen un rendimiento bastante escaso. La energía solar, recogida por las células fotovoltaicas, tiene ella también un rendimiento limitado. El solar térmico solo es aún objeto de una explotación confidencial. La energía hidráulica es más competitiva, pero exige inversiones muy pesadas. La energía eólica es muy barata, pero solo funciona de un 20 a 40% del tiempo, habida cuenta de la variación de los vientos. Otros métodos, como el biogás, la talaso-energía, la energía de las corrientes submarinas, etc. tienen sus propios límites.

Quedan técnicas de las que se habla a veces, como la fusión nuclear, la "fusión fría", el secuestro del carbono o las centrales solares espaciales, pero la mayoría de entre ellas solo están hoy en estado de proyecto y casi todas requieren un consumo excesivo de energía que vuelve su balance neto previsible dudoso. La mayoría de las energías alternativas solo presentan por otra parte interés a causa de la existencia de un petróleo barato. Es necesaria por ejemplo mucha energía para extraer el carbón y transportar el mineral. Para fabricar electricidad, es necesario aún la energía, hoy proporcionada por el petróleo, el gas o el carbón. De la misma manera, los biocarburantes necesitan abono y pesticidas, que estuvieron en el origen de "revolución verde" y exigen pues petróleo para tener un rendimiento suficiente."

Aún, se puede por supuesto imaginar que se descubrirán nuevas formas de energía en el futuro. En abstracto es siempre posible - pero por el momento, hacer tal apuesta no es más que un acto de fe. La verdad es que, en el estado actual de las cosas, ni las energías renovables, ni nuclear clásico, ni las otras energías de sustitución conocidas de los investigadores pueden sustituir al petróleo con la misma eficacia energética y los costos tan reducidos.

El agotamiento programado de las energías fósiles ha dado ya lugar a guerras por el petróleo. Se puede también esperar, en las décadas que vienen, guerras del agua. Entre 1950 y 2000, el consumo de agua en el mundo en efecto se ha más que triplicado. Ella misma se ha multiplicado por seis durante los ocho últimos años. El hombre consume hoy cerca del 55% de los caudales disponibles fuera de las crecidas, y un 65% de estas extracciones están vinculados a las necesidades de riego de la agricultura. Ahora bien, ahí también, la demanda no cesa de crecer, aunque no sea más que por causa del crecimiento demográfico y la contaminación de las capas freáticas. El agua está llamada pues a volverse ella misma un producto raro. Conflictos larvados por este tema existen ya entre Turquía y los países vecinos, entre Israel y Palestina, entre la India, Pakistán y Bangla Desh, entre Egipto, Etiopía y Sudán, etc.

Según Peter Barrett, director del Centro de investigación para la Antártida de la Universidad de Victoria (Nueva Zelanda), "la continuación de la dinámica de crecimiento actual nos pone cara la perspectiva de una desaparición de la civilización tal como la conocemos, no en millones de años, ni incluso en milenios, sino de aquí al final este siglo. (12)

(12) Australian Associated Press, 18 noviembre 2004

domingo, 13 de julio de 2008

Credo del samurai

Bushido, la voie des samouraïs.
Rinaldo Massi
Pardès, Puiseaux 1987
(pp. 43,44)


Citamos en su integridad el “credo del samurai”. Es una especie de manifiesto que describe el estado ideal de un samurai educado por el bushido: el estado de mushin (no mente, vacío mental) o de muga (no yo) de donde nacen las acciones más asombrosas.

No tengo padres: el Cielo y la Tierra son mis padres.

No tengo morada: el saika tandem (centro vital del hombre) es mi morada.

No tengo poderes divinos: la lealtad (chûgi) es mi poder divino.

No tengo medios: la obediencia es mi medio.

No tengo poderes mágicos: la fuerza interior es mi poder mágico.

No tengo vida ni muerte: el “Absoluto” es mi vida y mi muerte.

No tengo cuerpo: la impasibilidad perfecta es mi cuerpo.

No tengo ojos: la luz del relámpago es mis ojos.

No tengo orejas: la sensibilidad es mis orejas.

No tengo miembros: la prontitud es mis miembros.

No tengo ley: la autodefensa es mi ley.

No tengo arte de guerra: sakkatsu jizai (literalmente libre de matar y de dar la vida) es mi arte de guerra.

No tengo proyectos: el kissan (el peinado del samurai vale aquí como “coger la ocasión por los pelos”) es mi proyecto.

No tengo maravillas: el Dharma (la Ley de Buda, el orden del cosmos) es mi maravilla.

No tengo principios; la adaptabilidad a todas las circunstancias (rinkiôhen) es mi principio.

No tengo táctica preestablecida: el kyojutsu (la vacuidad y la plenitud) es mi táctica.

No tengo cualidades: el toi sokumyo ( la prontitud de espíritu) es mi cualidad.

No tengo amigos: el espíritu es mi amigo

No tengo enemigos: la imprudencia es mi enemigo

No tengo armadura: jin-gi (la sensibilidad humana y el sentido del deber: las dos virtudes cardinales de los confucianos) es mi armadura

No tengo castillo: fudo-shin (el espíritu imperturbable) es mi castillo.

No tengo espada: mushin es mi espada

jueves, 10 de julio de 2008

La estupidez inteligente. Julius Evola

LA ESTUPIDEZ INTELIGENTE

Julius Evola. Publicado en Fortín nº 20

La expresión estupidez inteligente ha sido acuñada por uno de los más calificados exponentes del pensamiento tradicional, F. Schuon, para designar la naturaleza de aquel tipo de “intelectualidad” que ha llegado a prevalecer en los últimos tiempos en el mundo occidental, y agregaríamos nosotros: sobre todo en Italia. Esta “intelectualidad” prolifera principalmente en el ámbito del periodismo, y uno de sus principales centros de difusión y de “cultura” se encuentra constituido por ese fenómeno deletéreo que hoy es la televisión y los grandes diarios, además se halla fuertemente representado por lo que se suele denominar como “crítica”.

Su característica fundamental está representada por una falta total de principios, de intereses superiores, de compromisos profundos, todo ello acompañado por la brillantez, por la búsqueda de lo “original” y lo “interesante”, así como también por lo que es tan sólo un “hermoso escribir” puramente profesional. La misma es un típico producto de la actual “feria de las vanidades”: si se la analiza a fondo nos queda tan sólo una pura nada. Todo es aquí forma, esprit (en el sentido francés), no sustancia. Para los representantes de esta “intelectualidad” la frase impactante y la observación “fina”, la toma de posición dialéctica o polémica de modo tal de producir efecto valen y son sumamente más interesantes que cualquier idea. Para éstos las ideas son tan sólo un pretexto, lo esencial es aquí “brillar”, “destacarse”, aparecer como “inteligentísimos”, de la misma manera que para un politiquero una ideología de partido es un simple medio para hacerse adelante y triunfar, un instrumento, no un fin al cual haya que subordinarse de manera impersonal.

Desde un cierto punto de vista puede hablarse aquí de una inteligencia que sería preferible que no existiese, puesto que tanto respecto de quien es una perfecta nulidad como de quien es un filibustero sería muy bueno y preferible que la inteligencia no existiese. No se podría para nada refutar el dicho de que entre todos los géneros de estupidez la más fastidiosa de todas es la de los inteligentes.

Pero es este género el que hoy en cambio encuentra el crédito mayor entre el gran público, para el cual por lo demás la “cultura” se ha convertido en un ingrediente, del mismo género de las diferentes diversiones sin fantasía, de la radio-TV y cosas similares, pero reservado a los paladares más delicados. La misma no sirve tanto para pensar, para dirigir la mente hacia los problemas fundamentales de la existencia, como para no hacer pensar.

En especial en Italia la “estupidez inteligente” se encuentra sumamente organizada, ocupa casi todas las posiciones claves del periodismo. Tiene sus camarillas, sus logias y sus redes perfectamente definidas. Posee un instinto, una finísima sensibilidad para darse enseguida cuenta de quien no sea de la “gang”.

Tal como se ha mencionado, la “crítica” es uno de los principales “terrenos de cultura” de la “estupidez inteligente”, en el cual prospera la variedad más deletérea de la misma. El tema nos llevaría demasiado lejos. Se trataría de denunciar a la “crítica” como a uno de los flagelos principales del mundo moderno, flagelo que ha tomado forma en la sociedad burguesa en modo paralelo al del advenimiento del “hombre-masa” y con la comercialización de la cultura. Fenómeno éste puramente moderno, el que ha tenido el desarrollo de un cáncer, pues la “crítica” en cualquier sociedad normal, de carácter tradicional, era en vez inexistente, o casi inexistente. Existían los creadores, los artistas, y luego estaban aquellos que apreciaban y juzgaban directamente las obras: los soberanos, los mecenas y el simple pueblo sin intermediarios. En cambio en el mundo último, entre el público y los creadores se ha entrometido en forma parasitaria el “crítico”.

En muchos casos, dentro de la misma línea de la “estupidez inteligente”, es él quien manipula los valores, siendo sumamente hábil en hacerlos brotar allí donde éstos no están, así como en negarlos allí donde éstos en cambio existen. Debido al carácter supino de nuestros contemporáneos (los cuales en cambio, de acuerdo a los slogans democráticos, ya se habrían convertido en “adultos”), en el ámbito artístico e intelectual se establece una situación análoga a la de la propaganda y de la publicidad. Nacen así nuevas famas y nuevas obras de arte, sancionadas inmediatamente por la moda y la boga. Se padece la sugestión, nadie se atreve a expresar abiertamente lo que piensa por miedo a ser tachados como profanos y poco informados, luego de los veredictos de la “crítica”, en cuyo campo las eventuales divergencias de carácter polémico no cambian en nada lo esencial, pues sirven sólo como un condimento para sazonar mejor las viandas ya aceptadas.

A tal respecto nos viene a la cabeza la divertida historia referida a Till Eulenspiegel, el alegre bufón de la Edad Media, recordada por el mismo Schuon. Till Eulenspiegel, luego de haber sido asumido como pintor de la corte, presentó una serie de telas en blanco, advirtiendo que sobre ellas pesaba una cierta magia: aquel que era un cornudo y un hijo de mala madre no habría visto absolutamente nada. Un grupo de cortesanos se presentó inmediatamente para admirar y comentar las “bellas pinturas” de Eulenspiegel. En modo análogo hoy una cantidad de personas no se arriesga a expresar un juicio diferente de el de la “crítica” con respecto a ésta o a aquella obra de arte y en relación a la literatura contemporánea para no sentirse decir que “no entiende”. En cambio no porqué no se entiende, sino justamente porque se entiende, en múltiples casos habría que rebelarse y decir pan al pan y vino al vino, sin términos medios y sin reverencias hacia nadie. No dudaríamos en manifestar aquí lo que pensamos de tantos autores y artistas que van por la mayor, incluidos premios Nobel, si tuviésemos espacio suficiente para hacerlo en aras de una ejemplificación y si nuestro principal objetivo no hubiese sido el de esclarecer el fenómeno de la “estupidez inteligente” de manera general.

miércoles, 9 de julio de 2008

Lo social. Dalmacio Negro

Lo social

Dalmacio Negro (La Razón 2 Sept 2003)


Si la sociedad es un artificio de la modernidad, hay que preguntarse qué significa el adjetivo social del que tanto se usa y abusa. Lo social es una invención moderna correlativa al «descubrimiento» de la sociedad. El empleo reiterado y continuo del término, lo mismo que en el caso de esta última palabra, hace que sea muy difícil criticarlo o prescindir de él. Sin embargo, plantea muchos problemas.

Lo social es como la quintaesencia de la sociedad, su núcleo duro. Para entenderlo resulta muy útil referirse al pueblo en sentido natural. ¿En qué consiste la esencia del pueblo? ¿Cuándo se puede decir que existe un pueblo? De un conjunto de familias se dice que es un pueblo si existe lo que los romanos, por ejemplo Cicerón, llamaban el consensus omnium, una coincidencia en ideas comunes, en las ideas creencia fundamentales: en usos, costumbres, en la tradición. Un pueblo - la idea está aún en Bodino, para quien la familia es la forma de unidad primaria, elemental - se caracteriza porque un grupo de familias comparten intereses, instituciones, fines, por tener un êthos común, unas pautas aceptadas de conducta comunes. El consensus omniun se refiere a lo común, que es lo que quería significar la palabra público en la lengua de los romanos, el latín. La existencia de un consensus omnium de un sentimiento común, colectivo, de todos, de un sentido común acerca de los usos - el derecho, la forma de gobierno, el arte, etc.- que se transmite de generación en generación a través de las familias formando la tradición (de tradere, traditio, entregar, transmitir) es lo que constituye a un pueblo. El pueblo está ligado a su tradición.

La sociedad es en cambio un conjunto de individuos en el que predominan los intereses, lo útil. La visión de Hegel de la sociedad, de la sociedad civil (Bürgergesellschaft), como predominantemente económica no es exagerada. La idea de sociedad comenzó superponiéndose intelectualmente al pueblo - lo mismo que la del Estado al Gobierno - hasta que con la revolución francesa empezó a desplazarlo. Y lo social es su núcleo, las ideas creencia básicas sobre esa sociedad, el consenso, lo mismo que el consensus omnium con una diferencia: este último presupone una base afectiva, por decirlo así, comunitaria, la familia; aquél presupone en cambio intereses. Es bien conocida, aunque sea un tanto discutible, la distinción de F. Tönnies entre comunidad y sociedad. Por eso el consenso social requiere que por él vele el Estado, al que Hegel, teólogo luterano, atribuyó un carácter comunitario. Y lo social es, como venía a decir Ortega, al calificar a la sociedad como la gran desalmada, la sociedad sin el hombre, un puro producto abstracto. Por eso lo social puede ser manipulado, racionalizado: porque lo social, el consenso social en la sociedad, es un artificio que descansa en la composición de intereses -se percibe muy bien en las doctrinas contractualistas de Hobbes, Locke, Rousseau, etc.-, no en la traditio, en la tradición. La sociedad, lo mismo que su contrapunto, el Estado, es antitradicional.

Cosa distinta es que mientras han tenido vigor las familias y, por tanto subsiste en alguna medida el pueblo, se haya beneficiado el llamado consenso social de lo que se llamaba el consensus omnium que informaba, daba forma a las familias ordenándolas -no por cierto organizándolas- como pueblo. Pero el Estado y la Sociedad de consumo, cada una por su parte, han debilitado la familia de la que tanto desconfiaban los fanáticos de la sociedad, los philosophes, que veían en ella uno de los refugios principales del oscurantismo, un formidable enemigo del progreso, de la sociedad, en definitiva del individuo.

La historia de la modernidad podría describirse como la de la lucha del Estado y la Sociedad por afirmarse frente a la familia y el pueblo a fin de establecer una comunidad ideal de individuos; una comunidad verdaderamente comunista. Detrás de este ideal opera una teología política de cuño calvinista como la que avigora el pensamiento de Hobbes.

lunes, 7 de julio de 2008

Entrevista a Balthus (Balthazar Klossoswki de Rola).Magazine de El Mundo 17-10-1999

Datos del pintor:
Balthazar Klossowski de Rola
Nace el29 de febrero de 1908, en París.
Es uno de los pocos autores vivos que ha expuesto sus cuadros en el museo del Louvre (París)
Formación autodidacta. Comenzó a pintar a los ocho años sin haber recibido ninguna formación artística.

"Balthus se sale del tiempo. Primero, porque siempre se ha situado por encima de escuelas pictóricas y luchas vanguardistas. Segundo porque, toda su vida pintó sobre el mismo tema: una realidad evanescente, poblada de chicas jóvenes extrañas y de claroscuros intensos. Y por último, porque su obra parece estar en relación permanente con un mundo espiritual, etéreo, que escapa totalmente a la sucesión y a la corrupción del tiempo presente.

Pregunta.- ¿Puede describir cómo es su propia percepción del tiempo?

Respuesta.- Desde que nací, mi relación con el tiempo ha sido siempre especial, entre otras cosas, porque nací un 29 de febrero. En general diría que, para un pintor, el tiempo es ante todo, luz. El tiempo que pasa es, sobre todo, la sucesión de las estaciones y la luz que cada una despliega. Así es como percibo el tiempo, como una sucesión de instantes, instantes de luz. De hecho, creo que, físicamente, el hombre depende de la luz.

P.- ¿Qué busca con su arte?

R.- Mi pintura es oración intento traducir la esencia divina de nuestra realidad. Pero también es llamamiento hacia otras realidades. Todos los días, antes de empezar a trabajar, rezo en mi taller. Es el único medio de salir de mí mismo. Salir de uno mismo y alcanzar una realidad superior: esa es la motivación profunda del que reza y del que pinta. El hombre está siempre a la búsqueda de lo divino o, al menos el hombre como yo lo entiendo. Los pintores de hoy intentan expresar su personalidad y, si realmente la tienen, yo sólo len daría el siguiente consejo: que la abandonen. El arte pasa por el abandono de uno mismo.

P.- ¿Qué piensa de nuestra época?

R.- Soy muy pesimista, creo que tenemos una nueva guerra entre manos. Toda la estupidez humana se refleja cuando hay un conflicto bélico. (...) En general la modernidad me horroriza vivimos en una época muy vulgar. Nunca el hombre había expresado tan claramente su estupidez original. Este estado de vacío del hombre está relacionado con lo que suele llamar "progreso", un progreso siempre desmentido por los acontecimientos.. ¿De qué progreso se trata? La verdad es que el hombre ha terminado por perderse a sí mismo, ha perdido, con una rapidez desconcertante, su sentido de la dignidad y todo lo que le convertía en hombre.

P.- ¿Qué piensa del arte contemporáneo?

R.- ¿El arte contemporáneo? No existe. Creo que es algo evidente y, por otra parte, tristísimo. Por vez primera en la Historia del Arte todo lo que el hombre tenía entre sus manos ha desparecido, sólo le queda el vacío. Malraux decía que solo le quedaba una débil esperanza para que el próximo siglo fuera religioso o no lo fuera.

P.- Esta situación caótica del arte contemporáneo ¿se corresponde precisamente con la del ser humano? ¿refleja el arte los problemas de la época que nos ha tocado vivir?

R.- El arte nunca pudo explicar su época. Los artistas nunca intentaron definir su tiempo por medio del arte. Los antiguos, los maestros clásicos, estaban fuera del tiempo: Piero de la Francesca, Poussin... El tiempo es, incontestablemente, uno de los materiales del arte, el tiempo de la elaboración, de la reflexión. Tenemos que borrar para recomenzar: es, sin duda el tiempo de la elaboración. Pero también hay otro espacio tiempo, el de las obras, que solo les pertenece a ellas. Un tiempo fuera del tiempo.

P.- ¿Sus obras se inscriben en ese tiempo de eternidad?

R.- No hablo de mi arte. Yo hago lo que puedo, más tarde se podrá juzgar lo que hice o dejé de hacer. Para mí, se trata de hacer, no de decir. Yo no creo nada, invento. Sólo Dios crea. Yo sólo soy un artesano. La pintura es un oficio, con sus técnicas y su saber hacer. Desgraciadamente, siempre nos falta experiencia. Es la necesidad de la búsqueda la que nos conduce; sin ella, no somos ni seremos, nada. ¿Por qué? Porque la sustancia que tenemos entre los dedos se evapora con regularidad y porque manejamos cosas que no existen.

P.- Suele usted decir que cuando termina una de sus obras se encuentra feliz, pero desesperado ¿A qué se debe esa desesperación?

R.- Porque nunca sabemos absolutamente nada. Paso varios años con cada una de mis telas, a veces, he llegado a trabajar hasta diez años en el mismo cuadro. Y, sin embargo, una vez terminada la obra, siento siempre una especie de decepción. Me da la sensación de que no hice lo que realmente quería hacer. (...)

P.- ¿Piensa en el día que no pinte más?

R.- A veces me siento oprimido por el tiempo, por ese tiempo que ya no me queda. Entonces intento salir del tiempo para conseguir algo, aun sabiendo que las cosas se evaporan cuando creíamos tenerlas entre las manos.

(...)"

Motivación,deber, derecho. Dalmacio Negro

Motivación, deber, derecho
Dalmacio Negro
La Razón 4 marzo 2003

El Derecho es un uso social fuerte que expresa la tradición en lo que concierne a lo que es justo; es decir, según la idea que un grupo social tiene de la justicia. Por eso decía Ortega que el Derecho no es Derecho por ser justo sino que es justo porque es Derecho. La idea de Justicia es universal, pero se manifiesta en las situaciones concretas como Derecho; un uso que presiona automáticamente sobre la conducta previniendo los conflictos, en torno al que se discute, si es el caso, la legitimidad, la justicia de un acto. El conflicto es, pues, la causa del Derecho, su razón de ser: se recurre al Derecho para resolver pacíficamente los conflictos aplicando sus reglas mediante el arbitraje. Una ley conforme a Derecho es una sentencia anticipada, decía el jurista italiano Carnelutti.

De ahí que el Derecho, que regula relaciones entre hombres y con las cosas, sea consustancial a la libertad, pues ésta constituye el origen externo del conflicto. La función del Derecho consiste en proteger los hábitos de libertad formados por la tradición. Así, si para erradicar los conflictos se suprimen las libertades, las leyes que las coartan motivando ¬en la motivación hay siempre algo de coacción, que no es requisito esencial del Derecho¬ para que no se actúe según los hábitos de libertad, sino conforme a estas pautas legales más o menos artificiosas, no son en puridad Derecho. Estas leyes pueden ser legislación, órdenes del poder político que revisten la forma de leyes; pero son ilegítimas al ser antijurídicas, aunque sean legales si se producen de acuerdo con procedimientos establecidos de antemano. Una ley que trata de imponer conductas, de dirigir la conducta, es ilegítima, justamente porque limita, reduce o suprime la libertad y con ella la responsabilidad, la otra cara de la libertad. Del sentido de la responsabilidad acorde con el êthos de la sociedad brota la idea de deber.

El deber es así la contrapartida del Derecho como uso inscrito en una tradición. El deber de obrar rectamente por el pudor ¬idea clave como la del honor de toda tradición¬ de no ir contra el sentimiento de lo justo del grupo social, hace que la apelación al Derecho como garantía de lo que es debido a cada uno y al grupo, sea excepcional y que, en este caso, la coacción no tenga más sentido que el de restablecer el Derecho y con él la paz si no se acepta la sentencia del árbitro o juez, del que juzga sobre la rectitud de la acción. El Derecho brota, pues, de la obligación interna, del sentido del deber que conlleva la pertenencia a un grupo social constituido por la comunión de una tradición de la conducta.

Sin tradición no funcionan los usos: la política, la religión, el derecho, etcétera. Resulta difícil convivir y la convivencia tiene que ser impuesta mediante la coacción. Una expresión de este hecho es el contractualismo político moderno expuesto mejor que nadie por Hobbes y luego, dándole la vuelta, por Rousseau. Por eso en el derecho moderno es esencial la coacción, lo que implica el desarrollo del derecho estatal como derecho público no por razón de utilidad, como en el derecho romano, sino un tanto coactivo. Derecho que da lugar a la Legislación, en la que aparece la ley como medio imperativo del conocimiento del Derecho en lugar de la costumbre o el precedente, mientras que la ley del Derecho en su sentido propio es sólo una forma del mismo que, en realidad, descansa en la costumbre. Y por eso, al mismo tiempo, la Moral, que se basa a este respecto en la idea de justicia de la que se desprende el hábito del deber jurídico, se separa del Derecho, dando lugar al interminable conflicto entre Moral y Derecho, a la distinción entre legitimidad y legalidad.

Es ésta una distinción abstracta pero necesaria, debida a la concepción del Derecho como derecho legislado, que puede coincidir o no con la moralidad, pues, al imponer conductas puede crear una nueva moralidad. La mera legalidad se basa en la motivación y la legitimidad en el deber. No obstante, según el concepto estricto de Derecho, la legalidad ha de coincidir con la legitimidad, de acuerdo incluso con la etimología común de ambos vocablos.

martes, 1 de julio de 2008

Tradición y autoridad. Dalmacio Negro

Tradición y autoridad

Dalmacio Negro

La Razón. Martes 11 de febrero de 2003


La crisis de la tradición es paralela a la de la autoridad. Su origen concreto es el principio del libre examen de la Reforma protestante: al rechazar la autoridad de la Iglesia rechazó la de la tradición y empezó a socavar las ideas en sí de tradición y autoridad. Por eso, los estados europeos, configurados en la época moderna heredando muchas cosas de la Iglesia, carecen de auctoritas y han tratado de compensarlo aumentando el poder.

El punto de inflexión en la crisis de la tradición y la autoridad es la Ilustración, cuyo espíritu, estrechamente vinculado a la ideología de la emancipación, primero de los individuos, luego de las naciones consideradas como personas morales y en el siglo XIX de las clases o las culturas y las razas, refleja muy bien el conocido párrafo de Kant: «La Ilustración es la salida del ser humano de su minoría de edad de la que es culpable. La minoría de edad expresa la incapacidad de servirse de su entendimiento sin la dirección de otro. Esta inmadurez o minoría de edad es autoculpable cuando su causa no radica en la falta de entendimiento, sino de la resolución y el valor de servirse de él sin la dirección de otro. ¿Sapere aude! ¿Ten valor para servirte por ti mismo de tu propio entendimiento! Pereza y cobardía constituyen las causas por las que una gran parte de la humanidad, a pesar de que la naturaleza les ha liberado hace tiempo de la dirección ajena, permanecen empero gustosamente en la minoría de edad toda su vida; por eso les resulta a los otros erigirse sus tutores...».

Kant se refería sobre todo a la libertad de pensamiento y de conciencia, como si la democracia se redujera a ellas. Suponía que al desaparecer así lo que llamaba pereza y cobardía, los hombres se atendrían a la verdad y se guiarían por el imperativo categórico: «Procede de manera que trates a la humanidad, tanto en tu persona como en las demás, siempre como fin, nunca como simple medio». Este noble ideal, convertido en un principio práctico según el cual cada uno es autoridad -y no sólo en cuestiones bíblicas -, ha abocado al nihilismo en el siglo XX.

El nihilismo es una consecuencia de la destrucción de la tradición -usos, costumbres, hábitos de comportamiento, lenguaje, sentido del deber y en definitiva el sentido común - y de la autoridad en la familia, en el Estado, en la Iglesia, en la sociedad y las instituciones, en la educación, la política, el arte y la literatura... Se generalizaron así la desconfianza social compensada por un abstracto humanitarismo sentimental y el desinterés por la verdad, sustituida por la utilidad. Sólo se salva la búsqueda de la verdad en las ciencias naturales, donde la investigación no puede progresar sin la tradición y autoridad como ha mostrado T. Kuhn y, en parte, en la ciencia económica, que se acerca a aquellas al depender de un principio, el de la escasez, y de una ley, la de la oferta y la demanda, que son inexorables, deterministas. A eso deben su actual predominio, que, en el clima existente, no las libra de la degeneración cientificista y economicista.

En lo demás, al considerarse cada hombre autoridad, la opinión individual sustituye a la verdad, prevaleciendo la opinión pública convertida en juez absoluto de todo. Por eso dice el norteamericano R. Rorty, autor muy celebrado por el pensamiento actual: «La verdad es un tema superado en la investigación filosófica (lo que significa que en todos los demás ámbitos), que sólo debe concernir al fin práctico de construir un futuro mejor...».

En estas condiciones, el hombre común, que no es ni tiene por qué ser teólogo, filósofo o intelectual y constituye la inmensa mayoría, al no tener una tradición en que apoyarse ni autoridad personal o institucional en la que depositar su confianza, marcha solo por la vida lastrado por su particular autoridad, que como diría Habermas le incomunica con los demás. Sin embargo, aunque rechace cualquier otra autoridad, es víctima de la opinión que fabrican las minorías, los «otros» a los que se refería Kant, sin que haya que pensar que de mala fe (aunque también ocurre así), puesto que cada uno de estos «otros» considera asimismo autoridad su propia opinión. Es la opinión de las mal llamadas «masas».