lunes, 24 de mayo de 2010

Los pacificadores (José Jiménez Lozano, Diario de Ávila 15 mayo 2010)

A la luz de una candela

JOSÉ JIMÉNEZ LOZANO. PREMIO CERVANTES

Diario de Ávila 23 de mayo 2010

Los pacificadores

Hace unos años se tuvo la intención al menos, de crear en la en­señanza pública, y entre los mismos alumnos, el cargo o puesto de arre­glador o buen componedor de con­flictos. Y las funciones de este jovenci­to serian evitar todo roce o conflicto que pudiera nacer en ese ámbito es­colar, si bien no se me alcanza -y solo las disposiciones legales oportunas me supongo que habrán solucionado las dudas- cuál ha de ser el grado de conflicto en el que intervendrán, y có­mo se puede prever que éste surgirá. En otro tiempo, como se carecía de tales adelantos, los conflictos sur­gidos eran imprevisibles, y los que surgían solían congelarse antes de que pasaran a mayores; aunque no siempre; pero, si esto sucedía, venía luego la represión, un poco o un mu­cho como en la Edad Media se hacía con las comadres que se habían in­sultado y tirado de los pelos. Enton­ces, se las unía precisamente por las manos a una misma tabla, y, en los castigos escolares, aunque cada cual podía recibir su castigo particular, se encomendaba, además a los belige­rantes una tarea común, porque des­de siempre se ha sabido que la convi­vencia muy estrecha, y sobre todo en una misma suerte adversa, produce tolerancia y comprensión.

¿Ha intervenido, entonces, el Paci­ficador en un primer momento de violencia verbal? ¿En el momento en que cada uno de los chavales pasa lis­ta a los que pudieran venir en su ayu­da entre familiares y amigos, como en el anuncio televisivo del primo gran­dullón? ¿Qué adjetivos, epítetos, ape­lativos, y definiciones o contunden­cias comienzan a ser ocasión de conflictos o los generan? un difícil asunto, dado so­bre todo que los niños pue­den ver y escuchar la tele­visión en sus casas, y ver y escuchar, por lo tanto, en su esplendor, todo un abanico de insultos de boca de los señores políticos, un día sí y al siguiente tam­bién; y puede ha­ber un rapaz que, usando de su derecho de réplica, seña­le con el dedo todo ese mues­trario de violencia.

En estos mismos años, ha habido noticias de que admoniciones hechas a los chavales acerca de los palabras que salían de su boca han sido rechaza­das por éstos con el no pequeño ar­gumento de que hombres muy ilus­tres en política y letras también los decían en la tele mismo, con lo que podría deducirse que, con tales ad­vertencias solo quería disuadírseles de su inclinación a ser pro-hombres públicos o literarios, ya que, sin ir más allá, estos palabras han sido eleva­dos a categorías estéticas del nuevo realismo.

De mane­ra que na­da más necesario, sin duda, que el trasla­do a esos medios políticos y culturales, o la réplica en ellos, de esos cargos de Pacificadores en las aulas y los patios esco­lares. Pero nada tam­bién menos seguro en su eficacia; y parece que antes se logrará la pacifi­cación y la cortesía en el colegio más con­flictivo que en aquellas otras altas esferas, políti­cas y culturales.

No hay comentarios: