Tradición y autoridad
Dalmacio Negro
La Razón. Martes 11 de febrero de 2003
La crisis de la tradición es paralela a la de la autoridad. Su origen concreto es el principio del libre examen de la Reforma protestante: al rechazar la autoridad de la Iglesia rechazó la de la tradición y empezó a socavar las ideas en sí de tradición y autoridad. Por eso, los estados europeos, configurados en la época moderna heredando muchas cosas de la Iglesia, carecen de auctoritas y han tratado de compensarlo aumentando el poder.
El punto de inflexión en la crisis de la tradición y la autoridad es la Ilustración, cuyo espíritu, estrechamente vinculado a la ideología de la emancipación, primero de los individuos, luego de las naciones consideradas como personas morales y en el siglo XIX de las clases o las culturas y las razas, refleja muy bien el conocido párrafo de Kant: «La Ilustración es la salida del ser humano de su minoría de edad de la que es culpable. La minoría de edad expresa la incapacidad de servirse de su entendimiento sin la dirección de otro. Esta inmadurez o minoría de edad es autoculpable cuando su causa no radica en la falta de entendimiento, sino de la resolución y el valor de servirse de él sin la dirección de otro. ¿Sapere aude! ¿Ten valor para servirte por ti mismo de tu propio entendimiento! Pereza y cobardía constituyen las causas por las que una gran parte de la humanidad, a pesar de que la naturaleza les ha liberado hace tiempo de la dirección ajena, permanecen empero gustosamente en la minoría de edad toda su vida; por eso les resulta a los otros erigirse sus tutores...».
Kant se refería sobre todo a la libertad de pensamiento y de conciencia, como si la democracia se redujera a ellas. Suponía que al desaparecer así lo que llamaba pereza y cobardía, los hombres se atendrían a la verdad y se guiarían por el imperativo categórico: «Procede de manera que trates a la humanidad, tanto en tu persona como en las demás, siempre como fin, nunca como simple medio». Este noble ideal, convertido en un principio práctico según el cual cada uno es autoridad -y no sólo en cuestiones bíblicas -, ha abocado al nihilismo en el siglo XX.
El nihilismo es una consecuencia de la destrucción de la tradición -usos, costumbres, hábitos de comportamiento, lenguaje, sentido del deber y en definitiva el sentido común - y de la autoridad en la familia, en el Estado, en la Iglesia, en la sociedad y las instituciones, en la educación, la política, el arte y la literatura... Se generalizaron así la desconfianza social compensada por un abstracto humanitarismo sentimental y el desinterés por la verdad, sustituida por la utilidad. Sólo se salva la búsqueda de la verdad en las ciencias naturales, donde la investigación no puede progresar sin la tradición y autoridad como ha mostrado T. Kuhn y, en parte, en la ciencia económica, que se acerca a aquellas al depender de un principio, el de la escasez, y de una ley, la de la oferta y la demanda, que son inexorables, deterministas. A eso deben su actual predominio, que, en el clima existente, no las libra de la degeneración cientificista y economicista.
En lo demás, al considerarse cada hombre autoridad, la opinión individual sustituye a la verdad, prevaleciendo la opinión pública convertida en juez absoluto de todo. Por eso dice el norteamericano R. Rorty, autor muy celebrado por el pensamiento actual: «La verdad es un tema superado en la investigación filosófica (lo que significa que en todos los demás ámbitos), que sólo debe concernir al fin práctico de construir un futuro mejor...».
En estas condiciones, el hombre común, que no es ni tiene por qué ser teólogo, filósofo o intelectual y constituye la inmensa mayoría, al no tener una tradición en que apoyarse ni autoridad personal o institucional en la que depositar su confianza, marcha solo por la vida lastrado por su particular autoridad, que como diría Habermas le incomunica con los demás. Sin embargo, aunque rechace cualquier otra autoridad, es víctima de la opinión que fabrican las minorías, los «otros» a los que se refería Kant, sin que haya que pensar que de mala fe (aunque también ocurre así), puesto que cada uno de estos «otros» considera asimismo autoridad su propia opinión. Es la opinión de las mal llamadas «masas».
martes, 1 de julio de 2008
viernes, 27 de junio de 2008
Del buen gobierno.(Ta-hio. Confucio)
Ta-hio.
Confucio
La dependencia de la eficacia real del gobierno de los pueblos con respecto a un conocimiento de los principios intelectuales que rigen el dominio del "devenir" y el procedimiento que deben seguir aquellos a quienes será confiada esta misión son descritos por Confucio con una claridad impresionante, en el siguiente pasaje del "Ta-hio", 1ª parte:
"Los antiguos príncipes, para hacer brillar las virtudes naturales en el corazón de todos los hombres (7), se aplicaban antes a gobernar bien sus principados. Para gobernar bien sus principados, antes ponían orden en sus familias. Para poner orden en sus familias, trabajaban antes en perfeccionarse ellos mismos. Para perfeccionarse ellos mismos, ordenaban antes los movimientos de sus corazones. Para ordenar los movimientos de sus corazones, tornaban antes su voluntad perfecta. Para hacer su voluntad perfecta, desarrollaban sus conocimientos tanto como era posible. Desarrollaban estos conocimientos escrutando la naturaleza de las cosas. Una vez escrutada la naturaleza de las cosas, los conocimientos alcanzan su más alto grado. Habiendo llegado los conocimientos a su más alto grado, la voluntad se hace perfecta. Siendo perfecta la voluntad, los movimientos de su corazón están ordenados. Estando ordenados los movimientos de su corazón, todo hombre está exento de defectos. Tras haberse corregido a sí mismo, se establece el orden en la familia. Reinando el orden en la familia, el principado está bien gobernado. Estando bien gobernado el principado, pronto todo el imperio gozará de paz".
Confucio
La dependencia de la eficacia real del gobierno de los pueblos con respecto a un conocimiento de los principios intelectuales que rigen el dominio del "devenir" y el procedimiento que deben seguir aquellos a quienes será confiada esta misión son descritos por Confucio con una claridad impresionante, en el siguiente pasaje del "Ta-hio", 1ª parte:
"Los antiguos príncipes, para hacer brillar las virtudes naturales en el corazón de todos los hombres (7), se aplicaban antes a gobernar bien sus principados. Para gobernar bien sus principados, antes ponían orden en sus familias. Para poner orden en sus familias, trabajaban antes en perfeccionarse ellos mismos. Para perfeccionarse ellos mismos, ordenaban antes los movimientos de sus corazones. Para ordenar los movimientos de sus corazones, tornaban antes su voluntad perfecta. Para hacer su voluntad perfecta, desarrollaban sus conocimientos tanto como era posible. Desarrollaban estos conocimientos escrutando la naturaleza de las cosas. Una vez escrutada la naturaleza de las cosas, los conocimientos alcanzan su más alto grado. Habiendo llegado los conocimientos a su más alto grado, la voluntad se hace perfecta. Siendo perfecta la voluntad, los movimientos de su corazón están ordenados. Estando ordenados los movimientos de su corazón, todo hombre está exento de defectos. Tras haberse corregido a sí mismo, se establece el orden en la familia. Reinando el orden en la familia, el principado está bien gobernado. Estando bien gobernado el principado, pronto todo el imperio gozará de paz".
jueves, 26 de junio de 2008
El otro es fascista. José María Pemán
El otro es fascista.
José María Pemán (nº 97 Razón española)
Hasta ahora, todas las afiliaciones y calificaciones políticas se hacían de dentro a fuera del individuo; quiero decir que las hacía el propio interesado. La denominación de color o de partido era una cosa que se conjugaba en primera persona. Se decía: «Yo soy liberal», o «yo soy conservador», o republicano, o tradicionalista... Pero ahora, desde hace unos años, ha surgido una calificación nueva, que no se conjuga en primera persona, sino en segunda o tercera. Me refiero al fascismo, «Tú eres fascista», «él es fascista», se dice. No es una declaración política que hace el interesado. Es un diagnóstico que le hace una persona desde fuera, como si le asegurara: «Usted es diabético, o escrufuloso, o linfático. Usted no lo sabe, pero lo es...» Así es como han sido «fascistas» Churchill, De Gasperi, De Gaulle, el arzobispo Damaskinos y tantos otros que ni lo sospechaban.
El «fascismo» es la primera idea política que se concede como un cargo honorífico y gratuito, sin intervención del candidato. Además, como resulta que eso no es una organización, ni un partido, ni nada concreto y con volumen, no hay por dónde agarrarlo, ni por dónde trazar la línea hamletiana entre el «ser o no ser». Si hubiera unas listas, unos boletines de inscripción, un recibito, siquiera, semanal, aunque fuera de cincuenta céntimos, uno podría saber de verdad, con relación a ese pequeño signo externo, si era o no era. Pero, ¿cómo sabe uno si pertenece o no a una sociedad en la que no se paga cuota, ni le hacen a uno firmar nada, ni se llevan listas de socios? Le dicen a uno que es socio, ¿y cómo lo desmiente uno?...
Hasta ahora lo más parecido que había a esto del «fascismo» era el nombramiento de «hijo adoptivo». Uno no quería ser hijo adoptivo de Villamelones de Abajo, ni tenía nada que ver con el pueblo, ni hacía nada por considerarlo padre. Sino que un buen día, por cualquier razón, el Ayuntamiento lo nombraba a uno «hijo adoptivo», y aunque uno desairase el nombramiento y no recogiese el diploma uno era «hijo adoptivo de Villamelones de Abajo». Pero ahora, ese terrible juego frente a nuestra pasividad, se ha refinado todavía más. Ahora el nombramiento de «hijo adoptivo de Villamelones de Abajo» se lo hace a uno el Ayuntamiento de Villamelones de Arriba. Este pueblecito, rival del otro, lo odia, y considera a los villameloneses de Abajo malos, bárbaros y tontos. Entonces, cuando odian los de Arriba a cualquier persona, aun ajena del todo a aquel pleito, se reúnen y le nombran «hijo adoptivo» del otro pueblo, del de Abajo, que es para ellos como nombrarles hijo de cualquier cosa fea. Esto es lo que está pasando en el mundo. El «fascismo» es un casino cuyas listas administran los del casino de enfrente. Es Rusia la que otorga los nombramientos de «fascistas».
Yo creo que, bien pensado, en el fondo de todo esto hay un pequeño embrollo gramatical. Creemos que «fascista» es un sustantivo o un adjetivo. Pero resulta que no, que lo que es es un pronombre. Un pronombre demostrativo, como «este», «aquel», «el otro». Nadie puede ser por sí mismo el otro, ni éste, ni aquél. Los pronombres los manejan los demás. Uno puede vigilar sus adjetivos y sus sutantivos. Pero los pronombres vienen de fuera y hay que resignarse a recibirlos. «Fascista» vale tanto como decir «el otro». Usted puede ser abogado o médico, según usted quiera o decida. Pero «el otro» lo será usted cuando quiera el vecino, con consentimiento de usted o sin él.
Pero lo más sutil de este novísimo fenómeno político es que no sólo le asignan a un paciente la palabra cuando quieren, sino que, además, le construyen la realidad correlativa. Así, por ejemplo, en estos días en Colombia va a haber unas elecciones presidenciales, que ya se habrán celebrado, probablemente, cuando estas líneas se publiquen. Pero al candidato conservador señor Gómez, que toda la vida ha dicho que es demócrata, le aseguran de pronto, desde fuera, que es «fascista». Él no lo sabía, pero nadie sabe sus diagnósticos. Es como si le hubieran dicho que es leproso. En seguida el partido liberal, para evitar el contagio, se retira de las elecciones. Si el señor Gómez sale elegido, los otros no irán al Parlamento, no discutirán con él, no le harán el juego político. Y cuando le tengan así, bien solo, en el Poder, dirán: «¿Ven ustedes? Lo que decíamos: «¡fascista!» Porque ahora resulta que «fascista» no es una cosa que se «es», sino que se encuentra uno siendo.
De este modo resulta ahora que la democracia es como un juego de cartas, en el cual uno de los jugadores se levanta y deja el juego a medias cuando quiere. Entonces el que queda, como no puede seguir jugando a la democracia, resulta que es «fascista». Suponemos al doctor Gómez, tan gran patricio demócrata, volviendo a su casa y diciéndole a su familia: «¿Sabéis?»... Me han hecho fascista. Yo no lo había pedido, pero me han hecho.» Los familiares quizá creen que es un cargo, una función. No entienden bien: «¿Y te pagan algo por eso?» «No, hijo. Ni me cobran... Es gratuito y honorífico.»
Ya le pasó a don Prudencio en el casino de su pueblo, según contaba el «Séneca». Él había sido «upetista» de Primo de Rivera. Esto no quiere decir que fuera dictatorial o tiránico. Al revés. Era la dulzura hecha carne. Porque a Primo de Rivera le pasó al revés que lo que ahora ocurre en esto del «fascismo». Él anunció a grandes voces que iba a ser dictador muy enérgico y duro. Pero los españoles se dejaron gobernar tan suavemente, que no hubo modo de ejercer la dictadura sobre ellos. En este país no hay como anunciar a voces que se va a ser dictador para que no haya modo de serlo. Pero este contagio con la dictadura bastó para que cuando eligieron a don Prudencio presidente del casino del pueblo, como los demás señores eran avanzados liberales, se retiraran dignamente. Nadie quiso formar parte de la directiva, nadie quería acudir a las juntas generales, se despoblaron las tertulias... Y así, cuando don Prudencio, un buen día, a solas con el conserje, le rogó dulcemente que comprara un escupidor para el patio, se dio cuenta de que, sin saberlo, estaba ejerciendo la dictadura.
Es lo que ocurre ahora por el mundo. Le extienden a uno el nombramiento de «fascista» desde fuera, cuando quieren. Pero, además, resulta que lo es uno también cuando quieren los demás. Porque, claro, los demócratas son, por definición, los dueños de las democracias. Y como son los dueños, cuando quieren la empujan como un carrito de ruedas y se la llevan... Y entonces el otro se encuentra con que es «fascista», como se encuentra cualquiera con que es soltero cuando la novia le dice que no
José María Pemán (nº 97 Razón española)
Hasta ahora, todas las afiliaciones y calificaciones políticas se hacían de dentro a fuera del individuo; quiero decir que las hacía el propio interesado. La denominación de color o de partido era una cosa que se conjugaba en primera persona. Se decía: «Yo soy liberal», o «yo soy conservador», o republicano, o tradicionalista... Pero ahora, desde hace unos años, ha surgido una calificación nueva, que no se conjuga en primera persona, sino en segunda o tercera. Me refiero al fascismo, «Tú eres fascista», «él es fascista», se dice. No es una declaración política que hace el interesado. Es un diagnóstico que le hace una persona desde fuera, como si le asegurara: «Usted es diabético, o escrufuloso, o linfático. Usted no lo sabe, pero lo es...» Así es como han sido «fascistas» Churchill, De Gasperi, De Gaulle, el arzobispo Damaskinos y tantos otros que ni lo sospechaban.
El «fascismo» es la primera idea política que se concede como un cargo honorífico y gratuito, sin intervención del candidato. Además, como resulta que eso no es una organización, ni un partido, ni nada concreto y con volumen, no hay por dónde agarrarlo, ni por dónde trazar la línea hamletiana entre el «ser o no ser». Si hubiera unas listas, unos boletines de inscripción, un recibito, siquiera, semanal, aunque fuera de cincuenta céntimos, uno podría saber de verdad, con relación a ese pequeño signo externo, si era o no era. Pero, ¿cómo sabe uno si pertenece o no a una sociedad en la que no se paga cuota, ni le hacen a uno firmar nada, ni se llevan listas de socios? Le dicen a uno que es socio, ¿y cómo lo desmiente uno?...
Hasta ahora lo más parecido que había a esto del «fascismo» era el nombramiento de «hijo adoptivo». Uno no quería ser hijo adoptivo de Villamelones de Abajo, ni tenía nada que ver con el pueblo, ni hacía nada por considerarlo padre. Sino que un buen día, por cualquier razón, el Ayuntamiento lo nombraba a uno «hijo adoptivo», y aunque uno desairase el nombramiento y no recogiese el diploma uno era «hijo adoptivo de Villamelones de Abajo». Pero ahora, ese terrible juego frente a nuestra pasividad, se ha refinado todavía más. Ahora el nombramiento de «hijo adoptivo de Villamelones de Abajo» se lo hace a uno el Ayuntamiento de Villamelones de Arriba. Este pueblecito, rival del otro, lo odia, y considera a los villameloneses de Abajo malos, bárbaros y tontos. Entonces, cuando odian los de Arriba a cualquier persona, aun ajena del todo a aquel pleito, se reúnen y le nombran «hijo adoptivo» del otro pueblo, del de Abajo, que es para ellos como nombrarles hijo de cualquier cosa fea. Esto es lo que está pasando en el mundo. El «fascismo» es un casino cuyas listas administran los del casino de enfrente. Es Rusia la que otorga los nombramientos de «fascistas».
Yo creo que, bien pensado, en el fondo de todo esto hay un pequeño embrollo gramatical. Creemos que «fascista» es un sustantivo o un adjetivo. Pero resulta que no, que lo que es es un pronombre. Un pronombre demostrativo, como «este», «aquel», «el otro». Nadie puede ser por sí mismo el otro, ni éste, ni aquél. Los pronombres los manejan los demás. Uno puede vigilar sus adjetivos y sus sutantivos. Pero los pronombres vienen de fuera y hay que resignarse a recibirlos. «Fascista» vale tanto como decir «el otro». Usted puede ser abogado o médico, según usted quiera o decida. Pero «el otro» lo será usted cuando quiera el vecino, con consentimiento de usted o sin él.
Pero lo más sutil de este novísimo fenómeno político es que no sólo le asignan a un paciente la palabra cuando quieren, sino que, además, le construyen la realidad correlativa. Así, por ejemplo, en estos días en Colombia va a haber unas elecciones presidenciales, que ya se habrán celebrado, probablemente, cuando estas líneas se publiquen. Pero al candidato conservador señor Gómez, que toda la vida ha dicho que es demócrata, le aseguran de pronto, desde fuera, que es «fascista». Él no lo sabía, pero nadie sabe sus diagnósticos. Es como si le hubieran dicho que es leproso. En seguida el partido liberal, para evitar el contagio, se retira de las elecciones. Si el señor Gómez sale elegido, los otros no irán al Parlamento, no discutirán con él, no le harán el juego político. Y cuando le tengan así, bien solo, en el Poder, dirán: «¿Ven ustedes? Lo que decíamos: «¡fascista!» Porque ahora resulta que «fascista» no es una cosa que se «es», sino que se encuentra uno siendo.
De este modo resulta ahora que la democracia es como un juego de cartas, en el cual uno de los jugadores se levanta y deja el juego a medias cuando quiere. Entonces el que queda, como no puede seguir jugando a la democracia, resulta que es «fascista». Suponemos al doctor Gómez, tan gran patricio demócrata, volviendo a su casa y diciéndole a su familia: «¿Sabéis?»... Me han hecho fascista. Yo no lo había pedido, pero me han hecho.» Los familiares quizá creen que es un cargo, una función. No entienden bien: «¿Y te pagan algo por eso?» «No, hijo. Ni me cobran... Es gratuito y honorífico.»
Ya le pasó a don Prudencio en el casino de su pueblo, según contaba el «Séneca». Él había sido «upetista» de Primo de Rivera. Esto no quiere decir que fuera dictatorial o tiránico. Al revés. Era la dulzura hecha carne. Porque a Primo de Rivera le pasó al revés que lo que ahora ocurre en esto del «fascismo». Él anunció a grandes voces que iba a ser dictador muy enérgico y duro. Pero los españoles se dejaron gobernar tan suavemente, que no hubo modo de ejercer la dictadura sobre ellos. En este país no hay como anunciar a voces que se va a ser dictador para que no haya modo de serlo. Pero este contagio con la dictadura bastó para que cuando eligieron a don Prudencio presidente del casino del pueblo, como los demás señores eran avanzados liberales, se retiraran dignamente. Nadie quiso formar parte de la directiva, nadie quería acudir a las juntas generales, se despoblaron las tertulias... Y así, cuando don Prudencio, un buen día, a solas con el conserje, le rogó dulcemente que comprara un escupidor para el patio, se dio cuenta de que, sin saberlo, estaba ejerciendo la dictadura.
Es lo que ocurre ahora por el mundo. Le extienden a uno el nombramiento de «fascista» desde fuera, cuando quieren. Pero, además, resulta que lo es uno también cuando quieren los demás. Porque, claro, los demócratas son, por definición, los dueños de las democracias. Y como son los dueños, cuando quieren la empujan como un carrito de ruedas y se la llevan... Y entonces el otro se encuentra con que es «fascista», como se encuentra cualquiera con que es soltero cuando la novia le dice que no
miércoles, 25 de junio de 2008
Un proyecto alternativo
Un proyecto alternativo
Ernesto Milá
El pensamiento tradicional posee una serie de ventajas subjetivas: por una parte, es un pensamiento que no puede asumirse de manera doctrinaria, sino que es necesario vivir y practicar; es un pensamiento que se ve privado de límites: es una síntesis que afecta todas las ramas del saber y del conocimiento ; facilita la elaboración de un modelo interpretativo que permite analizar todas las tendencias de la civilización (sexualidad, ecología, política, estética, ética, ciencias, etc.) ; es un pensamiento operativo (a través de la acción, a través de la meditación, a través de la investigación in situ de las ciencias tradicionales, etc.) ; es un pensamiento perfectamente definido que ayuda establecer barrieras "diferenciadoras", sin equivoco posible, entre el pensamiento moderno y ella misma; por último, es un pensamiento que ayuda establecer el significado de la crisis actual, su inclusión en una visión cosmogónica del mundo y del papel del hombre que quiere escapar del mundo del devenir para descubrir el del ser en la crisis actual de civilización. Aunque, en este caso, es necesario vivirla intensamente, se podrá también añadir que el pensamiento tradicional, por su radicalismo, permite al hombre que lo asume y lo experimenta, poder, más que cualquier otro, enfrentar y sobrevivir a las desintegraciones que se acercan: hoy día es quizá ya imposible salvar la humanidad que avanza hacia las últimas consecuencias de su "huida hacia adelante", pero es aún tiempo de salvar nuestro ser.
OBJETIVOS, ESTRATEGIA Y TÁCTICA
Lo hemos dicho: para nuestra generación, luchar por un simple cambio de Gobierno es un objetivo tan tenue que no merece la pena de ser tenido en cuenta; un cambio de sistema que sería problemático y complicado no es tampoco un objetivo válido. ¿Se puede imaginar que el poder de las multinacionales, el poder de los imperialismos va a dejar el campo libre una nueva sociedad? Al contrario, va a precipitar la crisis destructiva, que abrirá únicamente las puertas al único objetivo por el que valga la pena luchar: el advenimiento de una nueva Edad de Oro, la Revolución del siglo XXI.
El Edad de Oro es el objetivo de una larga marcha de vuelta a los orígenes, el resultado de un triunfo del reino de la calidad sobre el de la cantidad, de lo Absoluto sobre lo relativo, de lo espiritual sobre lo material, de lo eterno sobre lo temporal, del ser sobre el devenir, de lo trascendente sobre lo contingente, en definitiva del Orden sobre el Caos.
Hoy día, en la noche obscura de Occidente, como antes del Solsticio de invierno, el Sol parece no recalentar más la tierra y perderse en el espacio infinito, hundiendo el planeta en el frío y la noche. Es preciso, incluso si solo se trata de un pequeño puñado de hombres, ser capaz de permanecer de pie, en vigilia, en el curso de la noche caótica del tiempo moderno, ya que el día del Solsticio de invierno es, finalmente, el anuncio de la nueva primavera que vendrá y de la victoria del Sol sobre las potencias telúricas de la noche y la oscuridad. Este pequeño puñado de hombres en vigilia debe hoy ya, y desde ahora, organizarse, ser el espejo de la nueva edad de Oro, ser un punto de referencia para el que busca una orientación, una pista, una guía; debe constituir una roca en el océano, ante las desintegraciones que anuncian las señales del tiempo; debe ser comparable a los alquimistas de la disolución moderna que, utilizando el elixir de la Tradición, coagulan este Edad de Oro.
En lo que los concierne, hoy, su reino no es de este mundo; es posible que estén físicamente aquí pero sienten sus cuerpos exiliados sobre de este planeta que ya no nos destila más que la miseria espiritual y la tragedia material. Se sienten extranjeros esta tierra y sus estructuras, sus leyes, sus instituciones y sus fronteras; participan en otra realidad, más elevada, demasiado elevada para permitir al hombre participar en la civilización moderna y de integrarse y darse cuenta. Pero al igual que una colonia de exploradores aislados sobre otro mundo, se ven obligados a construir, allí donde se encuentran, esta nueva sociedad que llevan en ellos; no se resignan solamente a vivir el "pensamiento tradicional", no quieren solamente constituir una referencia abstracta: quieren llevar a la práctica lo que llevan en ellos a fin, para emplear una vez más las palabras de Hofmansthal, que "los que velan en la noche obscura, dan la mano a los que nacen en la nueva alba". Y de allí surge una estrategia precisa: la contrasociedad.
Los "hombres de la Tradición" viven en el "mundo moderno" que experimentan y consideran como su lugar de exilio. Pero esta sensación causa en ellos un deseo de libertad. Deben pues aprovecharse de las características, de los mecanismos, de las posibilidades de la sociedad moderna para crear la nueva sociedad de la Edad de Oro: tienen que vivir de su trabajo, por eso estos hombres pueden agruparse en cooperativas de producción y consumo, pueden construir cooperativas de artes gráficas, cooperativas artesanales o agrícolas; con este fin, pueden pedir créditos a los bancos, a las instituciones de ayuda; pueden pedir exenciones de impuestos; pueden recurrir a las instituciones sociales; no deberán enajenarse trabajando en las obras y las grandes fábricas, en los inmensos cadenas de producción; serán los propietarios de su propio trabajo; no trabajarán para acumular grandes fortunas, sino para adquirir el mínimo indispensable la supervivencia. Esta red de hombres que desean del otro modelo de sociedad podrá, gracias a sus iniciativas personales, estar en condiciones de constituir redes que cubrirán todas sus necesidades vitales.
Entre ellos, los que son médicos responderán a las necesidades sanitarias, redescubrirán la medicina natural; otros, que sientan la llamada la tierra, experimentarán los viejos sistemas de cultivo, producirán alimentos sin agentes, sin aditivos y sin carroña; los que se sienten atraídos por la comunicación y la información, utilizarán sus propias imprentas, sus radios libres y crearán pequeños boletines periódicos, revistas donde analizarán la información, los acontecimientos de la "otra humanidad", no se limitarán informar de los hechos con objetividad sino, además, guardarán sus distancias." Los que son atraídos por las artes manuales constituirán el equipo que elaborará todo lo que es necesario el hábitat (muebles, vestidos, objetos de consumo, etc.) de estos nuevos civilizadores. Se sentirán tan alejados de la sociedad que un simple combate electoral, un cambio de Gobierno o una crisis económica no los afectará; serán "apolíticos" al sentido griego del término: no por desinterés por la política, sino por menosprecio y por deseo de tomar sus distancias con respeto a los hombres políticos, sus esquemas y sus instituciones.
Los deseos culturales estarán cubiertos por profesionales de la cultura; los profesores se agruparán en escuelas libres, no sometidos al control del Estado. Aparecerán escuelas diferenciadas para los que se sienten sobre todo atraídos por la vocación ascética, así como escuelas guerreras para los que llevan en ellos el fuego del combate y la acción, escuelas profesionales para los que se sienten atraídos por el trabajo de las materiales y las formas, las escuelas campesinas destinadas los que quieren identificarse con una tierra y con su llamada - en definitiva, una enseñanza para que los hombres sean verdaderamente hombres, íntegros en su virilidad, y para que las mujeres sean mujeres en su femineidad; de esta manera finalizará la promiscuidad temática de la enseñanza moderna; se tenderá diferenciar los caracteres, a observar las tendencias innatas de los jóvenes. Se organizarán en grupos, según sus afinidades, estando dirigido cada uno de ellos no por el que ha recibido más votos en su favor sino por el que halla llegado lo más lejos posible en las etapas de realización del ser: así resurgirá el viejo sentido de la autoridad y, de nuevo, el Orden triunfará del Caos. Estas comunidades diferentes, dispersas, estarán en interrelación. Las unas y los otros intentarán responder la totalidad de sus necesidades con el fin de reducir al mínimo su dependencia frente al mundo exterior
Considerarán la ecología y las energías alternativas con simpatía y tratarán de aplicarlos. Buscarán practicar una vida comunitaria; por su ejemplo, intentarán en primer lugar suscitar una convicción teórica y, a continuación, intentarán pasar a la realidad práctica con vecinos y amigos; el proselitismo no constituirá una obsesión y no hipotecará su tiempo: "los que quieren oír, que oigan". Sus comunidades se distinguirán de las experiencias contraculturales, las palabras autoridad, orden y jerarquía serán sus normas internas. Todas estas redes constituirán los embriones de una contrasociedad ejercitada conjuntamente en la sociedad moderna, pero que no participa más en ella. Se ingeniarán en no tomar parte ninguna de las absurdidades de la sociedad moderna. Si las trompetas de guerra suenan, no será la patria de los banqueros y oligarcas, ni la patria de los políticos corrompidos, ni la de los hombres-masa a quienes servirán, defenderán solamente a su comunidad , procurarán que en tiempos de crisis agudas y destrucción espectacular, su comunidad se repliegue en ella misma. No esperarán que los tanques soviéticos o las bombas de neutrones los destruyan en las trincheras de la Europa social-democrática, de los burgueses conservadores o comunistas tan alienados como los que los combaten. Su patria estará allí donde se encuentra a su comunidad. Pero no serán pacifistas: si deben combatir para defender su comunidad, combatirán, pero no sacrificarán el más grande tesoro del que disponen - su vida - para defender ideales cuyo pobreza no merece incluso el sacrificio de un perro: la democracia liberal, la sociedad del bienestar y del consumo, el proyecto socialista, el "Occidente libre", etc.
Con el tiempo, el debilitamiento y la desintegración de la sociedad moderna se volverán más palpable." Irán acentuándose. Paralelamente, estos hombres que se cuelgan al polo inmóvil de la Tradición irán aumentando. Este embrión de contrasociedad se volverá un germen de contrapoder y este poder tenderá superponerse al poder oficial. No se tratan de crear ""
jerarquías paralelas ", como lo hace la subversión en el curso del proceso de la guerra subversiva:" las jerarquías paralelas nacen para sustituir a las de un régimen considerado como caduco, el contrapoder nace para sustituir a la Edad de Hierro por el Edad de Oro. El contrapoder no debe instalarse por la fuerza, de la misma manera que el luchador de aikido sabe que no es su fuerza la que le dará la victoria o como el practicante de kendo sabe que es su calma y su estabilidad impasible que le hace experimentar la debilidad del adversario. Se trata precisamente de eso: de ser impasible, impasible cara la posibilidad de asistir al advenimiento de un nuevo mundo, impasible ante la crisis, las desintegraciones y los fuegos fatuos, y de seguir, inflexible, su propio camino, colocando ante todo el ejemplo de la fidelidad y el rigor frente al pensamiento tradicional, sin compromiso, sin expedientes, oportunismos y vacilaciones. La impasibilidad de los brahmanes, mucho más que su número - reducido -, les permitió imponerse millones de habitantes de la India y de ser reconocidos y amados como los jefes de las comunidades; no es la cantidad que importaba, sino su calidad interior, su temple y su espíritu de decisión: eran el "motor inmóvil".
Un Project alternatif pour les forces nationales ,Ernesto Milá ,Totalité nº 25 , Puisaux 1986
Ernesto Milá
El pensamiento tradicional posee una serie de ventajas subjetivas: por una parte, es un pensamiento que no puede asumirse de manera doctrinaria, sino que es necesario vivir y practicar; es un pensamiento que se ve privado de límites: es una síntesis que afecta todas las ramas del saber y del conocimiento ; facilita la elaboración de un modelo interpretativo que permite analizar todas las tendencias de la civilización (sexualidad, ecología, política, estética, ética, ciencias, etc.) ; es un pensamiento operativo (a través de la acción, a través de la meditación, a través de la investigación in situ de las ciencias tradicionales, etc.) ; es un pensamiento perfectamente definido que ayuda establecer barrieras "diferenciadoras", sin equivoco posible, entre el pensamiento moderno y ella misma; por último, es un pensamiento que ayuda establecer el significado de la crisis actual, su inclusión en una visión cosmogónica del mundo y del papel del hombre que quiere escapar del mundo del devenir para descubrir el del ser en la crisis actual de civilización. Aunque, en este caso, es necesario vivirla intensamente, se podrá también añadir que el pensamiento tradicional, por su radicalismo, permite al hombre que lo asume y lo experimenta, poder, más que cualquier otro, enfrentar y sobrevivir a las desintegraciones que se acercan: hoy día es quizá ya imposible salvar la humanidad que avanza hacia las últimas consecuencias de su "huida hacia adelante", pero es aún tiempo de salvar nuestro ser.
OBJETIVOS, ESTRATEGIA Y TÁCTICA
Lo hemos dicho: para nuestra generación, luchar por un simple cambio de Gobierno es un objetivo tan tenue que no merece la pena de ser tenido en cuenta; un cambio de sistema que sería problemático y complicado no es tampoco un objetivo válido. ¿Se puede imaginar que el poder de las multinacionales, el poder de los imperialismos va a dejar el campo libre una nueva sociedad? Al contrario, va a precipitar la crisis destructiva, que abrirá únicamente las puertas al único objetivo por el que valga la pena luchar: el advenimiento de una nueva Edad de Oro, la Revolución del siglo XXI.
El Edad de Oro es el objetivo de una larga marcha de vuelta a los orígenes, el resultado de un triunfo del reino de la calidad sobre el de la cantidad, de lo Absoluto sobre lo relativo, de lo espiritual sobre lo material, de lo eterno sobre lo temporal, del ser sobre el devenir, de lo trascendente sobre lo contingente, en definitiva del Orden sobre el Caos.
Hoy día, en la noche obscura de Occidente, como antes del Solsticio de invierno, el Sol parece no recalentar más la tierra y perderse en el espacio infinito, hundiendo el planeta en el frío y la noche. Es preciso, incluso si solo se trata de un pequeño puñado de hombres, ser capaz de permanecer de pie, en vigilia, en el curso de la noche caótica del tiempo moderno, ya que el día del Solsticio de invierno es, finalmente, el anuncio de la nueva primavera que vendrá y de la victoria del Sol sobre las potencias telúricas de la noche y la oscuridad. Este pequeño puñado de hombres en vigilia debe hoy ya, y desde ahora, organizarse, ser el espejo de la nueva edad de Oro, ser un punto de referencia para el que busca una orientación, una pista, una guía; debe constituir una roca en el océano, ante las desintegraciones que anuncian las señales del tiempo; debe ser comparable a los alquimistas de la disolución moderna que, utilizando el elixir de la Tradición, coagulan este Edad de Oro.
En lo que los concierne, hoy, su reino no es de este mundo; es posible que estén físicamente aquí pero sienten sus cuerpos exiliados sobre de este planeta que ya no nos destila más que la miseria espiritual y la tragedia material. Se sienten extranjeros esta tierra y sus estructuras, sus leyes, sus instituciones y sus fronteras; participan en otra realidad, más elevada, demasiado elevada para permitir al hombre participar en la civilización moderna y de integrarse y darse cuenta. Pero al igual que una colonia de exploradores aislados sobre otro mundo, se ven obligados a construir, allí donde se encuentran, esta nueva sociedad que llevan en ellos; no se resignan solamente a vivir el "pensamiento tradicional", no quieren solamente constituir una referencia abstracta: quieren llevar a la práctica lo que llevan en ellos a fin, para emplear una vez más las palabras de Hofmansthal, que "los que velan en la noche obscura, dan la mano a los que nacen en la nueva alba". Y de allí surge una estrategia precisa: la contrasociedad.
Los "hombres de la Tradición" viven en el "mundo moderno" que experimentan y consideran como su lugar de exilio. Pero esta sensación causa en ellos un deseo de libertad. Deben pues aprovecharse de las características, de los mecanismos, de las posibilidades de la sociedad moderna para crear la nueva sociedad de la Edad de Oro: tienen que vivir de su trabajo, por eso estos hombres pueden agruparse en cooperativas de producción y consumo, pueden construir cooperativas de artes gráficas, cooperativas artesanales o agrícolas; con este fin, pueden pedir créditos a los bancos, a las instituciones de ayuda; pueden pedir exenciones de impuestos; pueden recurrir a las instituciones sociales; no deberán enajenarse trabajando en las obras y las grandes fábricas, en los inmensos cadenas de producción; serán los propietarios de su propio trabajo; no trabajarán para acumular grandes fortunas, sino para adquirir el mínimo indispensable la supervivencia. Esta red de hombres que desean del otro modelo de sociedad podrá, gracias a sus iniciativas personales, estar en condiciones de constituir redes que cubrirán todas sus necesidades vitales.
Entre ellos, los que son médicos responderán a las necesidades sanitarias, redescubrirán la medicina natural; otros, que sientan la llamada la tierra, experimentarán los viejos sistemas de cultivo, producirán alimentos sin agentes, sin aditivos y sin carroña; los que se sienten atraídos por la comunicación y la información, utilizarán sus propias imprentas, sus radios libres y crearán pequeños boletines periódicos, revistas donde analizarán la información, los acontecimientos de la "otra humanidad", no se limitarán informar de los hechos con objetividad sino, además, guardarán sus distancias." Los que son atraídos por las artes manuales constituirán el equipo que elaborará todo lo que es necesario el hábitat (muebles, vestidos, objetos de consumo, etc.) de estos nuevos civilizadores. Se sentirán tan alejados de la sociedad que un simple combate electoral, un cambio de Gobierno o una crisis económica no los afectará; serán "apolíticos" al sentido griego del término: no por desinterés por la política, sino por menosprecio y por deseo de tomar sus distancias con respeto a los hombres políticos, sus esquemas y sus instituciones.
Los deseos culturales estarán cubiertos por profesionales de la cultura; los profesores se agruparán en escuelas libres, no sometidos al control del Estado. Aparecerán escuelas diferenciadas para los que se sienten sobre todo atraídos por la vocación ascética, así como escuelas guerreras para los que llevan en ellos el fuego del combate y la acción, escuelas profesionales para los que se sienten atraídos por el trabajo de las materiales y las formas, las escuelas campesinas destinadas los que quieren identificarse con una tierra y con su llamada - en definitiva, una enseñanza para que los hombres sean verdaderamente hombres, íntegros en su virilidad, y para que las mujeres sean mujeres en su femineidad; de esta manera finalizará la promiscuidad temática de la enseñanza moderna; se tenderá diferenciar los caracteres, a observar las tendencias innatas de los jóvenes. Se organizarán en grupos, según sus afinidades, estando dirigido cada uno de ellos no por el que ha recibido más votos en su favor sino por el que halla llegado lo más lejos posible en las etapas de realización del ser: así resurgirá el viejo sentido de la autoridad y, de nuevo, el Orden triunfará del Caos. Estas comunidades diferentes, dispersas, estarán en interrelación. Las unas y los otros intentarán responder la totalidad de sus necesidades con el fin de reducir al mínimo su dependencia frente al mundo exterior
Considerarán la ecología y las energías alternativas con simpatía y tratarán de aplicarlos. Buscarán practicar una vida comunitaria; por su ejemplo, intentarán en primer lugar suscitar una convicción teórica y, a continuación, intentarán pasar a la realidad práctica con vecinos y amigos; el proselitismo no constituirá una obsesión y no hipotecará su tiempo: "los que quieren oír, que oigan". Sus comunidades se distinguirán de las experiencias contraculturales, las palabras autoridad, orden y jerarquía serán sus normas internas. Todas estas redes constituirán los embriones de una contrasociedad ejercitada conjuntamente en la sociedad moderna, pero que no participa más en ella. Se ingeniarán en no tomar parte ninguna de las absurdidades de la sociedad moderna. Si las trompetas de guerra suenan, no será la patria de los banqueros y oligarcas, ni la patria de los políticos corrompidos, ni la de los hombres-masa a quienes servirán, defenderán solamente a su comunidad , procurarán que en tiempos de crisis agudas y destrucción espectacular, su comunidad se repliegue en ella misma. No esperarán que los tanques soviéticos o las bombas de neutrones los destruyan en las trincheras de la Europa social-democrática, de los burgueses conservadores o comunistas tan alienados como los que los combaten. Su patria estará allí donde se encuentra a su comunidad. Pero no serán pacifistas: si deben combatir para defender su comunidad, combatirán, pero no sacrificarán el más grande tesoro del que disponen - su vida - para defender ideales cuyo pobreza no merece incluso el sacrificio de un perro: la democracia liberal, la sociedad del bienestar y del consumo, el proyecto socialista, el "Occidente libre", etc.
Con el tiempo, el debilitamiento y la desintegración de la sociedad moderna se volverán más palpable." Irán acentuándose. Paralelamente, estos hombres que se cuelgan al polo inmóvil de la Tradición irán aumentando. Este embrión de contrasociedad se volverá un germen de contrapoder y este poder tenderá superponerse al poder oficial. No se tratan de crear ""
jerarquías paralelas ", como lo hace la subversión en el curso del proceso de la guerra subversiva:" las jerarquías paralelas nacen para sustituir a las de un régimen considerado como caduco, el contrapoder nace para sustituir a la Edad de Hierro por el Edad de Oro. El contrapoder no debe instalarse por la fuerza, de la misma manera que el luchador de aikido sabe que no es su fuerza la que le dará la victoria o como el practicante de kendo sabe que es su calma y su estabilidad impasible que le hace experimentar la debilidad del adversario. Se trata precisamente de eso: de ser impasible, impasible cara la posibilidad de asistir al advenimiento de un nuevo mundo, impasible ante la crisis, las desintegraciones y los fuegos fatuos, y de seguir, inflexible, su propio camino, colocando ante todo el ejemplo de la fidelidad y el rigor frente al pensamiento tradicional, sin compromiso, sin expedientes, oportunismos y vacilaciones. La impasibilidad de los brahmanes, mucho más que su número - reducido -, les permitió imponerse millones de habitantes de la India y de ser reconocidos y amados como los jefes de las comunidades; no es la cantidad que importaba, sino su calidad interior, su temple y su espíritu de decisión: eran el "motor inmóvil".
Un Project alternatif pour les forces nationales ,Ernesto Milá ,Totalité nº 25 , Puisaux 1986
martes, 24 de junio de 2008
LA HOMOSEXUALIDAD COMO IDEOLOGÍA. PÍO MOA
LA HOMOSEXUALIDAD COMO IDEOLOGÍA
PÍO MOA
EN el ensayo La sociedad homosexual intenté explicar el feminismo como una ideología homosexual. Una cosa, desde luego, es la homosexualidad, un fenómeno minoritario, y otra la ideología que intenta hacer de él un modelo de conducta y hasta de concepción social, pretende representar a los homosexuales y, por fin, dictar las normas morales, las reglas de la ciudadanía y la enseñanza de nuestros hijos. Feminismo y homosexualismo han ido juntos hasta confundirse, pues por algo el primero trata de negar las evidentes diferencias entre hombres y mujeres.
La gran mayoría de los homosexuales no están contra la familia ni hacen de su peculiaridad una causa política. Pero como ideología, la homosexualidad (el amor estéril) se opone a la familia y, en definitiva, a la procreación, y no por casualidad hay tantas lesbianas en el movimiento feminista, sobre todo en los puestos decisivos. Suelo citar unos comentarios muy ilustrativos de Doris Lessing: "Las feministas trataban a las mujeres que decidían tener hijos como ciudadanas de segunda clase". Pues tener hijos, puede observar cualquiera, contradecía demasiado obviamente esa igualdad homosexual buscada. ¿Por qué sólo tenían que parir las mujeres? Una maldición para las feministas, tan aficionadas, por eso, al aborto: "Nosotras parimos, nosotras decidimos". Proseguía Lessing: "El banco Natwest tenía un proyecto para promocionar a las mujeres dentro del propio banco y descubrió que sólo interesaban a una parte muy pequeña de las empleadas. En cambio lo que sí deseaban era casarse y tener una familia". Y comenta de Simone de Beauvoir, típica mujer sin hijos ni deseo de tenerlos, con abundantes experiencias lesbianas: "Nunca le gustó ser mujer. No le gustaba serlo y siempre se estaba quejando de ello. A mí no me parece nada terrible. Tiene sus ventajas. Y de todas maneras, ¿qué puedes hacer? Lo que me asombra es que noto cierto tono de queja en lo que se dice. ¿A quién dirigen sus quejas? ¿A la naturaleza?"
Puesto que la naturaleza ha hecho de los humanos una de las especies con una diferenciación sexual más acentuada -física y anímica-, y ha impreso en ellos una fuerte inclinación a reproducirse, no hay duda del carácter antinatural de esta ideología. La cultura, desde luego, ha evolucionado oponiéndose en alguna medida a la naturaleza, pero, obviamente, no en tan gran medida.
La literatura feminista, pareja a la de otras muchas ideologías utópicas, exhibe casi siempre un fondo de pensamiento histérico, de rebelión contra la realidad en nombre de fantasías un tanto contradictorias o pueriles. Una constante en estas ideologías: la más característica, el marxismo, tan influyente en el feminismo y muchas otras, pretendía emancipar al ser humano de lo que la naturaleza puso en él y crear un "hombre nuevo" diseñado, en fin de cuentas, por la mente de unos burócratas exaltados y chiflados. Ahora tenemos en el gobierno español al grupo de políticos más necios desde la transición, empeñados en modelar "una nueva masculinidad" al zerolesco modo.
Otro rasgo de estas ideologías es su fraudulenta pretensión de representar a tal o cual sector social. El marxismo afirmaba defender a los obreros, pero chocaba con los obreros de verdad, a quienes "por su propio interés" privó de todo derecho.
Algo así pasa con los nacionalistas vascos, catalanes o gallegos, autonombrados representantes metafísicos de unas poblaciones cuya libertad acosan y a las que pretenden despojar de las partes más relevantes de su cultura; cultura española, se mire por donde se mire. Lo mismo vale para las pretensiones de los zerolos de representar a los homosexuales, o de las feministas, entre las que tanto abundan lesbianas y marimachos, de representar a las mujeres; y, últimamente, de cambiar al varón a imagen y semejanza de sus ideíllas, harto ridículas o repulsivas, según se las mire.
EPOCA Semana de120 a126 de junio de 2008
PÍO MOA
EN el ensayo La sociedad homosexual intenté explicar el feminismo como una ideología homosexual. Una cosa, desde luego, es la homosexualidad, un fenómeno minoritario, y otra la ideología que intenta hacer de él un modelo de conducta y hasta de concepción social, pretende representar a los homosexuales y, por fin, dictar las normas morales, las reglas de la ciudadanía y la enseñanza de nuestros hijos. Feminismo y homosexualismo han ido juntos hasta confundirse, pues por algo el primero trata de negar las evidentes diferencias entre hombres y mujeres.
La gran mayoría de los homosexuales no están contra la familia ni hacen de su peculiaridad una causa política. Pero como ideología, la homosexualidad (el amor estéril) se opone a la familia y, en definitiva, a la procreación, y no por casualidad hay tantas lesbianas en el movimiento feminista, sobre todo en los puestos decisivos. Suelo citar unos comentarios muy ilustrativos de Doris Lessing: "Las feministas trataban a las mujeres que decidían tener hijos como ciudadanas de segunda clase". Pues tener hijos, puede observar cualquiera, contradecía demasiado obviamente esa igualdad homosexual buscada. ¿Por qué sólo tenían que parir las mujeres? Una maldición para las feministas, tan aficionadas, por eso, al aborto: "Nosotras parimos, nosotras decidimos". Proseguía Lessing: "El banco Natwest tenía un proyecto para promocionar a las mujeres dentro del propio banco y descubrió que sólo interesaban a una parte muy pequeña de las empleadas. En cambio lo que sí deseaban era casarse y tener una familia". Y comenta de Simone de Beauvoir, típica mujer sin hijos ni deseo de tenerlos, con abundantes experiencias lesbianas: "Nunca le gustó ser mujer. No le gustaba serlo y siempre se estaba quejando de ello. A mí no me parece nada terrible. Tiene sus ventajas. Y de todas maneras, ¿qué puedes hacer? Lo que me asombra es que noto cierto tono de queja en lo que se dice. ¿A quién dirigen sus quejas? ¿A la naturaleza?"
Puesto que la naturaleza ha hecho de los humanos una de las especies con una diferenciación sexual más acentuada -física y anímica-, y ha impreso en ellos una fuerte inclinación a reproducirse, no hay duda del carácter antinatural de esta ideología. La cultura, desde luego, ha evolucionado oponiéndose en alguna medida a la naturaleza, pero, obviamente, no en tan gran medida.
La literatura feminista, pareja a la de otras muchas ideologías utópicas, exhibe casi siempre un fondo de pensamiento histérico, de rebelión contra la realidad en nombre de fantasías un tanto contradictorias o pueriles. Una constante en estas ideologías: la más característica, el marxismo, tan influyente en el feminismo y muchas otras, pretendía emancipar al ser humano de lo que la naturaleza puso en él y crear un "hombre nuevo" diseñado, en fin de cuentas, por la mente de unos burócratas exaltados y chiflados. Ahora tenemos en el gobierno español al grupo de políticos más necios desde la transición, empeñados en modelar "una nueva masculinidad" al zerolesco modo.
Otro rasgo de estas ideologías es su fraudulenta pretensión de representar a tal o cual sector social. El marxismo afirmaba defender a los obreros, pero chocaba con los obreros de verdad, a quienes "por su propio interés" privó de todo derecho.
Algo así pasa con los nacionalistas vascos, catalanes o gallegos, autonombrados representantes metafísicos de unas poblaciones cuya libertad acosan y a las que pretenden despojar de las partes más relevantes de su cultura; cultura española, se mire por donde se mire. Lo mismo vale para las pretensiones de los zerolos de representar a los homosexuales, o de las feministas, entre las que tanto abundan lesbianas y marimachos, de representar a las mujeres; y, últimamente, de cambiar al varón a imagen y semejanza de sus ideíllas, harto ridículas o repulsivas, según se las mire.
EPOCA Semana de120 a126 de junio de 2008
Etiquetas:
Feminismo,
Homosexualidad,
Nacionalismo,
Pío Moa
El sabor del pánico. Aleix Vidal Cuadras
EL SABOR DEL PÁNICO
Aleix Vidal Cuadras
LOS horrores del legendario crack de 1929, las recomendaciones del Club de Roma en 1972 de detener el crecimiento poco antes del shock petrolero subsiguiente y la recesión de 1974, recuerdos sombríos que la actual combinación de marcada desaceleración y fuerte inflación está reviviendo. Mientras escribo estas líneas, la mitad de las gasolineras de Madrid se han quedado sin combustible y los ciudadanos se agolpan en las grandes superficies y comercios para abastecerse ante la anunciada huelga del transporte. Y es que el panorama pinta de lo más amenazador. Una crisis múltiple, la primera del siglo XXI, combina una extensión geográfica sin precedentes con la convulsión de sectores tan diversos que algunos expertos nos avisan de que nos preparemos para lo peor.
Crisis a la vez financiera, alimentaria, monetaria, medioambiental y de materias primas, suscita los análisis más variopintos y las predicciones más contradictorias. El Fondo Monetario internacional ha estimado las pérdidas que se van a producir en el sistema financiero internacional en 607 billones de euros, el barril de crudo se aproxima a los 140 dólares, el dólar alcanza su nivel de cotización más bajo desde 1975, el oro sobrepasó la barrera psicológica de 1.000 dólares por onza en marzo pasado, el precio del trigo se ha duplicado en el último año, la tonelada de cobre se paga casi a 9.000 dólares y el Informe Stern, publicado en octubre de 2006, calculaba en 5.500 billones de euros el coste de un calentamiento de la atmósfera planetaria de 4°C en 2050.
Cifras de vértigo; volatilidades desconocidas en el pasado, demanda de combustibles fósiles, acero, cemento y alimentos completamente desbocada en los gigantes asiáticos emergentes, muchas antiguas repúblicas soviéticas y del Este europeo plenamente incorporadas a la economía de mercado en una vorágine imparable que priva del aliento e impide planificar mínimamente el futuro. Las bocas de la gente mascan el sabor del pánico mientras ZP, impávido, tañe la lira sin alterar su vacua sonrisa.
EPOCA Semana del 13 al 19 de junio de 2008
Aleix Vidal Cuadras
LOS horrores del legendario crack de 1929, las recomendaciones del Club de Roma en 1972 de detener el crecimiento poco antes del shock petrolero subsiguiente y la recesión de 1974, recuerdos sombríos que la actual combinación de marcada desaceleración y fuerte inflación está reviviendo. Mientras escribo estas líneas, la mitad de las gasolineras de Madrid se han quedado sin combustible y los ciudadanos se agolpan en las grandes superficies y comercios para abastecerse ante la anunciada huelga del transporte. Y es que el panorama pinta de lo más amenazador. Una crisis múltiple, la primera del siglo XXI, combina una extensión geográfica sin precedentes con la convulsión de sectores tan diversos que algunos expertos nos avisan de que nos preparemos para lo peor.
Crisis a la vez financiera, alimentaria, monetaria, medioambiental y de materias primas, suscita los análisis más variopintos y las predicciones más contradictorias. El Fondo Monetario internacional ha estimado las pérdidas que se van a producir en el sistema financiero internacional en 607 billones de euros, el barril de crudo se aproxima a los 140 dólares, el dólar alcanza su nivel de cotización más bajo desde 1975, el oro sobrepasó la barrera psicológica de 1.000 dólares por onza en marzo pasado, el precio del trigo se ha duplicado en el último año, la tonelada de cobre se paga casi a 9.000 dólares y el Informe Stern, publicado en octubre de 2006, calculaba en 5.500 billones de euros el coste de un calentamiento de la atmósfera planetaria de 4°C en 2050.
Cifras de vértigo; volatilidades desconocidas en el pasado, demanda de combustibles fósiles, acero, cemento y alimentos completamente desbocada en los gigantes asiáticos emergentes, muchas antiguas repúblicas soviéticas y del Este europeo plenamente incorporadas a la economía de mercado en una vorágine imparable que priva del aliento e impide planificar mínimamente el futuro. Las bocas de la gente mascan el sabor del pánico mientras ZP, impávido, tañe la lira sin alterar su vacua sonrisa.
EPOCA Semana del 13 al 19 de junio de 2008
Se acabó la comida barata
Se acabó la comida barata.
En Estados Unidos, dos de las grandes cadenas de venta mayorista, Costco y Sam's Club, han comenzado a racionar la venta de arroz a un máximo de cuatro bolsas de nueve kilos por persona. En el Reino Unido, la cadena de supermercados Asda ha restringido su compra en algunos barrios, y Tilda, principal importadora de arroz, ha informado que restringe el suministro a dos sacos por persona. La explicación de lo que sucede es sencilla: la demanda es superior a la oferta, lo que ha producido un aumento considerable de los precios y dificulta el suministro poniendo en peligro el abastecimiento. Según la FAO, desde enero de 2008 los precios internacionales del arroz han aumentado casi un 20 por ciento. En España, el consumo de arroz en 2005 fue de unas 200.000 toneladas, por lo que el suministro debería estar garantizado: en 2006, la producción fue de 746.900 toneladas. Aun así, habría que preguntarse qué sucedería si esta producción, para ganar más dinero, en vez de venderse en España, se vendiese a otros países. ¿Y tenemos igualmente garantizado el abastecimiento de trigo, cereales, carne, leche, aceite, harina...? El Gobierno debería asegurarnos que no habrá problemas de racionamiento y crear un plan de choque, ya que todos los indicios apuntan que la comida barata se ha acabado.
PABLO MARTÍN THARRATS.
BARCELONA
XL SEMANAL nº 1073 18-24 mayo 2008
En Estados Unidos, dos de las grandes cadenas de venta mayorista, Costco y Sam's Club, han comenzado a racionar la venta de arroz a un máximo de cuatro bolsas de nueve kilos por persona. En el Reino Unido, la cadena de supermercados Asda ha restringido su compra en algunos barrios, y Tilda, principal importadora de arroz, ha informado que restringe el suministro a dos sacos por persona. La explicación de lo que sucede es sencilla: la demanda es superior a la oferta, lo que ha producido un aumento considerable de los precios y dificulta el suministro poniendo en peligro el abastecimiento. Según la FAO, desde enero de 2008 los precios internacionales del arroz han aumentado casi un 20 por ciento. En España, el consumo de arroz en 2005 fue de unas 200.000 toneladas, por lo que el suministro debería estar garantizado: en 2006, la producción fue de 746.900 toneladas. Aun así, habría que preguntarse qué sucedería si esta producción, para ganar más dinero, en vez de venderse en España, se vendiese a otros países. ¿Y tenemos igualmente garantizado el abastecimiento de trigo, cereales, carne, leche, aceite, harina...? El Gobierno debería asegurarnos que no habrá problemas de racionamiento y crear un plan de choque, ya que todos los indicios apuntan que la comida barata se ha acabado.
PABLO MARTÍN THARRATS.
BARCELONA
XL SEMANAL nº 1073 18-24 mayo 2008
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